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La historia del Cuerpo de Pajilleras de la Caridad del Hospital de San Juan de Dios

Domingo, a 1 de Diciembre de 2013 -- Alfredo -Webmaster-


Merced a una especialísima dispensa del Arzobispo de Sevilla (Andalucía, España), un día como hoy del año mil ochocientos cuarenta y siete se autorizaba la creación del “Cuerpo de Pajilleras de la Caridad del Hospital de San Juan de Dios”, en Málaga.

Las “Pajilleras de la Caridad”, forma abreviada como se las empezó a denominar en toda la península, eran monjas entregadas a Dios que sin importar su aspecto físico o su edad, prestaban consuelo humano, a mano, mediante técnicas masturbatorias, a los numerosos soldados heridos en las batallas de la reciente guerra carlista española.

La fundadora del “Cuerpo de Pajilleras de la Caridad del Hospital de San Juan de Dios” y autora intelectual de tan peculiar idea, fue la hermana Sor Ethel Sifuentes, una religiosa de cuarenta y cinco años que cumplía funciones de enfermera en el mencionado Hospital.

Debido a su dilatada experiencia en el cuidado de enfermos, Sor Ethel había notado el mal talante, la ansiedad y la atmósfera saturada de testosteronas que llenaba el ambiente de los pabellones de heridos del hospital, lo que generaba fuertes disputas entre ellos. No sólo estaban mal por sus graves heridas y su falta de movilidad fisica, sino que también estaban muy dañados por sus carencias afectivas y de consuelo femenino.

Decidida a mejorar la convivencia y conseguir con ello una mejor y más rápida recuperación  de los heridos, Sor Ethel decidió ponerse manos a la obra, nunca mejor dicho, y junto a algunas hermanas del hospital empezó a ‘pajillear’ a los robustos y viriles soldados bajo su cuidado, sin hacer distingos por sus graduaciones militares, por la edad o por el color de su piel.

Desde ese justo momento, tanto a soldados como a oficiales les tocaba su “pajilla” diaria. Los resultados fueron inmediatos: el clima emocional cambió radicalmente en el pabellón, y los temperamentales hombres de armas, acostumbrados al sufrimiento y a batallar de la forma más valiente, volvieron a departir cortésmente entre ellos, con educación y cortesía, aun cuando en muchos casos hubiesen militado en bandos opuestos en la batalla.

Al núcleo fundacional de la hermanitas pajilleras se sumaron voluntarias seculares atraídas por el deseo de prestar tan abnegado servicio a los recios muchachos allí convalecientes.

Con la finalidad de resguardar el pudor y las buenas costumbres, a estas voluntarias seculares se les impuso el uso estricto de un uniforme de trabajo: una holgada hopalanda que ocultaba sus formas femeninas y un velo de lino que embozaba el rostro.

El gran éxito obtenido por el “Cuerpo de Pajilleras de la Caridad del Hospital de San Juan de Dios”, hizo que estas agrupaciones de esforzadas voluntarias proliferaran en España, en donde se formaron los cuerpos de “Palilleras de la Reina”, en Madrid, las “Pajilleras del Santo Socorro”, en Huelva, o las “Esclavas de la Pajilla del Corazón de María”, en Barcelona.

Y el éxito no sólo fue algo exclusivo de España: también en Latinoamérica, rara vez ajena a las modas metropolitanas, las pajilleras fueron artífices de grandes trabajos y éxitos.

Por ejemplo, en México las “Hermanas de la Buena Consolación”, organización laica de fuerte influencia católica, ofrecieron la fatiga de sus muñecas para calmar a los viriles combatientes mejicanos, quienes por medio de ellas, de sus manos, recibían consuelo físico y espiritual de forma tan dedicada y delicada, hecho que llevo a ser conocidas como las 'mami-chingonas' o las 'ordeñamecos'.

De México la costumbre pasó a las Antillas, en donde tuvieron particular éxito las “Sobagüevos” dominicanas, sexagenarias que dedicaban sus tardes de asueto a esta peculiar forma de servicio humanitario, actividad que llegó a contar gran prestigio social y en cuya labor intervenían tanto mujeres de clase social baja como mujeres de la más alta alcurnia.

En Panamá, en fechas igualmente lejanas, se constituyó una cofradía de similar talante y cometido, las llamadas “Hijas de Nuestra Señora del Asunto Encarnado”, mujeres de carácter recio y fuertes convicciones religiosas que realizaron durante años  grandes esfuerzos físicos y psíquicos para mantener felices y contentos a los luchadores de ese país.

El último lugar en América donde hicieron fortuna estas abnegadas damas consoladoras, fue el Brasil. Allí la columna de mujeres agrupadas bajo el nombre de “Irmãs da Consolação e da Misericórdia”, acompañadas en su trabajo por una trouppe reducida pero eficiente de damitas paulistas –llamadas 'beixapau'-, acababan manualmente con las penas de los soldados.

Diversas fuentes orales comentan que en una villa conocida en el siglo XIX como Pago de los Arroyose, en Alto Paraná de Paraguay, hubo una pequeña agrupación dedicada durante algunas décadas a esta actividad. Eran conocidas como las “Hijas de Nuestra Señora del Vergo Encarnado”, en referencia y dudoso homenaje póstumo a su anciana fundadora, fallecida con las manos en la masa, en la masa de un soldado, en su día de descanso.

No nos consta que actualmente existan cuerpo de pajilleras, pero quizá...

 

 

Comentarios

Enviado por Invitado/invitada (no verificado) en

Enviado por san (no verificado) en

La verdad es que este mismo texto aparece tal cual en otras webs. Me hace gracia el asunto, y no seré yo el que me ponga a defender a la Iglesia, pero creo que la información no es veraz.

Enviado por Alison (no verificado) en

La iglesia ha protagonizado muchos escándalos, no seria raro que fuera verdad todo esto. en fin esto no daño a nadie e hizo feliz a estos señores enfermos jejeje aunque de que manera.

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