Música y Vino

Puedo intentar ser sincero pero nunca seré imparcial…
Lunes, a 27 de Septiembre de 2010

Por Javier Benavente Barron para elpais.com, 08/08/2010

Con unas cifras de desempleo en España cercanas al 20% de la población activa y un déficit presupuestario disparado hasta el 11% en 2009, resulta evidente que las medidas que se deben adoptar en la lucha contra el paro tienen que estar basadas en políticas activas de empleo que fomenten la recuperación del mercado laboral y, por tanto, las arcas del Estado, evitando un aumento del gasto público que provocaría la entrada en déficit del INEM en pocos meses. Si a todo esto añadimos que la economía sumergida en España se situará en el 23% del PIB a finales de 2010, alcanzando la cifra de 240.000 millones de euros, y que una buena parte de los parados en nuestro país está trabajando en la economía sumergida, resulta también evidente que un objetivo primordial de la Administración debería ser lograr aflorar el mayor número posible de los trabajadores empleados irregularmente.

Entre el paquete de medidas anunciadas por el Gobierno en su lucha contra el desempleo se echan de menos aquellas que promuevan de una manera firme la afloración de empleos sumergidos a la economía regulada, algo que, dicho sea de paso, reduciría la precariedad laboral en nuestro país y ofrecería mayores posibilidades de obtener un empleo de calidad a los colectivos más desfavorecidos, entre los que se encuentran las mujeres, los inmigrantes y las personas con un nivel menor de estudios.

En este sentido, los servicios a la persona (SAP), un sector de actividad omnipresente en el devenir diario de la totalidad de los hogares de nuestro país, tienen un potencial de creación de hasta un millón de puestos de trabajo regulados que en la actualidad se están prestando en su inmensa mayoría desde la economía sumergida. Resultaría arrogante asegurar que todo ese potencial se pueda capitalizar de la noche a la mañana y de forma sencilla, pero sí me atrevo a afirmar que un correcto desarrollo del sector de los SAP no resultaría muy complicado y permitiría la creación de al menos 700.000 puestos de trabajo regulados en España antes de que finalice 2013 y a un coste cero para las arcas del Estado.

Pero ¿qué son los servicios a la persona? ¿Están realmente tan presentes en nuestros hogares? Los SAP reagrupan el conjunto de servicios que contribuyen a un mayor bienestar de los ciudadanos mejorando sus condiciones de vida en el domicilio, el trabajo o los lugares de ocio. Encuadran tres grupos básicos: los servicios a la familia, donde están incluidas actividades tales como el cuidado de niños y mayores, las clases particulares a domicilio o la asistencia informática en el domicilio; los servicios para la calidad de vida y la salud, referidos a los cuidados no prestados por el sector público a convalecientes, discapacitados o dependientes, entre otros; o los servicios de asistencia al hogar, que consisten en el apoyo en tareas domésticas y las pequeñas reparaciones o adaptaciones del hogar.

¿Qué familia española no ha necesitado de la prestación de alguno de estos servicios de manera más o menos recurrente? La realidad es que la práctica totalidad de la población necesita personal externo para que le preste uno o varios de estos servicios. Lo malo es que, por lo general, en más de un 90% de los casos se hace a través de la economía informal, que es más asequible económicamente y está disponible en cualquier rincón del país. Por tanto, queda claro que el sector necesita de la adopción de medidas que universalicen el acceso regulado a unos servicios a la persona de calidad para que sean accesibles a toda la población independientemente de la ubicación geográfica, y además con precios equiparados a los de la economía sumergida.

Para que el sector se desarrolle plenamente es necesario que la Administración tome medidas. En mi opinión, el primer paso es la creación de una Agencia Nacional de Servicios a la Persona que cuente con al apoyo de todas las fuerzas políticas y sociales y cuyo objetivo primordial sea la promoción de la distribución de los servicios a la persona en cualquier lugar de España, permitiendo el desarrollo de un nuevo sector empresarial de creación intensiva de empleo no deslocalizable. Se encargará, además, de promover una modificación especial de la normativa laboral y fiscal del sector que permita mejorar las condiciones generales de los asalariados y su formación. Esta agencia tiene que delimitar el listado de actividades específicas a incluir como servicios a la persona e implantar un mecanismo de acreditación nacional de empresas prestatarias que garantice la cobertura geográfica y de calidad de los servicios.

Para lograr la equiparación de los precios con los de la economía sumergida, se deben adoptar una serie de medidas fiscales y laborales que, además de permitir la reducción de las cifras de desempleo y mejorar la calidad de los servicios prestados, no supongan ningún coste para la Administración y mejoren la competitividad de las empresas. Entre otras, será necesario la aplicación de un IVA muy reducido para las actividades del sector, la incorporación de deducciones en el IRPF para los particulares que contraten de forma regulada estos servicios, la disminución de cotizaciones sociales para los empleadores del sector y deducciones en el impuesto de sociedades para aquellas empresas que aporten a sus empleados estos servicios como medio de conciliación laboral. El saldo neto en las cuentas del Estado a nivel presupuestario deberá ser neutro, equiparándose los ingresos adicionales en nuevas cotizaciones e impuestos con las deducciones aplicables a particulares y empresas por la utilización de estos servicios de forma legal.

Todas estas medidas tienen que ir acompañadas de sistemas de pago transparentes de los servicios que incorporen automáticamente todas las retenciones fiscales correspondientes y permitan a la Administración mantener el control sobre la actividad realizada.

Las ventajas para la sociedad son múltiples: se reduce el desempleo entre las capas de la población más desfavorecidas y con mayor dificultad para incorporarse al mercado de trabajo; se disminuyen las prestaciones por desempleo que tiene que sufragar el Estado; se aumentan los ingresos del Estado por cotizaciones; se reduce la precariedad del empleo sumergido; las familias podrán disponer de servicios a la persona de forma sencilla, transparente, profesional y con todas las garantías en la asistencia, y el empleo creado sería estable y localizado, ya que la prestación de los servicios no se puede trasladar a otras ubicaciones.

En Francia se percataron hace cinco años de los beneficios que les reportaría el desarrollo del sector y, mediante la aprobación de la denominada Ley Borloo, en 2005, decidieron apostar por un desarrollo regulado de los servicios a la persona que les permitió crear medio millón de nuevos puestos de trabajo estables y de calidad en los primeros tres años de aplicación de la ley. Allí comenzaron con un número reducido de actividades reguladas como servicios a la persona, tales como el cuidado de los niños y dependientes, los servicios de limpieza a domicilio o las clases particulares. Tras constatar el éxito y la viabilidad de las medidas adoptadas, han ido incrementando el catálogo, incluyendo otros servicios como el cuidado de jardines, la asistencia informática a particulares o el servicio de peluquería en el domicilio.

Tenemos una magnífica oportunidad de eliminar la precariedad en un sector que presta unos servicios que ya son indispensables en la sociedad del bienestar en la que vivimos y de, al mismo tiempo, aprovechar para crear empleo y regularizar una industria que permita además que se desarrolle de una forma correcta la Ley de Dependencia que tenemos en España, que, por otro lado, es sin duda la más avanzada de todo el mundo.

Javier Benavente Barrón es presidente de la Asociación Española de Servicios a la Persona (AESP) y presidente de Alares.

 

Domingo, a 26 de Septiembre de 2010

Por Nacho Escolar

Otro septiembre menos melancólico, hace ya diez años, la Asamblea General de la ONU se comprometió a acabar con el hambre y la pobreza para 2015. Hoy la ONU se vuelve a reunir para repasar esas bonitas promesas: los Objetivos del Milenio. Por el décimo aniversario hay poco que celebrar. “En el mundo hay cien millones de hambrientos más que hace diez años”, asegura Olivier de Schutter, el relator especial de la ONU sobre el derecho a la alimentación. Para Schutter, los Objetivos del Milenio han sido “un fiasco” porque sólo han afrontado los “síntomas de la pobreza” y han ignorado “las causas profundas del subdesarrollo y del hambre”, como la deuda, la desigualdad comercial o los paraísos fiscales.

Hay otro motivo más para este fiasco: que los brindis al sol de los políticos son baratos, pero la lucha contra la miseria es cara. Según el secretario general de la ONU, Ban Ki-Moon, hacen falta 100.000 millones de dólares anuales para cumplir con los Objetivos del Milenio, y los países ricos no están por la labor. Hay una solución, propuesta por varias ONGs, que también respaldan la mayoría de los países de la UE y el propio Ban Ki-Moon: la Tasa Robin Hood. Consiste en gravar con un impuesto mínimo todas las transacciones financieras, esos enormes ríos de dinero que recorren el globo. Esta nueva versión de la Tasa Tobin, que planteó el economista James Tobin hace ya cuarenta años, no sólo recaudaría entre 150.000 y 520.000 millones de euros anuales, sino que también penalizaría ciertas operaciones especulativas que están en la raíz de la crisis actual. A pesar del nombre, este impuesto para ricos no sería ningún robo: sólo un 0,05% de cada operación; cuarenta veces menos de la subida del IVA.

