Música y Vino

Puedo intentar ser sincero pero nunca seré imparcial…
Martes, a 1 de Enero de 2013

 

Cuando viví en España, mas exactamente en una ciudad maravillosa llamada Barcelona, venia de trabajar en África por algo mas de dos años y claro, los contrastes fueron muchos. Y piensen que nací en el Amazonas (Colombia).

Barcelona fue una ciudad en la que siempre desee vivir, especialmente cuando vi una película llamada “Todo sobre mi madre”, de Almodóvar. ¿Recuerdan aquella escena donde aparece la Sagrada Familia?

No obstante, para ser honesto, la relación con los catalanes venía de antes. Fueron muchos los que pasaron por mi tierra: a varios religiosos Franciscanos Capuchinos los escuche hablar en un “español raro y que no se entendía mucho”.

No fueron pocas las veces que los vi frotar un tomate sobre el pan y luego agregarles aceite; no olvido una camiseta que me regalaron con el logo de los juegos olímpicos de 1992 ni tampoco un libro sobre Picasso escrito en una lengua que no se leía fácil, pero que se dejaba entender a pedazos. Barcelona, es una gran ciudad y fui feliz cuando estuve allá. Y con ganas de volver. Pero lo cierto, es que estando allá, en sus noches fantásticas, un buen día me encontré con una página que cambiaría mucho mi vida: musicayvino.com.

Y cuando digo cambiaría mí vida lo digo con tranquilidad, sin temor a equívocos. Y es que cambiar la vida es explorar nuevos ritmos, nuevos interpretes, nuevas miradas, nuevas posibilidades… y todo además de buen gusto y de forma gratuita. Así, la vida es bella.

Ahora estoy de vuelta en mi tierra, gozando nuevamente de mí Amazonas, viviendo en el pueblo que me vio nacer, en mi Leticia, a las orillas del río más caudaloso del mundo. Aquí internet es un lujo, y ya no gozo del Spotify ni de otros artilugios cibernéticos. Me las arreglo con un smartphone para mirar alguna cosa. Y cuando va bien internet en la oficina, y si el trabajo me lo permite accedo a algo que me interesa. Aquí no vemos los videos de YouTube online. Aquí tenemos que esperar 15 o 20 minutos para ver un video de 2 minutos.

Aquí la vida va al ritmo del río. Pues bien, hace un par de días volví a musicayvino.com y me dio por escribirle a esa gran alma detrás de la pagina, recibiendo de Alfredo una respuesta maravillosa y una oferta tentadora: ser corresponsal desde este lado del mundo, así que procedo a escribir sobre mi Amazonas y compartirles un video que seguramente ustedes, en otro lugar del planeta, que cuentan muy seguramente con un servicio de internet digno, podrán disfrutar y conocer mejor el lugar donde vivo.

El Amazonas colombiano es un destino increíble para los turistas que buscan tener contacto extremo con la naturaleza y conocer algunas de las culturas más representativas del país. Este maravilloso hábitat acoge tantas especies de fauna y flora como ningún otro ecosistema en el mundo y es un lugar sorprendente no sólo por la diversidad cultural de sus pueblos indígenas, sino por la vida que se origina y se nutre de las múltiples orillas del río Amazonas, el más caudaloso, ancho y profundo del mundo.

Los grupos indígenas conceden a este territorio una multiplicidad étnica incomparable. Conocer sus rituales, cultura y creencias, interactuar con los líderes de las comunidades y comprender su relación con la naturaleza es una experiencia mágica que evoca un cuento de fantasías. Este destino es propicio para disfrutar de una increíble travesía: escalar árboles de 35 metros de altura, deslizarse entre sus ramas en un recorrido de más de ochenta metros para sentir la fuerza de la naturaleza; pasar la noche en la copa de una Ceiba y escuchar la voz de la jungla y sus más profundos secretos a la luz de la Luna. Son tantos los prototipos de cosmovisión que aquí se encuentran que no creo estar errado cuando sentencio que el Amazonas podría ser la nueva Grecia que el mundo necesita. Haciendo alusión a lo mejor de los Helenos.

El Amazonas colombiano es uno de los 32 departamentos de mi país, ubicado en la parte más meridional, en gran parte al sur de la línea ecuatorial. Es el departamento colombiano más grande en cuanto a extensión territorial y se compone en su totalidad de territorio selvático. Limita con los departamentos de Caquetá y Vaupés y al noroeste con el departamento del Putumayo. El resto de su territorio es de frontera internacional: al este con Brasil y al sur y sureste con el Perú. Amazonas es el departamento con mayor longitud en límites internacionales de Colombia.

El nombre del departamento procede del nombre del gran río Amazonas. El río a su vez fue así denominado por el conquistador español Francisco de Orellana (1511-1546), el cual, en su viaje de exploración, dijo que fue atacado por "feroces mujeres" que se le semejaron a las amazonas de la mitología griega; sin embargo, la existencia de una tribu guerrera femenina en tal tiempo no ha podido ser demostrada y es posible que fuesen guerreros amerindios de pelo largo los que impresionaron al conquistador por el cual denominó a las selvas y al río con el nombre de Amazonas.

Entre los primeros exploradores europeos del territorio está Francisco de Orellana, quien le daría el nombre a la selva. La colonización española pondría el territorio forestal bajo el dominio de la provincia de Popayán, pero la independencia de las colonias españolas desataría un ánimo expansionista de las nuevas repúblicas hermanas, especialmente el Perú y Brasil. Colombia, más concentrada políticamente en la región andina, perdería una gran parte del territorio amazónico.

En 1928 y como base en la delimitación de la frontera entre Colombia y Perú, se crea la Comisaría del Amazonas que por su importancia se renombra en 1931 a Intendencia del Amazonas, ampliándose su territorio hacia el norte con partes de la Intendencia del Caquetá. En 1943 cambia de nuevo a Comisaría Especial, para luego en 1951 denominarse otra vez Intendencia Nacional. En 1957 finalmente adopta la denominación de Comisaría Especial del Amazonas que cambia el 6 de julio de 1991 a Departamento del Amazonas.

Para los amantes del turismo ecológico y de aventura, en esta región se pueden realizar un gran número de actividades como escalar árboles, realizar caminatas en la selva, practicar canopy, navegar por el río Amazonas, observar fauna y flora o partir en una travesía fluvial hasta lugares remotos y prohibidos en el corazón de la selva. Otro de los mayores atractivos son los parques naturales que ofrecen una experiencia única a los turistas para observar la majestuosidad de la fauna y flora amazónicas. Entre ellos se encuentran el de Cahuinari, Río Puré y Amacayacu, en donde es posible realizar caminatas por senderos y trochas de la selva tropical, recorridos acuáticos y avistamiento de aves.

Además de los parques naturales existen otros circuitos turísticos como la Isla de los Micos y el municipio de Puerto Nariño, en donde se pueden observar los delfines rosados, el caimán negro y la planta acuática representativa del Amazonas llamada Victoria Regia, un loto que puede llagar a medir hasta 1.50 metros de diámetro y es considerado el más grande del planeta.

Y para los amantes de la historia, nada mejor que recomendarles la lectura en estos días de un libro maravilloso de Mario Vargas Llosa: “El sueño del Celta”, y así navegar también por las atrocidades que han ocurrido en estas tierras y de las cuales hablaría en otra oportunidad, si es que se mantiene la oferta de quien un día conocí virtualmente y espero conocer en el momento que corresponda, personalmente: Alfredo.

De despedida, un abrazo amazonico de Mauricio Humberto Rodríguez (Leticia, Colombia)


 

 

 

 

Viernes, a 20 de Mayo de 2011
En una entrada del blog del 2 de septiembre de 2008, titulada “La Candelaria se reinventa”,  me olvidé citar un restaurante bogotano de La Candelaria que visité muchas de las veces que estuve en la capital de Colombia. Se llama Mi Viejo y está en Calle 11 Nº 5-41 (Bogotá). Para situaros más fácilmente, justo detrás del Hotel de la Ópera, casi pared con pared, espalda con espalda.

Su dueño, Carlos Gutiérrez, Carlitos para sus amigos, es un bonaerense con antepasados gallegos, como muchos argentino, que fue el primero que montó un restaurante de cocina argentina en esa zona y fue (es) un innovador dentro de la gastronomía de la ciudad. Por lo que sé de él en las conversaciones que mantuvimos algunas veces, se fue a vivir a Colombia con la intención de ser actor. Afortunadamente, la escena Latinoamericana perdió una figura de la interpretación pero nosotros ganamos el disfrute de su mesa y cocina: a los que nos gusta comer, y comer bien, le estamos muy agradecidos.

Una vez, hace algunos años, Carlos y yo intentamos montar en su local la primera Peña Deportivista de Colombia, un lugar en el que podrían recalar todos los socios del Real Club Deportivo de La Coruña (Galicia – España) que viajaran a ese país y sentirse como en su casa rodeados de recuerdos del club de nuestros amores. Aún ahora tiene colgada en las paredes del restaurante una bufanda del Deportivo que yo le llevé en uno de mis viajes.

Aquellos planes quedaron en nada, pero nunca se sabe lo que nos deparará el destino: algún día quizá retomemos aquel proyecto.

De su cocina recomiendo todo: sus entrantes son de excelsa calidad y presentación; la parrilla, la especialidad de la casa, brilla a un altísimo nivel gracias a la excelsa selección de carnes argentinas de los mejores cortes. Los postres, en línea con la calidad de los primeros platos.

En cuanto a los vinos, al margen de la amplia y buena variedad que presenta la carta con caldos de distintos países, quizá debería tener alguno de los tintos españoles que mejor maridaje hacen con las carnes de crianza como, por ejemplo, Riberas del Duero, algún Toro y, por qué no, los nuevos tintos gallegos de Valdeorras/Monterrei, Ribeiro o Ribera Sacra.

