Música y Vino

Puedo intentar ser sincero pero nunca seré imparcial…

Música y vino, cine y vino: un maridaje casi perfecto

Viernes, a 22 de Octubre de 2010 -- Alfredo -Webmaster-

La música y el vino, por Paco Berciano, 04/06/2008

El título de este post es el mismo que usa Quim Vila para su fiesta del vino que se celebra en Barcelona cada 2 años, coincidiendo con la feria Alimentaria de Barcelona. Pero hoy no vamos a hablar de esa fiesta.

Me manda César Javier Palacios, cuya curiosidad es tan grande como su conocimiento, una información sobre un estudio que ha hecho la universidad Heriot Watt, en el Reino Unido, según el cúal un 60% de las personas que participaron pudieron diferenciar el cambio en el sabor del vino dependiendo de la música que estaban escuchando.

Para los psicólogos, el sabor del Cabernet Sauvignon se destaca con música pesada y poderosa, mientras que el Chardonnay resalta con sonidos refrescantes y alegres.

Durante el experimento se tocó cuatro piezas con tipos de música muy diferentes:

Carmina Burana de Carl Orff era la opción “poderosa y pesada”. Lo de poderosa lo entiendo fácil, lo de pesada me cuesta un poco más.

El Vals de las Flores, del ballet Cascanueces de Tchaikovsky la “refinada y delicada”. Aquí no hay muchas dudas.

Just Can’t Get Enough interpretada por Nouvelle Vague se escogió comoalegre y refrescantey Slow Breakdown por Michael Brook fue la opción suave y apacible”.

Un 40% calificó el vino blanco como “alegre y refrescante” cuando escuchó este tipo de música, pero apenas un 26% lo calificó como “suave y apacible” al escuchar esta categoría.

El vino tinto se destacó en un 25% con la música suave, pero un 60% con las tonadas “poderosas”.

Previamente el profesor Adrian North realizó una investigación en supermercados en la que se sugiere que las personas son cinco veces más proclives a comprar vino francés si se utiliza música ambiental con acordeones. Pero si se toca música bávara, el vino alemán supera al francés por 2 a 1.

¿Tendremos que poner música de pasodobles o flamenco en los supermercados del mundo para vender más vino español?

Dentro de mi habitual escepticismo sobre estos estudios no deja de parecerme curioso y por eso lo traigo aquí. ¿Qué música asociáis vosotros con los vinos? ¿Es la misma para un Borgoña que para un Jumilla?

Y a la inversa, ¿qué os beberíais con jazz o con Los Secretos?

 


La música y el cine, por María José S. Mayo, 20/10/2010

Las butacas de los cines más exquisitos no suelen tener, por lo general, un lugar para bebidas. Pero en nuestra casa, como amos y señores de lo que nos rodea, no pocas veces una copa de vino se convierte en el acompañamiento perfecto con el que regar una gran película. Eso sí, tiene narices -y nunca mejor dicho- que la pantalla no haya sabido devolver la pasión que muchos le ponemos al tema. Todo ello a pesar de que una legión de tradicionalistas –entre los que se puede contar a mi padre- se empeñan en que el vino tiene que saber a vino y que eso de los aromas a “frutos rojos, regaliz o espárragos” es para darse importancia. Me cuesta reconocerlo pero, visto lo visto, a veces pienso que tiene más razón que un santo. 

Creo que es cosa sabida en el mundillo enológico, que una de las películas que mejor ha sabido reflejar el encantamiento de sus efluvios ha sido Entrecopas. Es perfecta para acompañarla con un buen pinot noir y con un merlot (vean abajo las recomendaciones hechas con ayuda de Enoteca Barolo), más normal para experimentar las sensaciones contrapuestas con respecto a las dos uvas de nuestro inteligente pero algo inmaduro protagonista. Estas palabras en boca de Virginia Madsen, resumen la filosofía del buen apreciador de vino: "Me gusta pensar la evolución del vino, como si fuera una cosa viva. Me gusta imaginar cómo fue el año en que crecieron las uvas, si fue un verano soleado o lluvioso... cómo era el clima. Pienso en toda esa gente inclinada, eligiendo las uvas...”.

