Música y Vino

Puedo intentar ser sincero pero nunca seré imparcial…
Domingo, a 20 de Febrero de 2011


Una chica camina tras el funeral por dos mujeres asesinadas en Ciudad Juárez (México) en octubre de 2010.

Foto de REUTERS

 

Por Soledad Gallego-Díaz (Buenos Aires) para elpais.com, 19/02/2011

"Del dicho al hecho". El lema del informe elaborado en 2009 por la Comisión Económica de Naciones Unidas para América Latina (Cepal) sigue resumiendo muy bien el principal problema con el que se enfrentan, ya bien entrado el siglo XXI, las mujeres de ese continente: en los últimos 10 años se han experimentado avances muy importantes en las legislaciones que reconocen sus derechos y condenan la violencia machista, pero, en la práctica, las autoridades, jueces incluidos, no aplican esas normas con suficiente rigor ni persistencia como para que las cifras explosivas de maltrato, abuso y discriminación hayan experimentado un retroceso aceptable. La impunidad de sus agresores sigue siendo en la mayoría de los países de América del Sur, Centroamérica y Caribe la peor pesadilla de las mujeres.

Esa realidad convive con otra: en América Latina ha habido hasta el momento nueve mujeres que alcanzaron la presidencia de su país, tres de ellas, en Argentina, Brasil y Costa Rica, en ejercicio; la directora de Naciones Unidas para la Igualdad de Género es la expresidenta chilena Michelle Bachelet, y se ha producido un aumento espectacular en el número de parlamentarias. Mejor aún, un 55% de las latinoamericanas de 20 a 24 años ha completado la educación secundaria (mientras que solo lo ha conseguido el 49% de los hombres). Incluso en las zonas rurales, en las que la extensión de la secundaria es mucho menor, el promedio de mujeres de esa edad que ha alcanzado ese grado supera notablemente al de los hombres (31% frente al 26%).

El menor porcentaje de paro y, sobre todo, las transferencias de recursos puestas en marcha por los Gobiernos de varios países, como Venezuela, Brasil, Argentina, Ecuador o Bolivia, que tienen sistemas de ayudas a la familia, han disminuido los índices de pobreza extrema y mejorado las condiciones de salud y educación de la infancia, niñas incluidas.

Sin embargo, esas mejoras no impiden que América Latina siga siendo la región con mayores desigualdades ni que sea una de las zonas más peligrosas del mundo para las mujeres, tanto por el feminicidio y casos graves de maltrato, como por el alto porcentaje de abusos sexuales en el entorno familiar, la mortandad maternal y el gran número de abortos clandestinos a los que obligan las omnipresentes legislaciones contrarias a la interrupción legal del embarazo. Cuatro millones de abortos ilegales y 4.000 muertas al año no consiguen torcer el brazo a las poderosas iglesias católica y evangélica.

Entre el 39% y el 42% de las mujeres peruanas confiesa, por ejemplo, haber sido víctima de violencia física por parte de su pareja o marido, según el Instituto Nacional de Estadística e Informática. "Las agresiones recibidas por las víctimas fueron empujones, golpes, patadas, ataques o amenaza con cuchillo u otra arma, además de ser forzadas a tener relaciones sexuales sin su consentimiento, entre otras formas de violencia física y psicológica", asegura el documento, que analizó una encuesta realizada entre 24.000 mujeres.

"La última vez que Keiko Tamaca, de 14 años, vio a su enamorado, William Chiroque, de 18, fue cuando le apuntaba con una pistola de 9 milímetros, ebrio de celos por haberla visto conversando con otro muchacho", relata un diario local. La adolescente fue una de las dos o tres menores de 18 años que mueren asesinadas cada mes en Perú. "Reproducen patrones de conducta que ven en casa", explicaba en el periódico la psicóloga Tesania Velázquez.

Aunque no hay estadísticas fiables para el conjunto de la región, los datos parciales que van facilitando organismos especializados de los distintos países son escandalosos. El 35% de las mujeres mexicanas sufre violencia física; 39% en Colombia; 31% en Ecuador y hasta un 52% en Bolivia. En Chile, en 2002, se calculaba que solo el 3,8% de los casos denunciados terminaba en condena. En Brasil, señalan algunos estudios, el 10% de las mujeres del área urbana y el 14% de las mujeres del área rural han sufrido violencia sexual. En Centroamérica, dos de cada tres asesinadas son víctimas de un crimen machista, es decir, mueren por ser mujeres.

En el mejor de los casos, asegura la Cepal, en la hipótesis más leve, una de cada diez mujeres de Latinoamérica sufre violencia física, "que se manifiesta desde golpes hasta violencia severa con amenaza de muerte junto con una fuerte violencia psicológica y, muchas veces, con violencia sexual". En solo siete países se han aprobado leyes específicas sobre la violencia contra las mujeres (la Venezuela de Hugo Chávez, entre ellos), siguiendo la estela de la ley llamada María Pehna, aprobada en Brasil en 2006. (María da Pehna es una farmacéutica brasileña cuyo marido intentó asesinarla en dos ocasiones y terminó dejándola parapléjica. 15 años después de aquellos hechos, el agresor seguía en libertad, amparado por jueces que dilataban el proceso. La nueva ley consiguió al fin llevarle a prisión.

