Música y Vino

Puedo intentar ser sincero pero nunca seré imparcial…
Jueves, a 5 de Agosto de 2010

 

Mapa de las distintas zonas de la D. O. Rías Baixas 

Por Caius Apicius para elconfidencial.com (Efe), 02/08/2010

Cambados, la capital del Salnés, ha celebrado un año más la gran fiesta de su hijo predilecto: el albariño, ese vino del mar, del fin del mundo, que cada año, y van cincuenta y ocho, es homenajeado en una fiesta colosal y multitudinaria, una fiesta del vino.

Este año tocó catar albariños del 2009. El Consejo Regulador ha calificado a esa añada como ‘muy buena’. Yo le hubiera subido la nota: los albariños del nueve están mejor que los del ocho, y mira que éstos estaban buenos; pero la última cosecha les gana. Esta vez sí que vale la pena recomendar que se beba el albariño del año; no siempre es así.

Esa manía de pedir albariños del último año ha estado vigente hasta hace nada. La gente había decidido que el albariño era un ‘vino joven’, y en consecuencia había que beberlo al año siguiente de su vendimia; las añadas anteriores ya no valían. Un error, pero un error de bulto: los albariños, cuando se hacen bien, y hoy se hacen muy bien, tienen una capacidad de evolución en botella magnífica, que hace que crezcan, que estén perfectos en su segundo, tercer y hasta cuarto año. Eso los albariños que llamaremos ‘normales’, que los elaborados sobre lías durante tres años en depósito de acero tienen unas expectativas de vida mucho más largas.

En fin, catamos y decidimos que el premio se iba para un vino del Condado de Tea, el Señorío de Rubiós. Es una bodega que lleva funcionando cuatro años... y ya ha estado tres veces en el podio de la Fiesta del Albariño. Lo hacen bien. De todas maneras, este año los catadores coincidimos en que la intensidad aromática de los vinos catados era muy baja, eran vinos muy planos en nariz; es curioso, porque los vinos de esta añada que he bebido en casa no me dieron esa impresión; también es verdad que en las catas de Cambados, este año, encontramos que la temperatura del vino era demasiado baja, y eso anula bastantes sensaciones.

Tres temperaturas a tener en cuenta

Hay tres temperaturas que hay que tener en cuenta al hablar de vino: la de cata, que al consumidor no le interesa para nada; la de servicio, y la de consumo. La de servicio ha de ser un poco más baja que la de consumo, porque el vino tarda muy poco en calentarse una vez en la copa. Y sí, un blanco ha de beberse a unos diez grados... pero debe catarse un poco por encima de esa temperatura.

El albariño es un vino con mucha literatura dentro, y muy buena literatura. Y buena prensa, además, porque ya era elogiadísimo cuando no lo merecía demasiado, en los tiempos de Cunqueiro y Castroviejo, cuando abrir una botella de albariño era una lotería, que te podía salir estupenda, pero que también podía salir deleznable. La elaboración correcta llegó a esta zona hace poco más de veinte años, un cuarto de siglo si acaso. A partir de ahí, el vino mantiene una regularidad, en lo posible, notable.

Por eso se ha convertido en uno de los blancos más apreciados, junto a los verdejos de Rueda y, si acaso, los godellos de Valdeorras. El albariño es un vino marino, y se le nota la cercanía del océano en ese puntito de salinidad que tiene en la boca. Por eso se entiende tan bien con todos los productos marinos, especialmente con los mariscos como las centollas, las nécoras, las cigalas... y los moluscos como las almejas, los mejillones o las navajas. La ostra le va bien, pero parece que las ostras piden champán...

Fresco, no helado

El albariño es vino para comer y vino para chatear, para tapear. Ha de beberse fresco, que no helado: el frío excesivo anula unas cuantas propiedades del vino, buenas y malas. Acostúmbrense, con los blancos, a poner en las copas poca cantidad, pero más veces: no debemos darle ocasión de calentarse: el calor resalta los defectos, y no es eso.

A la temperatura correcta, entonces. Una mirada al vino, limpio, de color amarillo brillante. Una primera sensación olfativa con el vino quieto: ahí habrá uva, manzana... Agitamos la copa, hacemos girar el vino, olemos de nuevo: ya aparecen toques florales, a lo mejor algún cítrico... Y ya un sorbo, largo y lento, paseando el vino por la boca. Al tragarlo, nuevas sensaciones frutales en la nariz... y apetece otra copa. No se la nieguen: el albariño hay que disfrutarlo. Eso sí, puestos a ello, no se olviden de que los taxis funcionan muy bien: si hay una cosa clara es que el vino y el volante son totalmente incompatibles. Disfruten del vino todo lo que quieran, pero... no se la jueguen a copas.

Sábado, a 31 de Julio de 2010

Por Susana Acosta para lavozdegalicia.es, 31/7/2010

¿Por qué se les habrá ocurrido a Adán y Eva colocarse en sus partes nobles una hoja de parra? Sin desmenuzar el trasfondo pudoroso que hay en este asunto, esto es lo que se le pasa a uno por la mente nada más pisar la playa de Combouzas, en Arteixo. Medio centenar de nudistas abarrotan el arenal, «y cada vez vienen más, los domingos son horribles», dice Mari, una usuaria asidua a esta playa y que reivindica su derecho a estar como Dios la trajo al mundo en la playa.

Lejos de cualquier estereotipo, lo cierto es que en Combouzas se respira un ambiente muy tranquilo, incluso en algunos casos demasiado relajado. Apenas hay ruidos, solo se escucha el sonido del nordeste, que ayer sopló con muchas ganas, y la fuerza de las olas. Así, despojados de cualquier tipo de complejos, no hay un look estándar para acudir a este tipo de arenales: los hay gorditos, delgados, peludos, imberbes, los hay que quieren pasar desapercibidos, los que no les importa que los miren y, cómo no, los que miran: «De esos vienen bastante», confiesa Loli, al tiempo que reconoce que le molesta esta nueva versión de voyeur: «Ahora ya no tanto, pero antes podías ver que se ponían con los prismáticos desde lo alto del acantilado».

Porque todos se conocen en esta playa nudista de Arteixo. Y se van formando pandillas: «Somos los amigos de la playa. Y precisamente esta noche organizamos una cena para los que venimos asiduamente a Combouzas», cuenta Mari. Hace años, este colectivo reunió firmas para lograr que el Ayuntamiento de A Coruña habilitase un arenal nudista en la ciudad, pero «ahí se quedó la cosa y no supimos nada más».

Ellos no entienden por qué los “textiles” -así llaman los nudistas a la gente que va a la playa con bañador- tienen derecho a entrar en los arenales nudistas y ellos no en el resto: «No es lógico. Es como si tuviéramos que escondernos de algo que todo el mundo tiene», explica Mari. De la misma opinión es Luis, que subraya el respeto que debe haber entre textiles y nudistas: «Se trata de disfrutar y de que cada uno esté como quiera estar».

Pedro es un melancólico. Le gusta recordar los años en los que comenzó el movimiento nudista y en los que tenían que limpiar entre todos la playa porque no había todavía servicio de limpieza de arenales. También hay recuerdos para los nudistas que fueron perseguidos durante la época franquista por intentar disfrutar del sol sin ataduras.

Todo ha cambiado. Ahora dicen que a Combouzas incluso acude gente que se desplaza desde Lugo y de Ponferrada a pasar el día en la playa. Ellos aseguran que quien prueba el nudismo una vez repetirá el resto de su vida. Pero sin duda, lo que a ellos más les reconforta es poder bañarse desnudos en el mar y tomar el sol sin obstáculos. Es una sensación única: «Si alguien tuviese que ducharse vestido, seguro que no lo haría. Pues esto es lo mismo», concluye Pedro.

Una treintena de arenales en la comunidad donde se permite ir sin bañador

La oferta de playas nudistas en Galicia representa aún una pequeña porción del total de arenales que salpican el litoral de la comunidad. De las más de 700 playas y calas que se reparten las provincias de Lugo, A Coruña y Pontevedra, solo 33 figuran como nudistas en el censo del Ministerio de Medio Ambiente, aunque este no incluye algunos espacios cuyas zonas más alejadas de los accesos son visitadas también por los naturistas.

Pontevedra, con 18, es la provincia con más playas nudistas oficiales; A Coruña dispone de 14 y en Lugo solo es posible encontrar una, la de Area Brava (Foz). En muchos casos, se trata de lugares de difícil acceso, reducido tamaño y aspecto casi virgen, aunque el aumento de las personas que han optado por aparcar las prendas de baño ha propiciado que dos de estos aspectos hayan ido cambiando con el paso del tiempo. Combouzas (Arteixo), Castro de Baroña (Porto do Son), Barra (Cangas), Bascuas (Sanxenxo) y varios de los arenales de las islas Cíes y Ons son algunos de los puntos más frecuentados.

 

Viernes, a 30 de Julio de 2010

Una vieja pulpería, tal como las recuerdo en las ferias.

Una caseta de feria, con sus mesas corridas y los parroquianos almorzando... Al fondo, un grupo de música tradicional gallega.

Los pulpos metidos en el caldero de cobre, en este caso cociéndose sin la cabeza...

Sacando los pulpos cocidos...

Cortando los tentáculos...

Un buen chorro de aceite de oliva extra...

... sal y pimentón...

... y las raciones de pulpo ya están listas. Ahora sólo falta...

 ... un buen pan y un buen vino (mejor en cunca que en vaso), ¡¡y a comer!!

Si hay una receta de cocina capaz de reflejar la idiosincrasia del gallego y que, entorno a un buen plato, nos muestre más felices y confiados, esa es la del “polbo á feira”, el “pulpo a la feria” para los españolhablantes.

Este plato le gusta tanto a los del PP como a los del PSOE, y ni que decir tiene que también a los del BNG. Seguramente, comer juntos un buen “polbo á feira” sería lo único que tienen en común las derechas y las izquierdas del panorama político gallego: Galicia es al pulpo lo mismo que el pulpo es a Galicia.

Como producto nuestro, de nuestra ancestral cultura, su historia, elaboración y pequeños secretos, lo más importante es el resultado final: que esté delicioso, a la vez tierno y duro, bien aderezado con abundante aceite. Como se hace en mi tierra. Como se come en mi tierra. Como decía Álvaro Cunqueiro, "en toda tasca de Galicia, a toda hora, todos los días de Dios se puede pedir una tapa de pulpo. Y el gallego la pide, le apetece siempre...  como en otoño, en la ferias  de mi Galicia, debajo de los robles, ya secas las hojas, y son  días tibios con algo de vendaval, días del veranillo de San Martín, y estás pinchando un trozo de pulpo, y viene una hoja planeando y te cae en el plato, o sientes removerse las hojas caídas entre tus pies, y te da el sol y te acaricia, y pasa nube y te da la sombra, que sientes que te refresca, y entonces te regalas un vaso de vino más para disfrutar de la feria y de la paciencia aldeana".