Es tan justo y razonable que probablemente no prosperará.

 

The Banker

 

The Robin Hood Tax

 

Sábado, a 18 de Septiembre de 2010

Por José Antonio Zarzalejos para elconfidencial.com, 18/09/2010

Las deportaciones de gitanos rumanos y búlgaros ordenadas por el Gobierno francés y reprobadas por la Comisión Europea por vulnerar directivas de la UE constituyen un episodio de enorme gravedad política porque, en vez de expulsiones individuales y justificadas, Sarkozy ha optado por las colectivas e indiscriminadas -puro populismo-, lo que, para los lepenistas de extrema derecha, suena a música celestial. Lo peor que le puede ocurrir a una derecha convencional es tener que convivir en tiempos de crisis con radicales organizados en partidos todavía más a la derecha. Que se lo pregunten al Partido Republicano de EEUU, al que el Tea Party ha desbordado al desbancar en las primarias del pasado martes a varios candidatos oficialistas al Senado USA.

Lo mismo le sucede a Berlusconi, quien ha de incurrir en esos populismos autoritarios tan excéntricos para contento de las huestes de Bossi, líder de la Liga Norte que arremete no sólo contra los emigrantes, sino también contra sus compatriotas del sur y plantea, incluso, la segregación de la Padania. En 2008, el primer ministro italiano aprobó un plan de seguridad que afectaba -expulsiones incluidas- a 150.000 gitanos rumanos. En Holanda, Pim Fortuyn y Gert Wilders son auténticos líderes ultras con una significativa presencia en las instituciones. Son, por su puesto, racistas. Mientras, el difunto Haider ha dejado insertado en el sistema austriaco un eco de permanente xenofobia. El domingo es muy posible que la formación radical Demócratas Suecos obtenga representación en el Parlamento de Estocolmo.

“Alemania se disuelve”

Y si grave es la migración forzada de gitanos de Francia hacia sus países de origen, justificada en razones abstractas que evocan motivos étnicos y, en consecuencia, xenófobos, tanto lo es el éxito del libro Alemania se disuelve de Thilo Sarrazin, vocal del Busdesbank germano, cesado ya de su cargo, que señala a la inmigración como causa de la disolución nacional germana y sostiene que tanto judíos como vascos disponen de un gen diferenciador. El debate en Alemania está siendo colosal y, a la vez, amedrentado, porque el gran país germánico no deja de tener presente su particular memoria histórica: el nazismo. Pero el libro de Sarrazin, no hay que engañarse, es la continuación de otros títulos inquietantes (Mientras Europa duerme, Los últimos días de Europa) que están haciendo mella en Alemania, donde viven más de 15 millones de personas de origen emigrante, ocho de ellos con nacionalidad alemana, y cuatro millones de musulmanes. El autor de Alemania se disuelve aduce que el exceso de emigrantes, en general poco adaptados y muy prolíficos, sobrecarga el Estado social y hace que la inteligencia colectiva se retraiga. Temible argumento genético. Sin embargo, Alemania ha logrado que en su sistema político no tenga presencia un partido xenófobo, una extrema derecha organizada, consiguiendo la CDU de Merkel ocupar un amplísimo espectro que no deja espacio a cualquier opción radical de ese corte. Parece, no obstante, que las cosas podrían cambiar.

La comisaria de justicia de la UE, Viviane Reding, ha declarado que creía “que tras la Segunda Guerra Mundial, Europa no vería más esto”, en referencia a la deportación de gitanos desde Francia. La Comisión ha abierto un expediente de sanción a París y ha recordado que fue el país galo el que impulsó el artículo 7º del Tratado de Lisboa, que establece sanciones a los Estados que violen el espacio de justicia y libertad que es la Unión Europea. La crisis en la UE ha enfrentado a Estados con la Comisión, pero no puede olvidarse que aquel precepto se justificó por la llegada al poder en Austria del xenófobo Jörg Haider, cuyo partido gobernó -aislado diplomáticamente- con el centro derecha.

La ausencia de una extrema derecha xenófoba es un mérito del sistema político español y una consecuencia histórica del esfuerzo de tolerancia que las generaciones sucesivas han sabido desarrollar

Rechazo español a judíos y musulmanes

Al igual que en Alemania, en España, pese a la fuerte presencia de inmigración procedente de América Latina y el norte de África, y al margen de incidentes concretos, no ha surgido articuladamente ninguna opción política xenófoba de extrema derecha. Y no se debe, desde luego, a que los españoles no dispongan de opinión respecto de la inmigración. Casi un 35% de los ciudadanos consultados en la encuesta recientemente elaborada por Casa Sefarad Israel tiene serias reticencia hacia los judíos, que siguen siendo víctimas de estereotipos y tópicos y son asociados con las políticas del Estado de Israel. El rechazo de los españoles es mayor aún hacia los musulmanes; que llega al 53% de los encuestados, quizá porque su número en España sea considerable: un millón y medio.

Esa ausencia de una extrema derecha xenófoba es, creo, un mérito del sistema político español y una consecuencia histórica del esfuerzo de tolerancia que las generaciones sucesivas, desde la Transición hasta el presente, han sabido desarrollar. Ahora bien, al igual que Alemania, España no está exenta de riesgos. Los movimientos articulados de la ultraderecha xenófoba comienzan casi siempre en los niveles locales mediante candidaturas aisladas que, si prosperan, van creando una red y un ambiente susceptible de crear organizaciones de implantación amplia. De ahí que las políticas de inmigración -que remiten a una sensata integración de los foráneos- y las de orden público sean absolutamente estratégicas. En el ámbito de las primeras, casi en su epicentro, se encuentran las creencias religiosas y los hábitos de convivencia. La política multicultural -por la que se inclina la izquierda- no es la mejor, porque establece en una misma sociedad compartimentos estancos. Resultan mejor las políticas integracionistas respetuosas con las libertades religiosas y de expresión, pero exigentes en el respeto a los valores de las sociedades de acogidas.

En España -ha ocurrido en Cataluña, en donde existe ya una problemática seria- se están comenzando a producir desequilibrios y desencuentros -por ejemplo, con el uso de las prendas tradicionales de las mujeres musulmanas- que generan chispazos de confrontación. No sería en modo alguno improbable que en no pocos municipios haya candidaturas para las próximas municipales cuyo discurso tenga tintes xenófobos y ultras. Sería regresivo que un país que como el nuestro que ha sabido contener la convulsión xenófoba e hipernacionalista que condiciona en Europa a los grandes partidos -de centro derecha y socialdemócratas- rompa con una tradición democrática impecable. Compatible, por cierto, con políticas de inmigración rigurosas.

Como en Alemania con la CDU, en España el Partido Popular se puede apuntar el logro de aglutinar en una organización de espectro muy amplio -y por ello existen tensiones en su seno- a toda la derecha. ¿Por cuánto tiempo más? En mi opinión, no demasiado, porque la crisis económica, el desempleo y la insolidaridad favorecen el cuarteamiento de los espacios políticos e ideológicos. Y porque entre el electorado del PP existen síntomas, expresados indirectamente en determinados discursos mediáticos, de que el esfuerzo de cohesionar a grupos tan diferentes resulta excesivo e ineficiente. El Partido Popular -y el grueso natural de su electorado- no son de chicle. Y al final, lo que ocurre en el resto de Europa termina por suceder también aquí. Con retraso, pero de manera casi indefectible.

 

Viernes, a 17 de Septiembre de 2010

Que en pleno siglo XXI, a las puertas de la explicación científica definitiva (e inapelable) de cuál, cómo y cuándo fue el origen del Universo, que existan personajes como Christine O'Donnell capaces de calificar la masturbación como pecado, de negar el derecho inalienable de las mujeres a decidir sobre su cuerpo, que nieguen la importancia del condón en el control de la proliferación del SIDA (o la natalidad), que defiendan la abstinencia como una virtud (cristiana) o que ataquen el derecho a ser distinto (homosexualidad), además de ser un anacrónico histórico y una aberración científica, es un grave atentando a los derechos individuales de las personas.

Que todas esas barbaridades, propias del conservadurismo religioso retrógrado e inquisidor, las diga o las piense una persona cualquiera dentro de la libertad que tiene para un ser estúpido o un indocumentado, no tiene más importante: se le perdonado por su propia ignorancia, pero que las exprese en público una señora que ganó las primarias de un partido político en el estado de Delaware (EEUU), además de todos esos epítetos descalificadores, produce escalofríos.

Que esa señora, la tal Christine O'Donnell (representante de sus acólitos votantes), pueda sentarse en los bancos del senado o de la cámara de representantes de la primera potencia del Mundo, además de escalofríos produce pavor, un miedo incalificable que debería hacernos reflexionar hacía dónde nos dirigimos con personajillos así.

A la vista de sus opiniones, nada alejada por cierto de las que también expresan, hasta producir rubor, gentes como Rouco Varela o los numerarios del Opus Dei (y otros grupos afines), no es muy distinto de lo que también preconiza el radicalismo islámico, ese que tanto denigramos por su peligrosidad.

