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Puedo intentar ser sincero pero nunca seré imparcial…

Las islas atlánticas, paraísos cercanos

Lunes, a 18 de Octubre de 2010 -- Alfredo -Webmaster-

Por Belén Franco

Nacen de las frías aguas atlánticas plantándole cara a un océano embravecido. Destacan por su belleza agreste e inusual, por el esplendor de su paisaje, por sus acogedoras playas de arena dorada y fina, por sus agresivos acantilados, por la riqueza y singularidad de su fauna y flora y por el olor a mar. Se han convertido en testigos de legendarias historias, en inspiración de escritores y poetas y en remanso de sosiego para ermitas y conventos. Y como si de las mismas sirenas de Ulises se tratasen, la seducción que desprenden ha atraído a muchas gentes del mar, provocando trágicos naufragios. Así son las Islas Atlánticas.

Paraísos naturales en las Rías Baixas

Las aguas de las Rias Baixas, en la costa gallega, se adornan con pequeños paraísos insulares en donde la fauna y la flora nacen y crecen protegiéndose de su más temible enemigo, el ser humano. Los archipiélagos de Cortegada, de Sálvora, de Ons y de las Cíes constituyen unos entornos naturales, impregnados de un carácter idílico. Son espacios marítimo-terrestres con un innegable interés paisajístico, ecológico, biológico e histórico.

Por todos estos ricos valores patrimoniales que conservan, y que los transforman en santuarios marinos, -con un estrecho y riguroso control sobre todo tipo de actividades humanas que en ellos se realicen-, han pasado a formar parte, desde el año 2002, de la red de parques nacionales: Parque Nacional de las Islas Atlánticas de Galicia, máxima figura de protección medioambiental en España; sin descartar futuras ampliaciones con la suma de otras islas gallegas como las Sisargas y Lobeiras en la provincia de A Coruña y las Estelas en Pontevedra.

Cortegada, un paraíso salvaje

Situada en el interior de la ría de Arousa, en contacto con la desembocadura del río Ulla, a Cortegada se la considera un verdadero jardín botánico; pues puede presumir de tener uno de los mayores bosques de laurel del continente europeo, además de estar cubierta toda su costa y gran parte de su interior por una densa arboleda de pinos y robles, junto con algunos prados. Se encuentra tan próxima a tierra que, durante las mareas bajas, se llega a ella caminando.

La punta Corveiro, que se mete medio kilómetro en la ría de Arousa, deja al descubierto, durante la bajamar, los Viveiros, rocas que, a modo de puente, permiten el acceso a la costa de Carril. El geógrafo Plinio, en el siglo I, ya la describía con el nombre de Corticata. Durante la Edad Media, se la relacionó con las peregrinaciones que, desde el mar, llegaban a Santiago. En ella existió un hospital, conocido como “o hospital de Carril”, del que sólo quedan unos escasos restos, y que se había construido muy cerca de una ermita dedicada a Nosa Señora de Cortegada.

Se desconocen las circunstancias por las que este hospital dejó de realizar sus funciones, ni cuándo, ya que gran parte de la documentación se perdió en unas reformas que se efectuaron en el edificio durante el siglo XVIII. Estuvo poblada hasta finales del XIX y, a principios del XX, la provincia de Pontevedra la adquirió con el objetivo de edificar una residencia para que el rey Alfonso XIII pudiera pasar en ella las épocas estivales. Pero el proyecto, al final, no se realizó.

Gracias a la acertada oposición de un grupo de ecologistas, entidades culturales y vecinales, la isla de Cortegada se salvó, hace muy pocos años, de la especulación urbanística, cuando una empresa inmobiliaria proyectó la construcción de hoteles y viviendas de lujo. La soledad y la tranquilidad que desprende  este paraje insular, perteneciente al municipio de Vilagarcía de Arousa, hechiza a todo visitante que se acerque a él e invita a perderse entre su frondoso arbolado y a descansar en sus playas. La belleza de esta isla inspiró a literatos que elaboraron coplas como la siguiente:

“Se vas a Carril

o mesmo ó chegar

verás Cortegada

deitada no mar.”