El servicio es magnífico, muy profesional y dispuesto, con experiencia y saber estar. Las instalaciones resultan muy agradables y cómodas, sobre todo las mesas que están en la primera zona de entrada desde la calle.

Como es un excelente lugar de cita y de disfrute gastronómico, conviene reservar mesa con anticipación en los teléfonos 3410971 y 5666128 (sobre todo este último). Si podéis, pedid que os reserven la zona del primer comedor y, en concreto, alguna de las mesas pegadas a las ventanas.
 
Según tengo entendido, los fines de semana Carlos imparte clases de parrilla.
 
Alfredo Webmaster
 
 
 
Viernes, a 4 de Marzo de 2011

Por Luis García Montero para publico.es, 27/02/2011

Las noticias internacionales, configuradas según los intereses de los grupos mediáticos, colocan unas gafas opacas en los ojos de los ciudadanos bien informados-desinformados. Los viajes nos ayudan a quitarnos esas gafas para ver la realidad de manera directa. Y la vida tiene a veces sorpresas agradables. Hay matices luminosos sobre los que merece la pena llamar la atención. Como las promesas electorales suelen degradarse en contacto con los despachos, los presidentes de Gobierno tienden a ser siempre mucho peor de lo esperado. En Colombia está ocurriendo lo contrario. Merece la pena tenerlo en cuenta.

De paso por Bogotá, una amiga poeta me invita a desayunar en un restaurante llamado Narcobollo. Comida deliciosa y buen humor. El nombre se debe a un error de la policía de Cartagena de Indias, que no dio en el blanco y confundió la harina de un local con un festín de coca. Aquella equivocación ha servido para extender el imperio culinario de Narcobollo por Cartagena, Barranquilla y Bogotá. Le comento a mi amiga que ese humor hubiera sido impensable en la época dura de la violencia de la droga. Me responde que sí, y luego añade un comentario imprevisible: “Están mejor las cosas, hasta el punto de que el presidente Santos empieza a parecerme guapo”. Un comentario realmente imprevisible, porque conozco la ideología izquierdista de mi amiga y porque he visto muchas fotografías del presidente Juan Manuel Santos Calderón.

Después de los dos mandatos turbios de Álvaro Uribe, uno siente que ahora el país se permite el buen humor. Hasta los que no son partidarios de la política económica de Santos respiran con más calma. Y esto sorprende al viajero que llega a Colombia con las gafas opacas de la desinformación internacional. Frente al tratamiento implacable de figuras como Fidel Castro o Hugo Chávez, la personalidad de Uribe fue presentada como un ejemplo latinoamericano de democracia. Se lo comento a mi amiga, y ella vuelve a recuperar su estado de antigua indignación para hablarme de la historia de este político que vio florecer, bajo su mandato como gobernador de Antioquia, a los grupos paramilitares creados por los caciques. Debían ser castigados los campesinos que se negaban a aceptar la expropiación de sus tierras. Llegó así la costumbre de los parapolíticos; es decir, de los políticos acostumbrados a servirse de paramilitares.

Mi amiga protesta luego por la poca importancia que se le ha dado en España al escándalo de los llamados “falsos positivos”. Con la presidencia de Uribe, para animar la lucha contra las FARC, se aprobó el pago legal de una recompensa a los militares que presentasen cadáveres de guerrilleros. La idea, ya de por sí aterradora, se convirtió en un fraude criminal cuando miles de personas fueron asesinadas y vestidas de guerrilleros. Mendigos, deficientes mentales y ciudadanos incómodos aparecieron uniformados, con botas nuevas y a veces cambiadas de pie. Si a eso se le une el descubrimiento de fosas comunes con cientos de muertos, no es extraño que bocas muy comedidas pronuncien la palabra genocidio.

La presidencia de Uribe hizo que una parte de la población colombiana se acostumbrase a convivir con la violación oficial de los derechos humanos. La atmósfera se volvió irrespirable para la otra parte del país. Todo hacía pensar que Juan Manuel Santos iba a ser un continuador de Uribe, pero se ha producido la sorpresa. Está ofreciendo libertad y seguridad para que la Justicia investigue con independencia. Y ese es un matiz importante. En España, en Colombia o en cualquier parte, no es lo mismo equivocarse en la política económica que asumir la lógica de los crímenes de Estado. Colaboradores muy cercanos a Uribe están ya en la cárcel. La vida colombiana empieza a pacificarse.

Me recuerda mi amiga que Enrique Santos, hermano del presidente, fue en los años setenta, junto a Gabriel García Marquéz y Antonio Caballero, uno de los responsables de la revista Alternativa. Parece que su sombra acompaña las decisiones éticas del actual Gobierno de Colombia. Si nos quitamos las gafas mediáticas, comprenderemos la importancia de lo que ocurre en este maravilloso país. Una morada al sur, como deseó el poeta Aurelio Arturo. Que el sol reparta allí su alegría.



 

Luis García Montero (Granada, 4 de diciembre de 1958) es una de las principales figuras de la actual poesía española. Autor de más de 25 poemarios, recibió el Premio Adonais en 1982 por “El jardín extranjero”, el Premio Loewe en 1993 y el Premio Nacional de Literatura en 1994 por “Habitaciones separadas”. En 2003, con “La intimidad de la serpiente”, obtuvo el Premio Nacional de la Crítica. A lo largo de su vida, García Montero también ha publicado ensayos, es autor de ediciones críticas de poetas como Federico García Lorca o Rafael Alberti y tiene en su haber obras de prosa como la novela “Impares, fila 13, escrita junto a Felipe Benítez Reyes, además de haber colaborado en prensa de forma asidua.

 

 

Domingo, a 20 de Febrero de 2011


Una chica camina tras el funeral por dos mujeres asesinadas en Ciudad Juárez (México) en octubre de 2010.

Foto de REUTERS

 

Por Soledad Gallego-Díaz (Buenos Aires) para elpais.com, 19/02/2011

"Del dicho al hecho". El lema del informe elaborado en 2009 por la Comisión Económica de Naciones Unidas para América Latina (Cepal) sigue resumiendo muy bien el principal problema con el que se enfrentan, ya bien entrado el siglo XXI, las mujeres de ese continente: en los últimos 10 años se han experimentado avances muy importantes en las legislaciones que reconocen sus derechos y condenan la violencia machista, pero, en la práctica, las autoridades, jueces incluidos, no aplican esas normas con suficiente rigor ni persistencia como para que las cifras explosivas de maltrato, abuso y discriminación hayan experimentado un retroceso aceptable. La impunidad de sus agresores sigue siendo en la mayoría de los países de América del Sur, Centroamérica y Caribe la peor pesadilla de las mujeres.

Esa realidad convive con otra: en América Latina ha habido hasta el momento nueve mujeres que alcanzaron la presidencia de su país, tres de ellas, en Argentina, Brasil y Costa Rica, en ejercicio; la directora de Naciones Unidas para la Igualdad de Género es la expresidenta chilena Michelle Bachelet, y se ha producido un aumento espectacular en el número de parlamentarias. Mejor aún, un 55% de las latinoamericanas de 20 a 24 años ha completado la educación secundaria (mientras que solo lo ha conseguido el 49% de los hombres). Incluso en las zonas rurales, en las que la extensión de la secundaria es mucho menor, el promedio de mujeres de esa edad que ha alcanzado ese grado supera notablemente al de los hombres (31% frente al 26%).

El menor porcentaje de paro y, sobre todo, las transferencias de recursos puestas en marcha por los Gobiernos de varios países, como Venezuela, Brasil, Argentina, Ecuador o Bolivia, que tienen sistemas de ayudas a la familia, han disminuido los índices de pobreza extrema y mejorado las condiciones de salud y educación de la infancia, niñas incluidas.

Sin embargo, esas mejoras no impiden que América Latina siga siendo la región con mayores desigualdades ni que sea una de las zonas más peligrosas del mundo para las mujeres, tanto por el feminicidio y casos graves de maltrato, como por el alto porcentaje de abusos sexuales en el entorno familiar, la mortandad maternal y el gran número de abortos clandestinos a los que obligan las omnipresentes legislaciones contrarias a la interrupción legal del embarazo. Cuatro millones de abortos ilegales y 4.000 muertas al año no consiguen torcer el brazo a las poderosas iglesias católica y evangélica.

Entre el 39% y el 42% de las mujeres peruanas confiesa, por ejemplo, haber sido víctima de violencia física por parte de su pareja o marido, según el Instituto Nacional de Estadística e Informática. "Las agresiones recibidas por las víctimas fueron empujones, golpes, patadas, ataques o amenaza con cuchillo u otra arma, además de ser forzadas a tener relaciones sexuales sin su consentimiento, entre otras formas de violencia física y psicológica", asegura el documento, que analizó una encuesta realizada entre 24.000 mujeres.

"La última vez que Keiko Tamaca, de 14 años, vio a su enamorado, William Chiroque, de 18, fue cuando le apuntaba con una pistola de 9 milímetros, ebrio de celos por haberla visto conversando con otro muchacho", relata un diario local. La adolescente fue una de las dos o tres menores de 18 años que mueren asesinadas cada mes en Perú. "Reproducen patrones de conducta que ven en casa", explicaba en el periódico la psicóloga Tesania Velázquez.

Aunque no hay estadísticas fiables para el conjunto de la región, los datos parciales que van facilitando organismos especializados de los distintos países son escandalosos. El 35% de las mujeres mexicanas sufre violencia física; 39% en Colombia; 31% en Ecuador y hasta un 52% en Bolivia. En Chile, en 2002, se calculaba que solo el 3,8% de los casos denunciados terminaba en condena. En Brasil, señalan algunos estudios, el 10% de las mujeres del área urbana y el 14% de las mujeres del área rural han sufrido violencia sexual. En Centroamérica, dos de cada tres asesinadas son víctimas de un crimen machista, es decir, mueren por ser mujeres.

