Música y Vino

Puedo intentar ser sincero pero nunca seré imparcial…
Lunes, a 23 de Noviembre de 2009

Miguel Hernández leyendo poemas a los soldados republicanos

Miguel Hernández y Josefina, su esposa

 

De las canciones de mi juventud, la que más me entristecía, más me conmovía y al mismo tiempo, más me encolerizaba, era “La nana de las cebollas”, un poema de Miguel Hernández musicado por Alberto Cortez y Joan Manuel Serrat.

Cuando en el año 1939 al terminar la guerra de la traición, guerra en la que una parte de mis conciudadanos, los sediciosos, luchó y venció a la otra parte del país, a los que fueron leales al gobierno legalmente constituido de la República Española, los vencidos tuvieron que tomar una decisión trascendental: o huir fuera de España, como exilados, o quedarse en mí país y sufrir un largísimo período de vejaciones, humillaciones, abusos, robos y escarnios, cuando no la muerte, a manos de los fascistas seguidores del dictador Francisco Franco.

Entre esos que no huyeron estaba Miguel Hernández.

Su historia es el reflejo del mayor de los milagros del ser humano: el afán por superar las limitaciones de conocimiento.

Criado como cabrero, vivió como cabrero, pero tuvo la valentía de compaginar su batalla diaria para ganarse el pan, con otra lucha también sin cuartel: aprender, leer, estudiar. Gracias a esa enorme fuerza de voluntad, casi pudo terminar estudios de derecho y literatura.

Por ser como fue y luchar como luchó, siendo como era un simple cabrero, a Miguel Hernández se le conoció y conoce como “El poeta del pueblo”.

Desde el inicio de la guerra civil tomó partido por la República, luchando en los frentes de Teruel, Andalucía y Extremadura. En plena guerra, marzo de 1937, aprovechando unos días libres, se dirigió a Orihuela en donde residía Josefina Manresa, para casarse.

En diciembre de 1937 nació su primer hijo, Manuel Ramón, que muere a los pocos meses. En enero de 1939 nació el segundo, Manuel Miguel, para el que escribió esta nana maravillosa de la que hoy escribo.

Una vez terminada la guerra, a mediados del 39, Miguel Hernández es cogido preso y conducido por dos veces a prisión. En la primera ocasión consigue salir libre gracias a la ayuda de un buen amigo suyo, Pablo Neruda.

La segunda vez que lo cogen preso ya no se libra de la que sería su última morada: las celdas de las prisiones de Conde de Toreno (Madrid), Palencia, Ocaña (Toledo) y Alicante, donde muere de bronquitis, tifus y tuberculosis.

Los presos españoles, como Miguel Hernández, o mi padre durante un tiempo, sufrían una doble condena, a cual más dolorosa: la falta de libertad y el dolor de ver a las familias en la miseria.

Un día, estando en prisión, Miguel recibió una carta de su esposa Josefina, en donde le contaba el lamentable estamos en el que se encontraban ella y el hijo de ambos, al que sólo podía alimentar con pan y cebollas.

Él, encarcelado, sin juicio ni sentencia, en un estado físico lamentable, le envió a su mujer unas breves letras y a su hijo este poema maravilloso, la nana más hermosa y al mismo tiempo más terrible de la literatura universal:

Mi querida Josefina:

Estos días me los he pasado cavilando sobre tu situación, cada día más difícil. El olor de la cebolla que comes me llega hasta aquí y mi niño se sentirá indignado de mamar y sacar zumo de cebolla en vez de leche. Para que lo consueles, te mando estas coplillas que he hecho, ya que para mí no hay otro quehacer que escribiros a vosotros o desesperarme.

 

    Nana de las cebollas

 

    La cebolla es escarcha

    cerrada y pobre.

    Escarcha de tus días

    y de mis noches.

    Hambre y cebolla,

    hielo negro y escarcha

    grande y redonda.

    .

    En la cuna del hambre

    mi niño estaba.

    Con sangre de cebolla

    se amamantaba.

    Pero tu sangre,

    escarchada de azúcar,

    cebolla y hambre.

    .

    Una mujer morena

    resuelta en luna

    se derrama hilo a hilo

    sobre la cuna.

    Ríete, niño,

    que te traigo la luna

    cuando es preciso.

    .

    Alondra de mi casa,

    ríete mucho.

    Es tu risa en tus ojos

    la luz del mundo.

    Ríete tanto

    que mi alma al oírte

    bata el espacio.

    .

    Tu risa me hace libre,

    me pone alas.

    Soledades me quita,

    cárcel me arranca.

    Boca que vuela,

    corazón que en tus labios

    relampaguea.

    .

    Es tu risa la espada

    más victoriosa,

    vencedor de las flores

    y las alondras

    Rival del sol.

    Porvenir de mis huesos

    y de mi amor.

    .

    La carne aleteante,

    súbito el párpado,

    el vivir como nunca

    coloreado.

    ¡Cuánto jilguero

    se remonta, aletea,

    desde tu cuerpo!

    .

    Desperté de ser niño:

    nunca despiertes.

    Triste llevo la boca:

    ríete siempre.

    Siempre en la cuna,

    defendiendo la risa

    pluma por pluma.

    .

    Ser de vuelo tan alto,

    tan extendido,

    que tu carne es el cielo

    recién nacido.

    ¡Si yo pudiera

    remontarme al origen

    de tu carrera!

    .

    Al octavo mes ríes

    con cinco azahares.

    Con cinco diminutas

    ferocidades.

    Con cinco dientes

    como cinco jazmines

    adolescentes.

    .

    Frontera de los besos

    serán mañana,

    cuando en la dentadura

    sientas un arma.

    Sientas un fuego

    correr dientes abajo

    buscando el centro.

    .

    Vuela niño en la doble

    luna del pecho:

    él, triste de cebolla,

    tú, satisfecho.

    No te derrumbes.

    No sepas lo que pasa ni

    lo que ocurre.

 

Pablo Neruda dijo de este maravilloso ser humano, que también era poeta: “Recordar a Miguel Hernández que desapareció en la oscuridad y recordarlo a plena luz, es un deber de España, un deber de amor. Pocos poetas tan generosos y luminosos como el muchachón de Orihuela cuya estatua se levantará algún día entre los azahares de su dormida tierra. No tenía Miguel la luz cenital del Sur como los poetas rectilíneos de Andalucía sino una luz de tierra, de mañana pedregosa, luz espesa de panal despertando. Con esta materia dura como el oro, viva como la sangre, trazó su poesía duradera. ¡Y éste fue el hombre que aquel momento de España desterró a la sombra! ¡Nos toca ahora y siempre sacarlo de su cárcel mortal, iluminarlo con su valentía y su martirio, enseñarlo como ejemplo de corazón purísimo! ¡Darle la luz! ¡Dársela a golpes de recuerdo, a paletadas de claridad que lo revelen, arcángel de una gloria terrestre que cayó en la noche armado con la espada de la luz!

Joan Manuel Serrat, el más grande cantautor en lengua española, dedico muchas de sus canciones a este insigne poeta y luchador, al que admira (y admiramos), pero al que aun deberíamos admirar más.

Alfredo Webmaster

 

 

Domingo, a 22 de Noviembre de 2009

Anteayer me llegó un mensaje a mi teléfono. El texto era enigmático pero muy hermoso: “Pude haberle conocido paseando por el 'Jardín Botánico', tomando un té en el 'Café de la Ópera' con una novela de Javier Marías o en una proyección de 'Sostiene Pereira'. Pero no sé nada de él… Sólo que cuando le conozca, sentiré que la vida es bella y en colores”. El número desde el que me llegó el mensaje no estaba entre los grabados en mi agenda.

La verdad, me sorprendió.

Hoy me entró un e-mail que decía: “La búsqueda de ‘Cry Baby’ de Janis Joplin me condujo hasta su Web, no tenía el disco y en ese momento me apetecía escucharla. El mensaje que le dejé en el móvil es de un poema de mi poemario <Con un destino en el aire>”.

No conozco a la persona que me envió el correo, pero su poema me gustó y por eso lo publico.

Alfredo Webmaster

 

Introspecciones de otoño

 

A menudo aparece un vacío,

como si no tuviera fondo, no tuviera alma.

Es momento de lanzar las redes

que filtren lo mejor que me pueda dar la vida.

De encontrar al maestro, al amigo

y al amante que me complementen.

 

Sobre todas las demás voces,

es momento de seguir mi propia voz

en las infiltraciones de mi alma,

que mi conciencia no sea mi más íntimo enemigo.

 

Pude haberle conocido

paseando por el Jardín Botánico,

tomando un té en el Café de la Ópera

con una novela de Javier Marías

o en una proyección de Sostiene Pereira.

Pero no sé nada de él…

Sólo que cuando le conozca,

sentiré que la vida es bella y en colores.

 

Domingo, a 25 de Octubre de 2009

 

Hay libros de fotografía que nacen para permanecer abiertos sobre una mesa y que sean releídos por la mirada. Este es el caso del "Herbarium Amoris. La vida amorosa de las plantas", de Edvard Koinberg, que homenajea al botánico sueco Carl Linnaeus con sus fotorretratos de un centenar de plantas y flores.

La sexualidad de las formas del reino vegetal se muestra en estas instantáneas a color que antes de ser reunidas en este ejemplar exquisito, han sido expuestas en "60 lugares de 21 naciones", según indicó Koinberg desde su estudio en Estocolmo.

El elegante "Herbarium Amoris. La vida amorosa de las plantas" (Editorial Taschen) sigue la estructura del "Calendarium Florae" -calendario floral-, de Carl Linnaeus, en los que halló "conexión entre una vieja tradición de las ilustraciones de las plantas y una moderna tecnología", según afirmó el fotógrafo.

"Carl Linnaeus desarrolló un sistema que agrupaba las plantas según el momento de su florecimiento y las clasificaba según el número y la disposición de sus órganos sexuales, trazando paralelismos entre la sexualidad de las plantas y los seres humanos", lo cual suponía un planteamiento revolucionario en la sociedad del siglo XVIII.

De ahí que Koinberg ordenase en su "Herbarium Amoris. La vida amorosa de las plantas"  sus cerca de 250 fotos en doce capítulos que hacen honor al ciclo mensual y estacional de las plantas.

Su objetivo fue "hacer ilustraciones a la manera que era habitual en aquel siglo, pero con otra técnica", la fotográfica, usando tanto cámaras de gran formato analógicas como digitales en sus dos estudios, en Uppland y Estocolmo.

Este fotógrafo trabaja siguiendo los pasos de Carl Linnaeus (1707-1778), al igual que desempeñaban su labor los pintores holandeses de naturalezas muertas del siglo XVII y XVIII y "los retratistas suecos como Alexander Roslin", argumentó.

Fuera de la tradición pictórica noreuropea, Koinberg recalcó que su sensibilidad ha recibido cierta influencia del arte japonés y además reconoció que con la obra de la pintora estadounidense Georgia O'Keeffe mantiene "algunas similitudes y muchas diferencias también".

Pero la gracia pictórica en su obra destaca por el uso del fondo negro a modo de telón de la vieja escuela sobre el que hace posar a las plantas en su estudio.

Koinberg sitúa las flores y las plantas "como si fueran seres humanos con el fondo de negro u oscuro como era habitual" en el tiempo de Linnaesus, como una expresión de cómo la sexualidad de las plantas va a iluminar el lado oscuro del desconocimiento".