Pese a ser un producto de mar, las mejores elaboraciones no se cocinan en las costas gallegas. Curiosamente, las mejores pulperías (como negocio) o las más afamadas “pulpeiras” o “polbeiras” (las mujeres que preparan el pulpo, las mejores en esta profesión), son del interior de mi tierra, de las zonas de O Carballiño, Arzua, Melide, A Peroxa, etc. ¿Por qué?

Un poco de historia

En los siglos XVIII y XIX, las más importantes ferias, mercados y romerías se desarrollaban en el interior de Galicia, a donde llegaban los lugareños a vender sus productos del campo o sus animales (“o ganado”), donde compraban los aperos de labranza, donde se conocían los “mozos e mozas” y surgían noviazgos y matrimonios, y donde el clero, el sempiterno y conservador clero gallego, aleccionaba a sus feligreses en el buen camino y en la dádiva abundante.

Las más famosas ferias de Galicia se desarrollaban en torno al Mosteiro cirtenciense de Oseira (Ourense). El trasiego de personas, de compras y ventas de las ferias y mercados, llevaba a que algunas transacciones fueran pagadas mediante el intercambio de productos, los de la costa con pescados y los del interior con sus cultivos o ganaderías.

Muchas veces, los pagos que tenían que hacer los lugareños al clero por el alquiler de tierras y los derechos de labranza, eran mediante la entrega de productos del mar curados o encurtidos, como en el caso del pulpo, que llegaba a esas tierras desecado.

Los frailes, famosos además de por avariciosos por glotones, encomendaban a las mujeres de Arcos, pueblo cercano al Monasterio, la cocción del pulpo y su preparación con la más famosa de las recetas: o polbo á feira.

Con el tiempo, esa costumbre monacal fue transmitiéndose boca a oreja, e incluyéndose en las celebraciones populares del resto de Galicia. En las romerías, además de la venta de “polbo á feira” también se consumía “carne o caldeiro” (de la que ya hablé en el blog: ver enlace) o rosquillas elaboradas artesanalmente por las rosquilleiras, mujeres de ropajes negros y pañoleta en la cabeza.

El tiempo fue pasando y pasando, y lo que empezó como una receta monacal, que después pasó a ser uno de los platos preferidos de la gente del rural, de la gente de campo, terminó convirtiendo en una receta de fama nacional e internacional, que lo mismo la toma un aldeano de boina que un atildado broker de traje impecable y corbata de seda.

Hoy, en Galicia, no se entiende ninguna fiesta o celebración popular en la que no esté presente “unha polbeira”, un toldo multicolor (para proteger de las lluvias de mi tierra), mesas corridas con bancos de madera, “unhas cuncas de bó viño tinto do ribeiro” y abundante pan elaborado con harina de trigo y centeno de origen gallego (las mejores harinas del mundo para panes). Así somos. Así (espero) seguiremos.

Ingredientes

- Un pulpo de 2 kilos o 2 ½, congelado, mejor si es de los pescados en "roca" (y gallego) que los de pesca de altura o marroquís

- Aceite de oliva virgen extra, mucho mejor si es de 1º

- Pimentón picante de la Vera (o mezclado con pimentón dulce)

- Sal gorda o en escamas, pero mejor una Maldon

- Una cebolla (puedes prescindir de la cebolla si tienes la suerte de poder cocinarlo en un caldero de cobre)

- En algunos sitios se usan unas hojitas de laurel

- Pan de mucha miga y buena corteza, tipo bollo de Cea, Carral o de Carballo, o bolla de Vimianzo

Preparación

La razón de utilizar pulpo congelado obedece a la propia naturaleza correosa de este animal y a la necesidad de romper las fibras de su carne. La congelación lo que hace es introducir agua en sus fibras, agua que al congelarse aumenta de volumen y las rompe. Al descongelar el agua sale de las fibras y deja la carne lista para su cocción.

Antiguamente, cuando no existían los congeladores en los hogares, el proceso de ablandado requería de mazado del pulpo contra una superficie dura, trabajo muy cansino cuando había que mazar varias piezas. Recuerdo cuando era jovencito e iba a las Islas Ons de camping, el ruido sordo que provocaban los pescadores al golpear los pulpos contra las rocas que había al lado del puerto. Y aún recuerdo mejor el maravilloso sabor de los pulpos recién pescados y mazados que cocinaban en Casa Checho y Casa Acuña. Pero eso es otra historia…

Sigamos… 24 horas antes de la cocción se retira el pulpo del congelador y se deja descongelar de forma natural, un tiempo en el exterior de la nevera, un tiempo en el interior de la nevera. El proceso tiene que ser gradual, sin forzar el descongelado; nada de usar el microondas, dañaríais la carne del pulpo. Se limpia el pulpo quitándole las tripas de la cabeza, la boca y los ojos. Yo, de vosotros, también eliminaría la propia cabeza del pulpo, una parte carnos mucho menos sabrosa.

En una tartera grande de acero inoxidable, o, mejor aún, en un caldero de cobre, se pone a hervir agua abundante sin sal. Como mucho, echaremos unas hojas de laurel y la cebolla (si el recipiente no es de cobre).

Cuando el agua hierva agarramos el pulpo por la cabeza y lo metemos tres veces en la tartera o caldero: una vez y lo sacamos unos segundos, otra vez y lo sacamos otros segundos, y una tercera vez… a la siguiente lo ponemos a cocer. ¿Los motivos? Una práctica ancestral gallega que no tiene una explicación científica pero que da como resultado un gusto inenarrable: está mucho más sabroso... con el escaldado la piel se adapta al agua caliente, se pega al cuerpo del animal y no se desprende. A la inmersión del pulpo se le llama “asustarlo”.

Dependiendo del tamaño del pulpo, se deja cocer a fuego vivo durante 30/40 minutos. A partir del minuto 30 se le empieza a pinchar periódicamente para ver como va de dureza. Fundamental: el pulpo no puede quedar duro pero tampoco blando, no puede parecer que estamos mascando chicle (estaría demasiado cocido).

Una vez conseguido el punto casi ideal, apagaremos el fuego, sacamos el pulpo de la tartera o caldero, lo dejamos reposar a temperatura ambiente unos 15 minutos (para tensar la piel) y a continuación lo devolvemos a la tartera para que repose y se vuelva a templar en el agua de la cocción. Además, si se retrasa el servicio en mesa, el agua mantendrá el pulpo en la temperatura perfecta.

Presentación

Deberemos contar con los imprescindibles platos de madera de boj o castaño, platos que mojaremos, antes de cortar el pulpo, en el agua caliente de la tartera o caldero y que, posteriormente, escurriremos hasta que sólo quede la humedad de cocción. ¿La razón? Templar el plato, tapar los poros de la madera y dar sabor al pulpo; además, la mezcla del agua de cocción y el aceite hace un mejunje delicioso.

Cortaremos los tentáculos del pulpo en porciones de más o menos 1 centímetro de grosor, preferiblemente en diagonal para que resulten más vistosos, repartiéndolos por toda la superficie del plato de madera. Si el pulpo lo tomáis en una pulpería comercial, comprobareis que no es así: allí os lo cortarán mucho más fino para que con la menor cantidad de pulpo posible parezca que os han llenado el plato; además, os pondrán un buen trozo de la cabeza del pulpo, una carne que como decía antes es inferior calidad a la de los tentáculos. Si, ya sé, es un truco comercial, pero es lo que es; aún que tratéis de porfiar con la polbeira, nada conseguiréis: son tozudas y sordas ante las quejas.

A continuación pondremos por encima del pulpo un buen y abundante chorro de aceite de oliva. Por último, espolvoreamos la sal y el pimentón picante al gusto (a mi me encanta con buenas cantidades de ambas cosas).

Como decía al principio, la sal debe ser gorda, de buena calidad, para que de un toque crujiente al morder el pulpo; el aceite también debe ser puesto de forma generosa, consiguiendo una mezcla perfecta con el sabor del pimentón y los restos del agua de cocción. Está absolutamente permitido, ¡y recomendado!, hacer unas deliciosas “sopitas” con el pan… eso, al menos a mí, me gusta tanto como el propio pulpo.

La costumbre habitual es comer el pulpo pinchándolo con palillos de madera y acompañarlo de un buen vino tinto del país, tipo Barrantes o Ribeiro de barril, con o sin gaseosa (al gusto) y siempre servido en cunca (taza) grande.

Variantes

Pese a que era algo no habitual en el pasado, ahora es muy normal que en todos los puestos de venta y pulperías nos ofrezcan unos “cachelos” para acompañar el pulpo.

Los cachelos son patatas con su monda, perfectamente limpias, que se cuecen en agua de la utilizada para el pulpo que hemos apartado previamente. En esa agua, que tiene adherido el sabor y color del cefalópodo, echaremos unas hojas de laurel y un poco de sal. Una vez cocidas podemos sacarles la piel o servirla con ella: a mi me gusta con la propia piel, le da un sabor especial a la fécula.

Importante: las patatas se sirven escachadas (rotas a cuchillo, no cortadas), acompañadas de abundante pimentón y aceite de oliva, y si apetece, un pizca de sal.

Alfredo Webmaster

 

Y se acabó... sólo queda un trocito: ¡Qué pena!

 

Miércoles, a 21 de Julio de 2010

Rosalía de Castro, la más importante escritora de nuestra cultura, compuso este triste poema pensando en los gallegos que abandonaban su tierra en busca de una vida mejor.

Compuso este poema para los que miraban atrás llorando, despidiéndose de lo más preciado que tenían: su tierra, su entorno, “seu lar”.

El poema está musicado y cantado por Amancio Prada, el más sublime y sensibles de los músicos que cantan en gallego.

Es complicado traducirlo al español: jamás sonará igual si no es cantado en su lengua original.

Alfredo Webmaster

 

Rosalía de Castro: “Adiós ríos, adiós fontes” (Cantares Gallegos, 1863)

 Adiós, ríos; adios, fontes;
adios, regatos pequenos;
adios, vista dos meus ollos:
non sei cando nos veremos.

 
Miña terra, miña terra,
terra donde me eu criei,
hortiña que quero tanto,
figueiriñas que prantei,

 
prados, ríos, arboredas,
pinares que move o vento,
paxariños piadores,
casiña do meu contento,

 
muíño dos castañares,
noites craras de luar,
campaniñas trimbadoras,
da igrexiña do lugar,

 
amoriñas das silveiras
que eu lle daba ó meu amor,
camiñiños antre o millo,
¡adios, para sempre adios!

 
¡Adios groria! ¡Adios contento!
¡Deixo a casa onde nacín,
deixo a aldea que conozo
por un mundo que non vin!

 
Deixo amigos por estraños,
deixo a veiga polo mar,
deixo, en fin, canto ben quero...
¡Quen pudera non deixar!...

 
Mais son probe e, ¡mal pecado!,
a miña terra n'e miña,
que hasta lle dan de prestado
a beira por que camiña,
ó que naceu desdichado.