Miedo me da imaginar un senado estadounidense en donde estén sentados fulanos que pueden decidir guerras o políticas económicas amparándose en preceptos religiosos integristas o la supuesta primacía de los blancos sobre el resto de los humanos no yanquis.

Miedo me da…

Alfredo Webmaster


 

Christine O'Donnell

"La masturbación no sólo es pecado, es comparable al adulterio", así opinaba Christine O'Donnell hace unos años. Su oposición a las relaciones prematriominiales, el aborto y la homosexualidad parece haber calado en el electorado republicano de Delaware donde acaba de ganar las primarias de su partido

Javier Jiménez Bas para cadenaser.com, 17/09/2010

Algunos la comparan con Sarah Palin. Ella lo niega pero lo cierto es que sin su apoyo no estaría donde está. De rostro amable, con 41 años, sin mucha experiencia política y un gran número de deudas ha conseguido meterse en el bolsillo a gran parte del electorado republicano que la ha elegido a ella y no a su contrincante, el congresista y ex gobernador Mike Castle, en las primarias del estado de Delaware. Sus valores sexuales estarán presentes este viernes en Washington donde su partido se dispone a hablar sobre "Los valores de los votantes".

Hace solo dos días el "Tea Party ", el movimiento conservador estadounidense, se apuntaba una sonada victoria en las elecciones primarias antes de los comicios legislativos del 2 de noviembre.

La gran triunfadora tenía nombre de mujer: Christine O'Donnell, una desconocida pero que con el apoyo de la ex gobernadora de Alaska y símbolo del movimiento conservador Sarah Palin, consiguió alzarse con la victoria. Este viernes tendrá oportunidad de hacerse aún más conocida. Participa en Washington en la cumbre que celebra su partido para hablar sobre los "Los valores de los votantes".

A la tercera fue la vencida

Para la candidata, de 41 años, se trataba de la tercera vez en que se presentaba a un asiento en el Senado. En 2006 perdió en una primaria republicana a tres bandas y en 2008 Biden la derrotó con claridad.

Como su mentora, Sarah Palin, sus opiniones no dejan a nadie indiferente. En 2002 y frente a millones de televidentes O'Donnell señaló sin reparo alguno que "los preservativos no protegen contra el SIDA". Cuatro años después una nueva perla. En "The O'Reilly Factor" señalaba que los esfuerzos para promover el uso del condón son "anti-humanos".

Muestra orgullosa su apoyo a la abstinencia sexual y se opone firmemente a la masturbación sobre la que llegó a decir hace unos años en la MTV que la masturbación "no sólo es pecado, es comparable al adulterio".

 

Martes, a 17 de Agosto de 2010

Desde la quinta provincia de Galicia (Buenos Aires), me llegó este escrito de Georgina R., un testimonio dulce, sensible, cariñoso, apasionado, pero, a la vez, triste; un escrito de una gallega exilada en un país que es el propio pero que no es el suyo.

Leyendo el texto no pude por menos que sentir una extraña sensación de dolor por algunas cosas que se hicieron durante la transición española, en los años del desarrollo económico de mi país.

Pese a que lo que voy a escribir podría parecer xenófobo, mi intención es toda la contraria: ni soy xenófobo ni nunca lo fui, pero lo que hicimos en mi país lo hicimos mal, muy mal… rematadamente mal. Nos equivocamos en su momento, y aún ahora seguimos sin rectificar.

¿Dónde estuvo el error? No fuimos solidarios con nuestros hermanos latinos. Nunca fuimos justos con nuestros conciudadanos (por que eso es lo que son) de América. Nunca. Nos equivocamos con ellos en muchas cosas: en el pasado, en el presente y, lo que es peor, me temo que seguiremos equivocándonos en el futuro.

¿Nuestro error? El proceso migratorio que tuvo España en los últimos 25 años.

En los últimos 25 años, período en el que entraron en España más de 8.000.000 de personas, no fuimos previsores con los ciudadanos que se vinieron a vivir aquí. No fuimos capaces de hacer bien las cosas, no tuvimos la capacidad para saber con quién teníamos el verdadero compromiso moral e histórico de ser solidarios.

Fallamos estrepitosamente, y, ahora, desgraciadamente, sin posibilidad de enmienda. Estamos pagando las consecuencias: las que ahora padecemos por los problemas de convivencia, y las que padeceremos en el futuro, que serán más drásticas (y dramáticas).

¿Por qué fuimos tan laxos en el control de la emigración proveniente de terceros países (llámese Marruecos, Senegal, China, Paquistán, etc.) ajenos a nuestro bagaje cultural, y fuimos, en cambio, tan quisquillosos y pijoteros con los que llegaban de Latinoamérica? ¿Por qué no fuimos más responsables en el cuidado del acervo cultural que históricamente mantenemos con nuestros hermanos americanos? ¿Por qué dimos preferencia a la entrada de hombre y mujeres que no comparten nada de nuestra cultura, de nuestra religión (incluso eso, desde la perspectiva de un ateo), de nuestra sangra, de nuestro idioma, de nuestra música? ¿Por qué?

Sé que todos somos seres humanos y que tenemos que ser solidarios entre todos, pero también sé que la solidaridad debería haber empezado primero con nuestros hermanos americanos, los que más nos ayudaron a ser lo que ahora somos: en el pasado, aportándonos las riquezas que les expoliamos en la conquista de América, y, en el presente, con su fuerza de trabajo de primer nivel profesional.

¡Qué distinto sería nuestro país si la convivencia se hiciera entre iguales (aún que hubiésemos nacido en países distintos), entre gentes que hablamos el mismo idioma, que llevamos los mismos apellidos, que tenemos los mismos rasgos físicos, que anhelamos los mismos objetivos, que nos alimentamos de forma similar, que vivimos la música con la misma intensidad!

Me habría encantado vivir en un país más “nuestro”, más de “nosotros”, un espacio en el que todos fuéramos iguales así hubiéramos nacido en España, en Argentina, en Venezuela o en Panamá… un país en el que el sentido que le damos a la vida y el cariño con que amamos “nuestras” cosas, fuera más similar al que mamamos desde niños.

Por eso, por esos motivos, el escrito de Georgina me parece excepcional. Y siento lo mismo que siente ella al no sentirse (valga la redundancia) apoyada y amparada por mi país

Para ella, y para todos los gallegos que están en la emigración, incluyo el Hino da Galiza (en español, Himno de Galicia) moderno, y a continuación el Hino do antergo Reino da Galiza (Himno del antiguo Reino de Galicia), el que se utilizó durante muchos, muchos siglos.

Alfredo Webmaster

Hino da Galiza

Hino do antergo Reino da Galiza




Desde la quinta provincia… los eternos olvidados”, por Georgina R.

Galicia es una tierra de encanto, mágica. Quienes tenemos allí nuestras raíces sentimos el orgullo y la emoción de saber que por nuestras venas, corre la sangre de gente trabajadora, luchadora, que jamás baja los brazos y con mucho esfuerzo consigue superarse día a día, cumpliendo así muchos de sus sueños.

Soy tercera generación nacida en Argentina. Mis bisabuelos, Manuela y Manuel, nacieron en Ordes, A Coruña, allá por 1884. Hacia principios del siglo XX, decidieron partir hacia Buenos Aires, él, expulsado de su tierra por el hambre y la miseria, ella, por ser una caprichosa niña rica.

Paradójicamente, se conocieron en Buenos Aires: dada la diferencia social que existía entre ellos, en Ordes jamás se habrían casado.

No tuve la suerte de conocerlos. Mi bisabuelo murió siendo mi mamá muy pequeña y mi bisabuela falleció dos años antes de que yo naciera. Tampoco conocí a mi abuelo materno, su hijo, mi querido abuelo Raúl, que murió mucho antes que su madre.

Nadie me habló nunca de Galicia, nadie se preocupó por mantener los lazos con nuestra tierra. En aquélla época, quienes emigraban perdían casi completamente contacto con el Viejo Mundo. Las comunicaciones eran sólo por carta y tardaban meses en llegar. Poco a poco, la correspondencia se hacía más esporádica, hasta que una vez fallecido el español nativo, nadie más se acordaba de la familia que estaba a miles de kilómetros.

¿Por qué me siento gallega entonces? No lo sé. ¿Será la magia de Galicia?, ¿será que la sangre, los genes, influyen en el comportamiento y los sentimientos de uno?

No sólo soy gallega, tengo mucho de italiana, pero sólo Galicia está en mi corazón.

Desde hace ya muchos años, cuando tenía 12, decidí volver. No pertenezco a la tierra que me vio nacer, siento que estoy en un eterno exilio, pero España no se acuerda de mi.

El lus sanguinis, criterio aplicado para otorgar la ciudadanía española, es aplicado con un criterio, a mi entender, en cierto modo contradictorio. Si para ser español hay que tener sangre española (según la ley, ser hijo de españoles), también se tiene sangre española siendo nieto, bisnieto, etc. Podré respirar un aire distinto, podré recibir alimentación de otra tierra, pero señores… la sangre no se lava.

