Música y Vino

Puedo intentar ser sincero pero nunca seré imparcial…
Miércoles, a 18 de Abril de 2012

Con nuestro mecánico de confianza teníamos garantizada la diversión. Mi hermana y yo nos turnábamos para achucharle mientras conducía. No podía reaccionar si no se paraba, cosa que le teníamos absolutamente prohibido.

Unas veces lo hacía Laura y otras yo. Nos poníamos en el asiento del copiloto y comenzábamos a manosearle. Hasta que no gritaba no cortábamos. Nos amenazaba con parar y nosotras con el despido. Además, nuestro padre lo denunciaría por acoso a menores. Cárcel segura. Seis o siete años, nos había dicho un amigo abogado.

Por fin han sido nueve.

 

Domingo, a 23 de Enero de 2011

Poema leído en la página personal de Silvia S. Flores

Si te atreves a conquistarme
hazlo sin estrategias,
sin caretas y sin tanto adorno.

Enamórame con tu risa y tus tristezas,
dame tu fuerza sin el titánico intento
de levantar castillos en el aire.

Dame noches con estrellas
sin bajarme ninguna,
dame de tus verdades
y compárteme tus sueños
sin fantasías absurdas
que jamás se hacen realidad.

Sedúceme con tus brazos de hombre,
porque es tu calor y tu olor
lo que me vale,
no tus riquezas ni tus carencias materiales.

Dame la verdad de tu palabra,
la transparencia de tus ojos
y las arrugas de tus años...

Arrástrame a tu mundo real
sin jardines florecidos
pero con el verde de tus esfuerzos.

Compárteme tus temores,
ábrame la jaula para estar
presa en tu libertad
y sé para mi ese
eterno amante
que en ti quiero
encontrar...
 
 
Sábado, a 22 de Enero de 2011

Publicado por SusanaMoo, 26 de julio de 2008

Soy gallega y aquí tenemos el secreto erótico mejor guardado en la playa.

Somos pandillas de mujeres que cada día nos calzamos botas de agua y vamos a empaparnos a la arena buscando frutos del mar: bivalvos salados que escogemos uno a uno en obscena postura -culo en pompa, riñones acojinados, flexibilidad extrema- para que ustedes puedan saborear nuestras almejitas sabrosas.

Somos marisqueiras, y algunos se excitan tan solo viéndonos trabajar.

 

Domingo, a 5 de Diciembre de 2010

El relato que a continuación copio, lo leí en un blog muy divertido y, a la par, motivador, lleno de secretos y ocultas fantasías… y creo que su dueña, SusanaMoo, es gallega como yo.

Fue publicado en el periódico El País hace un tiempo, y se titula “Esta noche jugaría a la gatita”.

Disfrutadlo.

Alfredo Webmaster

 

Las gatitas de compañía llevan una vidorra que envidio cada día, pero especialmente los domingos. Yo seré esta noche una musimú blanda y suavita que me acoplo muy cómodamente en el regazo de mi amito bueno que me da galletitas multivitaminadas para que yo luzca tan hermosota.

Estoy acomodada en la entrepierna de mi compañero de sofá y él me acaricia.

Me rasca la cabeza y se gana mi confianza, acaricia mi frente y yo entorno los ojos, me achucha el cuello y los pongo en blanco, palmotea mi lomo y un éxtasis recorre mi espina dorsal. Me retuerzo, me giro y le obsequio con mis carnes más tiernas que él valora con interés de macho salido porque por mucho que yo me imagine gatita, él ve en mí una mujer despatarrada abandonándose toda.

Entonces, a manos llenas toma mis carnes, acaricia mis axilas, masajea mi pecho, soba mi vientre y… claro, yo entro en celo, en uno de esos celos escandalosos que solo se sofocan al más puro estilo felino: por detrás y sin miramientos.

 

Martes, a 17 de Agosto de 2010

Hoy publico un escrito de Gema Ibáñez, una bloguera argentina de la que admiro su forma racial de escribir, de expresarse, de transmitir sentimientos normales, casi costumbristas, con una expresividad como “de todos los días”, carente de la sofisticación de la literatura pseudoculta o elitista.