En el mejor de los casos, asegura la Cepal, en la hipótesis más leve, una de cada diez mujeres de Latinoamérica sufre violencia física, "que se manifiesta desde golpes hasta violencia severa con amenaza de muerte junto con una fuerte violencia psicológica y, muchas veces, con violencia sexual". En solo siete países se han aprobado leyes específicas sobre la violencia contra las mujeres (la Venezuela de Hugo Chávez, entre ellos), siguiendo la estela de la ley llamada María Pehna, aprobada en Brasil en 2006. (María da Pehna es una farmacéutica brasileña cuyo marido intentó asesinarla en dos ocasiones y terminó dejándola parapléjica. 15 años después de aquellos hechos, el agresor seguía en libertad, amparado por jueces que dilataban el proceso. La nueva ley consiguió al fin llevarle a prisión.

Nadie puede negar que en América Latina el acceso de las mujeres a los puestos de toma de decisiones políticas ha crecido de manera muy notable en la última década. Nueve países (entre ellos Bolivia, con el Gobierno de Evo Morales) han aprobado leyes a favor de la igualdad. El promedio regional de mujeres diputadas es del 20,7% (lo que supone oscilar entre el 40% de presencia femenina en el Parlamento argentino, al 9% que existe en Colombia).

El aumento del promedio se debe a que 11 países has aprobado leyes que establecen cuotas en las listas electorales, aunque en solo cuatro casos existe el llamado "sistema cremallera" que impide que las mujeres sean ubicadas al final de la lista. En los casos en los que no existen cuotas, como en las alcaldías, por ejemplo, el desfase sigue siendo muy importante: la presencia femenina no llega al 6,8%, según la Cepal. En el sistema judicial, el avance es desesperantemente lento: solo el 19% de los jueces de los tribunales superiores y cortes supremas son mujeres.

Muchas de las cifras que reflejan la evolución positiva de los derechos de la mujer van acompañadas por otros datos alarmantes. La tasa global de fecundidad bajó de 5,9 hijos en los años cincuenta a 2,4 en el primer lustro del nuevo siglo, pero el embarazo de las adolescentes prácticamente ha duplicado su aporte a la fecundidad total, pasando de un 8,5% en 1950 a un 14,3% en 2005. La mortalidad materna se redujo en un 28% desde 1990, pero aun así demasiadas mujeres siguen muriendo de parto en América Latina: 130 muertes maternas por cada 100.000 nacidos vivos es una cifra que está muy por encima del quinto objetivo del Milenio, pero que no resulta extraña si se constata que el 80% de las mujeres pobres de Bolivia, o de Haití, dan a luz fuera del sistema hospitalario.

El difícil cambio cultural en todo lo relacionado con la situación y los derechos de la mujer en América Latina brilla con todas sus contradicciones en países como Chile, que lleva años en una sólida progresión económica pero que ha sido el último del mundo, en noviembre del 2004, en aprobar una ley que regulara el divorcio. O en Argentina, con la tradición educativa e igualitaria más fuerte de toda la región, presidido en la actualidad por una mujer, pero que no ha logrado despenalizar el aborto voluntario, algo que tampoco pudo hacerse en Uruguay, pese a que desde 2005 gobierna un amplio frente de izquierdas. Ni tan siquiera Dilma Rousseff, heredera de Lula, ha dado señales de ir a presentar una ley en ese sentido, pese a que algunas de las clínicas brasileñas especializadas en abusos sexuales estén denunciando, desde hace años, que casi la mitad de los casos que tratan involucra a niñas menores de 12 años.

 

Domingo, a 20 de Febrero de 2011


Juan Manuel Santos, presidente de la República de Colombia, en Bogotá.

"Si logramos cicatrizar las heridas y redistribuir la riqueza que estamos creando, este país es imparable"

"Si usted pone en marcha una agenda con énfasis en lo social eso es incongruente con su origen', me dijeron. Eso es una estupidez"

"Estamos diversificando nuestras relaciones internacionales y dejando de depender tanto de Estados Unidos"

"Los americanos están contentos de la cercanía con Chávez porque la región deja de tener un foco de conflicto"

"Muchas veces han utilizado estos diálogos y negociaciones para volverse a fortalecer, para ganar espacio"

"Colombia ha sufrido mucho los engaños de la guerrilla. Necesito mucho más que la liberación de cinco presos"

"Los que han desplazado a los campesinos y se han apropiado de millones de hectáreas tienen que temer, porque se las vamos a quitar"

"Espero no tener que reelegirme, espero haber acabado en cuatro años y terminar mi vida mirando al pasado con satisfacción"

"Soy muy proamericano, pero eso no excluye que sea amigo de otros países"

 

Por Javier Moreno para elpais.com, 13/02/2011

1. TRAIDOR A SU CLASE

De resultar cierto que Juan Manuel Santos lleva preparándose para ser presidente de la República desde que era pequeño, como no cesa de repetir cualquiera en Bogotá a quien se le requiera su opinión, resulta entonces obligado reconocer aquí, en este preciso momento en el que Colombia aspira a conjurar de forma definitiva los espantos de su historia, que los primeros seis meses de su mandato constituyen bajo casi cualquier baremo un magnífico premio a su temprana vocación.

No sólo ganó la elección con casi el 70% del voto popular, el porcentaje más elevado de la historia reciente, sino que, por el momento, resulta difícil encontrar una sola voz, incluso entre aquellos que recelaban de su ascenso o de su mal disimulada voluntad de poder, que se manifieste abiertamente en su contra. Su índice de popularidad tras los primeros cien días de presidencia superó el 90%.

Y así da comienzo la entrevista. Ha logrado usted una rara unanimidad en sus primeros meses de mandato, le digo, sentados en su despacho. Ha sorprendido usted a sus partidarios, ha confundido a sus críticos, algunos de los cuales, según he podido comprobar estos días, aprecian ahora sus primeras decisiones, sus primeros anuncios, y parece encandilar con su encanto -que, por cierto, no resulta evidente a primera vista- a casi todo el mundo, dentro y fuera de Colombia, empezando por Caracas, plaza de reconocida dificultad para el toreo en la política latinoamericana. Quizá tenía todo planeado, incluso esto, ya que parece trazar estrategias con tanta antelación.

- No, no. Esto ha salido de forma espontánea. Pero también creo que lo que está saliendo es una forma de pensar que no era un secreto. Llevaba escribiendo desde hace mucho tiempo sobre todo lo que estoy haciendo. Nací en una familia muy liberal, liberal en el sentido político de la palabra. Creo que este país necesita avanzar mucho en materia de justicia social. Avanzar muchísimo en materia de cicatrizar las heridas que la violencia le ha dejado y que nos han obligado a pensar y a discutir siempre sobre el pasado y no sobre el futuro. Si logramos cicatrizar esas heridas y distribuir mejor la riqueza que estamos creando, este país es imparable.

A finales del año pasado, Santos leyó una biografía de Franklin Delano Roosevelt, un político que, junto con Winston Churchill, suscitó a partes iguales admiración y una decidida voluntad de emulación en el joven colombiano que con 30 años se estableció en Londres durante nueve años para representar a su país en la Organización Internacional del Café. De forma consciente o no, medio de broma medio en serio, el presidente dejó entrever la envergadura de su ambición para Colombia cuando, mostrando el libro a la periodista Patricia Lara, afirmó en una entrevista a bordo del avión presidencial el 31 de diciembre que al final de su mandato se le conocería, al igual que a Roosevelt durante el suyo, como un traidor a su clase. El título del libro de H.W. Brand, A traitor to his class. The privileged life and radical presidency of F. D. Roosevelt [Un traidor a su clase. La vida privilegiada y la presidencia radical de F.D. Roosevelt] contiene otra alusión a sus circunstancias personales cuya pertinencia seguramente Santos no pudo pasar por alto: al igual que Roosevelt, el hoy presidente, de 59 años, pertenece por nacimiento a la oligarquía nacional desde que Colombia es Colombia y su vida ha estado marcada por los correspondientes privilegios: riqueza, influencia y, ciertamente, clase, signifique esto último lo que signifique en las sociedades modernas.

Santos no lo esconde. Tampoco existe manera humana de hacerlo: su tío abuelo, Eduardo Santos Montejo, fue presidente de Colombia entre 1938 y 1942, y propietario durante décadas del diario El Tiempo, el más influyente del país, al frente del cual siempre había habido un Santos u otro, y donde el hoy presidente de la República llegó a ser subdirector. Durante décadas, El Tiempo ha sostenido presidentes, ha tumbado ministros y ha determinado políticas de gobierno de una manera u otra, por las buenas o por las bravas. Juan Manuel Santos hubiese podido acabar de director del periódico, según consenso generalizado, de no haber decidido en 1991 desatar una crisis en la familia por romper el tabú que desde el tío abuelo prohibía de forma tácita a los Santos dar el salto a la política. [El Tiempo fue adquirido por Planeta en 2007, una operación a la que también aspiraba el Grupo Prisa, editor de EL PAÍS].

Los detalles del pequeño drama los ha explicado él mismo en un libro reciente (Casi toda la verdad. Periodismo y poder, de María Isabel Rueda). Tentado por una oferta del entonces presidente, César Gaviria, para incorporarse como ministro a su gobierno, y como hizo ver que dudara, Juan Manuel Santos buscó el consejo de un viejo periodista y amigo que ocasionalmente le ayudaba a escribir editoriales en el diario: "En la vida hay que saber diferenciar entre la influencia y el poder", le dijo éste. "Influencia es la que usted ha tenido en El Tiempo todos estos años. Poder solo tendrá cuando pueda decir: 'comuníquese y cúmplase'. Yo de usted, no lo dudaría un instante".

