Música y Vino

Puedo intentar ser sincero pero nunca seré imparcial…
Viernes, a 21 de Noviembre de 2014

El pasado 17 de noviembre hizo 15 años que Enrique Urquijo nos abandonó. Y digo abandonó con toda la intención de la palabra: para una generación completa de españoles, la que vivió los mejores años de sus vidas oyendo su música y tarareando sus letras –entre ellos yo-, su muerte significó la pérdida de ese amigo medio hermano que jamás te traicionó, un compañero que con su voz rasgada, que no era la mejor del mundo (tampoco lo es la de Sabina o Serrat), nos hacía sentirnos mejores personas.

Su enorme e inmensa honestidad a la hora de hacer la música que él quería, sin dejarse llevar por las modas del momento, sin importarle un ‘carajo’ ir contracorriente, le hizo merecedor del aprecio de los que supimos ver en ese chico tan aseado y formal, tan normalito, el mejor ejemplo de que la calidad y capacidad no está reñida con la forma de presentarse ante su público. Que nada malo había en amar las rancheras o reconoce abiertamente que nos gustaba María Dolores Pradera o Pedro Infante o Chavela Vargas o Silvio Rodríguez o Joan Manuel Serrat, y al mismo tiempo ser un innovador.

Encabecé mi escrito con “Un olvido imperdonable…”. Y es cierto: ¿cómo pude olvidarme de un día tan señalado?

En una de las primeras entradas de la segunda etapa de mi blog musicayvino.com, en el año 2007, escribí un artículo titulado “La banda sonora de mi vida” que versaba sobre Enrique y su influencia en los años que yo llevaba consumidos.

Parafraseando a Nietzsche, como el mejor recuerdo es recordar el recuerdo, nada mejor que ‘tirar’ de ese escrito mío del 2007 y rememorar lo dicho entremezclado con palabras nuevas…

Quizá la culpa de todo, producto de la idealización de Enrique y su influencia sentimental en una generación de españoles, sea imaginar que los años consumidos en ese período febril de los 80’ y 90’ fueron mejores que los  primeros del tercer milenio.

Quizá, tal vez, influye que las canas y los kilos de más acumulados en los ‘michelines’ ahora son imposibles de ocultar; no como antes, que todo estaba en su sitio y perfecto.

En fin, sean cuales sean las razones, lo más importante es que Enrique, mi amigo y medio hermano, ya no está con nosotros. ¡Y que no está desde hace 15 años! ¡Y que cada año duele más su ausencia!

Recuerdo como si fuera hoy mismo la mañana del 17 de noviembre de 1999, un día de cielo encapotado, plomizo, pesado, frio. Me recuerdo sentando en la sala de espera del aeropuerto de Barajas de Madrid, con un portátil en las rodillas leyendo un informe sobre una inversión en el Causeway, mientras esperaba la salida de un vuelo de Iberia con dirección a Panamá.

Poco antes de embarcar, más o menos a las 10 de la mañana, un televisor de la sala de espera dio la noticia: mí admirado Enrique había aparecido muerto en el portal de una casa en el madrileño y castizo barrio de Malasaña. Apareció roto y desmadejado por una sobredosis de heroína.

Aquél hombre de 39 años, que a veces parecía un niño, propietario del corazón más grande y de la fuerza de voluntad más pequeña del Mundo, no había sido capaz de superar su larga adicción a las drogas, sobre todo a la heroína.

La noche anterior, Pía, su compañera sentimental, lo había ido a buscar a la casa del ‘camello’ que le proveía de la droga, un cabrón al que él había acudido en demasiadas ocasiones tras abandonar la clínica donde estuvo ingresado, una vez más, para dejar sus adicciones. El miserable del ‘camello’ echó a Pía de la casa alegando que allí no tenían secuestrado a nadie, que Enrique había acudido por ‘voluntad propia’.

Para Enrique, eran 20 años ininterrumpidos de consumo compulsivo de la droga típica de los músicos de aquella época: «Había caballo (heroína) en todas las fiestas. Si eras músico y no te metías, era como si fueras gilipollas», se decía en los círculos musicales de la movida madrileña.

Pese a que el nacimiento de su hija María (1994) supuso para Enrique un hálito de esperanza y una razón de peso para intentar cambiar su estilo de vida y superar sus viejas adicciones, ni ella ni Pía lo habían conseguido arrancar de las garras de la autodestrucción.

Una de las más hermosa, sensibles y desgarradoras canciones de Enrique, “Agárrate a mí, María” (incluida en el recopilatorio "La historia de Los Secretos" y publicada luego como single en 1996: puedes escucharla en un Youtube), un premonitorio aviso de lo que estaba por llegar, ilustra perfectamente que en la relación paterno-filial él buscaba sobre todo la protección y el amparo de los brazos de su hija, a los que poder agarrarse, tal y como se espera de un padre hacia su hija.

Oí la noticia con suma tristeza, no la podía creer: no era posible que el autor de la banda sonora de mi vida me abandonara sin cantarme su última canción… O su “Ojos de Gata” (escúchala en Youtube).

Dicen, se dice, que los hombres no lloramos. Pienso que, o bien no soy demasiado hombre –según la definición de algunos-, o en ciertas ocasiones dejo de serlo: he llorado, y aún lloro, cuando algo me conmueve o me emociona, y la muerte de mi amigo Enrique me emocionó profundamente. Me emocionó tanto que tuve que irme al baño del aeropuerto para no sentir las miradas de la gente.

Su muerte fue la pérdida de una parte de mi pasado, el acabose de los rescoldos de la juventud, la clausura de los primeros años de madurez. Su muerte fue el finiquito de los sonidos de los guateques, de las audiciones privadas y no tan privadas de música a todo volumen. Su muerte fue el fin de los conciertos en directo de Los Secretos, como el de la Plaza Mayor de Madrid, en el 97, o el de la Sala Galileo del 99 (la última vez que le vi en directo). Fue el fin de poder verle compartiendo juntos copas en el Honky Tonk, él con sus amigos, yo con los míos.

Su muerte fue la pérdida del poeta de los fracasos, el trovador de las derrotas, el cantor de las miserias de la vida, el campeón de la tristeza, el rey de la cruda realidad, el señor de los lamentos.

Su desaparición significó que ya nada iba a ser igual, que ya nadie me iba a decir que su estado de ánimo era el mismo que el mío. Que nadie volvería a expresar, como lo hacía él, que su pena era mi pena. Su pérdida, su muerte, y su desaparición significaron que “Nunca he sentido igual una derrota…” (puedes escucharla en Youtube).

Nunca tuve la oportunidad de darle personalmente las gracias por todo lo me ayudó con su música. Pero hoy, otra vez, quince años después, quiero hacerle un nuevo homenaje, el homenaje que no le hice en el Honky Tonk. Y mientras escucho su música siento que su presencia me ayuda a enjugar alguna tristeza de la vida, algunas pérdidas irreparables, algunas personas que vienen y van, que entran y salen… hoy siento que sus derrotas también son mis derrotas.

Estés donde estés, ¡gracias, querido Enrique!

Alfredo Webmaster

 

Enrique Urquijo y los Secretos – “Quiero beber hasta perder el control

Nunca he sentido igual una derrota

que cuando ella me dijo: se acabó.

Nunca creí tener mi vida rota,

ahora estoy sólo y arrastro mi dolor.

 

Y mientras en la calle está lloviendo,

una tormenta hay en mi corazón.

Dame otro vaso, aún estoy sereno,

quiero beber hasta perder el control.

 

Cuántas nochas soñé que regresabas

y en mis brazos llorabas por tu error,

luego un ruido del bar me despertaba

y el que lloraba entonces era yo.

 

Y mientras ella está con otro tipo

mis lágrimas se mezclan con alcohol,

ella se fue por qué no me lo dijo,

y siento que mi vida fracasó.

 

Y mientras en la calle está lloviendo,

una tormenta hay en mi corazón.

Dame otro vaso, aún estoy sereno,

quiero beber hasta perder el control.

 

Quiero beber hasta perder el control

 

Enrique Urquijo y Los Secretos – “Agárrate a mí, María

Estoy metido en un lío

y no sé como voy a salir...

Me buscan unos amigos

por algo que no cumplí.

Te juré que había cambiado

y otra vez te mentí:

Estoy como antes colgado

y por eso vine a ti.

 

Abrázame fuerte a mí, María...

Agárrate fuerte a mí...

que esta noche es la más fría

y no consigo dormir.

 

Agárrate fuerte a mí, María...

Agárrate fuerte a mí...

que tengo miedo

y no tengo donde ir.

 

Mañana, cuando despiertes,

estaré lejos. En fin,

no creo que pase nada,

de otras peores salí.

 

Si acaso no vuelvo a verte

olvida que te hice sufrir:

No quiero, si desaparezco,

que nadie recuerde quien fui.

 

Agárrate fuerte a mí, María...

Agárrate fuerte a mí...

que esta noche es la más fría

y no consigo dormir.

 

Agárrate fuerte a mí, María...

Agárrate fuerte a mí...

que tengo miedo

y no tengo donde ir.

 

Agárrate fuerte a mí, María

Y no llores más por mí

Volveré a por ti algún día

y escaparemos de aquí

 

Agárrate fuerte a mi, María

Agárrate fuerte a mí

que tengo miedo

y no tengo donde ir.

 

Enrique Urquijo y Los Secretos – “Ojos de gata

Fue en un pueblo con mar

una noche después de un concierto

tú reinabas detrás

de la barra del único bar que vimos abierto.

 

Cántame una canción al oído

te sirvo y no pagas

sólo canto si tú me demuestras

que es verde la luz de tus ojos de gata.

