Música y Vino

Puedo intentar ser sincero pero nunca seré imparcial…
Domingo, a 20 de Febrero de 2011

No es de extrañar que las mafias internacionales de cocineros tengan a Falsarius Chef (es decir, a mi mismo) en sus listas negras.

Esta sencilla, a la par que elegante, preparación de pollo al horno os introducirá en el sofisticado mundo de uno de los secretos mejor guardados de la alta cocina, del ingrediente secreto que nadie os quería revelar: los sobres de sopa de cebolla.

Tendré que acogerme a un plan de protección de testigos, o algo de eso, pero ya no podrán detenernos. La impostura prevalecerá. Oye, y además queda muy rico.

Ingredientes. 1 bandeja de pechugas de pollo fileteadas (tal cual las venden en el súper), 1 sobre de sopa de cebolla (marca Knorr en este caso), 1 bote de leche evaporada Ideal.

Preparación. Precalentar el horno a 200/210 grados. Mientras tanto darle un repaso a los filetes de pollo y recortarle los pellejillos sobrantes y las partes que pudieran estar más feas o duras (e incluso cortar en dos o en tres los filetes, convirtiéndolos en filetillos, que luego se sirven mejor). En un recipiente se pone la leche y se va añadiendo poco a poco el contenido de la sopa de cebolla, removiendo con un tenedor para que se mezcle bien. Ya solo queda coger una fuente de cristal resistente al calor (tipo Pyrex) y colocar el pollo bien extendido por la superficie. Lo cubrimos con la mezcla de leche y sopa de sobre y lo dejamos 20 minutos en el horno. No hay más. Veréis qué lucimiento y qué cosa.

Adenda. La sopa de cebolla de sobre es un complemento farsante maravilloso: sazona rico, gratina espectacular al horno y tiene innumerables posibilidades. Un recurso imprescindible en la despensa del impostor. Por otro lado quiero mandar un saludo a Eugenia la Bella de El Puerto, musa inspiradora de esta receta.

 

Domingo, a 30 de Enero de 2011

Pocas cosas apetecen tanto con el frío como un arroz caldoso calentito. Pero algo tienen los guisos de arroz que asustan un poco y retraen al cocinero menos avezado. Parece cosa de abuelas, o de brujas, o de druidas barbudos de Astérix, o de abuelas brujas barbudas como druidas de Astérix.

Pues eso se acabó. Rompamos otra nueva barrera y sorprendamos a propios y extraños con un guisote campestre y reconfortante, de los que te hacen quedar como un experto aunque lo más cerca que hayas estado de una cocina es cuando vas a coger cubitos de hielo para el cubata.

Ingredientes para 2 personas: 1 lata de rovellones de la marca Cidacos ("rovellon" es la forma catalana de llamar al níscalo, y es como viene escrito en la lata, pero se encuentran fácilmente en cualquier Carrefour, por ejemplo), 1 paquete de taquitos de jamón, arroz marca Brillante (no se pasa y hace más fácil que el arroz quede en su punto), 1 patata grandecita, 1 cebolla mediana, 3 dientes de ajo, pimentón picante, aceite de oliva y sal.

Preparación: en una cazuela ponemos un chorreón de aceite a calentar y echamos uno de los dientes de ajo picadito. Cuando se haga un poco, añadimos los otros dos dientes de ajo enteros pero un poco espachurrados y la cebolla picada. Cuando veamos que se va haciendo, le ponemos un poco de sal, añadimos un puñado de taquitos de jamón (o dos si eres muy cerdófilo), y le echamos los níscalos escurridos y troceados en pedazos medianos, dejando que cojan un poco de color. En el último momento ponemos una cucharadita de pimentón picante (que le va a dar al guisote un toque rústico-campestre muy de agradecer), removemos un poco más y le agregamos un litro (larguito) de agua. Cuando hierva le ponemos la patata cascándola (esto es, cortando un poco con el cuchillo y luego rompiendo el trozo; así suelta almidón y queda el guiso más hilado) en pedazos no muy grandes y dejamos todo borboteando unos cinco minutos. Llega entonces el momento de echar el arroz. Un par de puñados (un montoncillo en el cuenco de la mano) por persona y otro puñado extra más (para las ánimas del purgatorio, decían antes las abuelas). Ya sólo queda estar un poco atento por si se nos queda sin caldo y hay que añadir un poco más de agua, y cuando lleve un rato, probar para ver si está a nuestro gusto de sal. En unos 20 ó 25 minutos tendremos el arroz en su punto, lo que podéis comprobar empíricamente, probando unos granillos de arroz recogidos del guiso con una cuchara y siguiendo la vieja máxima: desde que se inventó el soplar, quemarse es de tontos.

Acuática continencia: la gracia del arroz caldoso es que tenga un caldo hilado, no que sea una sopa en la que flotan cosas dispersas. Es por ello más que recomendable no pasarse con el agua y añadir de a poquitos la que fuera menester.

 

Sábado, a 15 de Enero de 2011

Después de los excesos navideños (ahora el pavo relleno soy yo) me apetecía hacer un plato ligero, y compartirlo en forma de receta tramposa, antes de que me confundan con el hermano obeso de Papá Noel (esta mañana iba por la calle con un jersey rojo y unos niños me miraban de forma sospechosa).

Pensé que unas judías verdes podían venir bien pero había un problema: no encuentro judías verdes de bote o de lata ricas de verdad. He probado muchas (para mi desgracia) y no hay manera.

Pues vale, que les den. Traicionando por una vez a la impostura os ofrezco esta receta en donde todo es natural. La trampa estará esta vez en la forma de hacerlas. Tan fácil, tan fácil, que abrir una lata os parecerá complicado.

Ingredientes: 300 gramos (así a ojillo) de judías verdes, 1 cebolla mediana, 1 tomate, 2 dientes de ajo, sal gorda, aceite de oliva virgen extra (y si os apetece y tenéis a mano, unas laminitas finas de jamón).