Santos no lo dudó un instante, si acaso había albergado dudas en algún momento. El 10 de noviembre de 1991, El Tiempo, dirigido por su tío Hernando Santos, publicó el siguiente editorial: "En su oportunidad se notificó al Gobierno que nombramientos de esta clase, lejos de satisfacer la vanidad o las necesidades informativas del periódico, constituían un acto que no podía considerarse amistoso. El doctor Juan Manuel Santos constituye desde hoy un personaje que abandona el periodismo y se desvincula de El Tiempo para dedicarse a actividades que seguramente se acomodan más con su personalidad. A Juan Manuel Santos le deseamos éxitos. Pero El Tiempo reitera su oposición a que cualquiera de sus directivos ocupe cargos oficiales. Que quede esto bien claro para hoy, para mañana, para el actual gobierno y para los que sucedan al del presidente Gaviria".

Ninguno de ellos prestó atención alguna a aquella admonición. Y la cuestión hoy, más allá de aquel desgarro familiar que las partes dan ya por superado, con Juan Manuel Santos en la presidencia de la República tras desempeñarse en varios ministerios, consiste en averiguar cuánto hay de verdad en la historia que sostiene que el recién elegido mandatario corre el riesgo de sufrir un rechazo del conjunto de una clase que, indudablemente, le reconoce como uno de los suyos, pero que comienza a recelar tanto de sus proyectos políticos como de su evidente determinación de llevarlos adelante.

-Hay gente que está diciendo que yo estoy traicionando a una clase a la cual pertenezco. Yo no niego ni mi pasado ni mi origen. Yo vengo de una familia que ha sido muy prominente en el país, dueña de un periódico que está cumpliendo precisamente cien años, y entonces mucha gente dice: "Mire, si usted pone en marcha una agenda con mucho énfasis en lo social, eso es incongruente con su origen". Yo me muero de la risa. Es una estupidez que digan eso.

-¿Es una estupidez porque no cree usted que vaya a pasar eso, que le acaben considerando un traidor a su clase, o porque de suceder, no le preocupa en absoluto?

-Porque la gente que ha trabajado honestamente y ha adquirido sus tierras dentro de la ley no tiene por qué temer. Los que van a temer, y sí tienen por qué temer, son los que han desplazado a millones de campesinos y se han apropiado de millones de hectáreas de forma ilícita. Esos sí van a ser víctimas de esta política, porque se las vamos a quitar.

Se refiere el presidente a la ley de tierras, todavía en trámites, que prevé devolver dos millones de hectáreas de las más de cinco millones que se calcula que tanto los terratenientes, con el apoyo de grupos paramilitares, como la guerrilla arrebataron en las últimas décadas a millones de campesinos, que en consecuencia se han visto desplazados de sus lugares de origen bajo la amenaza de asesinato. La buena intención de la ley contrasta, no obstante, con la dificultad crónica del Estado para ejercer el monopolio legítimo de la violencia en todo el territorio, lo que amenaza con dejar en papel mojado la norma en cuanto se trate de aplicar de veras en las zonas del interior del país, demasiado alejadas del centro político y económico, pero demasiado cerca de los violentos.

-Ese es, efectivamente, un gran desafío y ahí vamos a necesitar ayuda de todo tipo, ayuda internacional también. Hay muchos enemigos, comenzando por los propietarios que se adueñaron de esas tierras ilegalmente, muchos de ellos vinculados a grupos paramilitares anteriores y hoy día con influencia en las bandas criminales, en la propia guerrilla que tiene tierras y puede estar también interesada en boicotear este trabajo. Entonces, ahí vamos a poner a prueba la capacidad del Estado para ejecutar una política tan ambiciosa como esa.

 

2. ¿UN INESPERADO GIRO A LA IZQUIERDA?

La entrevista se celebra el miércoles pasado, a mediodía, en la Casa de Nariño, la residencia oficial del presidente de la República en Bogotá. Santos llega con retraso al almuerzo previo, al que asiste también la canciller, María Ángela Holguín. Viene de dirigir una reunión en el Ministerio de Tecnologías de la Información, sobre la que el ministro, Diego Molano, un joven procedente de la iniciativa privada, comentará luego: "En toda mi vida en la empresa privada no había tenido una reunión tan dura y tan exigente como esta. Más parecía un consejero delegado con sus ejecutivos que una reunión de gobierno".

Ya en su despacho, le pregunto al presidente si la ley de tierras y la de víctimas, que busca resarcir y paliar a tantos damnificados por la violencia, los cambios tributarios previstos o su nueva retórica, alejada del discurso de fuerza que le caracterizó como ministro de Defensa del anterior presidente, Álvaro Uribe, claramente posicionado en la derecha, señalan un cierto desplazamiento hacia el centro izquierda.

Desde la ventana del despacho, en la fachada norte del palacio, se divisa el patio de armas, en el que una banda militar ataca sin piedad una y otra vez los compases de Funiculí, Funiculà, la popular cancioncilla napolitana que tiene previsto interpretar, junto con los himnos de Colombia y de los países respectivos, en la presentación de credenciales de un grupo de embajadores programada para esa tarde, entre ellos el español, Nicolás Martín Cinto. Entre una cita y otra, Santos tiene en la agenda recibir a César Alierta, presidente de Telefónica.

-¿Me equivoco si le digo que me ha parecido detectar un ligero corrimiento hacia el centro o el centro izquierda en su paso de ministro a presidente, dentro siempre de la fluidez y la vaguedad ideológica que caracterizan a los partidos políticos en Colombia?

-Esas definiciones de dónde se encuentra uno en el espectro político para mí han sido siempre muy difíciles de aceptar. Yo he sido siempre lo que llaman "tercera vía". Inclusive escribí un libro contando eso de la tercera vía [en colaboración con Tony Blair]. Me encanta el pragmatismo de Felipe González, que además es un gran amigo mío. Yo fui muy duro con la guerrilla cuando fui ministro de Defensa, pero es que cuando se trata de la guerrilla no es que uno sea de izquierdas o de derechas. Se trata de la autoridad y hay que luchar por la supervivencia de un pueblo. Esa es la obligación de cualquiera, esté donde esté en el espectro político. Pero si me obliga a definirme, yo me definiría del extremo centro.

-¿De dónde piensa sacar los recursos fiscales que necesita para construir un Estado viable? ¿Cree que podrá conseguirlo sin enfrentarse a los ricos y a los poderosos?

-Colombia ha tenido una tradición de responsabilidad y prudencia macroeconómica. La economía está creciendo a tasas altas. Nuestras tarifas impositivas son bastante altas, lo que pasa es que hay mucha evasión. Ahí hay un campo grande para aumentar los recursos y lo estamos haciendo. El plan de desarrollo tiene una previsión de ingresos fiscales que es consecuente con los gastos que tenemos. Y estamos en una bonanza minera y petrolera que nos dará recursos suficientes, espero, para poder hacer lo que está en el plan en los próximos cuatro años.

-Usted está diseñando o teniendo una visión del futuro para Colombia que parece bastante difícil de culminar en solo cuatro años....

-Yo quisiera poderlo hacer en solo cuatro años. Estoy trabajando con toda la dedicación, intensidad y rapidez para poder hacerlo en cuatro años, porque también tengo una gran convicción, y es que para un país lo más importante son sus instituciones. Pero si me pregunta si estoy pensando en la reelección...

-Efectivamente, le estoy preguntando por la reelección.

-Entonces la respuesta es no. Espero no tener que reelegirme, haber terminado en cuatro años y terminar mi vida mirando hacia el pasado con la suficiente satisfacción.

 

3. CHÁVEZ Y EE UU, A LA VEZ

El 10 de agosto del año pasado, apenas tres días después de tomar posesión, Santos protagonizó el giro más sensacional de su presidencia: voló a una finca de Santa Marta, en Colombia, donde se abrazó con Hugo Chávez. El presidente venezolano había descalificado en términos muy duros a Santos como ministro de Defensa, había augurado una guerra si este ganaba las elecciones y, en general, había sostenido un enfrentamiento constante con Álvaro Uribe que derivó en una ruptura de relaciones diplomáticas y un temor real a que un conflicto entre ambos países arrastrase al conjunto de la región a una profunda desestabilización. Ante los ojos atónitos de sus conciudadanos y de media América Latina, amén de Washington, Santos pareció arreglar en cuatro horas una pelea de años. Imposible, pues, extraer mayor rendimiento de un abrazo, le digo.

-Muchísimo rendimiento, en efecto. Mire, es que cuando llegamos, con Venezuela no había diálogo, no había relaciones diplomáticas, no había comercio, no había posibilidades de que nos pudieran dar un solo centavo de las deudas que teníamos. Chávez está ahora azuzando a nuestros enemigos desde su territorio. Antes, ya se hablaba de algo que a mí me parecía inconcebible: de guerra. Entonces teníamos el peor de todos los mundos. Lo que hoy tenemos es realmente diferente. Tenemos un diálogo, tenemos relaciones diplomáticas, tenemos comercio, nos han pagado parte de las deudas e inclusive tenemos una cooperación en materia de seguridad.

-¿Y todo se consiguió con un simple gesto, sin más?

-Es que los gestos en la política y en la vida son fundamentales. El presidente Chávez y yo tradicionalmente hemos tenido una relación muy complicada porque nos habíamos dicho mutuamente cosas muy agresivas. Pero a mí me preguntó que si yo había cambiado de parecer y yo le contesté: "Es que ahora soy presidente de la República y tengo una responsabilidad con el pueblo colombiano". Siempre he mantenido que uno puede tener unas buenas relaciones con personas, ya sea con el vecino o con el presidente, aunque se piense diametralmente opuesto, si se respetan las diferencias y eso fue lo que establecimos con el presidente Chávez. Yo no voy a pretender que piense como yo, que se vuelva un demócrata liberal, ni yo me voy a volver un revolucionario bolivariano, pero si nos respetamos las diferencias y él no se mete en mis asuntos colombianos, ni yo me meto en asuntos venezolanos, podemos tener unas relaciones como las que estamos teniendo. Yo creo que así ganan los dos pueblos, el venezolano y el colombiano.

