Música y Vino

Puedo intentar ser sincero pero nunca seré imparcial…

Teoría Machista-Creacionista o de Dios, pobre Hombre

Domingo, a 20 de Febrero de 2011 -- Alfredo -Webmaster-

Por Sergio Darío

No es la primera vez que traes a tu blog la cirugía estética, Alfredo.

Yo no tengo mucho que opinar sobre el tema en si, no va conmigo, pero cuanto más leo sobre esta moda o plaga o vicio moderno… y sobre todo cuanto más constato la condescendencia, la perplejidad cuando no rechazo, que la cirugía estética nos produce entre “los tíos”, más aumentan mis ganas de compartir una teoría (propia, creo) sobre el origen del hombre… y de la mujer, tan surrealista y bufa que hasta podría ser la acertada. Un disparate.

No se trata de una revelación al estilo zarza-ardiendo-que-no-se-consume ni luz-cegadora-de-voz-tronante… ¡no, no, que va! Es más bien como una idea nebulosa que va tomando cuerpo poco a poco hasta que tomas consciencia de que efectivamente es algo sólido que está ahí, y no debería estarlo. Se que no puede ser… ¿pero y si lo fuera…?

Ya he manifestado en tu blog mi condición de agnóstico. Lo fui años antes de saber que mi postura ante el hecho religioso (especialmente ante la pregunta ¿Dios existe, qué es Dios?) tuviera esa definición: agnóstico. No creo que podamos saber qué o cómo es El, ni probar su existencia o su inexistencia… y no me preocupa en absoluto ni me produce ningún abatimiento, carencia ni inquietud existencial.

Por otra parte me gusta la mujer. Su compañía me enriquece. La feminidad para mí SI existe. Son diferentes a nosotros y hablo de “diferencia” a un nivel mucho más profundo y sutil que el físico. Y adoro esa diferencia, me encanta. Puedo identificarla, pero difícilmente explicarla. La siento, la acepto, la disfruto y no me planteo por nada del mundo llegar a entenderla (muchísimo menos manipularla).

Respeto y defiendo la condición femenina. Desde una dotación sensorial y una capacidad intelectual idéntica a la masculina, interpretan sin embargo el mundo, la vida, los sentimientos “a su manera”, sutilmente distinta y personal… y es para mi un motivo constante de sorpresa, no siempre agradable, pero vivificante. Pero intentar “comprender a las mujeres”, aun en el caso, en mi opinión altamente improbable, de que tal gnosis estuviera al alcance de una mente masculina, me parece un error tremendo. ¿Por qué? Es como el que esta fascinado por la magia y se empeña en ser el ayudante del Mago: es destripar el misterio. Por otra parte ¿para qué? ¿Qué mujer querría tener a su lado a un hombre que “la comprendiera”? Quiero decir que la comprendiera de verdad, no “lo que dice” sino “lo que quiere decir” cuando nos habla o cuando calla, actúa o miente incluso… Para mi es imprescindible saber querer a una mujer (como madre, como amante, como amiga…) pero para eso no necesito comprenderla, me basta con confiar en ella y entregarme, sin miedo, aunque me equivoque (... y alguna vez me equivoqué pero ¡que me quiten lo bailao!)

Y ahora viene mi ridícula teoría, al hilo de todo este tinglado de las cirugías.

¿Y si Dios efectivamente fuera un atractivo y viril tipo maduro de edad indefinida…?

Un Macho si, el prototipo de Dios que el Buonarrotti representó en la Capilla Sixtina dando la vida a un atolondrado Adán.

Pido perdón a los que se sientan ofendidos en su fe, feminismo o ateismo, pero también un poco de paciencia. Déjenme que lo explique y verán que todo encaja.

Aquí tenemos a Dios creando al hombre “a su imagen y semejanza”… fácil. SABE perfectamente qué es lo que quiere, el resultado final que busca: El es Hombre también. Pisa terreno conocido: el Hombre, el top de la creación, fuerte, decidido, irresistible, inteligente, capaz, creativo, maneja los carros como Dios, va sobrado… es el Boss, el puto sheriff… como El en definitiva.

Pero el Hombre está sólo… y necesita una compañera: la Mujer… y de verdad la necesita (la necesitamos), Dios no es tonto. Y decide crear a La Mujer.