 
Téñovos, pois, que deixar,
hortiña que tanto amei,
fogueiriña do meu lar,
arboriños que prantei,
fontiña do cabañar.

 
Adios, adios, que me vou,
herbiñas do camposanto,
donde meu pai se enterrou,
herbiñas que biquei tanto,
terriña que nos criou.

 
Adiós, Virxe da Asunción,
branca como un serafín,
lévovos no corazón;
pedídelle a Dios por min,
miña Virxe da Asunción.

 
Xa se oien loxe, moi lonxe,
as campanas do Pomar;
para min, ¡ai!, coitadiño,
nunca máis han de tocar.

 
Xa se oien loxe, máis lonxe
Cada balada é un dolor;
voume solio, sin arrimo...
Miña terra, ¡adios!, ¡adios!

 
¡Adios tamén, queridiña!...
¡Adios por sempre quizais!...
Dígoche este adios chorando
desde a beiriña do mar.

 
Non me olvides, queridiña,

si morro de soidás...
tantas légoas mar adentro...
¡Miña casiña!, ¡meu lar!

 

Viernes, a 18 de Junio de 2010

 

¡Benvidos todos a Ponte de Ume! ¡A vila abre os seus muros á xente de tódolos reinos!

Todos nós, de aquí e de fora, seremos estes días eumeses e sentiremos o aire que no século XIV invadía a antiga fortaleza dos Condes de Andrade. As feiras xa non serán patrimonio duns poucos, como nos tempos antigos. Hoxe, o I Feirón Medieval dos Andrade xa é unha realidade palpable por nobres, campesiños e cidadáns de toda clase social.

Pontedeume posúe unha historia digna de ser recordada porque dela provén o que somos na actualidade. Temos a responsabilidade de conservar o que os nosos ancestros levantaron na vila coas súas propias mans. Debemos ensinar ó mundo o patrimonio que ainda hoxe conservamos e que fan de Pontedeume e as súas parroquias un lugar a descubrir.

O I Feirón Medieval dos Andrade proporcionaranos a oportunidade de sentirnos como os nosos antepasados.

Chamámosvos a que disfrutedes, bailedes, riades e brindedes nesta festa, xa que seredes vós os verdadeiros artífices do éxito e da ledicia que queremos que se respire na vila.

Estes días poderedes contemplar fermosas mulleres, valentes cabaleiros, loitas nas rúas, akelarres, escenas insólitas, música, teatro, nenos disfrutando con xogos tradicionais e artesáns vendendo os seus obxetos chegados doutras épocas. E como non, poderedes comer e beber!

Ogallá este salto no tempo sexa do voso agrado, e agardamos poder seguir ano tras ano sorprendéndovos con cousas novas.

Grazas a todos os que, dunha ou doutra maneira, axudáchedes a que o I Feirón Medieval dos Andrade sexa unha realidade. Conseguímolo! Esta festa é de todos!

¡Unha forte aperta! ¡Qué comece o I Feirón Medieval dos Andrade!

PROGRAMA DE ACTOS

VENRES 2 DE XULLO

Tarde:

18.00 h. Apertura dos postos do Feirón Medieval.

19.30 h. Pasarrúas inaugural, no que participarán os músicos, actores, malabaristas, cabaleiros e demais persoeiros que participan no Feirón Medieval.

20.00 h. Pregón desde o balcón do Concello a cargo de Carlos de Castro, Profesor de Xeografía e Historia do IES Breamo de Pontedeume. Inauguración do “I Feirón Medieval dos Andrade”.

20.30 h. Representación de “El arbol del amor” (zancudos) a cargo do grupo La Recua.

21.00 h. Música medieval polas rúas a cargo do grupo Cabra Loca.

Noite:
22.00 h. Música medieval polas rúas a cargo do grupo Cabra Loca.

22.30 h. Representación de “La troupe de los Santurrones” a cargo do grupo La Recua.

SÁBADO 3 DE XULLO

Mañá:

11.00 h. Apertura dos postos do Feirón Medieval.

12.00 h. Pasarrúas de apertura.

12.30 h. Música medieval polas rúas a cargo do grupo Cabra Loca.

13.00 h. Representación de “Las bellas doncellas” a cargo do grupo La Recua.

13.30 h. Música medieval polas rúas a cargo do grupo Cabra Loca.

Tarde:

18.00 h. Apertura dos postos do Feirón Medieval.

19.00 h. Exhibición de voo de aves de cetraría na Praza do Conde.

19.00 h. Representación de “Los bribones y el retablo mágico” a cargo do grupo La Recua.

19.30 h. Música medieval polas rúas a cargo do grupo Cabra Loca.

20.00 h. Representación que rememora a Revolta Irmandiña acontecida na vila no século XV, a cal, liderada por Roi Xordo, levouse a cabo contra Nuno Freire de Andrade e a súa familia. Os campesiños percorrerán as rúas de Pontedeume ata chegar ó Torreón dos Andrade, onde Roi Xordo pedirá explicacións ó señor da vila sobre varias medidas impopulares levadas a cabo por éste.

20.00 h. Representación de “El arbol del amor” (zancudos) a cargo do grupo La Recua.

21.00 h. Música medieval polas rúas a cargo do grupo Cabra Loca.

Noite:
22.00 h.
Música medieval polas rúas a cargo do grupo Cabra Loca.

22.30 h. Cea medieval nos balcóns do Mercado de Abastos.

00.00 h. Representación de “El séquito de la Santa Compaña” a cargo do grupo La Recua.

 

 

DOMINGO 4 DE XULLO

Mañá:

11.00 h. Apertura dos postos do Feirón Medieval.

12.00 h. Pasarrúas de apertura.

12.30 h. Música medieval polas rúas a cargo do grupo Cabra Loca.

13.00 h. Representación de “Las bellas doncellas” a cargo do grupo La Recua.

13.30 h. Música medieval polas rúas a cargo do grupo Cabra Loca.

Tarde:

17.00 h. Apertura dos postos do Feirón Medieval.

19.00 h. Exhibición de voo de aves de cetraría na Praza do Conde.

19.00 h. Los bribones en la “Tierra de la Jauja” a cargo do grupo La Recua.

19.30 h. Música medieval polas rúas a cargo do grupo Cabra Loca.

20.00 h. Representación de “El arbol del amor” (zancudos) a cargo do grupo La Recua.

21.00 h. Música medieval polas rúas a cargo do grupo Cabra Loca.

Noite:

22.00 h. Música medieval polas rúas a cargo do grupo Cabra Loca.

22.30 h. Representación de “La troupe de los Santurrones” a cargo do grupo La Recua.

ACTIVIDADES PARALELAS

Cetrería: os días 3 e 4 haberá exposición de aves na Praza do Conde e espectáculos polas rúas da vila.
Tiro con arco: os días 3 e 4 haberá exhibicións e talleres para nenos e adultos na Praza do Conde.
Esgrima antiga: os días 3 e 4 haberá exhibicións e talleres para nenos e adultos na Praza do Conde.
Rincón infantil: xogos e talleres as mañás dos días 3 e 4 de 11 a 14 h. e as tardes dos tres días de 17 a 21 h. na Praza do Pan.
Caravana de burros ananos: dispoñibles para os nenos polas rúas da vila.

Haberá tamén en diferentes horarios outros espectáculos de música, malabaristas, etc.

Nota: o programa podería sufrir cambios de derradeira hora por motivos alleos á organización.

 
Categorías:
Domingo, a 7 de Marzo de 2010

Las indicaciones del camino, que al principio del trayecto, subiendo por la carretera que lleva al Mosteiro da Armenteria y el Club de Golf de Meis, nos hacían suponer una cómoda llegada, al final no resultó tan fácil: ¡Qué difícil nos lo pones, Pepe Vieira!

El letrero del Pepe Vieira Camiño da Serpe está entremezclado con otros letreros más, lo que hace que sea facilísimo, como nos pasó a nosotros, pasar de largo y tener que volver hacia atrás. Pero valió la pena.

En medio de la campiña gallega, en la ladera del monte de la Armenteria, mirando a la ría de Pontevedra y con la Isla de Tambo como referencia, allí está el destino de nuestro viaje: un edificio cúbico, perfectamente integrado y respetuoso con el entorno, con colores y materiales de construcción cálidos, neutros: maderas, vidrios, hormigón… y árboles, jardines, parras, hierbas aromáticas.

La entrada al restaurante, que se realiza sobre un camino de lamas de madera tratada para soportar las inclemencias del tiempo, tiene una pequeña pega: si no se le quita el verdín que acumula, resulta algo resbaladizo.

Ya dentro, en un espacioso hall desde el que se observa a la izquierda el área de cocina, enfrente una espaciosa sala de estar/descanso y a la izquierda el restaurante, nos recibe Xoan Cannas, responsable de sala. Emana tranquilidad, sosiego, a la par que pasión por lo que hace.

En la cocina está su hermano Xosé, alma y sumo sacerdote de los fogones.

La mesa que nos asignaron, de cuatro plazas pero montada para dos, es amplia, cómoda, cálidamente iluminada; las sillas, más bien sillones, extremadamente cómodos y agradables, ideales para disfrutar. La mantelería impecable, bien planchada y centrada, algo no tan habitual. La vajilla de diseño, adaptada al menú que ofrece el restaurante, sin las excentricidades tan típicas en los locales que van de “modelnos”. La cristalería correcta.

El servicio de mesa es, sencillamente, perfecto: todo fluye sin prisas (pero sin pausas), con un control absoluto sobre los tiempos, con una correctísima y completa (pero nada ampulosa) presentación de los platos.

Como era un tres de enero, en plena fiestas de Pascua, Xoan nos ofreció una alternativa al menú de degustación gastronómico: probar el menú de Navidad, acompañándolo de un vino tinto de la denominación de origen Rias Baixas que no conocíamos.

Nos pareció una opción perfecta: menú especial para esa época del año, acompañado de un vino tinto desconocido (al menos para nosotros).

Menú de Navidad

- Snacks: pan de pipas y ajonjolí

- Cremoso de foie gras de pato con queimada de aguardiente de hierbas

- Arroz meloso de bogavante hecho con el consomé de sus corrales con hojas y flores acres perfumadas y crujientes

- Bacalao confitado con sus callos en pil pil aromático, pasas, piñones y crocante de coliflor

- Capón de Villalba con crema de garbanzos especiada, trazo cortado en su jugo asado, trigueros y orejones

- Pizarra de quesos afinados con sus contrapuntos:

---- Brillat Savarin con orejón carnoso: queso fresco de leche de vaca de Normandía, Francia

---- Etivaz con puerro: rico en aromas de nuez, leche cruda de vaca de los Alpes, Suiza

---- Ubriaco di Nero con uva pasificada: con costra de uva pasa, leche de oveja Treviso, Italia

---- Payoyo con pistacho: leche de cabra payota de la sierra de Cádiz, España

---- Casajo con nuez caramelizada: leche cruda de oveja de la región de Benetto, Italia

---- Stilton Carlston con castaña al vino: leche de vaca de Leicestershire, Inglaterra

---- Epoisses Germain con mermelada de frutas del bosque: leche entera de vaca de Cote d’Or, Francia

---- Curado Rufino con jalea de manzanas: leche cruda de cabra de Rufino Manjares, Extremadura, España

Antes del postre

- Trufas de navidad con cítricos

- Piruletas de chocolate blanco salpimentadas

Postres

- Las uvas de Fin de Año con sopa de piña infusionada en manzanilla, anís, canela, efervescencia y caramelo de eucalipto

- Paisajes navideños

- Nuestro turrón de frutos secos y praliné

Vino

- Goliardo Loureiro 2007: un vino para mi desconocido, al que llegué por la recomendación de Xoan Cannas. Es un magnífico tinto, que espero probar más veces para dar una opinión asentada.