 

Un paraíso  singular, el archipiélago de Sálvora

Situado en la parte occidental de la ría de Arousa, está constituido por un buen número de islotes y por su isla principal, la de Sálvora. El ilustrado coruñés, José Cornide Saavedra, en 1764, escribió lo siguiente refiriéndose a esa hermosa  y peculiar isla: “Pudiera muy bien habitarse porque tiene agua de mediana calidad, y produce leña de toxo y mucha hierba; y si la cultivasen podría llevar todo género de semillas. Llevan desde Carreira (parroquia de Aguiño) a pastar los ganados en lanchas……El dueño de ella es don Jorge Caamaño, señor del coto de Goyanes, a quien se paga para que los ganados entren a pastar”.

Su costa es bastante accidentada, con rocas tapizadas de percebes, protegida por numerosos escollos que han sido los causantes de varios naufragios en sus aguas. Entre los más míticos y terribles, el naufragio del Santa Isabel en el que fallecieron 213 personas. Cuando la marea baja, se puede apreciar la existencia de una piedra que permanece unida a la playa conocida como Praia do Almacén o del Castelo.  Sobre ella, se ha labrado la figura de una sirena que parece nacer de las mismas aguas y a la que se le ha dado el nombre de A Serea de Sálvora, símbolo mítico del linaje de los Mariños.

Esta isla, privilegio de la naturaleza, estuvo habitada por colonos hasta 1960. Un destacamento militar la ocupó, también, durante la primera mitad del siglo XX. Actualmente, está desierta. A lo largo de ese siglo, pasó por las manos de diversos propietarios. El visitante que acuda a ella se verá sorprendido, constantemente, por todo lo que ofrece: una pequeña aldea abandonada, formada por sus viviendas y demás construcciones adyacentes; una antigua taberna en donde los marineros mataban el tiempo jugando a las cartas y buscando conversación, al mismo tiempo que saciaban su sed con un vaso de vino, mientras forjaban diversas leyendas sobre la isla; la capilla de Santa Catalina; el faro en Punta de Besugueiros; una antigua fábrica de salazón de pescado que se ha transformado en un pazo y que, en la actualidad, se prevé rehabilitar para uso del personal del parque y para los visitantes; el muelle;  además de pinares y magníficos arenales con ricos fondos marinos que atraen a los aficionados del submarinismo; sin olvidar su fauna y flora de gran valor ecológico.

Un paraíso en la ría de Pontevedra, el archipiélago de Ons

Perteneciente al término municipal de Bueu, está formado por la isla de Ons al norte, alargada y estrecha, con un perímetro de unos 5 km. y la isla de Onza u Onceta, al sur, que no alcanza 1 km. -virgen en su totalidad-, además de un pequeño conjunto de islotes. Ambas islas están separadas por el estrecho Freu da Porta (del latín “fretus” que significa brazo de mar).

A principios del siglo XIX, un grupo de familias se trasladó a vivir a la isla de Ons. En aquellos años, el Marqués de Valladares era el propietario de este territorio insular, habiéndole arrendado las tierras a ese grupo de colonos que tomaron la decisión de establecerse en él. Con anterioridad a ese hecho, sólo los restos del castro y un sepulcro tallado en A Laxe do Abade revelan que esta isla estuvo ocupada, antiguamente, por otros moradores.

Los illáns (así es como se conocen a los habitantes de esta isla) vivían, sobre todo, del marisco y de la pesca del pulpo que vendían en Pontevedra y en Bueu. Ya en 1970, comenzó su despoblamiento y el abandono de muchas  de sus 92 viviendas que son propiedad del Estado y que han pasan de padres a hijos por derecho consuetudinario. Actualmente, sólo 10 de ellas están habitadas todo el año.

