Música y Vino

Puedo intentar ser sincero pero nunca seré imparcial…
Domingo, a 21 de Junio de 2009

Cuarta y última parte de los reportajes que bajo el título “Tráfico y explotación de mujeres”, realizaron Mónica Cebeiro Belaza y Álvaro de Cózar para El País.

Como dije en los tres primeros (podéis leerlos más abajo en la bitácora o pinchando en estos enlaces: Reportaje I, Reportaje II y Reportaje III), el negocio sucio que se mueve entorno a la prostitución y la trata de blancas es de tal magnitud, que todos debemos ser parte de la solución.

Como en la primera ocasión, os recomiendo que lo leáis con sumo interés.

Alfredo Webmaster


 

 

4. Prostituir a la fuerza no es delito grave: Las leyes vigentes son insuficientes para luchar contra la trata y se plantean reformas - Las víctimas sólo son protegidas a cambio de información "relevante" 

Los policías que llevan años de lucha contra la trata recuerdan los primeros años del combate. En una ocasión, los agentes consiguieron sentar en el banquillo de los acusados al dueño de un club donde se explotaba a mujeres. Dos mujeres, prostitutas del local, testificaron contra el hombre. El juez le condenó, pero no cerró su local. El argumento fue que sólo había dos víctimas de trata de personas. El resto de las mujeres que trabajaban en el local no habían denunciado. "Cerrar el local sería perjudicar a las que están porque quieren", dijo el magistrado a los policías. La esclavitud de dos mujeres no era una razón suficiente para clausurar el burdel.

La actitud de los jueces ha cambiado desde entonces, pero sigue habiendo múltiples problemas para luchar con eficacia contra la trata de seres humanos. Por un lado, la falta de determinación del Gobierno -tanto de éste como de los anteriores del PP- sobre qué hacer con la prostitución provoca que haya un gran negocio que se mueve al margen de la ley y que genera extraordinarias ganancias para los explotadores sexuales. Y, al margen del recurrente debate entre abolicionistas y regulacionistas de la prostitución, no se abordan de forma prioritaria las reformas que hacen falta para erradicar la trata.

Uno de los problemas más graves que denuncian las ONG es que se protege a las víctimas no por el hecho de serlo sino por colaborar con la policía. Sólo se les concede el permiso de residencia si han denunciado y si la información que han dado ha sido "relevante" para desarticular una red. Si lo que cuenta la mujer no es útil, no hay permiso. Quid pro quo. Algo que en el caso de la violencia de género sería inadmisible, cuando se trata de la explotación sexual se tolera sin más. "No se enfoca la cuestión como una violación terrible de los derechos humanos más básicos en una sociedad democrática sino que se recompensa a las víctimas si ayudan", dice Cristina Garaizábal, portavoz de la asociación Hetaira. Opinión que comparte también la ONG Proyecto Esperanza.

La regulación de los permisos de residencia acaba de costarle a España una condena de la Unión Europea. El Tribunal de Luxemburgo dictó sentencia la semana pasada contra nuestro país por no haber incorporado a nuestro derecho una directiva de 2004 sobre expedición de tarjetas de residencia a las víctimas de trata. La UE, que sí acepta que los permisos puedan concederse a cambio de información, exige garantías que aún no se cumplen en nuestra legislación, como que se dé a las víctimas un periodo de reflexión para decidir si desean denunciar. Ése es uno de los momentos más delicados. Las víctimas, sobre todo si están en manos de redes violentas, tienen miedo y necesitan un tiempo -con asistencia sanitaria, legal y psicológica- para pensar lo que desean hacer. Muchas veces sus familias están amenazadas en el país de origen. Un portavoz del Ministerio de Igualdad asegura que la transposición de esta directiva está contemplada en la propuesta de modificación de la Ley de Extranjería.

Después de la denuncia, e incluso si se les concede el permiso de residencia -sólo lo han conseguido 951 mujeres en los últimos ocho años y se les ha denegado a otras 648-, los problemas continúan. "Luego se encuentran con que necesitan un permiso de trabajo", señala Cristina Garaizábal. "Y es muy difícil que les hagan una oferta".

En esas se encuentra estos días Hope (Véase EL PAÍS del pasado lunes, 18 de mayo). La chica nigeriana vino a España engañada y fue obligada a prostituirse en varios clubes de carretera. Tras denunciar a los tratantes, obtuvo el permiso de residencia. Busca empleo desde entonces. Y siempre le ocurre lo mismo. Le dicen que la pueden contratar, pero si consigue primero un permiso de trabajo. Nadie quiere hacer la primera oferta. Sin permiso de trabajo, no hay empleo. Y sin empleo, no hay permiso. "Todos los días voy a entregar mi currículum a bares, tiendas. Nadie me hace caso y la residencia me caduca dentro de unos meses. No me queda dinero y tengo miedo de que me expulsen", se lamenta.

La protección a las víctimas es sin duda una de las asignaturas pendientes en el tema de la trata. Pero también hay suspensos en el ámbito de la justicia. El Código Penal regula por un lado el obligar a una mujer a prostituirse y por otro, el tráfico de personas. La primera cuestión está castigada sólo con penas de dos a cuatro años de cárcel (una pena no grave, según el código). La misma sanción se impone a los que se lucren "explotando la prostitución de otra persona", aun con su consentimiento. Y, dado que la trata muchas veces es difícil de probar, éste puede ser el único castigo que reciba el delincuente.

Se regula por otro lado el tráfico de personas. El artículo 318 bis establece condenas de 4 a 8 años de cárcel para quienes trafiquen con inmigrantes y entre 5 y 10 años para quienes lo hagan con fines de explotación sexual. Esta disposición plantea dos problemas. En primer lugar, que se juntan dos conductas que no tienen nada que ver: una cosa es introducir en España de forma ilegal a inmigrantes que quieren entrar y otra muy distinta traerlos engañados para esclavizarlos y explotarlos. "Estos tipos penales deben separarse", señala Joaquín Sánchez-Covisa, fiscal de sala del Tribunal Supremo y coordinador de extranjería. "Es necesario un delito específico de trata de seres humanos". El Plan Integral de Lucha contra la Trata de Seres Humanos con Fines de Explotación Sexual, aprobado por el Gobierno el pasado diciembre, recogía esta modificación legal. Pero todavía no se ha producido.

