Música y Vino

Puedo intentar ser sincero pero nunca seré imparcial…

¿Por qué no nos caen demasiado bien ni los británicos ni los yanquis?

Sábado, a 13 de Febrero de 2010 -- Alfredo -Webmaster-

Plano de Cartagena de Indias, del año 1743

 

 La hermosísima Fortaleza de San Felipe de Barajas (de noche, con su iluminación monumental)


 

 Retrato del

Almirante Blas de Lezo y Olavarrieta

 

Históricamente, los españoles hemos sentido una especia de urticaria o desazón ante todo “lo” británico (y sus primos hermanos americanos, los yanquis).

Las razones? Muchas y muy variadas, todas entrelazadas entre si por un pasado compartido de conquistas de nuevos mundos, por la paulatina pérdida de nuestros imperios, por las muchas batallas navales y económicas que protagonizamos durante siglos y por la propia idiosincrasia de cada cual: ellos, tan anglosajones en todo, concienzudos, tenaces y profundamente religiosos; nosotros, una mezcla explosiva entre lo latino y lo mediterráneo, con una religiosidad a medio camino entre el todo (aparente) y la nada.

Una de las historias más alucinantes y a la par olvidadas de ese pasado de amores y odios compartidos, es el de la batalla por la conquista de Cartagena de Indias, en 1741: el desembarco anfibio más importante de toda la historia hasta el de Normandia, de 1944.

El 13 de marzo de 1741, la mayor flota naval que conocieron los tiempos trató de conquistar la ciudad española, ahora colombiana, en la que estaba situada la fortaleza más poderosa de toda América, un enclave fundamental para la protección del continente: la fortaleza de San Felipe de Barajas.

Allí, en la defensa de las murallas de esa histórica ciudad al borde del caribe, estaban sólo 3.600 españoles: 1.100 soldados veteranos de las guerras americanas, la mayoría de ellos bastante mayores, 400 reclutas sin ninguna experiencia en combate, 600 milicianos criollos y mulatos y unos 600 indios, negros libres y mestizos. Al frente de los soldados estaba el Almirante Blas de Lezo y Olavarrieta, un bregado militar de dilatadísima experiencia en las “américas” y famoso por su extraordinaria capacidad para la lucha, producto de sus más de 30 batallas ganadas y su delicado estado de salud: le faltaba el ojo, la pierna izquierda y tenía la mano derecha lisiada, además, por culpa de la humedad y el calor caribeño, sufría por una grave alergia en la piel que le causaba tremendos dolores.

Frente a ellos, como contrincantes, 36 navíos de línea –los acorazados de la época-, ocho de ellos de tres puentes (del tamaño del Victory, el famoso buque insignia del almirante Nelson), 28 navíos más de dos puentes, 12 fragatas, 2 bombardas, varios brulotes y 130 buques más que transportaban más de 27.000 soldados y marinos y 2.000 cañones. Era, según el título que le concedieron antes de salir del Reino Unido, la “Invencible Armada”, la flota naval más grande de la historia (hasta 200 años después). Al mando de esta colosal máquina de guerra estaba el Almirante Edward Vermon, al que se unió, ya en tierras americanas, Lawrence Washington, hermano de George Washington (primer presidente de EEUU y el que "puso" la cara en el billete verde), acompañado de sus 4.000 reclutas de Virginia.

Toda esa maquina de guerra, tan poderosa, tan “invencible”, tan apabullante en medios humanos y materiales, sucumbió ante sólo 3.600 españoles y criollos, en la más dolorosa de las derrotas militares que jamás tuvo el Reino Unido.

¿Por qué cito aquí una  batalla de hace más de 200 años? Muy sencillo: por que para los ingleses y los yanquis, para sus historiadores y cronistas, esa batalla no existió. Como la historia la suelen escribir los vencedores, el recuerdo de esa batalla sólo existe en los libros de historia de España y Colombia.

El Almirante Vermon, a las pocas horas de empezar las batallas contra los españoles, en uno de esos arrebatos de soberbia tan típicamente ingleses, se permitió el lujo de enviar correos navales a Londres con la noticia de su victoria sobre las tropas españolas. Tres días después, en plena guerra, para reafirmar esa supuesta victoria, volvió a mandar nuevos correos navales hablando de las hazañas de sus soldados…

Desgraciadamente para él, esas noticias las envió poco tiempo antes de ser humillantemente derrotado durante la noche del 19 al 20 de abril, cuando con bayoneta calada los seiscientos supervivientes españoles y criollos que quedaban defendiendo la fortaleza de San Felipe de Barajas, decidieron cargar “temerariamente” contra los miles de ingleses que aún seguían con vida rodeando el castillo.

Los soldados españoles supervivientes, muchos de ellos malheridos y agotados por los días de batallas incesantes, redoblaron sus ansias de victoria y su afán guerrero al ver que el propio Almirante Blas de Lezo salía a campo abierto a luchar al lado de sus hombres, aún siendo cojo, manco y medio ciego… además de enfermo.

La masacre que los españoles hicieron entre los miles de ingleses que atacaron la ciudad fue de tal magnitud, tan tremenda, que Blas de Lezo se apiadó de ellos y dejó huir a los pocos cientos de ingleses que no murieron.

El 9 de mayo, humillado y rendido, el Almirante Vermon huyó para Jamaica después de mandar una carta al Almirante Blas de Lezo, que decía: “Hemos decidido retirarnos pero para volver pronto a esta plaza, después de reforzarnos en Jamaica”.