La bella isla de Ons, con sus ásperas y sinuosas ondulaciones, sus entrantes y salientes en la parte occidental que se abre al océano, es propicia para la formación de enigmáticas cuevas terrestres y cavernas marítimas, que se conocen con el nombre de furnas, y que han dado origen a mitos populares y leyendas; mientras que su costa oriental que mira a tierra firme, está formada por playas solitarias pero acogedoras y de aguas pacíficas como Area dos Cans, Praia dos Cans, la paradisíaca Praia de Melide o la Praia de Pereiró.

La tranquilidad que se palpa en esta isla, junto con el alejamiento de las multitudes, invitan a disfrutar del sosiego y la calma que se respira en cualquiera de sus rincones. En su máxima altitud, el Alto do Cucorno, se sitúa el faro, desde donde se aprecia una atractiva vista de todo este conjunto insular. Un entramado de caminos y de pistas forestales la atraviesa desde cualquier punto.

Al norte, nos conducen hacia el Monte Centolo, de gran atractivo natural y a la praia de Melide, la más grande de cuantas posee esta isla y la de arena más suave. Hacia el oeste, nos llevan hacia el faro y hacia sus peligrosos acantilados. Aquí, la bravura de las aguas se manifiesta en toda su grandeza y peligrosidad. Y si seguimos las sendas que se dirigen hacia el sur, llegaremos al espectacular y misterioso Burato do Inferno. Se trata de un gran agujero natural y muy hondo que comunica con el mar.

La leyenda y la mentalidad isleña cuentan que, si te asomas a sus 40 metros de profundidad, podrás escuchar los terribles y descarnados gritos de las almas en pena que tienen que sufrir la condena eterna en el infierno. Pero estos tenebrosos “aullidos” tienen una explicación lógica: y es que las violentas aguas de esta parte de la isla y los fuertes embistes de las rugientes olas contra las rocas graníticas -cuando se producen las mareas vivas-, junto con los graznidos de las aves que anidan en las paredes de esta roca y el eco que se genera en su interior, provocan unos tenebrosos sonidos y rugidos que parecen voces humanas atormentadas procedentes, precisamente, de esos lugares tan profundos y siniestros del averno.

En la parte este de la isla, podemos visitar la acogedora aldea de O Curro, un pequeño conjunto de edificios, no lejos del muelle que, hoy en día, además de conservar una capilla, acoge los establecimientos hosteleros y otros servicios. A los pies de este antiguo núcleo poblacional, cuando la marea baja, podemos contemplar, en un islote rocoso, a unos 50 metros de la praia dos Cans, A Laxe do Abade, un enigmático sepulcro antropomorfo, tallado en lo alto de la roca, fiel testimonio de que, hace siglos, la isla de Ons estuvo habitada. Pero eso también lo atestigua el cementerio -desde donde se puede  contemplar una de las mejores vistas marítimas-, los restos de un monasterio y el Castro do Alto que todavía conserva parte de sus firmes murallas.

Y ya al sur, se alcanza el mirador do Fedorento, desde donde podemos apreciar una magnífica perspectiva de la isla vecina de Onza, con un perfil amesetado y alto en el centro y con alturas más bajas en su relieve litoral. Toda ella se levanta cubierta por una vegetación densa y defendida por su costa acantilada. Sólo posee dos pequeños arenales: la Praia das Moscas al norte y Praia de Porto do Sol, en su parte meridional.

Las Islas Cíes, paraíso de los dioses

Surgen de las aguas como si se tratase de un temible castillo atlántico, dominando el mar y  dispuesto a defender la entrada de la ría de Vigo de la agitación del océano. Batidas por las aguas, golpeadas por el viento y adoradas por el sol, en las Islas Cíes el visitante descubrirá un archipiélago constituido por pequeños islotes y por tres islas principales: la de Monteagudo -la más septentrional-, la del Faro o del Centro, y la de San Martiño. Habitadas desde tiempos remotos, fueron ocupadas por poblaciones celtas.