 

Loco porque me diera

la llave de su dormitorio

esa noche canté

al piano del amanecer todo mi repertorio.

 

Con el "Quiero beber"

el alcohol me acunó entre sus mantas

y soñé con sus ojos de gata

pero no recordé que de mí algo esperaba.

 

Desperté con resaca y busqué

pero allí ya no estaba

me dijeron que se mosqueó

porque me emborraché y la usé como almohada.

 

Comentó por ahí

que yo era un chaval ordinario

pero cómo explicar

que me vuelvo vulgar

al bajarme de cada escenario.

 

Pero cómo explicar

que me vuelvo vulgar

al bajarme de cada escenario.

Domingo, a 11 de Mayo de 2014


Pocas canciones son capaces de transmitir tanto en tan poco espacio de tiempo, en apenas un minuto y medio. Pero Tom Waits, el gran Tom Waits, es capaz de eso, y de mucho más.

Escuchar “Take me home” tiene muchas connotaciones especiales, además de las sonoras: es una bellísima declaración de amor con toques de naif campestre, es una canción cargada de una humilde sencillez y sensibilidad, sin grandes aspavientos ni sofisticados arreglos. Un temazo que sólo necesita un piano y una voz. Nada más.

Como veréis, la letra sigue la misma tónica que el sonido: es la inocente repetición de unos breves versos, unas palabras llenas de candidez y naturalidad, de una espontaneidad que te desborda: no creo que se pueda decir más en tan poco segundos… Es la canción que a todos nos habría encantado componer. Al menos, a mí sí.

Hoy la escuché de nuevo en los minutos finales del capítulo 22 de la 2ª, y última, temporada de una serie de televisión que tuvo poco éxito de público, pero que a mí en su momento me enganchó: “Harry’s Law”.

Se escucha justo al final de ese último capítulo, cuando la abogada Harry Horn (papel interpretado por la oscarizada Kathy Bates) se sienta al piano a cantarla en honor a su primer amor de juventud, fallecido esos días, un hombre al que hacía muchos años que no había visto y del que tenía recuerdos agridulces. Pero aun así, después de tantos años y de tantas ausencias, seguía infantilmente enamorada.

La dulzura de la voz Kathy refuerza la emotividad de la canción, dando a esos fotogramas un delicioso dramatismo que hace que el corazón se te achique. Sobre todo al saber que ese adiós a un ser querido era también el adiós a una serie que, con sus defectos, era honrada y bienintencionada.

Take me home “ está incluida en la banda sonora de la película de Francis Ford Coppola "One from the Heart" (en España, “Corazonada”), del año 1982. Todas las músicas de este filme fueron compuestas por Tom Waits.

Pese a que la película fue un total fracaso comercial, un desastre de tal magnitud que los sobrecostes llevaron a la bancarrota a Coppola, tuvo un relativo éxito cuando fue nominada para el Óscar de 1982 a la Mejor Banda Sonora por la Academia de las Artes y las Ciencias Cinematográficas de Hollywood.

Escuchadla: son pocos segundos… ¡pero menudos segundos!

Alfredo Webmaster

 

Últimos minutos de “Harry’s Law” y su “Take me home

con Kathy Bates en el primer tramo de la canción y Tom Waits cerrándola

Tom Waits - “Take Me Home(la canción original)

 

 

 

 

 

You've got to take me home, you silly girl

and put your arms around me

you've got to take me home, you silly girl

oh, the world's not round without you

 

I'm so sorry that I broke your heart

please don't leave my side

oh, take me home, you silly girl

 

 

Llévame a casa, tontorrona.

Abrázame.

Llévame a casa, tontorrona.

El mundo no es nada sin ti.

Siento mucho haberte roto el corazón.

 

Por favor, no te vayas de mi lado.

Llévame a casa, tontorrona,

porque sigo enamorado de ti.

 

Llévame a casa, tontorrona.

El mundo no es nada sin ti.

Siento mucho haberte roto el corazón.

 

Por favor, no te vayas de mi lado.

Siento mucho haberte roto el corazón.

Por favor, no te vayas de mi lado…

 

 

Martes, a 28 de Enero de 2014


Una de las últimas fotos de Pete Seeger

Una estampa típica de Pete Seeger, dando un concierto para trabajadores negros

 

 Pete Seeger con un jovencísimo Bob Dylan

 

Pete Seeger con Bruce Springsteen

Hoy es uno de los días más dolorosos para la historia de la MÚSICA (con mayúsculas): acaba de morir Pete Seeger, uno de los grandes, de los GRANDES de verdad, de los enormes, el intérprete más importante del mundo de la música popular, el héroe del folk y de la izquierda estadounidense.

No sólo era muy bueno como cantante y músico, también era inmenso como persona, inconmensurable como luchador infatigable, ilimitado como representante de lo mejor que pudo dar los Estados Unidos de Norteamérica.

Pete era un personaje capaz de, con la misma fuerza y convicción, enfrentarse al senador republicano McCarthy o al presidente Lyndon Johnson, que era capaz de abrazar y defender a brazo partido al trabajador más desprotegido y desamparado de un país tan poco proclive a cuidar a sus desahuciados sociales como es el gigante del norte.

Para algunos de nosotros, los españoles que no olvidamos, Pete Seeger era el reflejo de un movimiento que trajo a nuestro país a miles de luchadores norteamericanos que vinieron a España a combatir al fascismo que, en los años 30 (1936/1939), engulló y asoló nuestro país.

Para esos hombres, luchadores infatigables de la 1º Batallón Americano Abraham Lincoln, Pete Seeger grabó en 1943 un álbum, junto con su grupo The Almanacs, llamado “Historias del Batallón Lincoln”, en el que se incluían una decena de canciones, algunas compuestas por los propios milicianos estadounidenses, como “There is a valley in Spain called Jarama” (Hay un valle en España llamado Jarama) o “Young man from Alcalá” (El joven de Alcalá).

Hoy es un día triste para los que imaginamos que es posible un mundo mejor, un mundo en el que la música es/era el mejor vehículo para expresar sentimientos. Y en expresar sentimientos de verdad, profundos, Pete era un dios. Pero un dios de los de verdad: de los de carne y hueso, de los misericordioso y compasivo, de los entregados a la causa.

Siento en el alma su pérdida, siento que con él se va toda una época que, seguro, no se repetirá nunca más: hombres como Pete Seeger son irremplazables e irrepetibles. De hombres así como él, son de los que se dice: “Hay hombres que luchan un día y son buenos. Hay otros que luchan un año y son mejores. Hay quienes luchan muchos años, y son muy buenos. Pero hay los que luchan toda la vida: esos son los imprescindibles.”

Pete Seeger era imprescindible: te extrañaré, querido Pete.

Alfredo Webmaster

 

Pete Seeger y The Almanac Singers - “There is a valley in Spain called Jarama

Pete Seeger – Un concierto en solitario, con su banjo y guitarra (Australia 1963)

Pete Seeger – Concierto del día de su 94 aniversario

Pete Seeger – Uno de sus últimos concierto, con 94 años y ya muy deteriorado por la edad, ¡¡pero igual de combativo!!

Pete Seeger – Y su himno más famoso, el que nos hace llorar cuando lo oímos: “We shall overcome

Letra de “We shall overcome

Hemos de vencer, hemos de vencer,

hemos de vencer algún día.

En lo profundo de mi corazón yo tengo fe,

hemos de vencer algún día.

 

Caminaremos de la mano, caminaremos de la mano,

caminaremos de la mano algún día.

En lo profundo de mi corazón yo tengo fe,

hemos de vencer algún día.

 

El mundo entero, el mundo entero,

el mundo entero algún día,

en lo profundo de mi corazón yo tengo fe,

hemos de vencer algún día.

 

No tenemos miedo, no tenemos miedo,

no tenemos miedo hoy.

En lo profundo de mi corazón yo tengo fe,

hemos de vencer algún día.

 Un “We shall overcome” cantado por el más fiel seguidor de Pete Seeger: Bruce Springsteen, una versión llena de sentimientos y sensaciones, capaz de hacer que nos broten las lágrimas…

En el Pete Seeger's 90th Birthday Concert (Clearwater Concert), el 5 de marzo de 2009 en el Madison Square Garden, un “We shall overcome” por Emmylou Harris, Joan Baez, Toshi Reagon, Bernice Johnson Reagon, Tao Rodriguez-Seeger (nieto de Pete Seeger), Billy Bragg, Keller Williams, Ani DiFranco, Ruby Dee, Preservation Hall Jazz Band y New York City Labor Choir en homenaje y para mayor gloria de Pete Seeger.

 

Domingo, a 28 de Julio de 2013

 

Hay series de televisión que son en si mismas grandes obras de la ficción y del buen cine, llegando en algunos casos a ser verdaderas obras maestras, obras que perduran en la memoria de todos nosotros.

Me considero un ferviente 'seriófilo’ desde que disfruté, en el año 1981, con la majestuosa serie inglesa “Brideshead Revisited – Retorno a Brideshead(basada en la novela de Evelyn Waugh, Brideshead Revisited, the Sacred and Profane Memories of Capt. Charles Ryder -Retorno a Brideshead, memorias sagradas y profanas del capitán Charles Ryder). No sé si fue esta la primera serie que llevó este formato a la categoría de obra de culto, pero lo que sí tengo muy claro es que a mí me impacto su excepcional calidad.

Después de esta vienieron otras series: “M*A*S*H”, “The wire – Bajo sospecha”, “The West Wing El ala oeste de la Casa Blanca”, “The Sopranos - Los Soprano”, “Hill Street Blues – Canción triste de Hill Street”, “Frasier”, “House”, “C.S.I. Miami”, “Law & Order – Ley y Orden”, “The Good Wife – La esposa ejemplar”, “Boston Legal”, “Roma”, “Felicity” o “Criminal Minds – Mentes criminales”.

