Maradona como metáfora argentina

Enviado por alfredo el Dom, 10/10/2010 - 10:36
Georgina, atenta siempre a todo lo que pasa en su lugar residencia, que no de vivencia afectiva, me envió el enlace a este artículo escrito por John Carlin y Carlos Pierini que publicó El País hace unos días. No sé la razón, pero no lo había leído en el periódico: es extraño que se me escapara.

El símil que hacen John y Carlos entre la (mala) imagen de Maradona y la (mala) situación de Argentina, además de ser real, pese a que pueda parecer irreal, no es muy distinto a lo que se está viendo en algún otro país que yo me sé… y no señalo.

Desgraciadamente, como dice un refrán español, “en todas partes cuecen habas”: el grado de degradación moral y ético al que están llegando algunas sociedades modernas, con sus políticas neoliberales y antisociales, están propiciando que surjan héroes y heroínas de hojalata, sin más valía humana que lo que rebuznan por sus bocas, por sus aventuras de “cama en cama” o su afición a vender (tele) basura.

Si ese es el futuro que nos espera, quizá esté llegando el momento de decir aquella frase que se hizo famosa en el parisino mayo del 68: “EL último que salga que apague la luz".

Gracias Georgina.

Alfredo Webmaster


Maradona como metáfora argentina

¿Hay alguna relación entre el futbolista y el peronismo? Sí, cuando se eligen entrenadores, presidentes o sistemas de características populistas, autoritarias y con pocos pies sobre la tierra, el resultado es el fracaso

Por John Carlin y Carlos Pierini para elpais.com, 05/10/2010

Se dice con frecuencia que la solución a los problemas de la África subsahariana es la educación; que los recursos naturales abundan y si solo se pudiera proporcionar un buen nivel educativo a la gente el continente despegaría. No necesariamente. Miren el caso de Argentina. Todos los recursos naturales que quieran, una bajísima densidad de población y, a lo largo de la mayor parte del siglo XX, índices escolares que no han tenido nada que envidiar a Europa occidental. Pero hoy, en un país que hace 100 años era uno de los 10 más ricos del mundo, la tercera parte de los recién nacidos están condenados a crecer en la pobreza, si es que logran crecer. Ocho niños menores de cinco años mueren al día debido a la desnutrición en un país que debería ser, como hace tiempo fue, el granero del mundo. Semejante aberración florece en un contexto político en el que a lo largo de más de medio siglo juntas militares han alternado el poder con Gobiernos populistas, corruptos o incompetentes. El actual Gobierno peronista de la presidenta Cristina Fernández de Kirchner (como el anterior, de su marido Néstor Kirchner) es más afín al de Hugo Chávez en Venezuela o al de Daniel Ortega en Nicaragua que a los Gobiernos pragmáticos y serios de Brasil, Chile o el vecino Uruguay donde, por cierto, hoy se consume más carne per cápita que en Argentina. ¿Dónde ha quedado la famosa Justicia Social proclamada hasta el cansancio por el peronismo que ha gobernado la mayor parte del período democrático instaurado en 1983? ¿Cuál es el problema?

El problema es Diego Maradona. O, para ser más precisos, lo encarna, como símbolo, Maradona, el "Diez", "el Dios Argentino", el ídolo nacional por goleada. La idolatría a los líderes redentores, el culto a la viveza y (su hermano gemelo) el desprecio por la ética del trabajo, el narcisismo, la fe en las soluciones mágicas, el impulso a exculparse achacando los males a otros, el fantochismo son características que no definen a todos los argentinos, pero que Maradona representa en caricatura payasesca y que la mayoría de la población, aquella misma incapaz de perder la fe en el peronismo, aplaude no con risas sino con perversa seriedad. El punto de partida es la negación de la realidad. Este es el terreno en el que opera Maradona y en el que su legión de devotos se adentra -como por ejemplo los 20.000 que fueron al aeropuerto de Ezeiza para darle las gracias tras la desastrosa actuación en el Mundial de Sudáfrica- para adorarle.

