Música y Vino

Puedo intentar ser sincero pero nunca seré imparcial…
Martes, a 21 de Abril de 2015

Artículo publicado en el número 2 de la revista + Vino – Cultura del Vino de El Diario de Burgos, periódico perteneciente al Grupo Promecal.

Este grupo de distribución tiene como hermanos en la prensa a El Día de Valladolid, La Tribuna de Toledo o, entre otros, el Adelantado de Segovia. Además, el Promecal tienen otros medios de comunicación: emisoras de televisión, como la de Navarra, o de radio, como Onda Cero en la Comunidad de Castilla y León.


La Romanza de Bacarisse y el vino blanco Oloramar

El diccionario de la RAE define maridaje como “la unión de la vid y el olmo, la buena correspondencia de dos o más colores, etc.”. O, por qué no, de uvas y sonidos.

En este segundo maridaje vamos a unir recuerdos y añoranzas con vinos y músicas.

Hace tres años tuve que vivir en Costa Rica durante un largo período de tiempo. Fueron once meses de convivencia con otros olores, con otros colores, con otros calores, con otros paisajes, con otros paisanajes. Y con otros sonidos. Y sabores.

Como gallego morriñoso, cada poco tiempo de mi estancia en tierras ticas (para ser sincero, cada semana), me venía a la memoria mi tierra natal; tanto la gallega como la española. Y cuando me pasaba, casi siempre en la noche de los viernes, me asaltaban las ausencias, ausencias que trataba de conjurar con un acto de disfrute sensorial: tomando un vino y escuchando música. Siempre la misma variedad de uva, siempre la misma canción.

Más o menos a las seis de la tarde, de noche cerrada (en el caribe anochece mucho antes), al volver a mi apartamento en San José, salía a la terraza, encendía una vela, descorchaba una botella de vino y ponía en el equipo de música un CD. La botella, un albariño de la D.O. Rías Baixas; la música, la canción más hermosa jamás compuesta; el paisaje, las frondosas 90 hectáreas del Parque de la Sabana, como las de mi tierra.

La unión del sabor y aroma del vino blanco Oloramar, de las bodegas Everyday Is Like Sunday (Pontevedra), con una canción compuesta por un español que pasó sus últimos años exilado en Francia, la Romanza del concertino para guitarra y orquesta de Salvador Bacarisse, provocaba en mí extrañas sensaciones: de placer por el disfrute, de pena por la distancia. A ocho mil kilómetros de mi Pontevedra me sentía como se sentía Salvador a mil de su Madrid.

Oloramar tiene las características típicas de un gran Rías Baixas: elegancia con intensidad, expresividad, aromas, sabores cítricos, buena acidez y frescor, y excelente postgusto. Y una hermosísima botella en la que las figuras de banderas de señales náuticas, en color azul cobalto, como la cerámica de Sargadelos, la unen aún más a la Galicia marinera de la que es originario el vino. Hermoso envase, magnífico contenido.

La Romanza de Bacarisse, una pieza musical de aire renacentista, es un compendio de sentimientos y nostalgias, de resonancias inmemoriales, de sensaciones de un tiempo sin tiempo, de melancolía, de recuerdos pasados, de olores a azahar y a mieles, de puestas de sol, de infancias de otras épocas, de ensoñaciones, de placidez, de felicidad. Cinco minutos y medio de sublime belleza…

Ahora te toca a ti maridar: descorcha una botella de Oloramar, nunca a más de 11º ni menos de 8º, sírvelo en una copa fina, transparente y lisa, deja que suene la Romanza, cierra los ojos… y añora a tu tierra, a tus recuerdos, a tus querencias.

Alfredo Músicayvino

 

Sábado, a 14 de Marzo de 2015

 

Este mes inicié la colaboración en un suplemento sobre vino que el Diario de Burgos empezó a distribuir entre sus lectores.

Este periódico, perteneciente al Grupo Promecal, tiene como hermanos El Día de Valladolid, La Tribuna de Toledo o, entre otros, el Adelantado de Segovia. Pero tienen más medios de comunicación: emisoras de televisión, como la de Navarra, o de radio, como Onda Cero en la Comunidad de Castilla y León.

El suplemento mensual se llama + Vino – Cultura del vino. El primer número se publicó el sábado 7 de marzo de 2015.

Espero seguir colaborando con ellos en el futuro. Es un proyecto que me gusta y que me permite escribir sobre dos expresiones culturales que fueron y son parte de mi vida: de la música y del vino. Y que fue, con la unión de ambas palabras, el nombre que hace años elegí para titular mi página web personal: www.musicayvino.com.

Más abajo os copio las fotos y el texto de ese primer escrito mío. Y con él, mi recomendación de un vino y una canción. Y de un disfrute sonsorial.

Alfredo Musica y Vino


 

 


¿Quieres empezar a disfrutar? Memphis Underground & Quinta Sardonia QS2009.

¿Maridar música con vino? Sí, claro: combinarlos es una magnífica elección. Mezclar el sonido de una buena música mientras se paladea un buen vino, o paladear un buen vino mientras escuchas una buena música. Tanto monta, monta tanto. Pero siempre juntos.

Para esta primera ocasión me decanté por dos grandes obras, las dos con una base clásica en sus orígenes: una pieza jazzística compuesta a finales de los años 60’, aderezada con un vino tinto de una zona vinícola tradicional, elaborado por una bodega que es casi una recién llegada a Sardón de Duero.

La música elegida es la canción titulada ‘Memphis Underground’, una magnífica composición del no suficientemente bien ponderado intérprete de jazz Herbie Mann. Esta está incluida en el disco del mismo nombre: Memphis Underground, editado por Atlantic Records en 1969.

Siendo como fue una de las grandes figuras del jazz durante casi 25 años -entre 1957 y 1970 fue elegido, por la revista Down Beat, el mejor flautista de jazz-, Herbie Mann no tuvo el mismo predicamento en los años posteriores, quizá por ser un mezclador de sonidos y estilos, un ecléctico en el fondo y en las formas, un intérprete y compositor poco apegado a los modelos de una época en la que, o primaba la innovación desde las variantes más rompedoras del jazz, o se buscaba mantener el más conservador de los conceptualismos. En todo caso, la historia no hizo honor a los merecidos valores que Herbie atesora en su música.

A Quinta Sardonia QS2009 le pasa algo parecido: estando como está en una zona geográfica en la que existe una DO (Denominación de Origen) entre las mejores del mundo, no está acogida a ella, sino a una VT (Vinos de la Tierra). La calificación VT podría hacernos suponer que sus vinos son de calidad inferior a los de una DO, pero no es así: el Mauro VS 2007, el Terreus 2011 o el Abadía Retuerta Pago Valdebellón 2010 tampoco pertenecen a ninguna DO y son grandes vinos, como el Quinta Sardonia QS2009.

El vino seleccionado, el QS2009, tiene un marcado color rojo cereza. En nariz muestra su  carácter con aromas entremezclados de fruta fresca y madura. En boca se expande con fuerza, pero desde la sedosidad de un vino redondo bien elaborado, poderoso, consistente, un vino que deja un agradabilísimo retrogusto a taninos de gran personalidad.

¿Quieres empezar a disfrutar? Abre la botella del Quinta Sardonia QS2009 y deja que se atempere hasta que esté a unos 17/18º, localiza en la discoteca el LP que te recomiendo, enciende el equipo de sonido… Y cuando suenen las primeras notas del “Memphis Underground” de Herbie Mann, lleva la copa a la boca y paladea el vino: disfruta del placer de maridar sonidos y sabores.

Alfredo Música y Vino

Domingo, a 11 de Marzo de 2012

En Galicia cuando hablamos de cerveza hablamos de, para nosotros, la mejor cerveza de mundo (y parte del extranjero): Estrella de Galicia (Hijos de Rivera); o como se le conoce fuera de su territorio tradicional, Estrella Galicia (a secas, sin el “de”).

Cuando era joven beber cerveza era una costumbre poco arraigado en España: el consumo era muy escaso en variedad (de elaboración y marcas) y volúmenes. En aquellas época, no sé si aún sigue existiendo, el tipo de cerveza que más se pedía era una que venía en botellín de vidrio a la que se llamaba el “quinto  (equivalente a 200/250 centímetros cúbicos); era la alternativa habitual a la “taza” de vino ribeiro.

Empecé tarde a saber valorar, a apreciar una buena cerveza. Muy tarde. Pero cuando descubrí los distintos tipos de elaboración (fermentación baja, fermentación alta y fermentación espontánea) y formas de consumo, empecé a hacer de la cerveza una de mis bebidas de disfrute más habitual.

Hoy, después de años de aprendizaje y cata, sé cuáles son mis cervezas preferidas o cuáles consumo con cada tipo de plato u hora del día.

La cerveza que más aprecio, la que se lleva la palma en mi particular clasificación gustativa, y que, por ende, más extraño durante mis estancias fuera de España, es la 1906 de Estrella Galicia. Y más aún si el consumo lo hago en la más simpática, señera y más grande cervecería de España: la que la propia marca tiene abierta en la Plaza de Cuatro Caminos (Avenida de Concepción Arenal, 10), en La Coruña.

En este local, situado a pocos pasos del muelle comercial de la ciudad, estuvo radicada la primera fábrica de la cervecera. Y de esa etapa conserva su enorme espacio interior (es, posiblemente, la cervecería más grande de España), un alambique de destilería, grandes barriles y murales representativos de la elaboración de esta milenaria bebida.

También mantiene de sus primeras épocas ese afán por agradar a todos: en la cervecería conviven en sana y curiosa mezcolanza lo mismo un ejecutivo trajeado a la última que un estibador del puerto con su mono de trabajo, un obrero de la construcción que una abuelita con sus nietos. Todos juntos, de pié en la enorme barra o sentados en las mesas del local, pero todos mezclados con todos, con la única limitación física que tiene aprovechar los espacios que quedan libres en cada sitio del local.

Todos se reúnen allí, nos reunimos allí, entorno a los mejores tiradores de cerveza de España (¡qué bien la tiran, coño… así da gusto!), a los camareros más prolijos y rápidos de La Coruña (algunos son ya una institución en la ciudad) o a las mejores tapas (espléndidas “puntillas” fritas en aceite de oliva, magnífica tortilla española –casi perfecta-, excelentes patatas fritas de Bonilla a la Vista, gustosas croquetas, etc.). Y con precios sumamente ajustados.

¡Ah, se me olvidaba! En esta cervecería es conveniente ser seguidor del Real Club Deportivo de La Coruña. Y si no lo eres, mejor ocúltalo, no digas nada: aquí, cuando se retransmiten partidos de fútbol del equipo del alma de la ciudad, todos se arremolinan entorno a las pantallas de televisión con el mismo ímpetu y apasionamiento que se viviría si estuvieran en el campo de Riazor… Y los ¡Hala, Depor! brotan espontáneos en las gargantas de todos, sean niños o adultos, ejecutivos u obreros.

Os cuento un chiste muy conocido en La Coruña que trata sobre lo valoradísima que tenemos nuestra cerveza (y tan poco a las demás):

 

Como todos los años, se celebró en Ámsterdam la convención mundial de productores de cerveza a la que asistien los presidentes de las más prestigiosas compañías cerveceras del mundo.

Concluida la convención, todos los presidentes se reúnen a festejar el éxito del evento. Se citan en la cafetería del hotel donde ha tenido lugar la celebración. Una vez allí, no consiguen ponerse de acuerdo en qué pedir como bebida.

Para romper el hielo, el presidente de Budweiser llama a la camarera más cercana y le dice: “Una Budweiser, por favor”.

Llega el turno entonces del presidente de Heineken, quien dice: “Para mí, una Heineken, si fuera tan amable”.

A continuación, pide el presidente de Miller: “Me gustaría tomar una cerveza Miller”.

Y el de Coronita: “A mi tráigame una Coronita”.

Y el de Guinness: “¿Me pone una Guinness?”.

Y así siguieron todos los presidentes de las compañías: pidiendo la cerveza que ellos mismos producían.

El último en pedir fue el presidente de Estrella Galicia, quien dijo: “Quisiera una Coca-Cola, por favor”.

Sorprendidos, los demás presidentes le preguntan el porqué de tan extraña decisión, a lo que el presidente de Estrella Galicia respondió: “Si  ninguno de ustedes no van a tomar una cerveza de verdad, yo tampoco”.

La Cervecería Estrella Galicia es, como podréis imaginar, un lugar que nadie, nadie, puede dejar de visitar cuando vaya a La Coruña, la capital más bonita del noroeste de España, una ciudad en la que, como dice acertadamente la publicidad, “nadie es forastero”. Y eres menos forastero dentro de este maravilloso local patrimonio cultural (popular) gallego.