Siento que somos los eternos olvidados por el Estado Español. Primero, sufrimos el abandono al ser dejados a nuestra suerte en medio de hambrunas y miserias. Ahora, luego de haber sido obligados a dejar nuestra tierra, somos nuevamente abandonados al ver que nuestros derechos no son reconocidos.

Mientras tanto, mi vida sigue transcurriendo en una tierra que no es mi tierra, en una tierra que también tiene olvidada a su población.

Por el momento, debo vivir aquí, a miles de kilómetros, llorando de emoción cada vez que escucho sonar una gaita. Aún no tengo ciudadanía comunitaria y no sé si algún día la tendré. Quienes son europeos, seguramente no adviertan el gran tesoro que tienen en sus manos. Tienen la llave del mundo. Mientras tanto, otros, que llevamos la misma sangre, cada vez que somos rechazados, no podemos sino sentirnos como gusanos.

 

Miércoles, a 4 de Agosto de 2010

Por Carlos Salas “zoomboomcrash”, 02-11-2009

Por favor, ¿tendría la amabilidad de darme un café?”.

Si alguno de ustedes ha visto alguna vez a un español haciendo eso en el extranjero, por favor, fílmelo con su móvil: es una especie en extinción.

Allá por donde van los españoles hablan en imperativo: “¡Eh, ponme un café!; “Dame un cruasán!”; “¡Sírveme una caña!”; “¡Pásanos unas hamburguesas…!”.

Hablar así en España no es un delito porque es lo normal. Un país que ha perdido todas las normas del protocolo, la cortesía, la educación y la urbanidad, cree que en todo el mundo las reglas son iguales. Pero no: el resto del mundo no es así y por eso se percibe a español como si tuviera los defectos del nuevo conquistador.

Debido a esa forma de expresarse, los empresarios, ejecutivos, turistas y viajantes españoles tienen tanta mala fama en el extranjero. Caen muy mal. Además, parece que siempre están bravos”.

Hace pocos días, un amigo que es alemán-norteamericano-venezolano y algunas nacionalidades más (en su familia, menos incesto, hubo todo tipo de mezclas), me decía las cosas que le pasaban con su mujer española: trabajaban los dos en EEUU pero los empleados se dirigían a mi amigo y le decían en confianza: No queremos tratar con tu mujer; sólo contigo. Ella está siempre enfadada y parece de mal humor”.

¿De mal humor? ¡Pero si era una española encantadora! Encantadora en España, claro. Fuera de nuestras fronteras, nuestras chicas pierden su encanto porque no se dan cuenta de la forma que tienen de dirigirse a los demás: siempre dando órdenes; soltando la bronca, nunca piden las cosas por favor, hablan en imperativo; elevan la voz; discuten… ¿Sutileza? Eh, bue… Sinceramente eso no existe en España.

Pero si no estábamos discutiendo”, dicen los jefes españoles.Sólo les estaba diciendo a estos bolivianos cómo tenían que hacer las cosas. Claro, pero si usted no emplea códigos universales como “por favor”, o verbos en condicional como “podría usted”, y una sonrisa de vez en cuando, pensarán que usted es como los cómitres romanos, aquellos tipos que daban latigazos a los galeotes para que remaran más rápido.

Cuando los alemanes vienen a España les pasa lo mismo: “¿Por qué aquí nadie pide las cosas por favor?” me decía un alemán. “En Alemania sería casi un insulto”.

No se da cuenta este alemán de que ha aterrizado en el país que nunca dice “por favor”, un país que considera los tacos como parte del Patrimonio Cultural. No sería extraño que se elevara una propuesta para declarar los tacos y las palabrotas “Patrimonio de la Humanidad. Los tacos y las imprecaciones en español, los que mejor suenan en el mundo.

Y eso que no quiero entrar en la forma en que los españoles hablan por teléfono: levantan el auricular y cuando se pone alguien al otro lado, gritan: “¿Está Manolo?”. No se les ocurre que uno debe dar los buenos días y presentarse. Nooooo. Aquí el que llama, suelta, “¿Está Manolo?” y el que contesta dice: “¡Joder, aquí no hay ningún Manolo!”. Un país de formas encantadoras.

¿Han visto cómo atienden las chachas sudamericanas? Son más dulces, más amables y más educadas que el ejecutivo del BBVA mejor pagado. Por eso los restaurantes están encantados con sus camareras latinoamericanas, porque son más suaves y más educadas que las españolas.

Las agencias de comunicación como Llorente y Cuenca que tienen delegaciones en el extranjero, se ven obligadas a dar un repaso a los ejecutivos españoles expatriados que aterrizan por primera vez en, digamos, Argentina o Panamá. Por favor, hable bajito; no olvide decir por favor, sonría”.

Pero aquí, nada de nada.

Los españoles no se dan cuenta de cómo son percibidos. Piensan que cuando viajan al extranjero, el mundo les acoge como las personas más simpáticas del mundo. No es así. Los ejecutivos españoles, las empresarias españolas, los funcionarios de Exteriores españoles, parece que están de mal humor todo el tiempo porque no tienen empatía, su lenguaje es soez (en Iberoamérica soltar un taco en público es de mala educación), su tono es alto y sus maneras son hoscas.

Y eso que no quiero hablar de los españoles en Asia: allí, la sonrisa y la educación son signos de civilización. Justo lo que no tienen los españoles.

De modo que: ¡clases de cortesía para todos!

 

Domingo, a 23 de Mayo de 2010

Por Manolo Saco para publico.es, 19/05/2010

La emigración es uno de los negocios que más dinero mueve en el mundo. En algunos países latinoamericanos, como Ecuador o México, el dinero de las remesas de los emigrantes se acerca a las rentas del petróleo. Si los emigrantes fueran coches, a eso le llamaríamos exportación. Pero en el lenguaje políticamente correcto, los emigrantes apenas son mano de obra barata que allí a donde van se convierten en el motor del país que los recibe.

La crisis también les ha tocado a ellos como al resto de las empresas. Para mantener a sus pobres familias allende los mares ellos mismos han rebajado sus condiciones de vida a los límites de la miseria. Y de esos sacrificios sabe mucho la emigración española. A España sólo le tocaron las migajas del Plan Marshall para la reconstrucción de Europa en forma de apenas leche en polvo y queso naranja en lata que se repartía en las escuelas. Así que si Marshall no venía a nosotros, nosotros nos íbamos a buscarlo a Alemania, Francia o Suiza.

Europa y Latinoamérica acogieron generosamente de igual manera a los exiliados por el franquismo que a los exiliados por la pobreza. Antes que el turismo, la carne de emigrante fue nuestra más rentable exportación, y sus remesas constituyeron una fuente de divisas imprescindible para aquella triste España.

Ahora la presidenta Kirchner y Evo Morales nos lo acaban de recordar en Madrid. Fuimos recibidos entonces como exiliados políticos y de la miseria, con un trato humanitario generoso, y ahora piden que les paguemos con igual moneda, no promulgando leyes proteccionistas, como si sus emigrantes fuesen naranjas marroquíes o coches japoneses.

Es de justicia histórica, aunque, como bien sabe Garzón, no parezcan buenos tiempos para ello.

 

Sábado, a 15 de Mayo de 2010

Ayer descubrí que ya no puedo ser español.

No, ya no puedo ser español por más tiempo. No puedo ser ciudadano de un país así como es el mío ahora, con fulanos (sí, fulanos) rencorosos y ladrones como los que pululan por aquí a diestra (los que más) y sinistra (los menos, ¡pero duele!).

Yo no puedo ser parte de la fauna y flora que inunda los juzgados, la economía y la política de esta superficie de tierra inhóspita (para la vida de Seres Humana –con mayúsculas- honrados y leales), una tierra gafada desde hace siglos por la desgracia de tener que soportar el control despiadado por parte de seres desgraciados, inmorales, traidores y, en muchos casos, asesinos (o herederos de asesinos).

Me niego a reconocerme como parte de los habitantes de un territorio en el que deambulan fulanos (sí, fulanos) como Francisco Camps  (“Todo el mundo en España, los 45 millones de españoles, saben que soy honrado, que tengo lo mismo que tenía cuando llegué y nadie en España se puede creer que el presidente de una Comunidad tan importante como la valenciana pueda venderse por tres trajes, es absurdo (…) Lo cree el PP, la Comunidad valenciana entera y todos mis compatriotas, desde Finisterre hasta Cabo de Gata, toda España”), Luciano Varela (el contumaz y miserable perseguidor del juez Baltasar Garzón; para mi desgracia, vecino) o Mariano Rajoy (“Yo voy a apoyar a Camps y va a ser el candidato del PP a las próximas elecciones en Valencia porque comprenderá usted que eso de los tres trajes yo no me lo creo (…) diga la Justicia lo que quiera”).

