Música y Vino

Puedo intentar ser sincero pero nunca seré imparcial…
Lunes, a 7 de Septiembre de 2009

Estando tan cerca como estoy, no sé por qué estuve tan lejos de A Casa dos Martínez. Me avergüenzo, y hago promesa de penitencia.

Situado en el casco histórico de Padrón, en la zona peatonal de este pueblo limítrofe entre las provincias de Pontevedra y La Coruña, su estampa exterior poco o nada se diferencia de lo que podría ser una casa de comidas de las de siempre: elegante sencillez, vistoso colorido, sensación de proximidad. Quizá, si hubiera que ponerle alguna pega a la fachaza, quizá, repito, los maceteros deberían ser de otro material, tal vez madera pintada en verde, como las ventanas y puerta. Insisto: quizá…

El interior es muy agradable, amplio, cómodo, con la suficiente distancia entre mesas como para sentirse tranquilo y relajado en una conversación profesional o más personal: las mesas son amplias, las sillas relativamente cómodas (quizá, otro quizá, demasiado vertical el respaldo), las mantelerías de buena calidad pero algo desgastadas (nada importante), con buena vajilla y cristalería.

La iluminación es relajante, muy bien conseguida, con una perfecta combinación entre la luz artificial y la natural que entra por las ventanas.

La temperatura, perfecta: siendo verano, no se notaba ni el frío típico de los locales excesivamente mal climatizados, ni se percibía el calor del exterior.

La sensación que transmite este entorno, hace que te sientas como en el comedor de una casa particular, como la de un amigo. Además, la extrema amabilidad y cordialidad del propietario del restaurante, Enrique Castillo, ayuda a que la entrada y primeros minutos en el local sean placenteros y cuasi familiares.

Sobre Enrique, varias cosas:

  • es el chef del restaurante; por tanto, es él quien cocina
  • es quien atiende las mesas, explica los platos, sirve las comidas y bebidas… y cobra
  • es el responsable de las reservas por teléfono

Después de haber visitado muchísimos restaurantes en España y en algunos otros países del mundo, sólo recuerdo un sitio en el que pasara algo similar, un local ya desaparecido del que tengo las mejores nostalgias: El Laurel, en Vigo.

Estamos por tanto, ante el súmmun sacerdote de este santuario de comida y disfrute: muy curioso.

Para el almuerzo, reservamos mesa con una anticipación de sólo dos horas, con el tiempo suficiente como para conseguir la mejor de todas: la situada en la entrada al lado de la ventana (ver foto al inicio de la crítica).

Después de las amplias y detalladas explicaciones sobre los platos de la carta, nos decidimos por dos primeros platos (dos medias raciones, por cabeza), dos segundos, dos postres y un vino tinto, recomendación especial de Enrique.

Durante la espera,  mientras nos tomábamos unas cervezas de grifo, Enrique nos puso de aperitivo unas croquetas sabrosísimas, con una bechamel perfectamente equilibrada y compacta, y un profundo sabor a jamón. Una delicia.

De primero platos tomamos el “Timbal de patas de centollo, bogavante y langostinos, ligado con una salsa cóctel” y la “Filloa rellana de rape, centolla, piquillos, gambones y hongos, ‘bisque’ de bogavante”.

El timbal, una excelente mixtura de los sabores marineros aportados por los mariscos y el punto de contraste de una salsa cóctel ligera y suave, es un plato reseñable y perfecto para el inicio de un almuerzo. Nota muy alta.

También es muy recomendable la filloa rellana: sobre una base de salsa americana, una filloa con el relleno de una masa de mariscos, muy bien combinados. Nota alta.

De segundos platos, dos de las recetas más afamadas del restaurante: el “Arroz negro de la costa con tropezones de rape, de chipirones de potera y gambones” y las “Carrilleras de cerdo ‘celta’ guisadas muy melosas, como le gusta al cura de Rois”.  Sin lugar a dudas, lo mejor de la comida.

A mi me tocó (elegí) las carrilleras de cerdo “celta”. Tengo que confesar que hasta hace poco más de cinco años, nunca antes había probado las carrilleras, lo que me resta experiencia en la cata de esta parte tan especial de vaca o cerdo. Aún así, doy mi opinión: excepcionales, deliciosas, sabrosas, completas… y las patatas que las acompañaban, de igual nivel. Nota altísima.

En cuanto al arroz negro, al gusto del cura de Rois, ¿Qué decir? Pues, “chapeau” por el cura y su cocinera, seguramente sobrina o algo similar, por ser los autores de una receta tan elaborada y, a la vez, sencilla, y su magnífica aportación al disfrute impúdico y lujurioso como preparación de un restaurante. Tuve la oportunidad de probar un bocado: una delicia culinaria. Nota altísima.

Los postres: la “Pasión de chocolate y mandarina” y la “Tarta de queso de la aldea de mí cuñado, con jalea de fresas y frambuesas”.

Desgraciadamente, del primero no puedo dar una opinión: no me gusta el chocolate y no lo probé.

¡Ah, pero del segundo sí! La tarta de queso bien, sólo bien;  el acompañamiento muy bien conjuntado con la tarta. Aprobado alto.

Entre los secretos del restaurante, de esos que lo hacen diferente y único, el pan, un pan artesano a base de trigo del país, elaborado por la Panadería O Tangueiro, de Santiago de Compostela.

El vino que Emilio nos recomendó, un Pagos de Galir Crianza, resultó el mejor acompañante para la comida, además, a un precio excelente y tentador.

Servicio del vino: 8

Comida: 9

Entorno: 8.5

Calidad-precio: 7,5

Valoración Media: 8,5

Restaurante A Casa dos Martínez

Localidad: Padron (A Coruña)

Dirección: Plaza Baltar

Código postal: 15900

Teléfono: 981810577

Observaciones: se permite fumar, un inconveniente para los no fumadores; conviene reservar mesa, sobre todo los fines semana.

Alfredo Webmaster

 

Timbal de patas de centollo, bogavante y langostinos, ligado con una salsa cóctel

 

Filloa rellana de rape, centolla, piquillos, gambones y hongos, ‘bisque’ de bogavante

 

Arroz negro de la costa con tropezones de rape, de chipirones de potera y gambones


Carrilleras de cerdo ‘celta’ guisadas muy melosas, como le gusta al cura de Rois

 

Pasión de chocolate y mandarina


Tarta de queso de la aldea de mí cuñado, con jalea de fresas y frambuesas

 

Pan de trigo del país de O Tangueiro

 

Pagos de Galir Crianza

Domingo, a 2 de Agosto de 2009

Bodega: Alejandro Fernández Tinto Pesquera

D.O.: Ribera del Duero

Tipo: Tinto

Hay comidas memorables con vinos inolvidables y comidas inmisericordes con vinos deleznables. Pero también, a veces, hay comidas normales como vinos inconmensurables. Esta última experiencia la viví el fin de semana pasado.

Alejandro Fernández es uno de los más prestigiosos bodegueros españoles: es público y notorio. Fue, entre otras muchas cosas, el descubridor ante el gran público de una denominación de origen olvidada y autor de vinos buenos, algunos muy buenos y otros excelentes: es público y notorio. Por tanto, elegir para una comida alguno de sus caldos, siempre es un acierto.

Así, sin más que discutir, elegimos para acompañar el condumio un líquido que sobresalió muy por encima de lo sólido: el Janus Gran Reserva 1995, de Tinto Pesquera.

El Janus es uno de los más grandes vino españoles, un caldo que aúna elegancia con reminiscencias a frutas maduras, sabores de maderas nobles y regusto mineral. Un tinto de leyenda producto de la sapiencia de una personal legendario: Alejandro Fernández.

Alejandro Fernández es el prototipo del hombre que se hizo a si mismo, un campesino que nació para el campo y las labores artesanales, pero que supo alcanzar la excelencia a base de cuidar hasta el último detalle todo lo que tengía que ver con la uva y su jugo madurado.

Fundó su primera bodega, con la única compañía de Eva María Fernández, en el año 1972. Poco a poco, pasito a pasito, fue avanzando en la elaboración de vinos hasta que, en los primeros años de la década de los ochenta, su Tinto Pesquera pasó a ser el nombre de referencia de los vinos de la Ribera del Duero.

Además de las producciones de uva tempranillo (tinta del país) que compra a cultivadores seleccionados de la zona, Alejandro Fernández es dueño de más de 200 hectáreas de viñedos de cultivo monovarietal de uva exclusiva de la denominación de origen.

Para la elaboración del Janus Gran Reserva 1995 (Janus: dios romano de las puertas, umbrales y vías de comunicación, de las llegadas y partidas) sólo se cuenta con las mejores uvas de los años que son considerados excepcionales por el Consejo Regulador.

El Janus Gran Reserva 1995 es un vino de color rubí intenso, aroma de excelente intensidad, finura de paladar, de profundísimo retrogusto y magnífica persistencia.

Su precio, muy elevado, está en consonancia con la calidad ofrecida. Afortunadamente, me invitaron: ¡Qué suerte!