Nadie puede negar que en América Latina el acceso de las mujeres a los puestos de toma de decisiones políticas ha crecido de manera muy notable en la última década. Nueve países (entre ellos Bolivia, con el Gobierno de Evo Morales) han aprobado leyes a favor de la igualdad. El promedio regional de mujeres diputadas es del 20,7% (lo que supone oscilar entre el 40% de presencia femenina en el Parlamento argentino, al 9% que existe en Colombia).

El aumento del promedio se debe a que 11 países has aprobado leyes que establecen cuotas en las listas electorales, aunque en solo cuatro casos existe el llamado "sistema cremallera" que impide que las mujeres sean ubicadas al final de la lista. En los casos en los que no existen cuotas, como en las alcaldías, por ejemplo, el desfase sigue siendo muy importante: la presencia femenina no llega al 6,8%, según la Cepal. En el sistema judicial, el avance es desesperantemente lento: solo el 19% de los jueces de los tribunales superiores y cortes supremas son mujeres.

Muchas de las cifras que reflejan la evolución positiva de los derechos de la mujer van acompañadas por otros datos alarmantes. La tasa global de fecundidad bajó de 5,9 hijos en los años cincuenta a 2,4 en el primer lustro del nuevo siglo, pero el embarazo de las adolescentes prácticamente ha duplicado su aporte a la fecundidad total, pasando de un 8,5% en 1950 a un 14,3% en 2005. La mortalidad materna se redujo en un 28% desde 1990, pero aun así demasiadas mujeres siguen muriendo de parto en América Latina: 130 muertes maternas por cada 100.000 nacidos vivos es una cifra que está muy por encima del quinto objetivo del Milenio, pero que no resulta extraña si se constata que el 80% de las mujeres pobres de Bolivia, o de Haití, dan a luz fuera del sistema hospitalario.

El difícil cambio cultural en todo lo relacionado con la situación y los derechos de la mujer en América Latina brilla con todas sus contradicciones en países como Chile, que lleva años en una sólida progresión económica pero que ha sido el último del mundo, en noviembre del 2004, en aprobar una ley que regulara el divorcio. O en Argentina, con la tradición educativa e igualitaria más fuerte de toda la región, presidido en la actualidad por una mujer, pero que no ha logrado despenalizar el aborto voluntario, algo que tampoco pudo hacerse en Uruguay, pese a que desde 2005 gobierna un amplio frente de izquierdas. Ni tan siquiera Dilma Rousseff, heredera de Lula, ha dado señales de ir a presentar una ley en ese sentido, pese a que algunas de las clínicas brasileñas especializadas en abusos sexuales estén denunciando, desde hace años, que casi la mitad de los casos que tratan involucra a niñas menores de 12 años.

 

Martes, a 1 de Febrero de 2011

Hay pocas noticias que nos levanten el ánimo, y ninguna de ellas desde el área financiera, ese conglomerado de pirómanos terroristas (económicos) que son los que ahora nos dicen cómo se deben apagar los fuegos: el mundo al revés.

Hay pocas cosas por las que un militante de la izquierda puede estar contento con la labor de José Luis Rodríguez Zapatero, nuestro presidente, pese a que algunos (muchos, diría) lo seguimos considerando como un mal menor: la amenaza de lo que ‘podría’ gobernar este país en el futuro me pone mis (pocos) pelos de punta.

Pero a veces, escasas veces desgraciadamente, aparecen informaciones que nos reconcilian con las políticas que aún imperan en algunas áreas sociales del gobierno de mi país. Y una de esas noticias positivas viene de nuestra colaboración en la reconstrucción de Haití.

Leyendo esta mañana el segundo de mis periódicos de cabecera (el primero, El País; el segundo, Público), un periódico enormemente denostado por mí hermano Manuel (¿por qué será…?), leí una noticia que decía: “España es el único país que reconstruye Haití tras el terremoto”.

Destinar 162 millones de euros (226 millones de dólares) a levantar algo en un país de infraestructuras liquidadas, no es una gran cantidad, pero al menos es algo comparado con lo que otros prometieron y nunca cumplieron: en nuestra memoria están las falaces promesas de EEUU, Alemania, Francia, Canadá, Italia, Reino Unido…

Alfredo Webmaster



 

Un niño haitiano saltando sobre un charco en Puerto Príncipe (AFP PHOTO / Hector RETAMAL)

 

Ha destinado más de 61 millones de euros en la fase de emergencia y ha comprometido 106 millones de euros para la reconstrucción

España es el único país que reconstruye Haití tras el terremoto, por SERVIMEDIA MADRID para publico.es, 01/02/2011

La secretaria de Estado de Cooperación Internacional, Soraya Rodríguez, ha destacado hoy en el Foro de la Nueva Sociedad que España es el único país que "está acometiendo alguna obra de reconstrucción" en Haití después del terremoto de enero de 2010, con una depuradora de agua potable.