Esta edición del "Herbarium Amoris. La vida amorosa de las plantas" de Edvard Koinberg (Estocolmo, 1964) ha potenciado la gran carga estética de sus fotos a color en claroscuro gracias a la maquetación de las instantáneas a sangre.

La mayoría de esas imágenes "fueron tomadas entre 1999 y 2002" de flores que proceden del jardín de su residencia de verano en Uppland (Suecia) y teniendo en mente desde el inicio en que terminasen en un libro, explicó Koinberg.

Este artista no para de fotografiar plantas durante todo el año, aunque en la temporada invernal tiene que concentrarse en las plantas de esa estación o en las semillas.

De "fotógrafo sin educación botánica" se autocalificó Koinberg quien confesó que "no puede parar de añadir nuevas fotos" al "Herbarium Amoris. La vida amorosa de las plantas" pero que ha "cambiado el foco para encontrar nueva energía", porque todavía le fascina seguir las hazañas de Linnaesus "con un nuevo punto de vista".

Al principio del proyecto, Koinberg dijo que se le pasó por la cabeza fotografiar la obra compilada por Linnaesus -unas 20.000 plantas-, pero admitió que tuvo que "parar, porque es probablemente imposible de llevar a cabo en una vida".

"Linnaesus fue un estudioso fantástico. Pero contó con la ayuda de colegas de todo el mundo y envió a sus estudiantes en viajes para recopilar plantas para él".

Tan interesante resulta la vida de Carlos Linneo, que el "Herbarium Amoris. La vida amorosa de las plantas" ha sido prologado de lujo por el sueco Henning Mankell, uno de los mas destacados escritores actuales de novela negra, y por Tore Frängsmyr, autor de "Linnaeus: The Man and His Work".

 

Martes, a 11 de Agosto de 2009

España cañí, por Arturo Pérez-Reverte, publicado en XLSemanal, 09-08-09

Vamos a llamarlo, si les parece bien, hospital del Venerable Prepucio de San Agapito. O, si lo prefieren, de los Siete Dolores de Santa Genoveva. Para más datos, añadiremos que está situado en una ciudad del sur de España. Y el arriba firmante –yo mismo, vamos– camina por el pasillo de una de sus plantas después de haber conseguido, tras arduas gestiones, intensas sonrisas y mucho hágame el favor, permiso para visitar a un amigo internado de urgencia, al que sus innumerables pecados y vida golfa dejaron el hígado y otros órganos vitales en estado lamentable.

Voy por el pasillo, en fin, pensando en un informe publicado hace poco: uno de cada diez trabajadores de hospital español sufre agresiones físicas por parte de pacientes o sus familiares, y siete de cada diez son objeto de amenazas o insultos ante la pasividad de los seguratas correspondientes. Que con frecuencia, según las circunstancias, prefieren no complicarse la vida. Y no deja de tener su lógica. Una cosa es decir no alborote, señora, caballero, a un ama de casa de Reus o a un jubilado de Úbeda cabreados con o sin motivo, y otra diferente, más peliaguda, impedir que un musulmán entre a la fuerza con su legítima en el quirófano, decirle a un subsahariano negro de color que no es hora de visitas, o informar a cuatro miembros de la mara Salvatrucha que la puñalada que recibió su amigo Winston Sánchez no se la podrán coser hasta mañana. Ahí, a poco que falle el tacto, sales en los periódicos.

Pienso en eso, como digo, mientras busco la habitación B-37. En éstas llego a una sala de espera con los asientos y el suelo cubiertos de mantas, papeles, vasos de plástico y botellas de agua vacías; y cuando me dispongo a embocar el pasillo inmediato, dos gitanillos que se persiguen uno a otro impactan, sucesivamente, contra mis piernas. Me zafo como puedo, mientras creo recordar que en los hospitales están prohibidos los niños, sueltos o amarrados. Luego miro en torno y veo a una señora entrada en carnes, con una teta fuera y dándole de mamar a una rolliza criatura que sorbe con ansia de superviviente. Slurp, slurp, slurp. A ver dónde me he metido, pienso con el natural desconcierto. Entonces miro hacia el pasillo y me paro en seco.

Imaginen un pasillo de hospital de toda la vida. Y allí, arremolinada, una quincena de personas vociferantes: seis o siete varones adultos, otras tantas mujeres y algunos niños parecidos a los que acaban de dislocarme una rótula en la sala de espera. Sobre los mayores, para que ustedes se hagan idea, tecleas juntas en Google las palabras García Lorca, Guardia Civil, Heredias, Camborios, primo y prima, y salen sus fotos: patillas, sombreros, algún bastón con flecos, dientes de oro y anillos de lo mismo. Sólo les falta un Mercedes del año 74. Los jóvenes visten de oscuro y tienen un aire desgarrado y peligroso que te rilas, a medio camino entre Navajita Plateá y las Barranquillas. En cuanto a las Rosarios, sólo echas de menos claveles en los moños. Las jóvenes tienen cinturas estrechas, pelo largo, negrísimo, y ojos trágicos. Una lleva un niño en brazos. Todas van de negro, como de luto anticipado. Y en el centro del barullo, pegado a la pared, un médico vestido de médico. Acojonado.

«Ha matao ar papa, ha matao ar papa», gritan las mujeres, desgañitándose. Insultan y amenazan al médico los hombres, más sobrios y en su papel. «He dihe que ze moría y za muerto», dice uno de ellos, inapelable. «Te vi a rahá.» El médico, pálido, más blanco que su bata, la espalda contra la pared, balbucea explicaciones y excusas. Que si era muy viejo, que si aquello no tenía remedio. Que si la ciencia tiene sus límites, y tal. «Lo habei matao, criminá», vocifera otro, pasando mucho del discurso exculpatorio. Una de las Rosarios salta con extraño zapateado, agitándose la falda. «Er patriarca», se desmelena. «Er patriarca.» Lloran y gritan las otras, haciendo lo mismo. «Pinsharlo, pinsharlo», sugiere una de las jóvenes. «Que ha matao ar papa

Me quedo donde estoy, prudente. Mejor el médico que yo, pienso. Que cada cual enfrente su destino. Algunas cabezas de enfermos y visitantes asoman por las puertas de las habitaciones, contemplando el espectáculo con curiosidad. Miro alrededor, buscando una ruta de retirada idónea. Los dos gitanillos continúan persiguiéndose sobre las mantas y las botellas vacías, y el mamoncete sigue a lo suyo, pegado a la teta. Slurp, slurp. En la máquina del café, dos guardias de seguridad, vueltos de espaldas a lo que ocurre en el pasillo, parecen muy ocupados contando monedas y buscando la tecla adecuada para servirse un cortado. Me acerco a ellos. ¿Hay capuchino?, pregunto, metiendo un euro. Ellos mismos pulsan mi tecla, amables. Estamos los tres en silencio mientras sale el chorrito.

Lunes, a 30 de Marzo de 2009

Este fin de semana terminé de leer el libro de Julián Peiró: “La sra. Rius de moral distraída”, un libro/relato biográfico de Lydia Artigas, prostituta de profesión.

Me gustó. El libro.

La sra. Rius, nombre de batalla y de profesión de la sra. Artigas, empezó a ejercer la prostitución empujada por su madre, también meretriz, en la mejor casa de citas de Barcelona, cuando tenía 21 años. Ahora, con 70 años ya cumplidos, sigue dirigiendo la misma casa, en el mismo lugar de siempre y con idénticos números de teléfono.

Relata su vida con elegancia y con la pretensión de cambiar la mala prensa que se tiene de ellas, “las señoras que hacemos señores”, tal como define su actividad. "Hacer señores es importante -señala-, porque si nosotras no existiéramos las parejas vivirían muy mal. En casa se come bien, pero de vez en cuando hay que ir al restaurante".

Comienza su relato cuando, siendo aún una niña, se entrega por primera al señor que las mantiene a ella y a una madre disfuncional. Se da cuenta que sus mejores oportunidades están en el amor de pago y en la profesionalización, pese a que por las mañanas trabajaba en un despacho de aduanas. Aprende rápidamente a captar las necesidades sexuales de sus clientes y a hacer de esas necesidades un negocio.

Pronto, gracias a esa capacidad para saber qué desea cada cual, se establecerse por cuenta propia como madame. Se convierte en una madame diferente, con un sentido innato y peculiar de atención al cliente; hasta tal punto lo consigue, que muchos de ellos, clientes habituales de su casa, comparten el almuerzo que están cocinando.

Por un precio razonable, la sra Rius ofrece siempre las mejores chicas pero exige ser el mejor de los clientes. En su casa, bajo su dirección profesional y experimentada, nada ni nadie puede faltarles al respeto a sus trabajadoras, que se merecen el mejor trato como personas.

Es un libro que os sorprenderá: no busca justificación a su trabajo, sólo pretende desmontar la fama de sórdido, sucio y represivo que puede llegar a ser la prostitución femenina.

Leer este libro es como ver la serie  Los Soprano”: sabemos cómo son y a qué se dedican, pero les coges cariño. Su forma de entender vida te inquieta y no la compartes, pero te acaba gustando la forma tan directa y personal que tiene de ver la realidad.

Es un libro que se lee de un tirón, pero que no gustará a mucha gente; sus críticos dirán que sólo es el relato de una puta. Se equivoca, es el relato de una mujer que tuvo que luchar por se libre, y lo consiguió.

Por su casa de citas han pasado personajes como Salvador Dalí, Camilo José Cela, Orson Wells, Jean Paul Belmondo o el rey Faisal de Arabia Saudí.

La Sra Rius fue una tradición en la vida nocturna catalana, una seña de identidad tan importante como El Molino Rojo.

Afredo Webmaster

Domingo, a 29 de Marzo de 2009

Rosa Montero, para El País, 24-03-09


Uno de los enigmas de la historia del ser humano es saber por qué los mal llamados esquimales, un nombre ofensivo que significa ''comedores de carne cruda'' (ellos se llaman a sí mismos inuit, la gente), se quedaron a vivir en el ártico, la zona más inhabitable del planeta. Entiendo cómo pudieron llegar hasta allí: empujados por la necesidad, por la violencia, huyendo de pueblos más guerreros. Pero, ¿quedarse? ¿Perseverar en un desierto hiperbóreo sin nada más que un frío letal e infinitos hielos?

Ahora voy a hacer una cabriola metafórica. Comí el otro día con una amiga que, tras una vida amorosa un tanto agitada, lleva 20 años con el mismo hombre, y le pregunté por qué con éste sí se había quedado. No supo decirme. Y de pronto me puse a pensar en los inuits, y en que quizá la lenta, compleja y difícil construcción de una vida en pareja se parezca mucho a ese logro titánico esquimal que consiste en hacerse un hogar donde no hay nada. O peor, donde sí hay algo: vientos huracanados y tormentas colosales en el círculo polar, intereses divergentes y feroces broncas en las parejas.

Como en el caso de los inuits, está claro por qué llega uno a una historia amorosa: por necesidad de afecto, por soledad animal, por urgencia genética. Pero después hay que quedarse.

Para mantener una pareja, como es obvio, no hay que aguantarlo todo; pero desde luego siempre es necesario aguantar bastante. Tal vez por eso ahora haya tantas separaciones: porque nos flaquea la tenacidad.