Precio: 95 €

Valoración calidad/precio: 9,5 / 10

Alfredo Webmaster

 

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Domingo, a 31 de Mayo de 2009

 

 

Bodega: La Rioja Alta

D.O.: Rioja

Tipo: Tinto

Un vino clásico entre los clásicos, lo que se llamaba antes un vino de toda la vida, fiable, seguro, un acierto siempre.

El 904 Gran Reserva 1994 es uno de los vinos estrella de la Bodega La Rioja Alta, una empresa fundada en el año 1890 que  aún está en dirigida por los herederos de los fundadores.

Con las uvas de sus 300 hectáreas de viñedos propios de la mejor calidad y la uva de otros cosecheros "de siempre" (una producción de menos de 5.300 kilos por hectárea, para mantener la mejor calidad), llevan 130 años haciendo un vino que es un referente en La Rioja. Sus botellas y sus sellos son perfectamente identificables.

La bodega cuenta con 51.000 barricas de roble americano de la mejor calidad, con una vida media de 5 años. La fabricación de las barricas se hace directamente en la bodega con las hábiles manos de los maestros toneleros, artesanos que transmiten sus conocimientos de padres a hijos.

La casa matriz y la instalación principal de la marca están situadas en Haro; recientemente, han construido una modernísima bodega en el pueblo limítrofe de Labastida. La empresa es propietaria también de bodegas en Galicia (Lagar de Fornelos, en la D.O. Rías Baixas – uva albariño), Páganos-Laguardia (Barón de Oña, en la D.O. Riojala D.O. Ribera del Duero) y Anguix-Burgos (Bodega Áster, en la D.O. Ribera del Duero).

Como decía al principio el  904 Gran Reserva 1994 es un rioja clásico, elaborado con un coupage de uva Tempranillo (65%), Graciano y Mazuelo, las variedades más tradicionales de la D.O.

Es un vino de perfil elegante, complejo, que ha evolucionado muy bien en botella. Color rubí intenso, aroma de buena intensidad, buen cuerpo y acidez, y un final de boca muy largo, profundo.

Lo tomamos acompañando unos chuletones de carne gallega aparentemente, eso nos dijeron, de buena calidad. El resultado final, en el plato, fue lo contrario; carne vulgar, sin sabor (tuvimos que añadir importantes cantidades de sal para que supiera algo), unas carnes que nos llegaron a la mesa ya frías (tuvimos que pedir que las calentaran), acompañada de unos pimientos insípidos y unas patatas asadas que vimos de acompañantes en otros tipos de platos en mesas limítrofes. El vino, obviamente, se merecía unas carnes de mejor calidad…

Precio: 48 €

Valoración calidad/precio: 9 / 10

Alfredo Webmaster

 

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Viernes, a 22 de Mayo de 2009

Bodega: Bodegas Estefanía

D.O.: Bierzo

Tipo: Tinto

La comarca del Bierzo leonés, limítrofe con Galicia y Asturias, además de ser una de las más hermosas regiones españoles, atesora un patrimonio cultural y natural de enorme valor. Allí están, entre otras joyas, Las Médulas, parte de los Ancares, restos arqueológicos del Paleolítico y Neolítico, Calcolítico y Edad del Bronce, de la Edad del Hierro, prerrománicos, románicos, importantes obras del arte mozárabe, castillos templarios, etc.

Curiosamente, pese a que ya no es Galicia, en muchos de sus pueblos se habla nuestro idioma, siendo además parte de la enseñanza reglada en muchos centros educativos.

Durante años sus vinos fueron sinónimo de brebajes peleones, de alta graduación alcohólica, sin calidad. Eso cambio.

Ahora, gracias a la labor incansable de muchos y buenos productores, y, sobre todo, a la ingente labor didáctica, rayando a veces lo histriónico, de un personaje irrepetible como José Luís Prada Méndez, “Prada a Tope”, antiquísimo conocido mío de mi época de estudiante en León, ya no es así: hoy, la D. O. Bierzo es una zona vinícola boyante y en permanente evolución.

Bodegas Estefanía nació de una forma, cuando menos, muy curiosa: en el año 2000, la familia Frías, famosa por sus quesos, a la vista de que la cabaña ganadera estaba en franca decadencia, decidieron transformar en una bodega la planta receptora de leche para sus queserías burgalesas. El éxito del cambio ha sido total: donde había unas naves en cuasi liquidación, ahora hay una moderna bodega con lo último en tecnología vinícola.

Los viñedos ocupan una extensión de 62 hectáreas en las que hay algunas cepas con antigüedades entre 70 y 100 años; la plantación está mantenida con sumo cuidado y esmero, aprovecha sólo un máximo de 2 kilos de uva por cepa.

El vino que tomamos este viernes, un Tilenus Pagos de Posada Tinto Reserva 2002, está elaborado con 100 % uva mencía.

El vino tiene la rusticidad típica de la mencía, tipicidad matizada por el tiempo pasado en barricas de roble francés. Tiene un marcadísimo color granate, brillante, buen aroma, sabroso, equilibrado y de largo final.

Servido a la temperatura ideal, unos 18 º según termómetro, fue el acompañante ideal para un chuletón de excelsas carnes gallegas.

Precio: 29 €

Valoración calidad/precio: 8 / 10

Alfredo Webmaster

 

Bodegas Estefanía, S. L.

Año de fundación: 2000

Teléfono: 987 42 00 15

Dirección: Carretera de Dehesas a Posada del Bierzo, s/n 24 390 Ponferrada (León)

Responsable: José Ángel Cascudo

Enólogos: Raúl Pérez Pereira y Carlos García Basante

Producción media: 250.000 botellas

Instalaciones de vinificación: depósitos de acero inoxidable de 20.000 y 10.000 litros, y 1.000 barricas, de ellas el 95% son de roble francés y el 5% restante, de roble americano

Viñedos: 62 hectáreas de viñedos propios, de las cuales 11 corresponden a viñedo de producción ecológica

Variedad de uva: Mencía

Marcas comerciales:

- Tilenus Joven

- Tilenus Roble

- Tilenus Crianza

- Tilenus Pagos de Posada - Reserva

- Tilenus Pieros - Elaborado con el producto de cepas centenarias

- Tilenus Pieros – Castillo de Ulver - Tinto que combina las variedades mencía y tempranillo

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Martes, a 28 de Abril de 2009

Bodega: Abadía Retuerta

D.O.: V. T. Castilla y León

Tipo: Tinto

Una bodega nueva, 1996, una finca excepcional, unas uvas únicas. Así es este Petit Verdot 2000 que probé hace dos semanas, un vino resultado del maridaje de un diseño innovador, una geografía privilegiada y un mosto de primerísimo calidad.

La Bodega Abadía Retuerta, situada a escasa distancia del histórico Vega Sicilia, cuenta con unos impresionantes viñedos de 210 hectáreas dentro de una finca aún mayor, de 700 hectáreas, lo que da una idea de la capacidad de crecimiento que tiene la firma y del potencial de calidad que aún pueden desarrollar bajo la tutela y buen hacer de Pascal Delbeck y Ángel Anocíbar, enólogos encargados de diseñar los modernísimos sistemas que la casa emplea para la vinificación.

Uno de la bodega, el Selección Especial 2001, fruto de la colaboración de los dos enólogos, fue premiado con el título de mejor tinto del mundo en el concurso internacional Wine Challenge.

Del vino monovarietal Petit Verdot 2000 sólo se produjeron 1.500 botellas, numeradas.

El vino tiene un color bermellón intensísimo, elegante. En boca es poderoso, de intenso desarrollo, cuerpo firme y final largísimo y profundo, pero sedoso y cálido.

Fue el perfecto acompañamiento de unas carnes de vaca poco hechas, de origen argentino, y unos pimientos y espárragos navarros de tamaño extra.

Valoración calidad/precio: 9,00/10 (valoración estimada según calidad, al no saber el precio pagado por el vino)

Alfredo Webmaster
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Lunes, a 6 de Abril de 2009

A un tiro de piedra de Negreira o, como suele decirse en Galicia, a “unha carreiriña de can”, está el restaurante Casa Salvador, en un lateral de la carretera que une la población antes citada y Muxia. No tiene pérdida: un letrero indica de forma clara dónde está el mejor restaurante de bacalao de Galicia, al lado de la iglesia románica de San Juan Evangelista.

La fama de su cocina se remonta a los primero años del siglo pasado, en concreto al año 1920, cuando se inauguró este local como continuación de la cadena de restaurante que la familia del primer Salvador tenía en La Habana.

Como era típico en la Galicia de aquellas épocas, y aún ahora en algún local que se conserva como si no pasara la modernidad por ellos, más que un restaurante era una tienda de ultramarinos, comedor popular y taberna de venta de vinos del ribeiro a granel.

El bacalao que trabaja Casa Salvador no es un bacalao cualquiera: importado desde Islandia directamente por la familia Salvador, en piezas de hasta 13/18 kilos y siempre de la variedad “gadus morhua(ver información adicional al final de la reseña), la de mejor calidad del mundo. Es, obviamente, la variedad más cara y escasa, en piezas de tal tamaño y calidad como ya sólo se ven en locales de esta especialización.

Estamos, por tanto, ante uno de los mejores escaparates de la cocina del bacalao, tanto de España como, para su dolor, de Portugal.

