Música y Vino

Puedo intentar ser sincero pero nunca seré imparcial…
Viernes, a 2 de Noviembre de 2012

 

Este artículo, que lo quería publicar en mi página antes de las últimas elecciones en Venezuela, llega un poco tarde: Chávez ya renovó su mandato popular por otro período más.

Aún así, quiero que conste que sólo en este caso concreto, la situtación de Venezuela, comparto la misma opinión con Carlos Alberto Montaner; con este señor, obviamente, no puedo estar de acuerdo en su defensa, ferviente apoyo y parabién hacía las líneas ultraliberales que preconiza el partido político que mancilla el gobierno de mi país.

Ya veis como son las cosas, cómo es de voluble la opinión política: mientras defiendo lo que este señor dice de un país hermano, al mismo tiempo reniego de lo que apoya en mi propio país… En fin, cosas de la vida.

Alfredo Webmaster

 

Diez razones para votar contra Chávez, por Carlos Alberto Montaner

Henrique Capriles ganó el amplio simulacro electoral del 2 de septiembre. No es una encuesta precisa, pero sí una buena indicación de la tendencia. El próximo 7 de octubre debe derrotar a Hugo Chávez debido a las siguientes diez razones.

1) La inseguridad y la violencia. Para la mitad de los venezolanos éste es el principal problema del país. Según el Observatorio Venezolano de Violencia, en el 2011 los delincuentes mataron a 19.336 personas. Durante los 14 años de chavismo, 150.000 personas han sido asesinadas. Caracas, más que una ciudad, es un matadero. El más sangriento de Sudamérica.

2) El empobrecimiento progresivo. Según cifras oficiales recogidas en El Nacional, en los últimos 11 años el poder adquisitivo de los venezolanos cayó un 162%. El país padece la mayor inflación de América Latina. Los salarios aumentaron un 571%, pero los precios subieron un 733% (sólo en Caracas, de acuerdo con la medición del economista José Tomás Esteves, los precios se multiplicaron por 13,56 desde la llegada de Chávez). Objetivamente, los venezolanos, cada año que pasa, son un 15% más pobres, aun cuando la nación, debido al precio del petróleo, ha ingresado más dinero que todos los Gobiernos anteriores combinados desde que se independizó (1823). Cuando Chávez llegó al poder, la economía venezolana era un tercio mayor que la colombiana. Ahora es un 21% más pequeña. (PIB de Colombia en PPP: 478.000 millones; PIB de Venezuela: 378.000 millones). Es la ruina.

3) La destrucción de las fuentes de trabajo. De acuerdo con Conindustria, en la última década ha cerrado el 40% de las empresas industriales del país. Cientos de miles de trabajadores han perdido sus puestos de trabajo. Prácticamente un millón de venezolanos, la mayor parte urbanos y bien educados, han emigrado. Esa pérdida de capital humano era desconocida en Venezuela hasta la llegada del chavismo. Esa es una herida irrestañable.

4) El despilfarro de los recursos nacionales. Mientras un porcentaje notable de los venezolanos es pobre, Chávez regala en el extranjero miles de millones de petrodólares. Desde diciembre de 1999 hasta julio de 2012, Venezuela exportó petróleo FOB por valor de 652.560 millones de dólares; pero en ese mismo periodo regaló o cedió recursos a sus aliados o subordinados políticos por valor de 170.000 millones: ¡más de un 25% de los ingresos petroleros nacionales! Sólo el subsidio venezolano al manicomio de los Castro asciende a más de 6.000 millones de dólares anuales. Esto indigna a los venezolanos.

5) La inmensa corrupción. Según Transparencia Internacional, Venezuela es el país más corrupto de América Latina y uno de los más podridos del mundo. En una lista de 182 países, Venezuela está al final, en el puesto 172, junto a las peores satrapías africanas y asiáticas. Agréguesele a ello el feo asunto de los generales acusados por Estados Unidos de colaborar con narcotraficantes nacionales e internacionales. Eso parece la cueva de Ali Babá.

6) La incompetencia. El chavismo no sabe gobernar. Los puentes se caen. Las cárceles son campos de batallas mortales. Abundan los apagones. El correo no funciona. La mayor refinería arde por negligencias. Decae la producción de petróleo. Los hospitales están desabastecidos. Los alimentos se pudren en los almacenes. Los barcos no logran descargar sus mercancías. Las ciudades se calcutizan. Caracas se ha vuelto un basurero. Es el horror.

7) La falta de seriedad y la pérdida de respeto. El presidente Chávez no es un gobernante serio. Alguien que acusa al Pentágono de haber destruido a Haití con un arma secreta que provoca terremotos no está en sus cabales o es un payaso.

8) El aventurerismo temerario. Chávez ha arrastrado su país a un innecesario conflicto internacional, aliándolo con Irán. Su Gobierno es antiamericano, antiisraelí, antisemita, antiespañol, antimercado, antidemocracia. Simultáneamente, es pro FARC, pro Gadafi, pro Asad, pro dictaduras. Si algún día Chávez escribe un libro, será “Cómo ganar enemigos inútilmente”.

9) La fatiga. Después de 14 años, los venezolanos están cansados de un presidente mentalmente inestable que no cesa de hablar para ocultar su pésima gestión de gobierno. Con él, sencillamente, no hay futuro.

10) La probable muerte. Chávez tiene un cáncer muy grave, con metástasis, y el pronóstico es sombrío. Si muere en su casa, como un ciudadano más, lo entierran con todos los honores y no tendrá consecuencias para el país. Si muere en la casa de gobierno, dejará en herencia un caos monumental que puede culminar en un baño de sangre. Es una irresponsabilidad aspirar a la presidencia en esas condiciones físicas, pero más irresponsable aún sería elegirlo. Eso lo saben los venezolanos. 

Categorías:
Domingo, a 20 de Febrero de 2011


Una chica camina tras el funeral por dos mujeres asesinadas en Ciudad Juárez (México) en octubre de 2010.

Foto de REUTERS

 

Por Soledad Gallego-Díaz (Buenos Aires) para elpais.com, 19/02/2011

"Del dicho al hecho". El lema del informe elaborado en 2009 por la Comisión Económica de Naciones Unidas para América Latina (Cepal) sigue resumiendo muy bien el principal problema con el que se enfrentan, ya bien entrado el siglo XXI, las mujeres de ese continente: en los últimos 10 años se han experimentado avances muy importantes en las legislaciones que reconocen sus derechos y condenan la violencia machista, pero, en la práctica, las autoridades, jueces incluidos, no aplican esas normas con suficiente rigor ni persistencia como para que las cifras explosivas de maltrato, abuso y discriminación hayan experimentado un retroceso aceptable. La impunidad de sus agresores sigue siendo en la mayoría de los países de América del Sur, Centroamérica y Caribe la peor pesadilla de las mujeres.

Esa realidad convive con otra: en América Latina ha habido hasta el momento nueve mujeres que alcanzaron la presidencia de su país, tres de ellas, en Argentina, Brasil y Costa Rica, en ejercicio; la directora de Naciones Unidas para la Igualdad de Género es la expresidenta chilena Michelle Bachelet, y se ha producido un aumento espectacular en el número de parlamentarias. Mejor aún, un 55% de las latinoamericanas de 20 a 24 años ha completado la educación secundaria (mientras que solo lo ha conseguido el 49% de los hombres). Incluso en las zonas rurales, en las que la extensión de la secundaria es mucho menor, el promedio de mujeres de esa edad que ha alcanzado ese grado supera notablemente al de los hombres (31% frente al 26%).

El menor porcentaje de paro y, sobre todo, las transferencias de recursos puestas en marcha por los Gobiernos de varios países, como Venezuela, Brasil, Argentina, Ecuador o Bolivia, que tienen sistemas de ayudas a la familia, han disminuido los índices de pobreza extrema y mejorado las condiciones de salud y educación de la infancia, niñas incluidas.

Sin embargo, esas mejoras no impiden que América Latina siga siendo la región con mayores desigualdades ni que sea una de las zonas más peligrosas del mundo para las mujeres, tanto por el feminicidio y casos graves de maltrato, como por el alto porcentaje de abusos sexuales en el entorno familiar, la mortandad maternal y el gran número de abortos clandestinos a los que obligan las omnipresentes legislaciones contrarias a la interrupción legal del embarazo. Cuatro millones de abortos ilegales y 4.000 muertas al año no consiguen torcer el brazo a las poderosas iglesias católica y evangélica.

Entre el 39% y el 42% de las mujeres peruanas confiesa, por ejemplo, haber sido víctima de violencia física por parte de su pareja o marido, según el Instituto Nacional de Estadística e Informática. "Las agresiones recibidas por las víctimas fueron empujones, golpes, patadas, ataques o amenaza con cuchillo u otra arma, además de ser forzadas a tener relaciones sexuales sin su consentimiento, entre otras formas de violencia física y psicológica", asegura el documento, que analizó una encuesta realizada entre 24.000 mujeres.

"La última vez que Keiko Tamaca, de 14 años, vio a su enamorado, William Chiroque, de 18, fue cuando le apuntaba con una pistola de 9 milímetros, ebrio de celos por haberla visto conversando con otro muchacho", relata un diario local. La adolescente fue una de las dos o tres menores de 18 años que mueren asesinadas cada mes en Perú. "Reproducen patrones de conducta que ven en casa", explicaba en el periódico la psicóloga Tesania Velázquez.

Aunque no hay estadísticas fiables para el conjunto de la región, los datos parciales que van facilitando organismos especializados de los distintos países son escandalosos. El 35% de las mujeres mexicanas sufre violencia física; 39% en Colombia; 31% en Ecuador y hasta un 52% en Bolivia. En Chile, en 2002, se calculaba que solo el 3,8% de los casos denunciados terminaba en condena. En Brasil, señalan algunos estudios, el 10% de las mujeres del área urbana y el 14% de las mujeres del área rural han sufrido violencia sexual. En Centroamérica, dos de cada tres asesinadas son víctimas de un crimen machista, es decir, mueren por ser mujeres.

En el mejor de los casos, asegura la Cepal, en la hipótesis más leve, una de cada diez mujeres de Latinoamérica sufre violencia física, "que se manifiesta desde golpes hasta violencia severa con amenaza de muerte junto con una fuerte violencia psicológica y, muchas veces, con violencia sexual". En solo siete países se han aprobado leyes específicas sobre la violencia contra las mujeres (la Venezuela de Hugo Chávez, entre ellos), siguiendo la estela de la ley llamada María Pehna, aprobada en Brasil en 2006. (María da Pehna es una farmacéutica brasileña cuyo marido intentó asesinarla en dos ocasiones y terminó dejándola parapléjica. 15 años después de aquellos hechos, el agresor seguía en libertad, amparado por jueces que dilataban el proceso. La nueva ley consiguió al fin llevarle a prisión.

Nadie puede negar que en América Latina el acceso de las mujeres a los puestos de toma de decisiones políticas ha crecido de manera muy notable en la última década. Nueve países (entre ellos Bolivia, con el Gobierno de Evo Morales) han aprobado leyes a favor de la igualdad. El promedio regional de mujeres diputadas es del 20,7% (lo que supone oscilar entre el 40% de presencia femenina en el Parlamento argentino, al 9% que existe en Colombia).