¿Y por qué se queda uno? Puedes darte razones y hablar de los hijos, por ejemplo, pero en realidad esa perseverancia es un misterio. Y así van pasando los años y los enfados, los encuentros y los desencuentros, y de pronto un día descubres que habéis creado un espacio, un modesto y cálido refugio para dos, un iglú protector en el mar de los hielos.

Domingo, a 8 de Marzo de 2009

Luís Pastor (Berzocana, Cáceres, 9 de Junio de 1952) es uno de los pocos cantautores actuales que sigue ahí, en la brecha, sin desviarse ni un ápice en su lucha por un mundo mejor; y sigue ahí sin tener que prostituirse para obtener algún un éxito comercial.

Luís Pastor fue desde su juventud un luchador social, y aún lo sigue siendo; al ritmo que va, creo que morirá igual que vivió: en el frente, como un adelantado en tiempos sin adelantados.

A su actividad como músico une su infatigable defensa de la izquierda política española, siempre de la mano del PCE e IU en el ayuntamiento de Rivas Vaciamadrid (Madrid, España).

A su calidad como intérprete de guitarra y compositor de sonidos, Luís aúna su faceta de  poeta muy admirado por gentes de la valía de José Saramago, Félix de Azúa, Pere Gimferrer, Vicente Molina Foix, Ana María Moix, Leopoldo María Panero o Manuel Vázquez Montalbán.

De él y por el, hoy incluyo sus canciones en la Gramola. Las de hoy son todas del CD “Duos”, un disco del año 2006 en el que Luís Pastor se hace acompañar de otros cantantes y compositores que le ayudan en los temas, ya sea aportando sus voces o poniendo música a algunos de sus poemas.

Entre ese elenco de amigos que le acompañan podemos escuchar a Bebé, Luís Barbería, Pedro Guerra, Miguel Ríos, Dulce Pontes, Javier Álvarez, Bidinte, Joâo Afonso, Martirio, Leo Minax, Chico César o Lourdes Guerra.

De todas las canciones del CD hay una que me parece memorable, una canción que es un himno a la convivencia y al mestizaje: “En las fronteras del mundo”, un poema de Luís Pastor con música de Chico César que se usa como banda sonora del Foro Social Mundial de las Migraciones.

De esta canción, además de incluirla en la Gramola, también pongo un vídeo y su letra.

Sobre todo, escuchad con atención el texto que lee Luís Pastor al final de la canción, un alegato apasionado en contra de la globalización de la miseria y de la explotación de seres humanos.

Este es Luís Pastor… y así me gustaría que siguiera: siempre.

Alfredo Webmaster

 

Soy tú, soy él...

Y muchos que no conozco

En las fronteras del mundo

En el miedo de tus ojos

Abandonado a tu suerte

Y a la ambición de unos pocos

 

Soy tú, soy él...

Y muchos que aquí no llegan

Desperdigados del hambre

Despojados de la tierra

Olvidados del destino

Heridos de tantas guerras

 

Soy tú, soy él...

Nosotros y todos ellos

Esclavos del nuevo siglo

Obligados al destierro

Desterrados de la vida

Condenados al infierno

 

Soy tú, soy él...

Y una foto en la cartera

Donde te miran los ojos

De tres hijos y una abuela

Que esperan poder salvarse

Con el dinero que no llega

 

Soy tú, soy él...

Mano de obra barata

Sin contrato, sin papeles

Sin trabajo y sin casa

Ilegales sin derecho

O legales sin palabra

 

Soy tú, soy él...

En el nuevo paraíso

Horizonte de grandeza

De los que serán más ricos

Construyendo su fortuna

Con la sangre de tus hijos

 

Soy tú, soy él...

Acuarela de colores

Humano de muchas razas

Olor de muchos sabores

A las puertas del futuro

Que te niega sus favores.

Humano de muchas razas

Olor de muchos sabores

A las puertas del futuro

Que te niega sus favores.

 

Soy tú, soy él...

Soy tú, soy él...

Soy tú, soy él...

Y muchos que no conozco…

Y muchos que aquí no llegan…

Nosotros y todos ellos…

Mano de obra barata…

Y una foto en la cartera…

En el nuevo paraíso…

Acuarela de colores…

Soy tú, soy él…

Soy tú, soy él...

Soy tú, soy él...

Soy tú, soy él...

Soy tú, soy él...

¡En las fronteras del mundo!


¿Cómo funciona la Gramola?

El módulo de la Gramola está situado arriba, en la parte de la derecha de la página. En ese módulo tengo incluidas las canciones de los grupos musicales que deseo que conozcáis.

Podéis escuchar la música más cómodamente con las instrucciones que os doy a continuación:

- Lo primero, pulsad el botón extensible que está a la derecha en la parte alta de la Gramola, en el espacio en donde figuran los nombres de los grupos musicales.

- Al pulsar el botón aparecerá una lista de grupos: Arias de ópera, Cowboys Junkies, Eva Cassidy, Flamenco y jazz, Fabrizio de André… hasta llegar al final, a Salvador Bacarisse.

- Situad el ratón encima del cantante o grupo que deseáis oír; a continuación pulsad encima del nombre elegido.

- Una vez que esté pulsado el nombre, el navegador se actualizará automáticamente y la Gramola irá hasta llegar al cantante o grupo que habréis elegido.

- Y ahora viene lo más importante: pulsad en donde dice “Popup player”. Al hacerlo, se abrirá una pequeña ventana de navegador que os permitirá escuchar la música y al mismo tiempo seguir leyendo el blog de forma independiente.

- Obviamente, yendo de grupo en grupo podréis escuchar toda la música que os he ido seleccionado.

 

Domingo, a 1 de Marzo de 2009

A don Luís de Góngora y Argote, sacerdote, poeta y dramaturgo español del Siglo de Oro, se le conocen multitud de obras serias y formales, todas ellas incluidas en la corriente literaria llamada culteranismo o gongorismo. También fue famoso por su nunca oculta animadversión contra Francisco Gómez de Quevedo y Santibáñez Villegas (más conocido por Francisco de Quevedo), coetáneo suyo, autor literario muchísimo más abierto a los cambios del siglo que nacía y crítico despiadado de los poderosos de la época.

Entre las obras no firmadas por Góngora pero que se le atribuyen, está este poema de cargado erotismo que parodia a otro poema de texto muy casto (“Deciz, dama hermosa, que cosa y cosa”, en castellano antiguo de 1537).

Alfredo Webmaster

 

Decid qué es aquello tieso

con dos limones al cabo,

barbado a guisa de nabo,

blando y duro como hueso;

de corajudo y travieso

lloraba leche sabrosa:

¿qué es cosa y cosa?

 

¿Qué es aquello que se lanza

por las riberas del Júcar?

Parece caña de azúcar,

aunque da botes de lanza;

hiere, sin tomar venganza

de la parte querellosa;

¿qué es cosa y cosa?

 

Aquel ojal que está hecho

junto de Fuenterrabía,

digáisme, señora mía:

¿cómo es ancho siendo estrecho?

Y ¿por qué, mirando al techo,

es su fruta más sabrosa?

¿qué es cosa y cosa?

¿Por qué vuela pico a viento,

y sin comer hace papo?

¿Por qué, cuanto más le atapo,

más se abre de contento?

Y, si es tintero de asiento,

¿cómo bulle y no reposa?

¿qué es cosa y cosa?

Lunes, a 16 de Febrero de 2009

Entre la música compuesta en el siglo XX más reproducida y utilizadas en el cine o en anuncios publicitarios, la cantata escénica Carmina Burana (Canciones de Beuern – Códice Burana), del compositor y director alemán Carl Orff, se lleva la palma.

Orff compuso su obra basándose en textos escritos en los siglos XII y XIII, libros descubiertos en 1803 en la Abadía de Bura Sancti Benedicto (Benediktbeuern, Munich, Alemania).

Los 24 textos elegidos por Orff, entre los más de 300 que escribieron los goliardos en latín, alemán y francés medieval, tratan sobre el amor, los placeres terrenales, la bebida, el juego, el sexo, la llegada de la primavera y la condición humana. Además, también se satirizaba y se criticaba toda la sociedad en general, especialmente a las personas que ostentaban el poder.

La popularidad que alcanzó Carmina Burana obedece al uso deliberado de una técnica musical muy primitiva basada en el ritmo trepidante, muy simple en armonías, lo que hace que agrade de inmediato al oyente, asombrado por la profusa orquestación rica en percusiones.

El coro, normalmente de más de 50 voces, añade otro elemento de fascinación que hace más accesible la obra al oyente no habituado a las piezas corales.

Pese a que en esta obra no es necesario conocer el texto de las canciones para disfrutar de la grandeza musical, contar con el libreto con los poemas en latín y traducidos, nos permite disfrutar de la gran riqueza literaria que representa pasar de versos profanos a sublimes, de humorísticos a grotescos, o deleitarnos con las más dulces expresiones del amor platónico o carnal.

La música de la cantata fue utilizada en la banda sonora de películas como Excalibur, The Doors, El exorcista o Natural born killers.

El fragmento más popular, que seguro que todos habéis oído en alguna ocasión, se llama “O Fortuna, Imperatirx Mundi” (Oh, fortuna, emperatriz del mundo); trata sobre lo voluble es la fortuna: a veces nos sirve de celestina y nos regala riquezas materiales o espirituales, pero en otras ocasiones (la mayoría) nos castiga de forma inmisericorde.

Esta furcia ingrata, como define Carl Orff a la fortuna, suele ser especialmente injusta con los más desprotegidos; como dijo William Shakespeare en “El Rey Lear”: “Fortuna, gran ramera, con pobres no se esmera”.

El primer vídeo que acompaña la anotación de hoy corresponde a la interpretación que hace de llama “O Fortuna, Imperatirx Mundi” la Orquesta Filarmónica de Berlín, con la batuta de Seiji Ozawa.

El segundo vídeo es un trozo de la película Excalibur (1981), de John Boorman. La música se escuchar a partir del segundo 25.

Alfredo Webmaster

 

 

 

Texto en latín

O Fortuna

velut luna

statu variabilis,

semper crescis

aut decrescis;

vita detestabilis

nunc obdurat

et tunc curat

ludo mentis aciem,

egestatem,

potestatem

dissolvit ut glaciem.

Sors immanis

et inanis,

rota tu volubilis,

status malus,

vana salus

semper dissolubilis,

obumbrata

et velata

michi quoque niteris;

nunc per ludum

dorsum nudum

fero tui sceleris.

Sors salutis

et virtutis

michi nunc contraria,

est affectus

et defectus

semper in angaria.

Hac in hora

sine mora

corde pulsum tangite;

quod per sortem

sternit fortem,

mecum omnes plangite!

 

Texto en español

Oh, Fortuna,

como la luna

de condición variable,

siempre creces

o decreces.

La detestable vida

primero embota

y después estimula,

como juego, la agudeza de la mente.

La pobreza y

el poder

 los disuelve como al hielo.

Suerte cruel

e inútil,

tú eres una rueda voluble

de mala condición;

vana salud,

siempre disoluble,

cubierta de sombras

y velada

brillas también para mí;

ahora, por el juego

de tu maldad,

llevo la espalda desnuda.

La suerte de la salud

y de la virtud

ahora me es contraria;

los afectos

y las carencias

vienen siempre como cosa impuesta.