Las crónicas históricas afirman que Julio César puso sus pies en ellas. Plinio, el geógrafo latino, las llamó “Islas de los Dioses”. Otros autores clásicos las denominaron Illas Siccas (“islas áridas”). Para otros, son las legendarias e imprecisas Casitérides de la costa occidental en donde cartagineses y fenicios compraban estaño producido en Galicia. Corsarios y piratas, entre ellos el famoso Francis Drake, convirtieron estas islas en objeto de saqueo y en improvisados campamentos. Durante la Edad Media, una población, dedicada a la pesca y al cultivo de las tierras, las ocuparon; junto con los frailes benedictinos, como así lo demuestran los restos de los monasterios que existieron -el monasterio de San Estevo, en la isla del Faro, y el templo de San Martiño-.

Debido a los ataques de las naves piratas, fueron deshabitadas en el siglo XVI. Pero en el XIX, se levantaron dos fábricas de salazón, y las islas se repoblaron por familias que procedían de Bueu y de Cangas. Ya a mediados del siglo XX, quedaron abandonadas definitivamente, habitadas sólo por los reptiles, las aves y la flora.

La isla del Norte o Monteagudo nos ofrece un impresionante litoral escarpado y abrupto. Es en ella en donde se perfila la mayor elevación rocosa, con forma piramidal, de este archipiélago. El sistema dunar de Figueiras-Mixueiro merece una visita. Desde ahí, podemos dirigirnos, por su parte septentrional, a la cima más elevada de la isla, al faro de O Peito, muy cerca de un observatorio de aves. Y es que la Unión Europea incluyó a las Islas Cíes dentro de la Zona de Especial Protección para las Aves (ZEPA).

La isla del Centro o del Faro se une a la isla de Monteagudo por medio de una escollera que forma una laguna intermareal, denominada Lago dos Nenos, y por los más de 1300 metros del arenal de Rodas, una playa de aguas limpias y transparentes y de arena luminosa que, como una  sonrisa pura o una blanca media luna, nace del mar, convirtiéndose en uno de los elementos turísticos más atrayentes de las Cíes. De hecho, la playa de Rodas fue considerada como la playa más bonita del mundo, según el diario británico The Guardian. Tras este arenal, un pequeño y antiguo caserío, conocido como San Francisco de Afora, y que llegó a tener varias decenas de pobladores, hoy ya deshabitado, adorna con sus construcciones la ladera del monte.

En el sur de esta isla, una difícil y larga subida en zigzag encamina al visitante hacia el Faro de Cíes (cercano al otro faro construido en esta isla, el Faro de Porta, en Punta Canabal) desde el que se puede observar un espectacular conjunto paisajístico que abarca no sólo la bravura del océano sino también una asombrosa vista panorámica de Vigo, Cangas y Baiona; además  del Centro de Interpretación y Aula de la Naturaleza instalado en el interior del antiguo cenobio de San Estevo. Las obras de rehabilitación de este monasterio, para su nuevo uso, pusieron al descubierto una tumba antropomorfa que se puede visitar.

Un cuartel de carabineros nos abstrae en historias de contrabando, actividad tan unida a estas costas; y un cementerio -al sur de la playa de Rodas-, en donde todavía se pueden observar tumbas con cruces centenarias para el descanso de los restos de los últimos vecinos fallecidos en la isla, nos sumerge  en las historias cotidianas de aquellos rudos isleños curtidos por el sol, por los trabajos y por los días.

El Muelle de Rodas, o los restos del castro, del siglo I a.C., ubicado en el lugar de As Hortas, en el lado izquierdo del camino que lleva al Faro, con su depósito de conchas y restos de sus muros y construcciones, son otros elementos que merecen una visita. Muy próximo al muelle, y hasta el mes de julio de 2008, todavía se levantaba un monolito de hormigón en honor al general Franco, construido por políticos simpatizantes de su régimen dictatorial, con motivo del veinticinco aniversario del golpe de estado. Pero ese horrible monolito ya ha sido derribado.

