Música y Vino

Puedo intentar ser sincero pero nunca seré imparcial…

“Desde la quinta provincia… los eternos olvidados”, por Georgina R.

Martes, a 17 de Agosto de 2010 -- Alfredo -Webmaster-

Desde la quinta provincia de Galicia (Buenos Aires), me llegó este escrito de Georgina R., un testimonio dulce, sensible, cariñoso, apasionado, pero, a la vez, triste; un escrito de una gallega exilada en un país que es el propio pero que no es el suyo.

Leyendo el texto no pude por menos que sentir una extraña sensación de dolor por algunas cosas que se hicieron durante la transición española, en los años del desarrollo económico de mi país.

Pese a que lo que voy a escribir podría parecer xenófobo, mi intención es toda la contraria: ni soy xenófobo ni nunca lo fui, pero lo que hicimos en mi país lo hicimos mal, muy mal… rematadamente mal. Nos equivocamos en su momento, y aún ahora seguimos sin rectificar.

¿Dónde estuvo el error? No fuimos solidarios con nuestros hermanos latinos. Nunca fuimos justos con nuestros conciudadanos (por que eso es lo que son) de América. Nunca. Nos equivocamos con ellos en muchas cosas: en el pasado, en el presente y, lo que es peor, me temo que seguiremos equivocándonos en el futuro.

¿Nuestro error? El proceso migratorio que tuvo España en los últimos 25 años.

En los últimos 25 años, período en el que entraron en España más de 8.000.000 de personas, no fuimos previsores con los ciudadanos que se vinieron a vivir aquí. No fuimos capaces de hacer bien las cosas, no tuvimos la capacidad para saber con quién teníamos el verdadero compromiso moral e histórico de ser solidarios.

Fallamos estrepitosamente, y, ahora, desgraciadamente, sin posibilidad de enmienda. Estamos pagando las consecuencias: las que ahora padecemos por los problemas de convivencia, y las que padeceremos en el futuro, que serán más drásticas (y dramáticas).

¿Por qué fuimos tan laxos en el control de la emigración proveniente de terceros países (llámese Marruecos, Senegal, China, Paquistán, etc.) ajenos a nuestro bagaje cultural, y fuimos, en cambio, tan quisquillosos y pijoteros con los que llegaban de Latinoamérica? ¿Por qué no fuimos más responsables en el cuidado del acervo cultural que históricamente mantenemos con nuestros hermanos americanos? ¿Por qué dimos preferencia a la entrada de hombre y mujeres que no comparten nada de nuestra cultura, de nuestra religión (incluso eso, desde la perspectiva de un ateo), de nuestra sangra, de nuestro idioma, de nuestra música? ¿Por qué?

Sé que todos somos seres humanos y que tenemos que ser solidarios entre todos, pero también sé que la solidaridad debería haber empezado primero con nuestros hermanos americanos, los que más nos ayudaron a ser lo que ahora somos: en el pasado, aportándonos las riquezas que les expoliamos en la conquista de América, y, en el presente, con su fuerza de trabajo de primer nivel profesional.

¡Qué distinto sería nuestro país si la convivencia se hiciera entre iguales (aún que hubiésemos nacido en países distintos), entre gentes que hablamos el mismo idioma, que llevamos los mismos apellidos, que tenemos los mismos rasgos físicos, que anhelamos los mismos objetivos, que nos alimentamos de forma similar, que vivimos la música con la misma intensidad!

Me habría encantado vivir en un país más “nuestro”, más de “nosotros”, un espacio en el que todos fuéramos iguales así hubiéramos nacido en España, en Argentina, en Venezuela o en Panamá… un país en el que el sentido que le damos a la vida y el cariño con que amamos “nuestras” cosas, fuera más similar al que mamamos desde niños.

Por eso, por esos motivos, el escrito de Georgina me parece excepcional. Y siento lo mismo que siente ella al no sentirse (valga la redundancia) apoyada y amparada por mi país

Para ella, y para todos los gallegos que están en la emigración, incluyo el Hino da Galiza (en español, Himno de Galicia) moderno, y a continuación el Hino do antergo Reino da Galiza (Himno del antiguo Reino de Galicia), el que se utilizó durante muchos, muchos siglos.