El resto de los productos que se sirven en Casa Salvador son de producción propia y de la misma calidad: las verduras son las huertas de la familia y las carnes son de animales criados también por la familia Salvador. Además de eso, la elaboración de las recetas se hace de forma totalmente tradicional: en horno de leña de roble, bajo la supervisión constante de Mercedes, la representante de la tercera generación de cocineras que pasaron por los fogones de esta casa, todas ellas de la familia del fundador.

El secreto del bacalao de Casa Salvador está en la sabia mezcla de la calidad del bacalao, el excelente desalado de la carne del pescado (entre dos y tres días sumergido en aguas del manantial de la finca, agua que se renueva tres veces al día), la elaboración en horno a 200 grados constantes durante una hora y media, la excelsa calidad de la zaragallada o ajada, la utilización de patata gallega de la variedad kenebec y la abundancia de las raciones.

El día del almuerzo los tres comensales tomamos:

- Empanada de bacalao. Una de las mejores empanadas de bacalao que he tomado en mi vida, elaborada con la típica masa de trigo gallego. Al paladar resultó jugosa, esponjosa y suave, con buenos trozos de bacalao que se dejaban sentir en la boca, a cada mordisco, sabrosos y potentes. Un magnífico primer plato, abundante.

- Bacalao al horno. Preparado con la fórmula tradicional de Casa Salvador y encargado con tiempo para que estuviera en su punta a la hora de servir (fundamental reservarlo antes de las 12:00 AM). Magníficos, espléndidos y suculentos lomos de bacalao, de unos 7 a 9 centímetros de altura, que rompía en lascas brillantes y que era una auténtica gozada. La zarangallada excepcional, las patatas en su punto, las raciones abundantísimas.

- Tarta de queso. Un excelente exponente del postre casero, realizado con huevos de corral y mezcla de queso tipo “Filadelfia” y Arzúa. Jugosa y esponjosa. Muy buena.

- Rectoral de Amandi. Un vino con el 100% de uva Mencía de la bodega Rectoral de Amandi SAU, acogida a la D.O. Riberia Sacra. Vino de intenso color rojo cereza. Vivaz y fresco con toques de fruta aun sin madurar, producto de su elaboración sin crianza. Excepcional relación calidad/precio, magnífico acompañante de los platos de este almuerzo.

¿El precio final? Sólo 74,50 euros, precio ajustadísimo para una comida de tres amigos.

Categoría: Restaurante de cocina tradicional

Bodega: 150 referencias.

Precio medio: De 20 a 25 euros por persona

Dirección: Barcala, A Baña (A Coruña)

Teléfono: 981- 885 312

Otros platos recomendables: bacalao a la gallega, riñones al jerez, tarta de castañas o espuma de licor café.

Sugerencias: los sábados y domingos reservar mesa; en caso de querer tomar bacalao al horno, llamar por teléfono antes de las 12:00 AM y concretar el número de raciones teléfono.

Alfredo Webmaster

 

Observaciones sobre el bacalao:

Desgraciadamente, la sobreexplotación de los caladeros tradicionales del bacalao y el engaño en la venta de este pescado, ha llevado a que no sea habitual encontrar un producto de calidad en los centros tradicionales de alimentación.

El bacalao de calidad “gadus morhua” procedente de los caladeros de Islandia, Islas Feroe (Føroyar en feroés, Færøerne en danés, lo que significa "Islas de corderos") o Terranova, es cada vez más escaso y son pocos los establecimientos que pueden ofrecerlo con garantías.

Por ejemplo, la cadena de supermercados Mercadona venden bacalao que traen del Pacífico, tratándose de un pescado más barato pero también de muchísimo peor sabor y calidad. También, a veces, nos venden como bacalao otros pescados similares como la maruca (“molva molva”) o el bacalao de Alaska (“gadus macrocephallus”)

Un buen punto de compra del bacalao lo tienen los santiagueses en el Mercado de Abastos, en el puesto de venta de José Bermúdez o en la tienda Morua Bacallao del Centro Comercial Área Central, también en Santiago de Compostela.

 

Lunes, a 8 de Diciembre de 2008

El restaurante A Carvalheira, situado en el lugar de Antepaço, ayuntamiento de Ponte de Lima (Portugal), debe su nombre al majestuoso roble (carballo en gallego, carvalho en portugués) que preside el precioso jardín que lo circunda.

El camino de subida la restaurante nos predispone para lo que veremos a continuación: una cuidada concatenación de árboles y arbustos bien cuidados, un caserón de piedra restaurada con primoroso cuidado y un hall de entrada agradabilísimo, con galería al jardín y cómodos sillones para la espera o una larga sobremesa.

En las paredes del hall vemos varios cuadros enmarcando críticas y referencias del lugar. Una puerta blanca que da entrada a un espacio muy especial, un restaurante de los que quedan pocos, con su barra al fondo, preámbulo de la cocina, lleno de mesas bien distribuidas y una gran lareira en el centro del local, encendida con troncos de roble chispeantes; la lareira tiene una mesa a sus pies, la más bonita del comedor. ¡Esa era nuestra mesa!

El propietario del local nos saludó con esa amabilidad tan típica de los restaurantes portugueses, amabilidad no exenta de la dignidad que siempre ha tenido un pueblo que navegó por cientos de mares y conquistó muchos países.

A diferencia de la amabilidad demostrada por el propietario, el camarero que nos atendía no demostró el mismo tino ni saber estar, no sé si sería por que yo era español (no creo) o por que la persona que dirigiría la elección de los platos era portuguesa y muy extricta (pero correcta) en las ordenes e instrucciones. En todo caso, una pena.

Al terminar la selección de platos, sin ningún asesoramiento por parte del camarero, la comida resultó una especie de monográfico sobre el bacalao (bacalhau en portugués) en algunas de sus mejores preparaciones.

Los platos elegidos, fueron:

- Salada de bacalhau com broa (1): un suculento plato a base de bacalao deshilado acompañado de aceitunas negras y verdes, pimiento, tomate, cebolla, ajo, orégano, sal y aceite y vinagre, en una mezcolanza muy bien presentada y mejor condimentada, en compañía de unas rebanadas de pan de broa ligeramente frita. Un gran primer plato.

- Sonhos de bacalhau: con la misma base de bacalao deshilado, se mezcla con harina, manteca y huevos, para hacer una especie de buñuelos o croquetas de una textura esponjosa y muy sabrosa. Un plato consistente y sabroso, quizá el menos apropiado para la comida.

- Alheira com legumes: un magnífico plato de la cocina más tradicional portuguesa. La alheira es un embutido típico de la comarca de Trás-os-Montes, siendo el más famoso el que se prepara en Mirandela. La presentación y el sabor de este plato me dejó sorprendido, y me supo a poco: habría tomado mucho más y a buen seguro que volveré a degustarlo.

- Bacalhau con broa: el plato fuerte de la comida fue el famoso y recomendadísimo bacalhau con broa, la especialidad del chef; resultó ser una de las mejores preparaciones de bacalao que he tomado en mi vida. La presentación en fuente de barro y la costra formada por la masa de broa al horno, hacen de este plato un delicioso complemento de un almuerzo en día frío y lluvioso.

- Baba de camelo: uno de los más típicos postres portugueses, a base de leche condensada, huevos y gelatina neutra, todo batido. Se presentó en la mesa con finas lonchas de castaña y nueces. Muy agradable de sabor, a medio camino entre una espuma, una mousse y un dulce de leche.

- Vino Quinta dos Carvalhais “Touriga Nacional”: un vino de una pequeña bodega del Dâo, elaborado con la uva touriga nacional, monovarietal, de producción limitada y con una inmejorable relación de calidad, excelsa, y precio muy contenido (64 € botella). Un vino dotado de un intenso y profundo color morado, gran paladar, equilibrado, elegante y con un prolongado retrogusto. Pese a que con el bacalao combinaba perfectamente, este gran vino quizá hubiera sido más apropiado para platos de carne ligera.

- Chupitos de aguardiente de hierbas y café de Palácio da Brejoeira, servido en un enfriador que no había visto en mi vida pero que permitía mantener los licores en su justo punto de frescor.

- Cafés: desgraciadamente, y pese a ser Portugal uno de los mejores países en la calidad de los cafés servidos, desgraciadamente, repito, el brebaje que nos pusieron no estaba a la altura de la calidad de la comida..

Resumiendo: una excelente comida en calidad y presentación, con una instalaciones magníficas y extremadamente relajantes y placenteras (inmejorable la mesa al lado de la chimenea encendida), con un servicio de sala que empezó mal, ligeramente secos, sin una sonrisa, pero que según avanzaba la comida fue mejorando.

El almuerzo se inició a las 13:30 hora portuguesa y terminó a las 16:50, después de una animada, divertida y placentera sobremesa, llena de anécdotas, chistes y alguna que otra discusión política.

Muy recomendable una visita a este restaurante. Y más recomendable aún reservar mesa con anticipación (teléfono 258742316 de Ponte de Lima-Portugal).

