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Puedo intentar ser sincero pero nunca seré imparcial…

En memoria del un héroe olvidado: Alberto Bayo

Sábado, a 10 de Noviembre de 2007 -- Alfredo -Webmaster-

Hoy, con pocos ánimos y ganas de escribir algo propio, con la moral un poco baja y el espíritu algo desfallecido (no tengo la cabeza ni el intelecto para pensar en algo distinto a mi hermano), os copiaré un pequeño texto de Juan Carlos Escudier, un excelente escritor que no sé muy bien qué hace poniendo sus magníficas  letras en algún sitio excesivamente liberal en el peor sentido político de la palabra (ejemplo: Esperanza Aguirre –la marquesa que "no llega a fin de mes"-, José María Aznar –el insufrible-, Eduardo Zaplana –el chulo de playa-, etc.).

En su escrito hace mención a un militar español, Alberto Bayo, del que ni había oído hablar pero del que, a partir de ahora, consideraré el prototipo del idealista y del luchador infatigable en lo que cree.

Me duele muchísimo que la historia se olvide de estos hombres que fueron capaces de hacer las mayores locuras y ejecutar los planes más descabellados pensando exclusivamente el conseguir el bien común o lo que ellos consideraban lo mejor para sus congéneres.

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Alberto Bayo era un militar malísimo pero un aventurero genial. La mayoría se preguntará quién es este español nacido en Camagüey y de madre cubana, y es lógico que lo hagan porque la Historia, la nuestra, lo borró de sus páginas hace 70 años si es que alguna vez dio cuenta de él. De Bayo sólo nos hablan hoy un monolito en el cementerio de La Habana y un libro que ha publicado el periodista Luis Díez titulado Bayo, el general que adiestró a la guerrilla de Castro y al Che.

A Bayo se le deben muchas cosas, empezando por haber salvado la vida a Rafael Alberti, al que el golpe de Estado del 36 pilló con su mujer en Ibiza, donde no tardó en ser encarcelado con la idea de hacerle pasar a mejor vida más pronto que tarde. Bayo, que ya entonces parecía la momia de Lenin con bastantes kilos más, se puso al frente de la expedición enviada por Companys para sofocar la sublevación en Balerares. Liberó a Alberti, en efecto, pero consumó uno de los fracasos más estrepitosos de la guerra. Es lo que tiene poner a un capitán de aviación al mando de una operación naval con desembarco incluido.

Hay países avanzados que, a falta de otros talentos, pillan a un cazador de búfalos como Bill Cody, le hacen películas y, de paso, héroe nacional, aunque lo de llevar un gorro de mapache con la cola colgando sea hoy ecológicamente incorrecto. Aquí, a los tipos novelescos como Bayo, que era capaz de batirse en duelo con la segunda espada de Europa, otro capitán de aviación apellidado Gallarza, y sablearle en el sentido literal del término, que practicó el boxeo en Nueva Orleáns, que fundó el primer aeródromo civil de España y que terminó haciendo de espía e infiltrado en grupos fascistas para conseguir armas en el extranjero y ponerlas al servicio de la República, se les ignora o, lo que es peor, se les desconoce.

Bayo se merece, sin duda, una película y, como él, los miles de republicanos que tuvieron que partir hacia el exilio y que propiciaron el florecimiento intelectual de países como México o Argentina, mientras aquí quedaba lo más negro y soez del pensamiento patrio, vestido en la mayoría de las ocasiones de caqui o verde oliva. En eso también debería consistir eso de recuperar la memoria. ¿O acaso tenemos que arrepentirnos de que León Felipe, Buñuel, Cernuda, Ramón J. Sénder, Altolaguirre o Max Aub fueran españoles por no reabrir heridas?

Lo de nuestro personaje no eran, desde luego, las cualidades literarias, aunque se empeñara en martirizar a sus próximos con poemas espantosos. Sus dotes tenían más que ver con la teoría militar que con la práctica y, de hecho, sólo hay tres victorias que caben atribuírsele: las dos primeras, sendas matanzas de insectos en el Norte de África y en la finca mexicana donde comenzó a instruir al Che y a los del Granma; la tercera, en Cuba, pero por guerrilla interpuesta, aleccionada, eso sí, por Bayo.

Esta es precisamente la gran aportación del capitán. Sus ideas sobre la guerrilla, sobre el ‘pica y huye’, sobre la “guerra de los pobres” fueron despreciadas por Indalecio Prieto, de quien llegó a ser consejero, porque en opinión del socialista, aquello era poco menos que terrorismo. Cuando, ya instalado en México y dedicado a dar clases de vuelo y a vender los muebles de su fábrica, Fidel Castro llamó a la puerta de su casa en la avenida Country Club del Distrito Federal, el viejo y gordo militar encontró sentido definitivo a su vida.

Bayo no era comunista, como no lo era el propio Fidel, sino antifranquista. Nuestro Quijote terminó por desprenderse de sus propiedades y correr en auxilio de otro cubano como él, que le pedía ayuda para acabar con la dictadura de Batista. A cambio, le exigió ayuda para derrocar al dictador Franco si el éxito acompañaba a su empresa, pero esa parte del trato nunca se cumplió. Era un idealista, como lo fue también su mejor alumno, un argentino llamado Ernesto Guevara con el que jugaba al ajedrez, y al que ahora el diario El País redescubre en versión killer.

Aviador, boxeador, espadachín, espía, truhán, nefasto poeta, vendedor de muebles, teórico de la guerrilla, instructor del Che, capitán que sólo llegó a general en Cuba, a Bayo se le debía el espléndido libro que ha escrito Luis Díez. Poco antes de morir, se dirigió a sus amigos de la siguiente forma: “Si no fuera por la artritis, la diabetes, las dos trombosis, el ojo de vidrio y los catorce balazos que tengo en el cuerpo, estaría hecho un león”. El Ejército cubano y una gran manifestación popular escoltaron su féretro al cementerio de La Habana el 4 de agosto de 1967. Merece la pena recordarle cuarenta años después, aunque no sea en el cine.

 

Comentarios

Enviado por Luis en

¿Cuantos heroes estaran olvidados por culpa de los años del franquismo? ¿Cuantos maquis soportaron años y años de privaciones solo por que eran leales a un regimen legal?
Ojala la recuperacion de la memoria historia nos permita engrandecer a estos personajes que lo dieron todo por la libertad y la democracia.

Enviado por Invitado/invitada (no verificado) en

aunque no lo creais en mi casa siempre hoy hablar del capitan bayo con mucha admiracion, pero eso si en privado y voz baja.un pariente por los torres desde almeria.

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