Dirección: Avenida de Concepción Arenal, 10. 15006 - La Coruña

Parking: el de la plaza de la Palloza, a pocos metros del lugar

Teléfono: + (34) 981 29 18 19

Persona de contacto: Antonio Mateo

Horario: D, L, M y X de 10:00 am a 23:30 pm; J, V y S de 10:00 am a 12:00 pm

Precios: muy ajustados y razonables

Formas de pago admitidas: todo tipo de tarjetas de crédito

Alfredo Webmaster

 

Domingo, a 11 de Marzo de 2012

La 1906 de Estrella Galicia es una cerveza de tipo lager especial, con 6,5º de alcohol. Está elaborada con agua, malta de cebada, maíz y lúpulo gallego.

Buena intensidad de color y transparencia: tiene un marcado color dorado con tonalidades ámbar, que se convierte en oro claro en los bordes de la copa inclinada (mejor de vidrio fino).

La espuma es de color blanco marfilado, bastante esponjosa, con buena retención: dura hasta el final de la copa y deja buena trama en la misma.

Tiene una intensidad aromática entre media y alta, limpia y bien definida.

El cuerpo es de tipo medio, sedoso,

En boca tiene una entrada amarga, con mucho carácter, que se torna muy agradable cuando se aprecia el cereal y el lúpulo sobre un carbónico de burbuja fina muy agradable en el paso de boca. En el postgusto se aprecia claramente el regaliz.

Se debe consumir a una temperatura entre los 7º y 9º, una bebida ideal para maridar con platos de pescado y marisco no demasiado especiados.

Alfredo Webmaster

 

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Sábado, a 20 de Agosto de 2011

Cartel anunciador de Festa do Albariño

Mapa de la D. O. Rías Baixas y sus subzonas (Galicia)

 

Por Caius Apicius para elconfidencial.com (EFE), 02/08/2011

Como todas las cosas cuyo origen se pierde en la noche de los tiempos, el vino está lleno de leyendas; de muy bellas leyendas, en general. El vino... y cada vino. Entre ellos, el albariño, al que Cambados rendirá homenaje por quincuagésima novena vez el próximo fin de semana, primero de los de agosto.

Don Álvaro Cunqueiro, quién si no, fue un decidido impulsor del origen legendario del albariño, traído, decía, por los monjes del Císter allá por el siglo XII. Era bonito, y daba mucho juego. Pero, como diría Néstor Luján, la ciencia ha hablado, y preciso es callarse. Y la ciencia ha dicho que la uva albariño parece ser autóctona de Galicia. Yo, si por "autóctono" entendemos que es algo que lleva en un sitio muchísimo tiempo, puedo estar de acuerdo; si se refiere a que es originario del sitio en que está, ya tengo mis dudas.

Lo curioso es que, en general, a los gallegos les ha hecho ilusión eso de que la albariño sea autóctona. A mí, qué quieren que les diga, me gustaba más situar su origen en el corazón de Europa, la leyenda que lo emparentaba, desde la cuna, con algunos de los mejores vinos de la Cristiandad. Recordemos. La Orden del Císter nace en 1090 en la localidad cuyo nombre romano era Cistercium. Hoy es Citeaux, abadía situada en la mismísima Côte d'Or borgoñona, donde se elaboran vinos de la categoría de los Montrachet o Meursault, por no salir de los blancos, elaborados con la variedad chardonnay, que también tiene leyenda propia que atribuye su introducción en Francia a cierto conde de Champagne, Thiébaut IV "Le Chansonier", que la habría traído de Chipre de vuelta de las Cruzadas.

Son los monjes cistercienses quienes se ocupan del cuidado del Camino de Santiago. Y parte de ese cuidado era replantar viñas. Primero, en los valles fluviales del Ebro, el Duero, el Sil... Finalmente, en el mismísimo fin del mundo, en el Finis Terrae, frente al Mar Tenebroso. Es bonito imaginar a los monjes transportando con amor y mimo los esquejes de sus variedades preferidas, procedentes nada menos que de la Borgoña; hay quien sustenta la opinión de que no se trata de cepas borgoñonas, sino que procederían del Rhin, más cercanas a la riesling que a la chardonnay.

Todo eso, y más, había en una copa de albariño antes de que la ciencia nos devolviese a la cruda realidad e hiciese que bajásemos de la nube de los bellos sueños. Ciertamente, no seré yo quien afirme que un albariño es mejor que un gran Montrachet, pero tampoco dejo que me lo sitúen mucho más abajo en la escala de valores de los grandes vinos blancos del mundo.

Pero supongamos que sí, que la uva lleva en Galicia más tiempo, incluso que se trata de una mutación de alguna variedad introducida algo más de mil años antes de la fundación del Císter. Porque bien pudieron ser los señores romanos quienes introdujeron la albariño, o su predecesora, en Galicia. Quizá no los romanos de César, pero sí los que, mandados por Décimo Junio Bruto, luego llamado "El Galaico", se negaban a cruzar el río Limia, en Ourense, por creer que se trataba del Leteo o Lete, el río infernal que hacía perder la memoria a quienes lo cruzaban. Los mismos romanos que se aterrorizaron en Finisterre al ver cómo el mar engullía al sol rojo. Romanos que llevaron consigo el vino, la vid, a donde fueron. Por qué no a Galicia: hubo asentamiento romano en Cambados. Sería gracioso que hubiera sido así, cuando Cunqueiro nos habló tanto del itinerario inverso, de los vinos, sobre todo del Sil, que viajaban de Galicia a Roma, como el de Amandi, supuestamente grato a Tiberio, cosa que no tiene mucho mérito porque al sucesor de Augusto le gustaban todos los vinos.

Y aún pudo ser antes: los fenicios, comerciantes donde los hubiere, estuvieron zanganeando por la desembocadura del Umia, por aquello del estaño; a lo mejor trajeron unas cepas, porque si el vino nació, según parece, al sur del Cáucaso, está claro que esa zona queda mucho más cerca de Fenicia que de Galicia, y las uvas, solas, no vinieron: les conocemos muchas virtudes, pero no la movilidad.

Al final, qué más da. Cistercienses, romanos, fenicios... Una cosa tengan clarísima: ustedes, si lo desean, pueden beber hoy unos albariños muchísimo mejores, incomparablemente mejores que los que pudieran haber bebido los comerciantes fenicios, los legionarios romanos y los monjes benedictinos. Y, aunque todavía queden por ahí algunos nostálgicos, beberán hoy albariños bastante mejores y mejor elaborados que los que bebían sus padres y sus abuelos.

El domingo se discernirá cuál es el mejor albariño de los presentados a concurso. Serán los 2010, añada que el Consejo Regulador de la D.O. Rías Baixas ha calificado de "muy buena". Los 2010 que he probado hasta ahora son, en efecto, muy recomendables. Lo mejor será que abran ustedes una botella y opinen por sí mismos, brindando por Cunqueiro, que este año está de centenario, pero también por cistercienses, romanos, fenicios y, si no queda más remedio, científicos 'revientaleyendas': los amantes del albariño no somos rencorosos.

Típica bodega de la D. O. Rías Baixas (en la foto Agro de Bazán - Galicia)

 Detalle de la Bodega Agro de Bazán(Galicia)

Bodega Pazo de Fefiñanes (Cambados - Galicia)

Bodega Pazo de Fefiñanes (Cambados - Galicia)

Bodega Pazo de Fefiñanes (Cambados - Galicia)

 

 

Jueves, a 19 de Mayo de 2011

 

 

Bodega:

Bodegas Hacienda Monasterio

Nombre del vino:

Hacienda Monasterio Reserva 2001

Cosecha:

2001

Variedad de uva:

80% de tinto fino, 10% de Cabernet Sauvignon y 10% de Merlot

Región de producción o D.O.:

Rivera del Duero

País:

España

Tipo:

Tinto reserva

Las Bodegas Hacienda Monasterio están ubicadas entre Pesquera y Valbuena de Duero, en una finca de 113 hectáreas de las que sólo están plantadas 70. Antiguamente, finales del siglo XIX, esta finca perteneció a la familia Lecanda, los pioneros de la renovación de la D. O. Rivera del Duero.

De aquellas primitivas instalaciones no queda nada. Ahora, sobre un repecho de las tierras de Hacienda Monasterio, se erige una nueva bodega diseñada por el arquitecto Philippe Mazières, autor del diseño de dos de las más míticas instalaciones francesas: Chateau Margaux y Chateau D’Yquemo Prieure.

El Hacienda Monasterio Reserva 2001 que tomamos hace unos días, recibió 93 puntos en la Guía Michelín del 2006 y 95 de la del 2007, un Bacchus de Oro en la VII edición y varios premios más que acreditan la bondad de este caldo, un vino del que sólo se han elaborado 26.300 botellas numeradas.

Como es práctica habitual en esta bodega, la recolección de las uvas que se destinan a vinos de reserva se realizó a mano, en cajas de polipropileno, para evitar que el grano se dañe o rompan por la presión.

A la vista presenta un color rubí oscuro y brillante, muy bonito; en nariz es estimulante, con aromas a madera noble y quizá vainilla. Tiene una acidez correctísima, una persistencia más que excelente y un desarrollo tanto en copa como en boca que sorprende. Pese a su potencia (14º alcohol) y profundidad, es de una elegancia embriagadora.

Para que los aromas de este gran vino se expandan con profusión y dejen entrever la bondad de su elaboración, es aconsejable servirlo entre 16ºC y 18ºC. Es un magnífico caldo para acompañar un plato de igual calidad, como un buen estofado de carne o alguna receta de caza, como la que tomamos nosotros ese día.

Precio: 50€

Valoración calidad/precio: 8,5 / 10

Alfredo Webmaster

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Domingo, a 20 de Febrero de 2011

Preparar un Gin Tonic es fácil. Si queréis preparar un buen Gin Tonic tendréis que hacer algo más que mezclar de forma alocada una ginebra y un agua tónica.: elegir el tipo de copa o vaso que uséis, la calidad de los hielos, la forma de servirlo, la tipología y elaboración de la ginebra, del agua tónica, etc., influirá en el sabor final.

Sin ser un especialista absoluto en Gin Tonic’s, sí soy un buen aficionado, un aficionado capaz de captar las grandes diferencias que hay entre uno bien elaborado y servido, de uno preparado “sen moito xeito”.

Empezamos…

La copa/vaso

Como la ginebra es una bebida alcohólica que necesita oxigenarse para expandir todos sus aromas, es muy conveniente que el vaso sea de boca muy ancha. También se puede utilizar la copa balón, siempre y cuando sea amplia, de buena cabida interior. Lo que nunca, jamás, debéis usar es el vaso tipo tubo, una modalidad poco apropiada para un combinado de calidad.

El hielo

Parece una tontería, pero la calidad del hielo influirá enormemente en el sabor del Gin Tonic. No es lo mismo usar un hielo de agua envasada de poca mineralización, que un agua muy mineral o el agua del grifo tratada con cloro, un tipo de agua que podría, incluso, llevan en suspensión arenillas o barrillos.

Por tanto, los hielos deberán ser de agua envasada de poca mineralización. Y siempre muchos cubo de hielo, que llenen la copa hasta el borde. ¿Por qué? Para que, al estar la copa llena, enfríen el combinado de forma muy rápida; gracias a esa velocidad de enfriamiento, se disuelvan muy poco, sin aguar demasiado el Gin Tonic.

La ginebra

En el mercado podréis encontrar montones de ginebras distintas: afrutadas, cítricas, con sabor a pepino, regaliz, lavanda, naranja, hinojo, enebro, jengibre, nuez moscada, almendra… Hasta que no hayáis probado unas cuantas no sabrás cuál de ellas es la que más agrada a tu paladar, cuál da los mejores matices a tu Gin Tonic ideal.

¿Marcas? Como dije antes, hay montones de marcas en el mercado; os recomiendo algunas de las denominadas 'premium', un poco más caras pero merecen la pena por su calidad: Whitley Neill, Saffron, Nº 209, Bulldog, G'Vine, Hendrick's, Tanqueray Nº Ten, Fifty Pound, Brockmans, Martin Miller's, Junipero, Sipsmith, Citadelle Reserve, London Nº 1, Port of Dragons, Raffles, Bombay Sapphire, Seagrams, Brockmans, Mombasa Club, Caorunn, Sacred Gin, Geranium Premium o la sempiterna Beefeater 24.

Consejo: mantened la botella en el congelador para servir el Gin Tonic lo más frío posible. Por su elevado grado alcohólico, nunca se os congelará.