En esta hora,

sin demora,

impulsad los latidos del corazón,

el cual, por azar,

hace caer al fuerte;

¡llorad todos conmigo!

 

Viernes, a 13 de Febrero de 2009

Por su interés y actualidad, incluyo en el blog la entrevista que le realizaron Á. Munárriz y F. Vicente al escritor y economista José Luís Sampedro.

Su éxito novelístico, sobre todo con su obra “La sonrisa etrusca”, explica sólo en parte que la faceta de economista de José Luis Sampedro (Barcelona, 1 de febrero de 1917) haya quedado ensombrecida.

El principal motivo, opina el propio Sampedro, es que el sistema económico actual oculta las teorías que pregonan la decadencia del capitalismo. Y Sampedro lleva más de 60 años proclamándolo desde la incómoda óptica del marxismo, desoyendo los cantos de sirena del "fin de la historia" anunciado por Fukuyama o anteriores apóstoles del libre mercado.

Su esposa, Olga Lucas, y el rector de la Universidad Complutense, Carlos Berzosa, han reunido en “Economía humanista. Algo más que cifras” (Editorial Debate) una muestra representativa de sus textos económicos, escritos sobre todo en los años sesenta y setenta.

Sampedro presentó ayer el libro en Sevilla tras desplazarse desde la Costa del Sol, donde reside en invierno. "Antes estábamos en Canarias, pero los aeropuertos están imposibles. Eso de quitarse el cinturón le parecía humillante", cuenta Olga. El autor de “El amante lesbiano” se muestra tan lúcido (cada día se las ve con el sudoku del periódico Público) como locuaz, pero la edad obliga a una entrevista breve. Sampedro, en el apresurado cierre de la charla, remite a los periodistas a un ensayo cuyo título resumiría casi todo su discurso: “La decadencia de Occidente”; ¡Cómo acertó Spengler!, exclama.


Entrevista

Pregunta. Ahora que ha releído sus textos de hace tres y cuatro décadas, ¿mantiene sus mismas posiciones?

Respuesta. En general sí, lo que no quiere decir que acertase. Aunque creo que en general acerté y de todas maneras no rectifico, porque era sincero. Yo he figurado más como escritor porque he tenido suerte escribiendo. Pero sobre todo por una razón: los que pensaban como yo teníamos menos prensa.

¿Y qué pensaba usted?

Hay unos economistas que se dedican a hacer más ricos a los ricos, y otros, a hacer menos pobres a los pobres. Yo he defendido siempre la necesidad de controlar el mercado. Claro, así no he tenido una plataforma, sobre todo tras el 68, cuando se asustó la derecha y llegaron Thatcher, Reagan...

Hay un ejemplo de economista con plataforma, el premio Nobel Milton Friedman, y otro sin ella, John Kenneth Galbraith...

Los dos murieron en 2006. Yo era de Galbraith y el que tenía la prensa era Friedman, y también el que orientó a Pinochet.

Friedman, un auténtico gurú para los neocon.

Para mí los neos, sean catecúmenos o liberales, no son nuevos. Cuando a una cosa hay que ponerle el prefijo neo es que no lo es. Cuando uno es nuevo no hay necesidad de decir: ¡oiga, que yo soy nuevo! Simplemente la gente dirá: a usted no le había visto nunca.

¿Sigue definiéndose como socialista ahora que...?

Sí, sí.

¿Como socialista marxista?

Es que hay que entender lo que es el socialismo. El socialismo defendía la propiedad pública de los medios de producción, y de esto que no hablen los que se llaman socialistas ahora. De estos yo no soy. No, no...

¿Sigue siendo socialista clásico pese a lo que pasó en el bloque soviético?

Es que tampoco era eso. En el fondo era capitalismo de Estado. Si por socialismo se entiende la propiedad pública y la dirección pública, auténticamente pública, que es la verdadera democracia, entonces soy socialista. Claro que el socialismo de verdad, que yo sepa, no se ha aplicado nunca.

¿Y considera que tiene posibilidades de abrirse camino ahora?

Sí, creo que sí. Lo que pasa es que estamos primitivamente educados. Es muy rudimentaria la situación de la humanidad... Nos movemos por la racionalidad en cuanto a los modos de operar, pero en los fundamentos es todo visceral.

¿Por ejemplo?

Cuando se reelige a Bush, o cuando se vota a Berlusconi.

¿Y qué opina de Obama?

Pues yo estoy encantado, sí, pero tampoco me hago excesivas ilusiones. Para nada. Y fíjese usted, lo tratan como si hubiese descendido el Mesías.

¿Cree que ahora el boom demográfico, sumado a la degradación del medio ambiente y la progresiva escasez de recursos, puede llevar a la revolución?

El desarrollo sostenible del que hablan es insostenible. La población mundial se ha triplicado desde 1900 hasta hoy y, desde luego, la capacidad de regeneración del planeta no se ha triplicado. Eso no se puede mantener. Imposible.

O sea, que cree que habrá una revolución.

Claro. Una cosa que cito yo mucho de Marx es aquello de que el capitalismo convierte todo en mercancía, esa es la verdad del asunto. No sé cuánto tiempo durará el sistema, pero creo que está agotado.

¿En qué consiste la decadencia que usted le atribuye al sistema?

El primer artículo de este libro lo publiqué en 1947 en Inglaterra. Yo era un pipiolo que acababa de terminar la carrera, pero haciendo un estudio sobre las consecuencias de la crisis mundial en las áreas retrasadas en los años 30, vi que el Estado financiaba, ayudaba y subvencionaba a los obreros en paro. Les buscaba trabajo y escuelas para sus hijos. Había posibilidades de redistribución de la gente. ¡Pero la gente se resistía a moverse! En cambio, cuando empezó la Revolución Industrial los obreros iban de los campos a las fábricas de las ciudades. Tenían un espíritu de aventura que un siglo después sus nietos no tenían. Es lo que pasa con el capitalismo.

¿En qué sentido?

Ahora hay miedo. En el siglo XVI, Europa era un volcán de iniciativas. Misioneros, guerreros y labradores se embarcaban a lo desconocido. Y en el terreno intelectual empezaba el humanismo, la imprenta. Ahora, en el país más importante del mundo, el más fuerte y poderoso, Estados Unidos, la gente tiene miedo. Auténtico miedo.

¿Porque tienen propiedad?

Y también porque han perdido por completo el espíritu de aventura.

Hemos cedido libertad a cambio de seguridad...

¡Pero es una seguridad ilusoria que, además, no satisface! Continuamente buscamos mecanismos para vigilar, desnudando a la gente que va en el avión y cosas así. ¿Para qué? Ahora dicen que Obama... Ojalá haga algo, pero no sé yo...

¿Confía en las medidas para salir de la crisis?

En el mejor de los casos, volverán a dejar las cosas como estaban en lo monetario pero con una degradación de la economía real, del medio ambiente y de la producción.

¿El sistema en su conjunto quedará desacreditado?

Hay una cosa que me preocupa: hasta qué punto se están destruyendo valores básicos. No hablo ya de derechos humanos, sino de la justicia, la dignidad, la libertad, que son constitutivas de la civilización. La barbarie es atacar los valores de la civilización.

¿Vivimos ahora en una época de barbarie?

Para mí es una época paralela al derrumbamiento del Imperio romano. Se acabó el Imperio y empezó la barbarie. Lo de Gaza es barbarie, los campos de Hitler y Stalin fueron barbarie, el ataque a Irak es barbarie. Estamos destruyendo el sentido de la justicia. Creo que entramos en una etapa de barbarie que obliga a reconstruir el sistema. Porque el capitalismo no es que sea malo, es que está agotado ya. En el siglo XV era impulsor, constructivo. Ahora está agotado. ¿Cuáles son los planes? Más de lo mismo. Decir que dentro de 15 años acabará la pobreza y repetirlo 15 años después.

¿Y qué esperanza ve?

Creo que la ciencia. Ahora el capitalismo se desmorona, porque la muerte es el precio de la vida. Las sociedades son seres vivos, se descomponen. Las diferentes subestructuras básicas no funcionan a la vez. Hay anacronismos, distonías. Salvo en la ciencia.

¿Qué anacronismos?

La Iglesia está plantada en el siglo XVI. La economía actual se basa en el axioma de que el mercado, con su famosa mano invisible, consigue que la suma de los egoísmos lleve al bien común. ¡Mentira! Pero todo se monta sobre esos supuestos básicos del siglo XVIII. La política, tras montar la representación parlamentaria a raíz de la Revolución Francesa, está viciada. Mandan unas oligarquías que controlan la creación de opinión. Lo único que avanza es la ciencia, que sigue aportando conocimientos del espacio, materiales y recursos de comunicación, de informática, de genética, de nanotecnia. Cuando pienso en la diferencia entre el mundo en que yo nací y este, imagino lo que vivirán los jóvenes y...

¿La barbarie que pronostica puede adoptar la forma de nuevos autoritarismos?

Sí, pero también puede ser una sociedad de insectos, con clases. Piense en la brecha digital que se está abriendo. Podría gobernar una élite que crease una situación de simulación de libertad, ofreciendo determinados atractivos. Pero la libertad es como una cometa. Vuela porque está atada y la cuerda es la responsabilidad.

Señor Sampedro, ¿qué diría a quien piense que es usted uno de esos intelectuales que, ya veteranos, terminan diciendo que todo va ahora peor que antes?

Yo no digo que lo pasado sea lo mejor. Digo que el capitalismo en su momento fue naciente, pero ahora es insostenible. La mejor definición de su decadencia la dio Bush. Dijo: "He suspendido las reglas del mercado para salvar al mercado". Es decir, el mercado es incompatible con sus propias reglas.

Domingo, a 25 de Enero de 2009

Clinton Richard Dawkins es un reconocidísimo científico británico, etólogo, biólogo, teórico evolutivo y escritor de divulgación científica. Además de eso, es ateo, humanista, escéptico y un importante miembro del Movimiento Bright.

Nació en Nairobi, Kenya, en 1941 y se educó en la Universidad de Oxford. Comenzó su carrera como investigador en los años 60, estudiando bajo la dirección del etólogo Nico Tinbergen, ganador del premio Nóbel. Desde entonces su trabajo ha girado en torno a la evolución del comportamiento humano. Ha obtenido las cátedras Gifford de la Universidad de Glasgow y la Sidwich del Newham College de Cambridge. Además ha sido profesor de zoología de las universidades de Oxford y California, ha presentado programas de la BBC y dirigido varias publicaciones científicas. En 1995 se convirtió en el primer titular de la recién creada cátedra Charles Simony de Divulgación Científica en la Universidad de Oxford.

Es autor de obras muy leídas como “El gen egoísta” (1976), “El fenotipo extendido” (1982), “El relojero ciego” (1986), “River Out of Eden” (1995), “Escalando el monte improbable” (1996), “Destejiendo el arco iris” (1998), “La máquina de memes” (2000) y “El espejismo de Dios” (2007), entre otros.

Se trata, por tanto, de uno de lo intelectuales en lengua inglesa más influyentes del mundo.

Si a Thomas Huxley se le conocía como el “bulldog de Darwin”, Richard Dawkins se ha ganado el apelativo del “rottweiler de Darwin”.

Pese a que mi familia, mi padre, mi madre, mi abuela, fueron siempre unos fervientes cristianos, yo nunca sentí, como se suele decir en el argor evangélico, la “llamada” del Señor.