Otro problema de este artículo es que habla sólo de inmigrantes, lo que implica que quedan fuera todos los ciudadanos de la Unión Europea. Las mujeres rumanas no se consideran víctimas de trata y son una de las nacionalidades más afectadas por este problema. Marta González, de la ONG Proyecto Esperanza, cree es una de las primeras cuestiones que hay que modificar. Se espera que el Gobierno introduzca algunos de estos cambios en su próxima reforma del Código Penal.

Otro de los grandes problemas es la falta de datos. No se conoce la dimensión del problema y por lo tanto es complicado actuar de forma adecuada. No hay información fiable y centralizada sobre el número de prostitutas en España, el número de burdeles, el número de testigos protegidas, el número de denuncias o el número de condenas por este tipo de delitos. Todo son estimaciones basadas en nada concreto.

"Esto es cierto", responde un portavoz del Ministerio de Igualdad. "Pero es una característica común a todos los países. Conscientes de esta realidad en nuestro plan hemos incluido diversas medidas que nos permitan conocer mejor la situación y cuantificarla. Hay planteados diversos estudios. Además, el CICO (Centro de Inteligencia contra el Crimen Organizado) y el Ministerio del Interior están trabajando ya desde el 1 de enero en el diseño e implementación de una base de datos que nos permitirá un conocimiento más exhaustivo y ajustado a la realidad".

Tampoco hay, por el momento, campañas de sensibilización a pesar de que es un problema grave que apenas preocupa en nuestro país. Ni a la sociedad en su conjunto ni a los clientes de prostitución. Desde el Ministerio de Igualdad se asegura que las campañas se están preparando ya, pero que llevan tiempo.

Otro debate es el de los medios de comunicación. ¿Deben suprimir los anuncios de prostitución porque quizá en sus páginas haya víctimas de trata de personas? Dos diarios de reciente creación no los admiten: Público y 20 Minutos. El Plan contra la Trata del Gobierno dice que se promoverá el "control" de este tipo de publicidad. No se dice cómo. Los principales periódicos (incluido éste) no han seguido el consejo. Los responsables de EL PAÍS dicen que los anuncios no están prohibidos.

 

Trata, prostitución y Código Penal

Se considera trata de personas, a la captación, transporte, embarque o recepción de personas por medio de amenaza, uso de la fuerza, coacción, fraude, engaño, abuso de poder o mediando pago a alguien que ejerza un control previo sobre la víctima. Para que pueda hablarse de trata —y no sólo tráfico ilegal de inmigrantes— tiene que haber un propósito de explotación que puede ser sexual, laboral o de extracción de órganos. Pero el sexo es lo que más tráfico humano mueve. El 90 % de las actividades de la Ucrif, la unidad de la Policía Nacional encargada de trata, se refieren a este tipo de explotación.

Al estar la trata de seres humanos con fines de explotación sexual tan ligada a la prostitución, la lucha policial y judicial tiene que tener en cuenta las normas que se ocupan de ambos fenómenos. Y ambas son mejorables. El Código Penal de 1995 despenalizó el proxenetismo, conducta que antes sí se perseguía. El legislador quiso no castigar las conductas que rodean a la prostitución libremente ejercida y a partir de entonces empezó a castigarse sólo al que “obligaba” a una persona a ejercer la prostitución. Este marco legal creó un nuevo escenario que propició el rápido desarrollo de una industria alrededor del comercio sexual.

En 2003 el legislador volvió a cambiar de idea y se castigó de nuevo a todo aquél que se lucraba explotando la prostitución de otra persona, “incluso con su consentimiento”. Pero como la prostitución es una actividad lícita, suele haber serios problemas para probar la relación entre prostitutas y chulos.

Por otro lado están regulados los delitos de trata y de tráfico ilegal de inmigrantes. Están juntos, así que es imposible conocer las estadísticas criminológicas sobre trata.

Y finalmente están las víctimas, tratadas por la ley española como instrumentos al servicio de la policía. “El artículo 59 de la Ley de Extranjería permite que se les conceda el permiso de residencia si denuncian y si aportan información relevante para desarticular redes”, explica Marta González, de la ONG Proyecto Esperanza. “Si deciden no denunciar, o tienen muchos datos, no hay derechos. No las tratamos como víctimas de una gravísima violación de los derechos humanos básicos”.

 

Sábado, a 13 de Junio de 2009

Tercera parte de los reportajes que bajo el título “Tráfico y explotación de mujeres”, realizaron Mónica Cebeiro Belaza y Álvaro de Cózar para El País.

Como dije en los dos primeros (podéis leerlos más abajo en la bitácora o pinchando en estos enlaces: Reportaje I y Reportaje II), el negocio sucio que se mueve entorno a la prostitución y la trata de blancas es de tal magnitud, que todos debemos ser parte de la solución.

Como en la primera ocasión, os recomiendo que lo leáis con sumo interés.

Alfredo Webmaster


3. Unos trafican, otros ponen el burdel: Los problemas jurídicos para probar los vínculos entre las redes de trata de mujeres y los clubes de alterne facilitan que la prostitución forzada quede impune.

La ruta del amor. Cuenca. Kilómetro 200 de la Nacional 301. Por la radio, un sábado por la noche, se escuchan toda clase de invitaciones para consumir sexo. Es Loca FM. Entre techno cutre y pachanga, se van anunciando los locales con los que se va a topar el conductor en pocos minutos: Las Torres, Night Star, Los Molinos, Pasarela... Una voz grave y masculina sugiere detenerse en uno de ellos: "Las Torres. Simply the best". A lo largo de 20 kilómetros hay siete clubes de alterne. Grandes, pequeños y medianos.

En Los Molinos, uno de los más exitosos, no dejan pasar a las mujeres. Ni a la prensa. Un encargado paraguayo balbucea rápido que allí no se hace nada malo, pero que no tiene intención alguna de dejar entrar a dos periodistas. Ni siquiera para tomar unas copas como cualquier cliente. El aparcamiento está a reventar. Jóvenes -algunos con cochazos y con la música a tope- entran riéndose. Dentro les esperan más de 60 mujeres que trabajan allí, de distintas nacionalidades, jóvenes y guapas. Esa noche se hará, probablemente, una gran caja.