Preparación: lo más cómodo de esta receta es que no hay que hervir aparte las judías verdes. Sólo vamos a utilizar una sartén para todo. Cogemos las judías verdes y con un cuchillo les cortamos las puntas y las partimos en trozos no muy pequeños (de unos 6 cm. más o menos) que luego nos van a quedar mucho más aparentes en el plato. Las lavamos bajo el grifo y la escurrimos bien. En la sartén ponemos aceite abundante y cuando esté caliente echamos en él las judías verdes y las freímos un poco. Que cojan color pero sin pasarse. Cuando estén, las sacamos escurriéndolas bien y las ponemos en un plato con papel de cocina que acabe de absorber el aceite sobrante. Cogemos el tomate, lo partimos por la mitad y con un rallador de agujeros gordos lo rallamos convirtiéndolo en pulpa (suena un poco sádico, como de película de Tarantino, pero es lo que hay). En la sartén dejamos sólo un poco del aceite utilizado y en él ponemos a sofreír los ajos picados y un poco después la cebolla cortada en pequeñas tiras en vez de en los clásicos cuadraditos (en juliana diría un experto, pero aquí no tenemos de eso). Lo vamos removiendo bien y cuando veamos la cosa doradilla, añadimos el tomate tarantinizado y sal al gusto. Removemos bien y dejamos que el tomate coja color. No hará falta mucho tiempo. Es el momento de añadir las judías verdes, un poco más de sal y remover todo para que se mezcle bien. De ahí al plato. Si las ponemos hábilmente amontonadas como con descuido y les ponemos unas laminillas de jamón por encima cuando todavía están calientes, nos va a quedar un plato de llamar la atención.

Impostura irresistible: no puedo evitarlo. Si tenéis algún invitado, dejad por la cocina una lata que tuvierais por ahí de judías verdes vacía (el contenido en la basura es donde mejor está) para que sospeche que lo habéis utilizado. Y luego, en su casa, ¡qué intenten copiaros!

 

Martes, a 4 de Enero de 2011

Antes de que los calores abrasadores que al Gore (que es como el hombre del tiempo de toda la vida, pero a lo bestia) nos anuncia para el futuro, podemos aprovechar esta fresca primavera (o crudo invierno) para ir despidiéndonos de los guisotes. Y lo vamos a hacer con unas raciales y rotundas judías con manitas de cerdo y chorizo.

Hala. Alegría. Basta de miserias innecesarias. Su poderoso poder calórico, además de deleitar debidamente nuestros paladares y saciar nuestros más bajos instintos culinarios, va sernos de gran utilidad psicológica.

Se acabaron las dudas. Tras su ingesta es el momento de empezar la operación bikini (bermudas para los caballeros) en su doble modalidad: o empezamos la dieta o tiramos el bikini a la basura. ¿La decisión de Sophie?: una broma.

Ingredientes: 1 lata de manitas de cerdo, 1 bote de judiones, chorizo, 3 dientes de ajo, 1 cebolla, pimentón normal y picante, aceite de oliva virgen extra y sal.

Preparación: volcamos en un plato el contenido de la lata de manitas de cerdo y, con cuidado, vamos procediendo a quitarle los pequeños huesecillos que llevan. Aprovechamos el concienzudo despioje, para apartar los grumillos de grasa que encontremos por ahí (y para tranquilizar de paso nuestra pecadora conciencia). En una cazuela ponemos un poco de aceite y, cuando esté caliente, le añadimos la cebolla picada y los tres dientes de ajo un poco aplastados con la mano. Cortamos seis lonchas de chorizo, no muy gruesas y, sin piel, las añadimos al sofrito cuando veamos la cebolla doradilla, aprovechando para poner sal al gusto. Un par de vueltas y le agregamos las manitas de cerdo limpias. Removemos bien mezclando todo y ponemos 1 cucharadita pequeña de pimentón normal y un poco de pimentón picante. Otra vuelta, rápida para que no se nos queme el pimentón, y añadimos un poco de agua (o caldo de brick, si tenemos). No mucha para que luego el guisote nos quede hilado (si vemos que nos quedamos cortos, le añadimos un poco más). Dejamos el invento al fuego unos diez minutos y volcamos en él los judiones previamente enjuagados bajo el grifo. Removemos bien y lo dejamos otros diez minutos a fuego suave y agitando la perolilla de vez en cuando para que el caldo quede con cuerpo. Con cuerpo de rey, que es como vamos a quedarnos nosotros.

Nota: pese a los insidiosos rumores que corren al respecto, esta receta no está patrocinada por Corporación Dermoestética.

 

Sábado, a 11 de Diciembre de 2010

Feos, pequeños, insignificantes, hay que ver qué poco nos luce una lata de berberechos. Sobre todos si entre los invitados hay algún mamón de esos que, arponero profesional de aperitivos, de una sola y certera estocada, ensartan diez ejemplares en el palillo y se los zampan de un bocado.

En esas disquisiciones andaba abriendo mi lata, cuando apareció en la tele Sarkozy, el popular político francés. Un tipo bajito y más bien del montón, pero que elegido Presidente de la República Francesa y con Carla Bruni al lado, se convirtió en una estrella.

Y de repente, la luz se hizo. Miré fijamente el rostro de uno de los berberechos y en sus pequeños ojos tristes vi todo el potencial de un pequeño Sarkozy. Eso sí, para convertirse en una estrella, más que con Carla Bruni y un cargo de Presidente, iba a tener que conformarse con limón y un palillo. ¡Oye, para un molusco tampoco está tan mal!

Ingredientes: 1 lata de berberechos (un poco decentes, la mía era de los de 30/40 por envase, unos 5 €), 1 limón, Rebocina Royal (preparado instantáneo para rebozar), vinagre y aceite de oliva.