Alfredo Webmaster

Nota (1):El pan de broa es un pan de larga conservación debido en parte a que su miga se presenta apretada y muy húmeda. Es uno de los panes más tradicionales de Portugal y de sur de Galicia. En su composición incluye una elevada proporción de harina de maíz, y uno de los requisitos básicos para su elaboración son las cestas especiales donde fermenta. Para más información, entrad en este vínculo.

 

Domingo, a 19 de Octubre de 2008

Restaurante vs restaurante. Cocinero famoso vs cocinero famoso. Menú degustación vs menú degustación. Decoración vs decoración. Servicio vs servicio. Casa Marcelo vs Chef Rivera. Un combate desigual…

Marcelo Tejedor (Vigo, 1967) es el propietario y chef de Casa Marcelo, en Santiago de Compostela, el alma máter de un encantador local ubicado en un espléndido caserón gallego del siglo XVIII, en la calle Huertas de la capital de Galicia. Es, además, uno de los pocos poseedores en mi tierra de una Estrella Michelín, y a fe mía que bien ganada.

Se inició en los fogones bajo la atenta mirada de tres de los grandes, de tres de los más famosos cocineros del mundo: Juan Mari Arzak, Jacques Maximin y Alain Ducasse. De cada uno aprendió algo que ha ido trasladando a su local; de Arzak, “muchas buenas palabras que hablaban de explotar el sentido de la oportunidad”, de Maximin, los consejos de “entregarse al cien por cien en su trabajo” y de Ducasse, “lo importante que es la organización”. El compendio de lo aprendido lo plasma día a día en su cocina.

Marcelo Tejedor forma parte del movimiento de renovación de la cocina gallega, la que agrupa a los más innovadores y cabales de los cocineros gallegos: el Grupo Nove.

Marcelo acude cada mañana, de cada día de trabajo, a comprar los mejores productos al Mercado de Abastos de Santiago de Compostela, en la zona antigua de la ciudad. Es famosa su meticulosidad en la elección de cada producto, en la obtención del mejor punto de cada verdura, la textura más apropiada de cada fruta.

Tiene una particular noción del trabajo y los esfuerzos: para dar lo mejor de lo mejor y servir cada plato en su punto, sólo abre para cenas los martes, los miércoles sólo al mediodía, y jueves, viernes y sábados en horario de mediodía y cena; domingo y lunes, descanso, que bien se lo merecen.

Sorprenden varias cosas al traspasar el umbral de la puerta: la iluminación, la excelente decoración, el ambiente relajado que se respira y la sempiterna sonrisa de la mâitre que nos recibe. ¡Ah, y la cocina del restaurante, a la vista de los comensales!

Las mesas tienen un buen tamaño, con sillas cómodas y agradables, sillas que animan a permanecer en ellas en la sobremesa, sin cansar.

Las mantelerías son excelentes, de muy buena calidad y en perfecto estado de limpieza y placha. La cubertería cómoda y práctica, sin los excesos en el diseño que a veces se da en algunos locales que van de “modelnos” (está bien escrito así). La vajilla magnífica, y la cristalería de igual calidad.

No pidáis la carta por que no existe, el menú cambia cada día y es un menú de degustación: comeremos lo que nos sirva Marcelo, bajo su criterio, y siempre aprovechando el mejor momento de cada producto; cada día es una incógnita. Él sabe muy bien lo que se trae entre manos y nadie mejor que él para decidir.

La carta de vinos tiene un buen nivel y variedad, sin ser excesiva (no es necesario), con precios muy ajustados. El sumiller, de origen francés, es especialmente gráfico y preciso en las recomendaciones; además, tiene un acento y uno forma de expresarse muy agradable y gratificadora. Dejaos guiar por su buen criterio.

Procurad reservar alguna de las mesas que están enfrente a la cocina, así podréis disfrutar de la comida con los cinco sentidos: vista, oído, tacto, olfato y gusto.

La cena, de la que hablaré a continuación, estuvo excelsa, con sorpresas en cada plato y con un punto de preparación ligeramente poco hecho, lo que permite una mejor y más profunda apreciación de las texturas y los sabores.

El menú de degustación constaba de:

- Pan: artesano, amasado y cocido en el propio restaurante con harina del país. Creo, sin equivocarme, que resultó el pan más delicioso que jamás tomé, memorable.

- Anchoïade: en un recipiente tipo dedal grande, un alioli de anchoas ligeramente condimentado, acompañado de tiras de harina de maíz crujiente. Espléndido.

- Sopa de boletus: una suerte de sopa con marcado sabor, ligeramente dulce y con reminiscencias de almendras. La boletus edulis es una seta muy típica de Galicia y de sus bosques de pinos.

- Sardina asada y pimientos de Padrón: excepcional mezcla del sabor del mar que desprende una sardina cocida en salamandra, mezclada con el picor justo de unos tardíos pimientos de Padrón; la textura limpia y perfecta de la carne de la sardina me dejó sin palabras.

- Champiñones al ajillo: troncos de champiñón impregnados con aceite de ajo y acompañados por la propia emulsión; un plato perfecto, sin más “pero” que decir que me supo a poco… a muy poco.

- Bonito con tomate: un trozo de bonito de primera calidad, curado con sal y azúcar, y acompañado de la pulpa de medio tomate; si el bonito estaba buenísimo, el tomate se deshacía en la boca dejando un gusto y un aroma que inundaba el paladar.

- Merluza del pincho y caldo de ramallo de mar: un excelso toro de merluza de la máxima calidad, en su justo punto de cocción (sin exceso) y acompañada de un caldo templado de ramallos de mar, muy carnoso, con un sabor muy parecido al de unos espárragos trigueros, pero mucho mejor que ellos para acompañar al pescado.

- Ternera gallega asada y cachelo: otra obra maestra del maestro Marcelo, una sabrosa y sabia combinación de lo mejor de la ganadería y del campo gallego, en su justo punto de preparación y con un agradabilísimo sabor a antiguo, pese a la modernidad de la presentación.

- Piña colada: un postre para enmarcar, para retener en la memoria… una sabia mezcla de piña con escarchas de coco humeantes por el frío de la aplicación de nitrógeno. Un diez.

- Milhojas: no me gustan los postres de milhojas, trato de evitarlas cuando las veo en una mesa o en una pastelería… Perdón, me equivoqué: no me gustan las milhojas que no sean las que prepara Marcelo; las que él hace, acompañadas de crema de bourbon, son apabullantes, llenas de sabor, con una masa quebradiza que hace honor al nombre y se deshace en cientos, miles, de pequeñas hojas de deliciosa masa.

- Café: el único “pero” que tuvo la cena; el único punto en el que la altísima calificación del restaurante bajo algo: el café… una pena, no estaba a la altura de lo que se podía esperar de la cena.

- Pesquera Reserva 2004: vigoroso, pero a la vez sedoso, con carácter, muy “Pesquera”, seco, con un buen equilibrio entre la acidez y el alcohol, con un final largo. Un vino que necesita airear y que aún le quedan unos años para alcanzar la plenitud máxima. Buena recomendación.

- Porto Calem Reserva Tawny: un vino de gran calidad que da buenos maridajes con los postres. Sin secretos.

Los cocineros y camareros, vestidos de forma impecable y con excelente gusto, están "al desnudo", trabajando a la vista de todos. No se oyen ni gritos ni una palabra más alta que otra, todo es sosiego y precisión en el manejo de platos y cazuelas. La música de fondo no interrumpe las conversaciones y el murmullo general es el apropiado, pese a que había dos mesas con pandillas de amigos.

Al final de la cena, justo cuando acaban de servir todos los platos, Marcelo corre una cortina que oculta la cocina durante las labores de limpieza, cortina que hace las veces de los telones de los teatros, tapando el trabajo de los tramoyistas (cocineros y camareros). Tal vez habría sido apropiado aplaudir…

Resumiendo: uno de los dos o tres mejores menús de Galicia, con un precio ajustado a lo que ofrecen, menú en el que, si tenemos en cuenta la calidad del servicio recibido, la bondad de las instalaciones y la calidez humana de Marcelo, el precio es el apropiado.

Como abre al público pocos días y el restaurante cuenta con escaso número de mesas, conviene reservar con suficiente antelación (981-558580).

Casa Marcelo es una rareza dentro de la media general de los restaurantes de Galicia y, me atrevería a decir más, de España: ¡Chapeau!

Alfredo Webmaster
 
Domingo, a 5 de Octubre de 2008

Uno de los grandes, de los famosos, de los poseedores de un halo de “santidad” dentro del panorama gastronómico gallego. Así está considerado, y reconocido, el restaurante Chef Rivera, de Padrón.

Siento mucho no opinar lo mismo. Sé que no soy, afortunadamente, Camilo José Cela o alguno de sus amigos, a los que cuida con esmero y laboriosa disciplina financiera: lo sé. Por tanto, me siento libre para expresar mi opinión, y mi opinión no es buena.

El local está situado en una de las calles perpendiculares a la que era, antiguamente, la carretera principal de unión de Pontevedra con Santiago de Compostela, de Portugal a A Coruña.

La decoración exterior del local, más próxima al concepto de un bistró (bistrot) francés que de un restaurante gallego, pese a ser ligeramente demodé está en armonía a la filosofía del cocinero y sus inicios en los fogones de Francia: ligeramente recargada, carpintería en arcada, pinturas de color crema, a juego con las cortinas.