Las redes de tráfico de mujeres extranjeras pueden obligar a las chicas a prostituirse en las calles y polígonos industriales -a veces también en pisos-, pero es raro que tengan un local de alterne explotado por ellos mismos, sobre todo cuando la red es pequeña y está formada por tres o cuatro personas. Hacen falta españoles que actúen como tenderos de la mercancía. Y son necesarios varios contactos, porque las mujeres no pueden estar paradas en el mismo club durante muchas semanas. Los traficantes tienen que montar una red de locales por la que puedan ir circulando. Cada zona de España tiene sus especialidades geográficas: en la cornisa cantábrica, el 90 % son brasileñas. En La Junquera (Girona) hay un porcentaje similar de rumanas. La cifra total de clubes, según la Unidad contra las Redes de Inmigración Ilegal y Falsificaciones Documentales de la Policía Nacional está en torno a los 2.500.

Los empresarios españoles insisten en que ellos no tienen nada que ver con la trata de mujeres. Aseguran que sólo les ofrecen un espacio en el que ejercer libremente como prostitutas y que, a cambio, les cobran por el alojamiento y comida. Luís, un cubano ex jugador de voleibol dueño de Las Torres, en Cuenca, defiende que es un negocio más en el que todos son libres. "En las copas vamos al 50 %, pero el cliente da directamente el dinero a la mujer. Yo no quiero problemas. Tampoco me meto en si tienen o no tienen relaciones sexuales. Ése es su problema. Yo les cobro 40 euros al día por habitación, desayuno, comida y cena y no quiero saber nada más. No acepto menores de edad ni voy buscando chicas. Vienen las que quieren".

La realidad no tiene siempre el tono rosa que pinta Luís. En los clubes hay mujeres obligadas a ejercer la prostitución. Sobre todo durante sus primeros meses en España, los que tardan en pagar la deuda a sus captores. Las endeudadas están obligadas a hacer cualquier cosa que les digan. A veces es su mami -la controladora, la persona que las vigila siempre-, la que se ocupa de todas sus relaciones mercantiles, de decirle lo que tiene que cobrar y con cuántos hombres tiene que mantener relaciones sexuales cada noche. Y la encargada de presionarla si los objetivos mínimos no se cumplen. El empresario puede mantenerse al margen y limitarse a cobrar a las mujeres entre 40 y 60 euros al día para evitar conflictos con la justicia.

Pero en muchos casos sí es el dueño del club -a través de sus encargados y empleados-, el que explota directamente a la mujer una vez que los traficantes la han traído a España. En las sentencias judiciales se encuentran múltiples casos como éste. "Eugenio trabó contactos con diversas personas de Rusia, quienes le enviaban periódicamente mujeres de dicha nacionalidad", relata el Supremo en una resolución de junio de 2006. Eugenio era el dueño de un club de alterne en Roquetas de Mar (Almería). Sus amigos rusos reclutaban mujeres prometiéndoles trabajar como camareras. Cuando ellas llegaban, si se negaban a ejercer de prostitutas, Eugenio las obligaba a hablar por teléfono con el captador ruso, que amenazaba con matar a sus familias. El español imponía multas a las que no trabajaran algún día, no llevaran falda o se negaran a ir con un cliente determinado. Eugenio las obligaba a practicar lo que él llamaba el "pequeño champán" (beber una botella, dejarse tocar y masturbar al cliente) y el "gran champán" (con sexo completo). Una relación laboral -obligada, eso sí- en toda regla.

Las autoridades saben dónde están los clubes. ¿Por qué no hay un mayor control entonces? ¿Por qué no se hace una vigilancia constante para evitar que sean espacios en los que se esclaviza impunemente a las mujeres? Hay dos vías de actuación: la policial y la de la inspección de trabajo. Y ambas se encuentran con el mismo problema: la falta de regulación en España de la prostitución. Como no está prohibida, no pueden acosar de forma permanente a los locales. Como no está regulada, tampoco pueden controlar que se cumpla una determinada normativa, que se respeten los derechos laborales de las mujeres.

"El tema no está claro ni siquiera en cuanto al alterne [tomar copas con los clientes] que es una actividad más visible y que se puede controlar más", explica Manuel Alía, subdirector general para la Inspección en materia de Seguridad Social, Economía Irregular e Inmigración del Ministerio de Trabajo. "Según los tribunales catalanes, hay una relación laboral", continúa. "Según los gallegos, no puede haberla porque se trata de un trabajo que atenta contra la dignidad humana. Pero en lo más gordo, que es si allí se mantienen relaciones sexuales contra la voluntad de la víctima, no podemos entrar porque la legislación no nos ampara".

La policía se encuentra con el mismo problema a la hora de actuar. La prostitución es una actividad lícita, por lo que no pueden perseguirla. Sólo pueden ir tras el tráfico de personas y la inmigración ilegal. Por lo general, las redadas buscan mujeres sin papeles. Una vez detenidas, algunas denuncian a los explotadores. Otras no. Por miedo a represalias y porque muchas veces el empresario las ha convencido de que los agentes -que pasan a menudo por los prostíbulos para conseguir información- no las van a ayudar.

El negocio de la prostitución es, según la ONU, el segundo negocio mundial más lucrativo, tras el tráfico de armas y antes que el tráfico de drogas. Reporta anualmente unas ganancias de entre 5 y 7 billones de dólares y moviliza a unos 4 millones de personas. En España mueve unos 18.000 millones de euros al año, según el Informe de la Ponencia sobre la Prostitución en nuestro País, redactado por las Cortes Generales. Pero la cifra es una vez más, una estimación poco fiable y basada en un número de prostitutas que todavía se desconoce.