Desde pequeñito veía como extrañas todas esas creencias basadas en la fe en algo inexplicable y en la lectura de unos textos que tuve que releer varias veces para entenderlos (cada vez menos).

Producto de ese pasado religioso familiar, en más de una ocasión he tenido conversaciones un tanto inútiles con cristinos fundamentalistas. Siempre trato de respetar las creencias de cada cual, hasta que no me queda más remedio que decir ¡Basta!

Hace no mucho, este verano pasado, un miembro (externo) de mi familia comentó con suma alegría que en Yanquilandia los grupos religiosos habían conseguido la equiparación de la teoría del “diseño inteligente” con la teoría de la “evolución”. Para esa persona, la equiparación al mismo nivel de esas dos teorías había sido un éxito de incalculables consecuencias para el afianzamiento de la fe, de la educación cristiana y todo lo que eso lleva aparejado (no al aborto, no a la experimentación con células madre, no a la libertad religiosa, no a la equiparación de los derechos entres heterosexuales y homosexuales, no a la enseñanza unificada de niños y niñas, etc., etc., etc.).

Que se equipare al mismo nivel una y otra teoría, que se pase por el forro de los “congojos” las mediciones científicas de los tiempos y la evolución de las especies, me parece de una gravedad superlativa y una descabellada vuelta al oscurantismo del medievo.

Que personas a las que considero sumamente inteligentes, como el cónyuge de ese familiar, renuncien al sentido crítico por una creencia fundamentalista y retrógrada, además de ser algo totalmente anticientífico, hizo que la conversación terminara como el rosario de la aurora.

Afortunadamente, sin más consecuencias que saber de qué temas es mejor no hablar en las reuniones familiares.

Supongo que la próxima vez llegaremos a mejores acuerdos si hablamos sobre el calamitoso estado actual del Real Madrid.

Como corolario de todo esto, me gustaría terminar mi entrada de hoy con una pregunta retórica que se hace Richard Dawkins: "¿Es ésta una de esas cosas que la gente suele creer basándose en evidencias científicas o es una de esas otras cosas que la gente cree por la tradición, autoridad o revelación?" Y la próxima vez que alguien te diga que una cosa es verdad, prueba a preguntarle “¿Qué pruebas existen de ello?” Y si no pueden darte una respuesta, espero que te lo pienses muy bien antes de creer una sola palabra de lo que te digan.

Os preguntaréis, ¿A cuento de qué viene esta introducción de Alfredo?

Muy sencillo: mi hija Ana me habló hoy de la carta que le dirigió Richard Dawkins a su hija Juliet, de 10 años. Tengo que reconocer que no conocía el texto… y me duele aceptarlo.

Se trata de un documento muy hermoso, incluso cariñoso, apasionadamente crítico, pero sin perder de vista la teoría de la evolución y el “egoísmo” de nuestros genes.

Os recomiendo encarecidamente que la leáis con calma, tratando de analizar todo lo que Richard Dawkins le dice a su hija en un tono didáctico a la vez que científico. A algunos de vosotros os abrirá los ojos sobre el significado real de la religión y las creencias en los distintos Dios de este mundo.

Alfredo Webmaster

 


 

Querida Juliet:

Ahora que has cumplido 10 años, quiero escribirte acerca de una cosa que para mí es muy importante. ¿Alguna vez te has preguntado cómo sabemos las cosas que sabemos? ¿Cómo sabemos, por ejemplo, que las estrellas que parecen pequeños alfilerazos en el cielo, son en realidad gigantescas bolas de fuego como el Sol, pero que están muy lejanas? ¿Y cómo sabemos que la Tierra es una bola más pequeña, que gira alrededor de esas estrellas, el Sol?

La respuesta a esas preguntas es “por la evidencia”. A veces, “evidencia” significa literalmente ver (u oír, palpar, oler) que una cosa es cierta. Los astronautas se han alejado de la Tierra lo suficiente como para ver con sus propios ojos que es redonda. Otras veces, nuestros ojos necesitan ayuda. El “lucero del alba” parece un brillante centelleo en el cielo, pero con un telescopio podemos ver que se trata de una hermosa esfera: el planeta que llamamos Venus. Lo que aprendemos viéndolo directamente (u oyéndolo, palpándolo, etc.) se llama “observación”.

Muchas veces, la evidencia no sólo es pura observación, pero siempre se basa en la observación. Cuando se ha cometido un asesinato, es corriente que nadie lo haya observado (excepto el asesino y la persona asesinada). Pero los investigadores pueden reunir otras muchas observaciones, que en un conjunto señalen a un sospechoso concreto. Si las huellas dactilares de una persona coinciden con las encontradas en el puñal, eso demuestra que dicha persona lo tocó. No demuestra que cometiera el asesinato, pero además pueda ayudar a demostrarlo si existen otras muchas evidencias que apunten a la misma persona. A veces, un detective se pone a pensar en un montón de observaciones y de repente se da cuenta que todas encajan en su sitio y cobran sentido si suponemos que fue Fulano el que cometió el asesinato.

Los científicos -especialistas en descubrir lo que es cierto en el mundo y el Universo- trabajan muchas veces como detectives. Hacen una suposición (ellos la llaman hipótesis) de lo que podría ser cierto. Y a continuación se dicen: si esto fuera verdaderamente así, deberíamos observar tal y cual cosa. A esto se llama predicción. Por ejemplo si el mundo fuera verdaderamente redondo, podríamos predecir que un viajero que avance siempre en la misma dirección acabará por llegar a mismo punto del que partió. Cuando el médico dice que tienes sarampión, no es que te haya mirado y haya visto el sarampión. Su primera mirada le proporciona una hipótesis: podrías tener sarampión. Entonces, va y se dice: “Si de verdad tiene el sarampión, debería ver….” y empieza a repasar toda su lista de predicciones, comprobándolas con los ojos (¿tienes manchas?), con las manos (¿tienes caliente la frente?) y con los oídos (¿te suena el pecho como suena cuando se tiene el sarampión?). Sólo entonces se decide a declarar “Diagnóstico que la niña tiene sarampión”. A veces, los médicos necesitan realizar otras pruebas, como análisis de sangre o rayos x, para complementar las observaciones hechas con sus ojos, manos y oídos.

La manera en que los científicos utilizan la evidencia para aprender cosas del mundo es tan ingeniosa y complicada que no te la puedo explicar en una carta tan breve. Pero dejemos por ahora la evidencia, que es una buena razón para creer algo, porque quiero advertirte en contra de tres malas razones para creer cualquier cosa: se llaman “tradición”, “autoridad” y “revelación”.

Empecemos por la tradición. Hace unos meses estuve en televisión, charlando con unos 50 niños. Estos niños invitados habían sido educados en diferentes religiones: había cristianos, judíos, musulmanes, hindúes, sijs… El presentador iba con el micrófono de niño en niño, preguntándoles lo que creían. Lo que los niños decían demuestra exactamente lo que yo entiendo por “tradición”. Sus creencias no tenían nada que ver con la evidencia. Se limitaban a repetir las creencias de sus padres y de sus abuelos, que tampoco estaban basadas en ninguna evidencia. Decían cosas como “los hindúes creemos tal y cual cosa”, “los musulmanes creemos esto y lo otro”, “los cristianos creemos otra cosa diferente”.

Como es lógico, dado que cada uno creía cosas diferentes, era imposible que todos tuvieran razón. Por lo visto, al hombre del micrófono esto le parecía muy bien, y ni siquiera los animó a discutir sus diferencias. Pero no es esto lo que me interesa de momento. Lo que quiero es preguntar de dónde habían salido sus creencias. Habían salido de la tradición. La tradición es la transmisión de creencias de los abuelos a los padres, de los padres a los hijos, y así sucesivamente. O mediante libros que se siguen leyendo durante siglos. Muchas veces, las creencias tradicionales se originan casi de la nada: es posible que alguien las inventara en algún momento, como tuvo que ocurrir con las ideas de Thor y Zeus; pero cuando se han transmitido durante unos cuantos siglos, el hecho mismo de que sean muy antiguas las convierte en especiales. La gente cree ciertas cosas sólo porque mucha gente ha creído lo mismo durante siglos. Eso es la tradición.

El problema con la tradición es que, por muy antigua que sea una historia, es igual de cierta o de falsa que cuando se inventó la idea original. Si te inventas una historia que no es verdad, no se hará más verdadera porque se trasmita durante siglos, por muchos siglos que sean.

En Inglaterra, gran parte de la población ha sido bautizada en la Iglesia Anglicana, que no es más que una de las muchas ramas de la religión cristiana. Existen otras ramas, como la ortodoxa rusa, la católica romana y la metodista. Cada una cree cosas diferentes. La religión judía y la musulmana son un poco más diferentes, y también existen varias clases distintas de judíos y de musulmanes. La gente que cree una cosa está dispuesta a hacer la guerra contra los que creen cosas ligeramente distintas, de manera que se podrá pensar que tienen muy buenas razones -evidencias- para creer lo que creen. Pero lo cierto es que sus diferentes creencias se deben únicamente a diferentes tradiciones.

Vamos a hablar de una tradición concreta. Los católicos creen que María, la madre de Jesús, era tan especial que no murió, sino que fue elevada al cielo con su cuerpo físico. Otras tradiciones cristianas discrepan, diciendo que María murió como cualquier otra persona. Estas otras religiones no hablan mucho de María, ni la llaman “Reina del cielo”, como hacen los católicos. La tradición que afirma que el cuerpo de María fue elevado al cielo no es muy antigua. La Biblia no dice nada de cómo o cuándo murió; de hecho, a la pobre mujer apenas se la menciona en la Biblia. Lo de que su cuerpo fue elevado a los cielos no se inventó hasta unos seis siglos después de Cristo. Al principio, no era más que un cuento inventado, como Blancanieves o cualquier otro. Pero con el paso de los siglos se fue convirtiendo en una tradición y la gente empezó a tomársela en serio, sólo porque la historia se había ido transmitiendo a lo largo de muchas generaciones. Cuanto más antigua es una tradición, más en serio se la toma la gente. Y por fin, en tiempos muy recientes, se declaró que era una creencia oficial de la Iglesia Católica: esto ocurrió en 1950, cuando yo tenía la edad que tienes tú ahora. Pero la historia no era más verídica en 1950 que cuando se inventó por primera vez, seiscientos años después de la muerte de María.

Al final de esta carta volveré a hablar de la tradición, para considerarla de una manera diferente. Pero antes tengo que hablarte de las otras dos malas razones para creer una cosa: la autoridad y la revelación.

La autoridad, como razón para creer algo, significa que hay que creer en ello porque alguien importante te dice que lo creas. En la Iglesia Católica, por ejemplo, la persona más importante es el Papa, y la gente cree que tiene que tener razón sólo porque es el Papa. En una de las ramas de la religión musulmana, las personas más importantes son unos ancianos barbudos llamados ayatolás. En nuestro país hay muchos musulmanes dispuestos a cometer asesinatos sólo porque los ayatolás de un país lejano les dicen que lo hagan.