La conocí, cibernéticamente, en uno de esos recorridos por páginas Web recomendadas. Me gusto lo que escribía. Le pedí autorización para publicar algo suyo. ¿Lo mejor de todo? Que me la dio, que me ofreció sus textos para que hiciera con ellos lo que quisiera.

Respeté su léxico porteño, esa forma de expresarse tan próximo a nosotros como gallegos (Buenos Aires es “nuestra” quinta provincia) como puede serlo el tango o el churrasco con sus criollos.

El relato se titular “Vos siempre…”.

Alfredo Webmaster

 


Vos siempre… (Gema Ibáñez)

Me gusta verte cuando dormís, ¿sabés?

Me gustan todas aquellas veces que estando fastidioso te movés de acá para allá, me abrazás, abrís los ojos, me das un beso, te volvés a dormir, te das vuelta, respirás profundo profundo así como un suspiro, y después volvés a tu deber.

También me gusta tu café con leche, el tuyo y el que me hacés. Cuando estoy cocinando, y me retás porque siempre hago todo yo. O cuando me abrazás por atrás y me decís cuánto me querés, “chiquita linda”.

Me da risa cuando apoyás tu cabeza en la mesa y protestás diciendo que tenés fiaca, que querés que lleguen las vacaciones, o cuando te agarra un calambre y me acusás de que estás lesionado por mi culpa, entonces yo te acuso a vos, y terminás diciéndome pata chorreada o en su defecto, mugrienta.

Divertido es cuando montás semejante espectáculo con el toallón que usás después de ducharte o camino a la ducha.

“¡Qué moños que le hacés a la tarta!”- decís sin entender nada de cocina, de cómo lo pude hacer tan rápido.

Y cuando me explicás química, te ponés tan serio, y me explicás cosas que no van al caso, y me encanta, aunque te grite, y al mismo tiempo no te esté gritando a vos.

Soy muy observadora, es verdad. Pero si no lo fuera, me perdería de todas éstas cosas que me hacen sonreír.

Porque no es difícil aguantarte, porque no lo hago. Es un placer, un placer que yo solita me tomo.

Sé que me enojo y digo que me puedo valer por mí misma, que no quiero que me pagues las cosas, que no te preocupes y cuántas cosas más, pero… la puta, qué bueno es que  todas éstas cosas no falten.

Menudo desastre en el que me metí, es lo que me han dicho, pero aún así, aunque me pegues tus malas costumbres (esas que las llaman merendar almorzar y cenar) no voy a poder olvidarme de vos, y algo me dice que te voy a querer por mucho tiempo más, con una ternura inexplicable, con un temor que aboga en mis sentidos, con el rubor de tus mejillas que me prestaste después de haberte dicho todas aquellas cosas que te hacían saltar.

Pero qué importa, no tengo nada que hacer al respecto.

Sigo siendo tu “yo me cuido solita” y vos mi “aflójate”; quizás mañana sea al revés, pero sea como sea, mañana, pasado y quizás el día que le siga, ésta mengana seguirá acá.

 

Sábado, a 29 de Mayo de 2010

Por Arturo Pérez-Reverte para xlsemanal.com

Hoy me he levantado con talante. Como después de haber publicado 'El pequeño hoplita' –un cuento sobre un niño en las Termópilas, que tanto debe a su magnífico ilustrador, Fernando Vicente– le tomé el gusto a la narrativa infantil, he decidido echar un cable. Ayudar a que nuestra ministra de Igualdad y Paridad, Bibiana Aído, rubia joya de la corona, haga realidad su bonito proyecto de conseguir que los cuentos tradicionales para pequeños cabroncetes sean desterrados de escuelas y hogares, y dejen de ser un reducto machista, sexista y antifeminista. O que, expurgados y reconvertidos a lo social y políticamente correcto, contribuyan, ellos también, a la formación de futuras generaciones de ciudadanos y ciudadanas ejemplares y ejemplaras. Como está mandado.