Todas estas series, y alguna más que se quedó en el tintero, aúnan en los 50 minutos de cada capítulo lo mejor de lo mejor de una obra cinematográfica clásica: excelente guión, magníficos personajes, grandiosos actores, impecable puesta en escena y espléndidas músicas…

En el capítulo 20 de la séptima temporada de “Criminal Minds – Mentes criminales” que vi ayer, escuché una canción del grupo The Fray; la canción, un temazo, se titula “Be still”.

La quiero compartir con vosotros para sobrellevar este domingo gris y lluvioso, al menos en el sur de Galicia, cuatro días después del mayor siniestro ferroviario que hemos sufrido en mi patria gallega, en el que murió el hijo y la mujer de un amigo/vecino de la infancia.

Alfredo Webmaster

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Domingo, a 9 de Junio de 2013


La canción que os propongo para este domingo de final de semana es el tema “Don't give up” de Peter Gabriel, un soberbio poema para un domingo frío y lluvioso, un extraño día para un extraño junio.

Peter Gabriel (Chobham, Surrey, Reino Unido, 13/02/1950) es un personaje muy especial, no sólo por haber sido el fundador de Genesis, uno de los grupos más influyentes del pop/rock de finales de los 60’ y los 70’, sino por su inconmensurable contribución a la música al haber sido el fundador del sello discográfico Real World, una referencia ineludible e incuestionable para varias generaciones de seguidores de la world music, y los festivales "World Of Music, Arts & Dance - WOMAD".

Sin la enorme labor divulgativa de Peter y su interés por hacer visibles músicas que eran invisibles, sería imposible que muchos de nosotros hubiéramos oído hablar, y escuchado a través del sello discográfico Real World Records, a grandes músicos de todo el mundo, gentes como Nusrat Fateh Ali Khan, The Blind Boys of Alabama, Remmy Ongala, Ayub Ogada, Matt Molloy, Farafina, Orquesta Revé, Tabu Ley Rochereau, The Musicians of the Nile, Sevara Nazarkhan, Justin Adams, Hassan Hakmoun, Joseph Arthur, Geoffrey Oryema, The Holmes Brothers, Fatala, U-Srinivas, Maryam Mursal, Afro Celt Sound System, Justin Vali, The Drummers of Burundi, Thomas Mapfumo, Yungchen Lhamo, Toto La Momposina, Papa Wemba, Sheila Chandra…  El Último de la Fila, Peret, La Fura dels Baus o el guitarrista Juan Manuel Cañizares.

Sin Peter Gabriel una parte significativa de la riqueza cultural de zonas remotas y poco conocidas del mundo (Burundi, Burkina Faso, Andhra Pradesh, Kenia, Tibet…), seguirían siendo a día de hoy sólo sonido para ínfimas minorías y grandes desconocidos para el resto del mundo occidental, totalmente absorbido por las culturas de masas, más preponderantes e invasoras.

De ese personaje al que tanto debemos, también salieron composiciones que son parte de la memoria de muchos de nosotros, y entre ellas este temazo de nombre “Don't give up” (1986, del álbum So), que interpreta acompañado de otra grande entre las grandes: Kate Bush.

Con una sencillísima, a la par que hermosísima, puesta en escena de un solo plano: una pareja firmemente abrazada ante un eclipse solar, las voces de Peter y Kate sirven de base para transmitirnos mensajes de solidaridad, consuelo y esperanza: “Para cada trabajo tantos hombres… tantos hombres a los que nadie necesita“, “No te rindas, aún nos tienes… No te rindas, estamos orgullosos de quien eres”, pese a que las primeras estrofas del poema son muy llamativas y su mensaje clarificador: a todos nos enseñan a luchar y ganar, pero nadie nos prepara para saber 'perder' de la mejor forma posible, sin llegar a hundirse.

La canción, apabullantemente romántica y dulce, es el reflejo del sentir de un hombre que se encuentra atrapado en la desesperación por la falta de trabajo y futuro, mientras su compañera le anima a seguir luchando con la ayuda de las personas que lo quieren y aprecian.

Os la recomiendo muy especialmente.

Alfredo Webmaster

Peter Gabriel y Kate Bush - “Don't give up

El: En esta tierra orgullosa crecimos fuertes

Desde el principio nos falta de todo

Me enseñaron a luchar, me enseñaron a ganar

Nunca pensé que pudiera fallar

 

No abandoné la lucha o eso me parece

Soy un hombre que ha abandonado todos sus sueños

He cambiado mi rostro, he cambiado mi nombre

Pero nadie te quiere cuando pierdes

 

Ella: No te rindas,

porque tienes amigos

No te rindas,

todavía no estás derrotado

No te rindas,

yo sé que puedes hacerlo bien

 

El: Pensé que lo había visto todo

Nunca creí que me podría afectar

Pensé que seríamos los últimos en marchar

Es tan extraña la manera en que las cosas cambian.

 

Conduje la noche hacia mi hogar

Al lugar donde nací, a la orilla del lago

Mientras amanecía, miré a la tierra

Los árboles habían ardido caídos en el suelo.

 

Ella: No te rindas,

todavía nos tienes

No te rindas,

nosotros no necesitamos mucho

No te rindas,

porque en algún sitio hay un lugar

al que pertenecemos

 

Descansa tu cabeza,

te preocupas demasiado

Todo irá bien

Cuando los tiempos se pongan difíciles

podrás apoyarte en nosotros

No te rindas

Por favor, no te rindas

 

El: Tengo que irme de aquí

No aguanto más

Me voy a quedar sobre ese puente

Manteniendo mi mirada baja

Lo que pueda venir

y lo que pueda marcharse

ese río se lo llevará

ese río se lo llevará

 

Me marché a otra ciudad

Intenté establecerme con dificultades

Para cada trabajo tantos hombres…

tantos hombres a los que nadie necesita

 

Ella: No te rindas,

porque tienes amigos

No te rindas,

tú no eres el único

No te rindas,

no hay ninguna razón para estar avergonzado

No te rindas,

aún nos tienes

No te rindas,

estamos orgullosos de quien eres

No te rindas,

sabes que nunca es fácil

No te rindas,

porque creo que existe un lugar…

…existe un lugar al que nosotros pertenecemos.

Domingo, a 19 de Mayo de 2013


Hay discos que son incalificables, discos que no podemos definir perfectamente ni situarlos en un estilo musical concreto, pero aun así, sin etiquetarlos, son de una belleza hipnótica. Como este que presento hoy: el “Beyond the Missouri sky” de Pat Metheny y Charlie Haden.

Si por separado los dos ya eran figuras consagradas del jazz, juntos e inspirados por las musas, Pat y Charlie alcanzan el Olimpo del sonido sin etiquetas. Y no les hacen falta. Es sólo música.

Beyond the Missouri sky” nace de una colaboración entre dos personajes que se admiraban mutuamente pero que nunca antes habías coincidido en un proyecto.

Este disco es una maravilla de musicalidad sólo accesible para espíritus capaces de captar la sensibilidad y la belleza. Pero, eso sí, para poder disfrutarlo en plenitud y poder extraer los sonidos más sutiles y los toqueteos, que en ocasiones son apenas audibles, de la guitarra o del contrabajo, no se puede recurrir a una grabación basada en una compresión tipo MP3 o similar; hay que disfrutarlo con un equipo de sonido que tenga un buen reproductor de CD's o un buen plato de LP's, una buena amplificación, mejor si es de válvulas, y dos altavoces de calidad contrastada, a poder ser de fabricación inglesa (son más naturales y su sonido menos artificioso). Si es así, y puedes oírlo es tu casa en silencio, con una copa de vino tinto en la mano, el goce y el placer serán completos.

El disco está basado en varios temas que son como historias independientes pero que se mantienen unidas por un fuerte arraigo tradicional que trata de plasmar los paisajes de la Missouri natal de Metheny. Es un viaje con reminiscencias sonoras de country, new age o psicodelia en un contexto jazzístico basado en una instrumentación acústica.

“Waltz for Ruth”, que está dedicado a la esposa de Charlie Haden, tiene, al igual que "First Song", el ritmo de un vals suave en el que la guitarra y el contrabajo se entremezclan hasta formar una deliciosa unidad sonora. Lo mismo que en “Our Spanish Love Song”, otra pieza de indudable belleza.

El tema “Message to a Friend” representa un cambio de estilo, que pasa del suave y cadencioso vals a un sonido que toma unos derroteros más sombríos, con un gran predicamento de la guitarra acústica.

El sonido más country y alegre nos llega con “The Moon Is Harsh Mistress”, “He’s Gone Away” y “The Precious Jewel”, donde Charlie exhibe la fuerza de su contrabajo con el siempre rítmico sonido de la guitarra de Pat, hasta alcanzar un clímax fabuloso.

En “The Moon Song” la fuerza la emana la guitarra eléctrica de Metheny, fielmente matizada por el sonido sensible y complejo del contrabajo.

La traca final de este juego de sensibilidad y belleza sonora lo da el tema que cierra el disco, una composición de Josh Haden, el hijo de Charlie, de título “Spiritual”. Escucharlo implica imbuirse de paz, tranquilidad, atardeceres, sonidos de campo… imágenes que nos traen a la retina los recuerdos de películas de los años 60/70 de la América más profunda y, a la par, más alejada del bullicio de la época.

Es un disco sencillo en su concepto, sin artificios ni grandes derroches, pero que te ofrece lo que necesitas: música sin trampas ni cartón.

El impacto que causó la publicación de este disco, el 25 de Febrero de 1997, hizo que el gobernador del estado de Missouri lo marcara como el “Day of Charlie Haden and Pat Metheny”.