Un estrecho paso, de unos 500 metros de anchura, también denominado “O Freu da Porta” (como el canal que separa la isla de Ons de la de Onza) separa la isla del Faro de la del Sur o de San Martiño, que se encuentra en estado casi natural. Su playa del mismo nombre, de arenas finas y aguas cristalinas; los restos de un antiguo monasterio; un molino de agua; las ruinas de una fábrica de salazón y una cruz en Punta da Bandeira, que nos recuerda historias de numerosos naufragios, darán la bienvenida a todo visitante que se acerque a esta isla en estado casi salvaje.

El Faro de Bicos, en la parte meridional de esta isla, junto con el faro de Cíes y el de Porta en la isla de Monteagudo, se levantan alumbrando las noches y señalizando todo este extremo meridional del archipiélago. Y es que sus faros siempre han estado en alerta, avisando de los peligros que estas aguas transparentes esconden, como esas afiladas rocas, siempre acechantes, que se esparcen a su alrededor y que han sido las culpables de esos temibles naufragios.  

En estas islas, todavía se conservan especies vegetales que se han extinguido en las costas gallegas. Especies de sugestivos y curiosos nombres como la herba das pedras, la herba namoradeira, pirixel do mar, la estrelamar o la camariña se esconden por rincones y se esparcen por los llanos que interrumpen las escarpadas laderas.

No hay que olvidar el gran número de aves marinas que le dan vida a estas islas; aves que crían en las zonas occidentales, que se sustentan gracias a la riqueza que el mar les ofrece, aves que, con sus vuelos sobre las Islas de los Dioses, nos recuerdan que les pertenecen, convirtiéndolas, así, en un espacio de acceso restringido para poder garantizar su protección.

Cualquier observatorio, natural u ornitológico, permite la observación de esta fauna compuesta, principalmente, por gaviotas patiamarillas –quizá la más importante colonia de esta especie de aves en el mundo-, cormoranes, araos… además de gran número de aves migratorias que han encontrado su refugio en los abruptos acantilados.

Todo este entorno natural se completa con los atractivos fondos marinos de gran riqueza, verdaderos tesoros botánicos y zoológicos, llenos de grutas o furnas esculpidas y excavadas por la fuerza del mar -como la Furna da Porta, la Furna do Inferno o la Furna do Cabalo-, o  el gran bosque de algas pardas que se cobija en estas aguas habitadas por centenares de especies marinas sin las cuales todo este ecosistema sería víctima de un grave desequilibrio. Además, la leyenda dice que los restos de un galeón español de la flota de La Plata, hundido a principios del siglo XVIII y cargado de otros tesoros, descansa en lo más hondo de estas aguas. Pero hasta ahora, nadie ha sido capaz de descubrir ni esa nave fantasma, ni los restos de las riquezas que transportaba.

Creo que no está de más recordar que espacio natural es igual a fragilidad. El valor de estas islas –que forman parte del Parque Nacional das Illas Atlánticas- va íntimamente unido a su nivel de conservación. Por ello, la visita a estos espacios naturales supone adquirir la responsabilidad de no molestar a la fauna y flora que nacen y se desarrollan en sus territorios y de no abandonar ningún tipo de desperdicio. Y es que no debemos olvidar la importancia que supone fomentar un desarrollo sostenible de la riqueza natural de Galicia para que subsista y pueda ser disfrutada por las futuras generaciones.