Al principio pensaba hacerlo con el cuento de 'Blancanieves y las siete personas de crecimiento inadecuado'; que, como sostiene Bibiana, requiere, título aparte, una remodelación general urgente. Pero ciertos indicios de intolerable violencia machista en la casita del bosque, como que sea una mujer quien cargue con todas las labores del hogar, o que no haya paridad de sexos en el número de individuos que trabajan en la mina –su número impar complica además el asunto–, me decidieron a dejarlo para más adelante. Lo intenté luego con 'La soldadita de plomo y ploma'; y no es por echarme flores, pero lo tenía casi resuelto. Una soldadita de plomo de la ULFF –Unidad Legionaria Femenina Feroz–, terror de los talibanes afganos y de los piratas del Índico, impedida en su extremidad locomotriz por haber caído poco metal en el molde cuando la fundían. O sea, incompleta física de una pierna, para entendernos. O no. Lo que antes se decía, en jerga fascista, coja. Y que, desde su repisa en el cuarto de juegos de una niña, se enamora de un bailarín de ballet de papel maché que está enfrente, puesto tal que así, de puntillas, y que tiene una bonita lentejuela de plata en el prepucio. Se lo leí a mi hija por teléfono, a ver qué tal iba la cosa; pero al llegar a lo de la lentejuela me aconsejó dejarlo. Te van a malinterpretar, dijo. Así que al final me decidí por un clásico inobjetable: 'Caperucita Roja'. Y está feo que lo diga, pero la verdad es que lo he bordado. Creo.

Caperucita Roja camina por el bosque, como suele. Va muy contenta, dando saltitos con su cesta al brazo, porque, gracias a que está en paro y es mujer, emigrante rumana sin papeles, magrebí pero tirando a afroamericana de color, musulmana con hiyab, lesbiana y madre soltera, acaban de concederle plaza en un colegio a su hijo. Va a casa de su abuelita, que vive sola desde que su marido, el abuelito, le dio una colleja a Caperucita porque no se bebía el colacao, ésta lo denunció por maltrato infantil, y la Guardia Civil se llevó al viejo al penal de El Puerto de Santa María, donde en espera de juicio paga su culpa sodomizado en las duchas, un día sí y otro no, por robustos albanokosovares. Que también tienen sus necesidades y sus derechos, córcholis. El caso es que Caperucita va por el bosque, como digo, y en éstas aparece el lobo: hirsuto, sobrado, chulo, con una sonrisa machista que le descubre los colmillos superiores. Facha que te rilas: peinado hacia atrás con fijador reluciente y una pegatina de la bandera franquista, la de la gallina, en la correa del reloj. Y le pregunta: «¿Dónde vas, Caperucita?». A lo que ella responde, muy desenvuelta: «Donde me sale del mapa del clítoris», y sigue su camino, impasible. «Vaya corte», comenta el lobo, boquiabierto. Luego decide vengarse y corre a la casa de la abuelita, donde ejerce sobre la anciana una intolerable violencia doméstica de género y génera. O sea, que se la zampa, o deglute. Y encima se fuma un pitillo. El fascista. Cuando llega Caperucita se lo encuentra metido en la cama, con la cofia puesta. «Que sistema dental tan desproporcionado tienes, yaya», le dice. «Qué apéndice nasal tan fuera de lo común.» Etcétera. Entonces el lobo le da las suyas y las de un bombero: la deglute también, y se echa a dormir la siesta. Llegan en ésas un cazador y una cazadora, y cuando el cazador va a pegarle al lobo un plomazo de postas del doce, la cazadora contiene a su compañero. «No irás a ejercer la violencia –dice– contra un animal de la biosfera azul. Y además, con plomo contaminante y antiecológico. Es mejor afearle su conducta.» Se la afean, incluido lo de fumar. Malandrín, etcétera. Entonces el lobo, conmovido, ve la luz, se abre la cremallera que, como es sabido, todos los lobos llevan en la tripa, y libera a Caperucita y a su provecta. Todos ríen y se abrazan, felices. Incluido el lobo, que deja el tabaco, se hace antitaurino y funda la oenegé Lobos y Lobas sin Fronteras, subvencionada por el Instituto de la Mujer. Fin.

