Música y Vino

Puedo intentar ser sincero pero nunca seré imparcial…

Gabriel Celaya ha cumplido cien años

Jueves, a 24 de Marzo de 2011 -- Alfredo -Webmaster-


Gabriel Celaya

 

Gabriel Celaya, fotografiado por Alberto Schommer

 

Carta manuscrita de Gabriel Celaya dirigida a José García Nieto

 

Gabriel Celaya, Blas de Otero, Asuncion Carandell, Carlos Barral y Jose Agustín Goytisolo


Gabriel Celaya, Amparitxu, su compañera sentimental, y Rafael Alberti

 

Gabriel Celaya y su inseparable Amparitxu,

 

Por Sergio Darío (Cantabria)

El pasado 18 de marzo se cumplió un siglo del nacimiento de Rafael Gabriel Juan Múgica Celaya Leceta "Gabriel Celaya", en Hernani (Guipúzkoa). Aunque el poeta falleció en 1991, su poesía, como sucede con las obras que, ya sea por azares históricos o por méritos propios (como es el caso), trascienden del ámbito temporal de la vida del creador, se emancipó e inició una vida propia ahora que acaba de cumplir sus primeros cien años.

Escribo en este blog sobre Gabriel Celaya por varios motivos.

Primero porque creo que es un lugar especialmente apropiado para hacerlo, como explicaré luego.

También porque los versos de Gabriel Celaya son viejos amigos míos y están en plena forma. Me apetece presentarlos a quién aun no los conozca y disfrutar recordándolos con los amigos y amigas del blog que ya los conocéis, seguramente muchos y mejor que yo.

Lo de la efeméride es sólo una excusa razonable, porque la poesía de Gabriel Celaya tiene, diariamente, un sin fin de motivos para ser recordada. Por eso sigue viva.

"Cantemos como quién respira. Hablemos de lo que cada día nos ocupa. No hagamos poesía como quién se va al quinto cielo o como quién posa para la posteridad. La poesía no es -no puede ser- intemporal...() hay que apostar al ahora o nunca".

Rafael Múgica tuvo una infancia desahogada. Unico hijo varón de una familia industrial de San Sebastián, y muy buen estudiante, recibió una formación orientada a convertirle en el sucesor de su padre, al mando de la empresa familiar fundada por su abuelo.

Una extraña enfermedad, nunca totalmente diagnosticada, le mantuvo alejado de su casa, de su familia y de sus amigos durante varios años. Buscando un ambiente más apropiado para su recuperación vivió en Pau (Francia) con su madre, después en El Escorial (Madrid), sin la compañía de ningún chico de su edad.

En sus notas autobiográficas (Antología Consultada, Itinerario Poético) que citaré aquí frecuentemente (entrecomilladas y en cursiva) reconoce que aquel aislamiento fue lo que le llevó a empezar a escribir "frenéticamente".

"Nada de lo que es humano debe quedar fuera de nuestra obra. En el poema debe haber barro, con perdón de los poetas poetísimos..."

Terminó su formación de Ingeniería Industrial en la Residencia de Estudiantes, de Madrid, en donde su padre, hombre liberal, le instaló durante siete años. Nietzsche, Goethe, José Ortega, Moreno Villa, Gerardo Diego, Jorge Guillén, Alberti, Salinas, Aleixandre... a los que en algún caso llegó a conocer personalmente, fueron sus primeras influencias y, en algún caso, sus amigos. Además, durante sus vacaciones en Tours (Francia) su patrona, "una vieja solterona aristocrática" según sus palabras, le familiarizó con los clásicos franceses, a los que posteriormente tradujo al castellano.

A pesar de sus inquietudes literarias, y también pictóricas (estas frustradas), en 1935 Rafael Múgica se convirtió en el director-gerente de la empresa familiar como estaba previsto.

En ese año publica “Marea del Silencio, su primera colección de poemas que fue como una premonición: "marea de silencio" duró doce años.

"En 1939, al terminar la Guerra Española, todos los amigos-poetas mayores o menores que me habían acompañado en mi juventud habían desaparecido de mi horizonte. Y yo estaba en mi fábrica, más solo que nunca, y menos dispuesto que nunca a publicar, pués nada entendía del clima literario-intelectual que entonces reinaba..."

La Guerra Civil española, efectivamente. Cuando estalló en 1936, Gabriel se alistó como voluntario en el bando republicano, llegando a ser Capitan de Gudaris (gudari es guerrero en euskera). En 1937 fue hecho prisionero en la toma de Bilbao por las tropas golpistas. Excarcelado, regresa a su cargo al mando de la empresa familiar, y en 1939 se casa.

Había publicado sus primeros versos firmando como Rafael Múgica, pero el Consejo de Administración le reconvino: "me avisaron de que eso de que un ingeniero gerente escribiera poesía podía perjudicar el crédito de la empresa".