El agua tónica

Además de ser la más conocida, la primera que existió y un mito entre las bebidas gaseadas, la tónica Schweppes sigue siendo un referente imprescindible en la coctelería, al menos para mí. ¿Hay más aguas tónicas? Si, claro: la Fever Tree (para mi, la segunda mejor), Q Tonic, Boylan, Fentimans o Nordic Mist (sin lugar a dudas, la peor).

Consejo: por los mismos motivos que os dije para la ginebra, las tónicas se deben guardar en la nevera (nunca en el congelador).

El cítrico o acompañante

En algunos locales os servirán la copa con una rodaja de limón en el combinado y, en muchos casos incluso con el zumo de un limón: craso error.

Os explico la razón: el zumo del limón mata las burbujas del agua tónica, quitándole la viveza y potencia al combinado.

Como mucho, se puede incorporar un trozo de la corteza, mejor si es de lima. También resulta muy agradable el sabor que deja la corteza restregada por el borde del vaso o copa.

En algunas ocasiones algunos barman acompañan el Gin Tonic con rodajas de pepino. Para mi gusto, no deja de ser una moda que está muy de moda, pero como no deja de ser una moda supongo que pasará de moda (¡menudo galimatías!).

La mezcla

El proceso de elaboración del mejor Gin Tonic requiere de una parafernalia que hará más placentero su disfrute.

Primero elegimos el tipo de vaso a usar. Untamos el borde del vaso con la corteza del limón o lima. A continuación llenamos el vaso o la copa de hielo, hasta el borde. Después, según la fórmula de proporciones más habitual, echamos una parte de ginebra y tres partes de agua tónica; a mí personalmente me gusta con algo más de ginebra y algo menos de tónica. Removeremos la copa con una cuchara de cóctel, pero sólo dando una vuelta: no marees tu Gin Tonic, perdería burbujas y fuerza.

Espero haberos ayudado a disfrutar del, para mi, segundo (*) mejor combinado alcohólico.

Alfredo Webmaster

Nota *: para mi, el mejor combinado del mundo es el Daiquirí Mulata que sirven en La Floridita (La Habana, Cuba).

 

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Domingo, a 20 de Febrero de 2011

Por Caius Apicius para elconfidencial.com, 21/09/2010

Todos hemos tenido que pasar alguna vez por la nada agradable situación de devolver una botella de vino, una vez abierta y catado su contenido, en un restaurante; es una situación violenta para el que devuelve la botella y el que la recoge, pero que, por fortuna, cada vez se da con menos frecuencia.

Hubo un tiempo, sin embargo, en que "se llevaba" presumir de entendido en vino devolviendo alguna gran botella. Yo recuerdo, de aquel gran "El Amparo", de Carmen Guasp, una noche en la que el excelente sumiller que era Luis Miguel Martín pasó a nuestro lado con la cara literalmente demudada y una botella en la mano. Había confianza, así que le preguntamos qué había pasado. Nos enseñó la botella. No recuerdo, tantos años después, si era un Latour o un Lafite, pero era uno de esos dos ilustrísimos Burdeos. Hizo un gesto hacia la mesa de la que venía: "dicen que está malo", lamentó.

Eran dos personas las que ocupaban la mesa "exigente": uno de aquellos ejecutivos treintañero que llamábamos "agresivos" y una joven que no desentonaría hoy en ningún programa de cierta TV generalista. Estaba bastante claro: el caballero quería impresionar a la suripanta, y devolver un gran vino le pareció un sistema convincente. ¡Ah! El vino nos lo bebimos nosotros, y estaba impecable.

Hoy suele haber pocos motivos para rechazar una botella. Generalizando y evitando entrar en temas para especialistas, tipo TCA o brettanomyces, hongo que puede ser tan beneficioso en una cerveza -lo tiene la 'Guinness', por ejemplo- como dañino para el vino y la bodega, a la que puede causar un serio quebranto económico -Vega Sicilia y Riscal saben algo de esto-, la causa más frecuente de devolución es que el vino esté "acorchado", es decir, que algún problema del corcho haya pasado al vino. No queda otra solución: eso no se puede beber.

Ya es bastante raro que aparezca en la mesa una botella con el vino oxidado, o con defectos de conservación... aunque a veces pasa. Pero rechazar una botella, aunque no sea un trago agradable, no es un drama. Lo hace uno educadamente, la recoge el otro en el mismo plan, y santas pascuas; lo normal será que el propio bodeguero reponga esa botella.

De ahí mi asombro cuando, hace unos días, comiendo en un gran restaurante madrileño, la responsable de la sala, de cuya palabra no tengo la menor duda, me comentaba lo que le había sucedido en un establecimiento hostelero, lejos de Madrid, que goza de cierta fama. Cuando pidió la carta de vinos, observó con estupor que una nota advertía de que el propietario no se hacía responsable del estado de los vinos cuyo precio fuese superior a los 60 euros la botella. Vamos, que si el cliente le devolvía la botella porque el vino no estaba bueno, se la cobraba igual. Razonamiento: el que pide un vino de 60 euros es un caprichoso y, además, tiene dinero, así que... que lo pague.

Mi informadora me comentó, además, que muchos de esos vinos estaban en la propia sala, en diversos anaqueles, expuestos a la luz y el calor de los focos... O sea: que, en un elevadísimo porcentaje de probabilidades, el problema que pudiera presentar alguno de esos vinos de gama alta sería exclusiva responsabilidad del propietario del restaurante. Que lo sabe, y sabe que la bodega no va a hacerse responsable de esas botellas en mal estado, porque no es culpa suya, sino del restaurante.

En consecuencia, y como la pela es la pela, y él no va a pagar ese vino ya abierto, que sea el "rico caprichoso" de turno quien lo haga. Si esto no merece el adjetivo de "impresentable", no sé para qué reservarlo. Aunque, bien mirado, el cliente se lo habría ganado casi a pulso; una, por pedir un vino de ese precio en una pizzería, por muy "acrobáticas" que sean sus pizzas; y dos, sobre todo, por osar meterse en berenjenales con el vino en un local en el que el vino está a la vista.

Si el comedor, o la barra, están en las condiciones perfectas para el bienestar del ser humano, distarán mucho de estarlo en las requeridas para la correcta conservación del vino. En locales así no se puede pedir un buen vino: no hay la menor garantía de que esté en condiciones. En los establecimientos que cuidan el vino, éste no se ve hasta que se lo traen a uno a la mesa.

Esto aparte, usted no está obligado a pagar esas botellas, se ponga como se ponga el patrón, que sabe que si el vino está malo es por su culpa. Ya puede llamar a la Guardia Civil o a los gendarmes: el género servido no es el anunciado, está deteriorado, y punto: que se lo beba el propietario, si tiene paladar de corcho y nariz castrada, y afronte el gasto, que no es más que el castigo a su desprecio por el vino.

Pero vamos, hacer que lo pague el cliente... hasta ahí podríamos llegar. Algunos no se han enterado todavía de que el cliente es más, bastante más, que el "pagano" a quien se puede esquilmar impunemente. Y ya va siendo hora de que lo sepan.

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Lunes, a 31 de Enero de 2011

Por Verónica, Jalisco (México)

Quiero compartir con todos vosotros uno de los máximos emblemas que representan a México ante el mundo, tanto como la música del mariachi. Me estoy refiriendo a la imprescindible bebida nacional: el tequila, la bebida que siempre acompaña nuestras fiestas y rondas.

La información que leeréis a continuación la conseguí gracias al apoyo de la Academia Mexicana del Tequila A.C., organismo que tiene entre sus principales objetivos, difundir la cultura del tequila.

Adicionalmente, como mexicana nacida justamente en una población de la zona de Los Altos de Jalisco, en donde el paisaje agavero es parte del mismo pueblo, he disfrutado de buenas charlas, de malos y buenos momentos, e incluso ‘curé’ algún resfriado, siempre con un buen trago de tequila en la mano.

Así que les digo: ¡salud!... y disfruten tanto como yo de la información que les comparto a continuación, y si es en compañía de un buen tequila en la mano, mejor que mejor.

 

Tequila

Población de origen pre-hispánico ubicada a 56 kilómetros al noroeste de la ciudad de Guadalajara. Actualmente cuenta con 30.000 habitantes. El cerro de Tequila, o de la Tetilla, tiene una altura de 3.000 metros sobre el nivel del mar y es un volcán extinto.

Tequila es un municipio y un poblado del estado de Jalisco, en México. El nombre de Tequila proviene de la palabra náhuatl Tecuilan o Tequillan,Cristis que quiere decir lugar de tributos. Es un "pueblo mágico". Tequila es conocido por darle su nombre al Tequila, al ser uno de los territorios donde éste se produce.

Sus primitivos pobladores fueron chichimecas, otomíes, toltecas y nahuatlacas. El poblado estuvo en un principio asentado en un lugar que se llamó Teochichán o Techinchán: lugar del dios todopoderoso o donde abundan los lazos y trampas.

El municipio de Tequila está situado en diferentes relieves, tiene pocas tierras planas, a excepción de algunos pequeños valles, su orografía es muy irregular. A las orillas del río Santiago y Chico hay 700 metros sobre el nivel del mar; al sur del municipio se registran hasta 2.900 metros (cerro de Tequila); en la parte norte las alturas son de 1.700 y 1.800 metros, pero al este en la Sierra de Balcones hay alturas de 2.300 metros.

Tequila posee un clima subtropical semiárido, con inviernos y primaveras secos y templados. La temperatura media es de 23,2 grados Celsius, con una media de precipitación de 1.073,1 milímetros. Las lluvias ocurren habitualmente entre los meses de junio y octubre.

 

Su historia

Cuando los Mexicas tuvieron su primer encuentro con las mieles del agave, nunca imaginaron la dimensión que habrían de alcanzar bajo el nombre de tequila. Desde entonces, esta mítica bebida ha estado presente en los grandes momentos de los mexicanos. Hoy en día su fama ha trascendido las fronteras, posicionándose como la bebida de gran reconocimiento a nivel mundial.

Esta situación de alguna manera hizo vulnerable al tequila, ya que surgieron seudotequilas que, a la sombra de tan noble bebida, intentaron sacar ventaja ofreciendo productos que nada tenían que ver con la naturaleza del tequila.

La reacción de los genuinos productores, desembocó en que el Mercomún Europeo reconociera la Denominación de Origen de esta bebida; para protegerla y salvaguardar esta denominación, se creo en México el Consejo Regulador del Tequila.

Mientras un segmento de la población mexicana consideró al tequila como un producto de baja estima, hubo quien siempre lo defendió, partiendo de la base de su fuerte identificación con el México tradicional y auténtico.

 

Su origen

Mayáhuel es el símbolo de la fecundidad de la tierra. Al ser convertida en maguey brindó a los hombres (Mexicas) los dones necesarios para sobrevivir. También es madre de los cuatrocientos conejos Centzon Totochtin, los cuatrocientos o innumerables Dioses de la embriaguez. La Diosa tenía cuatrocientos pechos para alimentar a sus hijos. Mayáhuel, posiblemente deriva de Mayahual, centro del maguey cercado por las pencas entrelazadas, y se refiere a todos los brazos que florecen para el mismo pueblo.

Se dice que una tormenta se abatió sobre un campo de agaves y varios rayos cayeron sobre las plantas, cociendo el corazón de las mismas, lo que provocó que por el cocimiento de los almidones, se convirtieran en una forma de miel. Los indígenas se encontraron con este fenómeno y habiendo probado lo consideraron como una dádiva divina de Mayáhuel , por lo que a partir de ese momento le rindieron culto, ya que la utilizaban en su ritos ceremoniales.

 

Un poco de cronología

Siglo XVI: Motolinía describe el cocimiento del mezcal (corazón del maguey) "mexcalli". El vino mezcal es uno de los primeros productos que la técnica europea supo obtener de un elemento natural americano.

1600: radica en Tequila (Jalisco, México) Pedro de Tagle, Marqués de Altamira y Caballero de la Orden de Calatrava, estableciendo la primera taberna de vino mezcal en toda Nueva Galicia (versión no confirmada).

1621: en la descripción de la Nueva Galicia de Domingo Lázaro de Arregui, se mencionan corazones de agave asados que eran exprimidos "para sacar un mosto pasado por la alquitarra, obteniendo un vino más claro que el agua, pero fuerte como el aguardiente". José Antonio de Cuervo compra la Hacienda de la Cofradía de las Animas, rica en siembra de agave.