 

Martes, a 2 de Marzo de 2010

La geisha que no pude pisar, por Arancha Ames

Miro su fotografía y los recuerdos acuden a mi mente, con precisión, con una claridad que me sorprende: han transcurrido más de treinta años desde aquella primavera en Japón.

A mis dieciocho años comenzaba a asomarme al mundo de la mano de mi hermano en la China post Mao Zedong. Durante tres meses me empapé de la cultura del país.

Todo era nuevo y distinto para mí; algunas vivencias convulsionaron mis ideas preconcebidas sobre la China que llamábamos maoísta y los conceptos de vida de un joven de sólo dieciocho años, en la España preconstitucional.

Pero fue durante mi viaje de regreso a casa cuando realmente viví la experiencia más impactante y maravillosa, un recuerdo que guardo en mi memoria con nitidez y ensoñación.

La vuelta a España tenía una escala en Tokio; aprovechando el viaje, hicimos una pequeña parada de apenas dos días para conocer la ciudad. Fue otro choque de culturas: las diferencias entre la nuestra y la oriental se hizo aún más evidente.

En medio de un parque, en una casa tradicional rodeada de jardines, las geishas nos recibieron con sonrisas educadas y traviesas (y tímidas, a la vez). Con delicada suavidad, casi etérea, acompañaron nuestros torpes pasos a una de las habitaciones de la casa de té.

Allí, rodeados de paredes de madera recubierta de paja tejida y motivos religiosos, nos desnudaron completamente, acariciaron nuestro cuerpo para hacerlo entrar en calor, lo frotaron con unas esponjas toscas de aromas embriagadores bajo la cálida luz de las velas que llenaban todos los estantes y mesas.

Con unas regaderas lavaron nuestros cuerpos con agua muy fría, sacando de él todo rastro de suciedad y del aroma de las esponjas. Después, nos introdujeron en las aguas calientes, muy calientes, del ofuro de madera de hinoki.

Cubiertos de agua hasta la barbilla, mecidos en el calido vientre del ofuro -¿Un minuto, media hora, una hora…?-, nos relajamos mientras escuchábamos el tañir del shanshin y el ruido suave del agua caliente que, a pocos, iban añadiendo las geishas.

Embriagados por el olor que desprendía la madera y acariciados por las manos, y los cuerpos, expertos que masajeaban nuestras cabezas, espaldas, muslos, pecho, rozamos el cielo y vivimos el placer más sensual.

Después -¿Un minuto, media hora, una hora…?-, nos envolvieron en enormes y calientes toallas blancas, secándonos despacio, con suaves roces y cálidos abrazos.

Para que no sintiéramos el frío del suelo de madera y estera, se inclinaron ante nosotros hasta quedar totalmente recostadas, invitándonos a pisar sus hermosos cuerpos desnudos.

Yo no pude: me arrepiento.

 

Lunes, a 22 de Febrero de 2010

Inocencia contra realidad, por Cristián Aranda

Gracias, Cristián,

Alfredo Webmaster


Cuentan de un padre que dirigía toda su ira hacia las manos de su hijo, con castigos brutales que le dejaban marcas y grandes dolores.

Todo terminó el día que su ira llegó a su punto máximo.

Unos dicen que fue porque rompió el tapizado del auto, otros por que no hizo caso a una de sus órdenes... En realidad, el motivo es lo de menos; lo que importa es que los golpes fueron tan fuertes, tan violentos, que tuvieron que amputarle sus dos manos.

Al terminar la operación, vi a los doctores salir llorando del quirófano. Y fue ahí cuando lo oí.

Sentado en la sala de espera, oí los llantos del niño: "Papi, por favor, te prometo que me voy a portar bien… pero devuélveme mis manitos".