En la zona de espera predominan algún espejo que está, a mi entender, de más. En una vitrina reposan varios grandes vinos, de primerísimas marcas y grandes añadas. La espera se hace sin recibir por parte de la camarera que controla la barra, ningún ofrecimiento de un vino, una cerveza o un pequeño ágape.

El primer comedor, el más próximo a la entrada principal del local, está circundado por dos paredes con paneles de cristal, una de ellas con vistas al pasillo exterior abovedado y plantas en los laterales, y el otro con paneles de cristal serigrafiados imitando cortinajes (muy rococó) y plantas;  las otras dos paredes en una mezcolanza de muros en piedra del país y  entrepaños pintados en blanco, y una magnífica y completa colección de pintura gallega, con firmas como Laxeiro, Colmeiro, Quintana Martelo, etc.

Las mesas son amplias, con mantelerías, vajillas, cuberterías y cristalería de buena calidad. Las sillas, aún siendo cómodas, son feas, muy feas.

Lo peor del comedor: tantas plantas y los vidrios decorados. Lo mejor del comedor: la colección de pinturas, bien enmarcada por cierto.

Vayamos a lo comido y bebido. La comida regular, el vino excepcional y la atención corriente, sin espíritu.

Para comer elegimos el menú de degustación, llamado “Leticia”, con un precio de 43 euros por cabeza. Constaba de:

- Aperitivo de la casa. Crema de centolla servida en vaso de chupito; bien de sabor pero escasísima de cantidad, no daba para mucho más que mojar los labios.

- Zamburiñas a la plancha con vinagre de Módena y aceite Picual. Tres zamburiñas, tres, pasadas de horno, apelmazadas y ligeramente quemadas: resultado muy por debajo de lo esperado en un restaurante de esta categoría y precio.

- Cazuela de ahumados a la vista. Cinco tiras, pequeñas, de salmón y trucha, bien ahumadas y de buen sabor: nada que reprochar.

- Rape Rivera. Un buen toro de rape, con un ligero exceso de cocción y una salsa excesivamente espesa y consistente, salsa que ocultó el sabor del propio pescado: un plato normal, sin más.

Solomillo a la parrilla atemperado en aceite de frutos secos con ensalada de alubias y salsa Romescu. Excelente pieza de solomillo, en grosor y tamaño, con el punto exacto de plancha y un gusto magnífico; la sal que acompañaba el plato, la Maldón, completaba el punto exacto de sabor de la carne. En cuanto a las alubias, bastante duras y de poco sabor. El resultado final, la opinión sobre este plato, podría ser positivo si la ensalada de alubias hubiera tenido una más cuidada preparación.

- Helado de yogurt con frutas del bosque sobre tulipa. Muy bueno de sabor, con buena presentación: recomendable.

- “Larpeiradas” de sobremesa. Una teja realizada con azúcar blanca y almendras, con una textura y sabor excesivamente dulce y pegajoso: de peor resultado que el esperado.

El vino elegido, un Valbuena 5º año cosecha 1996, de la Bodega Vega Sicilia, excepcional, absolutamente excepcional, un vino para recordar.

Servido en decantador, para una mejor aireación y más rápido depósito de restos, el Valbuena 5º año tenía un aroma poderoso, equilibrado; en boca, redondo, con una excelente acidez, y un final armónico, prolongado, que nos dejó maravillosos recuerdos de una gran botella y un gran año.

Los cafés que nos sirvieron como preámbulo de la sobremesa, corrientes, como los que nos podrían haber servido en una cafetería de segunda categoría.

El servicio de la comida y postres fue realizado por dos señoras; la primera, excesivamente profesional y seca, sin una sola sonrisa, y, la segunda, algo más risueña pero sin llegar a ser la “alegría de la huerta”.

Pese a que era miércoles y sólo estaban ocupadas dos mesas de todo el comedor, y la otra acabó su almuerzo una hora antes que nosotros, el cocinero José Rivera, “Chef Rivera” ni se acercó a saludar… y eso que deambulaba por los pasillos, de arriba abajo, de abajo arriba.

Me hago una  pregunta: si teníamos a todos los cocineros, pinches de cocina y camareros para atender a dos solitarias mesas, ¿Por qué no cuidaron más la elaboración de los platos? ¿Acaso sirvieron platos ya elaborados y que tenían envasados al vacio?

El coste final del almuerzo, 204,05 euros, resultó excesivo por la comida.

Sé que un solo almuerzo no hace las críticas de un restaurante, pero un buen restaurante si sabe hacer buenos almuerzos…
 
Alfredo Webmaster
 
Sábado, a 13 de Septiembre de 2008

Siendo como es un restaurante fundado en el año 1949, después de casi sesenta años de historia sigue demostrando frescura y buen hacer, ganas y espíritu de innovación/conservación. Pero no todo es perfecto…

Situado en una de las mejores zonas de Vigo, calle Luís Pastor, 28 (teléfono 986-228615), entre la Plaza de Compostela y la calle Montero Ríos, Casa Esperanza es una buena opción para degustar pescado y marisco de primera calidad.

El establecimiento cuenta con un comedor en dos alturas con una decoración que pretende ser gallega, con una mezcolanza de piedra y madera con un resultado algo intemporal, sin demasiada personalidad. A mi no me gusta mucho el comedor de arriba debido a que tiene un techo excesivamente bajo que da sensación de ahogo; además, en verano resulta muy caluroso, incluso con el aire acondicionado puesto, y en invierno pasa lo mismo por efecto del calor de la calefacción que se acumula arriba. Por tanto, os recomiendo reservar en la planta baja, en las mesas del fondo de la sala. Además, es de agradecer que no se pueda fumar, lo que evita que los humos del tabaco pudieran resultar molestos para los ocupantes de las mesas de arriba.

El comedor tiene una capacidad máxima de 42 personas, de ahí la importancia de reservar mesa con anticipación, sobre todo los viernes y sábados.

El trato es bueno, sin excesos ni grandes alardes, bajo la dirección de la propietaria del restaurante Ana Álvarez Pinto; en los fogones está Concepción Rodríguez, con mucho lo mejor del local.

Pese a que en esta ocasión nos decantamos por platos distintos que citaré más adelante, no deberíais dejar de probar los afamados calamares encebollados, merecedores de su justa fama de frescura y excelente punto de calor; el reseñable arroz caldoso de mero, delicioso y muy abundante, el rape en salsa de erizos y las cañitas rellenas. Estos platos los probé en alguna ocasión anterior y son muy recomendables.

Tienen una buena carta de vinos pero con nombres y denominaciones de origen muy manidas: ni un solo ribeiro tinto, poca variedad en los riberas del Duero, casi nada de Portugal y poquísimos vinos dulces. El café es francamente mejorable, tanto en la calidad del grano como en el aroma.

En esta ocasión hemos comido:

- Pastel de cabracho: sobre una cama de lechuga nos sirvieron una buena ración de pastel de cabracho, pescado que aportó su sabor y marcado olor a mar, excelente en este punto, pero excesivamente duro en la textura y con una mayonesa industrial. El resultado, aún siendo bueno, podría ser mejorado sustancialmente y sin demasiado esfuerzo.

- Salpicón de rape: un plato con buen sabor, con profusión de rape y una vinagreta muy bien lograda. Un plato reseñable.

- Rodaballo a la plancha: excelente textura, frescura y sabor, magnífico punto de plancha y buena guarnición. Lo mejor de la comida.

- Mouse de limón: una elaboración que adolecía de un exceso de nata; bueno, sin más.

- Viña Meín, vino blanco de la D.O.Ribeiro: un vino sin secretos que da exactamente lo que ofrece, una nariz de marcados aromas a fruta, sabroso y fresco, con buena acidez en boca y con un grato regusto agridulce en paladar; fácil de beber.

Lo que menos me gusta de Casa Esperanza es que la carta que ofrecen para la elección de los platos, viene sin lista de precios: dificulta el cálculo de los costes, quizá algo excesivo para el resultado final.
 
Alfredo Webmaster
 
Jueves, a 14 de Agosto de 2008

Luisa tiene razón: algunas veces no respondo los correos que recibo y otras veces, las menos, no incluyo en el blog las cosas que me envía ella o alguno/a de mis colaboradores/as de la página..

Lo sé, Luisa, lo sé… soy consciente de que eso está sucediendo, pero no te imaginas el trabajo que representa mantener vivo un blog, actualizarlo día a día, incluir los comentarios de los lectores, publicar los artículos que vais escribiendo (recibirlos, enmaquetarlos, incluir las fotos y vídeos, subirlos al servidor y publicarlos en la página) y a su vez, escribir mis propios artículos, visitar otros blog’s, leer la prensa diaria, etc., etc., etc., etc., etc.

Y además de todo lo relacionado con el blog, para poder vivir  tengo que seguir trabajando todos los días, tengo comer para disfrutar (o sobrevivir), dormir algunas horas, salir de vez en cuando (cada vez menos), ir al cine, acudir a algún concierto, estar con la familia…

Por tanto, Luisa, el tiempo libre con el que cuento es poco pero las ganas siguen vivas. Sólo te pido perdón y que sepas entenderme, que aceptes mis disculpas y que sigas ahí como siempre has estado, como amiga, como confidente y como medio española (al menos por el matrimonio).