Sábado, a 18 de Mayo de 2013

 

Conocí a Lole y Manuel a mediados de los 70, en una época en la que el flamenco era una música circunscrita a una tipología de público muy curiosa por lo variopinta que era: gitanos, algunos payos (muy pocos) entendidos y los guiris (turistas) habituales de los tablados. Y poco más.

Los que veníamos de la música más roquera y libertaria (la de los cantautores) nos mezclábamos muy poco con esa cultura, quizá por la creencia errónea de que la cultura calé (la gitana) no entendía la cultura paya (la nuestra), de igual manera que los payos no éramos capaces de captar la profundidad del flamenco.

Lole y Manuel rompieron con las ataduras y reglas del flamenco tradicional. Los dos venían de mundos muy alejados de su etnia gitana: él venía de una banda de rock progresivo de mucha fama y reconocimiento en la época, Smash, y ella nada tenía que ver con ese mundo tan cerrado y hermético como es el del cante, el toque y el baile… pero por las venas de los dos corría sangre plagada de la musicalidad transmitida por sus ancestros, todos ellos grandes músicos y tocaores.

Tu mirá”, del año 1975, es el himno de arranque del nuevo flamenco, una composición de una belleza hipnótica, metafórica, con reminiscencias hippies y un ritmo que engancha… una obra maestra de la música en español.

A algunos quizá os suene de haberla oído en la banda sonora de la película “Kill Bill (volumen 2)” de Quentin Tarantino o en la de “Flamenco” de Carlos Saura.

Alfredo Webmaster

Lole y Manuel – “Tu mirá

Y tu "mirá"

Se me clava en los ojos como una "espá"

Se me clava en los ojos como una "espá"

Se me clava en los ojos como una "espá"

De amores llora una rosa

De amores llora una rosa

Y le sirve de pañuelo

Una blanca mariposa

 

De tanto volar

Sedienta de tanto vuelo

En un charco de agua clara

La alondra se bebe el cielo, ay, ay

 

Aquella tarde de abril

Te dije vente conmigo

Y no quisiste venir

Y no quisiste venir

No te quisiste venir

 

Y tu "mirá" se me clava en los ojos como una "espá"

Se me clava en los ojos como una "espá"

Se me clava en los ojos como una "espá"

 

Y tu "mirá" se me clava en los ojos como una "espá"

Y mi tren de alegría se va se va (se me clava en los ojos...)

Y no tengo más sueño que tu "mirá" (se me clava en los ojos...)

 

Y tu "mirá" se me clava en los ojos como una "espá"

Grillo de mis tormentos, rosa tronchá (se me clava en los ojos como una "espá")

Cuando sueño tus ojos de "madrugá" (se me clava en los ojos...)

Yo no puedo apartarme de tu "mirá" (se me clava en los ojos...)

 

Y tu "mirá" se me clava en los ojos como una "espá"

Se me clava en los ojos como una "espá"

Se me clava en los ojos como una "espá"

 

Y tu "mirá" se me clava en los ojos como una "espá"...

 

Domingo, a 24 de Marzo de 2013

 

De Lucinda Williams y su álbum del 2003, os recomiendo este temazo de imponente musicalidad y suave desarrollo, capaz de ponernos los pelos como escarpias...

Lucinda, la gran dama del sur de USA (Lousiana), además de ser una enorme compositora y show-woman, tiene una poderosísima voz carente de artificios y afecciones: canta con el corazón y desde las entrañas.

Su country moderno, adulto y abierto que devino en lo que ahora se llama “americana”, la está entronizando entre las leyendas de la música.

Alfredo Webmaster

 

Domingo, a 23 de Diciembre de 2012

 

Cuando escucho canciones bellas, románticas y ensoñadoras, me vienen a la memoria recuerdos de mi infancia, recuerdos de aquellos maravillosos años cuando Milagros (Milagriños para los que la quisimos como una madre) me despertaba todas las mañanas tarareando canciones que en su voz, ya ajada por sus muchos años, sonaban hermosas por su dulzura y desbordante amor, canciones que rememoradas me retrotraen a mi niñez haciéndome sentir la nostalgia y las pesada carga de los años vividos (que no volverán).

Hoy, mientras viajaba en mi coche de vuelta a casa, sonó en la radio una de esas canciones que me hacen vibrar (y llorar), una dulce balada que consigue que sienta como Milagriños vuelve a la vida, que la imagine sentada en el borde de mi cama intentando despertarme como hacía todos los días de todos los años de mi infancia, y que, con aquella mirada de amor que no espera nada a cambio, me cantara suavemente la Paloma negra”, de Tomás Méndez. Sólo para mí.

Al llegar busqué en Youtube versiones de la canción en voces de mujeres que la interpreten con verdadero sentimiento y profundidad. Y encontré dos de dos grandes damas de los corridos: la inconmensurable y eterna Chavela Vargas, y la moderna y vital Lila Downs. Las dos versiones son distintas pero las dos son verdaderas: todo lo que se canta desde el corazón suena con corazón.

Alfredo Webmaster

 

"Paloma negra", por Lila Downs

 

 

"Paloma negra", por Chavela Vargas

 

 

 Letra de “Paloma negra”, de Tomás Méndez

 Ya me canso de llorar y no amanece

Ya no sé si maldecirte o por ti llorar
Tengo miedo de buscarte y no encontrarte
Dónde me aseguran mis amigos que te vas

Hay momentos en que quisiera mejor rajarme
Y arrancarme ya los clavos de mi penar
Pero mis ojos se mueren sin mirar tus ojos
Y mi cariño con el aurora te vuelve a esperar

Ya agarraste por tu cuenta las parrandas
Paloma negra, paloma negra, dónde andarás
Ya no juegues con mi honra parrandera
Si tus caricias deben ser mías de nadie más

Y aunque te amo con locura, ya no vuelvas,
Paloma negra eres la reja de un penar
Quiero ser libre, vivir mi vida con quién yo quiera
Dios dame fuerzas, que estoy muriendo por irte a buscar

Ya agarraste por tu cuenta las parrandas.

 

Sábado, a 26 de Mayo de 2012

Ayer, mientras veía el capítulo 12 de la 3ª temporada de la serie "The Good Wife" (¡qué buena es!), sonó el 5º movimiento, el “Passa calle”, de la “Musica notturna delle strade di Madrid, Op. 30”, el famoso quintettino (quinteto) para instrumentos de cuerda de Luigi Boccherini.

Inmediatamente, recordé dos filmes en los que se incluyó este hermosísimo tema en su banda sonora: "Master and Commander: The Far Side of the World", de Peter Weir, con Russell Crowe y Paul Bettany, y en "You will meet a tall dark stranger ", de Woody Allen, con Anthony Hopkins y Naomi Watts. Y, por qué no recordarlo, también se interpretó en la inauguración de los Juegos Olímpicos de Barcelona del año 1992.

Como escribió Jaume Tortella, “para la composición de la Música nocturna de las calles de Madrid, Boccherini tomó su inspiración de escenas nocturnas de la calle de la ciudad, que parece mirar con nostalgia a la alegría y el bullicio de la capital de España, recordando el sonido de las campanas de las iglesias de la ciudad en su llamada para la oración vespertina, los bailes populares que fueron el deleite de sus jóvenes y los mendigos ciegos tocando sus típicas viellas de rueda hasta que los soldados de la guarnición local dan el toque de queda de medianoche con su Retiro”.

Este maravilloso quintettino, de ensoñación galante y reminiscencias palaciegas entremezcladas con el sonido de un Madrid bullicioso, es ideal para sobrellevar la pesadez de una lluviosa tarde de sábado.

Alfredo Webmaster

 

Luigi Boccherini - “Passa calle”, de la “Musica notturna delle strade di Madrid, Op. 30
(versión clásica)

 

Luigi Boccherini - “Passa calle”, de la “Musica notturna delle strade di Madrid, Op. 30"
(versión que se incorporó en la película "Master and Commander: The Far Side of the World". En el vídeo, Russell Crowe y Paul Bettany, en sus papeles de capital del buque y médico, interpretan este 5º movimiento)

 

Viernes, a 25 de Mayo de 2012

De la actuación de Calexico en el Centro Cultural Caixanova en Vigo, el 16 de enero de 2009, me queda para el recuerdo su canción "Sunken waltz", una joya sonora de impecable factura, un suave torbellino de ritmo y sensibilidad, una balada que compendia lo mejor de uno de los mejores grupos del folk indie y americana de todos los tiempos.

Sus notas, que huelen al perfume de las flores que jalonan la frontera del río Grande, son ideales para empezar el fin de semana dejándose mecer por su cadenciosa dulzura e imaginar el movimiento de unos pies bailando un vals...

Alfredo Webmaster

 

Calexico - "Sunken waltz"

Washed my face in the rivers of empire
Made my bed from a cardboard crate
Down in the city of quartz
No news, no new regrets
Tossed a susan b over my shoulder
And prayed it would rain and rain
Submerge the whole western states
Call it a last fair deal
With an american seal
And corporate hand shake
Take the story of carpenter mike
Dropped his tools and his keys and left
And headed out as far as he could
Past the cities and gated neighborhoods
He slept 'neath the stars
Wrote down what he dreamt
And he built a machine
For no one to see
Then took flight, first light

 

Sábado, a 12 de Mayo de 2012
 
 
Para iniciar con buen pié el fin de semana, escuchad la hermosísima canción "Fall down with you" de The Paperboys, con Tom Landa (voz y guitarra), la buena (buenísima) Kendel Carson (voz y violín) y el resto de la banda...
 
The Paperboys - "Fall down with you"
 
 
 
 
Jueves, a 3 de Mayo de 2012

Sólo Eva Cassidy podía cantar así… sólo ella podía hacernos sentir algo así.