Preparación: abrimos la lata de berberechos y escurrimos el jugo en un vaso, reservándolo porque vamos a usarlo luego. Cortamos un par de rodajas de limón, les quitamos la cáscara y las troceamos en triangulillos que, aunque pequeños, tengan entidad corpórea como para ser pinchados en un palillo. Porque palillos es lo que vamos a utilizar para empalar (por su bien: para estar guapo hay que sufrir) nuestros berberechos. Para ello procederemos de la siguiente forma. Clavamos dos berberechos en el palillo, un triangulito de limón en medio, y otros dos berberechos. Así con todos hasta acabar el contenido de la lata. Reservamos las brochetillas. En un plato hondo ponemos dos cucharadas de Rebocina y en lugar de con agua, hacemos la pasta con el caldo de los berberechos, siguiendo las instrucciones. Antes de rebozarlas, mojamos el dedo en un poco de vinagre de Jerez y se lo pasamos por encima a las brochetas para que cojan un poco de sabor. Una gota, muy poca cosa, en plan sutil. Hecho esto, las rebozamos y las freímos en aceite abundante y caliente. Dejadlas escurrir sobre papel absorbente y a comer. Os van a sorprender.

Nota: para que encajara bien el texto he tenido que reducir un poco la imagen. Para ver a los berberechos en todo su apetecible esplendor, basta con pinchar en la foto.

 

Sábado, a 4 de Diciembre de 2010

 

Lo típico: llaman al telefonillo, y es el Papa que viene a comer. Hombre, no pasa mucho, pero ahora que ha estado en España, podía haber pasado fácilmente. Va por ahí con el papamóvil, le entra un hambre repentina y te lo suben a tu casa a comer de urgencias. Y, claro, tú que no tenías nada preparado, quedas fatal: ¡Que no, Santidad, que es que estoy a régimen y por eso le saco unas acelgas!

Pero los papas son muy quisquillosos y enseguida se quedan pensando que lo que eres es un roñica, que te has guardado los langostinos para comértelos solo. Por eso hay que estar preparado. Y no es tan difícil, porque, no te creas, yo los papas que he conocido eran de fácil conformar y solían preferir las comidas caseras.

Y aquí aprovecho para desmentir ese rumor que corre por Internet. Aunque yo trabajara en Roma en aquella época, no es verdad que la última cena de Juan Pablo I fuera con una receta mía. Es más, ni siquiera está claro que muriera envenenado.

En fin, yo para don Benedicto, si se os presenta en casa, he pensado en una receta sencilla. Lleva patatas, un toque italiano de salsa boloñesa, por lo de que vive en Roma y estará acostumbrado, y unas salchichas que le recuerden a su Alemania natal. Unas Patatas Vaticanas (o “Papatas”) que os harán quedar como dios. Y así se hace la ilusión de que es su jefe el que le ha invitado a comer.

Ingredientes: 1 bote de patatas de los de cristal, 1 paquete salchichas, 1 bote de salsa boloñesa, queso rallado, 1 diente de ajo, media cebolla, pimentón picante, sal, aceite de oliva virgen extra y orégano.

Preparación: en una sartén con un poco de aceite ponemos el diente de ajo y la cebolla, bien picaditos, a pochar. Mientras se doran, abrimos el bote de patatas, las lavamos bajo el grifo y las escurrimos bien. Cuando el sofrito esté doradillo le añadimos las salchichas troceadas y las patatas (enteras si no son muy grandes, que no suelen serlo), dejando que nos cojan también color al fuego, con un poco de sal por encima. Cuando estén a nuestro gusto, le ponemos un poco de pimentón picante, removemos y añadimos el contenido del bote de salsa boloñesa y un poco de orégano. Removemos bien. Tapamos y dejamos que se haga a fuego lento dos o tres minutos (aquí sería más adecuado decir el tiempo en padrenuestros, como se hacía antes, pero no me ha dado tiempo a calcularlo). Lo ponemos todo en una fuente de las que aguantan el calor, lo cubrimos de queso rallado y lo metemos dos minutos a gratinar en el horno. Lo justo para que el queso se funda, y servimos humeantes, con un poco de orégano por encima.

 

Sábado, a 4 de Diciembre de 2010

De repente, qué calor. Cómo apetece un postre fresquito. Qué facilones somos los gordos buscando excusas. Además de un pretexto para entregarnos a la lubricidad dulcera, esta receta es un pequeño homenaje a esos programas de bricolaje a quien tanto dedo magullado y sanguinolento debemos, y a los padres de los presentadores de quien tanto nos acordábamos mientras un cirujano intentaba reimplantarnos el brazo que nos habíamos amputado con la sierra de calar. Y lo es porque en esta receta, más que cocinar, vamos a hacer trabajos manuales como hacen ahora mucho los grandes maestros. Para ello utilizaremos un sofisticado aparato que, con un fluido frigorígeno y mediante transferencia de calor, enfría los alimentos. Se llama nevera. ¡Que tiemble el Adriá!

Ingredientes: 1 pack de mousse de chocolate Nestlé (vienen 4 y nos viene bien porque aunque en la foto parece más grande, son pequeñas), crema de queso de cabra President, mermelada de frambuesa.

Preparación: retiramos la tapa y, en el mismo recipiente, con una cucharilla y bastante cuidado ahuecamos un poco el interior de la mousse, procurando que las paredes y el fondo queden intactos. Rellenamos el agujero con un poco de mermelada, primero, y crema de queso después. Repetimos la operación en los cuatro envases, variando si queremos el relleno (por ejemplo, la mermelada de naranja amarga, le va estupendo también). Tapamos el pack con plástico transparente de cocina y lo metemos en el congelador. Cuando esté congelado y queramos utilizarlo, sacamos el producto (1 o los 4, según la bajada de glucosa que nos acometa) y procedemos de la siguiente forma. Cogemos un cuchillo fino y con buena punta y lo introducimos por un lateral del envase, llevándolo hasta el fondo. Si presionamos un poco, veremos que lo traspasa con sorprendente facilidad (como si fuera papel). Vamos girando el cuchillo por todo el borde y a la vez que separamos la mousse, vamos cortando el fondo hasta dejarlo completamente suelto. Pero no lo quitamos. Ponemos un poco de mermelada en el plato en que vayamos a servir, ponemos encima el envase volteado de nuestro postre y presionamos el fondo suelto hasta que el contenido se deposite en el plato con toda facilidad. Se tarda bastante más en contarlo que en hacerlo. Que conste.