El aumento del promedio se debe a que 11 países has aprobado leyes que establecen cuotas en las listas electorales, aunque en solo cuatro casos existe el llamado "sistema cremallera" que impide que las mujeres sean ubicadas al final de la lista. En los casos en los que no existen cuotas, como en las alcaldías, por ejemplo, el desfase sigue siendo muy importante: la presencia femenina no llega al 6,8%, según la Cepal. En el sistema judicial, el avance es desesperantemente lento: solo el 19% de los jueces de los tribunales superiores y cortes supremas son mujeres.

Muchas de las cifras que reflejan la evolución positiva de los derechos de la mujer van acompañadas por otros datos alarmantes. La tasa global de fecundidad bajó de 5,9 hijos en los años cincuenta a 2,4 en el primer lustro del nuevo siglo, pero el embarazo de las adolescentes prácticamente ha duplicado su aporte a la fecundidad total, pasando de un 8,5% en 1950 a un 14,3% en 2005. La mortalidad materna se redujo en un 28% desde 1990, pero aun así demasiadas mujeres siguen muriendo de parto en América Latina: 130 muertes maternas por cada 100.000 nacidos vivos es una cifra que está muy por encima del quinto objetivo del Milenio, pero que no resulta extraña si se constata que el 80% de las mujeres pobres de Bolivia, o de Haití, dan a luz fuera del sistema hospitalario.

El difícil cambio cultural en todo lo relacionado con la situación y los derechos de la mujer en América Latina brilla con todas sus contradicciones en países como Chile, que lleva años en una sólida progresión económica pero que ha sido el último del mundo, en noviembre del 2004, en aprobar una ley que regulara el divorcio. O en Argentina, con la tradición educativa e igualitaria más fuerte de toda la región, presidido en la actualidad por una mujer, pero que no ha logrado despenalizar el aborto voluntario, algo que tampoco pudo hacerse en Uruguay, pese a que desde 2005 gobierna un amplio frente de izquierdas. Ni tan siquiera Dilma Rousseff, heredera de Lula, ha dado señales de ir a presentar una ley en ese sentido, pese a que algunas de las clínicas brasileñas especializadas en abusos sexuales estén denunciando, desde hace años, que casi la mitad de los casos que tratan involucra a niñas menores de 12 años.

 

Domingo, a 2 de Enero de 2011


La muchedumbre contempla en Caracas el cadáver carbonizado de un hombre que fue linchado por los vecinos por intentar violar a una adolescente. Carlos Ramírez / AFP

Los datos

- Los secuestros han aumentado un 487% desde la llegada de Chávez

- Caracas lleva años sobrepasando en delincuencia urbana a Bagdad (Irak)

- La violencia urbana devasta el país bolivariano: en los últimos 12 años los homicidios han aumentado en el 222%. Casi el 90% de los asesinatos se comete en las barriadas más pobres

- En Caracas, 5.000 bandas luchan por el control de cada esquina

Por Daniel Lozano para publico.es, 30/12/2010

En Venezuela la vida vale muy poco. Más o menos lo que cuesta una Blackberry, el teléfono móvil de moda que para decenas de jóvenes se ha convertido en pasaporte a la muerte. Cada día se denuncian 300 robos de estos dispositivos, que permiten chatear gratuitamente, proporcionan estatus en una sociedad tan escaparate como la venezolana y, además, son cool. Más de un millón se han vendido en el país suramericano. Aparatos como el que utilizaba el bombero Darwin Durán antes de que lo mataran para arrebatárselo. O la jovencita Estefanía Ledezma, golpeada con saña hasta que le quitaron la vida.

La Blackberry es una moda; la violencia urbana que devora Venezuela ya se ha convertido en tradición. Aparece siempre: en reuniones sociales, en la política, en los periódicos... Y golpea donde menos se la espera: a los jóvenes Renny Yance y Luis Gabriel Vergara los acribilló un grupo de hombres a sólo dos manzanas del Palacio de Miraflores, residencia presidencial de Hugo Chávez y el lugar más seguro de Venezuela. Nadie sabe por qué.

¿Qué sucede en Venezuela? ¿Por qué encabeza todas las estadísticas de delincuencia urbana, con Caracas a la cabeza, que durante años ha sobrepasado a la capital iraquí, Bagdad, en número de muertes violentas? No hay guerras, no hay conflictos. Pero la violencia cotidiana mató en 2009 a 16.047 personas.

La guerra no declarada de Caracas se cobró gran parte de las vidas, a una media sangrienta de entre 140 y 200 homicidios por cada 100.000 habitantes (en Bogotá son 18), récord mundial, según Roberto León Briceño, director del Observatorio Venezolano de la Violencia y la principal autoridad del país en el tema.

Estas cifras no son oficiales, ya que el Gobierno utiliza todos los medios a su alcance para que no sean públicas. Se lucha mal contra la violencia (siete ministros en 12 años de gobierno de Chávez para más de 15 planes), pero se batalla encarnizadamente en la guerra de la propaganda.

Secuestros exprés

Cifras y declaraciones para la galería al margen, los homicidios han aumentado el 222% desde la llegada de Chávez al poder hace 12 años; desde los 5.000 de entonces a los 16.000 actuales. Y los secuestros se incrementaron en el 487%, hasta cinco por día, la mayoría en la modalidad exprés (el procedimiento consiste en que los secuestradores retienen a sus víctimas unas horas, mientras sacan dinero del banco, en los cajeros con las tarjetas o hasta que hace efecto el chantaje a los familiares exigiendo un pago urgente).

Tal es el nivel de violencia que por fin Tarek el Aissami, ministro de Interior y Justicia, ha reconocido el problema. "No negamos que [la inseguridad] sigue siendo el principal problema que aqueja a nuestro país", admitió.

Chávez, que generalmente ha rehuido el debate de la violencia pese a que casi el 90% de las muertes se producen en las barriadas más pobres, presentó recientemente una serie de cifras para demostrar que, por fin, alguno de sus planes de seguridad está funcionando: "Tenemos un compromiso serio con el pueblo y lo asumiremos", se defendió el líder revolucionario, que aseguró que, ahí donde la nueva Policía Nacional Bolivariana ha actuado, el crimen ha descendido un 44%.

Briceño y su Observatorio Venezolano de la Violencia no se acaban de creer las estadísticas oficiales, de las que sólo dispone el Gobierno. Y vaticinan 17.500 homicidios para cerrar el año, lo que dispararía la cifra de muertes violentas durante el mandato de Chávez por encima de una cifra astronómica: 150.000 fallecidos. Como la ciudad española de Salamanca entera.

Asesinos impunes

Chávez también insistió en que se había logrado esclarecer el 38% de los delitos, frente al 15% del año pasado. Y es esto, la impunidad que se vive en Venezuela desde hace 12 años, la principal causa de la violencia salvaje del país, según los expertos consultados por Público. En los últimos años, sólo el 9% de los asesinos fueron juzgados. La vida vale poco en Venezuela, pero matar es aún más barato.

¿Cuáles son los factores que intervienen en la sangría que devora a Venezuela? El cóctel es explosivo: junto a la impunidad y al fracaso del sistema judicial, destacan la corrupción y la ineficacia policial, los seis millones de armas no legales que circulan por el país y la consolidación del narcotráfico.

En Venezuela, al contrario que en Brasil, donde el Comando Vermelho supone a la postre otro poder en las favelas, miles de pequeñas bandas se disputan cada esquina de las ciudades. Sólo en Caracas se calcula que existen 5.000 minibandas repartidas por toda la capital.

Sociólogos como Fermín Mármol también destacan el "lenguaje de violencia y de confrontación" que se fomenta desde el poder.

Desde las filas gubernamentales, se suele echar la culpa al capitalismo y a "la exclusión sufrida en las últimas cinco décadas", en palabras empleadas por el ministro El Aissami.

La violencia dispara y mata en Venezuela como en ningún sitio del mundo. Como escribiera el escritor estadounidense Chester Himes, aquí la violencia urbana parece como un ciego con una pistola. O "pobres matando pobres", como le gusta sentenciar a Briceño.

 

Viernes, a 22 de Octubre de 2010


El cadáver de un hombre, tras ser asesinado de un tiro en la cabeza en Ciudad Juárez (México).- Miguel Tovar (AP)

 Un pistolero tras una pelea con otra banda criminal en la Comuna 13 de Medellín (Colombia).- Raúl Arboleda (AFP)

Ciudad Juárez (México), Caracas (Venezuela) y Medellín (Colombia) son las metrópolis latinoamericanas que más tristemente comparten el estigma de la violencia. La ciudad colombiana, no obstante, lucha cada mañana por alcanzar la paz con educación y deporte

Por Pablo Ordaz para elpais.com, 17/10/2010

En Ciudad Juárez y en Caracas, para escribir de la vida hay que irse a la puerta de la morgue, muy de mañana, cuando de los barrios sin asfaltar van bajando mujeres jóvenes que ya son abuelas acompañadas de nietos que ya son huérfanos.

-Dígame, señora.

-Vengo a reconocer el cadáver de mi hijo y el de mi hermano. Los mataron anoche. Iban a trabajar al centro de Caracas. Les salieron unos tipos y les dispararon. No sé si con intención de robarles o qué. No sé nada más...

-¿Cómo se llamaban?

-Mi hijo, Noel, y mi hermano, Jorge Luis.

-¿Qué edad tenían?

-Los dos tenían 26 años.

Sin embargo, en Medellín, la tierra de Pablo Escobar y de la Virgen de los Sicarios, ya va siendo posible escribir de la vida en la puerta de un colegio público o junto a una cancha, también pública, de césped artificial. No es menos cierto que todavía en la plaza de Bolívar, la más céntrica de la ciudad colombiana, niñas de 12 años y niños aún más pequeños se desnudan a cambio de unos cuantos pesos o de una lata de pegamento. Tampoco es mentira que cada noche el coronel Lázaro y sus hombres del Grupo de Operaciones Especiales de la Policía Nacional, pertrechados con fusiles Tavor de fabricación israelí, registran las casas colgadas sobre los cerros con la desconfianza de un campesino al que la mala hierba ya le agostó cosechas enteras. Pero también -y esto marca la diferencia con Juárez o con Caracas- es posible encontrar un rastro de esperanza. Darío Obando, trabajador "en lo que salga", está sentado a la puerta de su casa, un torpe apaño de maderas y hojalata en medio de la Comuna 13, todavía uno de los barrios más peligrosos de Medellín.

-¿Qué tal van las cosas?

-No muy bien. La hijueputa violencia que no termina de irse. Todas las noches se oyen disparos y raro es el día que no hay muertitos. Pero al menos tenemos la confianza de que el crío salga adelante. Un día vinieron a buscarlo para que fuera al colegio y ya no ha dejado de ir todas las mañanas. Si no va, a mí me quitan la ayuda. Allí le dan de desayunar y los maestros me han dicho que este pelao es de buena madera. Quizá algún día él...