-De todas formas, me reconocerá que resulta inquietante que la región haya estado al borde de una guerra solo por el carácter de dos líderes...

-Pero es que la historia está plagada de ejemplos donde el carácter de los líderes, la enemistad de los líderes, determinan el futuro de pueblos enteros. Así es la historia, desafortunadamente.

-Chávez se comprometió a no permitir la presencia de grupos armados al margen de la ley. ¿Les consta que se hayan cerrado campamentos de las FARC?

-No nos consta y eso no se puede hacer de un día para otro. Él se ha comprometido con la no presencia de los grupos y ya estamos viendo más presencia de la guerrilla del lado nuestro. Y nos está entregando por primera vez gente capturada allá. Yo espero que eso continúe porque para nosotros es muy importante.

-De todas maneras, eso de que Chávez es su "nuevo mejor amigo", no se lo cree nadie, empezando por él...

-Es una ironía. Lo dije de forma irónica, pero sí tengo muy claro que quiero tener una relación cordial y constructiva con él. Eso es muy bueno para Venezuela y muy bueno para Colombia.

-Algunos creen o temen, o afirman creer o temer, que Colombia se está alejando de Estados Unidos. ¿Qué fundamento tiene esto?

-Ninguno. Yo soy muy proamericano. Y seguiré siendo muy proamericano, pero eso no excluye que sea amigo de otros países. Tal vez lo que estamos haciendo es diversificando nuestras relaciones internacionales y dejando de depender tanto de Estados Unidos. Pero de ninguna forma el acercamiento mío a otros países quiere decir que me estoy alejando de Estados Unidos.

-La nueva cercanía con Chávez puede haber influido en esa sensación.

-Pero no son excluyentes, es más, los americanos están muy contentos de la cercanía con Chávez porque eso significa que la región deja de tener un foco de conflicto y de dificultad. Y con Chávez no quiere decir que yo me vaya a volver antiamericano porque tengo relaciones cordiales con él, de manera que ahí no aplica el principio de exclusión mutua, todo lo contrario, se puede complementar también.

-El otro asunto es la congelación de la autorización para el uso por parte de tropas estadounidenses de bases colombianas.

-No creo que les preocupe. Ellos entendieron perfectamente que aquí no hay ningún cambio frente a lo que queríamos antes. Lo que sucedió es que hubo muy mal manejo por parte del Gobierno americano y del Gobierno colombiano en la explicación de lo que significaba ese acuerdo y permitieron que realmente se armara una tormenta en un vaso de agua.

-De todas formas, parece darse un sentimiento en Colombia de no entender por qué si se consideran aliados estratégicos con Estados Unidos todavía no disponen de un tratado de libre comercio (TLC).

-Es un sentimiento que está creciendo. El colombiano común y corriente no entiende muchas veces la política interna norteamericana, las dificultades entre los partidos. Ya llevamos demasiado tiempo, más de cuatro años. Lo importante del tratado, más que el acceso al mercado, es la seguridad en las reglas del juego para la inversión. Esto sí nos puede haber perjudicado un poco. Pero en este momento, mire la ironía, a quien más le conviene el tratado es a Estados Unidos porque ellos sí que pagan aranceles para los productos que exportan a Colombia y están perdiendo mercado. Han perdido mercado en todos sus productos agrícolas frente a Canadá, Argentina y Brasil. O sea, que mientras nos sigan aprobando las preferencias [exenciones arancelarias], los que pierden son ellos.

-No está usted jugando al póker con ellos por el TLC [a Santos, igual que a Roosevelt, le gusta la baraja y es un gran jugador].

-No, no, mucha gente me dice que yo me acerqué a Chávez, o que hice mi primera visita a Francia para producir celos a los Estados Unidos. No, no hay nada de eso, yo tengo una magnífica relación con el presidente Obama y con los dos partidos, tanto el republicano como el demócrata.

-¿Y cuándo se va a aprobar?

-Yo creo que este año se aprueba.

-¿Tiene garantías de algún tipo?

-Tengo información. O se aprueba el tratado este año o no habrá tratado. Yo creo que más allá de este año es difícil que pase.

 

4. LA MORAL Y LA DEMOCRACIA: UNA LECCIÓN

¿Cuánto tiempo pueden resistir las instituciones de un país, sin derrumbarse, los ataques combinados de una guerrilla que dura ya 40 años y que ha llegado a asediar ciudades y ocupar pueblos; de decenas de miles de paramilitares que las combatían pero que eran tan asesinos como ella; o de los carteles de narcotraficantes en tiempos más poderosos del continente, que derribaban aviones civiles, secuestraban y asesinaban a políticos y ciudadanos? ¿Cómo mantener la cordura y la fe en la democracia cuando los servicios secretos espían a la Corte Suprema, docenas de legisladores del partido en el gobierno resultan imputados por sus relaciones con los paramilitares, y una treintena de ellos acaban en la cárcel? ¿Cómo asimilar que militares asesinen a dos millares de campesinos, estudiantes, sindicalistas, marginados de todo tipo, los llamados falsos positivos, para hacerlos pasar por guerrilleros abatidos y cobrar las correspondientes recompensas y ascensos?

Todo ello sucede o ha sucedido en Colombia. Y sin embargo, las instituciones del sistema democrático no solo se sostienen en pie sino que, en conjunto, probablemente funcionen mejor que en cualquier otro país de la región, característica esta que se ha mantenido inmutable a lo largo de la mayor parte del siglo pasado, en un momento en el que casi todo el subcontinente sucumbió de una forma u otra al autoritarismo en sus distintas formas.

La justicia investiga, los fiscales actúan y la prensa denuncia pese a los estrechos vínculos que caracterizan al establishment colombiano y que en tantos otros países sirven solo para secuestrar a las instituciones. Fue precisamente Semana, un respetado semanario político, propiedad de Felipe López, hijo y nieto de presidentes de la República, y dirigido por Alejandro Santos, sobrino del actual presidente, el que jugó un papel clave en el escándalo de los falsos positivos.

Juan Manuel Santos, entonces ministro de Defensa y superior jerárquico de los militares acusados, es hoy el presidente de la República. ¿Supone ello una traba más al correcto funcionamiento de las instituciones, de los jueces, de la investigación?

-En esas falsas ejecuciones extrajudiciales, los llamados falsos positivos, fui precisamente yo con el respaldo del presidente Uribe el que tomó las medidas para los que desaparecieron y lo hicimos de una manera contundente, transparente. Tomamos todas las medidas que había que tomar con la Alta Comisaria de Naciones Unidas, que casualmente estaba por aquí. Por eso digo que eso es un ejemplo para el resto del mundo y el resultado final es que los falsos positivos desaparecieron. Ya no hay denuncias de falsos positivos. El caso ahora es que la gente que fue responsable, pague. Hay más de 200 condenas en el sistema judicial y lo que estamos haciendo es darle todo el apoyo a las autoridades y al poder judicial para que pueda juzgar, porque al propio Ejército también le conviene que los culpables paguen, pero que los inocentes también sean declarados inocentes, porque aquí también ha habido mucha falsa denuncia.

De fondo, siempre, como un angustioso basso osstinato, retumba el inacabable conflicto con la guerrilla. Precisamente el miércoles de la entrevista, a las 6.30 de la mañana, las FARC liberaron al primero de cinco prisioneros cuya puesta en libertad se esperaba para los siguientes días. ¿Podía suponer eso un cambio de cara a un posible diálogo?

-De parte mía, no. No es suficiente, lo he dicho. Lo he repetido muchas veces. Colombia ha sufrido mucho los engaños de la guerrilla. Yo he dicho que necesito mucho más que la liberación de cinco secuestrados para que me muestren que realmente hay una voluntad de paz y que vale la pena iniciar algún tipo de diálogo. Muchas veces han utilizado estos diálogos y estas negociaciones para volverse a fortalecer, para ganar espacio militar o político y, como dicen vulgarmente en mi país y creo que en España también, al perro no lo capan dos veces.

La banda militar ataca furiosamente Funiculí, Funiculà por enésima vez en un contrapunto involuntariamente alegre a la solemnidad que destilan las últimas palabras del presidente. Entonces Santos se levanta, se despide con mucha cortesía y se marcha para recibir a César Alierta.

Santos, en coche por las calles de Bogotá, durante la campaña electoral que le enfrentó al ecologista Antanas Mockus, en mayo de 2010

JUAN BARRETO / AFP

 

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Sábado, a 29 de Enero de 2011

 

Por Henrique Mariño para publico.es, 24/01/2011

Paz. Dios lo ve todo”. Unas letras gigantes de color blanco, similares a las del parque Griffith de Hollywood, observan desde lo alto de la ladera a los habitantes de Muzo, un municipio colombiano a seis afanosas horas de Bogotá que saluda al forastero con un cartel que ilustra las bondades de la tierra: “Bienvenidos a la capital mundial de la esmeralda”.

Puede que Dios todo lo escrute, pero raramente se lo muestra a los cientos de desarrapados que merodean en el exterior de las minas donde se extraen estas piedras preciosas de color verde, que han hecho ricas, sin embargo, a un puñado de familias desde hace varias décadas. El mensaje de concordia tiene más sentido, puesto que aquí, en la provincia de occidente del departamento de Boyacá, la sangre ha corrido sin control durante 30 años, en lo que se conoció como la Guerra Verde.

Mónica Moya se sintió atraída por esta singular zona perdida del planeta cuando percibió el bullicio que genera en el centro de Bogotá, donde vive, el comercio callejero de esmeraldas. El cruce de la Avenida Jiménez y la Séptima está sembrado de vendedores que despliegan hojas de papel dobladas donde esconden generosas gemas, ora diminutas ‘chispitas. Las cifras, en pesos, son de cinco y seis ceros, aunque un extranjero puede llevarse varios ejemplares a casa por unos 200 o 300 euros, siempre y cuando sea precavido y vaya acompañado de un experto, pues las falsificaciones están a la orden del día y, sobre todo, a la caza del turista.