Ahora, para mayor dolor y escarnio, también me traicionan españoles a los que consideraba como parte de mi bagaje cultural, político y moral: una parte de la llamada izquierda (a la que voté, y voté, y voté años y años), ha promulgado leyes duras sólo con los más débiles: un tijeretazo ultra liberal en lo económico, un tiejerazo despiadado al estado del bienestar, un ataque a la línea de flotación de los ideales de solidaridad y justicia, un tijeretazo que no viene acompañado del más mínimo gesto simbólico de izquierdas.

Nada tengo que ver con ellos. Nada me une a ellos. Nada me iguala a ellos. Nada.

Si estos fulanos y personajes viven en España, si se declaran españoles, si se comportan como españoles y, aún para más INRI, los apoyan muchos españoles (de bien), lo tengo muy claro: ¡Desde hoy me siento menos español!

Alfredo Webmaster

 

Domingo, a 20 de Diciembre de 2009

Tres viñetas cargadas de realidad y sinceridad; reflejan de forma gráfica lo que pienso de los nacionalismos desde una óptica de izquierdas.

Alfredo Webmaster

 

 

Domingo, a 20 de Septiembre de 2009

 

El debate sobre el velo que llevan, cada vez más, las mujeres musulmanas no sólo en el mundo árabe más tradicional sino también en países con sociedades urbanas algo más laicas como Argelia, Marruecos o Egipto, o incluso entre las segundas y terceras generaciones de inmigrantes en países europeos, se despacha muchas veces con demasiada rapidez, interpretando ese fenómeno como una simple reacción, una manera de reforzar sus señas de identidad culturales. La realidad parece ser más compleja y conviene prestar atención a lo que dicen las propias investigadoras musulmanas sobre el tema. Por ejemplo, tomar en consideración el último libro publicado por Marnia Lazreg, profesora de la Universidad de Nueva York, considerada como una de las mayores especialistas en estudios sobre la mujer en Oriente Próximo. Questioning the veil: open letters to muslim women (Princeton University Press) mantiene que la extensión del uso del velo no forma parte de un movimiento cultural sino que es producto de una política determinada, una campaña muy intensa diseñada por hombres musulmanes empeñados en atajar los movimientos a favor de los derechos de las mujeres musulmanas.

A la mujer que lleva “burka' se le niega su condición de persona. Se convierte en una abstracción

Esta profesora argelina no cree que los países democráticos deban legislar sobre la forma de vestir de sus ciudadanos, pero reclama una mayor atención sobre las consecuencias del uso del velo y sobre el efecto que tiene, especialmente en las mujeres más jóvenes. Lazreg no oculta su desprecio por posiciones como las de Naomi Wolf, la escritora norteamericana que se considera representante de una "tercera oleada" del movimiento feminista y que cree que el velo libera a las mujeres musulmanas de la presión sexual en países fuertemente machistas y les permite una mayor libertad personal. Marnia Lazreg piensa que este tipo de ideas y teorías pretendidamente académicas "valen para una charla de café" pero que son "simples y peligrosas". Lamenta también que intelectuales musulmanes como Tariq Ramadan acepten planteamientos tan simplistas.

En su labor de investigación, la socióloga pregunta a muchas mujeres musulmanas las razones por las que llevan el velo y encuentra que, en la mayoría de los casos, creen que es una imposición del Corán (lo que no es cierto). Las que vuelven a ponerse el velo, después de habérselo quitado o de no haberlo llevado nunca, no lo están haciendo, en muchas ocasiones, como muestra de piedad religiosa. Tampoco lo hacen como demostración de su identidad cultural. La mayoría está sucumbiendo sencillamente a una fuerte presión, una campaña que se desarrolla por tierra, mar y aire: desde vídeos en YouTube hasta DVD, literatura... El uso del velo responde más a las idas y venidas de las ideologías imperantes en el mundo musulmán, y al machismo más atroz, que a cuestiones culturales o de modestia religiosa, deduce. Y las mujeres musulmanas deben darse cuenta de ello porque sólo será posible suprimirlo si ellas se convierten en agentes sociales del cambio, como empezó a serlo en los años sesenta.

Lazreg distingue, por supuesto, entre el uso del burka (que tapa a la mujer de la cabeza a los pies y la obliga a mirar a través de estrechas ventanas) y los otros tipos de velo que llevan las mujeres musulmanas. Y no tiene paciencia para esperar la desaparición del burka, una prenda que impide el reconocimiento del individuo y niega al ser humano que lo lleva. Una mujer que lleva el burka es una mujer a la que se niega la condición de persona, de individuo, y que se convierte en una abstracción, con el enorme riesgo que ello supone incluso para su integridad física. El velo tiene un efecto mucho menos perverso, pero aun así tiene consecuencias psicológicas importantes para las jóvenes muchachas que comienzan a llevarlo y a las que se intenta convencer asegurándoles que implica el orgullo de ser musulmán, cuando se trata de una señal de sometimiento relacionada con las mujeres y no con su religión.


El velo, un debate pendiente, por Gemma Lienas para elperiodico.com, 22/10/07

Leo en el diario el caso de Shaima, la niña musulmana de 8 años que estuvo dos semanas sin ir a la escuela porque el reglamento de régimen interno del centro no permitía que fuera con el hiyab. Ya que estar escolarizado es un derecho fundamental de la infancia, la Conselleria de Educació conminó a la escuela a admitir a Shaima con pañuelo incluido.
La conselleria tiene razón: Shaima debe ir a la escuela. Lo que no entiendo es por qué en lugar de forzar al centro a aceptarla con velo, no obligó a los padres a llevarla sin el, apelando al mismo principio. Hubiera sido más pedagógico para la familia y para otros saber que, según las reglas de nuestro país, tienen el deber de escolarizar a las criaturas. Y este deber democrático, y más en un estado no confesional como el nuestro, está por encima del uso de cualquier símbolo religioso. Porque esto es lo que argumentan algunas personas: que el pañuelo es un símbolo de la fe islámica. Pero, puesto que el Corán no impone su uso explícitamente, es fácil entender que no es un símbolo religioso, sino cultural.
Según aclara Djavann, autora iraniana de Abajo el velo, el significado del hiyab es marcar visiblemente la sumisión femenina. O sea que se trata de una costumbre que no respeta otro principio democrático: la igualdad entre mujeres y hombres; un principio tan importante como la escolarización.
Muchos años de lucha para que unas y otras tengan la misma dignidad y haber llegado a un cierto estadio, aunque no sea óptimo, parecen suficientes para aconsejar una tolerancia cero hacia costumbres --vengan de donde vengan, sean foráneas o de nuestra propia casa-- que atenten contra los derechos de las mujeres. Y es que la situación no admite posturas intermedias porque, sino, la dificultad residirá en determinar el lugar donde ponemos el listón: ¿el hiyab? ¿La ausencia a las clases de gimnasia? ¿El burka? ¿La ablación?
Yo lo tengo claro: continuaré defendiendo el derecho a la igualdad de las niñas de otras culturas como habría querido que alguien me protegiera de los excesos de la familia patriarcal durante la dictadura franquista.

 

Lunes, a 31 de Agosto de 2009

La actividad violenta de las bandas latinas reclama medidas de prevención e integración

Editorial de El País, 31/08/09

En la madrugada del viernes, un joven recibió un disparo en la zona de Azca de Madrid, y falleció poco después. Tenía 17 años, era cantante de rap y, según fuentes policiales, jefe intermedio de la banda juvenil violenta Dominican Don't Play. Salió con unos amigos de una discoteca, lo siguieron unos cuantos integrantes de los Trinitarios, un grupo dominicano rival, y cuando subía a un taxi sufrió el impacto mortal. El supuesto asesino tenía más o menos su misma edad, y la facilidad con que abrió fuego en un céntrico barrio de la capital revela que, pese a los esfuerzos de la policía (desde que estas bandas latinoamericanas desembarcaron en 2005 en Madrid sólo se han contabilizado siete víctimas de su violencia; la anterior, en febrero de 2006), todavía quedan amplios flancos por cubrir.

La peligrosidad de estas organizaciones exige extremar la prevención y no escatimar esfuerzos para evitar, no sólo sus operaciones delictivas, sino el enfrentamiento de unas contra otras. Son casi 1.000 los jóvenes que en Madrid forman parte de estas bandas, de estructura piramidal y cuya consigna interna reza que, mientras mayor sea la violencia que se use, más fácil será escalar puestos en la jerarquía. Aunque se desconoce el móvil del último crimen, la policía baraja la hipótesis de viejos ajustes de cuentas. Los jefes de los Trinitarios encargaron esta vez el crimen a un menor de edad ya que, en caso de ser condenado, no llegaría a cumplir ocho años de pena. Así proceden estos grupos, y no hay que olvidar que la virulencia de sus actividades los ha convertido en un verdadero cáncer en sus países de origen.