La diferencia está en el quizá. Un quizá o un tal vez pronunciados con un punto de emoción mientras Darío acaricia la cabeza de su hijo -del pelao, como llaman aquí a los muchachos- y, ya con un café de por medio, cuenta que esta ciudad fue un infierno, "más de 20 muertos al día, ni tiempo había de contarlos". Dice que las autoridades no existían, que tan invisibles eran que los criminales ocuparon su lugar. Que el narcotraficante Pablo Escobar llegó a levantar un barrio al que puso por nombre Medellín sin Tugurios y al que todo el mundo sigue refiriéndose todavía como "el barrio de Pablo Escobar", y eso que el mítico jefe del cartel de Medellín fue abatido a tiros hace ya 17 años. Darío Obando va contando todo sin dejar de acariciar la cabeza de su hijo, como queriéndolo proteger de un pasado que, después de unos años de relativa paz, se ha vuelto a asomar en 2010. De nuevo las balaceras, pandillas contra pandillas, los helicópteros de la policía volando en círculo toda la noche... "Quizá sean los últimos coletazos de la bestia herida". De nuevo el quizá...

Tal vez sea esa concesión a la esperanza lo único que diferencia -aunque no es poco- a Medellín de las otras dos ciudades cuyos nombres son también sinónimo de violencia en América Latina. La mexicana Juárez. La venezolana Caracas. La colombiana Medellín. Tres ciudades marcadas por idéntico estigma. Medellín, junto a Cali, dio cobijo hace dos décadas a uno de los carteles más poderosos de Colombia y ahora lucha por salir adelante mediante una apuesta decidida por la educación y el deporte. Caracas es, en cambio, la violencia porque sí, la violencia más descarnada, muchachos contra muchachos luchando por cuatro calles de miseria. Cadáveres amontonados en la morgue de Bello Monte, ataúdes gratuitos para los pobres, barrios en los que la policía entregó el control a los pandilleros, la revolución de la desesperanza. Ciudad Juárez es todo eso y mucho más. Es un estado de sitio permanente e inútil. Miles de policías y soldados convertidos en sepultureros de lujo. Es el compendio fatal de todas las calamidades que azotan a un país sumido en una lucha de todos contra todos. Los carteles de la droga luchando entre sí, ya no solo por los corredores hacia Estados Unidos, sino por cada esquina, por cada plaza. Y luchando a su vez contra una policía ineficaz -inservible tras décadas de corrupción- y contra un Ejército desbordado. Para terminar de completar el cuadro del desastre, cientos de grupos de delincuentes más o menos organizados se están aprovechando del desbarajuste y de la impunidad más absoluta -el 95% de los delitos que se cometen en México no encuentra castigo- para saquear, cuando no matar, a la población indefensa.

-Abogado, ¿a cuántos colegas han matado últimamente en el Estado de Chihuahua?

-En los tres últimos años, a 36. Y no se crea que tengo buena memoria, es que han matado a uno al mes.

-Imposible olvidarlo...

-No solo eso. Hay otra cifra que también tengo muy presente.

-Dígame.

-La del número de esos asesinatos que han sido resueltos por las autoridades.

-¿Cuántos?

-Cero.

Ciudad Juárez, y por extensión el Estado de Chihuahua, gozó de gran esplendor durante los últimos 20 años. Las empresas manufactureras, y también los carteles de la droga, supieron aprovechar la estratégica ubicación de la ciudad, justo en el centro de los 3.000 kilómetros de frontera que separan México de Estados Unidos. "Desde aquí", señala José Reyes Ferriz, quien hasta el pasado domingo fue alcalde de Juárez, "se surtía de electrodomésticos a todo Estados Unidos...". Y también de droga. "Las empresas que se instalaron aquí", continúa el ya ex alcalde, "decidieron contratar a mujeres porque consideraron que con sus manos pequeñas serían más eficaces a la hora de ensamblar las piezas". Sería por eso, o tal vez porque les pagaban menos que a los hombres, el caso es que miles de mujeres de todo el país empezaron a llegar a Juárez. Mujeres jóvenes, mujeres sin recursos, mujeres solas. En enero de 1993 empezaron a matarlas. Alma Chavira fue la primera de una larga lista de niñas y de mujeres torturadas, violadas, asesinadas. No hay cifras exactas de la magnitud de la tragedia, pero lo que sí existe es la convicción -avalada por una sentencia reciente de la Corte Interamericana de Derechos Humanos- de que las autoridades de entonces no hicieron lo necesario por investigar aquellos crímenes. Hay una frase que un policía le dijo a Irma Monreal, la madre de una de las desaparecidas, que resume a la perfección la postura oficial: "Aquí solo asesinan a las que son locas, a las que son putas; aquí no asesinan a las niñas buenas...". Es, pasado el tiempo, parecida actitud a la que las autoridades de ahora adoptan ante la matanza brutal y diaria -más de 28.000 muertos desde 2007- que está provocando la guerra contra el narcotráfico: "La mayoría de los que mueren son jóvenes sicarios, vendedores de droga...". De tal forma que cuando alguien es asesinado en México automáticamente se convierte también en sospechoso.

La respuesta oficial no es solo inexacta. Además -o sobre todo- es peligrosa. Es una respuesta que fomenta la impunidad y tal vez la indiferencia social. Hay gobernantes -ahí está el famoso ejemplo de Argentina durante el Mundial de fútbol de 1978- que construyen tapias muy altas para que los visitantes entren y salgan de sus ciudades sin alcanzar a ver la miseria. Es una vieja táctica. Ocultándole la pobreza a los extraños se la ocultan a ellos mismos, y asunto resuelto. Una variante de esa estrategia es el acoso a la prensa para que no informe. Los periodistas de Caracas y de Ciudad Juárez pueden dar doloroso testimonio de cómo las autoridades locales intentan ocultar a la opinión pública lo que no les conviene que se sepa. A pesar del acoso del narcotráfico, cuando se pregunta a los responsables de los periódicos de Ciudad Juárez cuál es el principal impedimento para su trabajo, la respuesta es clara y tajante: "La Policía Federal". La ciudad colombiana de Medellín, sin embargo, ha optado justamente por lo contrario.

Su anterior alcalde, Sergio Fajardo, impulsó la construcción de un moderno teleférico -el Metrocable- que conecta todos los barrios de la ciudad y que se complementa con el metro, del que los habitantes de Medellín se sienten tan orgullosos que jamás arrojan ni un papel ni... una gota de sangre. ¿No es curioso que jamás se haya cometido un asesinato en el metro? Cuando este corresponsal llegó a Medellín preguntando por la situación de la violencia, Jorge Melguizo, uno de los principales colaboradores del actual alcalde, Alonso Salazar, le sorprendió con una propuesta: "Vamos a subirnos en el Metrocable. Desde ahí sobrevolaremos todos los barrios de la ciudad, los buenos, los malos y los muy malos. Verá lo mejor y lo peor de Medellín. Y nos bajaremos donde desee. Y cuando quiera que lo deje solo, solo tiene que decírmelo. Ahora sí, tenga cuidado de por dónde se mete...". No había truco en la propuesta. Efectivamente, no todo lo que se ve desde el Metrocable o se constata bajando en alguna de sus estaciones y paseando por las comunas es muy alentador. Sigue habiendo en Medellín pobreza extrema y, como decía Darío Obando en la puerta de su chabola, han regresado los tiros y las muertes. De hecho, al caer la tarde, el alcalde Salazar se pasea fuertemente escoltado por alguna de las comunas más violentas. Lo más curioso es que el alcalde no va de visita: "No, algunas semanas dejo mi oficina oficial y me vengo a trabajar a las comunas. Instalo el despacho en la comisaría de policía del barrio, pero mi trabajo principal es salir y hablar con la gente, que los vecinos empiecen a confiar en la autoridad más que en los criminales, que vean que nosotros somos más capaces de solucionar sus problemas que cualquier banda, por poderosa que sea". Tímidamente, los vecinos se van acercando. Incluso alguno, de vez en cuando, se atreve a deslizar un papel en la mano de Alonso. Un papel que dice quién, dónde... se vende la droga. Quién, dónde... se extorsiona o secuestra. ¿Y no es peligroso? El alcalde sonríe: "Lo peligroso es dejarle el territorio a los delincuentes. Lo peligroso es que ellos se conviertan en la autoridad...".

Precisamente hace unas semanas, tras el asesinato de un joven fotógrafo del Diario de Juárez, sus compañeros publicaron un editorial e imprimieron unas camisetas negras con una pregunta: "¿A quién pedir justicia?". ¿A quién pedir justicia en Juárez, donde cada tarde los sicarios aprietan el gatillo sabiéndose inmunes a la ley -de 10.000 detenidos, solo 450 terminaron en la cárcel-? ¿A quién pedir justicia en Caracas, una ciudad donde el pasado año murieron 19.000 personas, cuya tasa de homicidios triplica la ya muy alta de Latinoamérica, y donde el presidente Hugo Chávez despojó de competencias al alcalde porque no era de su color político?

No hay medidores de esperanza, pero en Medellín se la encuentra uno por la calle: el hombre en la puerta de su chabola, el muchacho de barrio convertido en mediador social. Claro está que la esperanza no surge de la nada. Los alcaldes Fajardo y Salazar construyeron decenas de colegios, de bibliotecas y de canchas de fútbol. Las dotaron de los mejores equipamientos, las iluminaron durante la noche -la única luz de los barrios oscuros- y contrataron a policías con perros para que las vigilaran. ¿Terminó eso con la violencia? A la vista está que no. Más de 1.400 personas -jóvenes la mayoría- han muerto asesinadas en lo que va de año y las noches vuelven a ser muy duras en las Comunas 1 y 13. Pero, a pesar de todo, las autoridades siguen empeñadas en despejar el futuro. Igual que, hace unos años, multitud de voluntarios salieron a las calles para buscar a los chavales sin escuela y llevarlos a las aulas, prepararles un desayuno y proveerlos de libros e ilusiones, ahora el trabajo es de los militares. Pero no solo entrando a la fuerza con sus fusiles de alto poder y sus miras de visión nocturna en los barrios de espanto, sino también, a la mañana siguiente, formando corredores de seguridad para que los hijos de todos los Daríos Obando de Medellín sigan yendo cada mañana a la escuela. Por calles llenas de barro, junto a paredes agujereadas por los tiros; pero también con un quizá y un tal vez bien, guardados en la mochila.

Hoy por hoy, Juárez, Caracas y Medellín siguen hermanadas por la violencia. Pero la ciudad colombiana lucha cada mañana por convertirse en hija única de la esperanza.

 

Lunes, a 4 de Octubre de 2010

Por Luis del Olmo

Hubo un tiempo, no muy lejano, en que Francia era considerada un refugio de ETA, el lugar en que los terroristas se escondían, se entrenaban y ocultaban sus armas. Y ahora todo indica que, una vez desarticulado el “santuario” francés, gracias a la cooperación antiterrorista del  presidente Sarkozy, los etarras han buscado otros campamentos de aprendizaje, entre ellos la Venezuela de Hugo Chávez. Y esa sospecha se ha confirmado tras la declaración de dos miembros de un comando etarra, Xabier Aristrain y Juan Carlos Besance, detenidos el pasado miércoles en Guipúzcoa. No se trata, por tanto, de fantasías infundadas o de vanas imaginaciones, sino de pruebas documentales y de confesiones de los propios etarras. Y, además, se conoce hasta el nombre del instructor de terroristas, del maestro de asesinos, que es Arturo Cubillas, un etarra deportado a Venezuela y actualmente alto cargo en el Instituto Nacional de Tierras de aquel país.

Y ahora el ministerio español de Exteriores, tal como es su obligación, le pide explicaciones a Venezuela sobre este asunto en que se producen, según investigaciones de la Audiencia Nacional, responsabilidades del Gobierno de Hugo Chávez y conexiones con los etarras y con los terroristas colombianos de las FARC.