Cafés

- Unos magníficos cafés seleccionados, con un fuerte aroma y sabor, que disfrutamos en la sala de estar/descanso, frente a unos enormes ventanales que dan al jardín y a la ría. ¡Ah, se me olvidaba! En este área permiten fumar.

La comida en su conjunto, al margen de cualquier otra consideración, es toda una experiencia, una especie de “gastroshock” del que sales (muy gratamente) tocado: menú largo, variado, sutil, divertido, sorprendente, deslumbrante, innovador (y a la vez tradicional), arriesgado, vital, ecléctivo, inteligente… como son los hermanos Cannas.

¿Es caro? Tanto trabajo, tanto amor, tanta dedicación, tantas ganas y empeño por agradar, tienen un precio… y el de un almuerzo así, está justificado.

Se merece, de largo, su estrella Michelín. Pertenece al grupo gastronómico gallego Nove.

Alfredo Webmaster

Dirección: Camiño da Serpe s/n. 36994 Raxó (Pontevedra)

Teléfono: 986 691749

Dirección web: www.pepevieira.com; E.mail: info@pepevieira.com

Cierra: lunes y todas las noches salvo viernes y sábados. En verano solo cierra domingo noche y lunes todo el día.

Precio: entre 50 y 90 € cubierto

No está permitido fumar en el comedor, pero tiene zona para fumadores

 
Sábado, a 6 de Marzo de 2010

Por Manuel Rivas para elpais.com, 06/03/2010

En ocasiones el político tiene que tragarse sus propias palabras e incluso puede descubrir, como constataba Churchill, que esa práctica ayuda mucho a conseguir una dieta equilibrada.

Según las últimas encuestas, Rosa Díez pasa por ser la política mejor valorada de España. Podríamos decir, "más mejor", pero sería incorrecto. Esta líder tan emergente lleva unos días atascada de forma absurda en el medio de una escalera, desde que se le ocurrió contestar con un desliz xenófobo a la pregunta de Gabilondo, en CNN+, de qué pensaba sobre Zapatero: "Es gallego, en el sentido más peyorativo del término". No era una primicia.

En octubre pasado había recurrido a la misma perla para definir a Núñez Feijóo. La construcción gramatical es tan absurda como el contenido, y un lapso repetido puede revelar un inconfesable prejuicio. Lo peyorativo, sea "más" o sea "menos", es siempre peyorativo. Pero, ¿qué sentido tiene utilizar reiteradamente un gentilicio para descalificar a los rivales políticos? Gabilondo le preguntó también por Rajoy. Aquí la respuesta fue de bingo: "¡Es gallego!".

La señora Díez cuenta con mentores intelectuales de gran inteligencia, gallegos incluidos, por lo que resulta sorprendente que, al final, su programa se limite a calzar el adjetivo "gallego" a diestra y siniestra. Si además su propósito es salvar España, en el sentido "más mejor" del término salvar, podría intentar convocarnos a la tarea con un estilo más cosmopolita y menos "cantonal y pueblerino", que diría Arcadi Espada.

El problema para algunos es de sentido de humor. Es lo que suelen alegar los paletos metropolitanos cuando pretenden reírse de los que consideran paletos "de aldea". Eso ya lo dejó bien zanjado Octavio Paz: puede ser más cateto un figura de Wall Street que un pelao del último ranchito. Además, no le veo vocación humorística a la señora Díez.

Lo peor no es que nos quiera salvar. Lo peor es que nos quiere aburrir en nombre de España.

 

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Martes, a 2 de Marzo de 2010

Por Caius Apicius elconfidencial.com, 01/03/2010

Hace unos días estaba yo con unos amigos tomando un tentempié en uno de nuestros bares favoritos de mi ciudad natal. Pedimos unos berberechos, en su fórmula más sencillas, esto es, abiertos en una cazuela sin más líquido que el que ellos mismos sueltan con el calor. Eran unos berberechos hermosos de tamaño, y riquísimos de sabor.

A uno de los comensales, que desde luego no era gallego, le extrañó que los moluscos llegaran a la mesa algo más que tibios, tirando a calentitos. Él estaba acostumbrado a dejarlos enfriar del todo, esto es, hasta la temperatura ambiente, entre su cocción y su consumo. Le hicimos ver que con una temperatura más adecuada la cosa ganaba bastante, y al final estuvo de acuerdo.

Hay mucha gente a la que le resulta chocante el hecho de tomar el marisco con cierta temperatura. En una ocasión ya lejana, en un restaurante de Cangas do Morrazo famoso por sus ostras, un amigo mío disfrutaba de éstas –bueno, se ponía como el Quico de aquellas ostras planas inolvidables- cuando el propietario del local nos enseñó cuatro nécoras de buen tamaño que venían echando humo. "Las acabo de cocer -nos dijo- y dentro de un rato os las pondré". Mi amigo dijo: "claro, cuando estén frías". Y el tabernero negó la mayor: "¿Frías? Nunca. Voy a dejar que se entibien, simplemente. Las nécoras hay que tomarlas mornas (templadas)".

 

Como McQueen en La gran evasión


Claro que sí. Y las centollas. Ojo: nadie está diciendo que se tomen calientes, aunque haya zonas en las que así se hace, sino cuando están un poco por encima de la temperatura ambiente... y, desde luego, cuando se han atemperado de forma natural, esto es, dejándolas enfriar sin caer para nada en la tentación de castigarlas con una estancia en la nevera como si fueran Virgil Hilts, el inolvidable personaje de Steve McQueen en La gran evasión. El frío de nevera no hace ningún favor a estos mariscos: seca sus carnes, dificulta su extracción de las patas... y les cambia el sabor.

Así que berberechos, mejillones, nécoras, centollas, santiaguiños, cigalas... que haga un rato, pero sólo un rato, que se han cocido en agua convenientemente salada y que vayan bajando su temperatura por medios, digamos, naturales. El hielo sólo va bien en los casos extremos, en los casos en los que el marisco se come no ya crudo, sino vivo, como las ostras y las almejas "al natural", que se sirven normalmente sobre una capa de hielo picado; el frío, aquí, es beneficioso para la firmeza de sus carnes, puro sabor a yodo, a mar limpio... En los demás casos, el frío sirve sólo para su transporte. Pero nada es igual a comer un marisco de hoy, como mucho de ayer, cocido hace un rato y aún moderadamente tibio.

Con otra excepción gloriosa: los percebes. Con los percebes no hay tibieza que valga. Han de ir de la lumbre a la mesa, a la que llegarán tapados con un paño blanco, en parte para que no se enfríen nada entre la cocina y el comedor y en parte también para que los comensales los pillen a ciegas, es decir, sin seleccionar con la vista los más grandes. Pero han de estar calientes. No digo que quemando los dedos, pero que les falte poco. Comer percebes es algo que no fomenta la conversación, entre otras cosas porque mientras hablas pierdes turno, pero también para evitar que se enfríen; por eso se suelen cocer y servir por tandas.

 

Berberechos con limón y percebes calientes


Siempre recuerdo de mis años estudiantiles madrileños de las que yo consideraba auténticas herejías marisqueras que presenciaba en tantos bares y tascas. Una, comer los percebes -a precio de percebe- de la cámara, del escaparate, o sea, fríos; otra, que cuando alguien pedía una nécora se la trajesen ya dividida en sus correspondientes secciones, y escoltada por cuartos de limón para regar con su zumo al crustáceo, al que no le hace ninguna falta tal 'ayuda'; la tercera, que muchos parroquianos que pedían en el aperitivo una latita de berberechos al natural, en tiempos en los que no alcanzaban los precios en ocasiones desorbitados a los que ha llegado este antaño humildísimo molusco, regaban su contenido con un chorrito de vinagre. Con los años he aprendido a respetar casi todos los gustos, pero... por lo que a mí respecta, si quiero subrayar el frescor de unos berberechos usaré, juiciosamente, limón, un elemento con el que jamás se me ocurrirá mancillar el sabor de una buena nécora.

Pero en lo que me declaro intransigente es en la temperatura de consumo de los percebes. Calientes, y bien calientes; sólo así desarrollan todo ese sabor único, marino, irrepetible. Fríos... qué quieren que les diga, a mí me resultan chiclosos, me parecen menos percebes. De modo que seguiré disfrutando de los percebes recién cocidos, de los berberechos y mejillones abiertos al vapor minutos antes, de las nécoras y centollas cocidas con cierta antelación, tampoco mucha... La temperatura es un elemento más a la hora de experimentar placeres gastronómicos: afecta al sabor, a la intensidad de los aromas y, desde luego, a la sensación táctil en la boca, que es la que interesa. Así que cada cosa a su temperatura: mejor para todos.

 

Sábado, a 27 de Febrero de 2010

Como en Galicia hay un refrán que dice: “Si no quieres caldo, toma tres tazas”, yo a ti, Rosa Díez, alias “la Peyorativa”, te voy a dar la tercera taza de hoy.

Como no vivo de la política ni milito en ningún partido (de izquierdas) concreto, me puedo permitir algunos lujos de libertad y transparencia que en otras circunstancias no serían posibles. Entre esos lujazos está poder airear tus traiciones al socialismo español, el papelón que estás haciendo como la mejor “tonta útil” de la derecha española (da gusto ver como te apoya Federico “Fede” Jiménez Losantos), tu doble juego de honrada defensora de la justicia y al mismo tiempo deshonrada acosadora del juez Garzón, y, sobre todo, esa chulesca prepotencia de portadora de los valores eternos del Rh negativo.

No creo que tu padre, un obrero metalúrgico socialista que pagó con la cárcel la defensa de la República Española, estuviera muy feliz de ver como te abrazas a lo más rancio y soez de los herederos de los mismos que le humillaron a él.

Pero bueno, Rosita, así es la vida de puñetera… como dice otro refrán, “en el pecado llevas la penitencia: de haber podido ser todo un referente para el socialismo vasco y el más firme apoyo para Patxi López, has alcanzado la gloria de ser, como te dije antes, la mejor de las “tontas útiles” del P.P. ¡¡Felicidades!!