El 1 de julio de 2008, la Administración Central traspasó las competencias para la gestión de las Islas Atlánticas a la Consellería de Medio Ambiente de la Xunta de Galicia; gestión que se basará en la sostenibilidad y la preservación de los cuatro archipiélagos y en la mejora de los servicios que se les ofrecerá a los visitantes, entre los que se diseñará un plan de actuaciones medioambientales, creación de rutas, reforma de los faros, adaptación de caminos para discapacitados, entre otras. Además, está previsto que, dentro de unos dos años, finalicen las obras de rehabilitación del edificio Cambón, situado en el Casco Vello de Vigo, para ubicar la sede del Parque Nacional.

A todo esto hay que añadir que, a partir del próximo año, se prevé la creación de la primera ruta arqueológica submarina de Galicia para visitar las zonas en donde naufragaron algunos de los barcos que se acercaron a estas islas. Coincidiendo con el traspaso de este Parque Nacional, estos cuatro archipiélagos acaban de convertirse en el primer espacio marino español que se incorpora a la red OSPAR.

La tranquilidad que transmiten estos paraísos cercanos de gran espectacularidad, estos parajes primitivos y silenciosos -sólo rotos por los fuertes embistes de las olas y por los chillidos de las aves marinas-, hace que el tiempo se detenga. El olor a mar, la gran calidad de sus paisajes, de sus playas de arenas blancas y finas, la presencia de su gran protagonista y dueño indiscutible de todas estas islas -el fiero océano Atlántico- que, con la fuerza de sus aguas azul verdosas amenaza sus roquedos y esculpe sus costas y acantilados, son motivos más que suficientes para realizar una visita a cualquiera de estas cuatro joyas naturales que estimularán todos nuestros sentidos.

El mismo Álvaro Cunqueiro imaginaba el día en el que el viejo Simbad volviese a las islas…

 Isla de Cortegada

 
Isla de Cortegada (playa)
 

Isla de Cortegada (bosque de laureles, el más grande de Europa)

 

Isla de Sálvora

Isla de Sálvora (faro)

Isla de Sálvora (pazo y playa)

Isla de Sálvora  (pazo y playa)

 

 

Isla Cies  (vista de la playa de Rodas, la mejor del Mundo)

Isla Cies  (vista general de las islas Cies)

Isla Cies  (puesta de sol sobre Cies)

 

Islas Ons (vista general)

Islas Ons

Islas Ons (detalle de una de las playas)

 

Islas Sisargas

 

 

Islas Estelas

 

Comentarios

Enviado por Invitado/invitada (no verificado) en

Las islas son muy bonitas. Las fotos hablan por sí mismas. Desconocía la existencia de éstas. Ahora ya sé.
Te dejo un cordial saludo desde Berlín.

http://elmundodemarisol.blogspot.com

P.D: Aunque te parezca mentira, Berlín tiene un par de islas (situadas en lagos grandes). Una de ellas me gusta muchos y se llama la "isla de los pavos reales" (Pfaueninsel).

Enviado por Invitado/invitada (no verificado) en

Que bonitas, lástima que el agua está fria de narices por alli. Pero de todas formas un bañito en la cala de las barcas no estaria nada mal. (Islas Ons)

Elisa

Enviado por Anagalena en

Siiiii tienes razon q el agua esta fria pero es mejor asi para el cutis......... jajajaja
Anagalena

Enviado por Invitado/invitada (no verificado) en

¡Qué fotos tan hermosas! Esas islas son un tesoro, deberían estar protegidas de los intrusos. La ruta arqueológica submarina de Galicia suena muy bonito, lástima que la mayoría de turistas no protegen el medio ambiente.
La tranquilidad que se encuentra allí, dejará de ser cuando los turistas arrasen con todo; espero que el cuidado vaya paralelo a su utilización.
Cordiales saludos

Enviado por Anagalena en

Estando tan lejos ver estas imagenes y leer este texto me hicieron saltar las lagrimas.
A veces pienso q no vale la pena estar tan lejos de mi casa solo para ganar mas dinero, con el q tenia alla de salario me llegaba y ademas estaba cerca de mi amado (pero el muy malvado ni me hace caso).
Anagalena

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