Es un mundo cerrado en el que no es fácil entrar”, asegura Moya, quien tuvo que comenzar a rodar el documental Esmeralderos para descubrir realmente el negocio (y la ruina) que subyace tras este preciado mineral. Aquellos comisionistas que se ganaban la vida en la calle eran, simplemente, un eslabón más de una cadena que comienza a decenas de metros bajo tierra, donde el oxígeno escasea, la respiración apenas alcanza y el insufrible calor se torna soportable sólo ante la idea de que tras la roca palpite el ‘corazón verde.

Muzo, que debe su nombre a los belicosos indígenas que antaño poblaban la zona, es el epicentro mundial de las esmeraldas, que según una leyenda precolombina se precipitaron en la cordillera de los Andes desde los ojos de una diosa arrepentida de haber cometido una infidelidad. Habitado por 10.000 personas arremolinadas en torno a las minas, casi ocho de cada diez se dedican a la explotación y comercio de esta variedad del berilo, que se gesta en las profundas galerías y termina en países tan lejanos como India, adonde llega en bruto y, tras ser tallado, multiplica con creces su valor. El negocio no es el que fue, pero aún así sigue reportando a Colombia (responsable del 60% de la producción mundial) unos 56 millones de dólares anuales, bastante menos que los 400 millones que se llegaban a contar en los noventa. Europa, seguido de Taiwán, EEUU, algunos países árabes e Israel, son los principales destinos de exportación.

40º grados, 100% de humedad

De este dinero, los sufridos trabajadores que se encargan de su extracción no ven un peso. Trabajan de diez a doce horas diarias por la comida y la dormida en condiciones deplorables: 40 grados de temperatura y 100% de humedad. “Sueñan con que la mina pinte”, explica Moya. O sea, con encontrar una veta que les permita, si logran evitar la vigilancia de los responsables del yacimiento, llevarse una pepita a la boca, un “robo consentido” que supondrá su único salario. A veces, pasan las semanas sin que se produzca ningún hallazgo, deslomándose por un mísero jornal. Y, sin embargo, dentro de este durísimo contexto, eminentemente masculino, pueden considerarse unos privilegiados, puesto que están integrados en la llamada minería formal.

La informal se da fuera del filón y está formada por un heterogéneo grupo de personas en busca de los desechos del yacimiento. Son los guaqueros, término que define a quienes escudriñan tesoros ocultos: estos lavan la tierra ya tamizada en el interior de la excavación para toparse, oculta entre los desperdicios, con la ‘morralla, piedras bastardas cuya venta apenas da para una humilde vestimenta y un plato de frijoles. En el peor de los casos, el hallazgo de una gema está hipotecado, puesto que hay comerciantes que les prestan dinero para ropa, comida y herramientas a cambio del compromiso de que se las venderán cuando las encuentren, y suele ser a un precio injusto para el endeudado. En el mejor, el dinero se irá como vino, casi por arte de magia: cuando alguien se enguaca, un hecho extraordinario, no piensa en el día de mañana y echa la casa por la ventana.

Todo se desvaneció, se fue en buena vida”, le relató a Moya un comisionista llamado Uver que en el pasado se ganaba las habichuelas en el exterior del pozo. “Cuando se acaba la plata, se acaban los amigos y las amigas. Ya nadie lo mira a uno y, entonces, le toca nuevamente volver a guaquear”. Por suerte, en una ocasión, optó por no malgastar el dinero obtenido con la venta y se compró una casa. “Sólo aproveché una guaca por consejo de mi mamá”, reconoce Uver, que recuerda la época de bonanza, allá por los ochenta y noventa, cuando la guaquería era libre porque los filones abundaban y poco importaba que las esmeraldas menos refinadas llegasen a manos de estos buscadores de proletarias riquezas.

Paradójicamente, las cifras comenzaron a menguar en los noventa con la pacificación de la zona, que ocupa unos 3.000 kilómetros cuadrados del occidente de Boyacá. Tiempo atrás, Muzo y otros municipios limítrofes estuvieron inmersos en un conflicto armado por el control de las explotaciones esmeraldíferas. Una tradición con tintes negros que se remonta a la época de los conquistadores a la procura de El Dorado y que aquí, como en otras latitudes, terminó con un ingente derramamiento de sangre, todo fuese por hacerse con las ‘gotas de aceite, como se les conoce a las piedras más finas y deseadas.

Años de cuchillo y plomo

Desde 1557, cuando los españoles descubrieron las minas de Muzo y Chivor, hasta el auge contemporáneo, pasaron cuatro siglos. Éste se produjo a mediados de la pasada centuria, cuando el Estado nacionalizó su extracción, lo que provocó oleadas de inmigrantes a la caza de fortuna. La pésima gestión gubernamental hizo que el tráfico ilegal de esmeraldas fuese superior al oficial y el propio Banco de la República llegó a reconocer, a finales de los sesenta, que el 95% del negocio mundial dependía del mercado negro. Para tratar de encauzar la situación, inviable por la corrupción generalizada (de los empresarios a los representantes gubernamentales, pasando por los soldados que debían velar por los intereses del Estado), una ley dispuso finalmente que las vetas se otorgasen en concesión a empresas privadas.

Ésta benefició particularmente a determinados clanes, que adquirieron el estatus de empresarios legales frente a otros que continuaron al margen de la ley, pero para entonces la Guerra Verde (una lucha enconada de los potentados por proteger y ampliar su riqueza, para lo que se dotaban de seguridad privada) ya había comenzado. Fueron años de peleas a cuchillo y plomo, de patronos enfrentados entre sí por un territorio limitado a tres o cuatro municipios, de asesinatos y venganzas. Claudia Steiner, antropóloga de la Universidad de los Andes, considera que estos ‘señores de la Guerra Verde cimentaron su poder en “una cultura campesina, en donde el honor, la palabra, la violencia y la lealtad forman parte importante de las redes de poder”.

En la memoria de aquella estación sangrienta, la figura de Efraín González, un fugitivo contratado por los líderes locales para defender su autoridad en las minas, expuestas al saqueo y a la desesperación de las gentes con ansias de dinero rápido. González, apodado el “Siete Colores porque usaba cualquier pigmento del arcoiris para camuflarse y burlar a sus perseguidores, ha sido reivindicado como un “bandolero social”. Un híbrido entre jefe militar y Robin Hood guerrillero que se ganó la veneración del pueblo, los curas y los caciques, a quienes le atribuía, partiendo de un discurso regionalista, el derecho frente al Estado de explotar los tesoros ocultos. Su aura romántica comenzó a desvanecerse el día que cometió el error de secuestrar al hijo de un millonario: la leyenda cuenta que hicieron falta cientos de soldados, miles de balas, un tanque blindado y nueve horas de metralla para arrebatarle el alma. Conservador, católico y enemigo de liberales, este “fantasma forjado por miles de mentes” murió a los 32 años en Bogotá, tras eludir en innumerables ocasiones el cerco del Ejército, como relata Pedro Claver Téllez en “Efraín González. La dramática vida de un asesino asesinado.

El Gobierno, por su parte, hizo la vista gorda tiempo después con el comercio de la esmeralda y sus daños colaterales (se han llegado a cifrar en 4.000 las víctimas por muerte violenta) para garantizarse una zona libre de guerrilla. “Y es cierto, allí no la hay, pero tampoco hay Estado”, añade Steiner. “La zona esmeraldera es más un territorio en concesión cedido a los zares, quienes lo han logrado mantener con sus propias leyes y cultura”, aunque la irrupción de traficantes y paramilitares ha mudado recientemente este conflictivo escenario. La simbiosis ha favorecido tanto a los empresarios como al Estado, que “obtiene una fortaleza contra la expansión de la guerrilla y los narcos, algunos ingresos a través de impuestos y niveles bajos de homicidios”, explican Francisco Gutiérrez y Mauricio Barón en “Órdenes subsidiarios, coca, esmeraldas: la guerra y la paz.

Paz significa recesión

El cese del alto el fuego se firmó en 1991 y el pacto para lograrlo incluyó a los esmeralderos informales, que habían quedado excluidos en las concesiones de los años anteriores. “Paradojas del destino, cuando llegó la paz se produjo el fin de la bonanza y bajó la producción”, rememora Moya. “Aunque se dice que no se ha extraído ni el 10% de las esmeraldas existentes en Colombia, tal vez porque los métodos utilizados han sido rudimentarios. A pesar de las matanzas, todos echan de menos aquella época, cuando había plata”. Un declive, insiste, que ha coincidido con la proliferación de las plantaciones de coca, que ocupan más de 100.000 hectáreas de cultivos en zonas mineras de Boyacá.

Aunque muchos mineros y guaqueros se han ido quedando sin ingresos, los dueños de las minas, venidos a más, comenzaron a adoptar modos y modas extranjeras, influir en política y usar el negocio como herramienta de ascenso social y económico. Hasta ellos acuden compradores extranjeros para adquirir directamente las esmeraldas, aunque también frecuentan las oficinas de la Avenida Jiménez en Bogotá, donde los comerciantes ofrecen las gemas ya pulidas por los talladores, otro eslabón fundamental de esta cadena, que se completa con los que allá abajo, a pie de calle, regatean a conciencia para llevarse al bolsillo la mayor comisión posible.