Nota: es bastante obvio, pero para que no haya dudas, antes de sacar a la mesa es conveniente dejarlo descongelar un ratito a temperatura ambiente, o dejarlo en la nevera pero fuera del congelador hasta la hora de comer. Para que no esté como una piedra, más que nada.

 

Sábado, a 27 de Noviembre de 2010

Falsarius Chef, siempre atento a las cuitas y penalidades de sus lectores, os propone una saludable receta que nos sirva para recuperarnos de estos días de descanso tan agotadores, y ponga remedio a la astenia que tan primaveralmente nos acomete. Nada mejor para ello que una sauna.

Como quiera que yo no soy muy aficionado a tan claustrofóbica cabina (la única vez que entré en una, llevaba puesta una medallita metálica que a causa del calor se puso incandescente y gracias a la cual ahora luzco a no sé qué santo marcado a fuego en la entretetilla) he decidido que a la sauna vaya el salmón. A él, que ya está muerto y viene de una lata, no creo que le importe.

Ingredientes: 1 lata de salmón en aceite Calvo, 1 bote de cristal de patatas, salsa tártara (Calvé en este caso), romero, aceite de oliva virgen extra y sal.

Preparación: Vamos a necesitar un pedazo de papel de aluminio (el Albal típico de cocina) como de tamaño folio, más o menos. Lo extendemos sobre un plato y en el centro vamos colocando los ingredientes. Escurrimos bien el aceite de la lata de salmón, sacamos el pez con cuidado (procurando que no se rompa) y lo ponemos en medio del papel de plata. Cogemos 4 ó 5 patatillas de las del bote, las ponemos dos minutos a hervir en un cazo con agua, las escurrimos bien y las colocamos sobre el pescado. Regamos con un chorreoncillo de aceite (poquito), ponemos un poco de sal sobre las patatas y lo rematamos todo con una ramita de romero (o romero picado del bote de especias típico). Ahora toca cerrar con cuidado el papel de plata, uniendo los bordes y haciendo una especie de bolsa con la comida dentro. Una bolsa espaciosa, no envolviéndolo en plan bocadillo de chorizo sino dejándole aire. Es importante que los cierres queden por arriba y que la base sea hermética, porque lo vamos a meter en agua y no queremos que entre. Porque ese es el siguiente paso. Coger una olla amplia y ponerla al fuego con un dedo de agua. Cuando hierva introducimos nuestra bolsa de papel de plata y la depositamos dentro con cuidado. Tapamos y lo dejamos vaporizándose unos cinco minutos. Con eso bastará. Solo queda emplatarlo, ponerle un poco de salsa tártara y disfrutar de nuestro saludable condumio.

Más fácil imposible, resultado cien por cien exquisito.

 

Sábado, a 6 de Noviembre de 2010

La abuelita ya no está entre nosotros (no es que haya muerto, es que se ha fugado a Benidorm con un cubano muy guapo) y mamá ha conseguido que el juez nos ponga una orden de alejamiento que nos impide acercarnos a menos de 500 metros de su nevera, ¿va a dejarnos eso sin torrijas? Teniendo en cuenta que los señores enmascarados con capirotes nos dan miedo desde pequeño y que lo único que nos gusta de la Semana Santa son las torrijas, sería una crueldad.

Para solucionarlo, Falsarius Chef te propone esta sencilla y nada convencional receta, que además es de régimen: si las comes, tienes que ponerte a régimen. Seguro.

Ingredientes: 1 rebanada de pan de molde (en mi caso, Integral 8 Cereales de Bimbo), dulce de leche La Lechera (viene en un envase de plástico con dosificador-fácil de esos), leche evaporada Ideal, canela y aceite de oliva virgen extra.

Preparación: en un plato hondo ponemos dos cucharadas generosas de Dulce de Leche La Lechera, le añadimos 4 ó 5 cucharadas de leche evaporada (un chorreón, vamos, para que el dulce de leche quede más líquido y empape mejor) y con un tenedor lo mezclamos bien hasta que se nos forme un caldillo de apetecible color café con leche. Ponemos la rebanada a empapar en el líquido, dándole la vuelta para que absorba bien por las dos caras. Si vemos que nos falta líquido, hacemos un poco más y ya está. La cosa es que nuestra rebanada quede bien jugosa. Hecho esto ponemos dos o tres gotas de aceite de oliva en una sartén y con el mismo dedo (si no nos ve nadie y está fría la sartén) lo extendemos bien por toda la superficie. Se trata de formar una leve película que, por un lado, evite que se nos pegue la torrija y por otro le aporte ese regustillo de aceite tan de torrija convencional. Ponemos al fuego la sartén y cuando esté caliente ponemos la rebanada. Primero por una cara y luego por la otra. Se hace bastante rápido (se trata sólo de que el dulce de leche se caramelice un poco) así que es bueno estar atento para que no se nos queme. La colocamos en un plato y la espolvoreamos con canela. Crujientes por fuera, jugosa por dentro y con un sorprendente sabor a torrija convencional.

 

Viernes, a 22 de Octubre de 2010

Me encanta la melva. Bueno, no tanto como para invitarla a salir o al cine (aunque peor sería salir con un congrio), pero si lo bastante como para invitarla a cenar en casa. Ella de cena, claro.

Para mucha gente la melva es como la hermana pobre del atún y tuercen el gesto cuando se les nombra, como si le hubieran chupado la tripa a un sapo calvo. Pues bien, en su lucha contra la discriminación melvística, Falsarius Chef tiene el placer de sugeriros esta apetitosa receta que a las ya conocidas virtudes nutricionales y gastronómicas de la melva, le añade su capacidad impostora: pocos peces de lata quedan tan aparentes al horno. ¿Y si la melva es canutera? Bueno, todos hemos sido jóvenes.