Alfredo Webmaster

 

 

Eva Cassidy – “Waly, Waly

When cockle shells turn into silvery bells,

Then will my love return to me.

When roses grow in the wintery snow,

Then will my love return to me.

 

Oh waly, waly, love be bonnie

And bright as a jewel when it's first new...

 

But love grows old, and waxes cold,

And fades away like morning dew.

 

There is a ship, it sails the sea,

It's loaded high and deep can be.

But not so deep as my love for thee.

I know not if I sink or swim.

 

Oh waly, waly, love be bonnie

Bright as a jewel when first new...

 

But love grows old and waxes cold,

And fades away... like morning dew.

Martes, a 6 de Marzo de 2012

Hace mucho tiempo, en octubre del 2007, publiqué en la Gramola un post sobre Eva Cassidy, pero fue un texto tan breve y conciso que no hizo honor a la valía del personaje: algo imperdonable.

Anteayer, mientras escuchaba uno de los canales de música del avión de IBERIA que me traía desde Costa Rica a España, sonó su música. Escucharla me hizo recordar un programa de radio que hace tiempo le dedicaron en exclusiva a Eva, a su corta vida profesional y física, y a lo muchísimo que su trayectoria vital marco a las personas que tuvimos la suerte de conocerla.

Al llegar a casa sentí la necesidad de oírla de nuevo, de repasar su música, sus baladas, sus blues, sus souls, sus interpretaciones más sentidas, sus memorables obras de jazz. Y pasó algo curioso: al abrir mi portatil y mi correo, en la bandeja de entrada me estaba esperando un mensaje que venía acompañado de una de las canciones más hermosas jamás escrita: la versión que Eva Cassidy hace de "Songbird", una joya compuesta por Christine McVie (de Fleetwood Mac) en el año 1976.

Pese a que Eva jamás compuso ninguna canción, ninguna, cualquiera de sus interpretaciones era como un remozado mejorado del original, una relectura de la partitura que daba más sentido al texto y a la música, una redefinición similar a las que le hacía Mozart a Antonio Salieri.

Su apabullante capacidad para hacer brotar sentimientos en cada una de sus interpretaciones, en cada corchea y semicorchea, hicieron que muchos compositores, como Sting, reconocieran que su obra, por ejemplo “Fields of Gold” sólo fue perfecta cuando la cantó Eva; que sólo oyéndola a ella tenía sentido lo que pretencían decir al componer.

El timbre y la calidad de su voz le permitían atacar cualquier canción, cualquier estilo, y conseguir que su Interpretación resultara única, perfecta, y que esa redefinición fuera la referencia sonora para el original.

Nacida en el seno de una familia con muchas influencias musicales (Oxon Hill, Washington DC, 2/02/1963 - Bowie, Maryland, 2/11/1996), creció bajo la influencia de lo más granado del folk y folk-country de la época: Bob Dylan, Pete Seeger y Buffy Sainte-Marie.

De Dylan tomo la capacidad para comunicar con el público; de Seeger el carácter combativo, inconformista, luchador y solidario; y de Buffy, la fuerza y el carácter feminista (femenino) que imprimía en cada verso.

Nunca se plegó a los dictados de las grandes compañías discográficas: cuando la Warner le ofreció ser cantante solista para interpretar canciones con ritmos más pop y comerciales, se negó a secundarlos; además, entre las condiciones que le exigían esa discográfica estaba que tendría que dejar a un lado la banda de músicos que le acompañaba desde sus años de instituto, algo a lo que se negó en redondo.

Por la fidelidad que mantuvo a su estilo musical, a sus compañeros y amigos, el éxito no le llegó en vida: durante sus 33 años de existencia, no llegó a ser una cantante reconocida por el gran público, ni sus discos estuvieron en las listas de mayores ventas.

Sus actuaciones en directo, a las que sólo cudía un público fiel y entregado que sabía de su inmensa calidad y humanidad, se realizaban en pequeños clubes de Nueva York, Washington o San Francisco. Además, su carácter introvertido, su marcado ecologismo y el amor que sentía por la vida natural, le llevo a vivir semi retirada en una granja de las afueras de su ciudad de nacimiento.

A mediados de 1996 empezó a sentir fuertes dolores de cadera y de cabeza: se le detectó un avanzadísimo cáncer de piel.

Su última actuación musical en directo, a finales de septiembre de 1996, fue exclusivamente para sus amigos en un pequeñísimo club de Washington, muy cerca de la granja en la vivía. Y la última canción que interpretó, que dedicó a todos los que la acompañaban en aquel momento y con la que se despedía de la vida a sus 33 años, fue un inolvidable "What a wonderful world" (“Qué maravilloso es el mundo”), canción que había hecho famosa Louis Armstrong.

Los que tuvieron la suerte de verla actuar ese día recurdan que cantó con la fuerza de un titán y el timbre de un ángel, con la más profunda de las sensibilidades, poniendo el corazón en cada nota. Su rostro, constreñido por el dolor del cáncer que la consumía y la pena de ver cómo se le iba la vida, denotaba lo contrario: una profunda alegría y paz interior.

Dos meses después moría rodeada de su familia a los que dejó el mejor de los legados posibles: un ramillete de canciones que son parte de la historia musical del siglo XX y patrimonio sentimental de todos los que la hemos escuchado alguna vez.

En la Gramola podréis oír las siguientes canciones de Eva Cassidy:

  • True Colors [Live]: versión grabada en directo de una canción de la gran Cyndi Lauper, una magnífica cantante a la que, desgraciadamente, minimizó el “efecto” Madonna.
  • Hallelujah I Love Him So: versión libre de una canción de Ray Charles, con el típico punteo de guitarra del R & B.
  • American Tune [Live]: una hermosa canción compuesta por Paul Simon, cantada en directo con el único acompañamiento de la guitarra de Eva.
  • It Don't Mean a Thing (If It Ain't Got That Swing) [Live]: con una de las más famosas canciones del gran Duke Ellington, Eva nos hace una demostración de su capacidad para interpretar cualquier tipo de sonido, incluida esta pieza de jazz.
  • Yesterday: un clásico de The Beatles reinventado por Eva y la ayuda de Chris Biondo. Fijaros en la voz y en la riqueza de matices que tiene.
  • Wade in the Water: una famosa canción tradicional yanqui pasada por el filtro de Eva y Biondo. El resultado final es una pieza con marcados tintes jazzísticos.
  • Songbird: canción de Christine McVie, de Fleetwood Mac. Distinta, totalmente distinta del original… y mucho mejor.
  • Cheek to Check: un clásico entre los clásicos del jazz más clásico, un virtuoso paseo por una composición que cualquier intérprete que se precie tiene que saber tocar. Fue compuesta por Irving Berlín. Está incluida como primera canción en el CD “Live at Blues Alley”, y en ella se escucha al presentador haciendo los honores a Eva.
  • Bridge over Troubled Water: el famoso “Puente sobre aguas turbulentas” de Simon & Garfunkel, con más sensibilidad y profundidad que el original; inmejorable versión de un clásico con el perfume pincelado de un jazz del más alto nivel.
  • People Get Ready: ni el gran Curtis Mayfield no podría hacerlo mejor. Ua canción para estremecerse.
  • Tall Trees in Georgia: una de las canciones más tristes que jamás se interpretaron en el siglo XX, fruto de la enorme sensibilidad Buffy St. Marie, una descendiente de los indios cheroquis con un pasado tremebundo. La voz de Eva consigue sacar a flote la tremenda carga sentimental que lleva inherente el texto y la música.
  • Fields of Gold: una canción de Sting. El resultado sonoro es, sencillamente, demoledor… ¡quien le diera a Sting cantar así y con tanta sensibilidad! Es una canción que confirma que a veces, sólo cuando un genio la canta, las segundas partes son mejores las primeras.
  • What a Wonderful World: la famosísima canción que interpretó de forma magistral Louis Armstrong que en la voz de Eva se transforma en otra cosa, ni mejor ni peor: distinta. Vale la pena escucharla con interés… la voz, su tonalidad, está perfectamente ensamblada con la música, como un guante de seda en una mano.

También podéis ver y escuchar los vídeos que incluyo a continuación, todos ellos de Youtube, que no garantizo que estén siempre disponibles:

 

Eva Cassidy – “Tall Trees In Georgia

 

Eva Cassidy – “Cheek To Cheek

 

Eva Cassidy – “Tennessee Waltz

 

Eva Cassidy – “Time After Time

 

Eva Cassidy – “Autumn Leaves

 

Eva Cassidy – “Fields of Gold

 

Eva Cassidy – “Songbird

 

Eva Cassidy – “Blues In The Night

 

Eva Cassidy – “Chain Of Fools

 

Eva Cassidy – “Stormy Monday

 

Eva Cassidy – “True Colours

 

Eva Cassidy – “Imagine

 

Eva Cassidy – “Somewhere over the Rainbow

 

Eva Cassidy – “Blue Eyes Crying In The Rain

 

Eva Cassidy & Katie Melua – “What A Wonderful World

 

Por último, indicaros que hay otra entrada en mi blog con información más detallada de la vida de Eva Cassidy, un post que incluí a finales de 2008: pulsad aquí para entrar.

Alfredo Webmaster

 

Discografía de Eva Cassidy

 

 


 

 

¿Cómo funciona la Gramola?

El módulo de la Gramola está situado arriba, en la parte de la derecha de la página. En ese módulo tengo incluidas las canciones de los grupos musicales que deseo que conozcáis.

Podéis escuchar la música más cómodamente con las instrucciones que os doy a continuación:

- Lo primero, pulsad el botón extensible que está a la derecha en la parte alta de la Gramola, en el espacio en donde figuran los nombres de los grupos musicales.