Hay datos que sí indican que, en cualquier caso, hablamos de mucho dinero. Hace unas semanas, la Policía Nacional detuvo a José el Francés, un empresario almeriense que supuestamente había blanqueado 12 millones de euros desde el año 2007. Las ganancias provenían de sus siete clubes de alterne en Almería capital y Roquetas de Mar. El empresario ocultaba 13 empresas tapadera, que estaban en manos de testaferros y hombres de paja, normalmente drogadictos que aceptaban dar la cara en los locales por muy poco dinero. La mujer de José el Francés, rusa, era la encargada de conseguir mujeres en Rusia y Brasil para el entramado.

La provincia de Almería es uno de los focos de la prostitución en España. Nada más llegar a El Ejido, el Golden y otros locales de los polígonos lanzan sus mensajes de neón a los automovilistas. A pocos metros de allí, en ese laberinto de invernaderos que da trabajo a inmigrantes venidos de Latinoamérica, África y Europa del Este, se encuentran otros clubes algo menos selectos. Uno de ellos es el Kongo, muy cerca de Roquetas de Mar. Desde fuera parecería un almacén de chatarra si no fuera por el parpadeo del neón. Dentro es un club de alterne para inmigrantes. "Es raro ver a un español por aquí", dice una de las chicas, una rumana con el rostro desencajado que pide ayuda en los primeros minutos de conversación: "Quiero salir de aquí. No me gusta esto. No quiero dedicarme a la prostitución".

En esos tugurios es donde la ONG tienen más problemas para acceder a las chicas y atenderlas. También en los pisos, donde las mujeres están más desprotegidas que en cualquier otro sitio. Algunas mujeres apenas salen a la calle y sólo tienen contacto con los clientes durante un breve lapso de tiempo. Trabajan y viven allí. "Algunas casas son auténticos almacenes de mujeres", relata un agente de la UCRIF especializado en Europa del Este. "Hace poco vimos un chalet pequeño en el que vivían hacinadas 17 rusas. Dormían en habitaciones llenas de literas y no salían nunca". Se minimiza el gasto y optimiza el beneficio. La prostitución china, por ejemplo, menos visible, se ejerce casi en su totalidad en pisos de grandes ciudades, en Madrid y en Barcelona. Como en la calle, en los pisos no hacen falta grandes inversiones. Sólo poner a la mercancía humana a producir.

Uno de los pocos clubes chinos está en Madrid. Es un pequeño local con chicas asiáticas. La clientela, salvo algún español trajeado y silencioso, es oriental. Las jóvenes están calladas comiendo arroz con palillos en torno a la barra del local. Al fondo, la mami. También china. No dicen mucho. Una de las chicas tiene 20 años, viene de Tailandia y chapurrea un inglés lo suficientemente ágil como para expresar que quiere marcharse de allí. "Quiero volver a Bangkok con mi familia". No tiene billete de vuelta y dice que necesitará un año para conseguir el dinero. Cuando no trabaja está en casa haciendo sudokus.

Un grupo de chinos entra en el local e interrumpe la conversación. Se llevan a la chica rápidamente. Dos semanas más tarde, ya no está allí. "La trasladaron a otro sitio", dice el encargado. Quizá tuvo problemas por hablar demasiado con este periódico. "No le pasará nada", dice el hombre, quitándole importancia. "Como mucho la habrán dejado un par de días sin comer".

 

Domingo, a 7 de Junio de 2009

Hoy publico la segunda parte de los reportajes que, bajo el título “Tráfico y explotación de mujeres”, realizaron Mónica Cebeiro Belaza y Álvaro de Cózar para El País.

Como decía en el primero de ellos (podéis leerlo más abajo en la bitácora o pinchando en este enlace), el negocio sucio que se mueve entorno a la prostitución y la trata de blancas es de tal magnitud, que todos debemos ser parte de la solución.

Como en la primera ocasión, os recomiendo que lo leáis con sumo interés.

Alfredo Webmaster


 

 

2. Aisladas en el club de carretera: Las organizaciones son grupos heterogéneos - Proceden de una decena de países - Cambian constantemente a las chicas de local

Benín City es un conglomerado de polvorientas casas de chapa oxidada, cables pelados cruzando las calles y condenadas carreteras de socavones. Pero es un lugar perfecto para hacer negocios. La ciudad, al suroeste de Nigeria, es un lugar de gente emprendedora y comerciante, capaces de vender en la calle desde una antigua pieza precolonial de gran valor hasta una inservible lavadora despiezada. Si se le pregunta a cualquier joven ocioso de los que pasan todo el día sentado en la calle a qué se dedica, lo más probable es que el chico saque un móvil y diga con cierta altanería: Soy un hombre de negocios. Éste es mi call center. El político nigeriano Bola Ige, asesinado a balazos en 2001, describía ese don de sus compatriotas para los negocios con una elocuente frase: "Si sabes cómo empaquetar la mierda, la podrás vender en Nigeria".

Casi todas las mujeres africanas que ejercen la prostitución en España proceden de Benín City. Durante el siglo XVIII la ciudad fue el centro de la costa de los esclavos, el lugar del que partían miles de africanos para ser explotados en las colonias. Negocio y explotación de personas, las dos caras de la prostitución siglos más tarde. Quienes la controlan en Benín City tienen medio negocio montado si saben utilizar el deseo de miles de mujeres por salir de la pobreza, prosperar en Europa y enviar dinero a sus familias.

Sobre ese sueño se levantan las redes de trata de personas en Nigeria y en el resto de países exportadores de mujeres. Los estudios señalan que en España hay prostitutas de más de 50 nacionalidades, pero la gran mayoría procede de un puñado de países, aquellos en los que están instaladas las redes organizadas: Brasil, Rumanía, Paraguay, Colombia, República Dominicana, Rusia, Moldavia, Bulgaria, Nigeria y China. También hay marroquíes en el sur de Andalucía, sobre todo cerca de la frontera.

El lugar de origen de la mercancía va cambiando según la dificultad o facilidad que tengan para introducirla en España y según la moda estética del momento. Como quien decide dejar de comprar café en Colombia y lo busca en Kenia. En Latinoamérica, el país que más mujeres exporta es Brasil. El segundo, Paraguay, que es nuevo en estas lides. El acceso es fácil -ni las brasileñas ni las paraguayas necesitan visado- y sus mujeres resultan muy atractivas en España. Nuestro país no importa chicas de rasgos más indígenas, como bolivianas, ecuatorianas o peruanas.