Ingredientes: 1 bote de patatas peladas de los de cristal, 1 lata de melva (en este caso de 320 g. de conservas Tejero, unos 4 €), 1 lata de cebolla frita (Hida, por ejemplo), aceite de oliva virgen extra, sal gruesa y perejil.

Preparación: precalentamos el horno a 210 grados. En una fuente de cristal resistente al horno (Pirex, de esas) vertemos el contenido de la lata de cebolla frita, escurriéndole un poco el exceso de aceite si queremos. Sobre la cebolla vamos poniendo patatas de bote, previamente lavadas y cortadas en lonchas (a lo "pobre", vamos), las regamos con un hilillo de aceite, añadimos sal gruesa al gusto y espolvoreamos con perejil. Metemos la fuente en el horno y la tenemos allí hasta que las patatas cojan un color apetecible (teniendo en cuenta que tanto las patatas como la cebolla están precocinadas, unos 15 minutos pueden bastar. Eso sí, a más tiempo, más tostadillas las patatas). Llega el momento de abrir el horno y, con cuidado, depositar sobre las patatas la melva escurrida del aceite de lata. No le ponemos más sal, que suele traer bastante de casa. En 5 minutos estará lista. Un poco más de perejil y, si acaso y nos gusta, un chorreoncito de limón acabará de redondearnos el marino condumio.

Nota prescindible: esta receta queda también rica con caballa. Por cierto, para lectores puntillosos, por supuesto, en lugar de cebolla frita de lata puede utilizarse cebolla natural como hice yo el día de la foto. Lo único que necesitas es más tiempo libre. Y una cebolla, claro.

 

Sábado, a 2 de Octubre de 2010

No hay duda de que estamos en otoño, porque yo hoy me he levantado con ganas de hamburguesa. Tengo un estómago que es como un calendario. Que me levanto con ganas de gazpacho, verano. Con ganas de un cocido, invierno. Con ganas de ver minifaldas, primavera. Oye como un reloj. Pero por muy otoño que sea, y se caigan las hojas de los árboles, y lleguen el frío y las huelgas generales, no vamos a caer en la molicie y el abandono y lanzarnos a comer hamburguesas en el primer burger que veamos. Por ejemplo, en esas hamburgueserías famosas y multinacionales, que tienen unos anuncios que quitan el hambre. En el de una sale un rey con pinta de asesino en serie, que lo ves y no duermes por las noches; en el de la otra un payaso que parece que se ha escapado de un libro de terror de Stephen King. Dan un miedo de la leche. Así que nosotros nos vamos a hacer la hamburguesa en casa. Eso sí, un poco especial. Una hamburguesa a la que le hemos quitado ese aire un poco cutre que las envuelve y estigmatiza, y a la que le hemos dado un aspecto más presentable. Alto standing. Una hamburguesa pija, si quieres llamarla así. Como Carmen Lomana, pero en hamburguesa. Bueno, y sin operar.

Ingredientes: 1 bandeja de hamburguesas de las del súper (las mías de cerdo ibérico, no recuerdo ahora la marca, pero exquisitas), 1 sobre de masa para tartaletas de la Cocinera (sección refrigerados), mostaza, queso en lonchas y un poco de aceite de oliva.

Preparación: en una sartén con muy poco aceite, marcamos la hamburguesa por las dos caras, un momento, y las reservamos sobre papel absorbente. La masa para tartaletas que vamos a usar está muy bien porque es redonda y tiene de fábrica el tamaño perfecto para una hamburguesa. Extendemos una de las obleas sobre papel para el horno (o papel de aluminio), la pinchamos un poco con un palillo, ponemos sobre ella la hamburguesa, le untamos un poco de mostaza y le ponemos por encima una loncha de queso. Ponemos otra masa de hojaldre por encima, la pinchamos también con el palillo y sellamos uniendo bien con la de abajo por los bordes, para que nos quede bien cerrada, como una especie de mini empanada redonda. La metemos en el horno precalentado a 200 grados y en unos 20 minutos (cuando veáis la masa doradilla) estará. Queda jugosota y de lo más aparente.

 

Sábado, a 2 de Octubre de 2010

Humildes, modestos, sin nombres pomposos ni títulos nobiliarios, los champiñones nunca sois portada del Hola, ni os hacen monumentos, ni salís desnudos en Interviú. Pasáis por nuestra vida en silencio y sois, como mucho, el apocado acompañamiento de algún plato de fundamento.

Pues eso se acabó, oh nobles champiñones. Falsarius Chefs, con esta sencilla pero suculenta receta os rescata del olvido y la marginación culinaria, devolviéndoos al lugar que os merecéis. A partir de ahora, cada vez que os saquen en la tele, os pondrán, como yo he hecho en el título, la triunfal canción de Queen. Ha llegado el Día del Orgullo Champiñón.

Ingredientes: 1 bandeja de champiñones, un vaso de vino oloroso (seco, no dulce, en mi caso marca Gobernador que es una delicia), 1 paquete de taquitos de jamón (había en el súper, sección charcutería, unos de paleta ibérica y han caído), salsa de soja, 2 ó 3 dientes de ajo, aceite de oliva virgen extra y perejil.