Estas bandas se alimentan en la falta de integración de los adolescentes inmigrantes. Suelen vivir en familias desestructuradas, donde la lucha por la supervivencia de los padres impide que se ocupen del cuidado y la educación de los hijos. De ahí la importancia de iniciativas como la que tomó el ayuntamiento de Barcelona hace unos años: impulsó un plan para integrar a estos grupos como asociaciones culturales, siempre que hicieran renuncia expresa de cualquier tipo de violencia. Lo que no se puede descuidar, en cualquier caso, es la vigilancia de las zonas donde estas bandas suelen moverse. Como Azca. Un lugar de ocio cuyo abandono han denunciado reiteradamente los vecinos a las autoridades.

 

Domingo, a 7 de Junio de 2009

Fotos publicadas por El País

 

El artículo de José Saramago para El País, que podéis leer más abajo, me ha servido para reflexionar sobre la situación política a la que está llegando Italia bajo el mandato de Silvio Berlusconi; desgraciadamente, por asimilación, sus malas prácticas están invadiendo las políticas del resto de Europa.

Silvio Berlusconi, además de ser el primer ministro italiano, es un político multimillonario propietario de muchas empresas con actividad en varios sectores de la economía de su país. Es, por tanto, alguien que acumula bajo su dirección cuotas y espacios de poder que lo hacen, cuanto menos, sospechoso de manejar sus negocios de forma partidista, entremezclando lo propio con lo público.

Además de tener una ideología política profundamente reaccionaria, Berlusconi es un personaje de un machismo recalcitrante y trasnochado. El trasfondo de todos sus actos lo aderezada con una pátina de religiosidad católica altamente sospechosa, una pátina que desprende un tufillo de connivencias entre el poder político y económico, bajo el manto protector de la santa curia romana.

Se mueve con la soltura de los galancillos de las películas en blanco y negro de Alberto Sordi o Marco Ferreri, con el desparpajo del que no sabe asumir su edad y arrastra un ego enviagrado (de Viagra) impropio incluso en un muchachuelo de 18 años.

Si a su galantería de bigote fino y casposo unimos su fascista afán de protagonismo, llegaremos a la situación actual de todo lo que rodea su vida: corrupción, degradación, prohibición, liquidación de la sociedad democrática. Todo en honor del negocio. Todo se vende, todo se compra.

Ante la magnitud que está adquiriendo todo esto, hay preguntas para las que no tengo respuesta: ¿En toda Italia no existe una mayoría de ciudadanos que considere deleznable los actos de impudicia de este personaje? ¿Cómo es posible que gobierne alguien así, que transita entre lo legal y lo ilegal con la chulería del prepotente, del que sabe que tiene una bula que todo lo perdona?

Tengo más preguntas: ¿Y la Iglesia Católica, qué dice de todo esto? ¿Cómo son capaces de considerar inmoral el condón y no lo que hace este personaje? ¿Qué grado de degradación ética carcome a la curia romana, que le lleva a considerar como más razonables la existencia de abusos a menores en Irlanda antes que el aborto?

No sé qué pensareis vosotros de todo esto, pero a mi me preocupa enormemente: se nos vienen encima años en los que surgirán políticos que tendrán como programa de gobierno el “todo vale”.

Aquí en España, en los bancos de la oposición, tenemos varios casos…

Alfredo Webmaster

 


 

La cosa Berlusconi

Por José Saramago para elpais.com, 06/06/2009

No veo qué otro nombre le podría dar. Una cosa peligrosamente parecida a un ser humano, una cosa que da fiestas, organiza orgías y manda en un país llamado Italia. Esta cosa, esta enfermedad, este virus amenaza con ser la causa de la muerte moral del país de Verdi si un vómito profundo no consigue arrancarlo de la conciencia de los italianos antes de que el veneno acabe corroyéndole las venas y destrozando el corazón de una de las más ricas culturas europeas. Los valores básicos de la convivencia humana son pisoteados todos los días por las patas viscosas de la cosa Berlusconi que, entre sus múltiples talentos, tiene una habilidad funambulesca para abusar de las palabras, pervirtiéndoles la intención y el sentido, como en el caso del Polo de la Libertad, que así se llama el partido con que asaltó el poder. Le llamé delincuente a esta cosa y no me arrepiento. Por razones de naturaleza semántica y social que otros podrán explicar mejor que yo, el término delincuente tiene en Italia una carga negativa mucho más fuerte que en cualquier otro idioma hablado en Europa. Para traducir de forma clara y contundente lo que pienso de la cosa Berlusconi utilizo el término en la acepción que la lengua de Dante le viene dando habitualmente, aunque sea más que dudoso que Dante lo haya usado alguna vez. Delincuencia, en mi portugués, significa, de acuerdo con los diccionarios y la práctica corriente de la comunicación, "acto de cometer delitos, desobedecer leyes o padrones morales". La definición asienta en la cosa Berlusconi sin una arruga, sin una tirantez, hasta el punto de parecerse más a una segunda piel que la ropa que se pone encima. Desde hace años la cosa Berlusconi viene cometiendo delitos de variable aunque siempre demostrada gravedad. Para colmo, no es que desobedezca leyes sino, peor todavía, las manda fabricar para salvaguarda de sus intereses públicos y privados, de político, empresario y acompañante de menores, y en cuanto a los patrones morales, ni merece la pena hablar, no hay quien no sepa en Italia y en el mundo que la cosa Berlusconi hace mucho tiempo que cayó en la más completa abyección. Este es el primer ministro italiano, esta es la cosa que el pueblo italiano dos veces ha elegido para que le sirva de modelo, este es el camino de la ruina al que, por arrastramiento, están siendo llevados los valores de libertad y dignidad que impregnaron la música de Verdi y la acción política de Garibaldi, esos que hicieron de la Italia del siglo XIX, durante la lucha por la unificación, una guía espiritual de Europa y de los europeos. Es esto lo que la cosa Berlusconi quiere lanzar al cubo de la basura de la Historia. ¿Lo acabarán permitiendo los italianos?

José Saramago, escritor portugués, es premio Nobel de Literatural

 

Sábado, a 23 de Mayo de 2009

Bicentenarios y autocrítica: España ha de saber reconocer los horrores de la conquista; no el genocidio que trompetea Chávez

Por M. A. Bastenier para elpais.com, 20/05/2009


España es la octava economía del mundo, tras Estados Unidos, Japón, China, Alemania, Reino Unido, Francia e Italia; si atendemos al poder de compra retrocede al 11º lugar, superada por India, Rusia y Brasil; con 24.000 euros, en la renta per cápita desciende al 25º; pero es el sexto inversor mundial, segundo en América Latina; en el índice de calidad de vida (Human Development Index) está el 13 ó 14; y el castellano, con 400 millones de hablantes, sólo cede paso al inglés en el mundo occidental. Pero si eliminamos a Estados como Luxemburgo, Irlanda o Noruega, de escueta demografía, en casi todas las clasificaciones España avanza varios lugares hasta alcanzar un 10º global. Como la define un informe del Real Instituto Elcano, es una potencia media de ámbito regional, pero proyección planetaria.

Desde la víspera de Rocroi en 1643, España no había tenido tanto peso en el mundo, y se impone hoy la imperiosa necesidad de decidir qué quiere ser en el futuro; con lo que tienen mucho que ver los bicentenarios y la evolución psico-política de Latinoamérica.

La semana pasada arrancaron los fastos con los que España conmemorará en 2010-11, junto con América Latina, los 200 años de independencia. Con sabia cautela Miguel Ángel Moratinos subraya que sólo se pretende acompañar a las naciones, hermanas, primas o sobrinas, sin buscar protagonismo alguno. Hay que estar, como dicen de los niños en Inglaterra, para ser vista pero no oída. Hay muchas otras cosas, sin embargo, de las que preocuparse. Y España no está en absoluto preparada para el cambio de paradigma en América Latina, de lo que, paradójicamente, la democracia es algo responsable. Los estudios latinoamericanos, que en el bachillerato de la dictadura eran tan escasos como ignominiosos, con la democracia han dejado de ser ignominiosos, pero sólo porque han desaparecido, en especial en la España periférica, la que no perteneció o no se siente vinculada a la Corona de Castilla. La preparación para los bicentenarios debía comenzar en la primaria.

La España democrática no ha sabido segregar una visión de sí misma distinta de la del nacional-catolicismo, mientras que las nacionalidades no han parado de hacerlo. La historia de España de los textos de bachillerato ha sido expurgada, han desaparecido bastantes cruces evangelizadoras y denuestos contra los herejes, pero en su lugar apenas hay nada: el silencio como mitología. Así, se ha dejado el campo libre, no ya al revisionismo genérico -Henry Kamen- sino a críticas meritorias, pero que merecían un contrapunto como Las venas abiertas de América Latina del uruguayo Eduardo Galeano, hoy libro de cabecera del presidente Chávez, o el mucho más notable -y devastador- La patria del criollo, del guatemalteco, hijo de españoles, Severo Martínez Peláez. La España democrática debería superar lo de "luz de Trento y espada de Roma" del insigne polígrafo santanderino, para darle tegumento intelectual al Estado de las Autonomías.