Alfredo Webmaster

Hino da Galiza

Hino do antergo Reino da Galiza




Desde la quinta provincia… los eternos olvidados”, por Georgina R.

Galicia es una tierra de encanto, mágica. Quienes tenemos allí nuestras raíces sentimos el orgullo y la emoción de saber que por nuestras venas, corre la sangre de gente trabajadora, luchadora, que jamás baja los brazos y con mucho esfuerzo consigue superarse día a día, cumpliendo así muchos de sus sueños.

Soy tercera generación nacida en Argentina. Mis bisabuelos, Manuela y Manuel, nacieron en Ordes, A Coruña, allá por 1884. Hacia principios del siglo XX, decidieron partir hacia Buenos Aires, él, expulsado de su tierra por el hambre y la miseria, ella, por ser una caprichosa niña rica.

Paradójicamente, se conocieron en Buenos Aires: dada la diferencia social que existía entre ellos, en Ordes jamás se habrían casado.

No tuve la suerte de conocerlos. Mi bisabuelo murió siendo mi mamá muy pequeña y mi bisabuela falleció dos años antes de que yo naciera. Tampoco conocí a mi abuelo materno, su hijo, mi querido abuelo Raúl, que murió mucho antes que su madre.

Nadie me habló nunca de Galicia, nadie se preocupó por mantener los lazos con nuestra tierra. En aquélla época, quienes emigraban perdían casi completamente contacto con el Viejo Mundo. Las comunicaciones eran sólo por carta y tardaban meses en llegar. Poco a poco, la correspondencia se hacía más esporádica, hasta que una vez fallecido el español nativo, nadie más se acordaba de la familia que estaba a miles de kilómetros.

¿Por qué me siento gallega entonces? No lo sé. ¿Será la magia de Galicia?, ¿será que la sangre, los genes, influyen en el comportamiento y los sentimientos de uno?

No sólo soy gallega, tengo mucho de italiana, pero sólo Galicia está en mi corazón.

Desde hace ya muchos años, cuando tenía 12, decidí volver. No pertenezco a la tierra que me vio nacer, siento que estoy en un eterno exilio, pero España no se acuerda de mi.

El lus sanguinis, criterio aplicado para otorgar la ciudadanía española, es aplicado con un criterio, a mi entender, en cierto modo contradictorio. Si para ser español hay que tener sangre española (según la ley, ser hijo de españoles), también se tiene sangre española siendo nieto, bisnieto, etc. Podré respirar un aire distinto, podré recibir alimentación de otra tierra, pero señores… la sangre no se lava.

Siento que somos los eternos olvidados por el Estado Español. Primero, sufrimos el abandono al ser dejados a nuestra suerte en medio de hambrunas y miserias. Ahora, luego de haber sido obligados a dejar nuestra tierra, somos nuevamente abandonados al ver que nuestros derechos no son reconocidos.

Mientras tanto, mi vida sigue transcurriendo en una tierra que no es mi tierra, en una tierra que también tiene olvidada a su población.

Por el momento, debo vivir aquí, a miles de kilómetros, llorando de emoción cada vez que escucho sonar una gaita. Aún no tengo ciudadanía comunitaria y no sé si algún día la tendré. Quienes son europeos, seguramente no adviertan el gran tesoro que tienen en sus manos. Tienen la llave del mundo. Mientras tanto, otros, que llevamos la misma sangre, cada vez que somos rechazados, no podemos sino sentirnos como gusanos.

 

Comentarios

Enviado por Invitado/invitada (no verificado) en

Con los paises latinoamericanos no solo tenemos una deuda histórica sino kármica (quizás es lo mismo, no lo sé) y las deudas más tarde o más temprano hay que pagarlas.

Es curioso como a veces nos "llaman" algunas costumbres y lugares del planeta como si fuese algo propio. Que yo sepa no tengo antepasados indios ni indigenas americanos y me encanta la música y las costumbres de ellos, pero tengo bien claro que no son recuerdos de una vida anterior, sino quizás influencias de las peliculas del oeste que veia en mi niñez.

Carmen

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