Preparación: lo primero es lavar bien los champiñones. Nada más fácil. Para ello ponemos un bol con agua y metemos dentro los champiñones, a los que hemos cortado previamente un poco de la base del tallo, los removemos y los dejamos a remojo un ratito. Ellos solos, si acaso con ayuda de un dedo para quitar alguna arenilla persistente, se limpiarán. Los dejamos escurriendo y mientras tanto ponemos los dientes de ajo picados a freír con un poco de aceite, enseguida, añadimos los tacos de jamón (más o menos, según la particular afición cérdica), una vuelta rápida y agregamos los champiñones mientras el ajo está aún blanco, para que no se nos queme mientras se doran los champis. Porque eso es lo que toca ahora, ir removiendo para que los champiñones vayan cogiendo un bonito color dorado. Cuando veamos que el conjunto ha adquirido un tono apetecible e hilado, le añadimos un chorreón de vino oloroso (y si es Gobernador, nos endilgamos nosotros mismos un vasito, que va muy bien de aperitivo) removiendo bien para que se evapore el alcohol y aromatice los hongos. Le ponemos un poco de salsa de soja, le damos un par de meneos más y listo. Espolvoreamos perejil por encima y a disfrutar. No volverás a decir "aburrido como un hongo".

Domingo, a 29 de Agosto de 2010

Ahora sólo faltaba que no tener solomillos en casa nos fuera a impedir hacernos un solomillo al roquefort: ¡Hasta ahí podíamos llegar!

Así que dejemos a la vaca rumiando en paz y , lata en ristre, dispongámonos a preparar este solomillo impostor que respetará la integridad de nuestros bolsillos, nos alegrará el paladar y la vista, si comemos en solitario, y llenará de pasmo y admiración a nuestros no por queridos menos gorrones invitados, si tenemos visitas.

Rico y vegetariano, porque como todo el mundo sabe, el cerdo, en su intrínseca belleza, es casi como una florecilla del bosque.

Eso sí, en las primeras citas amorosas, no es recomendable agasajar a la amada con un ramo de cerdos: mejor las flores.

Ingredientes: 1 lata de magro de cerdo (de esas de aspecto más o menos triangular, en este caso Apis, 1,65 €), 1 cuña de queso roquefort, 1 pimiento del piquillo, salsa Perrins, leche evaporada Ideal, aceite de oliva virgen extra.
Preparación: para perpetrar esta receta lo primero es conseguir que el jamón de lata adquiera forma de solomillo. En mi caso, he cogido un vaso de un tamaño aproximado a la pieza de fiambre, lo he puesto en el centro y he presionado. Luego con ayuda de un cuchillo he sacado la pieza, que tenía ya un adecuado y solomilloso aspecto. Hecho esto, cortamos la carne por el centro, dividiéndolo en dos discos iguales. Y puestos ya al lío, cogemos el pimiento del piquillo y lo calentamos en la sartén, con un poco de su aceite. Se reserva en un plato, se añade un poco de aceite de oliva a la sartén y se doran un poco los discos de jamón. Unas gotas de salsa Perrins cuando veamos que está cogiendo color, ayudará a que nos queden más dorados. Pura coquetería, en realidad. Sobre una de las piezas de carne colocamos el pimiento (cortadito en tiras, si queremos) y lo cubrimos con la otra parte. Puesto en un plato, calentamos un poco de queso roquefort en un cacillo con un poco de leche evaporada Ideal (procurando que el queso quede bastante entero, que luego le da más prestancia al invento) y lo echamos sobre la carne. Un poco engorroso de contar, pero sencillísimo de hacer.

 

Martes, a 17 de Agosto de 2010

Y Luz anduvo. Como para no andar (o resucitar, si viene al caso) con este vigoroso y potente condumio que aúna las nobles cualidades del cocido andaluz de lata "Litoral", con la no menos andaluza morcilla de Burgos (Andalucia "norte" según las más recientes reivindicaciones autonómicas). Un rápido y completo plato que puede darnos mucho juego en estas vacaciones de semana santa en las que, entre conducir, jugar al golf, cargar dioses (con lo que pesan), tomar el sol, trasnochar, visitas culturales, colas para hacerlas, esquiar, más coche y más atascos, no nos queda tiempo para cocinar. Bueno, y generalmente ni para vacaciones propiamente dichas.

Ingredientes: 1 lata de cocido andaluz Litoral (1 € más o menos), media cebolla, un par de dientes de ajo, 1 morcilla de Burgos (sobrará), aceite de oliva virgen extra, sal y perejil.

Preparación: en este caso se impone una astuta preparación previa de la lata que consiste en abrirla, retirar con una cucharilla la grasilla solidificada que se acumula bajo la tapa y escurrirle el caldo, que no vamos a utilizar en esta receta. Ponemos el resto en un plato y lo reservamos. En una sartén ponemos unas gotas de aceite y freímos dos o tres rodajas de morcilla partidas por la mitad. Cuando las veamos hechitas, las ponemos en un plato con papel de cocina para eliminar el exceso de aceite. No es que hayamos avanzado mucho, pero ya hemos conseguido manchar dos platos: es un buen día para aquello de "yo cocino y tu friegas". Limpiamos la sartén con un papel absorbente, ponemos un poco más de aceite y sofreímos la cebolla y los ajos, todo picado. Cuando veamos que han cogido color, añadimos el cocido que teníamos reservado, un poco de sal y lo mezclamos bien con el sofrito. Dejamos que se haga un poco y le agregamos la morcilla. Otro par de vueltas en la sartén para que se integre bien, y al plato. Un poco de perejil espolvoreado y un hilillo de aceite, le acabarán de dar un aire de lo más apetecible. Eso sí, muy de vigilia no es.

 

Jueves, a 5 de Agosto de 2010

Suele ocurrir. Compra uno una bandeja de filetes y sin que sepas la razón, al final siempre se te acaba quedando uno con muy mala pinta, el pobre. Que no es que esté malo, pero se queda feucho, como un pedazo de vaca zombie que nos recriminara "no me has comido, no me has comido...".

Pues bien, en su campaña a favor de los menos agraciados físicamente (por la cuenta que le trae) Falsarius Chef os propone una sencilla solución para convertir ese filete tieso en un manjarcillo más que apetecible.

Ingredientes: el filete tieso en cuestión, 1 puerro, 1/2 cebolla pequeña, salsa Teriyaki, aceite de oliva virgen extra, sal.