Cuando te decía que en 1950 se dijo por fin a los católicos que tenían que creer en la asunción a los cielos del cuerpo de María, lo que quería decir es que en 1950 el Papa les dijo que tenían que creer en ello. Con eso bastaba. ¡El Papa decía que era verdad, luego tenía que ser verdad! Ahora bien, lo más probable es que, de todo lo que dijo el Papa a lo largo de su vida, algunas cosas fueron ciertas y otras no fueron ciertas. No existe ninguna razón válida para creer que todo lo que diga sólo porque es el Papa, del mismo modo que no tienes por qué creer todo lo que te diga cualquier otra persona. El Papa actual ha ordenado a sus seguidores que no limiten el número de sus hijos. Si la gente sigue su autoridad tan ciegamente como a él le gustaría, el resultado sería terrible: hambre, enfermedades y guerras provocadas por la sobrepoblación.

Por supuesto, también en la ciencia ocurre a veces que no hemos visto personalmente la evidencia, y tenemos que aceptar la palabra de alguien. Por ejemplo, yo no he visto con mis propios ojos ninguna prueba de que la luz avance a una velocidad de 300.000 kilómetros por segundo, sin embargo, creo en los libros que me dicen la velocidad de la luz. Esto podría parecer “autoridad” pero en realidad es mucho mejor que la autoridad, porque la gente que escribió esos libros sí que había observado la evidencia, y cualquiera puede comprobar dicha evidencia siempre que lo desee. Esto resulta muy reconfortante. Pero ni siquiera los sacerdotes se atreven a decir que exista alguna evidencia de su historia acerca de la subida a los cielos del cuerpo de María.

La tercera mala razón para creer en las cosas se llama “revelación”. Si en 1950 le hubieras podido preguntar al Papa cómo sabía que el cuerpo de María había ascendido al cielo, lo más probable es que te hubiera respondido que “se le había revelado”. Lo que hizo fue encerrarse en su habitación y rezar pidiendo orientación. Había pensado y pensado, siempre solo, y cada vez se sentía más convencido. Cuando las personas religiosas tienen la sensación interior de que una cosa es cierta, aunque no exista ninguna evidencia de que sea así, llaman a esa sensación “revelación”. No sólo los Papas aseguran tener revelaciones. Las tienen montones de personas de todas las religiones, y es una de las principales razones por las que creen las cosas que creen. Pero ¿es una buena razón?

Supón que te digo que tu perro ha muerto. Te pondrías muy triste y probablemente me preguntarías: “¿Estás seguro? ¿Cómo lo sabes? ¿Cómo ha sucedido?” y supón que yo te respondo: “En realidad no sé que Pepe ha muerto. No tengo ninguna evidencia. Pero siento en mi interior la curiosa sensación de que ha muerto”. Te enfadarías conmigo por haberte asustado, porque sabes que una “sensación” interior no es razón suficiente para creer que un lebrel ha muerto. Hacen falta pruebas. Todos tenemos sensaciones interiores de vez en cuando, y a veces resulta que son acertadas y otras veces no lo son. Está claro que dos personas distintas pueden tener sensaciones contrarias, de modo que ¿cómo vamos a decidir cuál de las dos acierta? La única manera de asegurarse que un perro está muerto es verlo muerto, oír que su corazón se ha parado, o que nos lo cuente alguien que haya visto u oído alguna evidencia real de que ha muerto.

A veces, la gente dice que hay que creer en las sensaciones internas, porque si no, nunca podrás confiar en cosas como “mi mujer me ama”. Pero éste es un mal argumento. Puedes encontrar abundantes pruebas de que alguien te ama. Si estás con alguien que te quiere, durante todo el día estarás viendo y oyendo pequeños fragmentos de evidencia, que se van sumando. No se trata de una pura sensación interior, como la que los sacerdotes llaman revelación. Hay datos exteriores que confirman la sensación interior: miradas en los ojos, entonaciones cariñosas en la voz, pequeños favores y amabilidades; todo eso es autentica evidencia.

A veces, una persona siente una fuerte sensación interior de que alguien la ama sin basarse en ninguna evidencia, y en estos casos lo más probable es que esté completamente equivocada. Existen personas con una firme convicción interior de que una famosa estrella de cine las ama, aunque en realidad la estrella siquiera las conoce. Esta clase de personas tienen la mente enferma. Las sensaciones interiores tienen que estar respaldadas por evidencias; si no, no podemos fiarnos de ellas.

Las intuiciones resultan muy útiles en la ciencia, pero sólo para darte ideas que luego hay que poner a prueba buscando evidencias. Un científico puede tener una “corazonada” acerca de una idea que, de momento, sólo “le parece” acertada. En sí misma, ésta no es una buena razón para creer nada; pero sí que puede razón suficiente para dedicar algún tiempo a realizar un experimento concreto o buscar pruebas de una manera concreta. Los científicos utilizan constantemente sus sensaciones interiores para sacar ideas; pero estas ideas no valen nada si no se apoyan con evidencias.

Te prometí que volveríamos a lo de la tradición, para considerarla de una manera distinta. Me gustaría intentar explicar por qué la tradición es importante para nosotros. Todos los animales están construidos (por el proceso que llamamos evolución) para sobrevivir en el lugar donde su especie vive habitualmente. Los leones están equipados para sobrevivir en las llanuras de África. Los cangrejos de río están construidos para sobrevivir en agua salada. También las personas somos animales, y estamos construidos para sobrevivir en un mundo lleno de… otras personas. La mayoría de nosotros no tienen que cazar su propia comida, como los leones y los bogavantes; se las compramos a otras personas, que a su vez se la compraron a otras. Nadamos en un “mar de gente”. Lo mismo que el pez necesita branquias para sobrevivir en el agua, la gente necesita cerebros para poder tratar con otra gente. El mar de está lleno de agua salada, pero el mar de gente está lleno de cosas difíciles de aprender. Como el idioma.

Tú hablas inglés, pero tu amiga Ann-Kathrin habla alemán. Cada una de vosotras habla el idioma que le permite hablar en su “mar de gente”. El idioma se transmite por tradición. No existe otra manera. En Inglaterra, tu perro Pepe es a dog. En Alemania, es ein Hund. Ninguna de estas palabras es más correcta o más verdadera que la otra. Las dos se transmiten de manera muy simple. Para poder nadar bien en su propio “mar de gente”, los niños tienen que aprender el idioma de su país y otras muchas cosas acerca de su pueblo; y esto significa que tienen que absorber, como si fuera papel secante, una enorme cantidad de información tradicional (Recuerda que “información tradicional” significa, simplemente, cosas que se transmiten de abuelos a padres y de padres a hijos.) El cerebro del niño tiene que absorber toda esta información tradicional, y no se puede esperar que el niño seleccione la información buena y útil, como las palabras del idioma, descartando la información falsa o estúpida, como creer en brujas, en diablos y en vírgenes inmortales.

Es una pena, pero no se puede evitar que las cosas sean así. Como los niños tienen que absorber tanta información tradicional, es probable que tiendan a creer todo lo que los adultos les dicen, sea cierto o falso, tengan razón o no. Muchas cosas que los adultos les dicen son ciertas y se basan en evidencias, o, por lo menos en el sentido común. Pero si les dicen algo que sea falso, estúpido o incluso maligno, ¿cómo pueden evitar que el niño se lo crea también? ¿Y que harán esos niños cuando lleguen a adultos? Pues seguro que contárselo a los niños de la siguiente generación. Y así, en cuanto la gente ha empezado a creerse una cosa -aunque sea completamente falsa y nunca existan razones para creérsela-, se puede seguir creyendo para siempre.

¿Podría ser esto lo que ha ocurrido con las religiones? Creer en uno o varios dioses, en el cielo, en la inmortalidad de María, en que Jesús no tuvo un padre humano, en que las oraciones son atendidas, en que el vino se transforma en sangre…, ninguna de estas creencias está respaldada por pruebas auténticas. Sin embargo, millones de personas las creen, posiblemente porque se les dijo que las creyeran cuando todavía eran suficientemente pequeñas como para creerse cualquier cosa.

Otros millones de personas creen en cosas diferentes, porque se les dijo que creyesen en ellas cuando eran niños. A los niños musulmanes se les dice cosas diferentes de las que se les dicen a los niños cristianos, y ambos grupos crecen absolutamente convencidos de que ellos tienen razón y los otros se equivocan. Incluso entre los cristianos, los católicos creen cosas diferentes de las que creen los anglicanos, los episcopalianos, los shakers, los cuáqueros, los mormones o los holly rollers, y todos están absolutamente convencidos de que ellos tienen razón y los otros están equivocados. Creen cosas diferentes exactamente por las mismas razones por las que tú hablas inglés y tu amiga Ann-Kathrin habla alemán. Cada una de los dos idiomas es el idioma correcto en su país. Pero de las religiones no se puede decir que cada una de ellas sea la correcta en su propio país, porque cada religión afirma cosas diferentes y contradice a las demás. María no puede estar viva en la católica Irlanda del Sur y muerta en la protestante Irlanda del Norte.

¿Qué se puede hacer con todo esto? A ti no te va a resultar fácil hacer nada, porque sólo tienes 10 años. Pero podrías probar una cosa: la próxima vez que alguien te diga algo que parezca importante piensa para tus adentros: "¿Es ésta una de esas cosas que la gente suele creer basándose en evidencias científicas o es una de esas otras cosas que la gente cree por la tradición, autoridad o revelación?" Y la próxima vez que alguien te diga que una cosa es verdad, prueba a preguntarle “¿Qué pruebas existen de ello?” Y si no pueden darte una respuesta, espero que te lo pienses muy bien antes de creer una sola palabra de lo que te digan.

Te quiere,

Papá.

 

 

 

Sábado, a 24 de Enero de 2009

El grande, el inconmensurable, el increíble Luciano Pavarotti participó en la película Rigoletto, de Jean-Pierre Ponnelle, una adaptación cinematográfica de la ópera del mismo nombre compuesta por Giuseppi Verdi.

El momento más sublime se produce cuando Il Duca di Mantova (Pavarotti) interpreta el aria “La Donna è mobile”, una reflexión muy personal de Víctor Hugo (*) sobre las maneras y procederes de las mujeres.

Alfredo Webmaster

Nota *: Víctor Hugo escribió 1832 la obra teatral “Le Roi s'amuse”, texto que le sirvió a Francesco Maria Piave como argumento para escribir el libreto de la ópera Rigoletto.

 

La donna è mobile
Qual piuma al vento
Muta d'accento
E di pensiero

Sempre un'amabile
Leggiadro viso
In pianto o in riso
È menzognero

La donna è mobil
Qual piuma al vento
Muta d'accento
E di pensier
E di pensier
E di pensier

È sempre misero
Chi a lei s'affida
Chi le confida
Mal cauto il core

Pur mai non sentesi
Felice appieno
Chi su quel seno
Non liba amore

La donna è mobil
Qual piuma al vento
Muta d'accento
E di pensier
E di pensier
E di pensier...

La mujer es voluble, como una pluma al viento,
cambia de palabra y de pensamiento.
Siempre su amigable, hermoso rostro,
en el llanto o en la risa, es falso.
La mujer es voluble, como una pluma al viento,
cambia de palabra y de pensamiento.
y de pensamiento, y de pensamiento.

¡Siempre es mísero quien en ella confía,
quien le entrega, incauto el corazón!
Pero nadie se siente del todo feliz
si de su pecho no bebe amor,
¡La mujer es voluble, como una pluma al viento,
cambia de palabra y de pensamiento
y de pensamiento, y de pensamiento!