Durante su intervención en el citado foro, organizado en Madrid por Nueva Economía Fórum, Rodríguez ha subrayado que la cooperación española tiene "un gran compromiso por Haití", país al que ya consideraba "prioritario" antes del seísmo.

Rodríguez ha recalcado que España ha sido el tercer país donante en enviar fondos a Haití tras "la gran tragedia humanitaria" causada por el terremoto, con unas "donaciones extraordinarias" de la sociedad española.

Además, ha indicado que España ha destinado más de 61 millones de euros en la fase de emergencia y ha comprometido 106 millones de euros para la reconstrucción, lo que supone que ha cumplido el 110% de lo prometido en la cumbre de donantes celebrada en Nueva York (Estados Unidos).

Sin embargo, Rodríguez ha recalcado que existen "muchos obstáculos" para la reconstrucción de Haití. Por ejemplo, la depuradora que levanta en este país no podrá entrar en funcionamiento este mes de febrero debido a "problemas surgidos a última hora vinculados con la propiedad de la tierra".

"Si no construimos ésta y muchas depuradoras, un nuevo brote de cólera puede volver a suceder en Haití", alertó, por lo cual deseó que este país logre "la estabilidad política necesaria" con un nuevo Gobierno surgido de "unas elecciones transparentes y democráticas".

 

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Domingo, a 24 de Enero de 2010

Leído en Guerra y Paz

Detrás de cada catástrofe se moviliza toda la solidaridad, comprensible y necesaria. Aviones con ayuda humanitaria, fletados por Gobiernos, cargamentos de medicina, agua potable, llevados hasta la zona devastada por ONG que han recibido dinero de ciudadanos conmocionados por las horrendas imágenes y relatos que les llega desde los medios de comunicación… El mundo se vuelca estos días con Haiti.

Pero dentro de esta catástrofe, como pasó con el Tsunami de 2004, o el huracán Katrina, siempre hay un buen negocio detrás. Como indica Naoimi Klein en “La doctrina del shock” (ver vídeo al final del escrito), la conmoción que genera los desastres naturales o zonas arrasadas por guerras es aprovechada para hacer negocios y/o crear un ambiente propicio para ellos: la sociedad, la opinión pública, está demasiado conmocionada para reaccionar ante una recorte de derechos, ante una invasión por “razones humanitarias” y no protesta al ver cómo sus donativos/impuestos van a manos de contratistas privados que van a trabajar en pro de la reconstrucción.

Jeffrey D. Sachs, director del Instituto de la Tierra en la Universidad de Columbia, estima en un artículo que publica el The Washington Post que Haiti necesitará 14.000 millones de dólares al año para hacer frente a esta catástrofe. Actualmente, Haiti, uno de los países más pobres del planeta, recibe 300 millones de dólares de la comunidad internacional. Da pistas de quien puede acudir a gestionar ese dinero: desde las ONG, pasando por contratistas privados, hasta llegar a empresas chinas (o el mismo Gobierno chino), que se están especializando en construir infraestructuras por los países africanos a un ritmo de vértigo, trayendo hasta los obreros de China. Omite Sachs que esto no lo hacen por amor al arte, sino como tratos comerciales de intercambio de materias primas a cambio de construcción de infraestructuras.

El ambiente es tan propicio para el negocio que existen empresas privadas especializadas en rescates de víctimas en zonas de catástrofe. Así, el equipo va enviado no a rescatar a personas (como los bomberos que envían los estados), sino a rescatar a alguien en concreto. Un ejemplo haitiano: un grupo de estudiantes de la Universidad de Lynn (Florida, EE UU) se encontraban en Haití, participando en un programa de cooperación. Ante la falta de noticias de sus alumnos, el centro educativo ha decidido contratar a una empresa privada (parece ser que Red24, que ya opera en la zona), especializada en rescates.

El negocio en estas situaciones de crisis no es algo casual e improvisado. La International Peace Operations Association (IPOA) engloba a unas 60 compañías privadas especializadas en el negocio de las llamadas operaciones humanitarias. Estas compañías (entre las que llegó a figurar Blackwater) no son ONG sin ánimo de lucro, sino todo lo contrario. La IPOA ofrece en su página web los contactos de las distintas empresas que están listas para actuar en Haiti, desde empresas especializadas en temas de seguridad que venden sus servicios contra los repetidos pillajes (como puede ser Triple Canopy), empresas especializadas en suministros de equipos médicos, o empresas dedicadas a proporcionar transporte aéreo, desde helicópteros a aviones para hacer llegar los suministros. La privatización no solo afecta a las guerras, sino sobre todo a la llamada ayuda humanitaria. La paradoja es que empresas que operan en el sector de la guerra, son las mismas que se ofrecen en el sector de la ayuda.