Preparación: lavamos bien el puerro y lo ponemos junto con la cebolla (cortados ambos en tiritas alargadas) a sofreír en un poco de aceite. Cuando cojan color, añadimos al fuego el filete que previamente habremos cortado en tiras como se ve en la foto. Cuando lo veamos todo con un aspecto doradillo y apetecible, y con el fuego fuerte, le ponemos un par de chorreones de salsa Teriyaki y removemos para que se mezcle todo bien y la salsa se ligue con el resto. Un poco de sal gruesa por encima completará el invento y la moraleja: como en el cuento, no importa lo patito feo que seas, al final alguien te acabará comiendo a la naranja.

 

Viernes, a 16 de Julio de 2010

Me he levantado con el día campestre-bucólico-pastoril, uno de esos días de mucha flor y mucho pajarito, en plan hippie como cuando uno era joven (pero menos comunista, que ahora tengo vitrocerámica en propiedad). Así que me he dicho que era el día perfecto para darse a la hierba (a la legal) y al ajo, en promiscua coyunda con un bacalao en salmuera, que fue durante muchos años el único pez de tierra adentro. un pescado campestre y rústico, delicioso y base de muchas recetas, al que para ser más de campo, sólo le falta la boina (aunque me temo que boinas en el campo ya sólo llevan en carnaval, y los bacalaos de ciudad que quieren hacerse pasar por lugareños).

Ingredientes: 1 envase al vacío de tiras de pimientos verdes y rojos asados (en mi caso de la marca Campo Rico), bacalao salado desmigado, 3 dientes de ajo, aceite de oliva virgen extra.

Preparación: abrimos el paquete de pimientos, le escurrimos algo así como la mitad del jugo (que si no queda un poco encharcado para mi gusto) y lo volcamos en un bol. Rallamos o picamos un diente de ajo y lo echamos por encima. Lavamos bajo el grifo unas tiritas de bacalao (unas pocas, no el paquete entero obviamente) para quitarles el exceso de sal y las desmigamos con las manos sobre los pimientos. Cortamos los dos dientes de ajo que nos quedaban en láminas (no muy finas) y lo freímos hasta que esté doradillo. Añadimos un poco de aceite de oliva virgen extra, removemos bien los pimientos con el bacalao y adornamos con los ajos fritos. Moraleja: ya es primavera en Falsarius Chef.

Nota para observadores: los ajos de la foto, obviamente, no son ajos fritos. Son unos ajos confitados en aceite muy ricos que tenía en la despensa. El hecho de recomendar hacerlos fritos y no usar de bote es porque he tenido experiencias contrapuestas con los envasados: a veces muy buenos y en otras marcas, sencillamente decepcionantes. Así que he decidido apostar por lo seguro.

 

Sábado, a 26 de Junio de 2010

El pescado impresiona. Llegas a una cena en casa de alguien y ves que te sacan un pez a la mesa y dices: ¡aquí hay nivel! Y tú, que cuando te vienen a casa les largas la “Findus cuatro quesos” con un poquito de orégano por encima, para disimular, te sientes fatal.

Pues bien, eso se acabó. Con un paquete de bacalao congelado, unas gulas y poco más, las visitas van a mirarte con un insólito respeto. Descubrirás que dulce es la venganza de los torpes.

Ingredientes digamos para 2: 1 paquete de bacalao congelado de 400 g. (hay varias marcas, Pescanova y demás. Este era Dimar, que viene ya al punto de sal), 1 paquete de gulas de 125 gr., 1 vaso de vino blanco (si es bueno, mejor), 3 dientes de ajo, 1 cayena (guindilla pequeña), romero, un poco de sal y aceite de oliva virgen extra.

Preparación: En una fuente Pyrex (de esas de cristal resistente al calor), en cuyo fondo habremos puesto un poco de aceite, colocamos los trozos de bacalao previamente descongelado, con la piel hacia abajo y moviéndolos un poco para que la base se impregne un poco del aceite. Y lo dejamos ahí. Picamos el ajo y lo ponemos a dorar con una cayena (una guindilla pequeña como la de la foto, que vende en botes como los de especias) en una sartén con un poco de aceite de oliva. Cuando veamos que coge color, añadimos las gulas, un poco de sal (poco, que el bacalao ya trae) y le damos unas vueltas con el fuego vivo. Añadimos un chorreón de vino blanco (el que sobre, si estaba fresquito, puedes aprovechar y bebértelo, que esto de cocinar es muy duro y hay que darse un homenaje de vez en cuando) y dejamos que se evapore un poco el alcohol, mezclando bien. Extendemos las gulas así preparadas sobre el bacalao, le espolvoreamos un poco de romero por encima y lo metemos en el horno precalentado a 210 grados. En 5 ó 6 minutos, el condumio estará listo y la venganza consumada. La pizza congelada Findus, si os da lástima, la podéis poner de segundo. Pero yo, francamente, no os lo recomiendo.

Para nota: si mientras está en el horno, con precaución y una buena manopla, agitáis un poco la fuente un par de veces, el bacalao soltará mejor su gelatina y la salsa os quedará más hilada y rica. Procurad no quemaros, que el aroma a pelillos chamuscados casa fatal con el bacalao.

 

Sábado, a 12 de Junio de 2010

Soy consciente de que me estoy metiendo en un jardín importante con esto del risotto. Hay mucho talibán suelto para el que la preparación de este arroz es como una religión. Y parece que les molesta que alguien menos avezado en la cocina se atreva con él. ¡Quita tus sucias zarpas de torpe novato de mi arroz! parecen decirle al personal.

Pues bien, Falsarius Chef (a la sazón ya casi un tocapelotas profesional) viene a desmontarles el chiringuito. Y con escarnio añadido, pues la receta se hace con arroz de vasito de plástico. Y en diez minutos. Y sin tener ni idea de cocina. ¿Cómo te quedas? ¿A que jode?