Junto con Brasil, Rumanía se ha convertido en el otro gran proveedor de mujeres a España. Las rumanas jóvenes son blancas, rubias y guapas y desde que el país forma parte de la Unión Europea pueden entrar libremente en España. Las redes buscan chicas en zonas rurales y pobres en las que, como en Benín City, es fácil convencerlas de que se atrevan a viajar a España con un desconocido en busca de una vida mejor. No tienen nada que perder.

Las redes son heterogéneas y de difícil control, según explica Carlos Botrán, comisario jefe de la Brigada Central de la UCRIF (Unidad contra las Redes de Inmigración Ilegal y Falsificaciones Documentales de la Policía Nacional): "Pueden estar formadas por un matrimonio, un grupo de cuatro amigos o pueden ser organizaciones complejas y estructuradas que operan en varios países con más de 100 personas trabajando. Una auténtica multinacional".

El captador es el primer eslabón de la cadena, y uno de los más importantes. En todas las historias de mujeres explotadas, él es el encargado de encontrar mercancía, sin la cual no hay negocio. Debe seleccionar y convencer a las mujeres hasta conseguir sacarlas del país. Con una mentira o una media verdad. Cuando les ofrecen directamente trabajar como prostitutas, les hablan de una situación de libertad que después no existe.

El captador, a veces con la ayuda de una tercera persona (el intermediario), gestiona los pasaportes, el visado, el billete de avión o autobús y le da a la mujer algo de dinero para que lo enseñe en la frontera y la dejen entrar como turista. Él se ocupa de todo y alecciona a la chica sobre cómo vestirse y actuar.

"Un truco que suelen emplear las redes para entrar es utilizar un país intermedio de entrada que pertenezca al espacio Schengen, como Portugal, Francia o Italia", explica un inspector jefe de la UCRIF. "Si en el aeropuerto de París ven que el destino final de la mujer no es Francia, sino España, los controles se relajan". Algunas redes, como las nigerianas, las rusas o las chinas utilizan métodos muy sofisticados para falsificar documentos.

Vayamos a una de esas historias, la de una de las miles de mujeres que cada año entran en España para acabar trabajando como prostitutas. Llamémosla Hope. Hace dos años -tenía entonces 18- relató a una amiga las penurias económicas que ella y su familia estaban pasando en Lagos, al sur de Nigeria. "Te pondré en contacto con un primo mío que necesita una secretaria para trabajar en España", le dijo la chica. La oferta era un regalo y Hope no dudó un segundo en decir que sí. A los pocos días conoció al hombre. Éste le vendió un futuro cómodo en España donde ganaría dinero para ella y su familia. Ellos le ayudarían con los papeles y la adiestrarían para pasar la frontera. Pagarían todos los gastos del viaje y luego ella, una vez que ganase su abundante sueldo de secretaria en Europa, les devolvería el dinero poco a poco. Para cruzar la frontera, le proporcionaron el pasaporte de la mujer que la esperaba en España, una nigeriana para la que iba a trabajar.

Días después cogía un avión en Cotonou (República de Benín), rumbo a Casablanca para aterrizar poco después en el aeropuerto de El Prat, en Barcelona. Otro hombre la recogió en el taxi y la llevó a la casa de su nueva empleadora. "Me acuerdo mucho de ese camino. Iba viendo la ciudad de Barcelona, tan bonita, con gente tan distinta y me sentí una mujer con mucha suerte" recuerda la chica en la oficina de la ONG Proyecto Esperanza.

Esa sensación de tener por delante grandes oportunidades la comparten todas las mujeres que llegan con las redes. Una mezcla de nerviosismo y esperanza. Hasta que llega el jarro de agua fría. En el caso de Hope, sucedió cuando le enseñaron su nueva ropa de trabajo: tangas y sujetadores. "Me dijeron lo que tendría que hacer y me negué, pero el marido de la mujer me amenazó, me pegó y me dijo: 'Si no lo haces te tiro por la ventana ahora mismo y le digo a la policía que te has suicidado".

Los métodos de coacción para doblegar la voluntad de la víctima son distintos según el país de origen de la red y las víctimas. "Las redes rumanas son las más violentas", explica el comisario de la UCRIF Carlos Botrán. "Les dan palizas, puñetazos, hay violaciones en grupo, no tiemblan a la hora de ejercer la violencia física para asustar y doblegar la voluntad de las mujeres". Como la mayoría de las víctimas son captadas en pueblos pequeños y el traficante conoce a la familia, es muy habitual que las amenacen con matar a sus padres o a sus hijos, si los tienen. Además, en cuanto llegan les quitan los billetes de vuelta, el pasaporte, y el dinero y las vigilan de cerca cada minuto. Algunas no hablan español. No tienen forma de salir.

En el caso de Nigeria, uno de los métodos de control más eficaces es el vudú. "Días antes de coger el avión me llevaron a un curandero", recuerda Hope. "Tenía que hacer lo que me él me dijera para que ellos estuvieran seguros de que iba a pagar mi deuda". Le cortaron pelos de las cejas y del pubis, los metieron en un sobre y los mezclaron con sangre. "Sentí mucho miedo. Entonces creía que con el vudú pueden controlar lo que haces y que incluso puedes morir. Fui muy inocente. Me lo creía todo por mis ganas de venir a España".

Las deudas que las mujeres se comprometen a pagar -2.000, 3.000, 4.000 o 5.000 euros dependiendo del país de origen, de lo costoso que sea el trayecto y de lo que puedan abusar de la situación de necesidad de la mujer- ponen la vida de la víctima en manos de la red durante meses o incluso años, porque algunas redes van incrementando la deuda con engaños. Las nigerianas son las más explotadas: suelen comprometerse desde el principio a pagar cantidades desorbitadas: 40.000 o 50.000 dólares.