Lunes, a 5 de Enero de 2009

Ficha Técnica

Título            Pajaritos

Autor             Anaïs Nin

ISBN              95-00-4248-78

Editorial        Emecé

Edición          Agosto 2003

 

 

Siguiendo una amable recomendación (gracias, Manuel), empecé y terminé de leer en poquísimo tiempo “Pajaritos” de Anaïs Nin (1903-1977), una autora francesa de la que ya había disfrutado hace años con su magnífico Delta de Venus. Como dije antes, se lee rápido, son 170 páginas, y la tematica te engancha.

A los 12 años, Anaïs escribió en sus primeros diarios infantiles: “Soy Ángeles, Anaïs, Juana, Antolina, Rosa, Edelmira Nin y Culmell. Tengo doce años y soy bastante alta para mi edad, todo el mundo lo dice. Soy delgada, tengo los pies grandes y las manos también, con los dedos largos, que suelo crispar por nerviosismo. Tengo la cara muy pálida, unos grandes ojos castaños, perdidos, y temo que revelen mis insensatos pensamientos. La boca grande, me río muy mal, y sonrío regular. Cuando me enfado, hago una mueca con los labios”. Pese a su temprana edad, la definición que hizo de si misma fue una clara premoción de lo que llegaría a ser su vida en el futuro.

Hija de padres cubanos, él de origen español, ella danesa/francesa, a los 19 años se casó con un banquero que la llevo a vivir a París. Su vida amorosa fue un desastre, sin más atractivos que la buena vida (material) que su marido le regalaba. En sus ratos de ocio y aburrimiento descubrió la literatura de David Herbert Richards Lawrence.

Los libros de D.H.R. Lawrence le abrieron las puertas a un nuevo objetivo de vida: llegar a ser artista y escritora.

En 1930, al mismo tiempo que se traslada a los Estados Unidos de América y publica su primera obra, un ensayo sobre D.H.R. Lawrence, acontece algo que marcaría absolutamente su vida: conoce personalmente a Henry Miller.

El gran Miller descubre que detrás de ese frágil pero sensual aspecto se esconde una gran escritora, una autora que sabe plasmar en el papel sus crudas vivencias, marcadas por el erotismo, en relatos demasiado escandalosos para una época que engloba el final de la Gran Depresión del 29 y el principio de la II Guerra Mundial.

Detrás de su sensualidad y sexualidad, a veces incluso rozando lo que se podría calificar como pornografía escrita, afloran novelas de corte suprarrealista que fueron todo un varapalo para las mentes estrechas y puritanas de la época.

En su etapa norteamericana, Anaïs Nin fue la coordinadora y correctora de los textos que escribía un grupo de narradores de relatos eróticos a la carta, con temáticas distintas según el gusto del comprador, desde sutiles insinuaciones hasta las más profundas obviedades. A esa etapa de su vida la definió como “prostitución literaria” pero fue el origen de algunos trabajos muy reseñables, como el libro que os recomiendo: “Pajaritos”, una colección de cuentos eróticos escritos con un lenguaje crudo, realista, con palabras y frases exentas de tapujos o falsos tabús, relatos llenos a la vez de inocencia y especulación amorosa.

«Manuel se paró detrás de las chicas. De repente, el quimono se abrió y cuando se encontró acariciando el largo cabello rubio, perdió la cabeza. En lugar de cruzarse el quimono, lo abrió del todo y, cuando las niñas se dieron vuelta, lo vieron allí parado en trance, con su enorme pene erecto, apuntándoles. Ellas se asustaron como pajaritos, y escaparon.» (Texto extraído de “Pajaritos”)

Pese a los años transcurridos desde su publicación, los relatos incluidos en “Pajaritos” tienen una vitalidad asombrosa y una temática actual, nada envejecida. Es un libro fresco, sutil y excitante a la vez.

En el año 1932 vivió una apasionado romance con Henry Miller y su esposa June, una relación triangular que desato todo tipo de episodios de amor y de odio, de pasiones y desamores. De esa etapa de marcada bisexualidad existe un relato cinematográfico, “Henry and June”, película dirigida por Phillip Kaufman en el año 1990, con la actriz portuguesa María de Medeiros en el papel de Anaïs Nin.

Otro de sus grandes intereses fue el psicoanálisis. Llegó a ser alumna y amante de Otto Rank, uno de los discípulos más queridos de Sigmund Freud.

En 1935 regresó momentáneamente a París para fundar una editorial, Ediciones Siana, ante la dificultad para publicar algunas de sus obras, las de más marcado contenido erótico.

Otro de sus libros más importantes, sus diarios, “El diario de Anaïs Nin- 7 tomos”, que abarcan más de 40 años de su vida (1934-1975), tienen como hilo conductor su “yo” más íntimo y personal, las neurosis que le acompañaron durante toda su existencia, la libertad individual por encima de la colectiva, su ambivalencia en las relaciones sexuales, el amor al arte y a la vida, y su enorme capacidad de comunicación.

Cuando en 1966 se publicaron conjuntamente los siete tomos de sus diarios, Kart Shapiro, premio Pulitzer 1945, dijo: "Desde hace una generación, el mundo literario de ambos lados del Atlántico vivió entre los rumores sobre un diario extraordinario. Durante mucho tiempo se ha esperado la publicación de estos. Miss Nin vivió durante aquellos años que produjeron un gran espasmo de creación artística. En su cosmopolita vida conoció a escritores, pintores, músicos, bailarines y actores. Ella misma era uno de los talentos centrales de esa época. Los primeros lectores del manuscrito lo discutían en términos hiperbólicos, como obra que iba a ocupar un lugar entre las grandes revelaciones literarias. Por fin, aparece un fragmento importante de este diario y parece que las esperanzas fueron fundadas."

Obviamente, os recomiendo encarecidamente la lectura de este libro.

Alfredo Webmaster

 

 

Sábado, a 20 de Diciembre de 2008

Colaboración publicada en El País por Maruja Torres, en su página “Perdón que no me levante”, el 7 de diciembre de 2008


Comparto la frase de uno de los personajes de Ley y orden: "Respeto cualquier cosa que ayude a una persona a pasar la noche", dice, refiriéndose a las creencias religiosas y a la, a menudo, abismal soledad del ser humano. Pero yo añado que me enfrentaré siempre por vía pacífica a cualquiera que, por la mañana y recobrado ya el aplomo, considere necesario imponerme esa creencia.

Así pues, mi respeto hacia las religiones se limita estrictamente a quienes las practican en la intimidad y sin dar la tabarra. No abarca a quienes se creen investidos por la superioridad moral necesaria para juzgar y castigar a los otros, y además por el mandato divino que insta a fumigar a los apocados. Perdónenme, pero tengo al señor Darwin en muchísimo mejor concepto que a los cantamañanas que forman el nudo gordiano jerárquico de cualquier religión. Cualquier religión, insisto. Para mí, la Salvación con mayúscula fue el descubrimiento de los antibióticos y de la anestesia. Lo de las células madre me parece impresionante, mucho más, por supuesto, que lo de los panes y los peces, que sólo me merece indulgencia si a alguien le da fuerzas para pasar una mala noche. Y punto.

No se trata tan sólo de una opinión subjetiva. Es que pago mis impuestos, y no quiero que vayan a parar a impostores que tienen la responsabilidad de enseñar, de educar. Y ya me dirán ustedes la clase de educación seria que puede recibir un infante, a la edad de creer en los Reyes Magos o en Superman, cuando le digan que un caballero de antaño murió crucificado tras sufrir torturas y humillaciones para salvarnos de nuestro pecado original (ese chollo de los capataces del rebaño: qué forma de culpabilizar a los niños). Pues tal es el mensaje del crucifijo, no otro. Ningún símbolo es inocente. Ni cristos, ni espadas, ni retratos presidenciales, ni fotos del rey, ni banderas en las aulas. Paredes limpias, pizarras, mapas. Ordenadores, que es lo que hace falta. Hablo de los colegios públicos y concertados. Los otros, como si son seguidores del culto a Loewe y cuelgan un bolso.

Del mito del crucifijo y el pecado a lo de Adán y Eva, incluido el párrafo del costillar que tanto nos complace a las señoras, media un paso. Aunque pongámonos en lo peor. Pongámonos en eso tan moderno que inspira a la Derecha Cristiana estadounidense, y que se ha extendido por el mundo y, desde luego, por Europa -aquí, con la ayuda de la FAES y sus crustáceos-, pues largos son los tentáculos de los espíritus cristianamente renacidos y enriquecidos con Bush el Bibliófilo. No existe ninguna prueba de que un dios controlara la evolución, previo diseñarla inteligentemente. La ciencia, como si dijéramos, es más de fiar.

Y nosotros no nos fiemos. No importa cuán decepcionada pueda sentirse la Derecha Cristiana en Estados Unidos, después de que el hombre al que condujeron a la Casa Blanca para que ejecutara sus designios políticos haya sido enviado a freír ranchos tejanos por los electores. El fundamentalismo evangélico y su inmenso poder mediático y económico siguen ahí. No es cuestión de preguntarse cómo se sienten, sino cómo van a reaccionar. Sus aspiraciones y su ideario mesiánico y de cruzados continúan intactos. También sus megaiglesias, con miles de parroquianos; sus apartados de marketing, sus festivales, sus millones de dólares. Sus sobornos, sus intrigas. Sus espectáculos televisivos, que tan aviesamente Juan Pablo II incorporó a su propio negociado, y que su sucesor natural -antes su inspirador- tan prolijamente sigue.

Aquí tenemos la suerte de que Rouco Varela es un clásico del nacionalcatolicismo, y en cuanto abre la boca empitona a la razón (la de cogitar) y nos hace reaccionar. En cuanto los modernos de su tribu ganen terreno, aliados a la cosa suya de los neocons políticos, verán cómo extienden lo de que Dios ya sabía que había un monito más listo que los otros. Y verán también lo difícil que les resulta a los profesores verdaderos enseñar la teoría de la evolución.

 

Jueves, a 13 de Noviembre de 2008

Isabel Fernández, mi colaboradora de Vigo, me envió este artículo que escribió Arturo Pérez-Reverte para “El Semanal”, revista que se incluye en algunos periódicos españoles en sus ediciones de los domingos.

Lo curioso, lo chocante, lo asombroso de este escrito es que está publicado en la revista hace 10 años: el 15 de noviembre de 1998.

No sé si Pérez-Reverte tiene la capacidad para predecir el futuro o simplemente dijo lo que dijo por que había que decirlo: el capital, el gran capital, los capitalistas, los especuladores siempre fueron iguales en todos los tiempos. Siempre.

Desde que el hombre empezó a utilizar “cuentas” o conchas como sistema de intercambio, y después aprendió a acumular más y más cuentas (o conchas, o monedas, o dinero) hasta llegar a lo que hemos llegado, el final siempre ha sido el mismo: el que más cuentas (o dinero) acumulaba, era el que siempre se salvaba, el que siempre salía a flote cuando aparecían las dificultades. Como está sucediendo ahora. Como siempre. Siempre.

Leedlo, no tiene desperdicio.

Alfredo Webmaster


 

Los amos del mundo, por Arturo Pérez-Reverte

Usted no lo sabe, pero depende de ellos. Usted no los conoce ni se los cruzará en su vida, pero esos hijos de la gran puta tienen en las manos, en la agenda electrónica, en la tecla intro del computador, su futuro y el de sus hijos. Usted no sabe qué cara tienen, pero son ellos quienes lo van a mandar al paro en nombre de un tres punto siete, o de un índice de probabilidad del cero coma cero cuatro.