Firmó desde entonces como Gabriel Celaya, y también fue Juan de Leceta, durante un corto periodo existencialista (1947-1952).

"El espíritu es creador, el espíritu es libre" "Sólo somos hombres, verdaderamente hombres, en cuanto que vivimos inventándonos a nosotros mismos"

A principio de la década de los cuarenta, Rafael Múgica tiene una vida acomodada. Es un ingeniero industrial director de su empresa, casado y con dos hijos; y tiene también una pasión incómoda: la poesía. Pero una clase de poesía comprometida que era peligrosa en la españa de la posguerra, y antagónica con su realidad social:

 

A VUESTRO SERVICIO (1944)

         Me he acercado hasta el puerto

         Chillan hierros mojados y una grua resopla.

         Los obreros trabajan y maldicen a ratos

        

-        ¿Un cigarro buen hombre?

Buen hombre me ha escupido su silencio

         Buen hombre me ha plantado,

         con unos ojos claros, todo su desprecio.

 

         Los hombres tienen hambre

         Los hombres tienen miedo

         Más no nos piden pan

         Más no nos piden sueño.

 

         Gritaré lo que quierán por no sentirme odiado

         Gritaré lo que quierán por no sentirme odiado

         Cuando me fusilen

         quizás alguién me ponga un cigarro en los labios.

        

Gabriel Celaya escribió este poema en el puerto de Pasajes cuando, como gerente de la empresa, había ordenado forzar la jornada de trabajo para no incumplir los plazos de descarga de un barco, que el dirigía... "... y yo trataba de disimular esta imposición repartiendo vino y tabaco entre los obreros. Quizás fue aquel día cuando tuve plena conciencia de lo lejos que estaba de los trabajadores, pese a mi "izquierdismo" paternalista".

Lo transcribo porque es toda una declaración de intenciones. Una declaración de amor hacia una clase social, la obrera, que sentía más cercana que la suya propia y, por tanto, una declaración de inicio de hostilidades contra el estatus desde la misma clase social preponderante a la que, por sangre y tradición, pertenecia. Y esta rebeldía “desde arriba” es infrecuente y, me parece a mi, más digna de encomio. Viéndolo hoy desde la distancia es fácil no percatarse de que, en los tiempos que corrían (1944), aquella rebeldía era un desafío heroico y desigual. Gabriel Celaya se enfrentó, durante décadas, a la poesía neutra y oficialista de su tiempo, con argumentos de propundo calado social, no estético:

        

         A UN POETA NEUTRAL (dirigido a Jose García Nieto, poeta)

         "Basta ya de mentiras. Dividamos los campos

         yo no te quiero mal, sólo soy tu contrario

         pecho a pecho distinto, diente a diente luciente.

         Te juzgo pernicioso. Lo dicho, juego limpio

 

         En vano tu pretendes envolver en la anchura

         comprensible, imparcial -lo que quieras, sermones-

         lo insoluble y candente. Tus poemas son sólo

         un infierno empedrado de buenas intenciones.

 

         Yo creo en ti; te estimo noblemente decente,

         más te pido osadía, salud, fe, sí, más tripas.

         Te pido que me insultes si lo cres necesario.

         Todo sea hasta el fin, sin más beaterías"

 

Pero nadar a contracorriente en la España de los vencedores y los vencidos era mucho más que una opción estética:

"La poesía no es un fin en sí. La poesía es un instrumento, entre otros, para transformar el mundo... La Poesía no es neutral. Ningún hombre puede ser hoy neutral. Y un poeta es, por de pronto, un hombre"

En 1946 ("el 8 de octubre, fecha importante para mi") conoce a la que será su compañera hasta la muerte, Amparitxu Gascón: "nos entendimos enseguida, nos quisimos muy pronto, y esto fue para mi la resurrección".

Escritora como él, fundan la revista de poesía Norte "en un ricon de la Parte Vieja donostiarra" (San Sebastián): "Norte, según pensabamos Amparitxu y yo en aquel momento, debía ser un puente tendido por encima de la poesía oficial hacia los olvidados poetas del 27 (repudiados, perseguidos, expulsados y silenciados por el franquismo)... Lo que nosotros queríamos era romper un cerco, el estúpido cerco de poesía oficial"

En 1947, doce años después de su Marea de Silencio, Gabriel Celaya vueleve a publicar: La soledad Cerrada, a la que siguió Vuelo Perdido y luego otra y otra colección de poemas hasta casi un centenar.