Después de la petición pública de perdón que le hago a Luisa, extensible a Verónica, Manuel, Tatiana, Mila, Alida, Isabel y Belén, hoy voy a incluir el comentario sobre un vino que ella me recomendó y que tuve la suerte de beber, curiosamente, dos días antes de que me lo dijera: el  Syrah 2005 de Casa Ermelinda Freitas.

 

Bodega: Casa Ermelinda Freitas

D.O.: Vinho regional Terras do Sado

Tipo: Tinto

Tuve el privilegio de beberlo este sábado en un restaurante de A Coruña del que haré la crítica en los próximos días. Como anticipo, decir que el vino salvó la cena: la comida fue de calidad nefasta, los platos llegaron fríos a la mesa, el servicio escaso, lento y aburrido, y el precio final fuera de toda lógica.

Centrándonos en el vino, lo definiría como espléndido, lleno de vida y con un futuro arrollador.

Sobresalía el color, muy marcado, con una tonalidad granada intensa. El aroma penetrante, profundo, muy acentuado. En boca, elevada presencia de taninos, muy evidentes pero perfectamente integrados para conseguir un sabor muy especial. Final largo y persistente.

Un vino de elevadísima calidad para disfrutar con placer en una buena comida (que no fue el caso mío del sábado).

Este vino obtuvo una de las pocas Medallas de Oro de L’Union des Oenologues de France, en el concurso Vinalies Internacionales 2008. Con este premio, la bodega de Casa Ermelinda Freitas se sitúa en la cúspide de los vinos tintos del mundo.

Precio: como fui invitado, desconozco el precio pagado

Valoración calidad/precio: no puedo dar una nota de valoración global debido a que desconozco el precio pagado pero, si nos atenemos sólo a la calidad del vino, le correspondería un 9,5/10

Alfredo Webmaster

Martes, a 15 de Julio de 2008

Bodega: Álvaro Palacios

D.O.: Priorato

Tipo: Tinto

Si me remonto a mis años jóvenes, siempre recordaré aquellos vinos “peleones” del Priorato (Catalunya) que nos servían en Casa Acuña o El Priorato de La Coruña, en Los Porrones de Madrid (en la zona de Moncloa) o el que ponían (y aún sirve) en La Navarra de Pontevedra.

Eran vinos, como dije antes, peleones y con un elevado grado alcohólico, de sabores agradables pero excesivamente cabezones; eran vinos que después de la segunda jarra o porrón, nos dejaban medio tumbados.

Por tanto, eran magníficos para el jolgorio y la reunión con amigos, y, curiosamente, todos los locales los servían en unos vasos achaparrados, de cristal basto o en porrones que teníamos que beber alejándolos del cuerpo, cuando más mejor, para que no nos mancharan la ropa.

Otra curiosidad que era típica en los establecimientos de venta era que se servían (y aún se sirven) acompañados de unos buenos puñados de cacahuetes que pelábamos encima de la mesa para, una vez acabados, arrojar las cáscaras en el suelo. Me quedó grabado en la memoria el sonido de las cáscaras crujiendo debajo de nuestros pies. ¡Que recuerdos!

Con el paso de los años aquellos vinos de segunda categoría, de venta a granel y de escaso aprecio comercial (y gastronómico), se fueron reconvirtiendo hasta llegar a donde ahora están: en la cúspide de la viticultura española, con precios en algunos casos astronómicos y con una demanda tan elevada que, ciertos vinos, sólo se puede acceder a ellos bajo rigurosa lista de espera o por el beneplácito del bodeguero.

La bodega del Priorato más conocida, apreciada y de más elevado caché internacional es la de Álvaro Palacios.

De esta firma había bebido algunos de sus vinos “menores (en precio), pero vinos de contrastada y excelsa calidad; bebí los Finca Dolfi del 2001 y 1998, y los siempre sorprendentes Les Terrasses del 2004 y 2003.

Por tanto, algo ya sabía de la calidad y buen hacer de esta bodega. Además, tenía referencias de otros vinos de la bodega por publicaciones gastronómicas que hablaban, y no paraban, de magnífico “sumum” de esta bodega: L’Ermita 2004.

Como el precio de cada botella ronda los 600 / 650 € (900 / 975 $), jamás había tenido la oportunidad (ni la locura) de comprar ni una sola botella. Mi presupuesto no me permite tamaños dispendios…

De este vino, cuyas uvas se cultivan en uno de los viñedos más hermosos de España, situado en la ladera de una montaña, en un jardín en terrazas (de ahí nombre) de escaso rendimiento, con cepas en cruz y una ermita que le da el nombre, sólo se elaboran 3.000 botellas en 10 barricas.

La cosecha del 2004, que recibió 98 puntos de Robert Parker en su lista de The Wine Advocate, además de llegar a las casas de algunos ricos privilegiados, sólo se puede ver en las cartas de los mejores restaurantes del mundo, llegando a valer algunas botellas en estos locales más de 1.300 € (1.900 / 2.000 $).

Hace una semana fui uno de los afortunados que puede beber, y compartir, el placer de beber tres botellas con tres amigos más; obviamente, invitados por el dueño de la casa, un excelente amigo, catador y mejor persona.

Con un color granate intensísimo, aromas muy marcados y agradables, reminiscencias a frutas maduras, buena acidez y un final muy largo y armonioso, beberlo fue un placer sólo reservado a dioses (o millonarios).

Conviene decantarlo para que se oxide de forma gradual pero con intensidad y servirlo entre 16º / 17º, acompañándolo de un buen guiso de caza o una pularda rellena de trufa, como la que tomamos nosotros.

Como yo no soy ningún dios y menos aún millonario, la invitación a beberlo fue un acto de excelsa bondad por parte de mi amigo, dádiva que jamás olvidaré por los siglos de los siglos.

Precio: desconozco el precio pagado y prefiero no saberlo

Valoración calidad/precio: para no ser menos que Parker 9,80 / 10

Alfredo Webmaster

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Domingo, a 1 de Junio de 2008

Cuando he intentado conseguir alguna foto o información sobre el restaurante Basilio – Toralla, me he llevado una sorpresa: ni fotos, ni referencias, ni recomendaciones. Muy curioso.

Este restaurante, un clásico de la cocina de la zona de Vigo, está situado enfrente a la playa de Canido, una de las más coquetas de la ría pero también una de las más degradadas arquitectónicamente de toda la costa sur de Galicia.

A la derecha de la playa, sobre la isla de Toralla, tenemos a la vista una torre de 21 alturas, construida en los años 70 por un famoso promotor de aquella época: José Arca, un señor al que conozco desde hace muchos años y al que respeto enormemente. Algunas veces, cuando hablamos de la construcción de esa torre y de lo que significa que aún esté en pié siendo como es un atentado a la increíble belleza de la ría, siempre dice que se arrepiente de lo que hizo pero también de lo que no hizo… eran otras épocas en las que todo estaba permitido.

En el lado izquierdo de la playa, antes de llegar a los almacenes de los pescadores y al puerto marinero, están situadas 12 viviendas pareadas de lujo que tiene orden de derribo por incumplimiento grave de la Ley de Costas, fallos en la redacción del proyecto de ejecución y de la aplicación del PXOU.

Casi nada: en poco más de 500 metros dos atentados a la belleza y a la riqueza de una ría, patrimonio de todos.

Pero vayamos a lo que importa, a lo que comimos y a lo que disfrutamos en el Restaurante Basilio – Toralla.

Previa reserva de mesa, fundamental si queréis ocupar uno de los dos comedores con vistas a la playa en vez de tener que conformaros con el comedor interior del restaurante, nos tocó en suerte una buena mesa.

El primer contacto lo tuvimos con un camarero del que, desgraciadamente, no recuerdo su nombre; sé que era de origen uruguayo, que llevaba un pendiente y que era extremadamente atento y educado. Su profesionalidad (cariñosa) es de esas atenciones que ya no se prodigan en los restaurantes.

Para almorzar encargamos, como entrantes, empanada de zamburiñas y chipirones de la ría; de segundo plato, lubina al horno y tarta de queso. Acompañando la comida, una botella de Vilerma (ribeiro blanco), una botella de agua y dos chupitos de aguardiente de hierbas, de remate en la sobremesa.

La empanada de zamburiñas estaba bien, sólo bien. La masa era buena pero gruesa para la textura suave de unas zamburiñas. Habría resultado más sabrosa con una masa más ligera que permitiera cortarla de forma más fácil, sin que se deshiciera la zamburiña y se desperdigara por el plato. Tampoco resultaba cómoda para tomar con los dedos, el resultado era similar. Un cinco sobre diez.

De escribir sobre la bondad de los chipirones debería encargarse las papilas gustativas y los maravillosos recuerdos que dejaron en mi memoria: soberbios, excepcionales, unos magníficos chipirones frescos, tersos, suaves, con el punto justo de aceite y sal, servidos en el momento optimo de temperatura. Además, de la sabia combinación del chipirón con la cebolla frita, mejor ni hablar: son las 2 de la tarde y se me haría la boca agua… uuuhhh. De los mejores chipirones que he tomado en mi vida. Un nueve sobre diez.