Pero ¿cómo es la Mujer? ¿Alguien conoce un Hombre que sepa cómo es la Mujer...? más allá de los calendarios de Toscani o de los grabados de la Anatomía de Grey quiero decir… yo no lo conozco, aunque si se de muchos que presumen de hacerlo, hasta que se pegan de bruces con el famoso “eterno femenino” y se quedan como las vacas mirando pasar los trenes… y Dios en mi teoría machista-creacionista, no lo olvidemos, es Hombre. Si, vale que todopoderoso (eso es más o menos lo que nos creemos TODOS los hombres… ¿o no?), tan todopoderoso como yo que estoy creado “a su imagen y semejanza”...

El caso es que Dios se pone a crear la Mujer y aquí “se mete en un jardín”… elucubra, inventa… imagina… y crea un ser precioso, una Diosa, una maravilla. Una creación a la medida de los deseos del Hombre, mejor que eso: a la imagen y semejanza de los sueños del Hombre.

Desde el punto de vista masculino, es un éxito absoluto. Las mujeres nos encantan, es lo mejor de la creación. Aunque nos distraigamos con el fútbol, la comida, las partículas subatómicas o los coches potentes… lo que más nos gusta de este mundo son ellas. Nos han gustado “gorditas” como las de Rembrandt, flaquitas como en los sesenta, bronceadas o pálidas como fue la moda durante siglos, morenas, rubias, pelirrojas, con largas melenas, pelo a lo “garçon” o la cabeza rapada como las egipcias. Nos han gustado siempre y de todas las maneras… entonces ¿por qué se ponen? ¿Por qué se quitan? ¿Por qué se tiñen, se pintan, se rizan, se alisan? ¿Por qué se meten en dietas, en quirófanos, en multitud ropajes (algunos inverosímiles) y se suben a tacones imposibles…? Y todo, aseveran, ¡¿Para “estar guapas”?!

El universo interior de la Mujer es indescifrable para sus mortales compañeros los Hombres, y desde el mismo momento de su creación la Mujer está corrigiendo a Dios constantemente, porque, ya es hora de decirlo claramente, Dios no tiene ni puta idea de cómo es La Mujer…

El vello, por ejemplo, esa suave pelusa que barniza su piel, ¿qué pinta ahí? ¡Fuera el vello! Aunque tenga que soportar perrerías y cada vez salga más cantidad y más recio. Una Mujer-Dios nunca habría caído en ese error “de diseño”. El pelo también está mal. La que lo tiene rizado se lo alisa y la morena se tiñe lo mismo que se hace mechas la rubia de pelo liso que se lo riza etc.… Ninguna mujer pesa lo que debería pesar, ni es suficientemente alta o bien es demasiado alta, además todas ellas tienen mas carnes de las que deberían tener, o no están bien repartidas y aquí le sobra lo que le falta allá… Ni el color de su piel, ni el de sus ojos, es el correcto… pero la “prueba del algodón”, la mejor demostración de que Dios NO SABÍA lo que estaba haciendo cuando creó La Mujer son sus pechos. Joder, ¡eso es ARTE! ¿Cómo algo tan sencillo puede ser tan hermoso?

A los hombres nos vuelven locos. Nos gusta decir “…a mi me gustan grandes” o “yo los prefiero pequeños y firmes…” palabras… a los hombres nos gustan todos los pechos femeninos y no nos cansamos ni perdemos la ocasión de disfrutar de su visión. Dios los ha creado de infinidad de formas y tamaños, prácticamente no hay una pareja igual, y los reparte con enorme ternura entre sus criaturas las Mujeres, porque a El, seguro, también le gustan todos… pero no hay, no ha habido y no habrá una Mujer que tenga los pechos que le corresponden.

Es como obsequiarle unos zapatos a tu novia ¿algún Hombre sabe qué mecanismo se activa en una Mujer para elegir un par de zapatos en concreto de entre, digamos, dos o trescientos pares…? ¿Y cómo hace para escoger un bolso…? Ninguna mujer lleva “sus pechos”. Se trata de un error de estafeta de dimensiones cósmicas. Y no es que no existan, porque todas ellas, en algún momento de su vida, reconocen “sus pechos” en el cuerpo de otra: una amiga, una compañera de gimnasio, una actriz o cantante famosa, una vecina…

Dios, el pobre Hombre, seguro que la hizo con su mejor intención, pero La Mujer NO era así. Menos mal que la cirugía está poniendo un poco de orden en este desaguisado.

Yo creo que, de todas formas, los Hombres debemos estarle agradecidos por La Mujer y rezarle todos los días una oración que venga a decir algo así como: Padre Nuestro ¡no te desanimes tío! Tampoco nosotros las entendemos pero… nos encantan ¡gracias Señor!

 

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