Usted no tiene nada que ver con esos fulanos porque es empleado de una ferretería o cajera de Pryca, y ellos estudiaron en Harvard e hicieron un máster en Tokio -o al revés- van por las mañanas a la Bolsa de Madrid o a la de Wall Street, y dicen en inglés cosas como long-term capital management, y hablan de fondos de alto riesgo, de acuerdos multilaterales de inversión y de neoliberalismo económico salvaje, como quien comenta el partido del domingo.

Usted no los conoce ni en pintura, pero esos conductores suicidas que circulan a doscientos por hora en un furgón cargado de dinero van a atropellarlo el día menos pensado, y ni siquiera le quedará a usted el consuelo de ir en la silla de ruedas con una recortada a volarles los huevos, porque no tienen rostro público, pese a ser reputados analistas, tiburones de las finanzas, prestigiosos expertos en el dinero de otros. Tan expertos que siempre terminan por hacerlo suyo; porque siempre ganan ellos, cuando ganan, y nunca pierden ellos, cuando pierden.

No crean riqueza, sino que especulan. Lanzan al mundo combinaciones fastuosas de economía financiera que nada tiene que ver con la economía productiva. Alzan castillos de naipes y los garantizan con espejismos y con humo, y los poderosos de la tierra pierden el culo por darles coba y subirse al carro.

Esto no puede fallar, dicen. Aquí nadie va a perder; el riesgo es mínimo. Los avalan premios Nóbel de Economía, periodistas financieros de prestigio, grupos internacionales con siglas de reconocida solvencia. Y entonces el presidente del banco transeuropeo tal, y el presidente de la unión de bancos helvéticos, y el capitoste del banco latinoamericano, y el consorcio euroasiático y la madre que los parió a todos, se embarcan con alegría en la aventura, meten viruta por un tubo, y luego se sientan a esperar ese pelotazo que los va a forrar aún más a todos ellos y a sus representados.

Y en cuanto sale bien la primera operación ya están arriesgando más en la segunda, que el chollo es el chollo, e intereses de un tropecientos por ciento no se encuentran todos los días.

Y aunque ese espejismo especulador nada tiene que ver con la economía real, con la vida de cada día de la gente en la calle, todo es euforia, y palmaditas en la espalda, y hasta entidades bancarias oficiales comprometen sus reservas de divisas. Y esto, señores, es Jauja.

Y de pronto resulta que no. De pronto resulta que el invento tenía sus fallos, y que lo de alto riesgo no era una frase sino exactamente eso: alto riesgo de verdad. Y entonces todo el tinglado se va a tomar por el saco. Y esos fondos especiales, peligrosos, que cada vez tienen más peso en la economía mundial, muestran su lado negro. Y entonces -¡oh, prodigio!- mientras que los beneficios eran para los tiburones que controlaban el cotarro y para los que especulaban con dinero de otros, resulta que las pérdidas, no.

Las pérdidas, el mordisco financiero, el pago de los errores de esos pijolandios que juegan con la economía internacional como si jugaran al Monopoly, recaen directamente sobre las espaldas de todos nosotros. Entonces resulta que mientras el beneficio era privado, los errores son colectivos y las pérdidas hay que socializarlas, acudiendo con medidas de emergencia y con fondos de salvación para evitar efectos dominó y chichis de la Bernarda.

Y esa solidaridad, imprescindible para salvar la estabilidad mundial, la pagan con su pellejo, con sus ahorros, y a veces con sus puestos de trabajo, Mariano Pérez Sánchez, de profesión empleado de comercio, y los millones de infelices Marianos que a lo largo y ancho del mundo se levantan cada día a las seis de la mañana para ganarse la vida.

Eso es lo que viene, me temo. Nadie perdonará un duro de la deuda externa de países pobres, pero nunca faltarán fondos para tapar agujeros de especuladores y canallas que juegan a la ruleta rusa en cabeza ajena.

Así que podemos ir amarrándonos los machos. Ése es el panorama que los amos de la economía mundial nos deparan, con el cuento de tanto neoliberalismo económico y tanta mierda, de tanta especulación y de tanta poca vergüenza.

Jueves, a 13 de Noviembre de 2008

Hoy os regalo los hermosos versos de unos de los poemas incluidos en el libro “Embriaguez del éxtasis”, escrito por mi buena amiga Milagros Sánchez.

Milagros, además de ser eso, una buena amiga, es una excelente escritora y una mejor persona, siempre batallando por los derechos de libertad individual y colectiva que les asisten a ella y a todas las mujeres como ella.

Atrevidas madrugadas: como amiga que es, y escritora, os recomiendo encarecidamente  la lectura.

Alfredo Webmaster


 

Atrevidas madrugadas, de Milagros Sánchez

 

Existen madrugadas como lunas

de pupilas turquesa dilatadas

quejidos de princesas

exhaustas en su cúspide

saboreando los confines del deseo.

 

Vagabundas tibiezas

en espejos dilatadas

diseminando aromas envolventes

fascinante belleza

ingrávida en cada regazo.

 

Sirenas legendarias

encantadoras vestales de otro tiempo,

acariciando con su lengua

los corales encendidos

pervirtiendo a los peces del océano.

 

Amazonas que cruzan las praderas

en sus corceles blancos

como destinos consumados

envueltas en la hierba

enamoradas y desnudas.

 

Vírgenes adolescentes

crepitando sus cuerpos

en el juego secreto de los besos,

de las jugosas humedades,

de las miradas sin respuesta.

 

Sábado, a 25 de Octubre de 2008

Antonio Machado nació en Sevilla (España) en el año 1875.

Perteneció al movimiento de los poetas, escritores y ensayistas de la Generación del 98, una generación de intelectuales profundamente afectados por la crisis política y social que inundó España a raíz de la pérdida de Puerto Rico, Filipinas y, sobre todo, Cuba, a manos de las fuerzas militares de Yanquilandia.

Pese a ser una persona profundamente religiosa, católico de misa diaria, tenía un profundo amor por la libertad y la justicia social desde sus creencias republicanas; era, lógicamente, un ferviente defensor de la democracia y la libertad política.

Por ese motivo sufrió en sus carnes la más dura de las represiones por parte de las fuerzas reaccionarias del general Franco, el sanguinario dictador que manejó los destinos de mi país durante demasiados años. Murió en Francia, en el exilio, en el año 1939.

De él son muchos de los más conocidos poemas españoles del siglo XX; las letras de sus versos han servido como base a algunas de las más conocidas canciones de nuestros cantautores. Entre ellas, este poema que apareció publicado en “Poemas del alma” y que interpreta magistralmente Joan Manuel Serrat.

Alfredo Webmaster

 

Todo pasa y todo queda,

pero lo nuestro es pasar,

pasar haciendo caminos,

caminos sobre la mar.

 

Nunca persequí la gloria,

ni dejar en la memoria

de los hombres mi canción;

yo amo los mundos sutiles,

ingrávidos y gentiles,

como pompas de jabón.

 

Me gusta verlos pintarse

de sol y grana, volar

bajo el cielo azul, temblar

súbitamente y quebrarse...

 

Nunca perseguí la gloria.

 

Caminante, son tus huellas

el camino y nada más;

caminante, no hay camino,

se hace camino al andar.

 

Al andar se hace camino

y al volver la vista atrás

se ve la senda que nunca

se ha de volver a pisar.

 

Caminante no hay camino

sino estelas en la mar...

 

Hace algún tiempo en ese lugar

donde hoy los bosques se visten de espinos

se oyó la voz de un poeta gritar

"Caminante no hay camino,

se hace camino al andar..."

 

Golpe a golpe, verso a verso...

 

Murió el poeta lejos del hogar.

Le cubre el polvo de un país vecino.

Al alejarse le vieron llorar.

"Caminante no hay camino,

se hace camino al andar..."

 

Golpe a golpe, verso a verso...

 

Cuando el jilguero no puede cantar.

Cuando el poeta es un peregrino,

cuando de nada nos sirve rezar.

"Caminante no hay camino,

se hace camino al andar..."

 

Golpe a golpe, verso a verso.

 

Domingo, a 19 de Octubre de 2008

Mi Vecina Martier lee el poema “Toco tu boca”, de Julio Cortazar - Rayuela (capítulo 68)


Toco tu boca, con un dedo todo el borde de tu boca, voy dibujándola como si saliera de mi mano, como si por primera vez tu boca se entreabriera, y me basta cerrar los ojos para deshacerlo todo y recomenzar, hago nacer cada vez la boca que deseo, la boca que mi mano elige y te dibuja en la cara, una boca elegida entre todas, con soberana libertad elegida por mí para dibujarla con mi mano en tu cara, y que por un azar que no busco comprender coincide exactamente con tu boca que sonríe por debajo de la que mi mano te dibuja.

Me miras, de cerca me miras, cada vez más de cerca y entonces jugamos al cíclope, nos miramos cada vez más cerca y los ojos se agrandan, se acercan entre sí, se superponen y los cíclopes se miran, respirando confundidos, las bocas se encuentran y luchan tibiamente, mordiéndose con los labios, apoyando apenas la lengua en los dientes, jugando en sus recintos, donde un aire pesado va y viene con un perfume viejo y un silencio. Entonces mis manos buscan hundirse en tu pelo, acariciar lentamente la profundidad de tu pelo mientras nos besamos como si tuviéramos la boca llena de flores o de peces, de movimientos vivos, de fragancia oscura. Y si nos mordemos el dolor es dulce, y si nos ahogamos en un breve y terrible absorber simultáneo del aliento, esa instantánea muerte es bella. Y hay una sola saliva y un solo sabor a fruta madura, y yo te siento temblar contra mí como una luna en el agua.

Miércoles, a 8 de Octubre de 2008

Escrito por Tareixa “Targeixa”, de A Coruña: gracias, Tareixa.

Alfredo Webmaster


 Frío na primavera
luz intensa que non chega ó solpor
o recendo da merda
independencia
afastamento
intemporalidade
beleza na vellez
verdor e pedra
verdor de pedra
verdor da pedra.

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En algún lugar desconocido existe un mundo de fantasía donde la magia es un hecho cotidiano.
A ese lugar se escapan los sueños cuando ya en este mundo no encuentran alimento.
Van allí entonces y la imaginación despierta a un océano de sensaciones policromadas.

Sábado, a 4 de Octubre de 2008

De Isabel Fernández, de Vigo

Días dulces y tiernos que atesorar por siempre

que hacen percibir la realidad diluirse paulatinamente,

sintiendo que vives una ensoñación entre las nubes.

 

Días dulces y tiernos que supieron a poco

llenos de luz, de palabras, de ideas, de ilusión...

momentos vividos en los que el tiempo se detuvo.

 

Días dulces y tiernos que fueron perfectos.

Llenos de pequeños detalles, de risas, de afecto,

de curiosidad, de pasos, de besos, de aliento.

 

Días dulces y tiernos que hoy duele mirarlos

recordando el nudo en el instante de despedirse,

sabiendo que es muy posible no volver a vernos.

 

Días dulces y tiernos cuyo abrazo estimula fantasías

haciendo creer que todo es posible,

incluso aquella tenue promesa

de volver a encontrarse pronto... muy pronto.

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