Para pagar, las mujeres tienen que trabajar cada día 13 o 14 horas. Las redes se encargan de colocarlas, como si fueran naranjas, en el mercado: clubs, pisos y calle. La Universidad de Oviedo, que ha elaborado uno de los estudios de campo más completos sobre el tema, señala que en Asturias el 72 % de las prostitutas trabaja en locales de alterne, el 35 % lo hace en pisos y sólo el 2,6 % en la calle -parques, descampados, polígonos industriales, centro urbano-. Estos datos no se pueden extrapolar a todo el país, pero la Policía y la Guardia Civil hacen cálculos similares.

Como muchas otras, Hope acabó dando vueltas por varias provincias españolas, de club en club. Cada tres semanas la cambiaban de local. No tenía ni idea de dónde estaba en cada momento. No sabe en qué sitios ha vivido. "Me daban palizas si no hacía tres mil euros al mes", relata. Nunca vio un euro de sus ganancias.

"Las redes de explotación sexual son muy crueles y rebuscadas en sus métodos de coacción", dice Carlos Igual, de la Guardia Civil. "De las más duras que he visto en mi carrera. Se aprovechan de la ignorancia, de que se encuentran aisladas y desamparadas. Es lo que quieren las redes. Por eso las cambian de sitio cada poco tiempo. Para que no cojan confianza con los clientes y para que no se hagan amigas entre ellas".

La de Hope era una red ínfima, formada por cuatro personas: dos matrimonios de nigerianos que habían hecho de la trata de mujeres su forma de vida y que tenían diversos contactos con empresarios del sexo españoles. Ella no sabe cuál era el acuerdo económico entre sus captores y los dueños de los clubes. La que cobraba por cada servicio sexual no era ella, sino su "mami". Las mamis, o controladoras, son otro de los pilares fundamentales de las redes. Vigilan y controlan a las chicas de cerca. Son las encargadas de que no se escapen y también de tranquilizarlas y hacerles ver que su situación no es tan horrible. Suelen ser ex prostitutas, mujeres que han pasado por la misma situación y que después han ascendido dentro de la organización o se han casado con algún empresario.

Hope decidió acabar con todo eso un año después de aterrizar en Barcelona. Consiguió salir gracias a la policía, la ONG Proyecto Esperanza y la ayuda de personas que se preocuparon por ella. Denunció a sus captores. La policía consiguió reunir las pruebas para llevarlos ante un juez. Todavía es un caso pendiente.

 

Sábado, a 30 de Mayo de 2009

Aprovechando que El País publicó hace unos días cuatro reportajes sobre la prostitución, magníficos por cierto, quiero contribuir a su difusión usando como plataforma mi bitácora.

Sé que mi blog www.musicayvino.com no será leída ni por la centésima parte de las personas que sí leen El País pero, entre todos, a poquitos, podemos contribuir a alertar a muchas personas sobre lo que en realidad se esconde detrás de algunas de las ofertas de trabajo que circulan por Internet o de las que reciben muchas mujeres de países con problemas económicos.

Muchísimas veces, no siempre, la verdad, detrás de las ofertas de trabajo como empleadas de hogar, modelos, camareras o de cuidadoras de niños en países europeos, lo que en realidad se esconde es la explotación forzada de mujeres en la prostitución. Y es un problema a nivel mundial.

No sé cuál podría ser la solución para este sórdido “negocio”, quizá la legalización y regulación, pero lo que si tengo claro es que algo hay que hacer, y hay que hacerlo ya.

Si la prostitución existe y se trafica miserablemente con mujeres, es por que es un buen negocio: prostituir mujeres genera una actividad económica en la que se mueven miles de millones de euros al año, sólo en España… imaginaros lo que pude ser a nivel mundial.

Además, para mayor escarnio, los que en realidad se benefician de las miserias y la necesidad de las mujeres, son los proxenetas y los dueños de los burdeles.

Si hay algo realmente cierto en este “negocio”, es que ellas, las explotadas, nunca se harán ricas ni nunca saldrán sanas de la prostitución, ni física o ni mentalmente.

Hay otro punto en el que convendría centrarse, la génesis y meollo de este “negocio”: ¿Qué hacer con los consumidores de la prostitución?

Muchos hombres, por no decir la inmensa mayoría de los que usan (abusan) de la prostitución, pagan para sentirse con el derecho de utilizar el cuerpo de una mujer a su antojo, sin más límites que la tarifa pagada por el tiempo comprado. Su sensación de dominio, producto de carencias personales y escasa autoestima, sólo la consiguen satisfacer a base de pagar euros y más euros, careciendo del gusto por el placer que genera una relación interpersonal distinta, libre, consciente, de entrega mutua.

Os recomiendo leer los cuatro reportajes que iré publicando, escritos por Mónica Cebeiro Belaza y Álvaro de Cózar para El País. En ellos se muestra de forma descarnada qué hay detrás de la explotación de mujeres en España.

¡Ojo, habla sólo de lo que sucede en España!: ningún país del mundo sale bien librado de las miserias de este “negocio”.

Alfredo Webmaster

 


0. La esclavitud invisible

Hay 45.000 prostitutas en España. ¿O son 400.000? El 90% están explotadas y ejercen contra su voluntad ¿O es el 10%? No existe ningún dato oficial y fiable, ni ningún estudio serio y concienzudo sobre el tráfico de mujeres de países del Tercer Mundo a España y a otros países europeos. EL PAÍS inicia hoy una serie de reportajes sobre este fenómeno de cifras tan dispares en el que cada grupo, asociación o institución maneja los números según el tipo de política que defienda, abolicionista o de regulación de la prostitución. En cualquier caso, las actuaciones policiales, de la fiscalía, las declaraciones de las víctimas y las sentencias dictadas por el Tribunal Supremo no dejan lugar a dudas: en España hay mujeres que son compradas y vendidas y obligadas a tener múltiples relaciones sexuales en la calle, en pisos o en burdeles contra su voluntad. A algunas las encierran bajo llave y controlan cada uno de sus movimientos. A otras les dan palizas o violan hasta que anulan su voluntad. En otros casos, las amenazan con hacer daño a sus familias en Rumania, Rusia, Nigeria... También las hay que saben que van a venir a España a trabajar como prostitutas, pero, una vez aquí, la realidad no es mejor que la de aquéllas que venían engañadas. Y, si se resisten, las medidas de coacción son las mismas. Si hubiera 45.000 prostitutas en España -las cifras más bajas de la ONU y de las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado-, y sólo el 10% estuvieran obligadas (porcentaje que calculan los propios empresarios del sexo), estaríamos hablando de miles de esclavas, un drama invisible que provoca una escasa preocupación social. Mientras tanto, las mujeres siguen llegando. Los traficantes hablan de ellas como "kilos de carne" o "terneritos". Algunas firman contratos como éste: "Mi vida vale lo mismo que lo que debo a mi madame".