Esos mismos que disfrutaban como locos con las grotescas actitudes y dichos del ídolo -"¡que la chupen!"- fueron en manada a vitorearlo al llegar a Buenos Aires después de la goleada de 4-0 que Alemania le propinó, expulsando a su selección del Mundial. Presos de la nostalgia, no olvidan nunca que "ÉL" hizo el famoso gol con la "mano de Dios"; o sea que su mano y la mano de Dios son la misma mano. "EL" es uno con "DIOS". La manada entonces, mientras grita para adentro, "¡Si estamos unidos a Dios Maradona compartiremos toda su gloria!", grita para afuera: Maradooooooona, Maradooooooona. Y no olvidemos el dicho nacional, al mismo tiempo jocoso y lleno de convicción, "¡Dios es argentino!".

Diego Maradona fue un monumental jugador de fútbol. Pero la fama justificada no da títulos, ni derechos, ni conocimientos para opinar con absoluta certeza acerca de casi todo y al mismo tiempo desautorizar a todo aquel que no esté de acuerdo con sus ideas. En Argentina, mientras avergonzaba a algunos, hacía gritar de entusiasmo a muchos más. Creían, orgullosos, que unidos al " ídolo" todo el mundo "se la chupaba". En realidad el que se ha chupado todo, desde alcohol hasta cocaína, ha sido Maradona. Nadie lo acusa ni lo maltrata por su triste enfermedad. Solo se trata de señalar su soberbia desconsiderada, de carácter profundamente narcisista, base de sus penosas afecciones del alma, metáfora de la patología crónica de un país.

Hace 15 días Maradona dio su primera entrevista desde la debacle de Sudáfrica. El ex director técnico de la selección argentina, al que se le oyó diciendo minutos antes de aquel partido que su equipo iba a dar una lección de fútbol a los alemanes, no ofreció ni análisis, ni explicación por la derrota, salvo decir que el portero alemán estuvo "muy seguro" y después del 2-0 "nos vinimos abajo". Con un poco de suerte (la magia de la suerte lo abandonó, ¿el otro Dios estaba en su contra?) el partido se hubiera ganado. Culpa por el desastre no aceptó ninguna.

En cuanto a la victoria argentina 4-1 el mes pasado contra el campeón del mundo, España, bajo el mando de un nuevo seleccionador, confesó que prefirió no ver el partido. Claro. Porque ver aquel partido hubiera significado chocarse con la realidad y arriesgar salir del autoengaño enfermizo que le permitió afirmar en la misma entrevista que -avalado por el ex presidente Néstor Kirchner, que en una reunión la semana pasada le "felicitó" por el Mundial- él seguía siendo el candidato idóneo para dirigir la selección. "Daría la vida", dijo, "daría un brazo" por recuperar el puesto.

El fracaso de Maradona en el Mundial fue el espejo del fracaso de Argentina como país. Por un lado, una falta de rigor y humildad en la planificación; por otro, un derroche de los recursos disponibles. Talento sobraba, salvo que por amiguismo, ceguera, populismo patriotero o sencilla idiotez Maradona decidió no convocar a la mitad de los mejores; no solo no explotó los recursos que tenía, no los quiso ni ver. El nuevo seleccionador, Sergio Batista, puso en el campo contra España a cuatro jugadores básicos que Maradona ni siquiera había convocado para Sudáfrica y lo que se vio fue un equipo sólido que hubiera sabido competir contra Alemania, como contra cualquiera en el Mundial. Es decir, el sentido común existe en Argentina; solo que demasiadas veces, obliterado por la luz maradoniana, brilla por su ausencia.

En el sistema maradoniano solamente brilla la ilusión. Dentro de este sistema de pensamiento las cosas terminan no teniendo ni pies ni cabeza. Resultado: fracaso en la vida y arrastrando en el fracaso, en este caso, a la selección argentina, pero también se puede arrastrar a toda una nación. Recorriendo la historia del siglo XX sabemos la potencia destructiva de la ilusión cuando no es contrabalanceada por la realidad terrenal, nunca tan agradable ella como los espejismos de la ficción.