 

Jueves, a 21 de Enero de 2010

Por Carlos Fuentes para elpais.com, 21/01/2010

Miro una foto de una tristeza, dolor, crueldad y violencia inmensas: un hombre toma del pie el cadáver de un niño y lo arroja al aire. El cuerpo va a dar a la montaña de cadáveres -decenas de millares en una población de 10 millones-. Saldo terrible del terremoto en Haití. Cuesta admitir que una catástrofe más se añada a la suma catastrófica de esta desdichada nación caribeña. El 80% de sus habitantes sobrevive con menos de dos dólares diarios. El país debe importar las cuatro quintas partes de lo que come. La mortalidad infantil es la más alta del continente. El promedio de vida es de 52 años. Más de la mitad de la población tiene menos de 25 años. La tierra ha sido erosionada. Sólo un 1,7% de los bosques sobreviven. Tres cuartas partes de la población carece de agua potable. El desempleo asciende al 70% de la fuerza de trabajo. El 80% de los haitianos vive en la pobreza absoluta.

En este país, si la naturaleza es impía más lo es la política humana

Los huracanes son frecuentes. Pero si la naturaleza es impía, más lo es la política humana. Primer país latinoamericano en obtener la independencia, en 1804, se sucedieron en Haití gobernantes pintorescos que han alimentado el imaginario literario. Toussaint L'Ouverture, fundador de la República, depuesto por una expedición armada de Napoleón I. El emperador Jean-Jacques Dessalines extermina a la población blanca y discrimina a los mulatos, pero es derrotado por éstos. Alexandre-Pétion, junto con el dirigente negro Henry Christophe, convertido en brujo y pájaro por Alejo Carpentier en su gran novela El reino de este mundo, espléndido resumen novelesco del mundo animista de brujos y maldiciones haitianas. Fueron los "jacobinos negros".

El verdadero maleficio de Haití, sin embargo, no está en la imaginación literaria, ni en el folclore, sino en la política. Sólo después de la ocupación norteamericana (1915-1934), Haití ha sufrido una sucesión de presidentes de escasa duración y una manifiesta ausencia de leyes e instituciones, vacío llenado, entre 1957 y 1986, por Papá Doc Duvalier y su hijo Baby Doc, cuyas fortunas personales ascendieron en proporción directa al descenso del ingreso de la población, el desempleo y la pobreza. Patrimonialismo salvaje que intentó corregir, en 1990, el presidente Jean-Baptiste Aristide, exiliado en 1991, de regreso en 1994, y desplazado al cabo por el actual presidente René Préval.

Este carrusel político no da cuenta de las persistentes dificultades provocadas por la guerra de pandillas criminales, herederas de los terribles tonton-macoutes de Duvalier, incontenibles para una policía de apenas 4.000 hombres y avasallada por las realidades de la tortura, la brutalidad, el abuso y la corrupción como normas de la existencia.¿Qué puede hacer la comunidad internacional sin que los préstamos del Banco Mundial o del Banco Interamericano desaparezcan en el vértigo de la corrupción? La presencia de una fuerza multinacional de la ONU, la MINUSTAH o Misión Estabilizadora (con gran presencia brasileña) ha contribuido sin duda a disminuir el pandillismo, los secuestros y la violencia. La inflación disminuyó de 2008 acá de un 40% a un 10% y el PIB aumentó en un 4%. Prueba de que hay soluciones, por parciales que sean, a la problemática señalada. Pero hoy, el terremoto borra lo ganado y abre un nuevo capítulo de retraso, desolación y muerte.

La comunidad internacional está respondiendo, a pesar de que Puerto Príncipe ha perdido su capacidad portuaria, el aeropuerto tiene una sola pista y el hambre, la desesperación y el ánimo de motín aumentan. El presidente Barack Obama ha dispuesto (con una velocidad que contrasta con la desidia de su predecesor en el caso del Katrina en Nueva Orleans) medidas extraordinarias de auxilio.

Obama ha tenido cuidado en que el apoyo norteamericano sea visto como parte de la solidaridad global provocada por la tragedia haitiana, y ha hecho bien. Las intervenciones norteamericanas en Haití están presentes en la memoria. Entre 1915 y 1934, la infantería de marina de Estados Unidos ocupó la isla y sólo la llegada de Franklin Roosevelt a la Casa Blanca le dio fin a la intervención. No hay que ser pro-yanqui para notar que la ocupación trajo orden, el fin de la violencia y un programa de obras públicas, aunque no trajo la libertad, ni acabó con la brutalidad subyacente de la vida haitiana.