Ingredientes: 1 vasito de arroz blanco SOS (del que viene preparado para el microondas), 8 mejillones congelados (o una lata de mejillones al natural), 1 vaso de vino blanco, 1/2 cebolla, 1 ó 2 dientes de ajo, un brick de caldo preparado (el que más te guste), queso rallado (cuanto más rico, mejor), pimentón, orégano, sal, mantequilla y aceite de oliva virgen extra.

Preparación: ponemos el arroz, dejando suelto el grano que suele compactarse en el vasito, en un bol pequeño y lo cubrimos con caldo. Justo cubrirlo. Y lo dejamos ahí mientras vamos haciendo el resto (si se pone un rato antes, mejor incluso). Picamos el ajo (uno o dos dientes según nos guste) y lo ponemos a dorar en dos o tres cucharadas de aceite. Cuando veamos que se va haciendo, añadimos la cebolla también picada. Cuando empiece a hacerse, echamos los mejillones sin descongelar ni nada. Cuando esté doradita, le añadimos un poco de sal, media cucharita de pimentón normal y una pizca de pimentón picante, le damos una vuelta rápida y añadimos un chorreón de vino blanco. Dejamos que se evapore el alcohol (aprovechando para inspirar profundamente, que da un puntito) y agregamos el arroz con el caldo. Cuchara de madera en ristre, vamos removiendo y agitando un poco la sartén para que el líquido se vaya evaporando. Cuando veamos que el arroz se está quedando seco, le espolvoreamos un poco de orégano (que le da un toque muy italiano) y añadimos algo más de caldo. Repetimos la operación de ir removiendo con la cuchara hasta que adquiera ese aire de risotto (jugoso, pero prácticamente sin caldo) que buscamos. Retiramos del fuego y le añadimos una cucharadita de mantequilla, que iremos removiendo lentamente para que se vaya deshaciendo y mezclando bien con el guiso. Ya sólo queda poner en un plato, adornar si queremos con un poco más de orégano y rallar por encima unos hilos (más chulo un poco gruesos) de queso. Yo le pongo Flor de Esgueva, que es de oveja y le va estupendo. Veréis que plato más rico. Y lo que luce, oiga.

 

Martes, a 1 de Junio de 2010

Yo todos los años espero con impaciencia el día de San Valentín. Siempre con la ilusión de que esta vez, por fin, cupido se pinche un dedo con una de sus amorosas flechas, pille el tétanos y palme.

En espera de tan grata noticia, he preparado una receta sencilla y perfecta para compartir en día tan señalado, o para tomarla solo si los hados (o la agenda) no te han sido propicios… que a veces pasa, y no es cosa de quedarse, encima, con hambre.

Ingredientes: 1 paquete de Brasador de verduras con pollo (es un congelado de Findus, son 2 raciones y vale unos 4 €), 1 rollo de masa Brisa (sección de refrigerados, junto al hojaldre y demás, 1,90 €), un bote o brick pequeño de bechamel (Président, en este caso), 2 dientes de ajo, salsa de soja o sal y aceite de oliva virgen extra.

Preparación: en una sartén ponemos un poco de aceite y sofreímos los dientes de ajo picaditos (el ajo, más que nada, para quitarle un poco de cursilería al San Valentín). Cuando estén dorándose echamos el contenido del paquete de Brasador, removemos bien y dejamos que se vaya haciendo según las instrucciones. Cuando lo veamos hechito (descongelado del todo y con el pollo dorado), le añadimos un poco de salsa de soja (o un poco de sal, si no tenemos) que le da un toque exótico y curioso. Una vuelta y añadimos un poco de la salsa bechamel (agitar bien el bote) para que nos hile adecuadamente el invento. Removemos bien para que se caliente, sin dejar que hierva y retiramos del fuego. Fase uno completada. En la bandeja del horno extendemos la masa Brisa sobre el papel que trae y la pinchamos por varios sitios con un palillo. Enrollamos un poco el borde exterior de la masa, haciendo un especie de pequeña murallita por todo el perímetro, para que luego no se nos desborde el contenido. Con cuidado, extendemos el Brasador sobre la masa, distribuyéndolo bien con una cuchara, le ponemos en el centro una generosa porción de queso rallado y lo metemos en el horno precalentado a 200 grados. El borde dorado nos indicará que está en su punto, pero eso no va a pasar antes de 10 minutos. Pastel-pizza listo.

 

Martes, a 11 de Mayo de 2010

Se marcha un año más la navidad y al irse nos deja los bolsillos vacíos, la tarjeta de crédito exhausta y la nevera arrasada. Pero allí, al fondo, en aquel blanco desierto frío, junto a una lechuga medio pasada y un bote de pepinillos en salsa agridulce que os dejó en herencia el anterior inquilino, vemos un brillo de esperanza: es una lata de sardinas en aceite.

La cosa, reconozcámoslo, no tiene buena pinta gastronómicamente hablando, pero ¿vamos a resignarnos por eso a comer mal? No si Falsarius Chef puede evitarlo.Y puede.

Ingredientes: 1 lata de sardinas en aceite, perejil, aceite de oliva virgen extra, 1 limón y sal gruesa.

Preparación: abrimos la lata y escurrimos el aceite (no por el fregadero, por favor, que luego va al mar, nos quedamos sin sardinas y a ver qué enlatamos el año que viene). Apoyamos un cuchillo en el medio de cada sardina y, presionando un poco, veremos que se abre fácilmente por la mitad. Les quitamos la espina y ponemos tres o cuatro mitades (las que no veamos capaces de manipular rápido y sin agobios) en la sartén previamente caliente y sin aceite (con el que les queda de lata aunque las hayamos escurrido bastará). Primero por el lado sin piel un momento, luego les damos la vuelta rápido y les ponemos un chorreón de limón, un poco de perejil y un poco de sal gorda. Las mantenemos un segundo más y fuera. Repetimos la operación con todas las sardinas y las ponemos en el plato de servir con un poco de aceite de oliva por encima y espolvoreándolas con un poco más de perejil. Como en la mismísima playa, oiga.

 

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