1795: José Guadalupe Cuervo, hijo de José Antonio, recibe del Rey Carlos IV de España la primera concesión oficial para comercializar el vino mezcal. María Magdalena Ignacia Cuervo, hija de José Guadalupe, hereda la taberna o fábrica de vino mezcal y se casa con Vicente Albino Rojas, quien administra la fábrica y posteriormente la hereda a la muerte de María Magdalena. De acuerdo a la costumbre de la época, Vicente Albino bautiza a la destilería con el nombre de "La Rojeña".

1860: Jesús Flores, propietario de las tabernas La Floreña y La del Puente (después La Constancia), adquiere La Rojeña, siendo el primero en envasar el tequila en frascos y garrafones de vidrio.

1870: se funda en Amatitán La Herradura, casa de una de las marcas más reconocidas, la del Tequila Herradura.

1888: cambia de nombre la taberna de La Antigua Cruz y se denomina La Perseverancia, nombre que prevalece hasta nuestros días.

Finales del Siglo XIX y principios del Siglo XX: el tequila se enfrenta a una decadencia, ya que la población elitista prefería todo lo francés. El tequila era una bebida para el "populacho".

1911: Porfirio Díaz es derrocado. La consumación de la Revolución provoca que los mexicanos sean más nacionalistas y vuelven los ojos al tequila. El gobierno alienta la producción de tequila. El cine impulsa el conocimiento y difusión de la bebida, que llegó a ser la más popular de México.

1930: una epidemia de gripe, de la cepa llamada “española”, azota el norte del país y el tequila se convierte en la mejor medicina para combatirla (se dice que de ahí nace la costumbre de beber tequila con limón y sal, pues tal era la receta de los médicos de aquel tiempo). Buscando evitar el difícil manejo de los envios desde Tequila (Jalisco, México) en incómodas barricas, en la ciudad de Monterrey se fabrican prácticas botellas cilíndricas de medio litro, estableciéndose así el embotellado del tequila. El auge petrolero propició un considerable incremento en las ventas y consumo de tequila en la década de los 30's.

1940: A causa de la segunda guerra mundial, el tequila aumenta su exportación a los Estados Unidos de América, cuyos pobladores lo consumen en lugar de güisqui. Con el armisticio fue necesario realizar un gran esfuerzo para sostener la exportación e incluso incrementarla, buscando el consumo en Europa y Sudamérica.

El agave

Contra lo que algunas personas creen, el agave no es un cactus: el agave es una planta que pertenece a la familia de las amarilidáceas, es de hojas largas, fibrosas de forma lanceolada, de color verde azulado, cuya parte aprovechable para la elaboración del tequila es la piña o cabeza.

El agave se ha aprovechado entre otras cosas en:

  • Como papel
  • Vallas para guardar las heredades
  • Las hojas o pencas como tejas en techumbres
  • Tallos o quiotes como vigas
  • Las fibras de las hojas en hilaturas para tejidos
  • Puntas de las pencas como: Clavos, punzones, agujas
  • Zumo o licor del cual se hace vino, vinagre, miel, azúcar

Maguey es una palabra que proviene de las Antillas. En nuestra región y en diferentes culturas se le reconoció con varios nombres:

- Metl en Náhuatl

- Tocamba en Purépecha

- Guada en Otomí

No obstante que el maguey no es sólo de México, en ningún otro lugar del mundo es tan identificado con la cultura, el paisaje y el pueblo como en nuestro país.

Para la cultura Náhuatl, el maguey era una creación divina que representaba a Mayahuel, una diosa que tenía cuatrocientos pechos con los cuales alimentaba a sus cuatrocientos hijos. Mayahuel estaba casada con Petácatl, quien representaba a ciertas plantas que ayudaban a la fermentación del pulque, haciendo que la bebida adquiriera poderes mágicos. Los habitantes de aquella época consideraban que el maguey era una planta de nutrimento principal.

El agave en la prehispanidad era considerada una planta sagrada. Sus registros más antiguos datan de algunos códices prehispánicos como el Tonalmatl Náhuatl que significa "Tira de peregrinación Azteca", que narra la historia del pueblo de México.

Según los códices Nutall, Laud, Florentino y Mendocino, las tribus indígenas hallaron diferentes usos para el agave y sus subproductos, por ejemplo: alimentos, hilos, agujas para coser, calzado, techos para casas, ropa, clavos, punzones, armas de guerra, papel, entre otros objetos. Los méxicas aprendieron a cocer las piñas del agave.

Ya en los tiempos de la conquista, en los estados de Jalisco, Colima, Nayarit y Aguascalientes, los indios ticuila o tiquilinos elaboraban un aguardiente de la planta del agave, mismo que bebían en fiestas y ceremonias religiosas. Cuando los españoles lo probaron, fueron conquistados por Mayahuel y adquirieron la costumbre de beberlo en la punta de un cuerno de vaca.

La planta del agave azul embellece el paisaje mexicano con sus hojas puntiagudas. En distintos lugares de México se obtienen diferentes bebidas aguardentosas que reciben el nombre genérico de mezcal y toman el apellido de la población donde nacen. El más famoso de todos el es mezcal de Tequila.

Existen varias especies de agave, cuyo jugo puede ser fermentado y destilado para la producción de bebidas alcohólicas, sin embargo, sólo el agave tequilana Weber en su variedad azul es el único autorizado para la elaboración de tequila. La planta del agave tequilana Weber variedad azul, goza de ciertas características que la hacen diferente de otros agaves, ya que es una planta carnosa en forma de roseta, fibrosa, de color azul o verde grisáceo originado por una alto contenido de ceras que impiden que la planta pierda agua. Sus hojas son rígidas, con espinas marginales y apicales; almacena inulina en el tallo y es productora de fructuosa.

El cultivo de esta planta requiere de la combinación de numerosos factores como:

- La altitud, preferentemente a 1.500 metros sobre el nivel del mar

Las condiciones de la tierra, favorablemente suelo volcánico, arcilloso, permeable y abundante en elementos derivados del basalto y riqueza en hierro

- Pluviosidad, cerca de un metro anual

- Temperatura constante de clima semiseco que oscile entre los 20º

- Importante la exposición al sol, ya que se considera favorable que existan nublados entre 65 y 100 días del año

Sólo una región de aproximadamente 209 km2 en el estado de Jalisco reúne las mejores condiciones, para mejor reproducción del agave azul tequilana Weber: la famosa región de Tequila.

La planta del agave azul embellece el paisaje mexicano con sus hojas puntiagudas. Recientemente, la UNESCO ha designado patrimonio de la humanidad al paisaje agavero mexicano.

 

El Jimador

Después de que el agave ha llegado a su plena madurez (7 u 8 años), se lleva a cabo la cosecha y durante esta se realiza la jima, ya que en la elaboración del tequila se utiliza únicamente la parte central (corazón, piña o cabeza) de la planta, donde se concentran los almidones que se convertirán en azúcares después del cocimiento.

En la jima se utiliza la herramienta llamada coa, que consiste en una barreta con la punta semicircular sumamente filosa, para cortar y eliminar las hojas del agave quedando sólo la médula, misma que es separada de la tierra eliminando la raíz hasta dejar la piña. Dependiendo de la edad, del del tipo de agave y de la forma del corte, la piña llega a pesar cien o más kilos. La persona que realiza este proceso es llamado jimador.

 

Maduración

Una vez destilado, el producto final se concentra en tinas de paso en donde se diluye para pasarlo a los pipones o barricas donde se añejará dependiendo del tequila que se desee obtener. En la maduración de tequilas, la última etapa se realiza en barricas o pipones de roble o encino blanco, maderas que confieren al producto final aromas, colores y sabores muy peculiares, los cuales dependen de diversos factores como la edad, grosor de la duela, graduación alcohólica y condiciones de reposo o añejamiento. Son muy importantes las condiciones de humedad y ventilación, ya que el proceso de envejecimiento se llevan a cabo reacciones oxidativas. Por último, antes de embotellar es necesario eliminar algunos sólidos conferidos por la madera, esto se realiza a través de filtración con celulosa o carbón activado.

Maduración del tequila

Transformación lenta que le permite adquirir al producto las características organolépticas deseadas, por procesos fisicoquímicos que en la forma natural tienen lugar durante su permanencia en recipientes de madera de roble o encino.

Tipos de tequilas

Básicamente, se conocer cinco tipos de tequilas: Tequila (el habitual), Tequila Blanco, Tequila Joven u Oro, Tequila Reposado y Tequila Añejo.

Tequila: Bebida alcohólica regional obtenida por destilación y rectificación de mostos, preparados directa y originalmente del material extraído, dentro de las instalaciones de la fábrica, derivado de la molienda de las cabezas maduras de agave, previa o posteriormente hidrolizadas o cocidas, y sometidos a fermentación alcohólica con levaduras, cultivadas o no, siendo susceptible de ser enriquecido por otros azúcares hasta en una proporción no mayor al 49%, en la inteligencia de que no están permitidas las mezclas en frío. El tequila es un líquido que, de acuerdo a su tipo, es incoloro o amarillento cuando es madurado en recipientes de madera de roble o encino, o cuando se aboque sin madurarlo. Cuando en esta NOM se hace referencia al término ‘Tequila’, se entiende que aplica a las dos categorías señaladas en capítulo señalado como clasificación, salvo que exista mención expresa al “Tequila 100% de agave” o “Tequila 100% puro de agave”.

Tequila blanco: Producto cuya graduación alcohólica comercial debe, en su caso, ajustarse con agua de dilución.

Tequila joven u oro: Producto susceptible de ser abocado, cuya graduación alcohólica comercial debe, en su caso, ajustarse con agua de dilución. El resultado de las mezclas de tequilas blancos con tequilas reposados y/o añejos, se consideran como tequilas jóvenes u oro.

Tequila reposado: Producto susceptible de ser abocado, que se deja por lo menos dos meses en recipientes de madera de roble o encino, cuya graduación alcohólica comercial debe, en su caso, ajustarse con agua de dilución. En mezclas de diferentes tequilas reposados, la edad para el tequila resultante es el promedio ponderado de las edades y volúmenes de sus componentes.

Tequila añejo: Producto susceptible de ser abocado, sujeto a un proceso de maduración de por lo menos un año en recipientes de madera de roble o encino, cuya capacidad máxima sea de 600 litros, y con una graduación alcohólica comercial que debe, en su caso, ajustarse con agua de dilución. En mezclas de diferentes tequila añejos, la edad para el tequila resultante es el promedio ponderado de las edades y volúmenes de sus componentes.

 

Información tomada de consejas populares y otras fuentes

El Caballito. Es el nombre que se le daba al vaso tequilero, que actualmente es de vidrio, en forma cilíndrica con cierta angulación que hace que a la boca sea más ancha. El origen de llamar "caballito" a este vaso, se remonta a la época de los hacendados que tenían posesión de tierras agaveras y acostumbraban salir a caballo a supervisar los trabajos del campo. Generalmente llevaban consigo dos "guajes", en uno agua y en el otro tequila. También tenían la costumbre de llevar colgado al cuello, un cuerno de bovino recortado y ahuecado, que utilizaban para beber el tequila a la usanza de entonces, esto es, de un solo golpe. Cuando se les preguntaba la razón de llevar el cuerno colgado, contestaban: "Es p'al tequila en el caballito"

Tequila, sal y limón. Esta costumbre fue adoptada por los amantes del tequila casi desde sus inicios, y según los enterados tenía una razón de ser: el proceso más artesanal para obtener el aguardiente de las mieles del agave, que se obtenía a principios de los 1800's, era sumamente fuerte en alcohol y congéneres de la destilación, por lo que al ponerlo en la boca resultaba muy agresivo; para hacerlo más "abocado", se recurría a dos elementos auxiliares: la sal y el limón. En efecto, cuando colocaban la "pizca" de sal dentro de la boca, ésta producía una mayor salivación que contribuía a disminuir el impacto quemante de la bebida. Al pasarlo por la garganta, e inmediatamente chupar el limón, éste jugo cítrico aliviaba el escozor que se sentía en la garganta. En los años 30's (1900), hubo una terrible epidemia de influenza en el norte del país y más sensiblemente en el estado de Nuevo León y ciudad de Monterrey. Gracias a que un famoso médico de Monterrey tenía la sana costumbre de tomar su tequila con limón y sal antes de los alimentos del mediodía, aparentemente resistió el ataque de la epidemia y lo atribuyó a su costumbre de beber su tequila, por lo que "recetaba" a sus pacientes esta medicina, teniendo como resultado una rápida disminución de enfermos en su comunidad.