La presencia actual de muchas naciones y muchas fuerzas, militares y humanitarias, en suelo haitiano, propone una interrogante. Terminada la crisis, pagado su altísimo costo, ¿regresará Haití a su vida de violencia, corrupción y miseria?

Acaso el momento sea oportuno para que la comunidad internacional se proponga, en serio, pensar en el futuro de Haití y en las medidas que encarrilen al país a un futuro mejor que su terrible pasado. Que dejado a sí mismo, Haití revertirá a la fatalidad que lo ha acompañado siempre, es probable. Que la comunidad internacional debe encontrar manera de asegurar, a un tiempo, que Haití no pierda su integridad pero cuente con apoyo, presencia y garantías internacionales que asistan a la creación de instituciones, al imperio de la ley, a la erradicación de la pobreza, el crimen, la tradición patrimonialista y la tentación autoritaria, es un imperativo de la globalidad.

Ésta, la globalización, encuentra en Haití un desafío que compromete la confianza que el mundo pueda otorgarle a la desconfianza que todavía la acecha. La organización internacional prevé (o puede imaginar) maneras en que Haití y el mundo unan esfuerzos para que la situación revelada y subrayada por el terremoto no se repita.

Haití no debe ser noticia hoy y olvido pasado mañana. Haití no cuenta con un Estado nacional ni un sector público organizados. Los Estados Unidos de América no pueden suplir esas ausencias. La inteligencia de Barack Obama consiste en asociar a Norteamérica con el esfuerzo de muchos otros países. Porque Haití pone a prueba la globalidad devolviéndole el nombre propio: internacionalización, es decir, globalidad con leyes.

P.S. Una manera de entender a Haití más allá de la noticia diaria consiste en leer a algunos autores de un país de cultura rica, economía pobre y política frágil. Me refiero a Los gobernadores del Rocío de Jacques Roumain, un autor que partió de una convicción: el orgullo de los haitianos en su cultura. Tanto en Los gobernadores como en La presa y la sombra y La montaña encantada, Roumain resume en una frase el mal de Haití: "Todo mi cuerpo me duele". Junto con él, los hermanos Pierre Marcelin y Philippe Thoby-Marcelin escribieron la gran novela del Haití del vudú, las peleas de gallos y la superstición, Canapé-Vert, así como El lápiz de Dios y Todos los hombres están locos. Esta última prologada en inglés por Edmund Wilson, quien ve en ella, más allá del drama de Haití, "la perspectiva de las miserias y fracasos de la raza humana, nuestros amargos conflictos ideológicos y nuestras ambiciones aparentemente inútiles".

Carlos Fuentes es escritor mexicano.

 

Martes, a 19 de Enero de 2010

Tirando de hemeroteca recuperé un artículo que leí sobre un libro que hablaba de ciudades “basura” en países extremadamente pobres, entre ellos Haití.

En el texto del artículo, se remarcaba las palabras de una madre haitiana del Cité-Soleil de Puerto Príncipe que decía, copio literalmente, lo siguiente: “Por todas partes hay un agua verdosa y maloliente. Los mosquitos nos devoran. Mi hijo de cuatro años tiene bronquitis, malaria y ahora parece que también tifus. El médico dice que si no lo cuido lo perderé”.

Al leerlo, sentí un profundo escalofrío y pude imaginar, ¡me costó mucho imaginar algo así desde mi cómoda vida europea!, la situación de extrema angustia y dolor en el que se encontraba esa madre con su niño en brazos.

Lo más grave de las palabras de esa madre no está en las propias palabras en sí, ni son producto del dolor por la nueva desgracia que asola la parte occidental de La Española: el terremoto del 12 de enero. No, eso no es lo más grave.

Lo realmente dramático y inconcebible es que las palabras aparezcan en el libro de Mike Davis Planeta de ciudades miseria y que estén escritas hace más de tres años.

¿Qué clase de mundo habitamos si sabiendo como sabemos que pasan esas cosas, no nos revelamos en masa y exigimos una solución global? ¿Cómo es posible que nuestros impuestos, esos que lo mismo valen para construir una autopista que para financiar ilegalmente a unos políticos corruptos, cómo es posible, repito, que nuestros impuestos no sirvan para solucionar los problemas de países, como Haití, que están peor que hace 200 años?

¿Cómo es posible que para algún obispo sea más grave la "situación moral" de España –ver información 1, más abajo- que la muerte de más de 60.000 haitianos? ¿Es moralmente aceptable que esos mismos obispos, los que se rasgan las vestiduras ante la ley del aborto o del divorcio express, no hayan dicho ni una palabra sobre la desgracia de Haití? ¿Qué es más importante ante su dios, salvar un óvulo fecundado o proteger la vida de los niños que malvivían en las calles de Cité-Soleil de Puerto Príncipe? ¿Por qué los obispos y curas de mi país convocan tantas manifestaciones en contra del aborto y no han convocado ninguna en contra de las miserias y injusticias del mundo? ¿No es denigrante e inmoral que el Papa Benedicto XVI recibiera en audiencia privada hace pocos meses al actual Presidente de Haití, para darle su bendición, sabiendo como sabe cuál es el extremado grado de corrupción que tiene su gobierno y cuán miserable es la vida de los haitianos? ¿Y qué decir de Juan Pablo II, que apoyó, amparó, jaleó y mantuvo como sacerdote al anterior presidente de Haití, Jean-Bertrand Aristide, responsable de los “chiméres” que mataron a machete, fuego y balas a miles de haitianos?

