Música y Vino

Puedo intentar ser sincero pero nunca seré imparcial…

Parentescos sorprendentes...

Domingo, a 26 de Febrero de 2012 -- Alfredo -Webmaster-


Como en mis años juveniles fui, por imposición familiar, un contumaz, pero forzado, lector de la Biblia (tuve que leerla completa, de cabo a rabo, cinco veces), la inmensa mayoría de sus capítulos y versículos me parecieron más apropiados para figurar en un libro fantasioso antes que en un compendio de enseñanzas y normas de un dios todopoderoso (y cabal).

Eso en términos generales. Pero si analizamos en profundidad algunos pasajes concretos, de los más importantes del Antiguo y Nuevo Testamento, y lo hacemos con la mente crítica de persona inteligente, abierta y sin las ataduras de una fe ciega (creer a pies juntillas en lo que nunca vimos ni veremos), el asunto se complica. Por ejemplo, el embarazo de María por obra y gracia del Espíritu Santo.

El galimatías resultante de entremezclar varios personajes (humanos y divinos) y situaciones chirriantes como las que plasma Juan Eslava Galán en su magnífico libro El catolicismo explicado a las ovejas (del Señor), hace que uno (yo, tu, el otro, el de más allá) nos preguntemos qué sentido tiene creer en cosas tan absurdas como que María siguiera virgen después de quedar embarazada, que su embarazo fuera 'in vitro' (el primer caso de embarazo sin coito) en contra del sistema natural creado por el propio Dios, que en el parto no se produjera la rotura del himen (para mantener en virginal estado a la virgen) o qué pintaba la Trinidad al completo (Padre, Hijo y Espíritu Santo) en este extraño batiburrillo.

El texto de Juan Eslava dice literalmente:

Si Dios Padre es, por un lado, Esposo o Fecundador de la Virgen (la deja embarazada, ¿no?), y por otro lado es el Hijo de la Virgen (Jesús, el Hijo, la segunda persona de la Trinidad, es el resultado del embarazo, ¿no?), entonces resulta que el Hijo es, en su calidad de Padre, el Suegro de su Madre, la Virgen, y que la Virgen es a la vez Madre y Nuera de su Hijo (Madre porque lo pare; Nuera porque el Padre, que es el Hijo, le ha cedido al Hijo, que es el Padre, como esposo (el circunstancial esposo que requiere la preñez, claro, en su personificación de la tercera persona, o sea el Espíritu Santo que es el agente real de la preñez)). El Padre, Dios que fecunda a la Virgen, es parte integrante, trinitaria, del Hijo, su Esposo Dios Padre como Padre del Hijo.

No sé si me explico. Ya sé que es difícil de entender, me hago cargo, pero si uno se pone a cavilar y profundiza en ello (aun a riesgo de no volver a emerger), se entiende perfectamente. La Iglesia, siempre providente, lo ha declarado misterio para evitarnos quebraderos de cabeza y que tengamos que fundirnos las meninges intentando desentrañar el rompecabezas. La Iglesia es como una madre que vela por nosotros, por nuestro bienestar, y no quiere que nos angustien dudas absurdas. Por eso declara sus misterios, para quitarnos de líos. Como a hijos pequeñuelos, corderillos mimados de su rebaño, nos suministra la papilla de alfalfa espiritual fácil de digerir.

En fin, mejor no imaginar qué puede haber detrás de una preñez tan extraña y de las mezclas de suegros con nueras, con hijos, con abuelos y demás parentescos. Dejémoslo, con dice “sabiamente” la Iglesia Católica, en que eso es un misterio y como tal, hay que creer en él a pies juntillas. Con fe. ¡Y no se hable más!.

Alfredo Webmaster

Posdata: si a alguno de vosotros os interesa tener el libro de Juan Eslava Galán en formato pdf, me lo pedís y os lo mando por correo electrónico.

 

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