La Sangrita. Este popular acompañante del Tequila tuvo su origen en Chapala, Jalisco. Hace cerca de 60 años, Edmundo Sánchez era propietario de un restaurante en el área turística de Chapala. Además de que junto con su esposa eran conocidos por servir ricos antojitos, también lo eran porque don "Mundo", como le llamaban sus allegados, servía un tequila que él mismo preparaba a la usanza de los pequeños hornos de piedra. Como ese tequila era de preparación rudimentariamente artesanal, era fuerte y tufoso, por lo que la señora Sánchez solía poner en la mesa rebanadas de frescas naranjas, sal y chile rojo en polvo, mismas que eran usadas como acompañantes del tequila por el don “Mundo”, sus invitados y comensales, para contrarrestar los efectos quemantes del alcohol. Fue tal el éxito y aceptación de este concepto, que visionariamente el señor Sánchez pidió a su esposa que en lugar de poner las rebanadas de naranja en un platón, mejor les exprimiera el jugo en una jarra y les agregara la sal y el chile en polvo, adquiriendo la bebida un apetecible color rojizo, que posteriormente le valió el título de Sangrita. Hoy en día la sangrita que se sirve en la mayoría de los restaurantes, dista mucho de ser esa sangrita, orgullo de la señora viuda de Sánchez, quien a la muerte de don “Mundo”, y apoyada por su hijo del mismo nombre, industrializaron tan popular y tradicional bebida. Esa "otra" sangrita es elaborada con la creatividad de cada bartender a base de tomate, picante y limón. Y bien, como dicen por ahí que "en gustos se rompen géneros", la Sangrita sigue siendo una buena acompañante del Tequila, y se pueden degustar aquellas que con un buen balance de sus ingredientes, las hacen apetecibles y disfrutables. Buen provecho.

 

Propiedades del tequila (consejas populares)

Frases que aparecían en un pequeño folleto de una impresora de la ciudad de Guadalajara

Quita la angustia

Hace olvidar

Afloja el calcetín

Lima asperezas

Acerca amigos

Se te olvida el hambre

Causa rubores

Afina tu voz

Fomenta relaciones románticas

Hace compadres

Cierra tratos

Aligera los caminos

Festeja la compañía

Aumenta la alegría

Cura la tristeza

Mejora la digestión

Extingue la culpa

Suelta la lengua

Aleja de la oficina

Arregla corazones rotos

Sirve de aperitivo

Apresura desenlaces

Elimina la timidez

Levanta tu ánimo

Te da calor

Liga comadres

Abre puertas

Acorta las esperas

Mata las lombrices

Por eso y más… ¡SALUD!

 

El tequila y las canciones

Definitivamente el cine mexicano, en su llamada "época de oro", fue un gran promotor de nuestro muy mexicano tequila. En efecto, aquellos que ya escuchamos más de cerca los aletazos de los zopilotes, recordamos tantas y tantas escenas donde personajes de la talla de Jorge Negrete, Pedro Infante, Pedro Armendariz, los hermanos Soler y tantos más, celebraban los triunfos y lloraban los fracasos abrazados a una botella de tequila mientras escuchaban la música del mariachi.

De ahí, también los grandes compositores vernáculos volcaron su inspiración para celebrar los efectos del tequila, en muchas de sus canciones. Aquí recordamos algunas frases de dichas canciones:

"Me llaman la tequilera como si fuera de pila, porque a mi me bautizaron con un trago de tequila..."

"Que bonito, que bonito, es llegar a un merendero y beber en un jarrito un tequila con limón..."

"Estoy en el rincón de una cantina, oyendo una canción que yo pedí, me están sirviendo ahorita mi tequila, ya va mi pensamiento rumbo a ti..."

"Quise hallar el olvido, al estilo Jalisco, pero aquellos mariachis y aquel tequila, me hicieron llorar..."

"De Cocula es el mariachi, de Tecalitlán los sones, de San Pedro su cantar, de Tequila su mezcal..."

 

La leyenda de la "Margarita"

A modo de introducción, podemos afirmar que el coctel Margarita auténtico contiene tres ingredientes básicos, como son: Tequila, Triple Sec ó Cointreau (no Controy) y jugo fresco de limón. Agite estos tres ingredientes juntos con hielo y estará bebiendo la misma Margarita que la elite de Hollywood bebía en los 50’s en Beverly Hills (California, USA) en el Restaurante Tail O' the Cock. Sin embargo, aparte de los ingredientes y las instrucciones, la verdadera historia de la Margarita sigue siendo una incógnita. He aquí algunas de las leyendas favoritas sobre su origen:

Acapulco, México - 1948. Margarita Sames ofrecía una fiesta en su hacienda, al lado de un acantilado en Acapulco. Entre sus invitados figuraba Nicky Hilton, heredero de los Hoteles Hilton. Buscando algo para alegrar la fiesta en ese día caluroso, Margarita se puso a experimentar en el bar y se le ocurrió aligerar la fuerza del Tequila, agregándole el triple sec y jugo de limón fresco en una coctelera con hielo y sirviéndola en copas cocteleras escarchadas con sal. ¿Nacimiento de la Margarita ó ardid publicitario? Esta leyenda se presentó en 1991 dentro de una revista de agencias publicitarias para la empresa que representaba a Cointreau.

Ciudad Juárez, México - 1942. Durante la celebración del 4 de julio una clienta pidió a Pancho Morales, cantinero de Tommy´s Place, que le preparara una "Magnolia". Morales había oído sobre la bebida, sabía que llevaba algo de Cointreau y decidió agregarle algo de su Tequila favorito. Ese día debió haber estado pensando en flores, confundiendo la Magnolia con una ¡Margarita!

Rosarito, México - 1938. Una corista de nombre Marjorie King, que frecuentaba el bar Rancho La Gloria y a quien le gustaba beber, era alérgica a todos los destilados, excepto al Tequila. Beberlo sin mezclar no era una idea divertida, así es que le preguntó al dueño, Danny Herrera, si podría inventar otra manera de servirlo. Herrera, improvisando, mezcló una media de Tequila Blanco con jugo de limón, hielo picado y triple sec, lo coronó con sal y lo llamó "Margarita" en honor de la corista.

Puebla, México – 1936. El gerente del Hotel Crespo, Danny Negrete, decidió crear una bebida para su novia, a quien le gustaba tanto la sal que la tomaba con todo lo que bebía. Un día, Danny escarchó con sal la arista de su copa, combinó Tequila, Cointreau y jugo de limón. Agitó el brebaje y luego le llenó la copa a su novia, con la primera Margarita jamás preparada.

Beverly Hills, California – años 50’s. Un distribuidor local de bebidas espirituosas estaba contento, pero un tanto sorprendido, al darse cuenta que estaba vendiendo caja tras caja de Tequila José Cuervo al legendario Restaurante Tail O' the Cock en Beverly Hills. Investigó y encontró que una bebida con base en Tequila llamada “Margarita”, se había convertido en la bebida de preferencia. ¡La leyenda dice que el cantinero de Tail O' the Cock, era amigo de Danny Herrera, el dueño de Rancho La Gloria en Tijuana!

Cualquiera que sea la leyenda que usted desee creer, la Margarita sigue siendo una de las bebidas más atrayentes, misteriosas y populares en el mundo.

Hoy en día, la creatividad de los bartenders y cantineros, se desborda y han hecho surgir otras opciones de la Margarita, cuya preparación incluye sabores como: Tamarindo (riquísima), Jamaica, Guanábana, Fresa y Plátano, entre otras.

¡Salud!

 


Academia Mexicana del Tequila, A.C.

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Domingo, a 30 de Enero de 2011

Por Alejandra Abad para elconfidencial.com, 29/01/2011

Buen hielo, buena tónica y un buen limón, muy verde. Y por supuesto, una buena ginebra. Estos son los ingredientes necesarios para preparar el gin-tonic perfecto, pero sin el ‘toque’ adecuado, no sale. La magia se encuentra en la proporción exacta de los líquidos. Ni mucho limón, ni demasiada ginebra.

Ése es precisamente uno de los errores más frecuentes, pasarse con el alcohol. Por eso en las mejores coctelerías optan por poner en el vaso ancho o en la copa de balón (nunca vaso de tubo) la cantidad justita de ginebra, tirando a poca, y luego dejar al cliente la botella para que, si así lo desea, aumente la dosis.

Yo creo que la cantidad de ginebra debe estar entre 4 y 7 cl., pero eso depende, por supuesto, del tipo de gin-tonic que se quiera hacer y de su graduación”, asegura David Ríos, uno de los barmans más solicitados de España.

Él fue el ganador del último concurso de gin-tonics, organizado por Schweppes y la asociación de barmans, en la modadlidad de “histórico”. Es decir, el de toda la vida. Y se alzó con la victoria tras mucho aromatizar, mucho enfriar copas, mucho probar proporciones, y tras enfrentarse a los 550 mejores del gremio.

¿Sus trucos? Para él es fundamental tanto la aromatización (con limón o lima) como la forma de servir la tónica.Tiene que ser suavemente, mucha gente la echa de golpe y estropea el resultado”, explica a Vanitatis desde ‘el bar’ de MadridFusion, la mayor feria gastronómica de España, que se ha celebrado esta semana en la capital.

Parece fácil, pero tiene su misterio. Ríos ha conseguido desvelarlo después de pasar horas detrás de barras como la del hotel Sheraton o el restaurante Mugaritz. Desde hace más de cinco años regenta su propio establecimiento en Barakaldo, el Café Kobuk, desde donde sigue entrenándose en el sutil arte de la coctelería.

En su opinión, cualquiera puede preparar un gin-tonic, no es una mezcla que tenga demasiada complicación, pero no mucha gente sabe conseguir un buen gin-tonic. Como para todo en la cocina, hay que tener mano.

Los nuevos gin-tonics

Últimamente este amargo combinado, relegado durante muchos años a los más ‘puretas’ de la barra, se ha puesto de moda. Y para bien o para mal eso significa que se hagan versiones de la receta clásica.

En MadridFusión se presentó, entre otras, la más descabellada y original: un gin-tonic ‘marino’, desarrollado por Ángel León, el "chef del mar", en conjunción con la ginebra Fifty Pounds, que incluye plancton en suspensión y saladas algas de la variedad salicornia. Y todo para conseguir que el cliente sienta que se encuentra frente al mar.

El Mediterráneo también ha inspirado otra ginebra de autor, la "Gin Mare", una bebida infusionada con oliva, romero, tomillo y albahaca con la que el mixólogo Víctor García de Haro ha diseñado un gin-tonic que contiene albahaca fresca cristalizada (además de un cóctel gastronómico sólido que incluye entre sus ingredientes un berberecho, aunque esa es otra historia...).

Estas son las propuestas más arriesgadas que han llegado para sorprender en la feria gastronómica, pero sin necesidad de ir tan lejos, los bares y coctelerías de moda apuestan cada vez más por versionar este clásico combinado.

Las posibilidades son casi infinitas, teniendo en cuenta la gran cantidad de ginebras y de tónicas diferentes que ofrece el mercado. La gracia está en combinarlas entre ellas y luego añadir algún toque original, como un pepino (lo más clásico dentro de los condimentos), granos de café, frambuesas o arándanos.

Pero conviene tomarse estas modas con precaución. Javier de las Muelas, experto en coctelería y propietario de bares míticos como el Gimlet y el Dry Martini, aseguraba en MadridFusión que "el riesgo está en que a veces se va a buscar más un huerto que un gin-tonic, empezamos a añadirle componentes botánicos, ramitas de nosequé, de olivo, de lo otro, y lo que hace falta es mucho sentido común y recrearnos con otras fórmulas, pero respetando el gin tonic”.

Si se quiere disfrutar de alguno de estos combinados, o de la versión más pura que defiende David Ríos, puede acudir a los lugares santos’ del gin-tonic. Son muchos, pero destacan por encima de la media el Mercado de la Reina, la Casa del Pez, el Gintonize Gin Club y el Premium Bar en Madrid; el Xix Bar o el Ideal Cocktail Bar en la ciudad condal;  el London Gin Tonic Club en Sevilla y, por supuesto, el café Kobuk en Bilbao.

 

Categorías:
Martes, a 4 de Enero de 2011



Bodega:

Château Guiraud

Nombre del vino:

Château Guiraud 2003

Cosecha:

2003

Variedad de uva:

Sauvignon Blanc 35%, Semillon 65%

Región de producción o D.O.:

 Sauternes

País:

Francia

Tipo:

Vino dulce y generoso

Hay un producto de la gastronomía que me entusiasma: el “foie gras” fresco (en español, hígado graso) de las Landas, Périgord, Mediodía-Pirineos o Alsacia, en Francia, o alguno de los magníficos que se elaboran en Navarra o Aragón, en España.