¿Aún nos sorprende lo que está pasando en Haití? A mi no me sorprende: lo que está pasando es producto de doscientos años de miseria, vilezas y traiciones; es el resultado de doscientos años de expolio y corrupción.

Ahora, con más de 60.000 muertos tirados en las calles o bajo los escombros, todos nos rasgamos las vestiduras y mandamos ayuda para solucionar lo insolucionable. El mal ya estaba hecho antes del terremoto y los muertos no van a revivir con ayuda extemporánea.

Ahora se habla de reconstruir el país, pero... ¿Cómo creéis que van a reconstruir Haití? Si por “reconstruir” entendemos que se vuelvan a levantar las deleznables casuchas de hojalata y maderas, sin servicios sanitarios, o se construyan edificios sin ningún tipo de seguridad sísmica, mejor no hacer nada.

Entonces, ¿Cómo debería ser la reconstrucción de Haití? ¿Empezando desde “0”, levantando un país nuevo y moderno? Esa me parecería la perfecta solución... pero, ¿Quién dirigirá esa reconstrucción? ¿Los mismos gobernantes que han expoliado a su pueblo, los René Préval o los Jean-Bertrand Aristide de turno? ¿O tal vez el Fondo Monetario Internacional y los EEUU, que dirigieron con mano de hierro las políticas económicas de Haití durante los últimos 100 años? ¿O los franceses, con sus políticas de expolio miserable de 200 años de deudas -ver información 2, más abajo-?

Si no se va a tomar en serio la solución de un asunto tan serio, mejor no hacer nada.

Alfredo Webmaster

 

 


 

Nota 1

Lo dicho por el Obispo de San Sebastián, José Ignacio Munilla, son las palabras más miserables y faltas de “caridad cristiana que oí en mi vida: "Lamentamos muchísimo lo de Haití, pero igual deberíamos, además poner toda nuestra solidaridad y recursos económicos con esos pobres, llorar por nosotros y por nuestra pobre situación espiritual. Quizá es un mal más grande el que nosotros estamos padeciendo que el que esos inocentes están sufriendo" y “el mal que sufren esos inocentes no tiene la última palabra, porque Dios les ha prometido la felicidad eterna”.

Para evitar que me tachéis de laicista, ¡Que lo soy!, nada mejor que leer los artículos de opinión que, sobre estas inmorales palabras, escribieron dos teólogos católicos de fama mundial: Juan José Tamayo y Juan Masiá Clavel, en la web Redes Cristianas.

 

Nota 2

Interesantísimo artículo de Rubén Cortés, publicado en México, que nos recuerda la triste historia de un país triste y desamparado, al que una metrópoli, Francia, esquilmó económicamente durante 200 años

Haití, crimen de Francia, por Rubén Cortés para razon.com.mx, 14/01/2009

¿Por qué República Dominicana es el único país latinoamericano cuya economía creció en la actual crisis y, además, controla su inflación, posee una moneda estable, buen ritmo de inversiones extranjeras y una infraestructura que se moderniza?

¿Por qué Haití, tras haber sido en los siglos XVII y XVIII la colonia más rica de América, es el país más atrasado del mundo, atascado de hambre, desempleo, violencia, corrupción, despotismo, caos político, pistolerismo callejero y paralización económica? ¿Por qué estas diferencias si ambos países comparten la isla?

Porque a República Dominicana, por pobre que haya seguido siendo después de su independencia, en 1844, nunca fue abandonada por España, su metrópoli, y, de su mano, tampoco por las vanguardias culturales y económicas provenientes de Europa.

Pero Francia, como metrópoli, sumió a Haití en un desamparo eterno, ciega de rencor por el revés de los remanentes del Ejército napoleónico ante las huestes de Mackandal y Toussaint-Louverture en la revuelta que acabó con la independencia haitiana en 1804.

Desde entonces, los franceses mostraron la más honda indigencia de pensamiento, al ser incapaces de superar el desdoro que supuso que una guerrilla de negros desharrapados les matara 60.000 soldados y dejara mal parado el prestigio de Napoleón.

Así han sido con Haití los franceses, a pesar de que sólo 15 años antes de la revolución haitiana ellos mismos habían hecho otra que significó el triunfo de un pueblo pobre, oprimido y cansado de injusticias sobre los privilegios de la nobleza feudal y del Estado absolutista.

