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Puedo intentar ser sincero pero nunca seré imparcial…

El velo como limitación de la libertad

Domingo, a 20 de Septiembre de 2009 -- Alfredo -Webmaster-

 

El debate sobre el velo que llevan, cada vez más, las mujeres musulmanas no sólo en el mundo árabe más tradicional sino también en países con sociedades urbanas algo más laicas como Argelia, Marruecos o Egipto, o incluso entre las segundas y terceras generaciones de inmigrantes en países europeos, se despacha muchas veces con demasiada rapidez, interpretando ese fenómeno como una simple reacción, una manera de reforzar sus señas de identidad culturales. La realidad parece ser más compleja y conviene prestar atención a lo que dicen las propias investigadoras musulmanas sobre el tema. Por ejemplo, tomar en consideración el último libro publicado por Marnia Lazreg, profesora de la Universidad de Nueva York, considerada como una de las mayores especialistas en estudios sobre la mujer en Oriente Próximo. Questioning the veil: open letters to muslim women (Princeton University Press) mantiene que la extensión del uso del velo no forma parte de un movimiento cultural sino que es producto de una política determinada, una campaña muy intensa diseñada por hombres musulmanes empeñados en atajar los movimientos a favor de los derechos de las mujeres musulmanas.

A la mujer que lleva “burka' se le niega su condición de persona. Se convierte en una abstracción

Esta profesora argelina no cree que los países democráticos deban legislar sobre la forma de vestir de sus ciudadanos, pero reclama una mayor atención sobre las consecuencias del uso del velo y sobre el efecto que tiene, especialmente en las mujeres más jóvenes. Lazreg no oculta su desprecio por posiciones como las de Naomi Wolf, la escritora norteamericana que se considera representante de una "tercera oleada" del movimiento feminista y que cree que el velo libera a las mujeres musulmanas de la presión sexual en países fuertemente machistas y les permite una mayor libertad personal. Marnia Lazreg piensa que este tipo de ideas y teorías pretendidamente académicas "valen para una charla de café" pero que son "simples y peligrosas". Lamenta también que intelectuales musulmanes como Tariq Ramadan acepten planteamientos tan simplistas.

En su labor de investigación, la socióloga pregunta a muchas mujeres musulmanas las razones por las que llevan el velo y encuentra que, en la mayoría de los casos, creen que es una imposición del Corán (lo que no es cierto). Las que vuelven a ponerse el velo, después de habérselo quitado o de no haberlo llevado nunca, no lo están haciendo, en muchas ocasiones, como muestra de piedad religiosa. Tampoco lo hacen como demostración de su identidad cultural. La mayoría está sucumbiendo sencillamente a una fuerte presión, una campaña que se desarrolla por tierra, mar y aire: desde vídeos en YouTube hasta DVD, literatura... El uso del velo responde más a las idas y venidas de las ideologías imperantes en el mundo musulmán, y al machismo más atroz, que a cuestiones culturales o de modestia religiosa, deduce. Y las mujeres musulmanas deben darse cuenta de ello porque sólo será posible suprimirlo si ellas se convierten en agentes sociales del cambio, como empezó a serlo en los años sesenta.

Lazreg distingue, por supuesto, entre el uso del burka (que tapa a la mujer de la cabeza a los pies y la obliga a mirar a través de estrechas ventanas) y los otros tipos de velo que llevan las mujeres musulmanas. Y no tiene paciencia para esperar la desaparición del burka, una prenda que impide el reconocimiento del individuo y niega al ser humano que lo lleva. Una mujer que lleva el burka es una mujer a la que se niega la condición de persona, de individuo, y que se convierte en una abstracción, con el enorme riesgo que ello supone incluso para su integridad física. El velo tiene un efecto mucho menos perverso, pero aun así tiene consecuencias psicológicas importantes para las jóvenes muchachas que comienzan a llevarlo y a las que se intenta convencer asegurándoles que implica el orgullo de ser musulmán, cuando se trata de una señal de sometimiento relacionada con las mujeres y no con su religión.


El velo, un debate pendiente, por Gemma Lienas para elperiodico.com, 22/10/07

Leo en el diario el caso de Shaima, la niña musulmana de 8 años que estuvo dos semanas sin ir a la escuela porque el reglamento de régimen interno del centro no permitía que fuera con el hiyab. Ya que estar escolarizado es un derecho fundamental de la infancia, la Conselleria de Educació conminó a la escuela a admitir a Shaima con pañuelo incluido.
La conselleria tiene razón: Shaima debe ir a la escuela. Lo que no entiendo es por qué en lugar de forzar al centro a aceptarla con velo, no obligó a los padres a llevarla sin el, apelando al mismo principio. Hubiera sido más pedagógico para la familia y para otros saber que, según las reglas de nuestro país, tienen el deber de escolarizar a las criaturas. Y este deber democrático, y más en un estado no confesional como el nuestro, está por encima del uso de cualquier símbolo religioso. Porque esto es lo que argumentan algunas personas: que el pañuelo es un símbolo de la fe islámica. Pero, puesto que el Corán no impone su uso explícitamente, es fácil entender que no es un símbolo religioso, sino cultural.
Según aclara Djavann, autora iraniana de Abajo el velo, el significado del hiyab es marcar visiblemente la sumisión femenina. O sea que se trata de una costumbre que no respeta otro principio democrático: la igualdad entre mujeres y hombres; un principio tan importante como la escolarización.
Muchos años de lucha para que unas y otras tengan la misma dignidad y haber llegado a un cierto estadio, aunque no sea óptimo, parecen suficientes para aconsejar una tolerancia cero hacia costumbres --vengan de donde vengan, sean foráneas o de nuestra propia casa-- que atenten contra los derechos de las mujeres. Y es que la situación no admite posturas intermedias porque, sino, la dificultad residirá en determinar el lugar donde ponemos el listón: ¿el hiyab? ¿La ausencia a las clases de gimnasia? ¿El burka? ¿La ablación?
Yo lo tengo claro: continuaré defendiendo el derecho a la igualdad de las niñas de otras culturas como habría querido que alguien me protegiera de los excesos de la familia patriarcal durante la dictadura franquista.

 

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