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Puedo intentar ser sincero pero nunca seré imparcial…

Haití: siempre hay “un” Haití…

Martes, a 19 de Enero de 2010 -- Alfredo -Webmaster-

Tirando de hemeroteca recuperé un artículo que leí sobre un libro que hablaba de ciudades “basura” en países extremadamente pobres, entre ellos Haití.

En el texto del artículo, se remarcaba las palabras de una madre haitiana del Cité-Soleil de Puerto Príncipe que decía, copio literalmente, lo siguiente: “Por todas partes hay un agua verdosa y maloliente. Los mosquitos nos devoran. Mi hijo de cuatro años tiene bronquitis, malaria y ahora parece que también tifus. El médico dice que si no lo cuido lo perderé”.

Al leerlo, sentí un profundo escalofrío y pude imaginar, ¡me costó mucho imaginar algo así desde mi cómoda vida europea!, la situación de extrema angustia y dolor en el que se encontraba esa madre con su niño en brazos.

Lo más grave de las palabras de esa madre no está en las propias palabras en sí, ni son producto del dolor por la nueva desgracia que asola la parte occidental de La Española: el terremoto del 12 de enero. No, eso no es lo más grave.

Lo realmente dramático y inconcebible es que las palabras aparezcan en el libro de Mike Davis Planeta de ciudades miseria y que estén escritas hace más de tres años.

¿Qué clase de mundo habitamos si sabiendo como sabemos que pasan esas cosas, no nos revelamos en masa y exigimos una solución global? ¿Cómo es posible que nuestros impuestos, esos que lo mismo valen para construir una autopista que para financiar ilegalmente a unos políticos corruptos, cómo es posible, repito, que nuestros impuestos no sirvan para solucionar los problemas de países, como Haití, que están peor que hace 200 años?

¿Cómo es posible que para algún obispo sea más grave la "situación moral" de España –ver información 1, más abajo- que la muerte de más de 60.000 haitianos? ¿Es moralmente aceptable que esos mismos obispos, los que se rasgan las vestiduras ante la ley del aborto o del divorcio express, no hayan dicho ni una palabra sobre la desgracia de Haití? ¿Qué es más importante ante su dios, salvar un óvulo fecundado o proteger la vida de los niños que malvivían en las calles de Cité-Soleil de Puerto Príncipe? ¿Por qué los obispos y curas de mi país convocan tantas manifestaciones en contra del aborto y no han convocado ninguna en contra de las miserias y injusticias del mundo? ¿No es denigrante e inmoral que el Papa Benedicto XVI recibiera en audiencia privada hace pocos meses al actual Presidente de Haití, para darle su bendición, sabiendo como sabe cuál es el extremado grado de corrupción que tiene su gobierno y cuán miserable es la vida de los haitianos? ¿Y qué decir de Juan Pablo II, que apoyó, amparó, jaleó y mantuvo como sacerdote al anterior presidente de Haití, Jean-Bertrand Aristide, responsable de los “chiméres” que mataron a machete, fuego y balas a miles de haitianos?

¿Aún nos sorprende lo que está pasando en Haití? A mi no me sorprende: lo que está pasando es producto de doscientos años de miseria, vilezas y traiciones; es el resultado de doscientos años de expolio y corrupción.

Ahora, con más de 60.000 muertos tirados en las calles o bajo los escombros, todos nos rasgamos las vestiduras y mandamos ayuda para solucionar lo insolucionable. El mal ya estaba hecho antes del terremoto y los muertos no van a revivir con ayuda extemporánea.

Ahora se habla de reconstruir el país, pero... ¿Cómo creéis que van a reconstruir Haití? Si por “reconstruir” entendemos que se vuelvan a levantar las deleznables casuchas de hojalata y maderas, sin servicios sanitarios, o se construyan edificios sin ningún tipo de seguridad sísmica, mejor no hacer nada.

Entonces, ¿Cómo debería ser la reconstrucción de Haití? ¿Empezando desde “0”, levantando un país nuevo y moderno? Esa me parecería la perfecta solución... pero, ¿Quién dirigirá esa reconstrucción? ¿Los mismos gobernantes que han expoliado a su pueblo, los René Préval o los Jean-Bertrand Aristide de turno? ¿O tal vez el Fondo Monetario Internacional y los EEUU, que dirigieron con mano de hierro las políticas económicas de Haití durante los últimos 100 años? ¿O los franceses, con sus políticas de expolio miserable de 200 años de deudas -ver información 2, más abajo-?

Si no se va a tomar en serio la solución de un asunto tan serio, mejor no hacer nada.