Su último libro se publicó en 1986, pero lo que más le costó a Gabriel Celaya fue romper los lazos con su pasado familiar. Fue en 1956 cuando, con Amparitxu como siempre a su lado; "ahorqué mis habitos de ingeniero burgués, abandoné la fábrica de mi familia y me trasladé a Madrid, con el cielo arriba y la tierra abajo... eran los años en los que la poesía social estaba en auge... los años de lucha y vida furiosa en que Amparitxu tanto me sostuvo. Y aunque fueron también los años de multas, carcel, persecuciones y dificultades económicas, son los que siempre añoraré. Porque entonces parecía que uno servía para algo".

La censura le perseguió durante treinta años. Parte de su obra tuvo que ser publicada en Mexico y en París. Hasta 1977 no se pudo reunir en un texto una selección de su obra prohibida para su distribución en el mercado español ("Dirección Prohibida" Ed. Losada,Buenos Aires 1977) de la que conservo un ejemplar.

En 1955 se había atrevido a escribir, en su poema “La Poesía es un Arma Cargada de Futuro”, lo siguiente:

 

         LA POESÍA ES UN ARMA CARGADA DE FUTURO (1955)

Poesía para el pobre, poesía necesaria

como el pan de cada día,

como el áire que exigimos trece veces por minuto

para ser y en tanto somos dar un sí que glorifica

 

Porque vivimos a golpes, porque apenas si nos dejan

decir que somos quién somos

nuestros cantares no pueden ser sin pecado un adorno

Estamos tocando el fondo

 

Maldigo la poesía concebida como un lujo

cultural por los neutrales

que, lavándose las manos, se desentienden y evaden.

Maldigo la poesía de quién no toma partido hasta mancharse.”

 

Versos airados que Paco Ibañez montó a lomos de una sencilla línea melódica y que son, probablemente, los más emblemáticos de la injustamente denostada "canción protesta", que con tanta efectividad cumplió su cometido histórico.

Loquillo, hace unos años, recuperó este poema para el título de un disco homenaje a aquella época que Alfredo trajo a este su blog.

Personalmente, me gusta más el arrreglo que Aguaviva hizo del poema Aviso, y que ellos lo llamaron "La ciudad es de goma", en su LP “Apocalipsis” de 1977:

 

AVISO (1946)

"La ciudad es de goma lisa y negra

pero con boquetes de olor a vaquería

y a almacenes de grano, y a madera mojada

y a guarnicionería, y a achicoria, y a esparto

 

Hay chiridos que muerden, hay ruidos inhumanos

hay bruscos bocinazos que deshinchan

mi absurdo corazón hipertrofiado

 

Yo me alquilo por horas; río y lloro con todos;

pero escribiría el poema perfecto

si no fuera indecente hacerlo en estos tiempos."

 

"Estos tiempos" eran los de 1946, fecha en que Gabriel Celaya había escrito estos versos en plena confrontación con su odiada, por superficial y cosmética, poesía oficial.

En el LP de Aguaviva había otros poemas versionados de Brecht, de Hikmet, de Cesar Vallejo (mi debilidad) y de Blas de Otero. De este último su celebérrimo "Me queda la palabra" (ni más ni menos).

Gabriel Celaya viajó a Cuba en los sesenta un par de veces, y también a Mexico, Brasil, Italia, Francia... pero, al contrario que otros poetas amigos, como León Felipe, Gabriel Celaya nunca pensó en el exilio, ni siquiera temporalmente como su gran amigo, y también gran poeta, Blas de Otero.

Aguantó el chaparrón desde Madrid, junto a su compañera, sin esconderse ni escatimar el calor de su palabra a todas las causas que el consideró justas: la lucha obrera, la Cuba libre, Fidel Castro, El Ché, García Lorca, los presos políticos, la resistencia contra el imperialismo USA, el Marxismo, el Comunismo, Guernika, Euzkadi, los mineros, los campesinos, la guerrilla... la libertad.

Con la llegada de la Democracia Gabriel Celaya se presentó candidato a las primeras eleciones en las listas del PC por Guipuzkoa (1977), pero su “itinerario poético” estaba ya un poco desnortado: “En los primeros años del sesenta, la llamada poesía social entró en crisis” manifiesta en su libro “Itinerario Poético” de 1976 (Ediciones Cátedra). Con su habitual estilo directo y exento de autocompasión, analiza “el cansancio que produce cualquier corriente literaria dominante...() que, como ocurre siempre, acabaron por convertir en un cliché lo que había nacido como un deslumbrante descubrimiento” y en la misma línea afirma que “el clima de furor y esperanza... () se había ido extinguiendo con el paso de unos años en los que no se produjo más cambio que el de una derivación de nuestro pais hacia una incipiente sociedad de consumo”.

Gabriel Celaya reconoce que la poesía, o al menos algunos poetas, se fueron volviendo acomodaticios. El neo-vanguardismo emergente proliferó “y se manifestó en todo lo que, bajo su apariencia renovadora, tiene de reacionario y neo-capitalista. Y empecé a sentirme desconcertado”.