En fin, que los etarras no viajan a Venezuela a hacer turismo, a conocer otro mundo y otras culturas, sino a hacer un “máster” en  las técnicas de manejar armamento, montar explosivos, organizar seguimientos a posibles víctimas, chantajear y matar. Un viaje de estudios o una licenciatura muy macabra, muy terrible, muy lamentable.

La diplomacia es una de las bellas artes, y quizá el más complicado de los oficios. Pero la diplomacia no es sólo “templar gaitas” ni habilidad para decir sí y decir no al mismo tiempo, con proverbial ambigüedad, sino que debe consistir en denunciar con toda firmeza, y cueste lo que cueste, las acciones que atenten contra los derechos humanos de otro país; y no hay derecho humano más sublime que la protección de la libertad y de la vida.

Quizá en Caracas, y como es norma de la casa, tenga una escasa repercusión la protesta española por el adiestramiento de etarras. Pero ni nos podemos callar ni debemos aceptar la mentira y la patraña como respuesta. Es éste uno de los casos claros en que la comunidad internacional, y más concretamente la Unión Europea de la que formamos parte, no puede dejar a España sola, clamando en el desierto, por mucho que bajo el desierto venezolano haya petróleo y sean muchos los intereses españoles en el país del errático Hugo Chávez.

 

Lunes, a 4 de Octubre de 2010

Pintada a favor de ETA, en un barrio de Caracas, en la que se pide libertad para el pueblo vasco y se muestra rechazo a la extradición de etarras (Foto Gabriel Osorio)

 

Por José María Irujo para elpais.com, 04/10/2010

La confesión de los presuntos etarras Juan Carlos Besance y Xavier Atristain, detenidos el pasado 29 de septiembre en Guipúzcoa, supone el primer reconocimiento de miembros de la organización terrorista sobre la utilización de Venezuela como escenario para su entrenamiento armado.

Hasta ahora todos los indicios sobre la utilización de ese país durante el Gobierno de Hugo Chávez se basaban en documentación intervenida a ETA en Francia, en los correos electrónicos que contenía el disco duro del ordenador del jefe de las FARC Raúl Reyes, muerto en un bombardeo del ejército colombiano, y en testimonios recogidos en Bogotá por agentes españoles a ex miembros de las FARC que relataron con todo lujo de detalles como fueron entrenados en armas y explosivos por miembros de ETA en la selva venezolana. Besance y Atristain añaden ahora un relato clave que demostraría el presunto amparo de Chávez a las constantes idas y venidas de miembros de ETA por su territorio, un país que los terroristas han convertido en un balneario para el descanso, el entrenamiento y el asesoramiento de organizaciones armadas amigas como las FARC. Venezuela es la mayor reserva de refugiados y huidos etarras de Suramérica, aunque la mayoría de los 60 miembros que residen allí están alejados de la banda. En los últimos años los servicios de inteligencia españoles han detectado un traslado constante de miembros de ETA desde México y Francia a Venezuela.

Los presuntos etarras Besance y Atristain, según fuentes próximas a la investigación, han relatado que viajaron al balneario etarra en 2008 para llevar a cabo un curso de armas y que les recibió Arturo Cubillas Fontán, a quien el juez de la Audiencia Nacional Eloy Velasco procesó el pasado mes de marzo por sus relaciones con ETA y las FARC y por ser la persona que presuntamente recibía en Venezuela a los etarras que impartieron los cursillos de armas y explosivos. Cubillas, de 46 años, es funcionario del Gobierno de Chávez y está casado con Goizeder Odriozola, asesora personal de Elías Jaua, vicepresidente de la República. El etarra mantiene estrecha relación con mandos de la Guardia Nacional y de la Dirección de Inteligencia Militar (DIM) por razones de su cargo como jefe de seguridad del Instituto Nacional de Tierras (INTE), un organismo que ha confiscado 40.000 fincas supuestamente improductivas, según fuentes consultadas por El PAÍS.

La Fiscalía de la Audiencia Nacional que dirige Javier Zaragoza, presentó una querella contra Cubillas y otros miembros de ETA y las FARC y el juez solicitó su extradición como presunto autor de tres asesinatos y responsable de la organización terrorista en Venezuela. Cuando se cumplen siete meses desde el auto de la Audiencia Nacional que decretó su prisión provisional y búsqueda y captura internacional, Cubillas sigue sin ser detenido y pasea libre por las calles de Caracas.

La orden de detención aparece desde el pasado 1 de marzo con índice rojo, detención para extradición, en los ordenadores de los 188 países asociados Interpol. Fuentes de la Audiencia NacionalNo esperamos nada de las autoridades venezolanas", reconocen fuentes judiciales. Una delegación de Interior que visitó Caracas para convencer a sus homólogos de la importancia de detener a Cubillas regresó a Madrid sin conseguir su objetivo. aseguran que ninguno de los requerimientos a la justicia de Venezuela ha recibido respuesta. "

 

Martes, a 31 de Agosto de 2010

Por Manolo Saco para publico.es, 23/08/2010

En Brasil se han echado a la calle los humoristas porque las autoridades han prohibido por decreto divulgar, en emisoras y periódicos, imágenes o afirmaciones que puedan “denigrar o ridiculizar” a cualquiera de los candidatos a la presidencia del país en las próximas elecciones del 3 de octubre. Inexplicable. Ahora que en nuestra Antena 3 comienza “El club del chiste VIP”, con los políticos trabajando de humoristas (oficialmente, por fin), los brasileños caminan con el pie cambiado y pretenden destruir el espejo en el que mirar las miserias de los mandatarios públicos, ese espejo del Callejón del Gato que es el humor, que no tiene piedad de famas y cuyo contacto todo lo corroe.

Lo que demuestra que el miedo a la crítica no es privativo de sociedades dictatoriales o totalitarias. Basta con rascar en la piel de países como Italia o Venezuela para comprobar que las restricciones a la libertad de opinión y crítica son un recurso recurrente, con el empleo de los más variados y peregrinos argumentos, y siempre por nuestro bien, por supuesto.

Nuestro viejo régimen era un especialista en el asunto. Obreros y estudiantes en huelga pasaban a ser delincuentes comunes por orden administrativa, los detenidos se suicidaban sospechosamente tirándose de las ventanas de dependencias policiales, los grupos de resistencia armada de la posguerra, el maquis, eran simples bandoleros, y todo opositor al régimen formaba parte de una confabulación judeo-marxista-masónica, pagada por un inagotable tesoro guardado en algún lugar de Moscú, que tenía como objetivo la destrucción de España a golpe de talonario.

Para aquel régimen, hasta los homosexuales, “que apenas existían”, por cierto, eran delincuentes peligrosos a los que se les aplicaba la reformada “Ley de vagos y maleantes” nacida en la República. Hay “delitos” y situaciones que ciertas sociedades no pueden consentir, así que mejor es que no se hable de ellos. La Ley para la Seguridad del Estado de 1941 intentaba poner coto al “menosprecio público de las más esenciales prerrogativas de la autoridad”.

En ese caldo de cultivo fascista, el humor tuvo que hacerse “blanco”, libre de toda crítica pública y política, al que se permitía antes un leve desahogo de cierta tensión sexual que la más leve crítica a la autoridad, fuese política, religiosa o militar, por supuesto. Pero como el censor (y de esto yo sé mucho, os recuerdo que soy un aprendiz de censor) se distingue sobre todo por su torpeza de criterio y su incapacidad absoluta para el humor, las publicaciones acudieron al recurso humorístico para burlar a los censores, siempre preocupados por lo mismo, como mi confesor. La Codorniz, “la revista más audaz para el lector más inteligente”, llegó a representar un instrumento de propagación de rumores que la prensa del régimen no podía ni mencionar. Más tarde, en el franquismo declinante, revistas como Triunfo, Cuadernos para el diálogo o Cambio16 hicieron un ejercicio soberbio de redacción para “escribir y leer entre líneas”, esas líneas que el estúpido censor era incapaz de comprender. Como el dios de Einstein, escribíamos derecho sobre renglones torcidos.

En Venezuela, que se ha revelado como uno de los países de Latinoamérica con mayor índice de asesinatos, muy por encima de las ya míticas cifras de Colombia o México, el gobierno intentó torpemente censurar los datos recolectados por su Instituto Nacional de Estadísticas prohibiendo publicar “fotos, informaciones y publicidad” sobre violencia, sin duda porque la situación de caos e inseguridad que reflejaban esos datos no encajaban bien con la situación idílica de la revolución bolivariana. No lo han conseguido gracias a un tribunal que anuló en parte la orden gubernamental.

Un traspiés, no más. Como sabéis, allí el humor en la información lo pone directamente el presidente Hugo Chávez en su programa televisivo. Si aquí, en una dictadura, conseguimos torear a los tribunales con el recurso del humor, ¿qué tribunal podrá resistirse al ingenio del líder de la revolución democrática bolivariana?

 

Sábado, a 31 de Julio de 2010

Editorial de elpais.com, 24/07/2010

Las relaciones entre la Colombia de Álvaro Uribe y la Venezuela de Hugo Chávez han sido malas desde hace años, pero han ido empeorando a medida que Bogotá adquiría la certeza del apoyo, plenamente documentado, del populista líder venezolano a las muy debilitadas guerrillas de las FARC. Chávez ha vuelto ahora a cortar los lazos diplomáticos con su vecino y puesto en alerta a sus tropas fronterizas, después de que el Gobierno de Uribe presentara ante una sesión especial de la OEA nuevas pruebas de que dirigentes de las FARC, al frente de cientos de insurgentes, operan desde campos en el interior de Venezuela y pidiera una comisión internacional de verificación. Caracas ha vuelto a negar enfáticamente lo primero y rechazado lo segundo.

Es imposible, sin embargo, deslindar el momento de las renovadas acusaciones colombianas del hecho de que el presidente Uribe deja el cargo en dos semanas, después de que se considerase inconstitucional su intento de conseguir un tercer mandato. Todo sugiere que antes de esa despedida, que no se produce de buen grado, el jefe del Estado quiere marcar, al menos respecto a Venezuela, la política exterior de su sucesor y delfín, el presidente electo Juan Manuel Santos, ex ministro de Defensa. Santos, un continuista, no es precisamente admirador del izquierdista y mercurial Chávez -que intenta contrapesar su decreciente popularidad con golpes de efecto, el último, desenterrar a Simón Bolívar-, pero interpreta con buen criterio que una de sus misiones es intentar normalizar las relaciones con Caracas, entre otras razones para obtener al menos neutralidad frente a la guerrilla.

Uribe deja el poder tras ocho años con enorme aprobación popular. Sería un error por su parte pensar que esa circunstancia le autoriza a socavar las políticas reconciliadoras de su sucesor. Y más grave aún considerar que la interferencia puede continuar después del 7 de agosto.