 

1. "Si rompo las reglas mi 'madame' tiene derecho a matarme": Mujeres explotadas sexualmente firman contratos con los que entregan su vida a los proxenetas

"Prometo pagar la suma de 40.000 dólares. Declaro que no infringiré las normas y que no diré nada a la policía. Si rompo las reglas, mi madame tiene derecho a matarnos a mí y a mi familia en Nigeria. Mi vida vale lo mismo que la cantidad que debo a mi madame. Declaro que me han explicado este acuerdo en mi dialecto y que será destruido cuando el pago total sea abonado".

Los archivos policiales guardan multitud de contratos como éste. Un papel escrito en un inglés macarrónico, con letras mayúsculas y espacios en blanco para que una mujer escriba su nombre y ponga su vida a disposición de la red que la ha traído a España desde Nigeria. Se convierte en su esclava durante el tiempo que tarde en pagar los 40.000 dólares que le cobran por el viaje. Esto supondrá una unión inquebrantable con los traficantes durante al menos cinco años.

La prostitución en España ha cambiado radicalmente en los últimos 15 años por los flujos migratorios. Antes era un mercado marginal o de lujo. La llegada de las inmigrantes amplió la oferta y la democratizó: más mujeres, más guapas, más jóvenes, más exóticas y más baratas. Cualquiera puede pagar 30 euros por media hora con una de ellas. En estos momentos, entre el 85% y el 90% de las prostitutas son extranjeras, según cálculos de la UCRIF, la Unidad contra las Redes de Inmigración Ilegal y Falsificaciones Documentales de la Policía Nacional.

El nuevo mercado ha tenido éxito. La demanda ha aumentado y el negocio se ha convertido en una mina de oro que necesita renovar la mercancía constantemente. Para eso los mercaderes han creado redes perfectamente diseñadas para abastecer nuestras calles, polígonos, pisos y clubes de carretera. El mismo sistema que se emplea para importar tomates: un recolector, un distribuidor, un transportista y un vendedor. En las escuchas policiales los agentes suelen oír frases como "tengo tres kilitos de carne" o "he traído unos terneritos". Los terneros son mujeres de entre 18 y 25 años, las que se pueden colocar en cualquier sitio.

Vienen sobre todo de una decena de países. Las razones, una vez más, son puramente mercantiles: se basan en la pobreza del país de origen, su volumen de delincuencia organizada, unos rasgos étnicos que resulten atractivos en España y la facilidad de entrada. Las colombianas, por ejemplo, están dejando de llegar desde que se les exige visado. "El 58% de las mujeres proceden de Latinoamérica (especialmente brasileñas y colombianas), otro 35% son europeas (de países del Este, sobre todo rumanas y rusas) y el resto africanas (nigerianas y marroquíes)", según indica la Guardia Civil en su Informe 2007 sobre trata de seres humanos con fines de explotación sexual. Apenas hay españolas. Las asiáticas, chinas en su mayor parte, ejercen en pisos.

La gran dificultad de la Policía y Guardia Civil -y también de la sociedad al abordar este proble-ma- es diferenciar el tráfico de mujeres de la prostitución, que puede ser una actividad libre. "Estoy aquí porque me da la gana", dice Andrea, en la barra del Golden, uno de los prostíbulos más conocidos de El Ejido (Almería). "Podría estar limpiando escaleras, pero aquí gano mucho más, unos 2.500 euros al mes, incluso con la crisis". Una gran parte de ese dinero (50 euros al día, 1.500 al mes) es para el dueño del Golden. Paga esa cantidad por la habitación y el alojamiento. Con lo que ahorre del resto, la mujer dice que montará un bar de copas cuando regrese a Hungría.

Pero no siempre se tiene en cuenta la voluntad de la mercancía. "A veces el engaño es total", explica Carlos Botrán, comisario jefe de la Brigada Central de la UCRIF y con 20 años a sus espaldas de lucha contra el tráfico de personas. "La mujer llega pensando que va a trabajar como camarera, limpiadora o secretaria, y una vez aquí es obligada a meterse en un club 12 o 13 horas al día para mantener relaciones sexuales a cambio de dinero", explica.

Existe también otro tipo de engaño. Cuando la mujer sabe que viene para ejercer la prostitución pero cree que lo hará cuando y como quiera. Al aterrizar en España, se da cuenta de que su capacidad de decisión ha sido anulada. Si se resiste, le esperan los mismos métodos de coacción que se usan para doblegar la voluntad de quienes llegaron engañadas.

Las compran y venden, y las mueven de club en club para que sean rentables, no hagan amigos y los clientes del burdel tengan la mayor variedad posible. En Fuerteventura, el folleto de un prostíbulo colocado en la ventanilla de un coche vende como gran atractivo la renovación total del género cada 20 días. A veces se hace coincidir el traslado con la menstruación para optimizar el rendimiento de la chica. "Y algunos las obligan a meterse en la vagina una especie de tapones para que puedan mantener relaciones incluso con la regla", relata un agente especializado en trata.

Las decenas de sentencias que el Tribunal Supremo ha dictado en los últimos ocho años sobre esta materia son relatos de terror: palizas, quemaduras de cigarrillo, cortes con cuchillos y tijeras, violaciones, dientes rotos, amenazas de muerte a ellas y a sus familias, puñetazos en la cara por no conseguir clientes, obligación de mantener relaciones sexuales con hemorragias, castigos por no ir a trabajar tras un aborto, 290 euros de multa por exceder el tiempo que se puede pasar con cada cliente, encierros, vigilancia constante, retirada del pasaporte.