Me gusta en todas sus preparaciones, ya sea pasado ligeramente por la plancha y acompañado de una salsa al vino de Málaga o en chalota confitada al Pedro Ximénez, en ensalada con vinagre de Módena y frutos rojos, frío al Oporto, en terrina a la brasa o como lo tomé la semana pasada en una receta original de Ferrán Adriá titulada “Foie-Gras con sorbet de mango y reducción de vinagre de Cabernet Sauvignon”. En todos los casos, siempre, siempre, en compañía de un Sauternes.

El vino del que os hablo hoy, el Chateau Guiraud 2003, es uno de los mejores vinos de la zona Graves-Sauternes, en Burdeos (Francia), zona vinícola famosa por producir vinos dulces, afrutados, de fuerte sabor y persistencia.

Considerados como blancos muy finos, los sauternes deben tener como mínimo un 50/55% de uvas Semillón, una variedad utilizada en la producción de caldos de calidad por su gran riqueza en azucares. El rendimiento de las plantaciones de Semillón no es muy elevado, lo que encarece sus elaborados: en todo el mundo se cultivan sólo 60.000 hectáreas. En el caso del vino de hoy, el Chateau Guiraud 2003, el porcentaje utilizado es del 65%.

El 35% restante corresponde a la variedad de uva Sauvignon Blanc, la principal uva blanca de las zonas de Burdeos y Valle del Loira.

Para esta modalidad de vino, la uva tiene que padecer una podredumbre noble indispensable en los vinos licorosos. Esta podredumbre se debe a la aparición, a las primeras horas de la mañana del otoño francés, de las nieblas del río Ciron que provoca la humedad necesaria en la uva, para que el calor posterior del día permita desarrollar la bacteria (Botyris Cinerea), bacteria que es, a la postre, la que provoca la concentración de los elementos nobles y el azúcar de las uvas.

Estos vinos se fermentan en barricas de roble, con una crianza de unos 24 meses. Su forma de elaboración y maduración, y el tipo de uva utilizado permiten que la vida de una botella sea muy prolongada, de hasta 40 o 45 años después de sus salida de bodega.

El Chateau Guiraud 2003 tiene un marcado color amarillo dorado con tonos oro, de potentísimos aromas a mieles y flores. Su principal característica, la que más me gusta y mejor marida con el foie gras, es su intensísimo postgusto, profundo, pero que no le quita al vino su sedosidad y frescura.

Este vino debe tomarse a una temperatura media de 9 grados, y es, como dije al principio, el mejor y más completo acompañamiento de un buen foie gras.

Precio: 60€

Valoración calidad/precio: 9,5 / 10

Alfredo Webmaster

 

Categorías:
Domingo, a 2 de Enero de 2011

Por M. Matute para elconfidencial.com, 31/12/2010

Bien frío. Casi helado. Así se sirve el gin tonic. Pero cuidado con la mezcla, ginebra y tónica pueden llegar a ser dos personalidades arrebatadoras, y el encuentro explosivo. El 'boom' de esta bebida decimonónica tiene revolucionados los templos de la coctelería. Aquí y fuera de España. Hace una década todo era más fácil. La ginebra tenía el corazón de enebro y la tónica sólo se mezclaba con media docena de destilados. Hoy la promiscuidad es absoluta. En el panorama coctelero internacional han irrumpido la friolera de 300 marcas de ginebra y el cliente quiere probarlas todas. Cada día, una; cada copa, otra más ¿Hay gin tonic que lo resista?

Nadie sabe cuando estallará esta burbuja alcohólica. Mientras tanto, muchos destiladores hacen dinero fácil al calor de esta moda pasajera. Se vende y se consume de forma anárquica, como sostiene Gerard Acereda, gerente de la coctelería que Javier de las Muelas acaba de inaugurar en Madrid. Casi nadie repite título. Nunca, durante la misma noche.Y la forma seduce más que el fondo. La clave es el diseño.Y los fabricantes lo saben. Siempre dando un barniz literario a cada botella para demostrar que tomar una u otra ginebra es un acto de distinción. Y no solamente para los hombres.   

Las mujeres han traspasado, por fin, el templo y disfrutan como ellos de los combinados más sugerentes. Tanto es así que ya hay club Dry Martini femeninos y ginebras para chicas, más dulces y con aromas de fantasía. Brogkmans, G´Vine, Saffron Gin o Gin Mare, son algunas de ellas.

Otros destiladores apuestan por los aromas americanos. Son alcoholes mucho más secos, como el vodka, que no te delatan cuando has bebido. Es el envite de Fifty Pounds, Hendrick´s o Bulldog.

Los cóctel bar, viejos santuarios que reunían amores, conversaciones y sabores, parece confusos ante tanto mercantilismo, y sólo desea volver a los orígenes: una barra, un combinado perfecto y un barman que guarda los secretos.

Ya lo decía el maestro José María Gotarda, padre. "El barman, si sabe hacer cócteles, mucho mejor". Y lo repetía a menudo, él que había trabajado en el Harry´s New York Bar de París y que durante muchísimos años fue el alma mater del Ideal, catedral del cóctel en Barcelona. Sabía lo que decía.

Las mejores ginebras

Bombay Sapphire - La verdadera belleza de la Bombay Sapphire, destilada según una receta de 1761, está en su sabor, que en boca es excepcionalmente suave. Sus botánicos: enebro, almendras, granos del paraíso, ralladura de limón, regaliz, raíz de orris, angélica, cilantro, bayas de cassia y cubeba, están muy bien equilibrados, lo que la convierte en un destilado ideal para combinar con cualquier cóctel.

Tanqueray nº Ten - Es la ginebra premium de la marca británica Tanqueray, fundada por Charles Tanqueray en 1830, y lanzada al mercado en el año 2000. Se elabora combinando naranjas, limas, pomelos, enebrinas y cuatro destilaciones distintas. En la última destilación, se alambican el licor neutro y los cítricos con flores de camomila. Fruto de dicha combinación surge su suavidad y frescura, logrando un sabor muy equilibrado y fresco. 

Beefeater Crown Jewel - La receta de esta Joya de la Corona se guarda bajo siete llaves. Raíces y plantas son elegidas cuidadosamente y recolectadas a mano para ser después empapadas en el alcohol puro de grano durante un día y una noche antes de que comience la triple destilación. Este proceso concede a Crown Jewel un aroma delicado de frutas cítricas y un sabor complejo con un final excepcionalmente seco, limpio. 

Blackwood´s - Está elaborada en la factoría del mismo nombre que se encuentra en la región escocesa de Shetland y se destila en el mismo alambique que el güisqui de la casa. Todos sus ingredientes, entre los que encontramos, angélica, canela, piel de cítricos, bayas de enebro, regaliz, nuez moscada, violetas, menta, cúrcuma, cilantro y ulmaria, se cosechan artesanalmente en la misma región de Shetland, a partir de un programa de agricultura sostenible diseñado por el prestigioso Orkney Agronomy College. Además de la ginebra Blackwood´s 40%, la destilería de Shetland ofrece la exclusiva ginebra Blackwood´s 60% elaborada con hierbas autóctonas de la región recogidas a mano con un destilado de cebada como base, en una edición limitada a 22.500 botellas anuales.

Ginebra Nº 209 - Esta destilería se estableció en Santa Helena (California) en 1882. Fue la destilería 209 en el registro en los Estados Unidos, de ahí su nombre. La ginebra tiene notas de enebro, cilantro, limón, canela, bergamota y naranja. Hierbas, frutas y raíces maduran en el alambique de cobre durante la noche. La Nº 209 es destilada cinco veces, para finalmente usar solo el corazón del preciado líquido.

Ginebra Nº 3 - Recibe su nombre de sus tres elementos, pues esta ginebra está hecha con tres frutas (enebro, naranja y pomelo) y tres especias (raíz de angélica, vainas de cardamomo y semillas de cilantro), y también como homenaje al Berry Bross, en St James Street nº3 desde el año 1698. Establecimiento de visita obligada para los amantes del buen vino, ha contado siempre con una selecta clientela, como Lord Byron o el Aga Khan. Nº3 es una dry gin tradicional, es decir, lleva enebro en su corazón y es una creación del prestigioso maestro David Clutton.

 

Bombay Sapphire


Tanqueray nº Ten

 

Beefeater Crown Jewel

Blackwood´s

Ginebra Nº 209

Ginebra Nº 3

 

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Miércoles, a 15 de Diciembre de 2010

Por Caius Apicius para vanitatis.com / Efe, 14/12/2010

Cuando uno va cumpliendo años, por supuesto sin achaques, como diría el entrañable Mr. Chips de la deliciosa novela de James Hilton, va dándose cuenta de cómo han ido cambiando las cosas a su alrededor. Menos mal que, en la mayoría de los casos, los cambios se han producido para mejor. Y, a veces, tanto que cuando uno recuerda cómo eran esas cosas hace algunas décadas le parece imposible.

Cuando hoy hablamos de Galicia, la gente que lleva toda su vida viajando allí suele comentar algunos de esos cambios. Las carreteras, por ejemplo. Hoy, en Galicia, las distancias entre ciudades se expresan en kilómetros; hace treinta años se recurría a la medición en tiempo. Nadie decía cuántos kilómetros de carretera había entre Santiago y La Coruña, sino cuánto se tardaba en el viaje: los kilómetros, en Galicia, solían ser de una curiosa elasticidad.

Y en seguida sale otro cambio espectacular: el de los vinos. Quién nos iba a decir allá por los años sesenta que algunos vinos gallegos iban a estar considerados entre los mejores del planeta. Vamos, que se lo dicen a don Álvaro Cunqueiro, que se inventaba elogios a aquellos vinos de andar por casa, y ni siquiera él se lo cree.

Viene esto a cuento de que hace unos días, en el bonito Parador Nacional de Tui, sobre el Miño y con Portugal de telón de fondo, se celebró una Cata de Añadas, la tercera si la memoria no me falla, de vinos de las Rías Baixas. De albariños, por usar la terminología más extendida, aunque inexacta. Comparecieron en la mesa de cata hasta ochenta y una etiquetas, distribuidas en las añadas que van de 2004 a 2008.

Un albariño no sólo bebible, sino muy estimable, de una vendimia de hace seis años... Impensable no hace tanto tiempo, realidad espléndida ahora. Verán, hace no más de cuatro o cinco décadas del albariño no hablaba casi nadie. Tenía un verso de Ramón Cabanillas, cosa lógica porque el poeta era cambadés de nacimiento. Hablaban bien de él una serie de iluminados con el citado Cunqueiro y su amigo Castroviejo a la cabeza, lo apoyaba Manuel Fraga... Pero era más cuestión de fe y de cariño que de calidad.

Para empezar, lejos de la ría de Arosa, lejos de Cambados y el Salnés, los albariños eran unos ilustres desconocidos. En las tabernas gallegas se bebía mayormente ribeiro. En tazas de loza, a granel.

Iba uno a Cambados y le hablaban del vino de la tierra, del incógnito albariño. Lo llevaban a uno, a una taberna especialmente afamada por la calidad del vino, y a lo mejor tenía la suerte de probar un albariño estupendo. La pandilla se animaba, pedía que se abriese la botella de al lado -por supuesto sin etiqueta, salvo que se tratase de un Fefiñanes, que los paisanos consideraban una especie de intruso- y se encontraba con una pócima decepcionante. Los paisanos presumían, eso sí, del albariño "de su casa". Claro: lo hacían para ellos.

"Estos vinos no viajan", decían. Claro que no. Eran los únicos gallegos que no lo hacían. Pero por la sencilla razón de que esos vinos no estaban hechos ni para viajar ni para durar. Dejémonos de eufemismos: en general, estaban hechos de manera bastante deficiente... lo que no impedía que saliesen algunos muy considerables. Pero era más cuestión de suerte que de vitivinicultura.

Cunqueiro, Fraga, Castroviejo y algunos más empujaron lo suyo. Y apareció, en el paradisíaco valle de O Rosal, un hombre ya mayor, enamorado de su valle y de su vino, llamado Santiago Ruiz. Ahí empezó la historia de los Rías Baixas de hogaño. Ahí empezaron la vinificación cuidadosa, el acero inoxidable, la exigencia de calidad... De O Rosal se extendió esa forma de hacer vino al Salnés, cuna histórica del albariño, y al Condado, Miño arriba. Y nació un gran vino.

Que la gente seguía sin entender. "Es un vino del año", decían. El público rechazaba botellas de la cosecha inmediatamente anterior, exigía la última. Algunos visionarios, entre ellos el propio Ruiz, o quien esto firma, empezamos a fijarnos en cómo evolucionaban esos vinos... y vimos que eran buenos. Más gente lo fue viendo. Se buscaron vías, métodos de elaboración que dieran grandes vinos... y se ha logrado.