- Al pulsar el botón aparecerá una lista de grupos: Arias de ópera, Arias sacras, Cowboys Junkies, Eva Cassidy, Flamenco y jazz, Fabrizio de André… hasta llegar al final, a Villancicos y danzas criollas.

- Situad el ratón encima del cantante o grupo que deseáis oír; a continuación pulsad encima del nombre elegido.

- Una vez que esté pulsado el nombre, el navegador se actualizará automáticamente y la Gramola se posicionará en el cantante o grupo que habéis elegido.

- Y ahora viene lo más importante: pulsad en donde dice “Popup player”. Al hacerlo, se abrirá una pequeña ventana de navegador que os permitirá escuchar la música y al mismo tiempo seguir leyendo el blog de forma independiente.

- Obviamente, yendo de grupo en grupo podréis escuchar toda la música que seleccioné.

 

Jueves, a 1 de Marzo de 2012

Cadenaser.com/EFE, 01-03-2012

Lucio Dalla, uno de los más importantes cantautores italianos, que escribió éxitos internacionales como 'Caruso', ha muerto este jueves en Montreux (Suiza) a los 68 años de edad a causa de un infarto, según han informado los medios de comunicación italianos. Dalla, que además de cantante era escritor y músico, se encontraba en Suiza para una serie de conciertos. La última aparición en Italia de Dalla, que el próximo 4 de marzo hubiese cumplido 69 años, fue la pasada semana en el Festival de la Canción de San Remo en un dúo con el joven Pierdavide Carone, para quien había compuesto la canción 'Nani'.

 

El cantante Lucio Dalla canta en 2009 en un programa de la televisión italiana

El fotógrafo Roberto Serra, amigo suyo, ha explicado que ayer había hablado con él y que estaba "muy bien, feliz y tranquilo" por el tour europeo que había comenzado en Lucerna y que había continuado por Zúrich y ayer en Montreux. El tour estaba previsto que terminase el 30 de marzo en Berlín. Últimamente, Lucio Dalla había protagonizado junto con su amigo el también cantautor Francesco de Gregori una gira italiana en la que había cosechado un enorme éxito. El mundo de la música en Italia ha recibido con conmoción la noticia y algunos de sus amigos y compañeros como Ron, con quien cantó varias canciones, fue incapaz de articular palabra debido a las lágrimas. También De Gregori decidió no hablar con la prensa por su tristeza ante la pérdida de su colega y amigo. La excantante y ahora productora musical Caterina Caselli aseguró que Dalla se ha marchado como "un gladiador" de la música, ya que era incansable en su trabajo.

Una vida dedicada a la música

Nacido el 4 de marzo de 1943 en Bolonia, Lucio Dalla aprendió de niño a tocar el acordeón y el clarinete, y más tarde el saxo y el piano, lo que le permitió unirse a bandas de jazz desde muy joven. Se inició como cantante en 1964, apadrinado por su compatriota Gino Paoli. Su primer disco, '1999', fue publicado en 1966 y cuatro años más tarde vería la luz el segundo, 'Terrra di Gaibola'. Ese mismo año empezó a componer con el poeta italiano Roberto Roversi, una fructífera cooperación que daría lugar a tres álbumes. También en 1970 Dalla escribió 'Occhi di ragazza' para su amigo Gianni Morandi, que la interpretó en el Festival de Eurovision. La colaboración entre ambos, que había comenzado en 1964, se ha mantenido constante a lo largo de sus respectivas carreras, incluso grabaron juntos en español.

En 1971 llegó el primer gran éxito para Lucio Dalla, con 'Gesú Bambino', que logró el tercer puesto en el Festival de San Remo y que le abrió las puertas a la colaboración con los grandes de la música italiana. Acabada abruptamente su colaboración con Roversini tras grabar el disco 'Automobili' (1976), que contenía uno de sus éxitos, 'Nuvolari', Dalla decidió escribir sus propios textos y se reveló como un gran letrista. Llegaron entonces sus mayores éxitos como 'Futura' (1978) o 'Caruso', interpretada por Luciano Pavarotti, con la que logró una gran repercusión internacional en 1986. Al año siguiente actuó en las fiestas de San Isidro en Madrid e interpretó un dúo con Ana Belén, con quien ha colaborado en varias ocasiones. Pasarían veintidós años hasta su siguiente concierto en la capital.

Sus discos 'Cambio' (1990), 'Amen' (1992) o 'Canzoni' (1996) lograron ventas millonarias, a la vez que canciones escritas por él eran cantadas por intérpretes como la francesa Mireille Mathieu o la española Montserrat Caballé. En 1997 la universidad de Bolonia, su ciudad natal, le nombró doctor "honoris causa" por "su trabajo de investigación en el campo de la música ligera a lo largo de toda su carrera". En 2003 estrenó en Roma el musical 'Tosca, amor desesperado', que recorrió luego Italia con gran éxito. Al año siguiente participó en el disco 'Neruda en el corazón', homenaje al poeta chileno en el centenario de su nacimiento, junto a artistas como Joan Manuel Serrat, Joaquín Sabina, Miguel Ríos, Pablo Milanés o Ana Belén.

 

Lunes, a 14 de Noviembre de 2011

Muchos debieron pensar que darle el premio Príncipe de Asturias de las Letras a un músico era, cuanto menos, una banalidad impropia de una Fundación que ya le había dado el galardón a gentes de la talla de un Amin Maalouf, Amos Oz, Paul Auster, Susan Sontag, Arthur Miller, Augusto Monterroso, Carlos Fuentes, Mario Vargas Llosa, Juan Rulfo o Arturo Uslar Pietri. Muchos debieron pensarlo… pero sólo con oír el discurso de aceptación del premio, Leonard Cohen ganó la batalla del reconocimiento a un hombre y a una historia de éxitos incuestionables en el mundo de la cultura en general, y de la musical en particular.

Él es así: sencillo, cercano, humilde, entregado, honesto, sentimental. Un gran tipo, una buena persona, un inmenso personaje poseedor de un bagaje cultural al que todos deberíamos acudir de vez en cuando. Y su discurso lo atestigua.

Alfredo Webmaster

 

"Majestad, altezas, excelentísimas e ilustrísimas autoridades, premiados, señoras y señores:

Es un gran honor estar aquí ante ustedes esta noche, quizás como el gran maestro Riccardo Muti, no estoy acostumbrado a estar ante un público sin orquesta tras de mí, pero haré lo que pueda en mi desarrollo de esto. Me quedé toda la noche en vela, anoche, pensando qué podía decir aquí, en esta asamblea de distinguidas personas. Y después de comerme todas las barras de chocolate, todos los cacahuetes del minibar, garabateé unas pocas palabras y no creo que me tenga que referir a ellas.

Obviamente estoy muy emocionado por ser reconocido por la Fundación, pero he venido aquí esta noche para expresar otra dimensión de gratitud, creo que puedo hacerlo, en tres o cuatro minutos y lo voy a intentar. Cuando estaba haciendo el equipaje en Los Ángeles para venir para acá estaba un poco inquieto porque siempre he sentido cierta ambigüedad en cuando a la poesía, la poesía viene de un lugar que nadie controla, que nadie conquista. Es difícil aceptar un premio de una actividad que yo no controlo, es decir si supiera de dónde vienen las canciones haría más canciones con mayor frecuencia.

En esa situación de hacer el equipaje para venir, cogí mi guitarra, tengo una guitarra Conde que está hecha en la calle Gabenas 7, en España. Es un instrumento de hace 40 años más o menos. Lo saqué de la caja, el instrumento, esta guitarra, y era como si estuviera llena de helio, era muy ligera. Y me la puse en la cara, casi, y la miraba con lo bien diseñada que está y olía la fragancia de la madera viva, sabemos que la madera nunca llega a morir. Y oía esa fragancia del cedro, tan fresco como si fuera el primer día cuando compré la guitarra hace 40 años. Y la voz parecía decirme eres un hombre viejo, y no has dado las gracias, no has devuelto tu gratitud a quien la merece, al suelo, a la tierra, con esta fragancia de donde viene esta fragancia, así que vengo hoy, aquí, esta noche, a agradecer al suelo, a la tierra, a este pueblo que me ha dado tanto.

Porque un hombre no es una credencial y un país no es solo eso, tampoco, una carga, un crédito no es país, en esta fraternidad en la que estoy con el poeta Federico García Lorca, puedo decir que cuando era joven y adolescente y buscaba una voz en mí, estudiaba a los poetas ingleses y conocía bien su obra, y copiaba sus estilos, pero no encontraba mi voz: solamente cuando por fin leí, aunque era una traducción, las obras de Federico García Lorca, fue entonces cuando comprendí que había una voz.

No es que haya copiado su voz, yo no me atrevería a hacer eso, pero me dio permiso para encontrar una voz, para ubicar una voz, es decir, para ubicar el yo, un yo que no está del todo terminado, que lucha por su propia existencia, y conforme me iba haciendo mayor comprendí que las instrucciones venían con esa voz. ¿Qué instrucciones eran esas? Nunca lamentar, y si queremos, ni siquiera casualmente, ni si queremos expresar la derrota que nos ataca a todos tiene que ser en los confines estrictos de la dignidad y de la belleza. Y por tanto ya había encontrado yo mi voz, pero no tenía el instrumento para expresarla, no tenía una canción.

Y ahora voy a contarles muy brevemente la historia de cómo conseguí mi canción. Porque era un guitarrista indiferente, yo aporreaba la guitarra, solo sabía unos cuantos acordes, me sentaba con mis amigos, mis colegas, bebíamos y cantábamos canciones, pero en mil años nunca me vi como un músico o como cantante. Pero un día, a principios de los 60, estaba de visita en casa de mi madre en Montreal, que está junto a un parque, y en el parque hay una pista de tenis, y allí va mucha gente a ver a los jóvenes jugadores de tenis disfrutando de su deporte.

