Música y Vino

Puedo intentar ser sincero pero nunca seré imparcial…

La cosa Berlusconi

Domingo, a 7 de Junio de 2009 -- Alfredo -Webmaster-

Fotos publicadas por El País

 

El artículo de José Saramago para El País, que podéis leer más abajo, me ha servido para reflexionar sobre la situación política a la que está llegando Italia bajo el mandato de Silvio Berlusconi; desgraciadamente, por asimilación, sus malas prácticas están invadiendo las políticas del resto de Europa.

Silvio Berlusconi, además de ser el primer ministro italiano, es un político multimillonario propietario de muchas empresas con actividad en varios sectores de la economía de su país. Es, por tanto, alguien que acumula bajo su dirección cuotas y espacios de poder que lo hacen, cuanto menos, sospechoso de manejar sus negocios de forma partidista, entremezclando lo propio con lo público.

Además de tener una ideología política profundamente reaccionaria, Berlusconi es un personaje de un machismo recalcitrante y trasnochado. El trasfondo de todos sus actos lo aderezada con una pátina de religiosidad católica altamente sospechosa, una pátina que desprende un tufillo de connivencias entre el poder político y económico, bajo el manto protector de la santa curia romana.

Se mueve con la soltura de los galancillos de las películas en blanco y negro de Alberto Sordi o Marco Ferreri, con el desparpajo del que no sabe asumir su edad y arrastra un ego enviagrado (de Viagra) impropio incluso en un muchachuelo de 18 años.

Si a su galantería de bigote fino y casposo unimos su fascista afán de protagonismo, llegaremos a la situación actual de todo lo que rodea su vida: corrupción, degradación, prohibición, liquidación de la sociedad democrática. Todo en honor del negocio. Todo se vende, todo se compra.

Ante la magnitud que está adquiriendo todo esto, hay preguntas para las que no tengo respuesta: ¿En toda Italia no existe una mayoría de ciudadanos que considere deleznable los actos de impudicia de este personaje? ¿Cómo es posible que gobierne alguien así, que transita entre lo legal y lo ilegal con la chulería del prepotente, del que sabe que tiene una bula que todo lo perdona?

Tengo más preguntas: ¿Y la Iglesia Católica, qué dice de todo esto? ¿Cómo son capaces de considerar inmoral el condón y no lo que hace este personaje? ¿Qué grado de degradación ética carcome a la curia romana, que le lleva a considerar como más razonables la existencia de abusos a menores en Irlanda antes que el aborto?

No sé qué pensareis vosotros de todo esto, pero a mi me preocupa enormemente: se nos vienen encima años en los que surgirán políticos que tendrán como programa de gobierno el “todo vale”.

Aquí en España, en los bancos de la oposición, tenemos varios casos…

Alfredo Webmaster

 


 

La cosa Berlusconi

Por José Saramago para elpais.com, 06/06/2009

No veo qué otro nombre le podría dar. Una cosa peligrosamente parecida a un ser humano, una cosa que da fiestas, organiza orgías y manda en un país llamado Italia. Esta cosa, esta enfermedad, este virus amenaza con ser la causa de la muerte moral del país de Verdi si un vómito profundo no consigue arrancarlo de la conciencia de los italianos antes de que el veneno acabe corroyéndole las venas y destrozando el corazón de una de las más ricas culturas europeas. Los valores básicos de la convivencia humana son pisoteados todos los días por las patas viscosas de la cosa Berlusconi que, entre sus múltiples talentos, tiene una habilidad funambulesca para abusar de las palabras, pervirtiéndoles la intención y el sentido, como en el caso del Polo de la Libertad, que así se llama el partido con que asaltó el poder. Le llamé delincuente a esta cosa y no me arrepiento. Por razones de naturaleza semántica y social que otros podrán explicar mejor que yo, el término delincuente tiene en Italia una carga negativa mucho más fuerte que en cualquier otro idioma hablado en Europa. Para traducir de forma clara y contundente lo que pienso de la cosa Berlusconi utilizo el término en la acepción que la lengua de Dante le viene dando habitualmente, aunque sea más que dudoso que Dante lo haya usado alguna vez. Delincuencia, en mi portugués, significa, de acuerdo con los diccionarios y la práctica corriente de la comunicación, "acto de cometer delitos, desobedecer leyes o padrones morales". La definición asienta en la cosa Berlusconi sin una arruga, sin una tirantez, hasta el punto de parecerse más a una segunda piel que la ropa que se pone encima. Desde hace años la cosa Berlusconi viene cometiendo delitos de variable aunque siempre demostrada gravedad. Para colmo, no es que desobedezca leyes sino, peor todavía, las manda fabricar para salvaguarda de sus intereses públicos y privados, de político, empresario y acompañante de menores, y en cuanto a los patrones morales, ni merece la pena hablar, no hay quien no sepa en Italia y en el mundo que la cosa Berlusconi hace mucho tiempo que cayó en la más completa abyección. Este es el primer ministro italiano, esta es la cosa que el pueblo italiano dos veces ha elegido para que le sirva de modelo, este es el camino de la ruina al que, por arrastramiento, están siendo llevados los valores de libertad y dignidad que impregnaron la música de Verdi y la acción política de Garibaldi, esos que hicieron de la Italia del siglo XIX, durante la lucha por la unificación, una guía espiritual de Europa y de los europeos. Es esto lo que la cosa Berlusconi quiere lanzar al cubo de la basura de la Historia. ¿Lo acabarán permitiendo los italianos?

José Saramago, escritor portugués, es premio Nobel de Literatural

 

Comentarios

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Ganhei o dia com esse artigo certeiro do Saramago. Muito obrigada, Alfredo!

Cláudia

Enviado por Alfredo -Webmaster- en

Claudia... como siempre, Saramago pone, como dice el refrán, "la letra en la llaga", y a todos los europeos nos sangra la vida por la corrupción, el desproposito y las miserias de personajillos de esa o similar calaña.

Como no sé mucho de ti, y creo que este es tu primer comentario,  te doy la bienvenida a mi página.

Alfredo Webmaster

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