 

Domingo, a 22 de Noviembre de 2009

Anteayer me llegó un mensaje a mi teléfono. El texto era enigmático pero muy hermoso: “Pude haberle conocido paseando por el 'Jardín Botánico', tomando un té en el 'Café de la Ópera' con una novela de Javier Marías o en una proyección de 'Sostiene Pereira'. Pero no sé nada de él… Sólo que cuando le conozca, sentiré que la vida es bella y en colores”. El número desde el que me llegó el mensaje no estaba entre los grabados en mi agenda.

La verdad, me sorprendió.

Hoy me entró un e-mail que decía: “La búsqueda de ‘Cry Baby’ de Janis Joplin me condujo hasta su Web, no tenía el disco y en ese momento me apetecía escucharla. El mensaje que le dejé en el móvil es de un poema de mi poemario <Con un destino en el aire>”.

No conozco a la persona que me envió el correo, pero su poema me gustó y por eso lo publico.

Alfredo Webmaster

 

Introspecciones de otoño

 

A menudo aparece un vacío,

como si no tuviera fondo, no tuviera alma.

Es momento de lanzar las redes

que filtren lo mejor que me pueda dar la vida.

De encontrar al maestro, al amigo

y al amante que me complementen.

 

Sobre todas las demás voces,

es momento de seguir mi propia voz

en las infiltraciones de mi alma,

que mi conciencia no sea mi más íntimo enemigo.

 

Pude haberle conocido

paseando por el Jardín Botánico,

tomando un té en el Café de la Ópera

con una novela de Javier Marías

o en una proyección de Sostiene Pereira.

Pero no sé nada de él…

Sólo que cuando le conozca,

sentiré que la vida es bella y en colores.

 

Domingo, a 2 de Agosto de 2009

Sherezade, relato de Arancha Ames (Santiago de Compostela)


Sentándose sobre los mullidos cojines, Sherezade cruzó sus piernas. Clavó sus ojos tristes en los ojos del sultán: una vez más encontró el vacío. Hacia mucho tiempo que ya sólo veía una mirada perdida en el opaco cristal de sus pupilas.

Lo sabia: era mujer.

Había dejado transcurrir una y otra noche, demasiadas, incapaz de enfrentarse a la realidad de que sus historias iban perdiendo brillo, al tiempo que lo hacia el interés del sultán.

Aquella noche seria la última. Se iría sigilosa, perdiéndose entre la neblina de la noche que dejan paso al incierto día.

Sabía que no la echaría de menos, que encontraría consuelo en unos nuevos ojos que sí devolverían su mirada.

Algún día, quizá lejano, quizá no tanto, en una noche oscura y larga de sueños agitados, el sultán se despertaría, sobresaltado, buscando algo que ni siquiera sabría que era. Cerrando sus ojos y dibujando una sonrisa en sus labios, una historia perdida en su memoria le reconfortaría: Sherezade vivirá siempre en su interior (él aún no lo sabe) porque cuando dos almas comporten el mismo dolor, se convierten en una sola, y eso es más fuerte que el amor o que el deseo.

Cerró sus ojos y dejó que las palabras, suaves como el agua de un oasis, se deslizaran por su garganta...

 

Viernes, a 26 de Junio de 2009

Desnudándose al teléfono, relato de Arancha Ames (Santiago de Compostela)


Un par de llamadas; una imagen esbozada de aquel extraño. Apenas una ventana entreabierta. Sabía de sus ideas políticas, de su visión de la vida, de sus gustos en arte. Y absolutamente nada de lo que realmente importa.

Desconocía el color de sus ojos; no sabía a qué olía su cuello, en ese pliegue donde se concentra el olor del hombre.

Ignoraba la fuerza de su mano al estrecharla y ni siquiera podía imaginar el tacto de su piel. No había sentido su aliento ni el sabor de sus labios, pero llevaba casi una hora hablando con él como si lo conociera de toda la vida. Viajaba con él en su coche, se reía con sus chistes; reconocía su sutil ironía y su ingenio chispeante. La transportó a países lejanos, a culturas diferentes.