Recientemente recuperé, gracias al festival Cine Gourland de Getxo, “Guerra de vinos”, una película que desperdiciaba la historia genial de un británico que organizó en 1979 la que se conoce como Sentencia de París. En ella se hizo una cata a ciegas de vinos franceses contra californianos de uvas cabernet sauvignon y chardonnay, competición que dejó en evidencia a los caldos galos. Es por eso que quizá sería bueno regar este filme con un buen vino del Valle de Napa. También pensando en despistar a la vista con el gusto y el olfato, por aquello de no prestarle mucha atención a una dirección pésima.

Aunque buscando cosas imposibles, no está de más mirar de nuevo a la filmografía de Peter Sellers, el hombre de las mil caras. Si nos acercamos a la cinta “Hay una chica en mi sopa”, en la que el actor británico daba vida a un experto en gastronomía de la televisión, encontramos un aprieto en el que quizá se hayan visto en su iniciación al mundo del vino. Una divertida Goldie Hawn descuidaba una lección esencial a la hora de catar vino: había que saborear y escupir, porque si no corrías el riesgo de terminar borracha, como así sucedía. Hasta Woody Allen experimentó sus amables bondades acompañado por Diane Keaton en una cata de postín a la que acudían en “Misterioso asesinato en Maniatan”. Chispa y alegría, que necesitan de vinos capaces de funcionar como un buen postre.

El vino, sabemos, es una afición cara. Por eso no es de extrañar la gran cantidad de empresarios, grandes y pequeños, que han soñado con experimentar las vivencias de Russell Crowe en “Un buen año. Muchos lo han cumplido con ayuda del interés creciente por una gastronomía de la que tanto se escribe y se quiere saber. Aunque también en plan ensoñador se planteaba “Un paseo por las nubes” en su esfuerzo de trasmitir los delicados cuidados que necesitan las vides.

Entrecopas dio en el clavo, pero tenemos sed de más cine maridado con vino. Algún ejemplo que nos descubra la capacidad de la gran pantalla para captar la esencia de tan efímero arte. Aquel en que para saber si es bueno, “la respuesta está al final de la botella”. Pues mis recomendaciones para cada película vienen ahora al final del artículo.

“Entrecopas”: Un buen pinot noir de California, que puede ser un Clos Pepe. Si no se encuentra, optar por uno de la misma uva como Citius, de Alta Pavina; o Vinya des more de Miquel Gelabert o Mas Borrás, de Miguel Torres. Con un merlot sencillo pero efectivo se puede optar por el Arrayán.

 

“Hay una chica en mi sopa”: Por aquello del espíritu setentero de la cinta, optaría por un vino juguetón como el sexy wine Corral de Campanas, de Toro. Aunque también barajo las opciones de uno un poco alcohólico -aunque no se note-, pero que gana con el paso de los minutos: El Regajal.

 

“Guerra de vinos”: tomar un buen chardonnay californiano al estilo del Marimar, combinado con un cabernet sauvignon francés, humilde pero efectivo, como el Chellan de Chateau de Segur.

 

“Un buen año”: Si tienen la suerte de encontrar un Tempier (que creo que es el que toma el protagonista junto a su tío) sería una buena apuesta. Pero, si no, opten por un vino provenzal como el Chateau de Pierre Pibarnon.

 

Comentarios

Enviado por Anagalena en

Para escuchar jazz siempre bebo un buen ron de mas de 10 años, con un cubo de hielo y sin nada de acompañante........ lo bebo trago a trago sintiendo como baja por mi garganta y como entra a la vez que el sonido del saxo o de la trompeta.
Para escuchar a Los Secretos yo beberia un tequila, una bebida de desamores y desengaños....... y lo dejaria baja lentamente mientras lloro por los amores perdidos y ls engaños de la vida.
Anagalena

Enviado por Invitado/invitada (no verificado) en

Alfredo, aquí me tienes (Magdalena, de la Notaría).
Prometo intentar leerte con cierta frecuencia, pero entre el trabajo, el niño y la vida......jajajaja... no me da tiempo. Confío en prejubilarme como tú, joven y ahí me tendrás fiel y fija..
A seguir..
Un beso

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