 

Categorías:
Martes, a 22 de Junio de 2010

Más de 100.000 toneladas de alimentos importados por una empresa estatal para los mercados socialistas se descomponen en los muelles de un puerto

Por Maye Primera para elpais.com - Puerto Cabello - 22/06/2010

"Hedía como 100 perros muertos", dice Dayana Reyes, segura de que no ha exagerado lo suficiente. El olor que llegaba a su casa desde Puerto Cabello, era el de miles de toneladas de carne podrida. Este año, en el Estado de Carabobo, donde se halla el segundo puerto más grande de Venezuela, han sido localizadas 103.802 toneladas de alimentos putrefactos que el Gobierno de Hugo Chávez ha importado y abandonado dentro de contenedores en muelles y almacenes. Son millones de kilos de comida que debían ser vendidos a bajo precio en la red de mercados socialistas del Estado.

Los vecinos de la parroquia de La Fraternidad, que tienen por horizonte montañas de contenedores que sobresalen tras los muros del puerto, fueron los primeros en olerse que había algo podrido en las importaciones oficiales. En abril de 2009, les informaron de que el aroma provenía de 50 contenedores con alimentos de la Productora y Distribuidora Venezolana de Alimentos (Pdval), filial de la estatal Petróleos de Venezuela (Pdvsa). Pero la noticia no se convirtió en escándalo nacional hasta hace pocas semanas, cuando comenzaron a aparecer cientos de lotes de contenedores cargados de comida descompuesta. Y el pasado día 15 el Gobierno de la República Dominicana devolvió a Venezuela un barco cargado con 60 contenedores con latas de atún, leche y pasta caducadas, que habían sido enviados por el Gobierno de Chávez como ayuda humanitaria para Haití.

El asunto es grave, ha dicho el presidente-comandante, pero no demasiado representativo. "Estas toneladas son bastantes. No quiero minimizar en nada su gravedad, pero no representan ni el 1% del inmenso caudal de alimentos que ahora sí les llega a ustedes [al pueblo] gracias a Mercal y gracias a Pdval", dijo Chávez el pasado día 3, cuando salió en defensa del presidente de Pdvsa y ministro de Energía, Rafael Ramírez. Para Chávez, "la oligarquía" ha inflado el caso para desprestigiar la "lucha por la soberanía alimentaria del pueblo".

Desde hace siete años, Chávez intenta hacerse cargo de la producción, distribución y comercialización de alimentos para resguardarse del "sabotaje" del sector privado. En 2003, comenzó por crear la empresa Mercados de Alimentos (Mercal), que instaló puestos de venta callejeros de comida a bajo coste por todo el país. En enero de 2008, Chávez ordenó a la gerencia de Pdvsa que garantizara la "soberanía alimentaria" del país y creó Pdval, para que se encargara de todo el proceso, desde las compras en el extranjero hasta la venta en los mercados socialistas. Más del 70% de los alimentos que se consumen en Venezuela son importados y el Gobierno hace buena parte de estas compras en Estados Unidos, Brasil, Argentina, Uruguay y Ecuador. El régimen reconoce tímidamente ahora que debió encargar la misión al Ministerio de Alimentación y no a una empresa petrolera.

Parte de la responsabilidad le corresponde también a la gestión de los puertos, que fueron nacionalizados en 2009 y puestos bajo control de la Empresa Bolivariana de Puertos, con 51% de capital venezolano y 49%, cubano. Trabajadores de los muelles, que han pedido no ser identificados por temor a ser despedidos, afirman que Puerto Cabello solo funciona a media máquina desde que fue nacionalizado. "Por pura burocracia, la mercancía tarda entre uno y tres meses en salir del puerto", dice uno de ellos. En el retraso hay además un gran negocio: el alquiler de cada contenedor le cuesta al Estado unos 150 dólares (120 euros) al día. Pero los contenedores refrigerados que transportan pollo y carne requieren de electricidad, y durante dos horas al día se quedaban sin energía, expuestos al sol, a causa del plan de racionamiento del suministro que se aplicó hasta hace un par de semanas en Venezuela.

El Gobierno afirma que todo es culpa de "los ricachones", de las empresas privadas, y les responsabiliza de que el país atraviese desde hace tres años periodos de desabastecimiento o escasez de harina, leche, carne, pollo, mantequilla y arroz, así como de que la inflación acumulada en lo que va año sea ya de 14,2%. En los últimos dos años, el régimen ha expropiado o intervenido 76 empresas vinculadas al sector de la alimentación. Entre las afectadas se cuentan grandes compañías de venta de cereales, café y tomate, como Molinos Nacionales, Cargill y Heinz, y cadenas de hipermercados, como las franco-colombianas Éxito y Cada.

La empresa venezolana más grande del sector, Alimentos Polar, es la siguiente en el punto de mira de Chávez. El presidente-comandante acusa a sus directivos de acaparar alimentos y de encabezar la huelga que paralizó el país entre diciembre de 2003 y febrero de 2004. "[Lorenzo] Mendoza si tú crees que no soy capaz de nacionalizar Polar, no te equivoques, porque te tengo ahí", retó Chávez al dueño de la compañía el pasado día 3. Las empresas del grupo Polar fueron fundadas hace 70 años, emplean a unos 30.000 trabajadores y cuentan con 30 plantas industriales y más de 150.000 puntos de ventas, según datos de la compañía. En marzo, el Gobierno expropió algunas de sus propiedades en la ciudad de Barquisimeto, en el centro del país. Dos meses más tarde, la Guardia Nacional decomisó 120 toneladas de alimentos de los depósitos de Polar. De inmediato Chávez pidió a la fiscalía que abriera un procedimiento contra la empresa por el delito de "acaparamiento" y por jugar con el hambre del pueblo.

 

Categorías:
Lunes, a 22 de Febrero de 2010

 

Varios agentes trasladan el cacáver de un menor tiroteado en Caracas

Por Moisés Naím para elpais.com, 21/02/2010

El 16% de la población mundial en edad adulta se quiere ir de su país. Esto quiere decir que 700 millones de personas, más que toda la población del continente americano, dejarían su país para siempre si tuviesen los medios para hacerlo. Estos son los resultados de una encuesta que llevó a cabo la empresa Gallup en 135 países entre 2007 y 2009. Los investigadores de Gallup aclaran que estas respuestas reflejan aspiraciones más que intenciones, y que sólo una fracción de quienes desean emigrar lo hacen. Pero, en todo caso, las fuerzas que empujan a cientos de millones de personas a desear abandonar su tierra son lo suficientemente potentes como para que, en muchos países, el cómo, cuándo y adónde emigrar se haya convertido en un tema recurrente de las conversaciones cotidianas.

Salvo en casos extremos, donde la guerra o la carestía material hacen que marcharse sea la única forma de sobrevivir, la emigración no es para todos. En general, quienes se aventuran a iniciar una nueva vida en otro país son los más jóvenes y educados. Sólo el 10% de quienes sueñan con emigrar tiene más de 35 años, mientras que el 22% tiene entre 15 y 34 años. El 40% tiene educación secundaria o superior y sólo un 11% no terminó la secundaria. Pero el principal factor que define a quienes desearían mudarse a otro país es que tienen familiares y amigos que ya emigraron y con quienes se mantienen en contacto. Gallup encontró que el 59% de quienes respondieron que les gustaría emigrar tienen o han tenido en los últimos cinco años un familiar viviendo en otro país, mientras que sólo el 13% no tiene a nadie en el exterior con quien pueda contar.

La inseguridad se está convirtiendo cada vez más en el detonante para abandonar el país

"¿Cuál es tu Plan B?" es una pregunta que en muchos países se hace con una trágica naturalidad. Todos saben que el Plan B significa irse del país. En Venezuela, Guatemala, Nicaragua o Ecuador, prepararse para la triste pero inevitable contingencia de tener que emigrar cuando la ya precaria situación se haga invivible forma parte de la experiencia de la clase media. Si bien la mala situación económica y la falta de oportunidades son fuertes motivaciones para emigrar, cada vez más la inseguridad personal -los frecuentísimos robos, secuestros y asesinatos- se convierte en el detonante de la decisión de abandonar la patria. "Estoy dispuesto a no tener todo lo que me gustaría tener", me dice Arturo, un joven profesional guatemalteco, "pero no quiero vivir con miedo de salir a la calle. Por eso me fui". Elena, que es venezolana, ingeniera industrial y la primera persona de su familia que obtuvo un título universitario, me cuenta que decidió emigrar después de que la violasen... por segunda vez. "La primera vez fue muy traumática, pero decidí que no les daría el poder de cambiarme la vida. Me mudé de Maracaibo a Caracas. Un año después, saliendo del cine con mi novio, nos hicieron un secuestro express; nos tuvieron en un carro toda la noche obligándonos a sacar dinero de los cajeros automáticos, me violaron varias veces y a mi novio le dieron una terrible paliza. Eran militares. Pocos días después me fui a Miami, donde sigo ilegal, trabajo como camarera y vivo en un cuarto alquilado. No volveré más nunca". Hace pocos días, Javier Aguirre, el entrenador de la selección mexicana de fútbol, anunció en una entrevista que se iría del país porque vivir en México se le hacía intolerable debido a la inseguridad.

Arturo, Elena y Javier Aguirre son el tipo de gente con la cual se construye una sociedad decente y próspera. ¿Decidieron ellos irse o su país los expulsó? No importa. El hecho es que sus respectivos países ya no cuentan con su talento. Y lo que más importa es que millones como ellos están pensado en irse, y que esos sueños de emigración atenúan su compromiso con su nación y acortan su horizonte temporal. Quienes piensan en emigrar no tienen muchas razones para tener proyectos de largo plazo en un lugar que quizás abandonen. Éste es el empobrecedor proceso que transforma a los ciudadanos de un país en meros habitantes de su territorio. Y cuando un país tiene más habitantes que ciudadanos, su futuro no puede ser bueno.

 

Lunes, a 22 de Febrero de 2010

El director técnico mexicano genera polémica al criticar la inseguridad y anunciar que debido a la misma no vivirá en el país

Por Gabriela Warkentin para elpais.com, 18/02/2010

La ecuación es casi predecible: 'personaje público y popular' + 'declaración controvertida' = 'escándalo seguro'. El respetable se alborota, la comentocracia se desborda: las pasiones nunca se hacen esperar.

Revisemos lo sucedido. Javier Aguirre, otra vez entrenador de la selección Mexicana de Fútbol (y en su momento del Osasuna, del Atlético de Madrid, del Pachuca, etcétera), habló, tocó fibras y nos obligó a vernos en diferentes espejos.

En una entrevista, hace unos días, para la Cadena SER, Aguirre comentó la situación de inseguridad que se vive en México; contundente, soltó un repetido "jodido" para calificar lo que aquí se vive (las inundaciones, puntualizó, pero sobre todo la delincuencia y la violencia); matizó al declarar "¡hombre!, no es Haití"; se refirió a la supuesta tranquilidad de hace décadas, cuando los malos se mataban entre ellos, pero dejaban en paz a la sociedad; y sentenció que al terminar el Mundial 2010, regresará a Europa, como sea, porque vivir en México "¡no!". Habló también de la Selección mexicana para ubicarnos en la realidad de sus alcances. Y, bueno, de la radio española a los medios mexicanos: el trecho terminó siendo corto para encender la mecha de las pasiones.

Reacciones ha habido muchas. Entre las airadas están desde quienes mentan la progenitora de Javier Aguirre, le exigen que se largue ya, lo tildan de malinchista (genérico para nombrar al mexicano que ama lo extranjero), le recuerdan que de por sí hace mucho no vive en el país (reside en Miami y parte de su familia en España), le restriegan los millones que recibe, y un montón de linduras más. Entre quienes se dedican al turismo salen reclamos contra Aguirre: "sus palabras no ayudan a reactivar la imagen del país, ¡joder!" (ésta se convierte en la palabra de cambio).