Entró con él en su casa, desde la distancia, con los ojos cerrados. Sintió el mismo calor que sentía él, el calor que emanaban sus paredes golpeadas por el sol de un largo día. Rió cuando le escuchó quejarse por las ventanas impúdicas a cuyo través se filtraba un infierno bochornoso. Le escuchó abrirlas, buscando el aliento tenue de una brisa refrescante.

Y entonces ocurrió: deseó despojarse de la ropa que le ahogaba. Y se lo dijo.

Se lo dijo mientras le contaba como se iba desprendiendo una a una de aquellas prendas opresoras.

Primero fueron los zapatos; ella sonrió e hizo un comentario estúpido mientras él dejaba escapar un suspiro, casi un orgasmo de placer. Después los calcetines: era el momento más erótico del preludio de sexo.

Le tocó el turno a la corbata que como una soga de seda atenazaba su cuello. Lo imaginó casi arrancándola, con un movimiento salvaje y varonil.

La chaqueta cayó inmediatamente, deslizándose suave de sus hombros hasta alcanzar la cama. Lo evoco delicado mientras desabotonaba la camisa, lentamente, botón a botón. Casi llegó a sentir el roce de la piel desnuda cuando se la quitaba.

Cuando le llegó el turno a los pantalones, se le empezaron a despertar deseos dormidos, necesidades que creía apagadas para siempre. Con los calzoncillos bajando por sus muslos, le empezó a palpitó su sexo: sintió humedad.

Desnudo sobre la cama, hablando, ella anheló que la distancia que les separaba no fuese distancia.

Colgaron el teléfono.

Supuso que todo volvería a ocupar su lugar, que volvería el sosiego, que se apagaría la pasión. Se equivocó.

Cuando suena el teléfono lo vuelve a ver desnudo, en un dèjá vu que se repite una y otra vez: ¡Llámame!

 

 

 

Sábado, a 24 de Enero de 2009

Despedida, relato de Cristián Aranda, de Chile


La besó. Volvió a besarla. Siguió besándola. La encerró entre sus brazos. Acarició sus hombros. Ella volaba, soñaba, reía. Un instante de amor es eterno.

La besó una vez más. No podía separarse. No deseaba dividirse.

Ella cruzó la avenida. Él la observó atento. Ella volvió la cabeza. Él la saludó con un gesto. Ella se perdió entre la gente. Él se quedó sin la gente. Ella llegó a su oficina. Él dispuso el día libre.

A las 20 ella regresó a la esquina. Él nunca regresó.

Ella cree que encontró la infidelidad.

Él cree que conoció la libertad.

 

Lunes, a 12 de Enero de 2009

Aparición, relato de Cristián Aranda, de Chile


Bailó con ella toda la noche. Lo sorprendió el amanecer. Me tengo que ir, dijo ella; él la acompañó. Caminaron hasta el final de avenida Sarmiento, donde los árboles abren paso al campo y el pueblo se termina.

- ¿Pero dónde vives?

- Acá. - Y lo saludó con la mano agitando su falda blanca manchada de chocolate...

Luego atravesó las rejas del Cementerio Municipal sin tocarlas, como si fuera parte del viento, y desapareció en el aire húmedo del amanecer.

 

Lunes, a 12 de Enero de 2009

SUEÑOS, relato de Isabel Fernández


El mar golpea de nuevo mis entrañas. Me gusta el agua. Sólo a ratos, cuando yo quiero.

Me acerqué a ella buscando libertad, pureza... pero necesito pisar tierra, me he cansado de nadar.

Intento desesperadamente llegar a la orilla. Me entusiasmo cada vez que toco pie y me acerco a ella... pero la corriente es fuerte y muchas veces me arrastra mar adentro.

Lloro y mis lágrimas se mezclan con las olas. Ambas son saladas. Siento que me abandonan las fuerzas. Me dejaré llevar a la deriva mientras descanso otro poco más.