El Almirante Blas de Lero, con ironía, le respondió: “Para volver a Cartagena es necesario que el Rey de Inglaterra construya otra escuadra mayor, por que la suya ha quedado para conducir carbón de Irlanda a Londres. Llegaron con la misma arrogancia de siempre y fueron derrotados con los métodos de siempre: nuestro orgullo y amor a la patria”.

Mientras esto sucedía en Cartagena de Indias, en Inglaterra, en cuanto llegó el barco que portaba la noticia de la falsa victoria y en medio del júbilo desbordado entre todos los londinenses, Jorge II, Rey de Inglaterra, ordenó que se acuñaron monedas conmemorativas del fastuoso momento en que las fuerzas británicas habían humillado y arrodillado a Blas de Lezo, monedas que incluían una leyenda que decía: "el orgullo español humillado por Vernon".

Cuando el 9 de mayo se supo la cruda realidad de lo sucedido en Cartagena de Indias y las gravísimas consecuencias que para la flota naval inglesa tuvo la derrota, el mismo Jorge II, Rey de Inglaterra, ordenó borrar de los libros, crónicas y gacetas, toda referencia a la derrota, incluso hablar de ello. En su humillante delirio, prohibió la verdad, como si la verdad se pudiera borrar.

¿Y qué sucedió en EEUU? Derrotado, humillado y destrozado el grueso de los 4.000 reclutas de Virginia de Lawrence Washington (sólo se salvaron 800 reclutas), a su vuelta a yanquilandia se decidió conmemorar la supuesta victoria (en realidad, una terrible derrota), dándole el nombre de Mount Vermon, en honor al marino inglés, a la residencia oficial del primer presidente yanqui, George Washington, hermano del derrotado Lawrence.

Hoy, doscientos sesenta años después, aún sigue latente la inquina entre España y Reino Unido… y sino, ver lo que sucede estos días con el Financial Times y sus agoreros neocons.

Alfredo Webmaster

 

 

Posdata: existe un excelente y documentadísimo trabajo sobre esta batalla, publicado en la página todoababor.es.

Otra posdata: si os resulta curioso que los ingleses y yanquis oculten/escondan esta tremenda derrota, resultará aún más curioso (y sorprendente) que nosotros hagamos lo mismo no hablando de la victoria... y en una de esas típicas (ilógicasy vergonzantes) quijotadas españolas, en ningún libro de historia de mi país se cita esta batalla, ¡pero sí hablamos de la de Trafalgar!

 

Comentarios

Enviado por Invitado/invitada (no verificado) en

A pesar de estar disfrutando de unas bellas olas, no se me quitó la gana de leer esta página y leer esta historia, siempre he creído que lo pasado se quede en el pasado para recordar viejos acontecimientos que se saca con todo eso fomentar odios y que los norteamericanos y ingleses no sigan pareciendo más repudiables, lo importante es es el presente y lo que se haga de aquí en adelante. O no ?

Susan

Enviado por Invitado/invitada (no verificado) en

Hola soy Anna Montoya Washington, soy argentina, de familia 'boliviana-española-inglesa-alemana' Sinceramente love no te creo que no te caigan demasiado bien los británicos y estadounidenses, siempre serás tu y serán todos llamados raza de visionarios y del mismo linaje que el mio siendo britanica, como los vecinos nobles reconocidos por tales e incorporados en el cuerpo de la nobleza hace tiempo. No puede existir tanta maldad y racismo por mis hermanos si yo no lo siento.

Si puedo creerte que tengas problemas neurológicos, como los que padezco yo, que te lleven a la agresividad y tienes en verdad un problema y te entiendo.

Yo soy una raza vampírica, y dejame decirte que tuve sed de sangre y ganas de terminar a gente incluso enferma por lo tanto inocente como tu.

Aparte quiero por favor humildemente pedirte ayuda, que basta con comentarios racistas porque hoy en dia volvio el nacionalsocialismo, el nazismo me refiero, gente enferma que acabarán contigo y quieren acabar con todos.

Es el momento de hacer un esfuerzo por recuperarnos todos los que padecemos enfermedades, porque la represion y el nazismo nos persiguen. Al poco tiempo de la 2da Guerra Mundial, ellos se escondieron en Argentina, ahora luego de un tiempo los escritos : 'Nazismo o Muerte' aparecen en las calles y estoy muy asustada

Por favor ayudennos dejando de postear cosas como esta.

Thanks you

Enviado por Invitado/invitada (no verificado) en

A mi hay algunos norteamericanos que me caen "gordisimos" y otros que no. Pero en general, me encantaria visitar ese pais y recorrer gran parte de su geografia. Cosa que seguramente tendré que hacer cuando dé la ultima vuelta astral por el planeta, antes de desaparecer para siempre.
Bromas aparte, he de decir que yo me he criado viendo peliculas del oeste americano, de guerra americana, de series americanas y rodeada de mucho americanismo, incluso en el colegio siendo yo una cria bastante pequeña, nos daban leche y queso "americano" asi que lo quieras o no se crea cierta simpatia hacia ellos, aunque con los años te vas dando cuenta de que no existen idolos que no tengan los pies de barro. Allí, aquí o en Pekín.

Esta bien recordar la historia pasada, pero a veces remover demasiado el tema despierta más bién el odio que la ganas de hermanarse más para que eso no vuelva a ocurrir.

Me ha puesto los pelos de punta el primer comentario. Una vez leí que las formas de pensamiento no se destruyen, porque son energia, simplemente se transforman. Esperemos que las transformaciones hayan sido tan profundas que nunca más se tenga que vivir en ninguna parte aquella desgraciada experiencia.

Saludos
Carmen

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