Cuando llevados por la fantasía se eligen directores técnicos o presidentes o sistemas de características populistas, autoritarios y antidemocráticos, con pocos pies sobre la tierra, el resultado inevitable es el fracaso. Un director técnico que no tiene ni ha tenido capacidad para manejar su vida, que además no es director técnico (por preparación) y por lo tanto al titularse así toma las características de un impostor, tuvo como resultado el descalabro de la selección argentina. Puede ocurrir nuevamente algo similar con la Argentina misma si los directores técnicos, léase la pareja que lleva siete años en el poder, siguen el camino compulsivamente repetitivo de la tergiversación permanente de la realidad. El endiosamiento de seres Ídolos-Dioses a los que no se debe criticar, como a Perón, Evita, Maradona, Cristina Fernández o Néstor Kirchner, intocables seres sin errores, lleva al fracaso reiterativo y doloroso que arrastra a millones de argentinos al sufrimiento. El granero del mundo se va convirtiendo en un país lleno además de granos de pústulas creadas por el sistema: fracaso, pobreza, desnutrición, inseguridad, criminalidad, destrucción de las instituciones, ataque permanente a la prensa opositora, ataque a la ley, destrucción de la educación (eso también) y llegamos entonces a que la fantasía de ser un pueblo "protegido" por los Dioses cae en una triste y ridícula realidad.

Las sociedades propensas a alimentar estas ilusiones, caen en la seducción hipnótica de líderes de estas características. Son sociedades cerradas, como dice Karl Popper, con un fuerte carácter autoritario, convicciones inamovibles y preponderancia al pensamiento mágico. En estos casos el horizonte de expectativas está absolutamente distorsionado por las ilusiones y las consecuencias se traducen en un sinnúmero de fracasos compulsivamente repetitivos. Decía Albert Einstein que la locura era repetir lo mismo una y otra vez, esperando diferentes resultados. Eso es lo que propone Maradona al reafirmar su derecho a dirigir la selección de fútbol. Al apoyar su estrambótica candidatura, los Kirchner, eso sí, están siendo consecuentes. Ellos también piden, pese al fracaso mundialista de su gestión, como el de los regímenes peronistas que los precedieron, que se prolongue su dinastía en las elecciones generales del año que viene. Es probable que lo consigan. Sería la victoria del pensamiento mágico maradoniano, sobre el que el sol de la bandera argentina nunca se pone.

John Carlin, periodista, vivió 10 años en Argentina; Carlos Pierini trabaja como médico psicoanalista en Buenos Aires.

Muchas personas consideran a este personaje llamado Maradona como un ídolo, puede que haya sido un buen jugador en su momento…Pero honestamente nos es alguien que sea un buen ejemplo para la juventud ni, para el deporte… Prefiero pensar que Alex Aguinaga, Luis valencia jugadores de mi país son mejores que él y lo son porque no dejaron entrar a sus vidas las drogas y saben conducirse hasta ahora de forma correcta y no son nada narcisistas, ni egocéntricos ni unos pedantes con la prensa… Maradona no representa nada, simplemente es un pelotero que tuvo su momento de gloria hace algunos años atrás… Nada más.. Jamás negaré que los drogadictos me dan tirria me fastidian…saben que las drogas son perjudiciales y hacen que tu vida se convierta en un infierno y a pesar de ello lo consumen… A veces muchos prefieren catapultar su fama a base de polémicas …como este tipo. Susan

Maradona representa a la sociedad argentina. Maradona no es así porque quiere ni porque así lo educaron en su casa. Maradona es así, tan narcisista, egocéntrico y pedante, como tú dices, porque así es la sociedad argentina, así son todos los argentinos (o al menos la mayoría). Maradona no es más que una víctima de la sociedad en la que nació y se crió.

