Música y Vino

Puedo intentar ser sincero pero nunca seré imparcial…

Para los que brindaron con champán…

Jueves, a 9 de Febrero de 2012 -- Alfredo -Webmaster-
 
Don Baltasar Garzón
 
Como saben los lectores de mi página web, hacía mucho tiempo que no publicaba nada nuevo, pero hoy es un día en el que no tengo más remedio que escribir. Desgraciadamente, no lo hago desde la alegría ni el sosiego: hoy escribo desde la desazón, la vergüenza, y el más profundo y reconcentrado desprecio.

¿Por qué?

El llamado Tribunal Supremo de mi país, un conglomerado de jueces de los que algunos llegaron al poder entre dádivas, traiciones y juego sucio, ha sentenciado al juez Baltasar Garzón, perdón, DON BALTASAR GARZÓN (con mayúsculas, y negrilla), a la inhabilitación para ejercer la justicia durante 11 años. Una sentencia similar a la que se le aplicaría a un vulgar delincuente, a un criminal, a un desecho de la sociedad.
 
¿Es posible que suceda algo así en un país democrático del primer mundo? Sí, es posible… y no sólo es posible: acaba de suceder.

Hacía tiempo que esta sentencia se veía venir. Había síntomas que lo anunciaban. Se mascaba la tragedia. Se podía oír desenfundar las navajas traperas. Los aquelarres de los fulanos más sórdidos y canallas lo preconizaban. Y lo ejecutaron con la mayor de las vilezas: aplicando el escarnio público sobre una persona justa para poder beneficiar al malvado, al depravado, al ladrón miserable, al sinvergüenza, al amoral.
 
Y entre esos 'siniestros' personajes que saldrán amparados por la injusticia, está un vecino mío: Pablo Crespo, uno de los encausados por don Baltasar Garcón en el "Caso Gürtel", quien, si la injusticia no lo ampara con torticeras prácticas, debería de pudrirse en la carcel por 'presunto' ladrón y corrupto.
 
Pablo Crespo, ex empleado de Caixa Galicia, es un personajillo que mientras se aprovechaba de su cargo en el Partido Popular de Galicia de José "Pepe" Cuiña (¡tremenda época y batallas las de Pepe Cuiña!), no tenía empacho en jactarse en público (conmigo lo hizo) de las comisiones, supuestamente mafiosas, que se embolsaba por intermediar en los contratos de ventas al Ayuntamiento de Madrid (caso Ros Roca: multimillonaria venta de maquinaria de finales de los 90 y principios de los 2000).

En ese ajusticiamiento taimado también participó otro vecino mío (otro más), un personaje de baja catadura moral y escasa altura (física y mental), un fulano retorcido y sinuoso, un traidor a la causa que dice defender, un liberticida peligroso, un personajillo de película mafiosa de serie "B", el tonto útil que necesitaba la ultraderecha más fascista: el juez del Supremo Luciano Varela.

A él, a Luciano (sin el don, sin respeto ninguno), el tonto útil necesario en todas las películas de malandrines y canallas, y al resto de sus compañeros de cacería, les dedico la lectura de la carta que escribió la hija de DON BALTASAR GARZÓN en su honor.

Asumo como mías todas sus palabras. Comparto como propio su dolor. Siento por su padre el mismo orgullo que ella siente.

¡Venceremos!

Alfredo Webmaster
 
 
""Esta carta está dirigida a todos aquellos que hoy brindarán con champán por la inhabilitación de Baltasar Garzón.

A ustedes, que durante años han vertido insultos y mentiras; a ustedes, que por fin hoy han alcanzado su meta, conseguido su trofeo.

A todos ustedes les diré que jamás nos harán bajar la cabeza, que nunca derramaremos una sola lágrima por su culpa. No les daremos ese gusto.

Nos han tocado, pero no hundido; y lejos de hacernos perder la fe en esta sociedad nos han dado más fuerza para seguir luchando por un mundo en el que la Justicia sea auténtica, sin sectarismos, sin estar guiada por envidias; por acuerdos de pasillo.

Una Justicia que respeta a las víctimas, que aplica la ley sin miedo a las represalias. Una Justicia de verdad, en la que me han enseñado a creer desde que nací y que deseo que mi hija, que hoy corretea ajena a todo, conozca y aprenda a querer, a pesar de que ahora haya sido mermada. Un paso atrás que ustedes achacan a Baltasar pero que no es más que el reflejo de su propia condición.

Pero sobre todo, les deseo que este golpe, que ustedes han voceado desde hace años, no se vuelva en contra de nuestra sociedad, por las graves consecuencias que la jurisprudencia sembrada pueda tener.

Ustedes hoy brindarán con champán, pero nosotros lo haremos juntos, cada noche, porque sabemos que mi padre es inocente y que nuestra conciencia SÍ está tranquila.

Madrid, 9 de febrero de 2012

María Garzón Molina
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