Música y Vino

Puedo intentar ser sincero pero nunca seré imparcial…

John Cobra vs José María Aznar

Martes, a 11 de Mayo de 2010 -- Alfredo -Webmaster-

Muchas veces me pregunté cuáles pueden ser las razones, los porqués de la falta de educación de (muchos, muchísimos) los españoles que pululan por mi país. ¿Por qué somos así? ¿Qué trabajo nos cuesta saludar con un “Buenos días” o despedirnos con un “Adiós”? ¿Por qué cualquier ciudadano latinoamericano es muchísimo más educado que nosotros? ¿A qué se debe que tengamos tan mala fama por nuestra displicencia y dejadez en el trato? Supongo que habrá muchas respuestas para algo así. Yo tengo la mía...

Pienso que nuestros problemas se iniciaron en los años tumultuosos de los estertores de la dictadura de Franco, años de represión política, de falta de libertad de expresión, de religiosidad exacerbada, de desprecio al diferente. Era una España que vivía en blanco y negro. Una España que era como los televisores de la época: vieja, plana, sin brillo.

Con la llegada de la democracia y la libertad de expresión, en el tránsito entre lo grosero de una dictadura y lo civilizado de un estado de derecho, algunos, muchos, confundieron el legítimo privilegio a opinar con el (supuesto) derecho a decir lo que nos diera la gana, sin medir las consecuencias de nuestras palabras. Cualquiera de mis conciudadanos consideró normal tratar a sus convecinos como si todos fuéramos iguales, en plan “coleguilla; muchos olvidaron que la educación en el trato no está reñida con libertad en el trato. Algunos, demasiados, olvidaron que no todos somos iguales.

Obviamente, cuando digo que no todos somos iguales, no me refiero a que seamos distintos como clase social o por la función que desempeñamos en la sociedad. No, no me refiero a eso. Me refiero a que no somos iguales en cuanto a edades y nuestra situación personal en la sociedad.

No somos iguales cuando un chico de 15 años trata como si fuera otro chiquillo de su misma pandilla (de barrio) a un señor de 75 años; tampoco somos iguales cuando en un vagón de metro sigue sentada una chica de 15 años, mascando chicle, mientras viaja de pie una señora de 75 años o una mujer embarazada; no nos parecemos en nada cuando una persona se dirige a nosotros de “usted” y nosotros respondemos de “tu; no es sinónimo de libertad entrar en un comercio, no saludar y dirigirse al empleado o empleada en plan imperativo, como si aquello fuera nuestro y la otra persona nuestra esclava.

No, no es lo mismo.

Esa pérdida de valores y de educación es la que nos llevó a lo que ahora somos: un país lleno de gentes abruptas, toscas, groseras, ordinarias, cerriles. Resumiendo: un país sin educación cívica.

Ejemplo claro de que esto es así, de que hemos llegado a la cumbre de lo socialmente reprobable, de que ya nadie se libra del pecado de la ineducación, son los dos ejemplos de los que hablo a continuación.

Por un lado, en la foto, podéis ver a un ex presidente del gobierno de mi país: el insigne y nunca bien ponderado, José María Aznar.

Este personaje de corta talla física (pese a las vergonzosas alzaderas que mete en sus zapatos), que se las da de ultraliberal y neocon, de estar en posesión de la razón absoluta (señalado por el dedo de la infalibilidad), de ser un acérrimo defensor de los sacrosantos valores de la religión católica, es también el mismo fulano que después de impartir (más bien, repartir) una conferencia en Oviedo, y ante las quejas de parte del público por su defensa de la guerra de Irak y otros desmanes similares, no tuvo ningún tipo de reparo en poner duro el dedo corazón de su mano izquierda, haciéndoles, a sus detractores, “una peineta”.

Ver así, en actitud barriobajera y canallesca, a un personaje que alcanzó la más importante de las tareas de gobierno de un país de 45.000.000 de persona, nos permite entender más fácilmente el porqué otro fulano de aquí, de la España de los toros y la pandereta, el llamado John Cobra, no tuvo reparos en comportarse como se comportó.

El ser llamado John Cobra, un ex legionario fascista, tatuado a tutiplé y con varios piercings repartidos por su cuerpo, un fulano que no pasó de educación primaria (pese a que ser gratis el estudio de resto de grados) y que tiene el mismo sentido del ridículo que una lombriz, fue el protagonista de un bochornoso espectáculo que dio en TVE, en la televisión pública española (ver vídeo).

Este mamífero, al que la biología califica como bípedo (¿homo sapiens, tal vez?), se define a si mismo como cantante y showman. Se hace acompañar de una chiquilla de nombre Carol, a la que dice amar y respetar, pero a la le repartió, según denuncias en los juzgados, algunas manadas de hostias (violencia de género).

Este ser (¿humano?) tuvo el atrevimiento de concursar para ser el representante de España en el festival de Eurovisión. Obviamente, su espectáculo fue tan rematadamente malo y soez, que el público le increpó.

¿Cómo reaccionó este insigne catedrático emérito de educación y cultura? Pues más o menos como lo hizo José María Aznar, pero con más proliferación de ordinarieces: tocándose los huevos (con perdón), ofreciendo sus atributos de macho para el uso y disfrute del público masculino (supongo que también femenino) y expeliendo por sus fauces una enorme sarta de sandeces e improperios hacía el público que lo denigró.

¿Son muy distintos el llamado Aznar del llamado Cobra? ¿Acaso, no son similares sus actos y su falta de respeto hacia la gente? ¿Su ineducación viene de su época de estudiantes, quizá del mismo colegio religioso? ¿Fueron compañeros de pupitre o tuvieron al mismo confesor?

Estas y muchas otras preguntas se quedarán sin respuesta, pero la fundamental es otra: ¿Cómo vamos a ser más educados los españoles, si el que fue representante máximo de la dignidad de mi país se comporta como un vulgar pandillero de barrio? ¿Cómo vamos a ser más educados, si el “modelo” a seguir es alguien como José María Aznar? ¿Nos extraña que algunos españoles hagan lo que hacen, si tienen de modelo al maleducado, impresentable y pendejo de Aznar?

Así nos va…

Alfredo Webmaster

 

El insigne José María Aznar, profesor asociado de la Universidad de Georgetown (¡Manda huevos!, que dijo el miembro del Opus Dei, Federico Trillo), impartiendo clases de educación y civismo.

Obsérvese la cara de regocijo "educacional" del ex presidente del Gobierno de España

 El alumno aventajado de José María Aznar, el “ser” llamado John Cobra, dando muestras del aprovechamiento de las enseñanzas impartidas por el profesor asociado de la Universidad de Georgetown


 

Comentarios

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Lo peor que en todas partes hay patanes, pero si este Patan se hubiese presentado en uno de los canales de mi país, la presentadora lo hubiera echado al instante, por eso me sorprende, la tranquilidad y el poco carácter que mostró la presentadora es más hasta le daba el micrófono, para que siga hablando y haciendo todas sus patanadas… El público esta en todo su derecho de refutar cuando algo no les gusta y los artistas o los aspirantes artistas tendrán que calarse dicha critica… Ese hombre es asqueroso y la presentadora ofreció disculpas, de nada sirvió el daño estaba hecho. Yo nunca entendido porque algunos hombres se agarran las pelotas. se ve chafo. Ha este carita de bola de billar hay que ponerle una L.

Susan

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