Fui a ese parque que conocía de mi infancia y había un joven tocando una guitarra, una guitarra flamenca, y estaba rodeado de dos o tres chicas que estaban escuchándole, y me encantaba como tocaba. Había algo en su manera de tocar que me cautivaba, yo quería tocar así, y yo sabía que nunca sería capaz de tocar así. Así que me senté allí con otras personas que escuchaban durante un rato y luego se hizo un silencio, un silencio muy apropiado, le pregunté que si me daría clases de guitarra.

Era un joven de España, y solo podíamos entendernos en un poquito de francés, él no hablaba inglés, y dijo sí, te daré clases de guitarra; le dije: “vivo allí, en la casa de mi madre”, y quedamos, establecimos el precio de las clases, y vino a la casa de mi madre al día siguiente y dijo: “déjame oírte tocar algo”. Yo intenté tocar algo, y dijo: “no tienes ni idea de cómo tocar, ¿verdad?” Dije: “no, la verdad es que no sé tocar”.

En primer lugar, déjame que afine la guitarra, porque está desafinada”. Cogió la guitarra, la afinó, y dijo: “no es una mala guitarra” Eh, no era la Conde, pero no era una guitarra mala. Me la devolvió, y dijo: “ahora ponte a tocar”.

No sabía tocar mejor, la verdad. “Te voy a enseñar algunos acordes”. Y cogió la guitarra y produjo un sonido de la guitarra que yo evidentemente nunca había oído. Y tocó la secuencia de acordes, así, de manera rápida, y dijo: “ahora hazlo tú”. “Yo no sé hacerlo”, respondí. “A ver, déjame que use yo tus dedos y te digo cómo los tienes que poner”; y los puso en el mástil. “Y ahora toca”. Fue un desastre, evidentemente. “Vuelve mañana”, me dijo.

Volvió al día siguiente, me puso las manos en la guitarra, la puse en mi regazo, de manera adecuada, con la postura buena, y empecé otra vez, con todos esos seis acordes. Y la provisión de seis cuerdas, muchas canciones flamencas a base de esa provisión de seis acordes, y la verdad es que me sentía mejor ese día. Al tercer día mejoró la cosa. Pero ya sabía los acordes. Y sabía que aunque no podía coordinar los dedos adecuadamente para producir el sonido correcto, la pauta de sonido que él quería, pero sabía los acordes, los sabía muy muy bien. Al día siguiente no vino, no vino.

Yo tenía el número de la pensión en la que estaba quedándose en Montreal y llamé por teléfono para ver porqué no había venido a la cita y me dijeron que se había suicidado, que se había suicidado. Yo no sabía nada de este señor, no sabía de qué parte de España procedía, nada. Desconocía porqué había venido en concreto a la ciudad de Montreal, porqué se quedaba en Montreal en esos momentos, porqué estaba en esa pista de tenis, no tenía ni idea de por qué se había quitado la vida. Estaba muy triste, evidentemente. Pero ahora estoy contando algo que yo nunca había contado nunca en público.

Esos seis acordes. Esa pauta de sonido de la guitarra aquella ha sido la base de todas mis canciones, de toda mi música, y ahora podrán comenzar a entender las dimensiones de la gratitud que yo tengo por este país. Todo lo que han encontrado favorable en mi trabajo, en mi obra, viene de este lugar que les he contado.

Todo lo que ustedes encuentren favorable en mis canciones, en mi poesía están inspiradas por esta tierra, y por tanto les agradezco enormemente esta hospitalidad que me han mostrado y que han mostrado por mi obra, porque es suya, y me han permitido poner mi firma en el final de la última página.

Muchas gracias señoras y señores."

 

Discurso íntegro de Leonard Cohen

 

Viernes, a 3 de Junio de 2011

Por Fernando Navarro

La vida es caprichosa. Justo cuando Bob Dylan, el último músico en recibir el Premio Príncipe de Asturias de las Artes, andaba celebrando sus 70 años de vida, Leonard Cohen, tal vez el compositor que más se ha acercado a esa etiqueta de poeta tan apropiada para la obra de Dylan en la música anglosajona, y uno de los pocos que ha podido rivalizar con él en composiciones trascendentales, recibe este mismo galardón, en su sección de las Letras, que el año pasado recayó en el escritor libanés Amin Maalouf.

Aunque son artistas diferentes, con evoluciones distintas, existen paralelismos que no se pueden obviar entre Cohen y Dylan, y que sirven para situar al recién galardonado. En la cultura popular, ambos representan al cantautor cum-laude, al músico que sobrepasa la frontera de lo estrictamente musical para acampar con su obra en la literatura. Aunque mayor que Dylan, Cohen, de 77 años, empezó más tarde en el negocio que el cantante de Minnesota. Para cuando publicó su primer disco, “Songs of Leonard Cohen”, en 1967, Dylan había hecho la revolución en el pop-rock. Andaba alejado del ruido y el mundo, componiendo baladas de country y folk en Nashville, a su bola, como siempre. Cohen, por su parte, siempre fiel a su papel y lápiz, dejaba los escenarios de folk para pisar por primera vez un estudio de grabación. Iba de la mano del gran John Hammond, un cazatalentos sin igual en la música norteamericana, que años antes había hecho lo mismo con Dylan. Ambos debutaban en Columbia Records, una de las grandes compañías discográficas de EE UU.

Fue un bautizo musical sobresaliente. Pocos álbumes de debut han sido tan excepcionales como Songs of Leonard Cohen”, una obra maestra que ofrecía ya todas las claves que ilustran al nuevo Premio Príncipe de Asturias de las Letras. Aunque se reconocía escritor antes que cantante –había publicado poemas y libros-, Cohen estructuró un disco maravilloso, inolvidable, de arreglos sencillos y una magnética profundidad lírica. El cantante canadiense se erigía como un retratista del alma, planeando con ambición por un mundo dominado por el amor y el deseo. Bajo una resonancia similar al “Code of Silence Sounds of silence” de Simon & Garfunkel, publicado poco antes, “Songs of Leonard Cohen” se caracterizaba por su gran impacto emocional y psíquico. Aquellos susurros eran la desnudez de la vida en formato disco. Delicadeza como seña de identidad para la música de autor que ha representado siempre Cohen.

Con este premio, el valor de la música de autor como expresión artística vuelve adquirir relevancia, aunque habrán tenido en cuenta sus libros de poesía y novelas. Aún sin ser tan prolífico como Dylan u otros compañeros del gremio, Cohen es guardián de una labor creadora exquisita, donde se cosechan tesoros compositivos. Desde sus comienzos, el músico canadiense ha mostrado un asombroso talento y arrojo para cruzar música y literatura, una envidiable capacidad para crear poemas musicados o canciones con certeza poética. Hace años se supo que quedó enamorado de Federico García Lorca y fue parte del homenaje de Enrique Morente en el magnífico Omega.

De una pureza impura, canciones como “Suzanne”, “Hallelujah”, “The Stranger”, “Chelsea Hotel No. 2, “I’m your man”, “Sisters of Mercy” o “Avalanche” alcanzan un clímax místico difícil de encontrar en el trepidante y campechano mundo del rock y el pop. Nadie duda de la fuerza innata de su música pese a no necesitar de contundentes ropajes sonoros ni fuegos pirotécnicos. Con esa voz grave, que parece surgir del fondo de una caverna, la sensibilidad ha sido siempre el motor de su obra, y el rasgo fascinante de su cancionero. Como un caballero de la triste figura, con su sombrero y su flaqueza estilística, Cohen ha aportado sex-appeal al noble arte de componer canciones y cantarlas. Su monotonía vocal, muchas veces criticada y entendida como una especie de ser un anticantante, es vista por sus seguidores como un consuelo. Acuden a Cohen para curar las heridas o tener un hogar entre las ruinas de la vida. Como el farolero en la noche oscura, Cohen, íntimo y humano, ilumina el camino para los sinuosos trazos sentimentales del alma.

Los premios Príncipe de Asturias vuelven a reconocer el valor de la composición musical. Su trascendencia mucho más allá del hilo musical y el mero entretenimiento irrelevante y soez al que nos tienen abocados las radiofórmulas y el negocio dominado por los ejecutivos y especuladores del sonido. Allí donde no suena la música monótona del anticantante Leonard Cohen. Allí donde sus letras son literatura. Antes fue Dylan. Hoy es Cohen. Gana la música. Ganamos todos. Por una vez, aleluya, y enhorabuena al guardián Cohen.

 

Leonard Cohen – “Suzanne

 

Leonard Cohen- “Hallelujah

 

Leonard Cohen – “The Stranger Song

 

Leonard Cohen - "So Long, Marianne"

 

Leonard Cohen – “Avalanche

 

Leonard Cohen - “I'm Your Man

 

Leonard Cohen - "The partisan"

 

Leonard Cohen - "Sisters of Mercy"

 

Leonard Cohen - "Joan of Arc"

 

Leonard Cohen - "Take this waltz"

 

 

Miércoles, a 23 de Marzo de 2011

 

El grupo de culto del movimiento alternative-country-rock e indie, los Cowboy Junkies, formado por los hermanos Timmins (Margo, Michael y Peter) y Alan Anton, iniciaron su trayectoria profesional marcándose dos objetivos que jamás traicionaron:

- Perdurar en el tiempo: "Cuando empezamos, nuestro principal objetivo no era durar mucho como grupo, sino que durara nuestra música. Teníamos la esperanza de que nuestra sinceridad se contemplara a través de las canciones" (Michael Timmins).