Para Gabriel Celaya, como para Goytisolo (“Palabras para Julia”), Brecht, Blas de Otero... siempre estuvo presente “la inoperancia del yo, la asunción de todos los hombres en cada hombre singular”. En el prólogo de su libro “Paz y Concierto” (1953), prólogo que titula significativamente “Nadie es Nadie”, afirma “Vivimos unos por otros, unos con otros, todos para un conjunto que se nos escapa entre los dedos cuando tratamos de apresarlo...”  El individualismo que empezó a florecer en los sesenta y se enraizó en la sociedad de los años setenta y posteriores, dejó a Gabriel Celaya solo y cansado (“cuando uno llega a mi edad, confieso que es dificl superar ciertas desilusiones”).

El, que había escrito “Nuestra Poesía no es nuestra. La hacen a través nuestro mil asistencias, unas veces agradecidas, otras inadvertidas”  buscó en la experimentación una nueva puesta a punto de la poesía social: revisó las viejas leyendas de su Euzkadi, probó con el realismo mágico, el experimentalismo, la posía “concreta”, el jazz (Música de Baile, 1970) y un acercamiento a la nueva pesía joven... “pero nada me satisfacía”...

Así se manifestaba en 1976, pero a pesar de ello siguió escribiendo, incansablemente, hasta cinco años antes de su muerte en 1991.

Gabriel Celaya soportó una vejez llena de privaciones en su domicilio del barrio de Prosperidad (ironías de la vida) de Madrid. Su compañera, su angel de la guarda y su musa (su amante en definitiva), Amparitxu, levantó la voz en los medios públicos para reclamar dignidad. Dignidad para un viejo poeta que se moría de viejo y de pobre, olvidado por la sociedad a la que le había dedicado cincuenta años (de los más duros de la historia reciente) de lucha y más de cien libros.

En 1986, a los 75 años, se le concedió el Premio nacional de las Letras Españolas, que vino a aliviar un poco su precaria situación económica. Ya había vendido su biblioteca de 13.000 libros, pero nunca consiguió reunir el suficiente dinero para realizar su último sueño: comprar un pisito en “su” San Sebastián para ir allí a agotar sus días.

El 18 de Abril, se cumpilrán 20 años del fallecimiento de Gabriel Celaya. Hoy, 21 de marzo, que escribo esto para enviárselo a Alfredo resulta que es “el día mundial de la poesía” o algún brindis al sol por el estilo... más efemérides. Me da igual. Yo siempre he leido poesía, entre otras cosas para olvidarme de los relojes y calendarios por un rato, precisamente.

No he pretendido hacer un panegírico de la poesía social. Aunque la obra de Celaya, Blas de Otero, Goytisolo, Brecht, Lorca, Vallejo (si, también es poesía social sin duda), Khalil Gibran, Kippling, Hierro... me caló hasta la médula y ya no me abandonará, nunca he renunciado a la “otra poesía”, la “estética”, la formal, la “limpia de barro” que busca emocionar con su belleza, que también disfruto. Pero en los versos de Gabriel Celaya hay una valentía y coherencia que me conmueve. En ellos se puede seguir el rastro de lo que él llamó “El Hilo Rojo” (Visor Poesía, 1977). En su escueto prólogo, compara el hilo rojo que, en palabras de Engels, conecta economía, política y cultura a lo largo de la historia; con el hilo rojo “de la continuidad, a lo largo de treinta años, de una preocupación que atraviesa toda mi obra...”  y esa preocupación es la de entregarse al colectivo social como una obligación que, para cumplirla, le obligó a adentrarse, en numerosas ocasiones, por dirección prohibida.

Dije al principio que creo este blog es un lugar muy apropiado para hablar de Gabriel Celaya. Hay en él también un hilo rojo, bien visible, que lo atraviesa, de un tejido manifiestamente social y universalista, y que no renuncia a coser ni harapo ni paño fino, con puntadas firmes pero sin apreturas.

Los temas que Música y Vino retrata (y los enfoques) son tan cotidianos, amplios y libres de artificio como los que pueblan la poesía social de Gabriel Celaya. Puedo encontrar aqui, y opinar, y escribir, sobre “todo” ... “nada de lo que es humano debe quedar fuera de nuestra obra...”“ Seguro que a Gabriel le habría gustado.

 

Placa situada en la fachada de la casa en donde vivió Gabriel Celaya en en el barrio Prosperidad (Madrid)

 

Paco Ibañez – “La Poesía es un Arma Cargada de Futuro

 

Aguaviva – “La ciudad es de goma

 

Imanol - "Más allá del pecado"

 

Aguaviva – “Me queda la palabra” (poema de Blas de Otero)

 

 

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