 

Viernes, a 22 de Octubre de 2010


El cadáver de un hombre, tras ser asesinado de un tiro en la cabeza en Ciudad Juárez (México).- Miguel Tovar (AP)

 Un pistolero tras una pelea con otra banda criminal en la Comuna 13 de Medellín (Colombia).- Raúl Arboleda (AFP)

Ciudad Juárez (México), Caracas (Venezuela) y Medellín (Colombia) son las metrópolis latinoamericanas que más tristemente comparten el estigma de la violencia. La ciudad colombiana, no obstante, lucha cada mañana por alcanzar la paz con educación y deporte

Por Pablo Ordaz para elpais.com, 17/10/2010

En Ciudad Juárez y en Caracas, para escribir de la vida hay que irse a la puerta de la morgue, muy de mañana, cuando de los barrios sin asfaltar van bajando mujeres jóvenes que ya son abuelas acompañadas de nietos que ya son huérfanos.

-Dígame, señora.

-Vengo a reconocer el cadáver de mi hijo y el de mi hermano. Los mataron anoche. Iban a trabajar al centro de Caracas. Les salieron unos tipos y les dispararon. No sé si con intención de robarles o qué. No sé nada más...

-¿Cómo se llamaban?

-Mi hijo, Noel, y mi hermano, Jorge Luis.

-¿Qué edad tenían?

-Los dos tenían 26 años.

Sin embargo, en Medellín, la tierra de Pablo Escobar y de la Virgen de los Sicarios, ya va siendo posible escribir de la vida en la puerta de un colegio público o junto a una cancha, también pública, de césped artificial. No es menos cierto que todavía en la plaza de Bolívar, la más céntrica de la ciudad colombiana, niñas de 12 años y niños aún más pequeños se desnudan a cambio de unos cuantos pesos o de una lata de pegamento. Tampoco es mentira que cada noche el coronel Lázaro y sus hombres del Grupo de Operaciones Especiales de la Policía Nacional, pertrechados con fusiles Tavor de fabricación israelí, registran las casas colgadas sobre los cerros con la desconfianza de un campesino al que la mala hierba ya le agostó cosechas enteras. Pero también -y esto marca la diferencia con Juárez o con Caracas- es posible encontrar un rastro de esperanza. Darío Obando, trabajador "en lo que salga", está sentado a la puerta de su casa, un torpe apaño de maderas y hojalata en medio de la Comuna 13, todavía uno de los barrios más peligrosos de Medellín.

-¿Qué tal van las cosas?

-No muy bien. La hijueputa violencia que no termina de irse. Todas las noches se oyen disparos y raro es el día que no hay muertitos. Pero al menos tenemos la confianza de que el crío salga adelante. Un día vinieron a buscarlo para que fuera al colegio y ya no ha dejado de ir todas las mañanas. Si no va, a mí me quitan la ayuda. Allí le dan de desayunar y los maestros me han dicho que este pelao es de buena madera. Quizá algún día él...

La diferencia está en el quizá. Un quizá o un tal vez pronunciados con un punto de emoción mientras Darío acaricia la cabeza de su hijo -del pelao, como llaman aquí a los muchachos- y, ya con un café de por medio, cuenta que esta ciudad fue un infierno, "más de 20 muertos al día, ni tiempo había de contarlos". Dice que las autoridades no existían, que tan invisibles eran que los criminales ocuparon su lugar. Que el narcotraficante Pablo Escobar llegó a levantar un barrio al que puso por nombre Medellín sin Tugurios y al que todo el mundo sigue refiriéndose todavía como "el barrio de Pablo Escobar", y eso que el mítico jefe del cartel de Medellín fue abatido a tiros hace ya 17 años. Darío Obando va contando todo sin dejar de acariciar la cabeza de su hijo, como queriéndolo proteger de un pasado que, después de unos años de relativa paz, se ha vuelto a asomar en 2010. De nuevo las balaceras, pandillas contra pandillas, los helicópteros de la policía volando en círculo toda la noche... "Quizá sean los últimos coletazos de la bestia herida". De nuevo el quizá...

Tal vez sea esa concesión a la esperanza lo único que diferencia -aunque no es poco- a Medellín de las otras dos ciudades cuyos nombres son también sinónimo de violencia en América Latina. La mexicana Juárez. La venezolana Caracas. La colombiana Medellín. Tres ciudades marcadas por idéntico estigma. Medellín, junto a Cali, dio cobijo hace dos décadas a uno de los carteles más poderosos de Colombia y ahora lucha por salir adelante mediante una apuesta decidida por la educación y el deporte. Caracas es, en cambio, la violencia porque sí, la violencia más descarnada, muchachos contra muchachos luchando por cuatro calles de miseria. Cadáveres amontonados en la morgue de Bello Monte, ataúdes gratuitos para los pobres, barrios en los que la policía entregó el control a los pandilleros, la revolución de la desesperanza. Ciudad Juárez es todo eso y mucho más. Es un estado de sitio permanente e inútil. Miles de policías y soldados convertidos en sepultureros de lujo. Es el compendio fatal de todas las calamidades que azotan a un país sumido en una lucha de todos contra todos. Los carteles de la droga luchando entre sí, ya no solo por los corredores hacia Estados Unidos, sino por cada esquina, por cada plaza. Y luchando a su vez contra una policía ineficaz -inservible tras décadas de corrupción- y contra un Ejército desbordado. Para terminar de completar el cuadro del desastre, cientos de grupos de delincuentes más o menos organizados se están aprovechando del desbarajuste y de la impunidad más absoluta -el 95% de los delitos que se cometen en México no encuentra castigo- para saquear, cuando no matar, a la población indefensa.

-Abogado, ¿a cuántos colegas han matado últimamente en el Estado de Chihuahua?

-En los tres últimos años, a 36. Y no se crea que tengo buena memoria, es que han matado a uno al mes.

-Imposible olvidarlo...

-No solo eso. Hay otra cifra que también tengo muy presente.

-Dígame.

-La del número de esos asesinatos que han sido resueltos por las autoridades.

-¿Cuántos?

-Cero.

Ciudad Juárez, y por extensión el Estado de Chihuahua, gozó de gran esplendor durante los últimos 20 años. Las empresas manufactureras, y también los carteles de la droga, supieron aprovechar la estratégica ubicación de la ciudad, justo en el centro de los 3.000 kilómetros de frontera que separan México de Estados Unidos. "Desde aquí", señala José Reyes Ferriz, quien hasta el pasado domingo fue alcalde de Juárez, "se surtía de electrodomésticos a todo Estados Unidos...". Y también de droga. "Las empresas que se instalaron aquí", continúa el ya ex alcalde, "decidieron contratar a mujeres porque consideraron que con sus manos pequeñas serían más eficaces a la hora de ensamblar las piezas". Sería por eso, o tal vez porque les pagaban menos que a los hombres, el caso es que miles de mujeres de todo el país empezaron a llegar a Juárez. Mujeres jóvenes, mujeres sin recursos, mujeres solas. En enero de 1993 empezaron a matarlas. Alma Chavira fue la primera de una larga lista de niñas y de mujeres torturadas, violadas, asesinadas. No hay cifras exactas de la magnitud de la tragedia, pero lo que sí existe es la convicción -avalada por una sentencia reciente de la Corte Interamericana de Derechos Humanos- de que las autoridades de entonces no hicieron lo necesario por investigar aquellos crímenes. Hay una frase que un policía le dijo a Irma Monreal, la madre de una de las desaparecidas, que resume a la perfección la postura oficial: "Aquí solo asesinan a las que son locas, a las que son putas; aquí no asesinan a las niñas buenas...". Es, pasado el tiempo, parecida actitud a la que las autoridades de ahora adoptan ante la matanza brutal y diaria -más de 28.000 muertos desde 2007- que está provocando la guerra contra el narcotráfico: "La mayoría de los que mueren son jóvenes sicarios, vendedores de droga...". De tal forma que cuando alguien es asesinado en México automáticamente se convierte también en sospechoso.

La respuesta oficial no es solo inexacta. Además -o sobre todo- es peligrosa. Es una respuesta que fomenta la impunidad y tal vez la indiferencia social. Hay gobernantes -ahí está el famoso ejemplo de Argentina durante el Mundial de fútbol de 1978- que construyen tapias muy altas para que los visitantes entren y salgan de sus ciudades sin alcanzar a ver la miseria. Es una vieja táctica. Ocultándole la pobreza a los extraños se la ocultan a ellos mismos, y asunto resuelto. Una variante de esa estrategia es el acoso a la prensa para que no informe. Los periodistas de Caracas y de Ciudad Juárez pueden dar doloroso testimonio de cómo las autoridades locales intentan ocultar a la opinión pública lo que no les conviene que se sepa. A pesar del acoso del narcotráfico, cuando se pregunta a los responsables de los periódicos de Ciudad Juárez cuál es el principal impedimento para su trabajo, la respuesta es clara y tajante: "La Policía Federal". La ciudad colombiana de Medellín, sin embargo, ha optado justamente por lo contrario.

Su anterior alcalde, Sergio Fajardo, impulsó la construcción de un moderno teleférico -el Metrocable- que conecta todos los barrios de la ciudad y que se complementa con el metro, del que los habitantes de Medellín se sienten tan orgullosos que jamás arrojan ni un papel ni... una gota de sangre. ¿No es curioso que jamás se haya cometido un asesinato en el metro? Cuando este corresponsal llegó a Medellín preguntando por la situación de la violencia, Jorge Melguizo, uno de los principales colaboradores del actual alcalde, Alonso Salazar, le sorprendió con una propuesta: "Vamos a subirnos en el Metrocable. Desde ahí sobrevolaremos todos los barrios de la ciudad, los buenos, los malos y los muy malos. Verá lo mejor y lo peor de Medellín. Y nos bajaremos donde desee. Y cuando quiera que lo deje solo, solo tiene que decírmelo. Ahora sí, tenga cuidado de por dónde se mete...". No había truco en la propuesta. Efectivamente, no todo lo que se ve desde el Metrocable o se constata bajando en alguna de sus estaciones y paseando por las comunas es muy alentador. Sigue habiendo en Medellín pobreza extrema y, como decía Darío Obando en la puerta de su chabola, han regresado los tiros y las muertes. De hecho, al caer la tarde, el alcalde Salazar se pasea fuertemente escoltado por alguna de las comunas más violentas. Lo más curioso es que el alcalde no va de visita: "No, algunas semanas dejo mi oficina oficial y me vengo a trabajar a las comunas. Instalo el despacho en la comisaría de policía del barrio, pero mi trabajo principal es salir y hablar con la gente, que los vecinos empiecen a confiar en la autoridad más que en los criminales, que vean que nosotros somos más capaces de solucionar sus problemas que cualquier banda, por poderosa que sea". Tímidamente, los vecinos se van acercando. Incluso alguno, de vez en cuando, se atreve a deslizar un papel en la mano de Alonso. Un papel que dice quién, dónde... se vende la droga. Quién, dónde... se extorsiona o secuestra. ¿Y no es peligroso? El alcalde sonríe: "Lo peligroso es dejarle el territorio a los delincuentes. Lo peligroso es que ellos se conviertan en la autoridad...".