También hay reacciones de apoyo, o que secundan lo dicho: voces que reclaman la hipocresía de quienes se enojan ("¡a poco no todos nos iríamos de México si pudiéramos!"). Un estudiante recuerda una conferencia de hace algunos meses en que un profesor preguntaba quiénes se irían de México si pudieran, y sólo dos personas no levantaron la mano. Algunos reconocen la sinceridad de Javier al expresar lo que tantos sienten. Por ahí otro más sentencia: ¡ya vámonos todos, el último que apague la luz! Y sí, otro montón de linduras más.

Javier Aguirre es un personaje que me cae bien, por sus logros, sin duda, pero sobre todo por su forma de ser: directa, casi bronca. Y sin duda lo que dijo en la entrevista radiofónica refleja no sólo lo que muchísimos mexicanos sienten o piensan, sino también algo de lo que sucede en el país. Yo misma, en éstas y otras páginas, he sido profundamente crítica con el rumbo que está tomando México, con la violencia que se nos contagia a diario. No puedo negar la tragedia de los millones de jóvenes que han visto cancelado ya no su futuro, sino el presente mismo, ante la imposibilidad de trabajar o estudiar. Sigo señalando el peligro que implica la polarización extrema (en temas políticos, sociales, morales) que se atiza a la menor provocación. Recuerdo las tareas pendientes en materia de calidad y cobertura de la educación, de densidad y participación ciudadanas, de democracia comunicativa, de reconocimiento y celebración de las diferencias. Temo la embestida conservadora que se deja sentir cada día más y amenaza con cancelar los avances logrados en reconocimiento de derechos. En fin, yo misma podría decir que mucho de lo que pasa en México ¡está jodido! (para ponerme a tono con la expresión en turno). Pero algún prurito me recuerda que, con todo, Javier Aguirre es Javier Aguirre, entrena a la Selección Mexicana y sus palabras tienen el peso de su innegable proyección simbólica.

No hagamos, sin embargo, una tormenta en un vaso con agua. Más allá del tono un poco condescendiente y de cierta arrogancia, con que Aguirre dijo lo que dijo -chocante para nuestra a veces muy delicada sensibilidad nacional-, y sí, sin olvidar que hace menos de un año acompañó al Presidente Calderón en el lanzamiento de la campaña Vive México para reactivar la industria turística mexicana, reconozcamos que en lo dicho se reflejan verdades y percepciones que son las que debemos atender. Nombrar las cosas no implica crearlas, si acaso hacerlas visibles. Y no nombrarlas tampoco implica desaparecerlas, si acaso reprimirlas.

Cuando los famosos hablan, las palabras resuenan. Recordemos el escándalo de hace apenas unos días, al twittear el colombiano Juanes una especie de clave del supuesto Blackberry del venezolano Hugo Chávez (ingeniosamente encriptada como H1J0D3PU7A). La herida fue tal que incluso a los simples mortales que en algún momento re-twitteamos el episodio, nos fue como en feria. Por eso las palabras y el tono de Javier Aguirre importan. Por quien es, por lo que representa y porque lo que vivimos en México no es juego de niños: es una realidad dolorosa y sentida. Aunque si lo expresado ayuda a que se acentúe la conciencia de que somos los mismos mexicanos los que debemos poner manos a la obra y seguir trabajando para que los intríngulis se desanuden y los escenarios se clarifiquen, bienvenido sea.

Lo sé, lo sé... suena ingenuo esto último que escribí, pero, ni modo, soy de las que quieren seguir viviendo en México, con todo y lo que se jodió. Así que, Javier, muy a la mexicana: ¡no nos ayudes compadre! O, bueno, ayúdanos un poco más.

Gabriela Warkentin es Directora del Departamento de Comunicación de la Universidad Iberoamericana, Ciudad de México; Defensora del Televidente de Canal 22; conductora de radio y TV; articulista.

 

Martes, a 2 de Febrero de 2010

 

 

 

 

 

EL ACENTO: El 'bautismo' chavista

El presidente venezolano Hugo Chávez no sólo nacionaliza bancos extranjeros, sino también monumentos y hasta accidentes geográficos. La última nacionalización ha afectado a las cataratas con mayor caída del mundo -casi 1.000 metros- conocidas como Salto del Ángel.

Un aviador estadounidense, Jimmy Angel, fue el primer occidental que, en 1933, divisó aquel prodigio de la naturaleza cuando sobrevolaba la zona buscando vetas auríferas, aunque seguro que algún conquistador español anduvo por allí con varios siglos de adelanto. Angel no encontró oro, pero si obtuvo el premio de consolación de que le dieran su nombre a la monumental cascada, que se halla en el parque nacional de Canaima, en plena selva, próxima a la frontera con Brasil.

Y el líder bolivariano decidía hace sólo unas jornadas, con esa facundia patrimonial de quien se siente amo y señor de su país, que las cataratas se llamarían Kerepakupai-Merú, que significa en lengua de los indígenas Pemon, "cascada del lugar más profundo", con su majestuosa caída desde el monte Auyan Tepui o Montaña del Diablo, que no ha habido que rebautizar porque así se llama secularmente.

La práctica de dar nuevos nombres en países donde el colonialismo lo había bautizado todo a su guisa, es tan legítima como habitual. Santa Isabel de Fernando Poo, en la ex colonia española de Guinea Ecuatorial, hoy es Malabo, y Chávez, a su estilo, ya había rebautizado el Día de la Raza o del Descubrimiento como Día de la Resistencia Indígena, pero la diferencia consiste en que esos neobautismos suelen hacerse recurriendo a la lengua nacional en lugar de a la versión extranjera. Así, la anglo-portuguesa Bombay -Bom Baia- es hoy Mumbai, y la ex colonia francesa de Alto Volta, Burkina Faso, pero ocurre que la lengua poma no es oficial en Venezuela, donde se habla, y muy bien, sólo el español.

Sería de agradecer, por ello, que el monte Ávila, tan español y tan teresiano, que domina la ciudad de Caracas, no adopte en las pilas bautismales del socialismo bolivariano del siglo XXI cualquier otra denominación, porque, sin duda, los resignados caraqueños harían caso omiso del nuevo onomástico.

 

Categorías:
Martes, a 2 de Febrero de 2010

La devaluación del bolívar revela la incompetencia de la política económica chapista

 

Editorial de elpais.com, 12/01/10

Con la devaluación del bolívar decretada el viernes, Hugo Chávez ha logrado un récord mundial. Venezuela es ya el único país del mundo en el que operarán tres tipos de cambio: el que se aplica a alimentos y otros productos de primera necesidad (2,6 bolívares por dólar); el general (4,3) y el del mercado negro (6,20).

La devaluación era inevitable, por la continua erosión de la posición internacional de la economía venezolana. Y es aparentemente brutal, por cuanto supone una pérdida de valor de su moneda del 50%. Su magnitud tiene que ver con la tozudez de mantener durante años un tipo de cambio artificial de 2,15 bolívares por dólar, para evitar el coste del ajuste. Aunque, ironía de la realidad, la divisa ha perdido durante el mandato chavista, desde 1999, el 87% de su valor.

Pero al mismo tiempo es insuficiente porque el bolívar se seguirá negociando en el mercado negro, con las mismas ineficiencias y corrupciones en los mercados de cambio y en general en las compraventas de productos importados. Es también insuficiente (y, por tanto, efímera) porque no va acompañada de otras medidas, presupuestarias, fiscales y salariales, que son las que afianzan en el largo plazo los beneficios de una devaluación. La medida no se justifica como compensación de los menores ingresos derivados del descenso del precio mundial del petróleo, de 126 dólares en su pico máximo de julio de 2008 al entorno actual de los ochenta, pues el caudillo populista se encontró al inicio de sus mandatos con un precio del crudo entre 10 y 11 dólares el barril.

La incompetencia de su política económica se resume así en dos datos: el producto estrella de su exportación se ha multiplicado por ocho, y el valor de su moneda se ha dividido por nueve.

A corto plazo, la devaluación duplicará los ingresos públicos derivados de la exportación petrolera, lo que servirá para financiar los gastos sociales del presidente en un año electoral. Pero también alimentará la ya insólita inflación del 25% en perjuicio del consumo popular.

Combinada con la obligación legal de solicitar permiso para repatriar dividendos, perjudica desde ya a grandes empresas internacionales instaladas en el país, especialmente las españolas. La inepcia política y la inseguridad jurídica se dan así la mano en desfavor de casi todos, incluidos los ciudadanos, que verán reducido el valor de los salarios a la mitad.

 

Categorías:
Martes, a 2 de Febrero de 2010

El Gobierno cierra un 'híper' por subir los precios

 

Por Maye Primero para elpais.com (Caracas), 12/01/2010

Con la llegada del lunes, mermó el desenfreno por las compras que el fin de semana se apoderó de los venezolanos, apurados por llenar la despensa de víveres y la casa de electrodomésticos antes de que se disparen los precios por la entrada en vigor del nuevo tipo de cambio dual decretado el viernes por el Gobierno, que devaluó el 50% el bolívar. Desde ayer, el valor oficial del dólar dejó de ser de 2,15 bolívares fuertes y pasó a ser de 4,30 (de 2,60 para importar algunos productos esenciales).

En el mercado paralelo, el dólar llegó a cotizar ayer a 6,5 bolívares. La moneda nacional ha perdido en torno al 90% de su valor desde que Hugo Chávez llegó al poder, hace 11 años, pese a que en ese plazo el precio del petróleo, la principal fuente de divisas, se ha multiplicado por ocho.

El lugar de los compradores compulsivos en las tiendas fue ocupado ayer discretamente por los fiscales del Instituto Venezolano para la Defensa de las Personas en el Acceso a los Bienes y Servicios, el Indepabis. El domingo, Chávez les ordenó que salieran a la calle junto al "pueblo" y a la Guardia Nacional para "luchar contra la especulación". Las rejas de un hipermercado de la cadena colombiana Éxito, en el petrolero Estado Zulia, fueron las primeras que cerraron por sospechas de remarcaje de precios.

La promesa de Chávez es que con la devaluación -oficialmente "ajuste cambiario"-el dólar será lo único que subirá de precio, pese a que Venezuela importa cerca del 80% de los productos que consume. El Ministerio de Finanzas insiste en que no tendrá impacto sobre la inflación, la más alta de Latinoamérica (el 30,9% en 2008 y el 25,1% en 2009) porque habrá suficientes dólares a 2,60 para importar alimentos y bebidas no alcohólicas. Subir el precio de la gasolina ni se plantea, pese a que con la devaluación el litro pasa a costar al tipo oficial el equivalente a poco más de un céntimo de euro, muy por debajo del coste.

Los partidos de oposición insisten en comparar la recesión actual con la crisis económica que estalló en Venezuela el Viernes Negro del 13 de febrero de 1983. Ese día, el Gobierno del socialcristiano Luis Herrera Campins decretó una devaluación del bolívar del 28%. Desde entonces, ésa es la fecha simbólica que divide la historia local en dos tiempos: los años de bonanza petrolera y despilfarro, y las consecuentes décadas de vacas flacas y pobreza. Al 8 de enero de 2010 de Chávez le llaman por eso el "viernes rojo". Entre una y otra fecha, el bolívar ha perdido el 99,9% de su valor.