Como gallego que soy, y gracias a ti, desde hoy empezaré a potenciar desde mí Web a la Coordinadora Galega de Equipos de Normalización de Dinamización Lingüística.

Alfredo Webmaster

 

 

 Campaña "Orgullos@s do noso, orgullos@s do galego" da Coordinadora Galega de ENDL, presentada por Martiño Rivas, Belén Regueira, Antón Reixa, Susana Seivane, Luis Tosar e María Castro, orgullos@s do galego ao 100%

 

 

Jueves, a 25 de Febrero de 2010

Desde siempre, Rosa Díez me pareció lo que es: una arribista, una cínica en el peor sentido de la palabra, una aprovechada en la más obscena de sus acepciones y un personajillo sin escrúpulos que vivió a costa del PSOE, exprimiendo, hasta sus últimas consecuencias económicas, su acta de eurodiputada.

Esta señora, que dice representar la decencia y la buena calidad en política, me ha insultado, me ha vilipendiado y me ha pisoteado como gallego. Y no se lo perdono.

Como soy rencoroso y cuando vienen a por mi, suelo responder, a esta Rosa Díez le voy a responder como se merece, y en caliente.

Imaginemos una escena en la que yo, Alfredo, estuviera siendo entrevistado por Iñaki Gabilondo.

Él, en su papel de entrevistador, me pregunta:

Gabilondo: - “Entorno a Rosa Díaz, una idea que la defina…”.

Yo le respondería:

Alfredo: - “Podría ser vasca... en el sentido más peyorativo del término”.

Obviamente, si nos pusiéramos a usar términos peyorativos para definir qué es ser vasco, o vasca como Rosa Díez, podríamos decir auténticas burradas sobre ellos, burradas que son producto de la misma incultura y soberbia que uso esta fulana para definir a los gallegos.

Por ejemplo, ¿Qué términos peyorativos podríamos decir de los vascos y vascas?:

 

- Que son reconocibles por su prominente apéndice nasal.

- Que son famosos por el uso, desmedido, de la coletilla “¿Y pues…?”.

- Que sus orígenes pastoriles y rupestres, hace que aún lleven la boñiga pegada en sus carnes.

- Que sus deportes más apreciados, altamente “intelectuales”, consisten en levantar grandes piedras para después volverlas a depositar en el suelo o cortar troncos al ritmo del txistu.

- Que son famosos por su desaforado machismo y por la costumbre que tienen sus hombres de reunirse, a solas, en locales cerrados para comer hasta reventar.

- Que sus mujeres, feas y frías como un témpano de hielo, han conseguido que el sexo sea un tema tabú… y poderlo disfrutar en pareja, casi un milagro.

- Que se creen poseedores de un Rh exclusivo y excluyente… pero la cruda realidad de sus orígenes genéticos les hace ser más parecidos a los bereberes que a los celtas o latinos.

- Que sus gudaris son muy echados "pa'lante"... salvo cuando llega una guerra civil, como la de 1936, cuando se ridieron antes de pegar un sólo tiro (los que no era requetés) o, como ahora, que matan por la espalda y salen huyendo como conejos. 

- Que son famosos por la capacidad que tienen para observar, sin inmutarse, como mueren asesinados a traición seres humanos inocentes... y siguen caminando como si nada hubiera pasado.

 

Ni que decir tiene que estos términos y expresiones sobre los vascos (y vascas), son lo que son: peyorativos. Usarlos para referirnos a un colectivo humano tan maravilloso como es el pueblo vasco, es un insulto grave que no se debe admitir jamás.

Por tanto, Rosa Díez, no vuelvas a usar peyorativos para responder a una pregunta: además de (des) calificarte (aún más) como política, te (des) califica mucho más (de lo que ya lo estás) como persona. Y, lo que es peor aún, te pueden responder con la misma moneda.

Alfredo Webmaster

 

 

 

Martes, a 2 de Febrero de 2010
- El pulpo es uno de los platos más solicitados en Santiago de Compostela.

- Se hierve en caldero de cobre, donde se mete y saca tres veces.

-Se come mancomunadamente, es decir, todos del mismo plato.

Por Caius Apicius paraelconfidencial.com, 02/02/2010

Como sucede cada vez que el 25 de julio, día de Santiago, cae en domingo, éste es año Xacobeo o, por usar su nombre oficial, Año Santo Compostelano. Este hecho, unido a que no se repetirá la coincidencia hasta el año 2021 y al auge turístico del Camino de Santiago, hará que sean muchos los peregrinos que acudan a Compostela por los más diversos medios.

Una vez en Santiago, además de visitar la catedral, darse un par de cabezazos contra la estatua del Maestro Mateo -que es la que mira hacia el altar mayor, no se confundan- y dar el preceptivo abrazo al Apóstol, esos peregrinos se diseminarán por la ciudad con el lógico ánimo de, una vez alimentado su espíritu, echarse algo comestible a la boca, cosa nada complicada en la capital gallega.

Y una de las cosas que más solicitarán los visitantes a la hora de comer, o de tomarse un aperitivo más contundente que menos, será el clásico pulpo que en Galicia se llama "á feira" y fuera de ella "a la gallega". "A feira" porque era, y es, típico de las ferias de ganado, a las que acuden las pulpeiras con sus calderos y su experiencia. Hace años, esa feria, que se celebraba cada jueves, se hacía en la carballeira -robleda- de Santa Susana, en la parte alta de la muy céntrica Alameda. Hoy se la han llevado fuera de la ciudad, pero vale la pena añadir a la gran peregrinación otra pequeñita hasta el lugar llamado Amio, sede actual de esa feria... si se está en Santiago un miércoles.

"Enternecerlo" a golpes
 
Allí podrán disfrutar del pulpo en su estado puro, en su elaboración tradicional, la más clásica. Hombre, hay cosas que han cambiado. Antes, para que el pulpo, cuyas carnes en estado natural son muy duras, se hiciese cargo de la necesidad de ablandarlas había que "enternecerlo" a golpes, normalmente contra las rocas o las escalerillas de piedra de los muelles. Hoy se le ahorra la paliza y se consigue el mismo efecto por el sencillo método de congelarlo y descongelarlo.

Una vez listo para cocinar, la receta es sencillísima sobre el papel, pero es de las que en casa no salen. Bueno: sale, pero no igual que les sale a las pulpeiras; hay cosas -el pulpo de esta manera, el cordero asado...- que es mejor comer fuera de casa. Se coge el pulpo, se le echa -sin soltarlo- en agua que está hirviendo en un típico caldero de cobre, se saca, se vuelve a meter, se saca nuevamente y, a la tercera, ya se le suelta y se le abandona a su suerte en el caldero. Ah: el agua no tiene sal.

Cuando se juzga que está en su punto, que es uno de los intríngulis de la receta, porque el pulpo ha de estar masticable, pero no blando -quienes lo apreciamos queremos que "trisque" en la boca-, la experta lo extrae del agua, corta sus tentáculos -ahora sólo se ponen los tentáculos- con tijeras y los va depositando en los típicos platos de madera. Los riega con aceite de oliva, les pone sal -mejor gorda- y pimentón, que le da color y, según lo que le ponga, gracia o picante... y a la mesa, con un buen pan y un vino de la tierra.

Recuerde dos o tres cosas: el pulpo se come mancomunadamente, es decir, todos del mismo plato; se pincha con palillo de madera, jamás con tenedor; y, vaya usted a saber por qué, el gallego pincha siempre los trozos de dos en dos. Ah: obligatorio el "toma pan y moja". Una sensación única: cuando coinciden bajo el diente la rodaja de pulpo y el grano de sal gorda. Y el vino, tinto y del país; lo suyo sería un Ribeiro. No se hagan problemas, porque en este caso el vino es sólo compañía: lo importante es el pulpo.

¿Pulpo gratis?

Puede que cuando vaya usted a Santiago no haya feria. No se preocupe: sobran sitios donde tomar un buen pulpo. Y, además, puede usted quedar como un marqués... y salirle gratis el pulpo. Verán. La fachada Sur de la catedral da a una placita de gran belleza, la plaza de las Platerías. Una fuente con caballos en su centro y, desde allí a la puerta catedralicia, una escalinata. Bien: usted ha de apostar una ración de pulpo con alguno de sus acompañantes. La pagará usted si su amigo es capaz de subir esas escaleras de dos en dos; en otro caso, él será el "pagano". Raro será que no le acepten la apuesta: son unos escalones nada amenazantes, fáciles.

Bueno, después han de seguir por la Quintana dos Mortos, subir otras escaleras hasta la dos Vivos, tomar por la calle de la Troya y, un poco más adelante, cerca de San Martín Pinario, a mano derecha, hay una taberna llamada Los Sobrinos del Padre donde íbamos a tomar pulpo en nuestros ya lejanos tiempos de estudiantes boticarios. La casa tiene la friolera de 130 años de antigüedad, y parece que fue fundada por un cura que, al morir, se la dejó a unos sobrinos. Es un clásico de Compostela... y del pulpo.

Ah: no se preocupen por la apuesta. La tienen ganada de antemano, porque... las escaleras son impares. Quince. No hay manera de subirlas exactamente de dos en dos, que es lo apostado. Pero cuidado: las de la Quintana son... pares. No se confundan.

Información adicional:

- El pulpo: Galicia y Japón

- Cachelos de ayer y de hoy

 

 

Plaza de las Platerías (vista nocturna)

Vista de la Plaza, con la escalinata impar al fondo

Detalle de la fuenta de la Plaza de las Platerías

 

Jueves, a 21 de Enero de 2010

En este año 2010 se celebra el último Xacobeo hasta el 2021. Es, por tanto, un año importante y fundamental para el futuro del Camino de Santiago.

Serán 11 años de silencio y, quizá, de algunos olvidos de ese recorrido iniciático en el que todos hemos participado, con sus más y sus menos.

Tal vez sea éste año, ojalá, el de inicio de mi descanso de un trabajo en el que llevo 26 años. Y tal vez, gracias a eso, éste sea el año en el que, ¡Por fin!, termine de recorrer caminando los 761 kilómetros que van desde Roncesvalles (Navarra – España) a Santiago de Compostela (Galicia – España), el trayecto llamado “Camino Francés”, la ruta xacobea por excelencia, la vía clásica utilizada desde hace más de ocho siglos para llegar a la Catedral de Santiago desde la Europa central, y que fue declarado por la UNESCO Patrimonio de la Humanidad.

¿Un proyecto? No, un sueño…

Alfredo Webmaster

 

 


 

Para los que conocéis Galicia, estos vídeos sólo son el recordatorio de lo que aquí hubo, de lo que aquí hay y, sobre todo, del potencial inmenso que atesoramos para el futuro.

Si no hay más, no es por que algunos no deseemos construirlo; si no hay más, es por que algunos sólo nos lo dejan soñar.

Pero sería fácil: sólo habría que ponerse a hacerlo.