No se olvide nadie de que el mejor vino blanco es, sencillamente, el que más dura. Y hoy los Rías Baixas duran. No sólo duran: crecen, se hacen más grandes. Hombre, ya hay quien exagera y habla de vinos "de guarda". No tanto, no tanto: no estamos en Borgoña. Pero sí que se puede abrir, sin miedo, y en cualquier lugar del planeta, una botella de un Rías Baixas con tres o cinco años encima... y encontrarse con un vino importantísimo.

La cata tudense, ante expertos no sólo locales, sino de toda España, lo demostró una vez más... aunque la mayoría de nosotros ya lo sabíamos. Los Rías Baixas se han hecho grandes cuando han demostrado que querían serlo. Viticultores, enólogos, bodegueros, han hecho posible con su trabajo y su fe lo que nadie hubiera podido prever.

Cunqueiro no llegó a probar estos vinos. Le hubieran encantado. Y es que no es lo mismo decir de un vino "está muy rico" que "es un gran vino". De los albariños de hoy pueden decirse, sin mentir, ambas cosas.

 

Viernes, a 22 de Octubre de 2010

La música y el vino, por Paco Berciano, 04/06/2008

El título de este post es el mismo que usa Quim Vila para su fiesta del vino que se celebra en Barcelona cada 2 años, coincidiendo con la feria Alimentaria de Barcelona. Pero hoy no vamos a hablar de esa fiesta.

Me manda César Javier Palacios, cuya curiosidad es tan grande como su conocimiento, una información sobre un estudio que ha hecho la universidad Heriot Watt, en el Reino Unido, según el cúal un 60% de las personas que participaron pudieron diferenciar el cambio en el sabor del vino dependiendo de la música que estaban escuchando.

Para los psicólogos, el sabor del Cabernet Sauvignon se destaca con música pesada y poderosa, mientras que el Chardonnay resalta con sonidos refrescantes y alegres.

Durante el experimento se tocó cuatro piezas con tipos de música muy diferentes:

Carmina Burana de Carl Orff era la opción “poderosa y pesada”. Lo de poderosa lo entiendo fácil, lo de pesada me cuesta un poco más.

El Vals de las Flores, del ballet Cascanueces de Tchaikovsky la “refinada y delicada”. Aquí no hay muchas dudas.

Just Can’t Get Enough interpretada por Nouvelle Vague se escogió comoalegre y refrescantey Slow Breakdown por Michael Brook fue la opción suave y apacible”.

Un 40% calificó el vino blanco como “alegre y refrescante” cuando escuchó este tipo de música, pero apenas un 26% lo calificó como “suave y apacible” al escuchar esta categoría.

El vino tinto se destacó en un 25% con la música suave, pero un 60% con las tonadas “poderosas”.

Previamente el profesor Adrian North realizó una investigación en supermercados en la que se sugiere que las personas son cinco veces más proclives a comprar vino francés si se utiliza música ambiental con acordeones. Pero si se toca música bávara, el vino alemán supera al francés por 2 a 1.

¿Tendremos que poner música de pasodobles o flamenco en los supermercados del mundo para vender más vino español?

Dentro de mi habitual escepticismo sobre estos estudios no deja de parecerme curioso y por eso lo traigo aquí. ¿Qué música asociáis vosotros con los vinos? ¿Es la misma para un Borgoña que para un Jumilla?

Y a la inversa, ¿qué os beberíais con jazz o con Los Secretos?

 


La música y el cine, por María José S. Mayo, 20/10/2010

Las butacas de los cines más exquisitos no suelen tener, por lo general, un lugar para bebidas. Pero en nuestra casa, como amos y señores de lo que nos rodea, no pocas veces una copa de vino se convierte en el acompañamiento perfecto con el que regar una gran película. Eso sí, tiene narices -y nunca mejor dicho- que la pantalla no haya sabido devolver la pasión que muchos le ponemos al tema. Todo ello a pesar de que una legión de tradicionalistas –entre los que se puede contar a mi padre- se empeñan en que el vino tiene que saber a vino y que eso de los aromas a “frutos rojos, regaliz o espárragos” es para darse importancia. Me cuesta reconocerlo pero, visto lo visto, a veces pienso que tiene más razón que un santo. 

Creo que es cosa sabida en el mundillo enológico, que una de las películas que mejor ha sabido reflejar el encantamiento de sus efluvios ha sido Entrecopas. Es perfecta para acompañarla con un buen pinot noir y con un merlot (vean abajo las recomendaciones hechas con ayuda de Enoteca Barolo), más normal para experimentar las sensaciones contrapuestas con respecto a las dos uvas de nuestro inteligente pero algo inmaduro protagonista. Estas palabras en boca de Virginia Madsen, resumen la filosofía del buen apreciador de vino: "Me gusta pensar la evolución del vino, como si fuera una cosa viva. Me gusta imaginar cómo fue el año en que crecieron las uvas, si fue un verano soleado o lluvioso... cómo era el clima. Pienso en toda esa gente inclinada, eligiendo las uvas...”.

Recientemente recuperé, gracias al festival Cine Gourland de Getxo, “Guerra de vinos”, una película que desperdiciaba la historia genial de un británico que organizó en 1979 la que se conoce como Sentencia de París. En ella se hizo una cata a ciegas de vinos franceses contra californianos de uvas cabernet sauvignon y chardonnay, competición que dejó en evidencia a los caldos galos. Es por eso que quizá sería bueno regar este filme con un buen vino del Valle de Napa. También pensando en despistar a la vista con el gusto y el olfato, por aquello de no prestarle mucha atención a una dirección pésima.

Aunque buscando cosas imposibles, no está de más mirar de nuevo a la filmografía de Peter Sellers, el hombre de las mil caras. Si nos acercamos a la cinta “Hay una chica en mi sopa”, en la que el actor británico daba vida a un experto en gastronomía de la televisión, encontramos un aprieto en el que quizá se hayan visto en su iniciación al mundo del vino. Una divertida Goldie Hawn descuidaba una lección esencial a la hora de catar vino: había que saborear y escupir, porque si no corrías el riesgo de terminar borracha, como así sucedía. Hasta Woody Allen experimentó sus amables bondades acompañado por Diane Keaton en una cata de postín a la que acudían en “Misterioso asesinato en Maniatan”. Chispa y alegría, que necesitan de vinos capaces de funcionar como un buen postre.

El vino, sabemos, es una afición cara. Por eso no es de extrañar la gran cantidad de empresarios, grandes y pequeños, que han soñado con experimentar las vivencias de Russell Crowe en “Un buen año. Muchos lo han cumplido con ayuda del interés creciente por una gastronomía de la que tanto se escribe y se quiere saber. Aunque también en plan ensoñador se planteaba “Un paseo por las nubes” en su esfuerzo de trasmitir los delicados cuidados que necesitan las vides.

Entrecopas dio en el clavo, pero tenemos sed de más cine maridado con vino. Algún ejemplo que nos descubra la capacidad de la gran pantalla para captar la esencia de tan efímero arte. Aquel en que para saber si es bueno, “la respuesta está al final de la botella”. Pues mis recomendaciones para cada película vienen ahora al final del artículo.

“Entrecopas”: Un buen pinot noir de California, que puede ser un Clos Pepe. Si no se encuentra, optar por uno de la misma uva como Citius, de Alta Pavina; o Vinya des more de Miquel Gelabert o Mas Borrás, de Miguel Torres. Con un merlot sencillo pero efectivo se puede optar por el Arrayán.

 

“Hay una chica en mi sopa”: Por aquello del espíritu setentero de la cinta, optaría por un vino juguetón como el sexy wine Corral de Campanas, de Toro. Aunque también barajo las opciones de uno un poco alcohólico -aunque no se note-, pero que gana con el paso de los minutos: El Regajal.

 

“Guerra de vinos”: tomar un buen chardonnay californiano al estilo del Marimar, combinado con un cabernet sauvignon francés, humilde pero efectivo, como el Chellan de Chateau de Segur.

 

“Un buen año”: Si tienen la suerte de encontrar un Tempier (que creo que es el que toma el protagonista junto a su tío) sería una buena apuesta. Pero, si no, opten por un vino provenzal como el Chateau de Pierre Pibarnon.

 

Domingo, a 29 de Agosto de 2010

Bodega: Bodegas Torres

D.O.: Penedés

Tipo: Tinto

En las cenas de despedida del verano que celebro casi todos los años con unos compañeros de empresa (y aún así amigos, jejeje) residentes en Madrid, solemos aprovechar el momento para darnos un sonoro (y pantagruélico) homenaje. Y este año no iba a ser menos.

Además de disfrutar con algunos de los mariscos de mi Galicia (sin lugar a duda, los mejores del mundo) o de las maravillosas carnes de ternera gallega (también, de las mejores del mundo), aprovechamos para tomar dos vinos de altísimo nivel y prestigio. El primero de ellos, un Torres Reserva Real 1997.

La saga familiar Torres está profundamente enraizada en la elaboración de vinos en España y, desde hace algún tiempo, en otras zonas del mundo: hace más de 130 años que empezaron su actividad en el Penedés catalán.

En el año 1850, Jaime Torres Vendrell emigró a Cuba, donde se enriqueció gracias al negocio petrolífero y marítimo. En 1870 regresó a su tierra, a Vilafranca del Penedès, donde construyó la primera bodega en la que instaló una cuba de almacenamiento de vinos con una capacidad de 600.000 litros, la más grande del mundo durante muchísimos años. Durante la guerra civil española (1936/1939), la bodega fue totalmente destruida durante un bombardeo.

Tamaña desgracia, que para muchísimos bodegueros significó el fin de sus negocios, para Miguel Torres Carbó, heredero del fundador, fue el inicio de nuevos retos: además de reconstruir la bodega, incluso más grande y moderna, dejó de elaborar vinos a granel para dedicarse a la venta de vinos embotellados, de marca, su marca.

Y de ahí… y de ahí hasta donde están ahora: bodegas en el Penedés, el Priorat, la Rioja y Ribera del Duero, en España; en Chile, en USA, en Sudáfrica y Australia; exportación a 140 países; vinotecas en Barcelona, Santiago de Chile y Shanghai.

El vino que tomamos como base de la cena fue el majestuoso Torres Reserva Real 2003, elaborado con las uvas procedentes de la zona de Santa Margarita de Agulladolc, una finca de muy baja producción pero elevadísima calidad, producto de la propia naturaleza de los suelos, profusamente pizarrosos y porosos.

Este vino tiene su origen en la visita que hizo a la bodega el Rey Juan Carlos I, en el 125º aniversario de la fundación de la empresa. Dice la “leyenda”, que el vino que probó, elaborado con uvas de las variedades cabernet sauvignon, cabernet franc y merlot, mezcladas sabiamente por el etnólogo de la bodega, fue tan aplaudido por el monarca español, que Miguel Torres decidió sacar una nueva línea de caldos con ese nombre: Real.

Este vino posee un seductor e intensísimo color caoba, marcado por su gran crianza. Su aroma es sumamente atractivo, lleno de matices. En boca es potente, poderosísimo, con gran concentración de taninos. Y su persistencia, increíblemente fuerte, para guardar en la memoria.

Precio: mejor ni recordarlo…

Valoración calidad/precio: 9,5 / 10 (mejor si olvidamos el precio)

Alfredo Webmaster

 

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Domingo, a 29 de Agosto de 2010

Bodegas: Bodegas Ordóñez & Co

D.O: Málaga

Tipo: Blanco dulce

Los vinos de la Bodega Jorge Ordóñez & Co. nacen en el corazón de la Axarquía, en las tierras altas de Málaga, una región accidentada donde crecen las cepas en pronunciadas pendientes.

A diferencia de la bodega citada en la referencia anterior (Bodegas Torres), en esta zona geográfica se cultivan vinos desde la época de la dominación del Imperio Romano, en el año 218 a C. y el siglo V.

El cultivo sobrevivió a duras penas, pese a las prohibiciones coránicas de no consumir vinos, a la dominación árabe de más de siete siglos.

Nuevamente, recobró fuerza con la reconquista de España por los Reyes Católicos, época en la que se fundo la Hermandad de Viñeros, un gremio que velaba por la correcta elaboración de sus vinos y que hoy aún persiste, transformada en el Consejo Regulador de la Denominación de Origen.

Pese a que a mí ni me sonaba el nombre de Bodegas Ordóñez & Co., supe durante la cena que este bodeguero es uno de los mayores exportadores de vinos a Estados Unidos: sorprendente.