América Latina llega a sus bicentenarios en similar pole position, interrogándose sobre sí misma. El predominio en el imaginario latinoamericano del estereotipo criollo -blanco aunque atezado, edad madura, clase media o medio-alta, bautizado, al menos con el bachillerato, y matrimonio fuera de la negritud o la indianidad- sufre el asalto del estereotipo indígena en Bolivia, y del enigmático "socialismo del siglo XXI" en Venezuela, ambos de vocación proselitista. En unos años es verosímil que el mundo iberoamericano sea irreconocible, y España ha de trabajar para que esa nueva Latinoamérica le quepa en la cabeza.

La palabra clave es autocrítica. España ha de saber reconocer los horrores de la conquista; no el genocidio que trompetea Chávez, porque no hubo plan de exterminio, y el siglo XVI no es el XXI, pero la evangelización y la rapiña de riquezas a sangre y fuego son episodios cuya extrema crueldad no fue fruto del azar. Algún tipo de expiación que no se incline, sin embargo, ante todo lo latinoamericano, puesto que en esa funesta faena participó tanto o más el criollo que el peninsular, sino ante la trata y esclavitud, o ante la negación del indígena en un mundo que ni siquiera tuvo contrarreforma. Hay, sin duda, sólidos argumentos a favor y en contra de humildad tan franciscana, pero desaprovechar la oportunidad de poner a cero el contador con una América Latina en la que los antiguos señores dejen de serlo, sería más que inmoralidad, error. España debe ser solo comparsa en el culto a Bolívar, pero la autocrítica le sentaría bien a la Alianza de Civilizaciones.

 

Domingo, a 17 de Mayo de 2009

Leyendo el discurso de Óscar Arias en la Cumbre de las Américas de Trinidad y Tobago, del pasado 18 de abril, recordé un almuerzo con unos ex socios panameños, entre los que estaba mi amigo Andrés, gallego como yo. Pese a que sus idearios políticos en poco o en nada se parecían a los míos, sentía por él un especial cariño y una profunda admiración como persona; era divertido, simpático, culto, dicharachero, bon vivant. Era el prototipo del hombre hecho a si mismo; seguro y confiado.

El almuerzo, que se celebró en el restaurante Marbella de la Avenida de Balboa, en Panamá, tenía como finalidad captar nuevos socios para la empresa y obtener fondos adicionales que compensaran los retrasos en las obras del proyecto que teníamos en marcha. Los retrasos tenían su justificación en los problemas administrativos y técnicos que provocó un cambio en la legislación del país.

Durante el almuerzo, él llevaba la disertación sobre la bondad de nuestra oferta de colaboración y yo los aspectos más técnicos y financieros. Como teníamos todo muy bien estudiado, no imaginamos que pudieran surgir grandes problemas.

Dos de esos posibles nuevos socios, mexicanos, estuvieron desde el principio del almuerzo faltones, altaneros, chulescos. Uno de sus argumentos para cuestionar lo que les ofrecíamos era la poca fiabilidad de nuestra palabra, por ser Andrés y yo de origen español; además de eso, nos achacaban ser descendientes de los españoles que había participado en el Descubrimiento de América.

Durante bastante tiempo, Andrés, hombre maduro bregado en mil batallas empresariales, mantuvo la educación y cortesía; de vez en cuando me daba un cariñoso rodillazo para que yo hiciera lo mismo; notaba en mis ojos que no estaba dispuesto a aguantar más aquellas insinuaciones y que podría saltar en cualquier momento.

Casi al final de la comida, durante los brindis del postre, uno de esos mexicanos dijo algo excesivamente injusto: nos llamaron a los españoles violadores y asesinos de indias e indios.

En ese momento, se formó la marimorena.

Andrés, que como dije antes era un hombre culto con amplios conocimientos de historia, especialmente en todo lo relacionado de la conquista de América y siglos posteriores, les dijo a los mexicanos más o menos; “¿Y vosotros, de quién sois hijos? ¿Cuáles son vuestros apellidos? ¿Acaso tú” –mirando para uno de ellos- “no te apellidas Ramírez Montoro? Que yo sepa” -dijo Andrés- “tus apellidos son 100 % españoles, y muy españoles. Y tú” –preguntó al otro- “¿No eres nieto e hijo de españoles y no viajas cada poco tiempo a Carballiño (Ourense, España) a ver a tu familia? ¿De qué nos acusáis a Alfredo o a mi,  si, en caso de ser cierto lo que decís, estaréis hablando de vuestros padres y abuelos?”.

Yo apostillé: “Que yo sepa, ningún antepasado mío emigró a América; no me siento responsable de nada de lo sucedido”.

Las preguntas de Andrés son la mejor explicación sobre la mezcla de razas que se produjo en Latinoamérica durante siglos: desde México (y los territorios conquistados por Yanquilandia) hasta la Tierra de Fuego, españoles y españolas se mezclaron durante siglos con nativos y nativas.

Ambas partes, los nativos sudamericanos y los españoles, para lo bueno y lo malo, somos el resultado de esa mezcla de razas. Somos como somos.

Volviendo al principio de mi escrito, buscar a los culpables de lo atrasos, de las injusticias y de la situación de abandono en que se encuentra Latinoamérica, no es tarea fácil; todos somos culpables, pero algunos lo son más que otros…

Leed el discurso de Óscar Arias; vale la pena saber algo más sobre la realidad desde la voz y el texto de un presidente democrático latinoamericano.

Alfredo Webmaster

Nota

Nunca le pude regalar el tan prometido libro sobre la paternidad gallega de Cristobal Colón: Andrés murió unos días antes de un nuevo viaje mío a Panamá.

 



 

Palabras del Presidente de la República de Costa Rica, don Óscar Arias en la Cumbre de las Américas de Trinidad y Tobago, 18 de abril del 2009

Tengo la impresión de que cada vez que los países caribeños y latinoamericanos se reúnen con el presidente de los Estados Unidos de América, es para pedirle cosas o para reclamarle cosas. Casi siempre, es para culpar a Estados Unidos de nuestros males pasados, presentes y futuros. No creo que eso sea del todo justo.

No podemos olvidar que América Latina tuvo universidades antes de que Estados Unidos creara Harvard y William & Mary, que son las primeras universidades de ese país. No podemos olvidar que en este continente, como en el mundo entero, por lo menos hasta 1750 todos los americanos eran más o menos iguales; todos eran pobres.

Cuando aparece la Revolución Industrial en Inglaterra, otros países se montan en ese vagón; Alemania, Francia, Estados Unidos, Canadá, Australia, Nueva Zelanda… y así la Revolución Industrial pasó por América Latina como un cometa, y no nos dimos cuenta. Ciertamente perdimos la oportunidad.

También hay una diferencia muy grande. Leyendo la historia de América Latina, comparada con la historia de Estados Unidos, uno comprende que Latinoamérica no tuvo un John Winthrop español, ni portugués, que viniera con la Biblia en su mano dispuesto a construir “una Ciudad sobre una Colina”, una ciudad que brillara, como fue la pretensión de los peregrinos que llegaron a Estados Unidos.

Hace 50 años, México era más rico que Portugal. En 1950, un país como Brasil tenía un ingreso per cápita más elevado que el de Corea del Sur. Hace 60 años, Honduras tenía más riqueza per cápita que Singapur, y hoy Singapur –en cuestión de 35 ó 40 años– es un país con $ 40.000 de ingreso anual por habitante. Bueno, algo hicimos mal los latinoamericanos.

¿Qué hicimos mal? No puedo enumerar todas las cosas que hemos hecho mal. Para comenzar, tenemos una escolaridad de 7 años. Esa es la escolaridad promedio de América Latina y no es el caso de la mayoría de los países asiáticos. Ciertamente no es el caso de países como Estados Unidos y Canadá, con la mejor educación del mundo, similar a la de los europeos. De cada 10 estudiantes que ingresan a la secundaria en América Latina, en algunos países solo uno termina esa secundaria. Hay países que tienen una mortalidad infantil de 50 niños por cada mil, cuando el promedio en los países asiáticos más avanzados es de 8, 9 ó 10.

Nosotros tenemos países donde la carga tributaria es del 12 % del producto interno bruto, y no es responsabilidad de nadie, excepto la nuestra, que no le cobremos dinero a la gente más rica de nuestros países. Nadie tiene la culpa de eso, excepto nosotros mismos.

En 1950, cada ciudadano norteamericano era cuatro veces más rico que un ciudadano latinoamericano. Hoy en día, un ciudadano norteamericano es 10, 15 ó 20 veces más rico que un latinoamericano. Eso no es culpa de Estados Unidos, es culpa nuestra.

En mi intervención de esta mañana, me referí a un hecho que para mí es grotesco, y que lo único que demuestra es que el sistema de valores del siglo XX, que parece ser el que estamos poniendo en práctica también en el siglo XXI, es un sistema de valores equivocado. Porque no puede ser que el mundo rico dedique 100.000 millones de dólares para aliviar la pobreza del 80 % de la población del mundo –en un planeta que tiene 2.500 millones de seres humanos con un ingreso de $ 2 por día– y que gaste 13 veces más ($1.300.000.000.000) en armas y soldados.