La lubina venía presentada en una bandeja de horno, lista para servir en los platos. Tenía el punto exacto de preparación y venía acompañada de patatas panadera, cebolla, pimiento, laurel, aceite de primera y unas hojas de perejil. La carne del pescado presentaba una textura perfecta, propia de una lubina salvaje: suelta, fácil de cortar. La mezcla de sabores entre el pescado y los acompañantes del plato no podía ser mejor: nada desentonaba, nada sobró. Un nueve sobre diez.

En cuanto al postre, la carta adolece de pocas variedades que resulten atractivas o con algo novedoso. En todo caso, la tarta de queso que pedimos no estaba lo suficientemente bien elaborada para hacer honor al restaurante y a la calidad de sus platos: demasiado fría pese a ser de horno, algo apelmazada y sin demasiado sabor. Por tanto, un plato a mejorar; además, sería muy fácil hacerlo mejor. Un cinco sobre diez.

El vino tomado, un Vilerma del 2006, no tiene demasiados secretos: limpio, brillante, muy aromático, amable, largo de sabores, muy bebible; servido en la temperatura ideal, fue un buen acompañante para los platos.

La bebida de la sobremesa, un licor de hierbas casero, nos fue presentado no demasiado frío para no perder ni el olor ni el sabor característico; bueno de sabor, sin exceso de hierbas y punto justo de alcohol.

Resumiendo: un gran restaurante, con una cocina muy honrada y profesional, excelente servicio, buen entorno (maravillosas vistas sobre la ría de Vigo), buenos manteles, cubertería, vajilla y cristalería.
 
Muy recomendable.
 
Alfredo Webmaster
 
 
Basilio
 
Miércoles, a 9 de Abril de 2008

Suele suceder: miramos hacia el exterior y olvidamos mirar hacia el interior. Suele pasar, me suele pasar.

¿Por qué digo esto? Por la costumbre que tenemos (papanatismo) por potenciar y consumo vinos tintos de la Rioja o de la Ribera del Duero y olvidamos que aquí, en Galicia, está naciendo una generación de vinos de una fortaleza y calidad de asombrosa progresión.

La semana pasada tuve una comida en la que sólo consumimos vinos gallegos, primero un blanco con el entrante y un tinto con el plato fuerte. El blanco fue un San Clodio y el tinto el A Torna dos Pasas 2005.

Del primero ya tenía sobrada referencias pero nunca lo había podido catar. Sabía que su cosechero era el director de cine José Luís Cuerda, un maestro del séptimo arte con obras tan importantes como La lengua de las mariposas, La educación de las hadas, Amanece que no es poco o El bosque animado.

Del segundo nada sabía; nada, absolutamente nada.

El San Clodio es un vino elaborado con las uvas autóctonas treixadura (67 %), godello y torrontés, y unas pequeñas cantidades de uva albariño y loureiro. Es un buen ribeiro, un ribeiro de toda la vida pero muy bien elaborado, sin efectos añadidos ni nada que pueda desviar la atención del clasicismo que emana. Se deja beber con suma facilidad, con alegría, un vino sin aristas: todo está a la vista y al paladar.

A Torna dos Pasos 2005 es algo distinto, es uno de esos nuevos tintos en los que se adivina que irá mejorando de añada en añada. Elaborado por Luís Rodríguez Vázquez en Arnoia con las uvas brancellao, ferrol, caíño largo y caiño redondo, en boca denota unos taninos suaves, con matices de frutas rojas y una buena acidez, la típica de los vinos de la zona. Es ligero, sin demasiada persistencia en el paladar. Adolece de algo de fuerza que se podría compensar si se le aportara más proporción de caiño. De todas formas es muy agradable y bebible.
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Lunes, a 3 de Marzo de 2008

Luisa, desde Portugal, nos propone que degustemos un vino de la Región del Douro, una de las mejores zonas vinícolas del mundo en la elaboración de tintos.

Os copio el texto tal cual ella lo escribió, en una maravillosa mezcla de portugués y español, en ese nuevo idioma que llamamos portuñol, el idioma que sería el oficial si algún día se cumplen los sueños de muchos portugueses (entre otros, José Saramago) y españoles (entre ellos, yo) y logramos unir los dos países en uno sólo que se llamaría Iberia.

Obviamente, después de leer su opinión sobre el Quinta de la Rosa Douro 2004 ya sé lo que haré: la próxima vez que cruce la frontera con Portugal, a poco más de 40 kilómetros de donde yo vivo, lo compraré y lo degustaré a tu salud, Luisa.

Alfredo - Webmaster www.musicayvino.com

 

Quinta de la RosaSe trata e un viño de la region de Douro.

Una finca que fue comprada en 1906 y ofertada a la abuela de la actual proprietária Sophia Bergqvist ¡¡como regalo de bautizo!!

El vino Quinta de la Rosa Duero 2004 obtuve 91 puntos en la opinion de la revista Wine Spectator. Tienen que probarlo para comprender porque lo elijo y les prometo un gusto de fruta silvestre y aromas de violeta.

Tal vez no sea tan llamativo como el vídeo de Youtube que Alfredo nos mostra en su blog más crean me igual de sensual: “un vino que nos embriago antes de la creación de la viña“ (Ibn Al-Farid)

Por Luisa, desde Portugal

Martes, a 19 de Febrero de 2008

ValbuenaBodegas: Vega Sicilia

D.O.: Ribera del Duero

Tipo: Tinto

Siempre es un placer volver al Vega Sicilia, el más importante representante del espíritu legendario de los vinos españoles; es un placer siempre, así sea bebiendo uno de los Valbuena, la segunda marca de la casa.

La finca Vega Sicilia está situada en la denominación de origen Ribera del Duero, la más emblemática de España junto con La Rioja,

La fundación de la bodega se remonta a los principios del siglo XIX, con las primeras familias propietarias que fueron dando abolengo a la marca: los Lecanda, que trajeron las cepas francesas a la finca, los Herrero que terminaron en la ruina por su poca capacidad comercial (regalaban el vino), los Prodes que les interesaba más las semillas que las vides y, hasta el año 1981, el multimillonario venezolano Hans Neumann; después llegaron los Álvarez, la familia que realmente puso el nombre Vega Sicilia entre los vinos más importantes del mundo, a la altura de los mejores chateaux franceses.

Además, los Álvarez no sólo se dedicaron a mejorar el aspecto tecnológico de los vinos para hacerlos más modernos y de elevadísima calidad, también se preocuparon por aumentar el número de hectáreas cultivadas (200), adquirir 5.000 barricas de envejecimiento, pasar a producir 300.000 botellas al año y centrarse sólo en uvas muy especializadas (cabernet sauvignon, merlot, malbec, albillo y tempranillo).

La empresa elabora sólo dos tipos de vino: el Vega Sicilia propiamente dicho y el tinto Valbuena. Las diferencias entre unos y otros sólo son de índole tiempos de crianza, más breve en el Valbuena, y en la antigüedad de las viñas, que son más jóvenes en el Valbuena; además, hay pequeñas diferentas en la proporción de cada tipo de uva.

La enorme calidad que la familia Álvarez impone en sus elaborados les ha llevado a suprimir totalmente las cosechas de los años 1963, 1971 y 1978 por carecer de la calidad suficiente para llevar la marca Vega Sicilia.

El vino que tome ayer, un Valbuena Reserva 2000, es un vino maduro, con los años justos para estar en su momento optimo de consumo pero que podría ser bebido dentro de unos años más, sin nngún tipo de problema de envejecimiento. Tiene un color granate de marcadísima intensidad, un poderoso aroma con reminiscencias a especias y frutas maduras. En boca es poderoso, con una acidez viva muy agradable y un final apabullante: la boca que impregnada de sabores durante largo tiempo.

Lo tomé en compañía de dos buenos platos de caza, venado y corzo, y como compañía final de unas filloas de azúcar y canela.

Resumiendo: un excepcional vino, de lo mejorcito que se puede tomar, un verdadero clásico. Nadie debería morir sin antes probarlo, sería pecado mortal.

Precio: desconozco el precio pagado (fui invitado a la comida) pero debe rondar los 80/90 €

Valoración calidad/precio: 9,50/10 (sin saber el precio, sólo en función de la excelsa calidad del vino)
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Lunes, a 14 de Enero de 2008

Por Luisa, desde Portugal

Yo sé que España presume muchísimo (y con toda la razón) de sus vinos pero, como mujer, les puedo asegurar que ningún vino español me hay seducido tanto como este vino del Alentejo (Portugal).

Tómenlo tibio delante de una chimenea escuchando música y mirando el fuego: no hay nada igual.

 

Quinta da Terrugem 1999 

1D. O. C. Alentejo - Tinto-Red-Rouge

Caves AlianÇa, S.A. Castas Aragonês e Trincadeira.

Um vinho topo de gama, que já conquistou o 1º Prémio do IVV. Cor granada profunda, aroma a frutos vermelhos muito maduros. Nuances de compota. Paladar suave, taninos muito elegantes. Ligeiro abaunilhado e final de prova prolongado.