Subido por Anónimo (no verificado) el Lun, 11/10/2010 - 19:56

En respuesta a por Anónimo (no verificado)

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En mis país existe una tracalada de ignorantes que no ven más allá de sus narices y son los que representan a la sociedad y no por ello tengo que volverme igual a esa sociedad…y olvidarme de la forma de cómo me criaron mis padres…y volverme una pedante, egocéntrica y narcisista porque la sociedad lo dictamina así, para que luego me digan que soy víctima de una sociedad narcisista para poder justificar la vida desordenada y lo patán que soy… ¡Por favor.!.. Maradona es lo que es porque quiso ser así el decidió ser el drogadicto que es…Ósea que la sociedad Argentina son borregos que siguen un patrón de comportamiento y actitud hacia el mundo que les rodea. Qué vergüenza que Maradona sea el representante de la sociedad Argentina…Vaya tipo que les representa. Susan

Lo que se analiza en este artículo, es una de las cosas que más me fastidian de Argentina y que más me enfurecen de los argentinos. No dudé ni un instante en enviárselo a Alfredo, dado que me parece admirable el análisis que sus autores hacen de la sociedad argentina. Pocas veces se han descripto con tanta claridad y con tanto acierto, las características de esta sociedad. Los argentinos sienten que por ser argentinos son los mejores en todo y que el odio que muchos sienten hacia ellos, no es más que envidia. Desde Maradona echándole la culpa de sus derrotas a todo lo que se encuentre por fuera de sí mismo y de su entorno, llámese "árbitro", "contrincante tramposo", o simplemente "mala suerte", hasta la gran mayoría de los argentinos culpando a Estados Unidos de todo cuanto sale mal en el país, como si los Estados Unidos no tuvieran algo mejor que hacer, que estar las veinticuatro horas del día, pensando de qué forma perjudicar a Argentina. Mas de una vez sentí vergüenza ajena, al ver la reacción de la Selección Argentina ante una derrota, llorando desconsoladamente y lo que es peor aún, negándole el saludo al contrincante vencedor. Fue muy acertado el análisis que hiciera el capitán de la Selección Alemana, Michael Ballack, cuando dijo, refiriéndose al encuentro entre ambos países en el mundial de Alemania en 2006 que "Lo que pasó ese día habla del carácter que tienen". "Ellos asumen cada partido como si fuera una cosa de vida o muerte, y recurren a lo que sea para tratar de imponerse". "Es un rival difícil y también interesante, pero si se mantienen dentro de los límites del reglamento". "No creo que sea un secreto que nuestro carácter es distinto. Tal vez es una cuestión de mentalidad. A veces pienso que ellos aprenden su manera de ser desde niños". Claro que sí. Si desde niño te hacen creer que eres el mejor de todos, y que debes imponerte, aunque para ello sea neceario hacer trampa y violar todas las reglas, convenciéndote de que ser tramposo está bien, que es algo gracioso, que forma parte de la idiosincrasia argentina, y que debes estar orgulloso de la llamada "viveza criolla", indudablemente te convertirás en un ser despreciable. En comentarios que los lectores hacen en las notas periodísticas, ya sean de deportes, de política, economía o actualidad, o en las redes sociales, los argentinos son los únicos que se burlan de las desgracias ajenas (últimamente, en especial, de las desgracias españolas), como si ellos fueran inmunes a toda calamidad, como si el país que nos vende Cristina Kirchner en Twitter o el INDEC (Instituto Nacional de Estadísticas y Censos) fuera real. Existe un pensamiento mágico, que hace ver virtudes inexistentes y logros nunca alcanzados y me resulta alarmante la forma en que los argentinos reaccionan cuando alguien les hace ver sus falencias y carencias. A todos nos cuesta ver nuestros defectos y aceptarlos, pero si no lo hacemos, jamás seremos capaces de cambiar para poder ser mejores. En todo el mundo y especialmente en América Latina, se tiene una opinión muy crítica de los argentinos y en algunos casos, hasta podría decirse que se los odia. Lamentablemente, el argentino medio, lejos de preguntarse el por qué de ese sentimiento y hacer una introspección, está convencido de que el mundo está contra ellos. Georgina :)

En todas partes cuecen habas y en tu pais no iba a ser menos q el mio. Todos estan igual y no veo q nada mejore. Antes te pregunte de donde eras pero ya veo q eres argentina. Hermosa tierraaaaa pese a q no la conozco. Anagalena

¿Y no será porque tiene tanto dinero que no sabe ya que hacer con él? El dinero en demasiada cantidad no es saludable. Deberian repartirlo y así vivirian con menos problemas. :-) Eli

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