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Puedo intentar ser sincero pero nunca seré imparcial…

El Bicentenario

Domingo, a 17 de Enero de 2010 -- Alfredo -Webmaster-

En los próximos meses y años, se empezarán a celebrar por toda Latinoamérica el Bicentenario de las independencias de los diversos países que componen el cono sur del continente.

Siendo como son actos de reafirmación de los valores patrios y de exaltación del momento histórico en que se conquistó la independencia de la metrópoli, España, muchos de ellos también serán de recuerdo para las muchas barbaries que cometieron, en la conquista de América, nuestros antepasados.

A estas alturas de la historia, no creo que nadie niegue que los españoles que llegaron a la América en los siglos XV, XVI y XVII, además de ser portadores de algunos valores reseñable de cultura y modernidad, también fuimos la mano ejecutora de actos nada honrosos y de destrucción, ya sea de las culturas precolombinas como de pueblos enteros, que no sobrevivieron al empuje de los conquistadores. Es parte de la historia común que compartimos entre todos. Es historia común; no se puede, no se debe, olvidar. Pasó, y pasó.

Asumiendo la parte de culpa que como país tuvimos en algunos de los desastres, también es de justicia reconocer que después de los 300 años de dominación colonial española, vinieron 200 años de independencia y soberanía local. Esos dos últimos siglos (parte del XIX, XX e inicio del XXI) fueron para la humanidad en su conjunto, los más prodigiosos en avances (industria, cultura, calidad de vida, libertad) y prosperidad. Lo que ese espectacular progreso significo en cada uno de los países americanos, es, en todo caso, responsabilidad de los nuevos gobiernos independientes, para lo bueno y para lo malo.

Igual que ahora, en pleno siglo XXI, los españoles no nos podemos sentir orgullosos de que unos poquísimo miles de nuestros soldados fueran capaces de conquistar un continente completo, a sangre y fuego, ¡cierto!, tampoco tenemos por que sentirnos culpables de algo que ya es parte de la historia. Ni debe haber recuerdos de glorias pasadas ni tampoco reproches por lo que otras gentes hicieron en otro tiempo.

Pasó, y pasó: Latinoamérica y España tiene que aprender a convivir con una historia común, que es muchísima y muy valiosa.

Alfredo Webmaster

 

 



 

La traca del Bicentenario, por Miguel Ángel Bastenier para elpais.com, 13/01/2009

Comienza la gran traca del Bicentenario. Los 200 años de las primeras declaraciones latinoamericanas que hoy se asimilan, redondeando conceptos, a proclamaciones de independencia, estallarán durante 2010, con España como monigote de pim pam pum y huésped de honor en el banquillo de los acusados.

Lo que se declaraba no era la independencia, sino que ante la soberanía cesante de España, sojuzgada por Napoleón, los criollos reivindicaban su autogobierno, aunque únicamente, se entiende, hasta que Fernando VII recobrara su augusto trono. Cabe argumentar que una declaración de ruptura con España no era directamente asumible por aquellas repúblicas de propietarios en un mar de indigentes de otro color, con lo que habría que ver esa rebeldía como táctica que no osaba aún ser estrategia; pero, también, que la fórmula transaccional permitía imaginar otro final contando con que parte del “criollato” —que sí existió— aceptara una soberanía interior sin desvinculación completa de la metrópoli, como ha argumentado el historiador ecuatoriano José Cañizares Esguerra y, sobre todo, con la prudencia de las Cortes de Cádiz —que no existió— para reconocer en pie de igualdad al mundo hispanoamericano. Pero esa solución era demasiado moderna.

Los propósitos que animan a los gobernantes latinoamericanos son tan variados como su procedencia. La Colombia del presidente Uribe, con mucho criollo en el poder, quisiera celebraciones apacibles sin réprobos ni verdugos, pero ya se encargarán algunos fierabrás de la izquierda de hablar de genocidio; y lo mismo cabría decir de México, cuya dirigencia aunque es más hispánica que el sepulcro del Cid, el mestizaje del país y lo a mano que cae recordar a Hernán Cortés crearán tensiones en todo el espectro político. Y Argentina, una presunta Europa en el cono sur, que gobierna una diarquía de apellido Fernández —¿o es Kirchner?— bailará al son que convenga para sobrevivir a una sociedad cada día más díscola en su proliferación de peronismos. Pero el maremoto es, sobre todo, caribe y andino.

El bolivariano Chávez concibe las celebraciones como una recuperación de tono muscular ante unas elecciones legislativas en septiembre, que si hay que creer a las encuestas deberían preocuparle. El presidente Evo Morales, indio aymara, presenta enmienda a la totalidad: “No hubo colonización, sino invasión para robarse nuestros recursos”, ha dicho y, puestos a festejar, considera mucho más reivindicables algunas algaradas indígenas del XVIII, que el torpor con que La Paz enfocó la independencia, más preocupada por librarse de Buenos Aires que de Madrid, razón por la cual no hubo grito de independencia hasta 1825.

¿Qué va a ser de España en ese ‘acompañamiento’ votivo? Celebrar, financiar y no tomar ninguna iniciativa sin consensuarla con México, Colombia, Argentina, Perú y Chile; dialogar con Bolivia y Venezuela, que con Ecuador, bajo Rafael Correa y pese a su bolivarianismo, no hay problema. Y explorar cómo puede España reconocer su responsabilidad, pero sólo conjuntamente con el criollo que fue brazo ejecutor de tanto abuso y crimen contra el indígena y el esclavo durante la colonia y en la independencia, porque los pecados del pasado, como subraya el guatemalteco Severo Martínez Peláez en “La patria del criollo”, no se olvidan; y España necesita hacer borrón y cuenta nueva.

 

 

Comentarios

Enviado por Susan en

Celebrar que?, la verdad yo ni quiero acordarme de la clase de españoles que vinieron América, fueron ladrones, violadores, criminales, delincuentes, saqueadores que se llevaron el oro que había en América y de paso trajeron ratas y enfermedades en sus embarcaciones, Un combo para América, me Río cuando escucho a unos cuantos acomplejados decir que se sienten orgullosos de que por sus venas corran sangre española, si supieran estos ignorantes, Pero también vinieron españoles valiosos que aportaron con su conocimiento no hay que negar. Al Cesar lo que es del Cesar…

Susan

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