Cierro los ojos mientras me relajo. Me da por pensar que ya soy parte del mar que jamás volveré a pisar tierra, y me asusta.

Me centro para tranquilizarme en las sensaciones que me transmiten las texturas del agua tan fría... su olor me embriaga hasta el punto de disolverme en ella...

Nada volverá a ser igual.

 

Sábado, a 25 de Octubre de 2008

Juan José Millás para El País, 24/10/2008

La Iglesia ha vuelto a armarla con ese crío andaluz, popularmente llamado el bebé medicina, que para los obispos ha nacido con dos pecados originales: el de todos nosotros y el de la ingeniería genética. El de todos nosotros, por cierto, comienza a cargar. La Conferencia Episcopal no ha pedido perdón por los crímenes reales cometidos por los suyos en colaboración con Franco hace poco más de dos días, y pretende que usted y yo nos demos golpes en el pecho por algo sucedido en el principio de los tiempos y en el interior de una novela (la Biblia), que por otra parte nos parece magnífica. ¿Cómo se puede vivir en una confusión de este tamaño?

Dos pecados originales, pues. Pobre niño, con menuda carga simbólica viene al mundo. Tendrá que sufrir por lo que hizo Eva y por lo que hicieron los médicos. Históricamente hemos aceptado que los hijos sean producto del azar, fruto del deseo, mano de obra barata u objetos de consumo. ¿Por qué no admitir esta función salvadora que no excluye ninguna de las otras? ¿Por qué referirse al niño, peyorativamente, como el bebé medicina? ¿Acaso no fue Cristo un hombre medicina? Después de todo, vino al mundo con el objeto de salvar, no ya a un hermano, sino a la humanidad entera. En cuanto a su concepción, también fue el resultado de algún tipo de manipulación genética, pues su madre se quedó embarazada sin comerlo ni beberlo, por medio de una paloma, eso es lo que dicen. ¿A qué, pues, tanto escándalo con el bebé medicina? En lugar de satanizarle, pobre, deberían celebrar su llegada como una revelación. Ojalá todos los seres humanos fueran alumbrados para salvar a alguien. La humanidad entrará en una nueva era el día en el que la reproducción -asistida o no- carezca de otro sentido que el de provocar la vida, pues hasta ahora sólo hemos demostrado cierta habilidad para producir la muerte.

Miércoles, a 8 de Octubre de 2008

Escrito por Tareixa “Targeixa”, de A Coruña: gracias, Tareixa.

Alfredo Webmaster


 Frío na primavera
luz intensa que non chega ó solpor
o recendo da merda
independencia
afastamento
intemporalidade
beleza na vellez
verdor e pedra
verdor de pedra
verdor da pedra.

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En algún lugar desconocido existe un mundo de fantasía donde la magia es un hecho cotidiano.
A ese lugar se escapan los sueños cuando ya en este mundo no encuentran alimento.
Van allí entonces y la imaginación despierta a un océano de sensaciones policromadas.

Martes, a 7 de Octubre de 2008

No sé dónde lo leí ni sé a quién pertenece, recuerdo que, fuera donde fuera donde lo copié, figuraba como de autor anónimo.

No sé si os gustará o sólo os parecerá el típico pensamiento de un manual de autoayuda pero a mí, al menos a mí, me hizo recapacitar: tengo mi bote de vidrio demasiado lleno de arena, con bastantes perdigones y pocas pelotas de golf.

Alfredo Webmaster

 


Sin decir palabra, un profesor de filosofía delante de sus alumnos, en clase, cogió un bote grande de vidrio y procedió a llenarlo con pelotas de golf.

Después, preguntó a los estudiantes si el bote estaba lleno. Los estudiantes estuvieron de acuerdo en decir que sí. El profesor cogió una caja llena de perdigones y los vació dentro del bote. Estos llenaron los espacios vacíos que quedaban entre las pelotas de golf. El profesor volvió a preguntar de nuevo a los estudiantes si el bote estaba lleno; ellos volvieron a contestar que sí.