Pero Francia no restableció las relaciones diplomáticas hasta que, en 1825, Haití aceptó pagarle 150.000.000 de francos por la pérdida de sus esclavos: una suma similar al presupuesto anual de Francia de la época y a 10 años de los ingresos de Haití.

Es un hecho que todavía mancha la historia de Francia, pues para pagar la compensación la desde entonces destrozada Haití tuvo que pedir el dinero prestado a… los propios bancos franceses.

Y aunque consumieron por más de un siglo el 80 por ciento de sus recursos, la pobre pero honorable Haití terminó de pagarle aquellos 150.000.000 de francos a la inmensamente rica pero mezquina Francia, en 1947. O sea, hasta el otro día.

Mucha pompa universal de “igualdad, fraternidad y libertad”, pero olvidó Francia que, en el apogeo de la trata negrera del siglo XVIII, Haití le producía mayores ingresos que los que a Inglaterra las 13 colonias que luego serían los Estados Unidos de América.

Sin embargo, se debe de reconocer que al cabo de 200 años, y compungida ante el terremoto de 100.000 muertos registrado antier, Francia ha hecho algo por Haití: no deportará a más haitianos indocumentados… por ahora.

Chapeau.

 

Lunes, a 18 de Agosto de 2008

La mitad de la cooperación española va a América Latina - De la Vega viaja cada verano a supervisar los resultados

Por Ana Alfageme para El País, 18-08-08

 


Dos bebés viven sobre un río de inmundicia pero comen cinco veces al día por el trabajo de unas monjas. Una mujer con 10 hijos dejará de convivir con la pestilencia en la bahía más bella de El Salvador. Un barrio de Santo Domingo anexo a la zona colonial mudará su piel de gueto. Son algunas caras de un relato de solidaridad. Casi la mitad del dinero que, de los impuestos que pagan los españoles, se dedica a la cooperación (un 42% de los 5.509 millones de euros, 8.250 millones de dólares previstos para 2008, lo que constituye ya un 0,5% del Producto Interior Bruto) va a Latinoamérica.

La vicepresidenta primera, María Teresa Fernández de la Vega, en su cuarto viaje oficial a la región, se ha centrado en la inversión española (pública y privada) en los cuatro países que, en 11 días, ha visitado: México, República Dominicana, Haití y El Salvador. Ha repetido que España no aplicará la directiva europea de retorno de inmigrantes y ha vendido con entusiasmo el proyecto para que los extranjeros puedan votar en elecciones municipales españolas. Pero, sobre todo, ha monitorizado la ayuda al desarrollo. Y ha querido recalcar que el compromiso para esta legislatura es llegar a donar el 0,7% del PIB. Queda por saber si se cumplirá.

Dos bebés que comen

Oader y Oudur chillan cuando los flashes acosan al sentarse junto su madre una mujer blanca, la vicepresidenta del Gobierno de España. La joven ni siquiera los mira. Probablemente, los dos bebés gemelos sean fruto de una violación múltiple. Pero al menos comen, aunque vivan en el suburbio más mísero de Haití, el país más pobre de América.

Siete monjas, cuatro de ellas españolas, se encargan de que mujeres que alumbran a niños tras haber sido forzadas aprendan a quererlos, y que éstos estén nutridos, y que 1.300 niños más paseen un impecable uniforme por el conglomerado infernal de chabolas de chapa que es su casa y la de otros 300.000 haitianos en una barriada de Puerto Príncipe cuyo nombre (Cité Soleil, Ciudad del Sol en francés) es una broma macabra.

En medio de esa selva de chamizos reventados por las balaceras, refugio de las bandas, está el colegio Rosalie Rendu de las hermanas de la Caridad, premio Príncipe de Asturias de Cooperación. Un recinto humilde pero con parterres, con aulas. Algo parecido a la seguridad. O no.

"En los últimos tiroteos, dormíamos debajo de la cama". Sor Pilar, una enérgica navarra que lleva 25 años en Haití y es la superiora del colegio, cuenta los enfrentamientos de principios de 2007, cuando los cascos azules de la ONU declararon la guerra a las bandas. "Hubo momentos en que el único coche que se respetaba era el nuestro, y una vez que nos evacuaron gritaban: '¡No se vayan, hermanas, si se van ustedes acaban con nosotros!". Pero las monjas nunca han dejado de alimentar a los críos. "Es la suerte que tenemos, por la cooperación internacional", dicen.

Desde la penumbra risueña del colegio, la vicepresidenta salió a dar un breve paseo por el paisaje de penuria. Niños semidesnudos se acercaban pidiendo dólares y acababan abrazados a ella, que miraba el horizonte interminable de miseria con gesto demudado. Al otro lado del hedor del río, hombres y mujeres sin futuro clavaban sus ojos sobre la comitiva. En Haití, más de la mitad de sus nueve millones de habitantes sufre una pobreza extrema. El Gobierno español gasta aquí al año 16 millones de euros, de los que 240.000 van al colegio. Ha multiplicado por 30 la ayuda. Desde la indignidad de Cité Soleil, suena a poco.