Alfredo Webmaster

 

Esta es Galicia…

 

y tienes que venir a verla…

 

… es fácil: sólo tienes que caminar…

 

… hay muchas historias por el Camino…

 

… y al final está el destino: ¡Santiago de Compostela é grande!

 

 

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Domingo, a 10 de Enero de 2010

En estos días del invierno más frío y nevoso de los últimos 30 años, Galicia amaneció como las típicas estampas de las postales navideñas.

En Casa do Castelo de Andrade el espectáculo aún fue mayor…

Alfredo Webmaster

 

Lunes, a 21 de Diciembre de 2009

Por Xabier R. Blanco para elpais.com, 30/07/08

Se acercaba el Festival de Ortigueira y en la cabeza del artesano Santiago Bernárdez bullía una idea: presentar en la gran fiesta del mundo celta un kilt, la falda que visten los hombres e identifica a los clanes en Escocia, pero propio de Galicia. "Hice el diseño del tartán, el tejido a cuadros, lo registré y llamé a un amigo escocés para encargar 30 faldas. No sabía cómo iba a resultar la aventura, llevé 25 y las vendí todas. Fue un éxito que no me esperaba".

Ya ha encargado otras 100 faldas a su proveedor escocés. Las comercializa a 29 euros cada una. "No pretendo que sustituya el traje tradicional gallego, sino que se convierta en una prenda para los días de fiesta. Y aquí tenemos muchos días de’troula’ (nota 1)", comenta en Allariz, donde ha instalado el taller de cuero que regenta desde hace cinco años con Mónica, su pareja.

La ocurrencia no fue repentina. Este diseñador, natural de Cangas do Morrazo, vivió antes de establecerse en Allariz dos años en Irlanda y cinco en Escocia. "Cuando me invitaban a una fiesta tenía que alquilar un kilt para no desentonar y costaba, si se trataba de épocas como fin de año, 80 libras".

En Escocia se encuentra el Tartan World Register, institución que valida, tras un examen riguroso, el cuadro que identifica a una familia, a una empresa o a una nación. Obtener el certificado supone un desembolso de 400 euros. "Cuenta el porcentaje de los colores y la disposición y distribución de los cuadros, que salen de un telar con cuatro barras, que ya existían hace siglos en Galicia, sobre todo en la Ribeira Sacra, como ha constatado los estudios de la británica Anna Champeney". Santiago Bernárdez inscribió su diseño como Tartan Gallaecia/Galician National, que se caracteriza por un 50 % de color azul cobalto, 40% de azul marino y 10% de blanco. "Elegí el azul cobalto por el escudo gallego, el azul marino por el mar y el blanco por la bandera. Creo que la combinación quedó bastante bien", opina mientras enseña un kilt que dejó en Allariz por tratarse de una talla pequeña. "Lástima, lo hubiese vendido también".

Alguno de los que se acercaban a su puesto en Ortigueira le reclamaron un kilt en el que predominase el color rojo, "y les respondía que sólo vendía el nacional de Galicia". Cuando los clientes se interesaban por qué en el gallego mandaba el azul, se topaban con una respuesta imposible de rebatir: "Porque es el que he registrado yo". En el Festival de Ortigueira, Santiago Bernárdez también puso a la venta la highland shirt (camisa tradicional) y el sporran (zurrón que se anilla a la cintura). "En vista de la aceptación, voy a encargar también las medias, y los ribbons, que son una especie de ligas que sujetan las medias a la altura de la rodilla, para completar el atuendo".

El negocio está en pañales, pero este artesano rezuma optimismo. "Recorremos muchas ferias y fiestas y en esos momentos la gente se anima porque tienes ganas de risas y de ‘carallada’ (nota 2)". Además, Internet resulta una herramienta imprescindible para llegar desde Allariz a todas partes con un simple clic. Bernárdez ha registrado las webs TendaGaliza.com, TiendaGalicia.com y GalicianShop.com en las que también explica la historia del tartán en Galicia y en Europa para proclamar su universalidad: "Lo entendemos como algo escocés, pero es una vestimenta universal. Hay registrados el tartán nacional de Alemania, Australia, Holanda..." Y ahora también el de Galicia.

Cuando alguien se interesa por el kilt gallego, Bernárdez se detiene un rato con el comprador para impartir una clase de historia resumida y la manera de vestir esta prenda. "Casi todo el mundo lleva mal la falda. Se la colocan en la cadera y hay que llevarla en la cintura para que quede justo a la altura de las rodillas".

La pregunta que más le formulan es si se luce con calzoncillo debajo de la tela o sin él. "¡Sin calzoncillo, por favor!", responde. "Sólo los bailarines tienen licencia para ponerse calzoncillos".

Notas:

1- Troula: fiesta o jolgorio.

2- Carallada: similar a troula

 

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Martes, a 24 de Noviembre de 2009

El nuevo anuncio de la serie “Vivamos como galegos!” de Gadis es, como todos los anteriores, magnifico, y la constatación de una realidad: los gallegos somos como somos… y sino, ¡Maloserá!

Alfredo Webmaster

Posdata: se pronuncia así, todo seguido, "¡Maloserá!".

 

 

Martes, a 10 de Noviembre de 2009

Una buena tortilla y una "cunca" de tinto de Barrantes: ¿Existe mejor almuerzo para un día de frío y lluvia?

Volvemos al tema de las tortillas

Ayer almorcé con una tortilla española (de patatas) realizada con buenos huevos de corral, unas buenas patatas gallegas y una, quizá, excesiva cantidad de cebolla (pero buena). El resultado final, no siendo nada del otro mundo, tampoco estuvo mal.

Además, para acompañar la comida pedimos un excelente tinto Barrantes nuevo (del año), cosecha de la casa, con una acidez muy lograda y ese halo aceitoso que deja el vino en la “cunca” cuando se mueve.

El lugar del almuerzo se llama Casa Pintos, en Ribadumia, una honrada casa de comidas, muy familiar, que cuenta con poca variedad de platos, pero todos ellos muy recomendable y con un precio ajustadísimo.

Aprovechando el tema, el de la tortilla y sus variantes, recordé que tenía guardado un artículo escrito por Matoses en una página Web que visito habitualmente. Lo recupero y lo incluyo en mi blog para que todos sepamos más sobre este manjar de la gastronomía española.

Con la inclusión de esta nueva entrada, ya son tres los escritos que hacen referencia a la tortilla de patatas dentro de www.musicayvino.com; el primero de ellos, fue uno que escribí yo mismo el 31 de julio de 2008 (pinchad en el enlace para entrar), donde plasmaba mis experiencias personales con este plato e incluía una receta muy detallada para su elaboración, y, una segunda entrada, el día 23 de octubre de 2009 (pinchad en el enlace para entrar), escrita por el gastrónomo Caius Apicius, un maestro en el comer, en elaborar y opinar.

En el escrito de hoy se citan varios restaurantes en los que se elaboran buenas tortillas. Conozco (y comí) algunas de ellas, y a todas las recuerdo como memorables: El Manjar, La Penela, La Casilla, Mesón O Bo, Las Cinco Puertas, en Galicia, y La Ancha, Las Tortillas de Gabino, La Ardosa, Tres Olivos, Tamara, Sylkar y Sacha, en Madrid.

¿Cuál es la mejor, para mí? Las mejores: la de El Manjar y Las Cinco Puertas, en Galicia, y la de La Ancha y Sylkar, en Madrid.

Un aviso importante: no sé por qué razón, pero el enlace al artículo original en donde está incluida la anotación de hoy, da problemas… Se lo comuniqué a elconfidencial.com, para que le busquen soluciones.

Alfredo Webmaster




Por Matoses para elconfidencial.com, 18/09/09

La tortilla de patatas es uno de los platos más emblemáticos de la cocina española. Es paradójico que el exceso de costumbre en su consumo, evite que dediquemos el tiempo necesario para admirar esta insólita y popular elaboración. Por eso, queridos golosos, la tortilla de patatas es hoy nuestra protagonista.

Ingredientes para una tortilla de cuatro personas: 8 huevos, 2 decilitros de aceite, 200 gramos de patatas y sal. Instrucciones: Las patatas, una vez peladas, se lavan en agua fría y se secan con un pañito. A continuación se cortan en rajitas delgadas y se fríen en aceite o manteca de cerdo. Cuando están fritas se les escurre un poco la grasa, si hubiese demasiada, y se sazonan con sal. En un bol se baten los huevos, se les añade la sal correspondiente y se procede a hacer la tortilla, redonda y plana, procurando que adquiera un ligero color rubio por ambos lados. Al servirla suele acompañarse con alguna ensalada, aparte de lechuga o escarola, sola o con tomate, cebolla, aceitunas y algunos trocitos de atún en escabeche o aceite.”

Nunca la combinación entre huevos, patatas, aceite de oliva, sal y cebollas dio tanto que hablar. La receta anterior, de los maestros Néstor Luján y Juan Perucho, y que aparece en el Libro de la Cocina Española, muestra cómo posiblemente nuestro plato más discutido, debatido y amado, es por el contrario el más sencillo en su elaboración.

Todos los golosos tenemos nuestra tortilla favorita, nuestra predilecta. La tortilla constituye uno de los lujos gastronómicos más democráticos que existen. Por ello, alrededor de la misma se desarrollan los más jugosos debates acerca de dónde encontrar la mejor pieza. La controversia se extiende hasta los más mínimos detalles: ¿Con o sin cebolla?, ¿fina o voluminosa?, ¿poco o muy hecha?, ¿debe exhibir claras transparentes?, ¿fluida o compacta?, ¿debe utilizar las patatas de mayor calidad o los mejores huevos de corral?, ¿son acaso mejores las kennebec de Palencia o las de Betanzos? La polémica se extiende en otros ámbitos de su elaboración: ¿Debe ser individual o cuarteada?, ¿aceite de oliva o girasol?, ¿casera o de fuera?, ¿se debe cocer por un lado o por ambos?, ¿se mezcla la cebolla antes de volcar los huevos en la sartén? o… ¿Cómo debe ser el batido de los mismos: acelerado o al ralentí?

Las conversaciones llegan a la extenuación cuando se habla de la dichosa huevina o si es apropiado acompañarla con pimiento verde, tomate, mayonesa… Por cierto: ¿Conserva la tortilla de patatas su integridad holística cuando va rellena de otros componentes que no sean cebolla? Porque a nuestra protagonista de hoy se la satura con mil y un elementos: sangre, mezclas vegetales, butifarra, judías cocidas, ibéricos diversos, chicharrones, ajos o incluso sesos cocidos…

En lo que todos los golosos estamos de acuerdo es que los valores para enjuiciar una tortilla de patatas residen en la jugosidad, la esponjosidad, la ligereza, la temperatura y punto de los ingredientes. Unos ingredientes que, sin ningún atisbo de duda, deberán estar a la altura de tan dignísimo y representativo manjar.