Ideal para acompanhar a gastronomia alentejana, carnes e queijos.

 
Un vino tope de gama, que ya conquistó el 1º premio del IVV.

Color granado profundo, aroma a frutos rojos muy maduros. Compota de nueces. Paladar suave, taninos muy elegantes. Ligero olor a vainilla, final de boca prolongado.

Ideal para acompañar la gastronomía alentejana, carnes y quesos.

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Martes, a 1 de Enero de 2008
Mos1
Los días anteriores y posteriores a la Navidad son, al menos aquí en España, fechas de celebración de comidas de amigos, comidas de empresa y de compromiso, y alguna que otra de placer.

El jueves día 27 de diciembre fui a comer a Casa Alfredo, en Mos (Pontevedra), uno de los más afamados restaurantes de caza de Galicia.

El local en donde está situado el comedor es una ampliación de la primitiva casa de comidas fundada en 1918, un sitio relativamente bien decorado, con una buena música ambiental (algo curioso: sonidos árabes), buenos asientos (pese a ser de piel algo fríos), unas mesas consistentes, magnificas mantelerías adamascadas, buena cubertería de Cruz de Malta y cristalería de buen nivel. En el comedor, afortunadamente, no se permite fumar.

El servicio es muy atento y profesional, quizá algo lento en el tránsito entre la cocina y la mesa, por ponerle algún pero. El servicio de vino francamente bueno, con la indicación de que podíamos usar decantador.

Mientras esperábamos por los platos solicitados nos sirvieron una crema para untar de mariscos y pescados, sabrosa y suave.

De primeros tomamos tres platos; unas croquetas de marisco sencillamente apabullantes, deliciosas, sabrosísimas, como creo que jamás antes las había tomado; unos lomos de jurel en escabeche agridulce de una finura y sabor únicos, con todo el regusto de mar, la frescura del pescado recién capturado y el acompañamiento de un escabeche suave y muy bien logrado y, como tercer plato, una ensalada de vierias gallegas con vinagreta de avellanas que nos hicieron ver el cielo…

De segundos platos tomamos unas deliciosas chuletitas de cordero lechal con patatas paja, ½ ración de civet de corzo con gnoquis de patata y pimientos que esta de chuparse los dedos y otra ½ ración de medallones de venado con cebolla confitada y compota de manzana y moras, igual de calidad, buen punto y sabor.

Tengo que reconocer que la fama de la cocina de caza de Casa Alfredo se ajusta a la realidad de lo que nosotros comimos allí.

Acompañando la comida nos tomamos una botella de Rioja Señorío de San Vicente 2003, un vino de marcado color picota, intenso en nariz y frutal y largo final en boca; un buenísimo vino para un excepcional almuerzo.

De postre nos tomamos una crema de queso de tetilla, con crujiente de miel y naranja, y un suoflé-bombón de chocolate y naranja confitada. Ambos postres a la altura de la comida, especialmente el souflé.

Para la larga sobremesa nada mejor que unos espirituosos Casta Diva y Gran Chivite.

El precio, 137,50 € para dos personas, no desentona ante la calidad de lo que recibimos.

Valoración calidad/precio: 8,5

Mos2

 

Sábado, a 15 de Diciembre de 2007

Como todos los años por estas fechas llega irremisiblemente la Navidad y los anuncios de Freixenet.

En España, al menos para los que tenemos unos cuantos años encima, las Navidades no sólo son la época de las reuniones familiares, también son la etapa en la que la publicidad nos bombardeaba, y bombardea, a base de anuncios que dejaron de ser anuncios y pasaron a ser iconos en la memoria colectiva.

Estaban las “muñecas de Famosa” con su cantinela (“las muñecas de Famosa se dirigen al portal, para llevar al niños su calor y su amistad…”), el calvo de la Lotería Nacional “soplando” la suerte de los millones entre todos los compradores de décimos de lotería, el turrón El Almendro y su “Vuelve, vuelve a casa por Navidad…” y, sobre todo, el niño de sombrero rojo de los anuncios de Freixenet.

La presentación al público en TV de cada uno sus más de 40 anuncios de Navidad, cada uno de ellos una pequeña película, era la confirmación oficial del arranque de las fiestas de final de año. El burbujeo del cava Freixenet y el niño con gorro rojo agarrando la botella era el pistoletazo de salida para los alumbrados, las compras de turrones y mazapanes, los regalos de Reyes, la reposición de las guirnaldas de los árboles navideños rotas el año anterior o de las figuras para los nacimientos, etc.

Para cada anuncio solían contratar como figurantes a una o varias estrellas de fama internacional, sobre todo del mundo del cine. Esos personajes conocidos se movían o bailaban acompañados o acompañadas de unas bailarinas muy hermosas (las burbujitas) y un gran tema musical.

Obviamente, los costes de producción del anuncio, de contratación de esas figuras internacionales, la larga duración de cada spot (más de 1 minuto de publicidad en TV y cine) y la horas a las que se exhibía (normalmente de horario nocturno de máxima audiencia), hacían que el coste de la campaña publicitaría fuera multimillonario.

Pero el negocio valía la pena: las ventas se disparaban y el resultado final era/es siempre positivo.

Este año, después de 40 años de una tradición inquebrantable en la que la única duda era saber quién iba a ser el protagonista de cada nuevo spot, este año, repito, han roto totalmente los esquemas: contrataron a un excelso director de cine, un director ganador del Óscar de la Academia, para que le montara un anuncio distinto a todo lo conocido hasta la fecha, un spot que lo mismo valiera para el cine como para la televisión, un anuncio que les permitiera su exposición en mercados nuevos y distintos al tradicional español, un anuncio que significará un paso más en el logro de la máxima calidad en la exhibición de un producto.

De ese objetivo salió una historia que se llama “The key to reserva” (La clave reserva) bajo la dirección de Martin Scorsese. El guión es un clarísimo homenaje de un maestro del cine vivo a otro maestro del cine ya muerto: Alfred Hitchcock.

¡¡Sin más preámbulos, sin más dilaciones, señores y señoras, con todos ustedes: un spot genial!!

Miércoles, a 12 de Diciembre de 2007

Ayer por la noche me di un homenaje en casa, un homenaje en toda regla: existen días en los que las mejores celebraciones se deben hacer en casa.

Encargué una tortilla de patatas en un local situado al lado de la calle Cruz Roja de Pontevedra: las preparan magníficamente bien con patata gallega, aceite de oliva, cebolla y la sal justa (a veces se pasan un poco); jugosa, sabrosa, abundante.

Para acompañar la tortilla quise beber un vino blanco con sabor y cuerpo, el mejor de todos, el más impactante, un vino que me trae muchos recuerdos de muchas botellas bebidas: Casta Diva Fondillón 15 años, una botella que tenía guardada en casa reservada para un tomar en un día especial y como ese día especial no llegaba, ¡¿Qué mejor día especial que un día en el que me doy un homenaje?!.

Lo mejor, la botella tiene el tamaño y cantidad suficiente como para, al final de la cena, usar el vino sobrante como copa de final de cena (con meditación). Lo peor, que es tan poderoso que se "come" el sabor de la tortilla.

 

Bodega: Gutiérrez de la Vega

D.O: Alicante

Tipo: Dulce

La historia de esta bodega se remonta a los años 70, en los finales del franquismo, cuando un comandante de la Armada española decide dejar las armas y dedicarse a una labor más artística y creativa.

Compró un antiguo lagar situado en Parcent (Alicante) y allí, siguiendo con la tradición de la zona vinícola, se dedicó a elaborar vinos blancos dulces de calidad.

Usando depósitos de acero inoxidable, novedoso en aquella zona, y barricas de roble, empezó a elaborar los vinos corrigiendo año a año los errores que iban surgiendo, hasta llegar al primer Casta Diva.

Según iban pasando los años mejoraba la calidad; también, aprovechando el espíritu innovador del fundador de la bodega, se inició la elaboración de más variedades de vinos dulces, más cuidados y con mayor añejado, hasta llegar al Fondillón 15 años, el de más alta calidad de la bodega.

Desde la primera botella vendida, la calidad y buen hacer de Gutiérrez de la Vega asombró a los críticos y bebedores: el moscatel resultante, producto de una uva que hasta la salida del Casta Diva estaba considerada de segunda fila, era un moscatel complejo, denso, intenso, aromático, persistente, maravilloso.

El Casta Diva Fondillón 15 años que me bebí ayer es el producto más exclusivo y limitado de la marca, un fondillón 100% monastrell. Está catalogado por varias revistas de vinos como uno de los “11 magníficos del mundo”, compartiendo el TOP máximo con vinos de la categoría de un Vega Sicilia único y algunos de los mejores Burdeos.

¿Cómo definiría al vino?: de marcado color rojizo, mucho más marcado que los moscateles habituales, con aroma a hierbas aromáticas (valga la redundancia) y mucha pasa, dulce en boca, equilibrado, empalagoso (en el mejor término de la palabra), profundamente intenso y de regusto prolongadísimo, impactante.

Posiblemente, el mejor vino para el mejor homenaje.

Excepcional vino con un precio ajustado a su calidad: 62 €

Valoración calidad/precio: 9,75/10

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