Música y Vino

Puedo intentar ser sincero pero nunca seré imparcial…

Entre esos tipos y yo hay algo personal…

Domingo, a 16 de Diciembre de 2012 -- Alfredo -Webmaster-

 

En estos momentos convulsos de crisis financieras generalizadas, de robos institucionalizados, corrupciones sin límite, incontables bajezas morales y éticas, explotación hasta el infinito de los recursos naturales o humanos, conviene darle un repaso a esta canción del insigne Joan Manuel Serrat.

Es bueno escucharla con interés: es un monumental alegato en contra de los tejemanejes de los poderosos, los desmanes de los mandamases de nuestros países (de todos los países), las arbitrariedades de los que “cortan el bacalao”, la chulería prepotentes que globaliza sólo lo que a ellos le interesa o de los fulanos que con sus decisiones son capaces de cambiar las reglas de juego y jugar con nuestras vidas y haciendas.

Ya es hora de que nos levantemos contra ellos. De una vez por todas. Sin descanso. Sin miedos.

Podemos. Somos más que ellos y tenemos algo que ellos temen: nuestro derecho a votar, la potestad de hacer que nuestra papeleta cambie el ritmo de los países y saque de sus poltronas a esos fulanos.

Y tenemos otra opción más: afiliarnos a partidos políticos de izquierdas, participar en los movimientos ciudadanos, colaborar en la concienciación del pueblo…

Hacedlo: ¡podemos!  

Alfredo Webmaster

 

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Letra de "Algo personal", de Joan Manuel Serrat

Probablemente en su pueblo se les recordará

como a cachorros de buenas personas,

que hurtaban flores para regalar a su mamá

y daban de comer a las palomas.

 

Probablemente que todo eso debe ser verdad,

aunque es más turbio cómo y de qué manera

llegaron esos individuos a ser lo que son

ni a quién sirven cuando alzan las banderas.

 

Hombres de paja que usan la colonia y el honor

para ocultar oscuras intenciones:

tienen doble vida, son sicarios del mal.

Entre esos tipos y yo hay algo personal.

 

Rodeados de protocolo, comitiva y seguridad,

viajan de incógnito en autos blindados

a sembrar calumnias, a mentir con naturalidad,

a colgar en las escuelas su retrato.

 

Se gastan más de lo que tienen en coleccionar

espías, listas negras y arsenales;

resulta bochornoso verles fanfarronear

a ver quién es el que la tiene más grande.

 

Se arman hasta los dientes en el nombre de la paz,

juegan con cosas que no tienen repuesto

y la culpa es del otro si algo les sale mal.

Entre esos tipos y yo hay algo personal.

 

Y como quien en la cosa, nada tiene que perder.

Pulsan la alarma y rompen las promesas

y en nombre de quien no tienen el gusto de conocer

nos ponen la pistola en la cabeza.

 

Se agarran de los pelos, pero para no ensuciar

van a cagar a casa de otra gente

y experimentan nuevos métodos de masacrar,

sofisticados y a la vez convincentes.

 

No conocen ni a su padre cuando pierden el control,

ni recuerdan que en el mundo hay niños.

Nos niegan a todos el pan y la sal.

Entre esos tipos y yo hay algo personal.

 

Pero, eso sí, los sicarios no pierden ocasión

de declarar públicamente su empeño

en propiciar un diálogo de franca distensión

que les permita hallar un marco previo

 

que garantice unas premisas mínimas

que faciliten crear los resortes

que impulsen un punto de partida sólido y capaz

de este a oeste y de sur a norte,

 

donde establecer las bases de un tratado de amistad

que contribuya a poner los cimientos

de una plataforma donde edificar

un hermoso futuro de amor y paz.

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