Pescado libre de fango

Un perro esquelético sorbe del regato pestilente frente al umbral de la casa de Marta. "Ya ve cómo estamos, no se puede vivir así". Un niño, quizá uno de sus nietos o de sus hijos (tiene 10), se asoma curioso. Unos metros más allá, los manglares y la bahía de Jiquilisco, en El Salvador, un paraíso de 63.000 hectáreas y enorme biodiversidad (fue reconocida en 2007 como Reserva de la Biosfera) que, como el resto del país, es el desagüe de una pequeña nación densamente poblada (siete millones de habitantes en una extensión como Badajoz). Sólo el 3% de las aguas se vierte después de ser tratada.

La vicepresidenta inauguró, entre banderitas de España y de El Salvador, una planta de saneamiento costeada casi totalmente por la cooperación española, con 540.000 euros en Puerto El Triunfo, uno de los extremos de la bahía. A partir de ahora, las aguas residuales del poblado, de 10.000 habitantes, ya no se verterán al humedal, un centro pesquero y marisquero del que viven 50.000 vecinos.

Al lado de la casa de Marta, en la otra punta del laberinto de manglares, en Puerto Parada, la delegación abrió un centro de interpretación ecológica, también fruto de la donación española. Si falta la pesca -que empieza a escasear, contaba un pescador-, hay esperanzas de que los turistas se acerquen. "Y ya tenemos nuestro bulevar adoquinado, que no sabe usted lo que significa eso", decía otro.

Agua limpia en Acapulco

"No puede ser que de los 4.400 millones de personas que viven en países en desarrollo, casi tres quintas partes carezcan de saneamiento básico y un tercio no tengan agua potable". Las palabras pronunciadas por la vicepresidenta española unos días antes en Acapulco (México) parecían insólitas. Acapulco suena a Frank Sinatra, a glamour de los años cincuenta, a margaritas al atardecer en hoteles de lujo.

¿Problemas de agua en uno de los destinos turísticos más famosos del Pacífico? Pero la bahía de una ciudad de 700.000 habitantes, rodeada por rascacielos y atascos a cualquier hora, esconde una cara peligrosa: es el desagüe de todo tipo de contaminantes insalubres, sobre todo en época de lluvias, cuando las tormentas arrastran desde bolsas de basura hasta perros muertos.

Las autoridades mexicanas reconocen que, tras el paso del huracán Paulina (1997), que dañó la red de saneamiento de Acapulco, ésta no funciona bien. Tampoco opera adecuadamente la planta potabilizadora, que tiene el riesgo de averiarse y verter agua contaminada a la red.

El Gobierno, que ha creado un Fondo de Cooperación para el agua y el saneamiento en Latinoamérica (1.074 millones en cuatro años, hasta 2012) va a costear con 35 millones la mitad del plan de saneamiento integral de la bahía de Acapulco y realizará el plan de viabilidad. El objetivo: que todos los vertidos al mar sean de aguas tratadas.

Estruendo de un barrio

Al final del barrio de Santa Bárbara, en el corazón de Santo Domingo, hay un muro en el que los niños han pintado personajes amables, fantásticos. Para neutralizar la masa de ladrillos que les separa de las calles limpias, las fachadas encaladas, los turistas de la zona colonial. Para olvidarse del hambre, de su imposibilidad de leer, de eso que Guillermo y Jean Jean, dos monitores de un taller de chavales, conocen tan bien. Unos chavales sonrientes se han subido a unos zancos para escenificar la petición de oportunidades culturales ante la vicepresidenta.

Desde hace más de una década, una planta generadora de electricidad atruena día y noche la barriada, y los atracadores campan a sus anchas, como le ocurrió hace pocos días a la hija de Francis, que se asoma a la puerta de su casa cuando pasa la comitiva española junto a su vecina Victoria, una anciana que señala la ensordecedora instalación junto al río.

La Agencia Española de Cooperación Internacional (AECI) pretende restaurar el barrio y hacer más salubres casas y calles, con 1,2 millones de euros en cuatro años. España es el primer donante internacional en el país, con 20 millones de euros entregados en 2007.

Algunos de los 1.000 vecinos del barrio, un enclave asolado por la pobreza, el paro y el analfabetismo, no tienen agua, o luz, o la consiguen enganchándose ilegalmente a uno de los cables que cruzan el cielo. Apenas hay comercios y los rincones ocultan chabolas a las que se asoman tímidamente mujeres como Nuria, que entreabre la puerta de su chamizo, un pequeño cuarto. Tiene cinco hijos y 34 años. Cuando se le menciona el futuro de su barrio, a pocos metros de los grupos de turistas que retratan el esplendor colonial, sonríe con unos pocos dientes.
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