 

 

 

Categorías:
Martes, a 2 de Febrero de 2010

Un comercio iluminado por una vela durante el racionamiento eléctrico, en el área metropolitana de Caracas.- EFE

Quejas ante el inicio de los cortes de luz decretados por Chávez para ahorrar energía - La policía toma las calles para evitar que se dispare la criminalidad

Por Maye Primera para elpais.com (Caracas), 14/01/2010

A las doce de la noche en punto de ayer (5.30 de la madrugada en la España peninsular) se apagaron las luces de una sexta parte de Caracas y estalló el ruido de las cacerolas. "Eso es pa' que sigan votando a Chávez", gritaban algunas amas de casa desde sus balcones en uno de los barrios de San Antonio de los Altos, y hacían sonar sus sartenes. "¡Que viva Hugo Rafael!", les respondía el vecino chavista del tercer piso, estrellando también un cucharón contra una olla. Así comenzó, justo en la medianoche del miércoles, el plan de racionamiento de electricidad que hasta mayo aplicará el Gobierno venezolano en Caracas y sus ciudades satélites.

Durante cuatro horas diarias, un día sí y un día no y en ciclos de dos semanas, este plan de ahorro dejará sin servicio eléctrico a cada hogar caraqueño. Para la aplicación del plan la ciudad ha sido dividida en seis sectores. El primero de ellos se quedó a oscuras entre la medianoche y las cuatro de la madrugada, justo cuando la televisión retransmitía un partido clave de la final de la temporada de béisbol, el deporte con más fanáticos en el país. Las demás zonas de la ciudad se fueron apagando de cuatro de la madrugada a ocho de la mañana, de ocho de la mañana al mediodía, del mediodía a las cuatro de la tarde, y así sucesivamente.

"Esto ya es el colmo", se quejan muchos. Porque desde octubre pasado el Gobierno también suspende el servicio de agua durante dos días en cada barrio y urbanización de Caracas, también como parte de un plan de racionamiento. Y porque el viernes pasado, el presidente, Hugo Chávez, anunció la devaluación de la moneda local, el bolívar fuerte, en un 50%, que provocó una oleada de compras compulsivas durante el fin de semana ante la inminencia del alza de todos los precios. Desde el pasado lunes, el tipo de cambio oficial de 2,15 bolívares fuertes por dólar fue sustituido por dos nuevas referencias: una de 2,60 bolívares por dólar para la importación de bienes esenciales como alimentos y artículos de salud, y otra de 4,30 para las operaciones de los demás sectores.

Además de los guardias nacionales que, por orden del presidente Chávez, custodian los almacenes e hipermercados, anoche salieron a patrullar todos los coches de la policía municipal disponibles en la ciudad. Los guardias están allí para evitar el remarcaje de los precios, pues el comandante prometió que la devaluación no traería un alza de precios y amenazó a los comerciantes con expropiar los negocios de quienes los variaran.

Los policías municipales trataban de evitar que en medio de la oscuridad se produjeran más asaltos y más asesinatos de los que ocurren a plena luz de las farolas y bombillas en una noche cualquiera, y que ubican a Caracas como la segunda ciudad más violenta de América Latina, después de Ciudad Juárez.

Al menos la Guardia Nacional cumplió su cometido: entre lunes y martes cerraron por 24 horas 70 comercios en tres Estados del país -entre ellos dos hipermercados de las cadenas Éxito y Cada, de capital colombiano-, con ayuda de funcionarios del Instituto para la Defensa de las Personas en el Acceso a los Bienes y Servicios (Indepabis).

Tras la orden presidencial dada el domingo de "defender al pueblo" de los "burgueses, oligarcas que están diciendo que tienen que incrementar todos los precios", los funcionarios del Indepabis son los únicos de toda la administración pública que no han tenido descanso. Desde este lunes, todos los demás burócratas del Gobierno trabajan menos, para ayudar también al ahorro de electricidad: en lugar de ocho horas, todas las oficinas públicas trabajan cinco horas a partir de esta semana.

Al anunciar el viernes la medida, junto con la devaluación y las denuncias por la supuesta incursión de un avión militar estadounidense en territorio venezolano, Chávez ofreció descuentos en las tarifas a las familias que logren bajar su consumo eléctrico. Una oferta por tiempo limitado, hasta que termine la sequía generada por el fenómeno climatológico El Niño que estaría secando los embalses de las hidroeléctricas y al que el Gobierno venezolano le achaca todos los males actuales de los servicios.

 

Categorías:
Martes, a 26 de Enero de 2010

Caracas acentúa su política de silenciamiento de los medios informativos críticos

Editorial de elpais.com, 26/01/10

El Gobierno venezolano ha cortado definitivamente la señal al canal de televisión más antiguo del país basándose en un rosario tecnicista de incumplimientos legales que pueden resumirse en uno: Radio Caracas Televisión Internacional rechaza transmitir los doctrinarios discursos del presidente-comandante Hugo Chávez, esas interminables alocuciones en las que el caudillo bolivariano desgrana las recetas de su tosco catecismo supuestamente izquierdista. Junto con RCTVI, otros cinco pequeños canales de cable han sido silenciados. La Comisión Interamericana de Derechos Humanos considera la medida una vulneración de las garantías constitucionales y aduce que los canales cerrados no han tenido la oportunidad de defenderse ante una autoridad imparcial.

Ni la libertad de expresión ni la disidencia son santos de la devoción de un líder que, pese a controlar cada palanca del poder, se considera víctima de los medios no adictos. Hace ya mucho tiempo que Chávez confunde deliberadamente celebrar elecciones y ganarlas con la existencia de un Estado democrático en Venezuela. Y no es la primera vez que suprime de un plumazo voces discordantes, aunque nunca su inquina haya sido tan persistente como contra RCTVI, una cadena a la que en 2007 ya retiró la autorización para emitir en abierto y a la que acusa de conspirar contra él. En agosto pasado, Caracas amordazó a otra treintena de emisoras de radio que supuestamente no habían renovado su concesión administrativa.

La reciente purga televisiva de Chávez, resumida en su frase "aquí hay unos burguesitos que quieren retar al Gobierno", hay que encuadrarla en la huida hacia adelante de un presidente a la baja y con la vista puesta en las elecciones legislativas de septiembre. Venezuela ha dejado de ser el firmante de cheques con muchos ceros con cargo a la subida incesante del petróleo. La demagogia chavista, útil en tiempos de bonanza, se aplica ahora a un país en recesión, con una inflación que puede alcanzar el 40% y un desabastecimiento que llega a la energía eléctrica. Caracas ha recibido 2010 con un decreto que devalúa el bolívar en un 50% e instituye una doble tasa de cambio que en el pasado fue fuente de corrupción. Sobre este escenario, Chávez opera con controles de precios, cierres de comercios por centenares y amenazas de expropiación. Todo un recetario antidemocrático.

 

Jueves, a 12 de Noviembre de 2009

Por M. Á. Bastenier para elpais.com, 11/11/2009

Hasta hace unos días el presidente venezolano Hugo Chávez y el colombiano Álvaro Uribe eran los mejores adversarios que cada uno pudiera encontrar. Ambos sacaban provecho político y electoral de la enemistad del otro. El mandatario de Bogotá, porque la misma existencia estruendosa pero básicamente inofensiva de su homólogo de Caracas amueblaba sus eventuales deseos de reelección a un tercer periodo; y el bolivariano porque la cesión de uso de siete bases colombianas a Estados Unidos era un excelente argumento para su antiimperialismo mediático. Pero ya no. Chávez ha roto el equilibrio inamistoso y con sus apelaciones a la guerra contra Colombia la coloca en la posición de potencia agredida, al tiempo que le pega un tiro en el pie a sus propios designios. El líder ecuatoriano Rafael Correa, demostrando una vez más que es sólo chavista de coyuntura, prosigue la reconciliación con Bogotá; el hierático presidente Morales en Bolivia se desmarca de todo propósito belicoso; y hasta España debería huir de cualquier familiaridad innecesaria con el venezolano. Todo ello refuerza a Uribe en su intención de llevar las amenazas del vecino país ante el Consejo de Seguridad.

Actor tan bien informado como el ex presidente colombiano Ernesto Samper habla de situación de pre-guerra, y la prestigiosa revista de Bogotá Semana abunda en que todo el mundo en la capital comenta esa posibilidad. El juego venezolano había consistido hasta ahora en atizar el fuego, aunque sólo hasta el grado de incendio de baja intensidad, pero el chavista en jefe, con un panorama electoral para 2010 relativamente sombrío, y un desabastecimiento galopante de la población, ha dado un paso hacia el abismo, y parece cada día más esclavo de sus palabras: "Si quieres la paz, prepara la guerra"; versión local del latinajo si vis pacem para bellum.

Siempre ha cundido afirmar que los dos presidentes se parecen tantísimo; y es cierto que las circunstancias les han llevado a dar soluciones similares -la reelección- a problemas que ambos creen que aquejan a sus países respectivos, así como tampoco les ha sido ajena la costumbre de hablarle a la nación por encima de las instituciones, pero las diferencias no son por ello menos descomunales. En Colombia las instituciones funcionan tanto como en cualquier democracia latinoamericana; unos cuantos malhechores políticos van a la cárcel; el Congreso pelea por sus prerrogativas y la Prensa no tiene que pedir perdón por existir. Todo ello experimenta, en cambio, una fuerte recesión en Venezuela, quizá camino del totalitarismo light, como predijo la gran voz de la oposición venezolana, Teodoro Petkoff. La complementariedad entre ambos sólo era funcional. La verdadera relación es la presente.

¿Espía Bogotá, como Chávez afirma, a Caracas? Todos los países, aun aliados y sobre todo limítrofes, se informan unos de otros a través de los llamados servicios de inteligencia, por lo que mal iríamos que Venezuela y Colombia no observaran esa precaución. ¿Alberga Uribe planes de magnicidio contra su homólogo? Absurdo total; porque, aparte de que eso ya no se hace, ¿con qué fin iba a privarse de un rival multiuso como el bolivariano?

Las acusaciones de Bogotá, diferentemente, se alzan sobre bases mucho más sólidas. Aunque el contenido de los ordenadores de Raúl Reyes, el jefe de las FARC abatido en territorio de Ecuador por fuerzas colombianas, haya sido vendido con florida escenificación por Bogotá, cuesta dudar de sus revelaciones. ¿Quién puede seriamente sostener que el chavismo no haya protegido, financiado y acogido a la guerrilla colombiana?

La situación creada por la desmesura del líder venezolano es sin duda preocupante, pero también perfecta para que el presidente brasileño Lula exulte como mediador. Por ello se propone oficiar una ceremonia de acercamiento entre los dos países en la cumbre del 26 de noviembre en Manaos, prevista, sin embargo, para tratar del clima, meteorológico, no político. Y si Chávez no ha perdido el mundo de vista se prestará al apaciguamiento, lo que no puede sino complacer a Uribe porque, con el espectáculo que está dando su oponente, ya le ha hecho más de media campaña electoral, caso de que la necesite. Colombia, evidentemente, no quiere -aunque no tema- la guerra; la opinión venezolana, excepto el chavismo psiquiátrico, tampoco; y parece casi imposible que Chávez, él solo, aun si quisiera, pueda arrastrar a su país a semejante dislate geopolítico. Las bases militares pueden constituir una afrenta simbólica, pero jamás una amenaza militar. Como la del dramaturgo francés Jean Giraudoux, esta guerra no debería tener lugar.

