Música y Vino

Puedo intentar ser sincero pero nunca seré imparcial…

Omara Portuondo, “la novia del filin”

Domingo, a 10 de Julio de 2011 -- Alfredo -Webmaster-

 

Como dijo un crítico musical días antes de la actuación, Omara Portuondo (La Habana, 1930) es una reina cantando a media voz. Y es cierto.

Con 78 años de vida, 60 años de ellos como artista, Omara no necesita demostrar lo que eso: la reina indiscutible de la música cubana de los últimos cincuenta años (Celia Cruz al margen, que vivía en EE.UU.).

Tuve la suerte de conocerla en épocas mejores, cuando era una mujer madura pero vital, con su voz aún intacta. Fue, las tres veces, en el Dos Gardenias de Miramar (La Habana), en Avenida 7ª esquina Calle 26. Desde aquel escenario, enfrente a un público que la adoraba, impartía su magisterio musical con la sencillez y proximidad como sólo es capaz de hacerlo una reina. Nunca la sentí diva ni endiosada, nunca hizo ostentación de su historial de éxitos; sólo cantaba y vivía la música tal cual la disfruta una cubana.

Omara Portuondo Peláez nació en el barrio habanero de Cayo Hueso. Su madre, blanca, pertenecía a una de las familias cubanas de más abolengo, descendientes de españoles; se casó con un jugador de baseball del equipo nacional cubano, de color, algo bastante inusual en aquella época, en un entorno muy clasista.

Como hija de una familia de buen nivel económico, su vida estaba predestinada a ser la típica de una mujer de esa posición social: un casamiento que la uniera a otra familia de la alta sociedad. Omara no era así.

La carrera artística de Omara comenzó casi por casualidad. Su hermana mayor Haydee trabajaba como bailarina profesional en el famoso cabaret Tropicana. Haydee llevaba a su hermana pequeña a verla actuar, lo que le permitía a Omara copiar los pasos de baile y, sobre todo, presenciar los ensayos de las bailarinas.

Un buen día, a Omara le ofrecieron reemplazar a una bailarina que había renunciado dos días antes, después de una premiere. La sustituyó a la perfección; al poco tiempo pasó a tener como pareja de baile a Rolando Espinosa, considerado por entonces como el mejor rumbero de Cuba.

En sus ratos libres, las hermanas Portuondo tenían la costumbre de interpretar jazz en compañía de sus amigos Cesar Portillo de la Luz, José Antonio Méndez y el pianista Frank Emilio Flynn. Con ellos, y otros música aficionados como Justo Fuentes y Tania Castellanos, formaron el núcleo central de los artistas pertenecientes al “movimiento del filin” (variante cubana del vocablo inglés feeling, “sentimiento”).

Su primer grupo musical se llamaba Loquibamba Swing, una suerte de agrupación que entremezclaba las primitivas piezas de bossa nova con jazz americano.

En su primera actuación en radio, Omara Portuondo fue presenta como "la señorita Omara Brown, la novia del filin" (un sobrenombre que aludía a su aptitud para cantar temas en inglés, producto de su educación burguesa).

También por esa época conoce a otra de las que sería una famosa cantante cubana, la gran Elena Burke. Elena le pone en contacto con el “Cuarteto de Orlando de la Rosa” con el que recorrerá EE.UU. en una gira de seis meses. Como ella misma reconocería años más tarde, el trabajo diario con el Cuarteto fuera de Cuba, fue su mejor y más importante escuela.

En el año 1951 Omara se incorpora al grupo musical femenino "Las Anacaonas" para un año después, formar con su hermana Haydee, con Elena Burke y Moraima Secada, el cuarteto "Las D´Aida", bajo la dirección artística de la pianista Aida Diestro, la descubridora de la excepcional capacidad musical de Omara, la que le enseñó a interiorizar los temas y a transmitir el contenido de cada canción. Si con su hermana Haydee nació la artista, con Aida Diestro eclosionó la estrella.

Con el cuarteto “Las D'Aida” realizó varias giras por Estados Unidos, compartiendo escenarios con Edith Piaf, Pedro Vargas, Rita Montaner, Bola de Nieve y Benny Moré; también acompañó a Nat "King" Cole cuando se presentó en el cabaret Tropicana, en La Habana.

Sus primeros éxitos, allá por los años cincuenta y tantos, coincidieron con los éxitos de las grandes voces femeninas de la época, con las Ella Fritzgerald, Lean Horne, Sarah Vaugahn, o las cubanas Olga Guillot y Celia Cruz.

Omara ha llevado su arte a los mejores escenarios del mundo, escenarios en lo que ritmos tan cubanos como el filin, la nueva trova, la canción tradicional cubana, el son, el danzón, el bolero o la habanera, fueron conquistando los gustos musicales del público.

Omara Portuondo ha cosechado importantísimos premios y su voz ha conquistado los más exigentes auditorios del mundo, desde su Cuba natal a EE.UU., Francia, España, Alemania, Reino Unido, Rusia o China.

Omara aún hoy sigue cantando en el Tropicana, en el Dos Gardenias, en el Delirio Habanero o en el Café Cantante, y sigue viviendo, como siempre, en su Habana más habanera, en un apartamento con vista al mar en su “maleconcito lindo”.

La actuación del pasado 14 de marzo en Teatro García Barbón de Vigo, correspondiente a la gira iniciada el 19 de marzo en Rouen (Francia) y le llevó a cantar en diversos escenarios del país galo, Austria, Italia, Suiza y al estado árabe de Bahrein antes de finalizar con sus conciertos españoles, sirvió para presentarnos su última grabación, “Gracias”, disco en el que se incluyen temas universales como “O que será, será” de Chico Buarque, el sensual “Besáme mucho” de Consuelo Velázquez, el tan correado “Guantanamera” de Joselito Fernández, el “Veinte años” de María Teresa Vera, el “Rabo de Nube” de Silvio Rodríguez, el “Ámame como soy” de Pablo Milanes o el entrañabilísimo “Drume negrita” de Bola de Nieve.

Ella, como siempre, apareció en escena coqueta y dinámica, demostrando en todo momento las enormes ganas que tiene de agradar al público. En algunos partes del concierto, producto del cansancio y de las muchas actuaciones de la gira, tuvo que sentarse y cantarnos así.

Pese a que su voz ya no es la voz de la mejor época de su carrera, no lo olvidemos: es una mujer de78 años, su personalidad, su capacidad de comunicación, su humanidad y ese “saber estar” que caracteriza a las grandes divas, hizo que le concierto fuera memorable. Todos éramos conscientes de que allí, encima del escenario, estaba una leyenda viva de la música y que, posiblemente, sería la última vez que la veríamos actuar en directo, al menos en Galicia.

Si su cariñosa personalidad le ha permitido estar en el corazón de sus seguidores, su forma de interpretar merece figurar en el libro de honor de la música.

Alfredo Webmaster

 

Omara Portuondo -  "Gracias"

 Omara Portuondo - "Veinte años"

 

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