La elaboración de tortillas de patata llega en determinados casos a la compulsiva obsesión por encontrar la mejor fórmula. Es por ello que decenas de restauradores a lo largo y ancho de la piel de toro hacen lo posible por encontrar ese toque personal que la haga diferente, especial, única, la mejor. Acompáñenme en un recorrido por todas ellas.

Muy posiblemente el trono por la mejor tortilla se disputa en la franja noroeste de la península, siendo probablemente Galicia la comunidad donde más patente queda el esfuerzo por la perfección de la misma. Por detrás, aunque sin llegar al cuerpo de distancia, se encuentran el País Vasco y Navarra, que sacarían cabeza y media a Castilla y León y la capital del reino.

Pero vayamos por partes. Si nos atenemos a la que parece la más verídica historia de su origen, tenemos que viajar hasta Navarra. Fue en aquellos fueros donde aparentemente una granjera -con evidentes limitaciones en su despensa- ofreció para comer al general Zumalacárregui la primera tortilla de patatas de la historia. Josefina Sagarría es la heredera de esa peculiar tradición culinaria hoy en Lesaka. Allí se elabora la que para muchos es la mejor tortilla de España. En su KASINO se consumen unos 5.000 huevos mensuales, utilizados exclusivamente para elaborar las magníficas y asombrosas tortillas que devoran sus clientes.

De igual manera, EL MANJAR en La Coruña, enarbola -bajo el punto de vista de quien esto suscribe- la bandera de la mejor tortilla de Galicia. Su deslumbrante tortilla se sitúa incluso por delante del popular y archiconocido LA PENELA y el famoso LA CASILLA de Betanzos o el MESÓN O`BO de Carmen Castelo en La Coruña. Poniendo tierra de por medio, en Pontevedra encontrarán una tortilla de altura en LAS CINCO PUERTAS. Pero el nivel general allí es alto, muy alto. No en vano, todos los establecimientos gallegos anteriormente citados han sido destinatarios de los más diversos premios por el nivel de sus elaboraciones.

Cataluña, en cambio, no se ha prodigado especialmente con este plato. En tiempos de bolsillos exiguos tenían a bien calmar el hambre con otros humildes productos. De hecho, el propio maestro Plá no conoció la tortilla de patatas hasta llegar a Madrid entrada la veintena. A pesar de esto, no deja de ser curioso cómo una creación mundialmente conocida como es la deconstrucción de la tortilla de patata de Marc Singla tuviera como origen Cala Montjoi. Por mi parte, nunca he entendido el fanatismo que numerosas personas muestran por la que parece ser la mejor tortilla de aquellas tierras: la de CASA PERU, situada en corazón del Valle de Arán. Demasiado seca, tostada e irregular.

Los Redruello se han convertido en los legítimos cancerberos de la tortilla de patatas en Madrid. Desde que comenzaran con el primitivo restaurante del barrio de Salamanca, su tortilla velazqueña les ha acompañado en LA ANCHA (tanto en Príncipe de Vergara como Zorrilla) o LAS TORTILLAS DE GABINO. De la amplia oferta, les recomiendo la poco dietética babosa sumergida en callos a la madrileña. Otros lugares de culto a tener muy en cuenta son: SYLKAR, donde para muchos se hace la mejor tortilla de Madrid, a pesar de su desigual servicio y ambiente. Asimismo les recomiendo LA ARDOSA, donde encontrarán una sabrosa y espectacular tortilla, además de otros productos de calidad. Interesantes son las tortillas de las dos sucursales de LA PENELA. También las de LA TABERNA DE PEDRO, ALCARABEA o TRES OLIVOS. No duden en probar la de TXIRIMIRI o JUANA LA LOCA. Ambas comparten autoría (y la acertada cebolla caramelizada). Aunque si existen dos instituciones capitalinas en lo que a tortilla se refiere, esas son el restaurante TÁMARA (siempre por encargo) o la botillería con más solera, SACHA. A este último se le añade un fanático seguidor, SACHA´S OMELETTE, situado en Alcalá de Henares y que paga legítimos royalties de autoría al propio Hormaechea.

No quisiera dejar de recomendarles otras tortillas absolutamente memorables: melosa y sabrosa es la de TAHITÍ, en Logroño. También la que se elabora en el UROGALLO, situado en pequeño pueblo de Camaleón, a las faldas de los Picos de Europa. Y si en Castilla y León existe verdadera tradición con este plato, es en LA ENCINA y en el MESÓN PATIO MARTÍN donde se tornan verdaderamente irresistibles y gozosas.

Dicho esto, láncense a buscar y salivar con sus curvas y sus populares aromas. Porque la tortilla de patatas, queridos golosos, es una referencia indispensable de la gastronomía española. Una invención gozosa que, en estos convulsos tiempos, reordena de forma virtuosa los valores culinarios.

 

Domingo, a 8 de Noviembre de 2009

Entre los carballos (Quercus robur- roble), castiñeiros (Castanea sativa – castaño) y bidueiros (Betula celtiberica – abedul) que inundan la finca de Casa do Castelo de Andrade, hay vida, hay naturaleza en ebullición.

A los pies de los árboles húmedos del otoño, los cuerpos fructíferos de los hongos brotan sin aparente orden, dando al campo imágenes de rara belleza y de extraños significados: las setas, con sus variados colores y formas, son el justo premio a la bondad de un entorno privilegiado, un espacio protegido por quien sabe que el mejor hábitat es aquel en el que el hombre no lo invade ni pretende controlarlo.

En Casa Castelo de Andrade hay vida.

Alfredo Webmaster

Posdata: las 10 primeras fotos fueron realizadas hoy por la mañana, con la cámara de mí teléfono móvil; las 5 siguentes fueron realizadas por Víctor Jove.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Domingo, a 1 de Noviembre de 2009

 

Por Caius Apicius para la Agencia Efe, 26/10/2009

Cuando se habla de patatas suelen salir a colación las patatas gallegas, momento en el que, inevitablemente, el 'enterado' de turno dirá: "¡Ah, sí, los cachelos!" ¿Dice mal... o dice bien? ¿Los cachelos son patatas? Pues... sí, pero no. A ver: todo cachelo es una patata, pero no toda patata es un cachelo, ni el cachelo es una variedad de patata, sino una forma de cocinarlas que, además, ha cambiado con los tiempos y con los avances que la tecnología ha aportado a la cocina.

A principios del siglo pasado, Manuel María Puga y Parga, que popularizó en los temas gastronómicos su seudónimo de Picadillo, al hablar de los cachelos decía: "Su preparación es sumamente sencilla. Se dividen las patatas sin pelar en dos pedazos -y si se quiere, enteras-; se salan y se colocan en un recipiente de barro, poniéndoles agua por la mitad. Se tapa el recipiente y se pone al fuego, haciendo hervir su contenido. Cuando las patatas están medio cocidas se les escurre el agua y se meten en el horno hasta que estén tiernas".

El mismo autor varía ligeramente la receta al ocuparse de las sardinas con cachelos: las patatas "se parten al medio, sin mondarlas, y se hacen cocer con agua y sal. Cuando están a media cocción se les escurre el agua, se atafegan con un paño y se coloca el puchero boca abajo al lado del fuego para que acaben de cocerse y secarse con el calor". Atafegar viene equivaliendo a sofocar, ya que el paño que tapona la boca del puchero 'sofoca', ciertamente, las patatas. Como ven, la fórmula tiene ciertas coincidencias con las papas arrugadas canarias... que, aunque muchos peninsulares lo crean así, tampoco son una variedad de papas, sino una manera de prepararlas.

 
Patatas cocidas sin más

Las recetas para cachelos de Picadillo tenían validez con otras cocinas, aquellas de hierro llamadas 'económicas' o 'bilbaínas', y con otros hornos. Hoy, con cocinas de gas o de placa de inducción, lo de colocar el puchero 'al lado del fuego' se ha quedado obsoleto. Ahora, llamamos cachelos, sencillamente, a las patatas cocidas. El DRAE, que recoge la voz solamente en plural, hace venir 'cachelos' de 'cacho', y los define como "trozos de patata cocida que se sirven acompañando carne o pescado".

En realidad, los cachelos son, actualmente, patatas, peladas o no, enteras o partidas, cocidas en agua con sal. Pero no son, para nada, un tipo de patata. La variedad dominante en Galicia, sea en Bergantiños (Coruña), Terra Chá (Lugo) o A Limia (Orense), es la Kennebec, de pulpa blanca y piel por lo general lisa y amarillenta. Esto no quiere decir que todas las patatas sean iguales, que no lo son, porque no sólo influye la variedad, sino factores climáticos, edafológicos y hasta geográficos, como la mayor o menor proximidad al mar.

Antes salieron las sardinas con cachelos, un binomio casi inseparable y, durante muchos años, la única mención literaria a esta singular manera de cocinar las patatas. El antecitado Picadillo y Julio Camba han dedicado páginas magníficas a las sardinas con cachelos, que es la forma de comer sardinas que más gusta a los gallegos: asadas enteras sobre brasas, quizá envueltas en hojas de parra que impidan que la grasa caiga a las brasas, y acompañadas de cachelos que absorban esa grasa y, claro, vino.

En la taberna sí, en la verdulería no

Últimamente se ha puesto de moda el pulpo con cachelos. La verdad es que las patatas cocidas en el agua en la que coció, o cuece, el pulpo quedan muy bien. Cuando se hacen a conciencia, llegan a la mesa teñidas de morado e impregnadas del sabor del molusco: están ricas.

El problema es que en casi todas partes le ponen a uno el pulpo con unas cuantas patatas cocidas... y no es eso. El pulpo á feira se comió siempre tal cual: en plato de madera, cocido en agua sin sal en caldero de cobre, troceado a tijera y aliñado con sal gorda, aceite de oliva y pimentón más o menos picante, al gusto; además, un buen trozo de pan para empujar y mojar y una taza o cunca de vino tinto; se come con palillo y, vaya usted a saber por qué, pinchando dos trozos cada vez. La patata cocida no es, me temo, más que una forma de llenar el plato con menos pulpo; hoy por hoy, el pulpo es un producto caro, y las patatas no.

En fin, atengámonos a los tiempos y a la Real Academia, y aceptemos llamar cachelos a las patatas cocidas, en general. Por cierto: poniendo una hojita de laurel en el agua en la que se cuecen, la cosa gana puntos. Y es cierto que las patatas gallegas, cocidas, son un auténtico manjar... pero lo que no podrá hacer usted es comprar cachelos para cocer, salvo que quien le venda las patatas tenga bastante sorna o, simplemente, aplique la traducción simultánea, ya hemos visto que inexacta. Cachelos encontrará usted en la taberna o la casa de comidas, pero no en la verdulería.

 

Viernes, a 23 de Octubre de 2009

Caius Apicius (Efe) - 10/09/2009

Vaya por delante que soy un escéptico respecto a las encuestas, y que, como periodista, lamento que gran parte de la información que hoy facilitan los medios esté compuesta por sondeos, porcentajes y estadísticas; pero así son, al parecer, las cosas, y no hay asunto sobre el cual no se nos proporcione una encuesta, con los resultados expresados, naturalmente, en porcentajes.