 

Categorías:
Lunes, a 2 de Noviembre de 2009
Los residentes se toman la justicia por su mano ante la ineficacia policial

D. L – Caracas para publico.es - 14/02/2009 08:00

Caracas sufre una guerra que nada tiene que ver con la contienda entre Hugo Chávez y la oposición. La violencia urbana atemoriza a los habitantes de la capital en un país donde el año pasado se produjeron dos asesinatos cada hora (14.000 en total).

Del miedo a la justicia popular sólo hay un paso. Un paso que se dio, con creces, la semana pasada: una multitud de El Valle (al sureste de la capital), armada de palos, piedras, botellas y gasolina, linchó a Yorbeni Barrios, un joven de 28 años. Le acusaban de violar a tres mujeres y dos niñas.

La narración de los hechos es estremecedora. Todo un barrio estaba en alerta desde finales de enero, cuando un vecino, José Luís Bogado, un héroe de esos que surgen de vez en cuando en una sociedad desesperada, evitó la violación de una mujer. Su valentía le costó la vida: la Policía le disparó y mató al confundirle con el violador.

A pedradas y palazos

Hasta que, en la mañana del miércoles 4 de febrero, alguien reconoció a Barrios y dio la voz de alarma. Una turba le capturó y comenzó una ceremonia de violencia que muchos de los que estaban allí no olvidarán jamás. A pedradas y palazos, incluso algún disparo, acabaron con la vida del presunto violador, cuyo cuerpo fue rociado de gasolina para prenderle fuego.

Atado con una cuerda, el cadáver fue arrastrado hasta la avenida principal. Centenares de personas participaron y jalearon el linchamiento, mientras otros lo grababan en vídeo o tomaban fotografías con sus móviles.

Las llamas que devoraban el cadáver fueron prendidas hasta en tres ocasiones, para que los medios de comunicación que se acercaban al lugar tuvieran nuevas imágenes. Mientras, agentes policiales se sumaban a la escena como meros observadores.

Sólo el 7% de los homicidios son resueltos por la autoridad judicial

Diez días después no hay detenciones. Y nadie cree que se vayan a producir, porque en casos anteriores tampoco se hizo. Ni siquiera los agentes tienen la certeza de que el linchado fuera el violador. En el barrio sólo hay voces anónimas, orgullosas de los hechos, pero sin dar apellidos. Como en Fuenteovejuna, todos a una. "En la comunidad decidimos que donde terminan los derechos de él comienzan los nuestros", sentencia Luisa Castillo, representante comunal.

La venganza popular se ha convertido en el hit de moda en el barrio. Un jovencito enseña la grabación, de poca calidad, en su móvil. Bromeando con los amigos, no duda en decir que su padre también estuvo por allí. Muy pocos se avergüenzan, todo lo contrario. Casi el 70% de los venezolanos está a favor de la justicia popular, según un estudio realizado por el Observatorio Venezolano de la Violencia.

Roberto Briceño León, su coordinador, es uno de los más prestigiosos investigadores de la violencia en un país que se siente devorado por ella. Los homicidios se han convertido en la primera causa de muerte entre los jóvenes y en la tercera en toda la población. "Hemos llegado a esta situación por la falta de eficacia del Estado para ofrecer justicia", asegura tajante Briceño. La impunidad es la palabra clave: sólo el 7% de los homicidios son resueltos judicialmente.

Salvados por poco

El Observatorio calcula que en 2008 se produjeron 15 linchamientos en el país. Y 60 personas se salvaron en el último instante. Como Javier Caballero, un emigrante colombiano que sólo 48 horas después del linchamiento de El Valle fue arrancado de las garras de la multitud por la Policía en el Petare, la mayor favela de América Latina.

Eliseo Guzmán, ex director de la Policía Judicial, ha luchado durante décadas contra la violencia. Uno de los factores que destaca es la proliferación de armas de fuego. Y la poca capacidad de respuesta de unos cuerpos policiales con continuas purgas, infiltrados por la corrupción y con pocos medios frente a las miles de pequeñas bandas distribuidas entre las favelas caraqueñas.

Estas microbandas complican aún más la actuación de las fuerzas del orden, porque se mueven con anarquía, asaltando, vendiendo drogas, matándose entre ellos y llevándose por delante a quien sea. Pobreza, desintegración social y la ausencia del Estado en ciertas zonas se mezclan en el mismo cóctel.

El linchamiento de Barrios es una muestra más de la violencia que estremece a un país. Violencia de la que nadie está a salvo. Como si de una novela de Chester Himes se tratara. Como un ciego con una pistola.

 

Lunes, a 2 de Noviembre de 2009

Por Julio Á. Fariñas para lavozdegalicia.com, 02/11/09

Sesita Vecoña Otero, una gallega de 62 años que regentaba una pequeña cadena de hoteles rápidos en Caracas, fue asesinada el 28 de noviembre del año pasado de dos tiros cuando dormía en uno de sus hoteles. Los sicarios que acabaron con su vida y los presuntos inductores del crimen fueron detenidos tres meses después por la policía venezolana.

El crimen de Sesita forma parte de ese 7% que según los expertos en criminología venezolanos acaban siendo esclarecidos. El 93% quedan impunes.

Esa impunidad es una de las claves que explican por qué las tasas de violencia y la criminalidad se han disparado en Venezuela hasta llegar a triplicarse en la última década, desde la llegada de Hugo Chávez al poder.

Cuantificar con precisión el número de muertes violentas en Venezuela se ha convertido en una tarea casi imposible porque el Gobierno ha suprimido la difusión de estadísticas. Los datos que se manejan son los que obtienen los medios de comunicación y las organizaciones no gubernamentales a las puertas de las morgues.

Los datos disponibles son escalofriantes. Solo en el depósito caraqueño de Bello Monte, en los ocho últimos fines de semana, ingresaron un total de 414 cadáveres. Fueron muertes violentas registradas en Caracas y en su área metropolitana, según datos facilitados por la oenegé de derechos humanos Vive.

A esta cifra hay que sumar las del resto de la semana, con lo que son ya más de 1.500 muertos en lo que va de año solo en ese depósito. En el conjunto del país, según el Observatorio Venezolano de la Violencia que dirige el criminólogo Roberto Briceño León, se contabilizaron el año pasado más 14.000 muertes violentas. Este año, el número de homicidios podría alcanzar los 19.000.

Estos datos, según Briceño, consolidan a Venezuela como el país más violento de Latinoamérica. Según el congreso nacional de la liga antiviolencia, la capital de la república ya registra seis veces más muertes violentas que Bogotá, y tres veces más que Medellín. Solo le gana Ciudad Juárez.

«En Venezuela -explicó a La Voz desde Caracas Alfredo Romero, director de la oenegé Vive y abogado del Foro Penal Venezolano- el ser delincuente es un negocio fácil y rentable, porque ganan mucho dinero y saben que no hay un sistema judicial eficaz que los persiga. Por otra parte, dentro de las propias policías existen las mafias que se sienten libres para asaltar, robar y asesinar. En muchos casos están involucradas en los secuestros». A su juicio, ese 93% de crímenes impunes «están relacionados con una probable política de Estado para lograr que el sistema de seguridad aumente y que las personas se queden encerradas en sus casas y fuera de la política».

Según el director de Vive, la nueva ley de policía que supuestamente iba a atajar la violencia solo sirvió para que el Gobierno controle los cuerpos policiales que existen en el país. «Es una ley con objetivos políticos: la centralización del poder para evitar que las entidades municipales no gobernadas por el oficialismo ejerzan un control sobre la delincuencia».

 

Lunes, a 31 de Agosto de 2009

La fiscalía procesará a los ciudadanos que se manifiesten contra el Gobierno 

Por Maye Primera para elpais.com, Caracas, 30/08/2009

Protestar en las calles de Venezuela es, a partir de ahora, sinónimo de crimen. La fiscal general venezolana, Luisa Ortega, ha anunciado que abrirá procesos contra todos aquellos ciudadanos que "por cualquier motivo marchan" y que, en su opinión, sólo buscan "desestabilizar al Gobierno constitucionalmente electo". "Yo quisiera que aquellas personas que se alzan en actitud hostil contra el Gobierno legítimamente constituido, sepan cuáles son las consecuencias", dijo Ortega, mientras moderaba su programa de radio En sintonía con el Ministerio Público, que transmite todos los viernes una emisora del Estado. Su opinión es que "(estas) conductas encajan perfectamente en el delito de rebelión civil", que la ley venezolana castiga con penas de 12 a 24 años de cárcel.

El objetivo es tipificar las marchas como rebelión civil

A principios de julio, y también a través de su programa, Luisa Ortega también propuso al Parlamento que aprobara una polémica "ley contra delitos mediáticos" para castigar a los medios de comunicación que difundieran informaciones que "incitaran al odio" o generasen "zozobra" entre la población.

Los primeros "rebeldes", según el criterio de la fiscal, ya están tras las rejas. El prefecto de la ciudad y 11 trabajadores de la Alcaldía Mayor de Caracas -que gobierna el opositor Antonio Ledezma- fueron detenidos este miércoles por participar en la marcha que se realizó el sábado 22 de agosto contra la recién aprobada Ley Orgánica de Educación, que resta autonomía a las universidades y establece un sistema para fundar "la nueva conciencia" socialista en las escuelas. Todos ellos fueron acusados de "obstrucción de la vía pública", "instigación a delinquir" y lesiones contra policías. Según la fiscal, esta protesta, en la que participaron miles de venezolanos, fue convocada por los partidos y organizaciones civiles de oposición para generar "un clima de violencia" y "crear un escenario parecido al del 11 y 12 de abril de 2002, cuando se produjo el golpe de Estado en Venezuela" que sacó a Hugo Chávez del poder durante 48 horas.

La declaración de la fiscal no ha sido sino un signo más en la marcada tendencia del Gobierno de Hugo Chávez a la criminalización de la protesta. Desde 2007, al menos 300 estudiantes han sido detenidos por participar en las manifestaciones contra el cierre del canal privado Radio Caracas Televisión y contra la reforma constitucional propuesta por Chávez para establecer su reelección indefinida; desde entonces, 256 de ellos deben presentarse ante un juez de forma periódica y tienen prohibido salir del país.

Tanto el presidente Chávez como la fiscal Díaz han criticado al gremio de los periodistas, que también está en pie de protesta contra las crecientes amenazas contra la libertad de expresión en Venezuela. Hace dos semanas, 12 reporteros fueron agredidos con palos y piedras por un grupo de chavistas cuando repartían volantes en el centro de Caracas contra uno de los artículos de la nueva Ley de Educación, que establece el cierre inmediato de medios de comunicación que difundan contenidos que generen "terror" en los niños.

Chávez justificó la paliza al decir que esa protesta fue una "provocación" contra el pueblo, mientras la fiscal dijo que los comunicadores que participan en este tipo de actos dejan de ser periodistas y se convierten en políticos. Como responsable por esta agresión, sólo fue detenido un trabajador del canal estatal Ávila TV, liberado una semana más tarde.

 

Suscribirse a Venezuela