Como lo dije esta mañana, no puede ser que América Latina se gaste $50.000 millones en armas y soldados. Yo me pregunto: ¿Quién es el enemigo nuestro? El enemigo nuestro, presidente Correa, de esa desigualdad que usted apunta con mucha razón, es la falta de educación; es el analfabetismo; es que no gastamos en la salud de nuestro pueblo; que no creamos la infraestructura necesaria, los caminos, las carreteras, los puertos, los aeropuertos; que no estamos dedicando los recursos necesarios para detener la degradación del medio ambiente; es la desigualdad que tenemos, que realmente nos avergüenza; es producto, entre muchas cosas, por supuesto, de que no estamos educando a nuestros hijos y a nuestras hijas.

Uno va a una universidad latinoamericana y todavía parece que estamos en los sesenta, setenta u ochenta. Parece que se nos olvidó que el 9 de noviembre de 1989 pasó algo muy importante, al caer el Muro de Berlín, y que el mundo cambió. Tenemos que aceptar que este es un mundo distinto, y en eso francamente pienso que todos los académicos, que toda la gente de pensamiento, que todos los economistas, que todos los historiadores, casi que coinciden en que el siglo XXI es el siglo de los asiáticos, no de los latinoamericanos. Y yo, lamentablemente, coincido con ellos. Porque mientras nosotros seguimos discutiendo sobre ideologías, seguimos discutiendo sobre todos los “ismos” (¿Cuál es el mejor? capitalismo, socialismo, comunismo, liberalismo, neoliberalismo, socialcristianismo...), los asiáticos encontraron un “ismo” muy realista para el siglo XXI y el final del siglo XX, que es el pragmatismo.

Para solo citar un ejemplo, recordemos que cuando Deng Xiaoping visitó Singapur y Corea del Sur, después de haberse dado cuenta de que sus propios vecinos se estaban enriqueciendo de una manera muy acelerada, regresó a Pekín y dijo a los viejos camaradas maoístas que lo habían acompañado en la Larga Marcha; “Bueno, la verdad, queridos camaradas, es que mí no me importa si el gato es blanco o negro, lo único que me interesa es que cace ratones”. Y si hubiera estado vivo Mao, se hubiera muerto de nuevo cuando dijo que “la verdad es que enriquecerse es glorioso”. Y mientras los chinos hacen esto, y desde el 79 a hoy crecen a un 11 %, 12 % o 13 %, y han sacado a 300 millones de habitantes de la pobreza, nosotros seguimos discutiendo sobre ideologías que tuvimos que haber enterrado hace mucho tiempo atrás.

La buena noticia es que esto lo logró Deng Xioping cuando tenía 74 años. Viendo alrededor, queridos Presidentes, no veo a nadie que esté cerca de los 74 años. Por eso solo les pido que no esperemos a cumplirlos para hacer los cambios que tenemos que hacer.

Muchas gracias.

 

Miércoles, a 17 de Septiembre de 2008

Un excepcional vídeo sobre la intolerancia y la tolerancia. Un excepcional documento sobre lo mucho que ayuda “ver” otros mundos y convivir con otras culturas, poder compartir nuestro tiempo con otros pueblos y conocer otras creencias, y, sobre todo, lo más importante, si conseguimos dejar de pensar que nosotros (nuestro país o nuestra cultura) somo mejores que los demás, o que nuestra raza es superior a la de los otros por haber nacido blancos y europeos.

Alfredo Webmaster

 

Jueves, a 4 de Septiembre de 2008

Some things cost more than you realise” (Algunas cosas cuestan más de lo que crees) es el argumento del canal de televisión MTV en su lucha contra la explotación infantil,  sobre todo la sufre algunas zonas de Asia.

MTV Exit (acrónimo de End Exploitation and Trafficking) no es sólo un spot o un anuncio más; MTV Exit es una campaña de publicidad positiva muy meditada y perfectamente dirigida por Steve Rogers y John Seale, este último colaborador del fallecido Anthony Minghella, el autor de películas como ‘El paciente inglés’, por la que ganó el Oscar en la categoría, y ‘Cold Mountain’.

El guión del vídeo refleja el transcurrir del día de dos niños iguales, de la misma edad, mediante imágenes a ambos lados de la pantalla; a la derecha, un niño del tercer mundo explotado laboralmente, y a la izquierda, un niño occidental con una vida plácida y sin sobresaltos.

En la pantalla de la izquierda, el niño rubio de tez blanca vive una vida “normal”: duerme en una cama cómoda, desayuna cereales y leche, asiste a la escuela y es tratado con sumo respeto por sus profesores. Mientras, en la pantalla de la derecha, un niño oriental vive hacinado y desde que se levanta hasta que se acuesta debe trabajar esclavizado en la fabricación de zapatos. El final es impactante: el niño rubio se saca sus zapatos y… y descubrimos que son los zapatos que fabricó el niño esclavizado.

Según la ONU, entre 4 y 8 millones niños al año son víctimas del tráfico de seres humanos, en un negocio que genera unos beneficios ilegales de más de 60.000 millones de euros.

Este tipo de esclavitud está presente en muchísimos países asiáticos, africanos y algunos latinoamericanos. Los que manejan este “mercado” de seres humanos no son personas con apariencia de gangsters: son hombres y mujeres comunes y corrientes. Generalmente tienen falsas empresas tapadera, agencias de modelaje u ofrecen empleos dignos con la posibilidad de estudio y viajes.

El final es bien conocido: explotación salvaje, esclavitud, prostitución, degradación…

La música que oiréis en el anuncio de la MTV es Radiohead, grupo que decidió colaborar en la lucha contra la esclavitud donando el beneficio que se obtenga con la canción “All I Need” de su último álbum “In Rainbows”.

Alfredo Webmaster

Jueves, a 14 de Agosto de 2008
 
Una ONG ofrece trabajo a extranjeros en municipios sin apenas habitantes
Por Servio López para El País - Crivillén - 14/08/2008

 
Crivillén, en la comarca turolense de la Sierra de Arcos, tiene 110 habitantes. Tres más que a principios de este verano. Irine Entza, Gilberto Galeas y su hijo Raúl, de nacionalidad ecuatoriana, llegaron a mediados de julio a este pequeño pueblo de casitas apretadas. El Consorcio de Entidades para la Acción Integral con Migrantes (Cepaim) les propuso una nueva vida en este municipio, en el marco de un proyecto que persigue mejorar sus condiciones sociolaborales, satisfacer la demanda de mano de obra en el campo y frenar la despoblación.

Más de 100 familias esperan ser trasladadas a pueblos de Aragón, Valencia o Castilla-La Mancha dentro de esta iniciativa.

El proyecto arrancó en octubre del año pasado gracias a una subvención del Ministerio de Trabajo e Inmigración. Desde entonces la ONG ha trasladado a una decena de familias, preseleccionado a otro centenar e informado del proyecto a cerca de 110 localidades. Todos los colonos han encontrado empleo; como asalariados o incluso, como empresarios. "En el medio rural existe aún empleo latente y la familia se convierte en estructura productiva", explica Luis Antonio Sáez, profesor de la Universidad de Zaragoza y directivo del Centro de Estudios sobre la Despoblación y Desarrollo de Áreas Rurales (Ceddar).

La familia Galeas-Entza llegó hace ocho años a Madrid desde Macas, en el Este rural e indígena de Ecuador. Irine se pluriempleaba en dos establecimientos de comida rápida. Su marido trabajaba en la construcción, pero se quedó sin empleo a raíz de la crisis inmobiliaria.

Justo entonces, Cepaim les hizo un ofrecimiento que no pudieron rechazar. Esta ONG selecciona para este proyecto a inmigrantes que tienen especial vinculación con el medio rural pero que no tienen trabajo en la ciudad, según explica su director, Juan Antonio Segura.

La asociación se pone en contacto con ayuntamientos y empresarios locales y elabora un protocolo de actuación entre todas las partes para garantizar que no se generen tensiones entre los inmigrantes y la población autóctona. Se han firmado acuerdos con unos 20 consistorios; el último, con Almodóvar del Campo.

En el caso de Crivillén, la alcaldesa, María José Lecina (PAR), buscaba cubrir una vacante en la tienda-bar municipal y se interesó por este plan. Puso a disposición de los colonos la antigua casa del maestro por un alquiler razonable. Mes y medio después, el bar multiservicios de Crivillén está lleno de parroquianos que juegan a las cartas o ven la tele. La barra la atienden Irine y Gilberto mientras Raúl juega con otros niños del pueblo en las actividades programadas por la Diputación Provincial.

La alcaldesa destaca que, gracias a este último seguirá abierta la escuela rural, en cuya única aula estudiarán el próximo año cuatro niños. "Los inmigrantes no son vistos en estos pueblos como una amenaza, sino como una salvación", asegura el director de Cepaim. Pero Sáez, del Ceddar, advierte: "Si no se les da nada además de trabajo se irán, como se fueron tantos españoles de los pueblos".

 
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