Leo que Coca-Cola ha elaborado una encuesta, vía Internet, para descubrir cuál es el plato favorito de los españoles. De 1.700 respuestas -usemos nosotros también los porcentajes: poco más del 0,04 por mil de la población española- se desprende que ese plato que los españoles preferimos a cualquier otro es la tortilla de patatas. Más exactamente, el pincho de tortilla.

Puede que así sea; no hay más que ver lo solicitado que está el pincho de tortilla por las mañanas en las barras de toda la geografía española. Pero hay algo que no me suena mucho: un pincho de tortilla no es un plato: es un tentempié, un aperitivo, algo que se toma en el bar de la esquina. Una tortilla de patatas es algo más complejo. Intentaremos explicarnos.

Poco hecha, gorda y con cebolla

Hay, fundamentalmente, dos clases de tortilla de patatas: la que espera por el cliente en las barras de bares y cafeterías, y la que el cliente debe esperar en las mesas de los restaurantes y casas de comidas. Son, necesariamente, diferentes. Dice la encuesta que los españoles prefieren que el pincho sea de una tortilla poco hecha, gorda y con cebolla. Bien; la cebolla ayuda a mantener la jugosidad en una tortilla que va a pasarse más o menos tiempo expuesta en la barra; el grosor depende de cada autor, pero lo de "poco hecha"... No es que defendamos las tesis de Ángel Muro, que la quería amazacotada, sino que una tortilla con el huevo poco cocinado debe consumirse recién hecha, para evitar posibles problemas. No olvidemos, tampoco, que en gran número de establecimientos las tortillas no ven el huevo más que en la ilustración del envase de la yema pasteurizada que forma parte de la tortilla, siguiendo las normas en vigor.

Claro que hay aún muchos sitios en los que la tortilla para pinchos se hace con huevo, digan lo que digan las autoridades sanitarias. Normalmente son sitios en los que la tortilla espera, sí, pero muy poco: continuamente salen tortillas de la cocina, y ésos son los lugares cuyas direcciones se pasan los amantes de lo que el maestro Néstor Luján definió como "el as de oros de la gastronomía española".

Pero vayamos con las otras tortillas, las que no se piden por pinchos, sino por piezas. Las tortillas por las que uno espera pacientemente sentado a la mesa. Ahí sí que es factible que el huevo esté poco cuajado, hasta nada cuajado; la cebolla no le hace ninguna falta, ya que la jugosidad la pone el propio huevo. Y se consume a los pocos minutos de abandonar la sartén.

Campeonatos de tortilla de patatas

Y esto nos lleva a otro capítulo de la encuesta: dónde se hacen las mejores tortillas de patatas. Los encuestados eligen Andalucía, Madrid y Cataluña... que, si no me equivoco, son las tres Comunidades Autónomas más pobladas de España y en las que, consecuentemente, habrán sido más los ciudadanos encuestados: cuestión de probabilidades. Sinceramente: me encanta la tortilla de patatas, y la he comido muy buena prácticamente en toda España, y hablo ahora de los pinchos. Por otro lado, tuve la responsabilidad de colaborar con Rafael García Santos en sus campeonatos de España de tortillas de patatas, y he buscado, y encontrado, por toda España tortillas dignas de acudir al concurso que hasta el año pasado se disputaba en el Kursaal donostiarra. Vamos, que llevo encima bastantes tortillas.

De modo que echo de menos una referencia a las tortillas gallegas. Ojo: aquí no hablo de la tortilla en pincho, sino de la tortilla en pieza. Las tortillas de patatas que se hacen en Betanzos o en La Coruña son extraordinarias... siempre que a uno le guste el huevo muy poco hecho, prácticamente líquido; son, decíamos hace años, patatas fritas en salsa de yema de huevo. Tortillas para consumir recién hechas, y que se tomarían como una ofensa que alguien las acompañase, a la manera madrileña, con un café con leche. Esto de la tortilla con café con leche y lo de los percebes fríos fueron los dos hábitos gastronómicos que más me sorprendieron -y aún me sorprenden, cuarenta años después, y no para bien- cuando llegué como estudiante a la capital del Reino.

En fin, que no está mal que la tortilla de patatas, plato español donde los haya, sea uno de los favoritos de nuestros compatriotas. Pero déjenme que aflore también al final mi escepticismo sobre estas cosas y me pregunte si el resultado hubiera sido el mismo si a quienes votaron por el pincho de tortilla se les hubiese preguntado, a continuación, si lo prefieren a una ración de jamón ibérico. ¿Ustedes... qué creen que hubiera pasado?

 

Lunes, a 7 de Septiembre de 2009

Estando tan cerca como estoy, no sé por qué estuve tan lejos de A Casa dos Martínez. Me avergüenzo, y hago promesa de penitencia.

Situado en el casco histórico de Padrón, en la zona peatonal de este pueblo limítrofe entre las provincias de Pontevedra y La Coruña, su estampa exterior poco o nada se diferencia de lo que podría ser una casa de comidas de las de siempre: elegante sencillez, vistoso colorido, sensación de proximidad. Quizá, si hubiera que ponerle alguna pega a la fachaza, quizá, repito, los maceteros deberían ser de otro material, tal vez madera pintada en verde, como las ventanas y puerta. Insisto: quizá…

El interior es muy agradable, amplio, cómodo, con la suficiente distancia entre mesas como para sentirse tranquilo y relajado en una conversación profesional o más personal: las mesas son amplias, las sillas relativamente cómodas (quizá, otro quizá, demasiado vertical el respaldo), las mantelerías de buena calidad pero algo desgastadas (nada importante), con buena vajilla y cristalería.

La iluminación es relajante, muy bien conseguida, con una perfecta combinación entre la luz artificial y la natural que entra por las ventanas.

La temperatura, perfecta: siendo verano, no se notaba ni el frío típico de los locales excesivamente mal climatizados, ni se percibía el calor del exterior.

La sensación que transmite este entorno, hace que te sientas como en el comedor de una casa particular, como la de un amigo. Además, la extrema amabilidad y cordialidad del propietario del restaurante, Enrique Castillo, ayuda a que la entrada y primeros minutos en el local sean placenteros y cuasi familiares.

Sobre Enrique, varias cosas:

  • es el chef del restaurante; por tanto, es él quien cocina
  • es quien atiende las mesas, explica los platos, sirve las comidas y bebidas… y cobra
  • es el responsable de las reservas por teléfono

Después de haber visitado muchísimos restaurantes en España y en algunos otros países del mundo, sólo recuerdo un sitio en el que pasara algo similar, un local ya desaparecido del que tengo las mejores nostalgias: El Laurel, en Vigo.

Estamos por tanto, ante el súmmun sacerdote de este santuario de comida y disfrute: muy curioso.

Para el almuerzo, reservamos mesa con una anticipación de sólo dos horas, con el tiempo suficiente como para conseguir la mejor de todas: la situada en la entrada al lado de la ventana (ver foto al inicio de la crítica).

Después de las amplias y detalladas explicaciones sobre los platos de la carta, nos decidimos por dos primeros platos (dos medias raciones, por cabeza), dos segundos, dos postres y un vino tinto, recomendación especial de Enrique.

Durante la espera,  mientras nos tomábamos unas cervezas de grifo, Enrique nos puso de aperitivo unas croquetas sabrosísimas, con una bechamel perfectamente equilibrada y compacta, y un profundo sabor a jamón. Una delicia.

De primero platos tomamos el “Timbal de patas de centollo, bogavante y langostinos, ligado con una salsa cóctel” y la “Filloa rellana de rape, centolla, piquillos, gambones y hongos, ‘bisque’ de bogavante”.

El timbal, una excelente mixtura de los sabores marineros aportados por los mariscos y el punto de contraste de una salsa cóctel ligera y suave, es un plato reseñable y perfecto para el inicio de un almuerzo. Nota muy alta.

También es muy recomendable la filloa rellana: sobre una base de salsa americana, una filloa con el relleno de una masa de mariscos, muy bien combinados. Nota alta.

De segundos platos, dos de las recetas más afamadas del restaurante: el “Arroz negro de la costa con tropezones de rape, de chipirones de potera y gambones” y las “Carrilleras de cerdo ‘celta’ guisadas muy melosas, como le gusta al cura de Rois”.  Sin lugar a dudas, lo mejor de la comida.

A mi me tocó (elegí) las carrilleras de cerdo “celta”. Tengo que confesar que hasta hace poco más de cinco años, nunca antes había probado las carrilleras, lo que me resta experiencia en la cata de esta parte tan especial de vaca o cerdo. Aún así, doy mi opinión: excepcionales, deliciosas, sabrosas, completas… y las patatas que las acompañaban, de igual nivel. Nota altísima.

En cuanto al arroz negro, al gusto del cura de Rois, ¿Qué decir? Pues, “chapeau” por el cura y su cocinera, seguramente sobrina o algo similar, por ser los autores de una receta tan elaborada y, a la vez, sencilla, y su magnífica aportación al disfrute impúdico y lujurioso como preparación de un restaurante. Tuve la oportunidad de probar un bocado: una delicia culinaria. Nota altísima.

Los postres: la “Pasión de chocolate y mandarina” y la “Tarta de queso de la aldea de mí cuñado, con jalea de fresas y frambuesas”.

Desgraciadamente, del primero no puedo dar una opinión: no me gusta el chocolate y no lo probé.

¡Ah, pero del segundo sí! La tarta de queso bien, sólo bien;  el acompañamiento muy bien conjuntado con la tarta. Aprobado alto.

Entre los secretos del restaurante, de esos que lo hacen diferente y único, el pan, un pan artesano a base de trigo del país, elaborado por la Panadería O Tangueiro, de Santiago de Compostela.

El vino que Emilio nos recomendó, un Pagos de Galir Crianza, resultó el mejor acompañante para la comida, además, a un precio excelente y tentador.

Servicio del vino: 8

Comida: 9

Entorno: 8.5

Calidad-precio: 7,5

Valoración Media: 8,5

Restaurante A Casa dos Martínez

Localidad: Padron (A Coruña)

Dirección: Plaza Baltar

Código postal: 15900

Teléfono: 981810577

Observaciones: se permite fumar, un inconveniente para los no fumadores; conviene reservar mesa, sobre todo los fines semana.

Alfredo Webmaster

 

Timbal de patas de centollo, bogavante y langostinos, ligado con una salsa cóctel

 

Filloa rellana de rape, centolla, piquillos, gambones y hongos, ‘bisque’ de bogavante

 

Arroz negro de la costa con tropezones de rape, de chipirones de potera y gambones


Carrilleras de cerdo ‘celta’ guisadas muy melosas, como le gusta al cura de Rois

 

Pasión de chocolate y mandarina


Tarta de queso de la aldea de mí cuñado, con jalea de fresas y frambuesas

 

Pan de trigo del país de O Tangueiro

 

Pagos de Galir Crianza

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