A continuación, el profesor cogió una caja con arena y la vació dentro del bote: la arena llenó todos los espacios vacíos. El profesor volvió a preguntar de nuevo si el bote estaba lleno. En esta ocasión los estudiantes le respondieron con un sí unánime. El profesor, rápidamente añadió dos tazas de café al contenido del bote y, efectivamente, llenó todos los espacios vacíos entre la arena.

Los estudiantes reían.

Cuando la risa se fue apagando, el profesor les dijo: "Quiero que os imaginéis que este bote representa la vida. Las pelotas de golf son las cosas importantes de la vida, como la familia, los hijos, la salud, los amigos, el amor; son las cosas que nos apasionan. Son las cosas que, aunque perdiéramos todo y nada más nos quedase, nuestras vidas aún estarían llenas. Los perdigones son las otras cosas que nos importan, como el trabajo, la casa, el coche, las vacaciones... La arena es el resto de las pequeñas cosas"

Continuó diciendo:

"Si primero pusiéramos la arena en el bote, no habría espacio para los perdigones, ni para las pelotas de golf.

Lo mismo sucede con la vida. Si utilizáramos todo nuestro tiempo y energía en las cosas pequeñas, no tendríamos nunca espacios para las cosas realmente importantes.

Prestad atención a las cosas que son cruciales para nuestra felicidad: id con tu pareja a cenar, jugad con vuestros hijos, concederos tiempo para ir al médico, para practica algún deporte, para disfrutar con vuestra afición favorita..."

Terminó con una recomendación final:

"Siempre habrá tiempo para limpiar la casa, para reparar la llave del agua. Ocúpate primero de las pelotas de golf, de las cosas que realmente te importan. Establece tus prioridades: el resto sólo es arena".         

Uno de los estudiantes levantó la mano y le preguntó qué representaba el café. El profesor sonrío y le dijo:

Me encanta que me hagas esa pregunta! El café lo que nos demuestra es que, aunque tu vida te parezca que está llena, siempre habrá un lugar para tomaros dos tazas de café con un amigo."

Sábado, a 4 de Octubre de 2008

De Isabel Fernández, de Vigo

Días dulces y tiernos que atesorar por siempre

que hacen percibir la realidad diluirse paulatinamente,

sintiendo que vives una ensoñación entre las nubes.

 

Días dulces y tiernos que supieron a poco

llenos de luz, de palabras, de ideas, de ilusión...

momentos vividos en los que el tiempo se detuvo.

 

Días dulces y tiernos que fueron perfectos.

Llenos de pequeños detalles, de risas, de afecto,

de curiosidad, de pasos, de besos, de aliento.

 

Días dulces y tiernos que hoy duele mirarlos

recordando el nudo en el instante de despedirse,

sabiendo que es muy posible no volver a vernos.

 

Días dulces y tiernos cuyo abrazo estimula fantasías

haciendo creer que todo es posible,

incluso aquella tenue promesa

de volver a encontrarse pronto... muy pronto.

Lunes, a 15 de Septiembre de 2008

 

El pasado sábado en el supermercado, mientras pasaba los tomates, me robaron la lista de la compra, me la quitaron del carro.

Entiendo que llame la atención un folio escrito en ordenador, tan profesional; así soy de organizada: el menú de la semana y, más abajo, la lista de lo que necesito, ordenada por temas.

No es una gran pérdida, guardo la lista original en el disco duro, pero nadie tiene por qué saber que el martes tenía restos de roti de ternera para cenar y el miércoles lomos de cordero con zanahoria.

Han invadido mi intimidad…

 

 

Lunes, a 15 de Septiembre de 2008
 
Ayer, en el supermercado, me topé con una chica que llevaba puesta una camiseta verde de tirantes; en el pecho ponía: "Tararí que te vi".

Me acerqué a ella, y señalando la frase con el dedo, le dije: "Soy Tararí. Y yo a ti".
 
 
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