- Y la calidad como objetivo: "Tal y como está montado el negocio musical hoy en día, preferimos apostar por un sello independiente. Las grandes multinacionales no están interesadas en las carreras de sus artistas. Ellos prefieren exprimir al máximo un grupo que vende millones de discos y luego olvidarse de él para sustituirlo por uno nuevo que venda más millones de discos" (Alan Anton).

Con esa filosofía, primar la calidad antes que la cantidad, difícilmente se obtienen grandes éxito de público o se entra a formar parte de las listas de éxitos de las emisoras de radio. Con esa sinceridad profesional, aplastante, inamovible, es complicado que muchos de vosotros sepáis de qué va su música, su propuesta sonora, su lírica sensibilidad. Así es complicado.

La calidad de los Cowboy Junkies sobresale sobre la mediocridad que inunda el panorama musical actual. Sus canciones, todas ellas, pueden ser escuchadas una y mil veces: cada nueva audición será una experiencia distinta y un placer para los sentidos.

Quién mejor expresó el nivel de compromiso que el grupo asumió con la calidad y el sentimiento, fue Margo, cuando dijo: “cada vez que entro en el escenario y canto mis canciones, no tengo que recordar las letras: salen solas de dentro de mí".

Y perdurarán. Quizá no para todos, pero sí para los que sepan “separar la paja del trigo”.

Una de las canciones más hermosas de los Cowboy Junkies es “River Waltz” (Vals del río), una deliciosa canción de amor y desesperación que pasó a formar parte de la banda sonora de la película de Léa Pool “Lost and delirious”.

Si quieres saber más de Cowboy Junkies, entra en el post que publiqué en febrero de 2009 y escucha su música en la Gramola.

Alfredo Webmaster

 

Cowboy Junkies - "River Waltz"

I'm going to find me a dying river

and strike a deal with her I'll say.

"I'll fold you in two and I'll carry you away

to a place where your headwaters will flow

clean through to your mouth".

in return I'll request a small sanctuary

by her banks where we will live

with our small family

she will water our garden

and clean the dirt from our skin.

While the word clamours at our door

we will dance and not let them in.

 

and if one day we wake up to a bed dry as a bone

find our river stolen, find our sanctuary gone

we will stand and take stock and be grateful

for what we've not lost.

we will pack up our bags, pack our small family

head across the valley to where the aspen trees

shiver as they ascend-

the green hills rising to blue.

at the edge of the shopping we will turn

and bid fond "adieu".

 

All that I know to be true

is the touch of your hand on my skin.

one look from you can so easily soothe

all this turmoil within.

as we dance cheek to cheek

with our feet so completely

locked in a time all our own.

I stop to speak

but you gently keep me

moving in time to the song.

and in a voice that is sloppy with gin

you say, "let the world spin".

 

I'm going to find me a dying river

and strike a deal with her I'll say,

Ï'll fold you in two

and I'll carry you away

to place where your headwaters will flow

clean through to your mouth".

in return I'll request a small sanctuary

by her banks where we will live

with our small family

she will water our garden

and clean the dirt from our skin.

while the world clamours at our door

we will dance and not let them in.

 

Viernes, a 18 de Marzo de 2011
 
... y si queréis saber más sobre Natalie Merchant, entrad en el post que escribí sobre ella pulsando aquí.
 
Alfredo Webmaster
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
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Jueves, a 13 de Enero de 2011

El día 10 de enero, en otro de sus patéticos y macabros comunicados, la banda de asesinos mafiosos (y encapuchados) de ETA anunciaba, como un gran paso en la ‘pacificación’ de España, el alto el fuego en sus acciones criminales.

Obviamente, como no es ni la primera ni la segunda vez que lo dicen, y lo incumplen, sus palabras fueron tomada a chirigota, a mera bravuconada de lo que son: esperpénticos representantes de lo más vil y rastrero del ser humano.

Algunas de las frases del comunicado sonaron a macabras expresiones de descerebrados y sanguinarios cobardes, de esos que sólo son valientes cuando asesinan con tiros a traición, siempre por la espalda.

Que estos ‘salvapatrias’ hayan sido los responsables de que hombres buenos, sinceros y valientes tuvieran que huir de la tierra en la que nacieron, es la demostración de una chulería arrogante de matón de taberna (o txoko).

Que estos fulanos hayan sido los responsables de que gentes como Imanol Larzabal Goñi “Imanol” tuviera que exilarse en otra parte de España, huyendo del norte al sur del país, es la mejor y más preclara demostración de la miseria moral de los nacionalismos excluyentes.

Por eso hoy, tres días después de que los asesinos de ETA volvieran a encapucharse como vulgares miembros de ese vulgar conglomerado de racistas que son el Ku Klux Klan, vuelvo a recordar la figura de Imanol, y lo presento ante vosotros como el justo y noble contrapunto a la miseria moral de los etarras.

Tres días después, Imanol aún sigue (en el recuerdo) vivo, y su canción "Ausencia" suena hermosa (y triste). Como su recuerdo.

Alfredo Webmaster

 

 

La vuelta atrás, al recuerdo de un valiente luchador que se fue demasiado pronto desde demasiado lejos, me llevó a escuchar de nuevo su canción más bella, más sentida, más sublime: “Ausencia”.

Imanol, nombre popular con el que se conoce a Imanol Larzabal Goñi, nació en San Sebastián (Guipúzcoa, País Vasco, España) en el año 1947. Después de pasar por ETA, de sufrir varios años de cárcel durante la dictadura de Franco, el exilio durante la dictadura, de haber militado en Unificación Comunista y de rondar el PSOE, en el año 2000 tuvo que huír del País Vasco después de casi cuatro años ininterrumpidos de amenazas, agresiones, atentados a sus propiedades, pintadas con su nombre escrito en dianas de tiro, suspensión arbitraria de conciertos, las cobardías de amigos y allegados que no supieron defenderle ni apoyarle, y el total y absoluto desprecio por parte del PNV y el resto de partidos nacionalistas, a raíz de su participación en el homenaje que se le hizo a Yoyes (Dolores Gonzalez Katarain, exdirigente de la organización terrorista ETA, a la que asesinaros sus propios compañeros por haber abandonado la lucha armada) en el año 1986.

Así era él, un vasco de pura cepa, enorme y campechano, un muchachón que jamás tuvo miedo ni reparo en defender sus ideales, primero contra el dictador Franco y después contra la barbarie de los encapuchados etarras que sólo saben usar el 9 × 19 mm Parabellum.

Pese a que su imagen y su lucha contra ETA y su entorno fue usado por algunos de forma indeseable (el PP y sectores radicales de víctimas del terrorismo) para “arrimar la ascua a su sardina”, a estas alturas de la vida ya sabemos distinguir las voces de los ecos… e Imanol era (es) una voz, quizá la más poderosa y valiente de todas las que salieron exiladas del País Vasco.

El 25 de junio de 2004, mientras preparaba un concierto-homenaje a los republicanos españoles en Orihuela (Alicante, España), homenaje del que tengo el CD y vídeo de las actuaciones (ya faltaba él…), sufrió repentinamente un derrame cerebral, muriendo a los dos días, el 26, lejos de su tierra, exilado dentro de su propia patria, lejos de sus raíces, olvidado por el mismo pueblo al que él tanto defendió.

De los silencios ignominiosos e inmorales de una parte de la sociedad vasca, sirva de ejemplo el texto que sobre este insigne cantautor publica la página web de un organismo público vasco (la Fundación de Eusko Ikaskuntza-Sociedad de Estudios Vascos) financiado con fondos públicos de todos, incluido yo (y tu, que lees este texto). Si lo queréis leer, entrad en la dirección: Euskomedia – Kultura Topagunea. Ahí podréis descubrir como después de hacer un recorrido por su vida resaltando, sobre todo, su actividad más nacionalista, los datos llegan justo hasta el año 1986, fecha en la que Imanol participó en el homenaje a Yoyes, la exterrorista arrepentida… y desde esa fecha hasta su muerte (18 años después), nada. Silencio. Ostracismo. Desprecio. Olvido vergonzoso. Miseria moral.

Obviamente, viendo como se comporta un organismo público vasco pagado con (mis) impuestos, una entidad que debería ser imparcial, neutral y defensora de todos por igual, incluidos los no nacionalistas, entiendo perfectamente que Imanol huyera: vivir así, sin libertad de pensamiento, es imposible vivir.

Su última obra, inacabada, iba a ser un disco de canciones de cuna en diversos idiomas, un reflejo de su cariz más humano y su bonhomía.

El vídeo es un montaje que incluye la hermosísima canción “Ausencia”, escrita a raíz del exilio de Imanol al huír del País Vasco (en el norte de España) a Alicante (en el sur de España), en el que la música va acompañada de las imágenes de uno de los pocos homenajes que le hicieron algunos amigos en San Sebastián (País Vasco, España), en el año 2008, ya muerto.

Siempre quedará en mi recuerdo su vozarrón insustituible e inolvidable.

Alfredo Webmaster

 

 

Ausencia”, música de Imanol y texto

del Soneto 61 de

Félix Lope de Vega y Carpio

Ir y quedarse, y con quedar partirse,

partir sin alma, e ir con alma ajena,

oír la dulce voz de una sirena

y no poder del árbol desasirse;

arder como la vela y consumirse,

haciendo torres sobre la tierna arena;

caer de un cielo, y ser demonio en pena,

y de serlo jamás arrepentirse;

hablar entre las mudas soledades,

pedir prestada sobre la fe paciencia,

y lo que es temporal llamar eterno;

creer sospechas o negar verdades,

es lo que llaman en el mundo ausencia,

fuego en el alma, y en la vida infierno.

 

 

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