La firma cuenta con un socio de excepción: el bodeguero austriaco Alois Kracher. Gracias a esa fusión de dos estilos de hacer vinos, el de Ordóñez y el de Kracher, nacieron los vinos que ahora podemos disfrutar con la vinificación de las antiguas uvas pasas, de consumo en seco y desecadas.

El Jorge Ordóñez & CO. Nº 3 Viejas viñas es un 100% moscatel de alejandría, de color amarillo pajizo y unos deliciosos reflejos dorados. En nariz es muy elegante, con unos equilibrados aromas tostados, muy afrutado, de frutas bien maduras. En boca es dulce pero a la vez fresco, untuoso, y un retronasal muy largo.

Precio: igual que el vino anterior, ¿Para qué recordarlo…?

Valoración calidad/precio: 9, 1 / 10

Alfredo Webmaster

 

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Jueves, a 5 de Agosto de 2010

 

Mapa de las distintas zonas de la D. O. Rías Baixas 

Por Caius Apicius para elconfidencial.com (Efe), 02/08/2010

Cambados, la capital del Salnés, ha celebrado un año más la gran fiesta de su hijo predilecto: el albariño, ese vino del mar, del fin del mundo, que cada año, y van cincuenta y ocho, es homenajeado en una fiesta colosal y multitudinaria, una fiesta del vino.

Este año tocó catar albariños del 2009. El Consejo Regulador ha calificado a esa añada como ‘muy buena’. Yo le hubiera subido la nota: los albariños del nueve están mejor que los del ocho, y mira que éstos estaban buenos; pero la última cosecha les gana. Esta vez sí que vale la pena recomendar que se beba el albariño del año; no siempre es así.

Esa manía de pedir albariños del último año ha estado vigente hasta hace nada. La gente había decidido que el albariño era un ‘vino joven’, y en consecuencia había que beberlo al año siguiente de su vendimia; las añadas anteriores ya no valían. Un error, pero un error de bulto: los albariños, cuando se hacen bien, y hoy se hacen muy bien, tienen una capacidad de evolución en botella magnífica, que hace que crezcan, que estén perfectos en su segundo, tercer y hasta cuarto año. Eso los albariños que llamaremos ‘normales’, que los elaborados sobre lías durante tres años en depósito de acero tienen unas expectativas de vida mucho más largas.

En fin, catamos y decidimos que el premio se iba para un vino del Condado de Tea, el Señorío de Rubiós. Es una bodega que lleva funcionando cuatro años... y ya ha estado tres veces en el podio de la Fiesta del Albariño. Lo hacen bien. De todas maneras, este año los catadores coincidimos en que la intensidad aromática de los vinos catados era muy baja, eran vinos muy planos en nariz; es curioso, porque los vinos de esta añada que he bebido en casa no me dieron esa impresión; también es verdad que en las catas de Cambados, este año, encontramos que la temperatura del vino era demasiado baja, y eso anula bastantes sensaciones.

Tres temperaturas a tener en cuenta

Hay tres temperaturas que hay que tener en cuenta al hablar de vino: la de cata, que al consumidor no le interesa para nada; la de servicio, y la de consumo. La de servicio ha de ser un poco más baja que la de consumo, porque el vino tarda muy poco en calentarse una vez en la copa. Y sí, un blanco ha de beberse a unos diez grados... pero debe catarse un poco por encima de esa temperatura.

El albariño es un vino con mucha literatura dentro, y muy buena literatura. Y buena prensa, además, porque ya era elogiadísimo cuando no lo merecía demasiado, en los tiempos de Cunqueiro y Castroviejo, cuando abrir una botella de albariño era una lotería, que te podía salir estupenda, pero que también podía salir deleznable. La elaboración correcta llegó a esta zona hace poco más de veinte años, un cuarto de siglo si acaso. A partir de ahí, el vino mantiene una regularidad, en lo posible, notable.

Por eso se ha convertido en uno de los blancos más apreciados, junto a los verdejos de Rueda y, si acaso, los godellos de Valdeorras. El albariño es un vino marino, y se le nota la cercanía del océano en ese puntito de salinidad que tiene en la boca. Por eso se entiende tan bien con todos los productos marinos, especialmente con los mariscos como las centollas, las nécoras, las cigalas... y los moluscos como las almejas, los mejillones o las navajas. La ostra le va bien, pero parece que las ostras piden champán...

Fresco, no helado

El albariño es vino para comer y vino para chatear, para tapear. Ha de beberse fresco, que no helado: el frío excesivo anula unas cuantas propiedades del vino, buenas y malas. Acostúmbrense, con los blancos, a poner en las copas poca cantidad, pero más veces: no debemos darle ocasión de calentarse: el calor resalta los defectos, y no es eso.

A la temperatura correcta, entonces. Una mirada al vino, limpio, de color amarillo brillante. Una primera sensación olfativa con el vino quieto: ahí habrá uva, manzana... Agitamos la copa, hacemos girar el vino, olemos de nuevo: ya aparecen toques florales, a lo mejor algún cítrico... Y ya un sorbo, largo y lento, paseando el vino por la boca. Al tragarlo, nuevas sensaciones frutales en la nariz... y apetece otra copa. No se la nieguen: el albariño hay que disfrutarlo. Eso sí, puestos a ello, no se olviden de que los taxis funcionan muy bien: si hay una cosa clara es que el vino y el volante son totalmente incompatibles. Disfruten del vino todo lo que quieran, pero... no se la jueguen a copas.

Lunes, a 25 de Enero de 2010

Bodegas: Alión

D.O.: Ribera del Duero

Tipo: Tinto

Habiendo nacido como nació, para ser la segunda marca del Vega Sicilia, los vinos Alión se han ganado un merecido puesto entre los mejores tintos españoles.

El nombre de este vino hace referencia a la localidad leonesa bañada por el río Esla, Alión, de donde es originaria la familia Álvarez, los dueños de las dos bodegas.

Bajo la supervisión técnica de un gran enólogo, Xavier Ausás López, los vinos Alión son tintos con una marcada personalidad, modernos, fuertes y maduros.

El Alión 2002 es un vino elaborado al 100% por uvas tempranillo tinto fino, procedentes de cepas de entre 25 y 30 años de vida, del que se embotellaron 292.000 botellas bordalesas. Después de su vendimiado en los primeros días de octubre de 2002, el mosto reposó en depósitos sin frío hasta enero de 2003; posteriormente, pasó a barricas nuevas de roble Nevers, donde maduraron 13 meses. Por último, se trasegó a la botella y se empezó a comercializar en 2006.

Se trata, por tanto, de un vino de media y cuidada elaboración, puesto en mercado en el momento idóneo para un mejor disfrute.

En copa presenta un color concentrado, oscuro, como el de una cereza picota. Su aroma es profundo, intensísimo, delicioso. En boca resulta carnoso, sorprendentemente potente pero equilibrado, con una acidez excelente. A su paso deja un extraordinario aroma y sabor que inunda el paladar.

Es, por tanto, un excelente vino al que conviene airear y servir a temperatura ambiente, no menor de 17º.

Fue el vino perfecto para acompañar un magnífico jabalí y corzo estofados.

Precio: Invitación

Valoración calidad/precio: 9,2 / 10 (al ser invitación, se valora sólo la calidad)

Alfredo Webmaster

 

 

 

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Domingo, a 11 de Octubre de 2009

Bodega: Torres

D.O.: Penedés

Tipo: Tinto

Variedad de uva: Cabernet Sauvignon, Garnacha, Merlot, Syrah

Elaboración: 18 meses en roble francés de Nevers

Alcohol: 14.50º

Decir Miguel Torres es decir vinos e historia (200 años), innovación y nuevos mercados. Decir Torres, a secas, es suficiente para saber que hablamos de la saga de viticultores españoles más internacionales, con bodegas en diversas D. O. españolas: Catalunya, Conca de Barberà, Penedès, Priorat, Ribera del Duero y La Rioja; en Chile: Valle Central y Valle de Curicó, y en EEUU: Russian River Valley y Sonoma Coast.

Centrándonos en el vino que tomé esta semana, el Torres Reserva Real 1997, en su elaboración se utilizaron uvas especialmente seleccionadas entre las mejores de las 1.300 hectáreas propiedad de la familia en el Penedés, en concreto, las situadas en el pago de Santa Margarita de Agulladolc. El nombre elegido para este caldo procede de la celebración de la visita que el Rey Juan Carlos realizó a la bodega, con motivo del 125º aniversario de su fundación.

Posee un marcarlo color rojo, muy singular; en nariz es complejo, intenso, profundo, con reminiscencias de roble muy bien integrado en el vino. En boca es radical: potente, con muchos taninos, bien estructurados, y gran persistencia.

Un vino magnífico que seguro mejorará con algunos años más en botella.

Precio: Invitación

Valoración calidad/precio: 9,3 / 10

Alfredo Webmaster

 

Premios

Puntuación: 94/100 GUIA CAMPSA 2009 (Cosecha 2003)

Puntuación: 94/100 PEÑÍN 2009 (Cosecha 2003)

Puntuación: 96/100 PROENSA - MEJORES VINOS DE ESPAÑA 2009 (Cosecha 2003)

Medalla de Oro GUIA DE ORO DE LOS VINOS DE ESPAÑA 2009 (Cosecha 2003)

Puntuación: 90/100 Wine Spectator Magazine Septiembre 2007 (Cosecha 2003)

Puntuación: 91/100 Guía Peñín 2004 (Cosecha 2000)

Puntuación: 9/10 - Categoría “mejores tintos” Lo Mejor de la Gastronomía 2004 (Cosecha 1999)

Puntuación: 95/100 Guía Proensa 2004 (Cosecha 1998)

Cuadro de Honor Guía CAMPSA 2004 (Cosecha 1998)

Entre los 37 "Mejores Vinos" Anuario de los Vinos El País 2002 (Cosecha '97)

96 puntos Guía Campsa de los Mejores Vinos de España 2002 (Cosecha '98)

Medalla de Oro International Wine Challenge 2002 (Cosecha '98)

Medalla de Oro Challenge International du Vin 2001 (Cosecha '97)

Medalla de Oro Concours Mondial de Bruxelles 2001 (Cosecha '97)

Medalla de Oro Les Olympiades du Vin (Francia) 2001 (Cosecha '97)

Puntuación: 93/100 - Categoría Oro Guía de Oro de los vinos de España (Cosecha 1998)

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Sábado, a 10 de Octubre de 2009

Bodegas: Álvaro Palacios

D.O.: Priorato

Tipo: Tinto

Variedad de uva: Cabernet Sauvignon, Garnacha, Merlot, Syrah

Alcohol: 14.50º

El viticultor y enólogo Álvaro Palacios, elaborador de vinos mundialmente reconocidos, como L’Ermita, es el autor de otra joya: el Finca Dofi 2005, un tinto de elevadísima calidad y personalidad propia.

La familia de Álvaro, una de las más renombradas de la Rioja, propietaria de la bodega Palacios Remondo, lleva más de dos siglos en esto de los vinos, y bien que se nota.

En el año 1988, Álvaro inició una aventura vinícola fuera del feudo tradicional de la familia, y en una arriesgada apuesta por una zona productora con mucha historia pero menor prestigio, el Priorato, empezó a comprar terrenos en zonas agrestes de suelos pizarrosos (llicorella), hasta completar una finca de 25 hectáreas en propiedad en el legendario municipio de Gratollops.

En estos campos, mayoritariamente en pronunciada pendiente, plantó uvas de las variedades cabernet sauvignon, syrah, merlot y cariñena, a base de injertos sobre pies de origen americano.

Con el paso del tiempo y el incremento de la demanda de sus vinos, Álvaro tuvo que cerrar alianzas con viticultores de la zona a los que compra sus cosechas en exclusiva, hasta completar plantaciones que superan las 125 hectáreas.

Con las uvas seleccionadas de estos viñedos consigue producir 40.000 botellas de excelentes vinos, de ellos 3.000 litros de L’Ermita, un vino con una calificación de Parker, en la lista de The Wine Advocate, de 98/100 puntos, lo que hace que conseguir una botella de esta elaboración sea casi un trabajo de titanes o tener que recurrir a la compra en primeur.

En cuanto al vino tomado esta semana pasada, el Finca Dofi 2005, ¿Qué decir? Excelente, magnífico, casi perfecto: color picota oscura, aroma profundo y complejo, buena acidez, cremoso, reminiscencias de roble bien estructuradas, potente retronasal y prolongado paladar.

Conviene decantarlo un buen rato antes de saborearlo y consumirlo, ¡obligatoriamente!, a una temperatura ambiente.

Precio: 85 €

Valoración calidad/precio: 9,3 / 10

Alfredo Webmaster

 

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