La mujer que llega a España está aislada e indefensa. No suele hablar el idioma y depende de su captor. "Hay chicas muy jóvenes, sin estudios, que no han salido de su pueblo nunca", dice José Nieto inspector jefe de la UCRIF.Están tan controladas que es difícil que logren escapar y denunciar", explica Rocío Nieto presidenta de la Asociación para la Prevención, Reinserción y Atención de la Mujer Prostituida (Apramp). Sonia, una brasileña víctima de trata que trabaja ahora para la ONG, habla del miedo que pasan estas mujeres. Del miedo a todo. Al proxeneta que les pega y amenaza. A la policía que las puede deportar. Y a volver a sus países. "Incluso los padres, novios o hermanos participan a veces en la venta de la chica", relata. "

La salida es difícil. Esto fue lo que le pasó a María Esther por tratar de escapar con un cliente, según se explica en una sentencia del Supremo de mayo de 2007: "[Abelardo, el proxeneta] la agarró del cuello y comenzó a propinarle golpes, tomando unas tijeras y pinchándola con ellas en la cabeza y en las piernas, causándole lesiones consistentes en contusión frontal, heridas y contusiones en cuero cabelludo, traumatismo en la región anterior del cuello por aplastamiento de tráquea, erosiones en la región lateral izquierda del cuello, herida contusa en el mentón y en el labio superior, herida inciso punzante en la región temporal derecha y heridas inciso punzantes en el muslo izquierdo". Para huir del agresor se descolgó del balcón y cayó en el del piso inferior. Ese vecino avisó a la Guardia Civil.

No hay estudios con cifras concretas, pero es innegable que en España hay mujeres esclavizadas. "No conocemos el volumen pero sabemos que hay trata", dice Joaquín Sánchez-Covisa, fiscal de sala del Tribunal Supremo y coordinador de Extranjería. Un número mínimo del que se puede partir es el de 951 víctimas: éstos son los permisos de residencia que se han concedido entre 2000 y 2008 en virtud del artículo 59 de la Ley de Extranjería. Se aplica a víctimas que han denunciado o facilitado a la policía información "relevante" para desarticular las redes que las han traído.

La cifra real es, sin duda, mayor. Hay muchas mujeres que no denuncian. Otras que lo hacen pero que no tienen información "relevante" que aportar y, por tanto, se les deniega el permiso -entre 2000 y 2008 se han denegado 648-. También las hay que no piden la residencia porque prefieren volver a sus países.

La conciencia sobre el problema, sin embargo, es nula. "La sociedad no se ha preocupado por este tema", opina el fiscal Sánchez-Covisa. "Son mujeres invisibles". "Es muy fuerte la tolerancia que existe en España hacia el hecho de que se importen seres humanos como muebles", dice Rocío Nieto, de Apramp.

"Es un nuevo tipo de esclavitud al que todos estamos contribuyendo"

No hay campañas de sensibilización. Nadie habla del asunto. Y los consumidores de sexo no tienen la sensación de que la persona a la que están pagando quizá esté siendo explotada. "Algunos preguntan y se interesan por tu vida, pero son los menos", dice Anka, víctima de trata que ahora trabaja ayudando a otras chicas que están pasando por lo mismo. "Ellos van a lo que van y te tratan como una puta". "El estrés postraumático que padecen es brutal", añade Rocío Nieto. "Durante meses, o años, no tienen libertad para nada. Acaban diciendo cosas como 'yo lo único que sé hacer es mamarla y follar'. La recuperación después es muy lenta".

"Nunca me he preguntado si están aquí contra su voluntad", dice un cliente que, por razones obvias no quiere dar su nombre. "Si me lo hubiera preguntado, probablemente no habría entrado. Cuando estás hasta arriba de alcohol no te preguntas esas cosas. No veo nada malo en irse de putas si la persona con la que estás lo hace porque quiere, pero sí, no suelo preguntarlo y si lo hago no creo que me vayan a decir la verdad".

Cristina Garaizábal, de Hetaira, una ONG que defiende la regulación de la prostitución, dice que en los últimos meses han recibido llamadas de algunos hombres que querían saber cómo detectar si una prostituta era víctima de trata. Pero la mayoría, como el resto de la sociedad, vive al margen del asunto.

Mientras tanto, las autoridades viven su propia esquizofrenia. Nadie se atreve a tomar cartas en el asunto de la prostitución, ni para regularla ni para prohibirla. Ni siquiera en el interior de los partidos políticos hay consenso sobre la solución correcta. La última ponencia del Congreso de los Diputados sobre el tema -que tuvo lugar en 2007- acabó con la decisión de adoptar medidas contra la trata de mujeres, pero mirando para otro lado a la hora de abordar la prostitución, el tema más polémico. Y eso sucedió a pesar de que, según las conclusiones, hay 400.000 prostitutas en España y el 90% ejerce la actividad contra su voluntad. Son cálculos sin base empírica que lo sustente, pero es chocante que se den por buenos y a continuación se decida permitir una actividad en la que hay 360.000 esclavas.

El tráfico de mujeres es un delito pero la prostitución es alegal: no está ni regulada ni prohibida, lo que dificulta la tarea de las fuerzas y cuerpos de seguridad y convierte a España en un país atractivo para las mafias, que encuentran rápidamente a españoles dispuestos a lucrarse con ellos. La prostitución en pisos y en la calle es una actividad que queda completamente al margen del control del Estado. Todo son ganancias netas y optimizar el beneficio. Los burdeles, tienen licencias como hoteles u hostales con bar y sólo declaran una mínima parte de sus ingresos. "Es un negocio que no requiere demasiado para montarlo. Se juntan dos, obtienen una licencia para montar un hostal y le ponen un cartel que diga 'Chicas' y ya está. Si tienen la forma de conseguirlas tendrán pronto muchos ingresos", explica Carlos Igual, de la Sección de Menores, Explotación Sexual Infantil y Trata de Seres Humanos de la Guardia Civil.

Como todo es economía sumergida, tampoco hay datos fiables sobre el volumen del negocio. Pero los casos concretos son reveladores: en una de las últimas redadas de la policía se detuvo a un empresario almeriense llamado José El Francés. Había blanqueado 12 millones de euros procedentes de las ganancias de sus clubes de alterne.

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