Alfredo Webmaster

 

 


 

Nota 1

Lo dicho por el Obispo de San Sebastián, José Ignacio Munilla, son las palabras más miserables y faltas de “caridad cristiana que oí en mi vida: "Lamentamos muchísimo lo de Haití, pero igual deberíamos, además poner toda nuestra solidaridad y recursos económicos con esos pobres, llorar por nosotros y por nuestra pobre situación espiritual. Quizá es un mal más grande el que nosotros estamos padeciendo que el que esos inocentes están sufriendo" y “el mal que sufren esos inocentes no tiene la última palabra, porque Dios les ha prometido la felicidad eterna”.

Para evitar que me tachéis de laicista, ¡Que lo soy!, nada mejor que leer los artículos de opinión que, sobre estas inmorales palabras, escribieron dos teólogos católicos de fama mundial: Juan José Tamayo y Juan Masiá Clavel, en la web Redes Cristianas.

 

Nota 2

Interesantísimo artículo de Rubén Cortés, publicado en México, que nos recuerda la triste historia de un país triste y desamparado, al que una metrópoli, Francia, esquilmó económicamente durante 200 años

Haití, crimen de Francia, por Rubén Cortés para razon.com.mx, 14/01/2009

¿Por qué República Dominicana es el único país latinoamericano cuya economía creció en la actual crisis y, además, controla su inflación, posee una moneda estable, buen ritmo de inversiones extranjeras y una infraestructura que se moderniza?

¿Por qué Haití, tras haber sido en los siglos XVII y XVIII la colonia más rica de América, es el país más atrasado del mundo, atascado de hambre, desempleo, violencia, corrupción, despotismo, caos político, pistolerismo callejero y paralización económica? ¿Por qué estas diferencias si ambos países comparten la isla?

Porque a República Dominicana, por pobre que haya seguido siendo después de su independencia, en 1844, nunca fue abandonada por España, su metrópoli, y, de su mano, tampoco por las vanguardias culturales y económicas provenientes de Europa.

Pero Francia, como metrópoli, sumió a Haití en un desamparo eterno, ciega de rencor por el revés de los remanentes del Ejército napoleónico ante las huestes de Mackandal y Toussaint-Louverture en la revuelta que acabó con la independencia haitiana en 1804.

Desde entonces, los franceses mostraron la más honda indigencia de pensamiento, al ser incapaces de superar el desdoro que supuso que una guerrilla de negros desharrapados les matara 60.000 soldados y dejara mal parado el prestigio de Napoleón.

Así han sido con Haití los franceses, a pesar de que sólo 15 años antes de la revolución haitiana ellos mismos habían hecho otra que significó el triunfo de un pueblo pobre, oprimido y cansado de injusticias sobre los privilegios de la nobleza feudal y del Estado absolutista.

Pero Francia no restableció las relaciones diplomáticas hasta que, en 1825, Haití aceptó pagarle 150.000.000 de francos por la pérdida de sus esclavos: una suma similar al presupuesto anual de Francia de la época y a 10 años de los ingresos de Haití.

Es un hecho que todavía mancha la historia de Francia, pues para pagar la compensación la desde entonces destrozada Haití tuvo que pedir el dinero prestado a… los propios bancos franceses.

Y aunque consumieron por más de un siglo el 80 por ciento de sus recursos, la pobre pero honorable Haití terminó de pagarle aquellos 150.000.000 de francos a la inmensamente rica pero mezquina Francia, en 1947. O sea, hasta el otro día.

Mucha pompa universal de “igualdad, fraternidad y libertad”, pero olvidó Francia que, en el apogeo de la trata negrera del siglo XVIII, Haití le producía mayores ingresos que los que a Inglaterra las 13 colonias que luego serían los Estados Unidos de América.

Sin embargo, se debe de reconocer que al cabo de 200 años, y compungida ante el terremoto de 100.000 muertos registrado antier, Francia ha hecho algo por Haití: no deportará a más haitianos indocumentados… por ahora.

Chapeau.

 

Comentarios

Enviado por Invitado/invitada (no verificado) en

La informacion esta muy bien desarrollada, nadie se da cuenta de la problematica de ese país y que la verdadera ayuda que necesita es la de reconstruir su gobierno, su autonomia como ciudadanos para que puedan salir adelante y deje de pasar hambre su población. Es una verguenza que se tenga un país en esas condiciones para el beneficio de algunos paises, eso debe de dejar de existir
En cuanto a la iglesia católica si realmente se preocupara de sus fieles y quisiera ayudar, lo primero que tendria que hacer es dejar de ser el banco más fuerte del mundo emplazado en el Vaticano, si se dedicara a ayudar al mundo y no a expecular en la bolsa no existiria el hambre en el mundo no tendriamos paises como Haiti y otros y tampoco tendriamos continentes olvidados como el África
Laura Lopez Tuero

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