Precisamente hace unas semanas, tras el asesinato de un joven fotógrafo del Diario de Juárez, sus compañeros publicaron un editorial e imprimieron unas camisetas negras con una pregunta: "¿A quién pedir justicia?". ¿A quién pedir justicia en Juárez, donde cada tarde los sicarios aprietan el gatillo sabiéndose inmunes a la ley -de 10.000 detenidos, solo 450 terminaron en la cárcel-? ¿A quién pedir justicia en Caracas, una ciudad donde el pasado año murieron 19.000 personas, cuya tasa de homicidios triplica la ya muy alta de Latinoamérica, y donde el presidente Hugo Chávez despojó de competencias al alcalde porque no era de su color político?

No hay medidores de esperanza, pero en Medellín se la encuentra uno por la calle: el hombre en la puerta de su chabola, el muchacho de barrio convertido en mediador social. Claro está que la esperanza no surge de la nada. Los alcaldes Fajardo y Salazar construyeron decenas de colegios, de bibliotecas y de canchas de fútbol. Las dotaron de los mejores equipamientos, las iluminaron durante la noche -la única luz de los barrios oscuros- y contrataron a policías con perros para que las vigilaran. ¿Terminó eso con la violencia? A la vista está que no. Más de 1.400 personas -jóvenes la mayoría- han muerto asesinadas en lo que va de año y las noches vuelven a ser muy duras en las Comunas 1 y 13. Pero, a pesar de todo, las autoridades siguen empeñadas en despejar el futuro. Igual que, hace unos años, multitud de voluntarios salieron a las calles para buscar a los chavales sin escuela y llevarlos a las aulas, prepararles un desayuno y proveerlos de libros e ilusiones, ahora el trabajo es de los militares. Pero no solo entrando a la fuerza con sus fusiles de alto poder y sus miras de visión nocturna en los barrios de espanto, sino también, a la mañana siguiente, formando corredores de seguridad para que los hijos de todos los Daríos Obando de Medellín sigan yendo cada mañana a la escuela. Por calles llenas de barro, junto a paredes agujereadas por los tiros; pero también con un quizá y un tal vez bien, guardados en la mochila.

Hoy por hoy, Juárez, Caracas y Medellín siguen hermanadas por la violencia. Pero la ciudad colombiana lucha cada mañana por convertirse en hija única de la esperanza.

 

Sábado, a 2 de Octubre de 2010

En el Parque Nacional de la Serranía de la Macarena, en el departamento de Meta (Colombia), podréis encontrar uno de los paisajes fluviales más hermosos del Mundo, un espacio privilegiado que aúna la pureza ambiental de sus aguas cristalinas con la más rica variedad de los colores de la paleta de un pintor.

No sé si será “el río más hermoso del Mundo”, como es conocido popularmente, pero Caño Cristales es el río más increíble que yo he visitado, su belleza justifica sobradamente que esté clasificado como Patrimonio Biológico de la Humanidad. Además, el Smithsonian Institute, de EEUU, declaro a la Serranía de la Macarena como el lugar más rico del Mundo en distintas formas de vida animal y vegetal.

Con 100 kilómetros de longitud y poco menos de 20 metros de ancho máximo, Caño Cristales es un río fascinante en el que podréis disfrutar con sus túneles de agua gigantes, sus rápidos, cascadas, correones, pocetas y cachiveras, y un entorno de abundante vegetación endémica de apabullante belleza.

El cauce del río está profundamente marcado por sus colores: en el fondo y en el lecho podréis apreciar multitud de amarillos, azules, verdes, negros y rojos.

La pigmentación es debido al musgo, algas y plantas que cubren su lecho y las piedras del fondo. Así, por ejemplo, el color rojo es característico de una planta endémica que allí existe, llamada macarenias clavígeras. El apelativo del caño obedece a una tradición lingüística amazónica, que denomina así a los riachuelos para diferenciarlos de los grandes ríos.

En la temporada más dura del verano el río pierde disminuye su caudal, en algunas zonas se seca y pierde parte de su colorido, pero en el resto del año recobra su lujuria cromática, que se acentúa en las épocas de las lluvias torrenciales típicas de esa zona.

Las aguas de Caño Cristales desembocan en el río Guayabero, recogiendo a su paso los innumerables brazuelos de las sabanas rocosas de la Sierra.

Alfredo Webmaster

 

 

 

Miércoles, a 22 de Septiembre de 2010

Con el provocador título de “Ingrid de la selva”, los humoristas Serge Scotto, Eric Stoffel y Richard Di Martino publicaron hace unos días, de la mano de los editores de la revista satírica Fluide Glacial, un cómic sobre la vida, obras y ‘milagros’ de la política y ex rehén de las FARC, Ingrid Betancourt.

De una forma ácida y descarnada, los humoristas reflejan a Ingrid Petancourt” (como le llaman ellos) como una mujer ambiciosa y egoísta, un personaje hipócrita que se pasa el tiempo comportándose como una verdadera arpía con sus compañeros de cautiverio, a los que le roba las raciones de comida, delata y traiciona repetidas veces, mientras reza con devoción a la virgen o suplica la ayuda del Papa.

La salida del cómic coincide en el tiempo con la publicación del libro "Même le silence a une fin" (“Inclusive el silencio tiene un final”, en español), escrito por Ingrid Betancourt para tratar de contrarrestar la enorme cantidad de críticas que está recibiendo en todo el Mundo, sobre todo en su país, una vez conocida la realidad de su comportamiento durante los años en los que estuvo secuestrada en la selva colombiana; además, en el desplome de su prestigio y pérdida casi absoluta de apoyos en Colombia, contribuyó su desmedida avaricia al pretender ser indemnizada con 8.000.000 de dólares de las arcas públicas de su país, amparándose en un supuesto derecho por los años de cautiverio.

Si a todos estos deslices/meteduras de pata/indecencias unimos el bochornoso espectáculo dado por la Fundación Ingrid Betancourt al no ser beneficiaria del Premio Nobel de la Paz, podemos imaginar que el cómic contribuirá a desprestigiar aún más la figura de esta señora.

En el cómic, acompañando a Ingrid Petancourt”, o “Ingrid de la selva”, aparecen personajes como el “compañero Raúlo”, ex amante guerrillero y con el que pactó supuestamente su secuestro, el grupo terrorista “FARCE” (las FARC), su único amigo el cabro “Marcelo”, un diminuto y revoltoso "Nicolas Sarko" (Nicolás Sarkozy), su esposa “Carla Bruti” (Carla Bruni), el “gran Jacques" (Jacques Chirac), su primer ministro "Dominique de Grillepin" (Dominique de Villepin)… y todos ellos interrelacionados con un país al que los humoristas llaman “Colombin”.

El cómic, de 46 páginas, seguramente levantará ampollas…

Alfredo Webmaster

 

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Sábado, a 31 de Julio de 2010

Editorial de elpais.com, 24/07/2010

Las relaciones entre la Colombia de Álvaro Uribe y la Venezuela de Hugo Chávez han sido malas desde hace años, pero han ido empeorando a medida que Bogotá adquiría la certeza del apoyo, plenamente documentado, del populista líder venezolano a las muy debilitadas guerrillas de las FARC. Chávez ha vuelto ahora a cortar los lazos diplomáticos con su vecino y puesto en alerta a sus tropas fronterizas, después de que el Gobierno de Uribe presentara ante una sesión especial de la OEA nuevas pruebas de que dirigentes de las FARC, al frente de cientos de insurgentes, operan desde campos en el interior de Venezuela y pidiera una comisión internacional de verificación. Caracas ha vuelto a negar enfáticamente lo primero y rechazado lo segundo.

Es imposible, sin embargo, deslindar el momento de las renovadas acusaciones colombianas del hecho de que el presidente Uribe deja el cargo en dos semanas, después de que se considerase inconstitucional su intento de conseguir un tercer mandato. Todo sugiere que antes de esa despedida, que no se produce de buen grado, el jefe del Estado quiere marcar, al menos respecto a Venezuela, la política exterior de su sucesor y delfín, el presidente electo Juan Manuel Santos, ex ministro de Defensa. Santos, un continuista, no es precisamente admirador del izquierdista y mercurial Chávez -que intenta contrapesar su decreciente popularidad con golpes de efecto, el último, desenterrar a Simón Bolívar-, pero interpreta con buen criterio que una de sus misiones es intentar normalizar las relaciones con Caracas, entre otras razones para obtener al menos neutralidad frente a la guerrilla.

Uribe deja el poder tras ocho años con enorme aprobación popular. Sería un error por su parte pensar que esa circunstancia le autoriza a socavar las políticas reconciliadoras de su sucesor. Y más grave aún considerar que la interferencia puede continuar después del 7 de agosto.

 

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Viernes, a 16 de Julio de 2010

Una foto de la época en la Ingrid decía “tengo un pacto de sangre con las fuerzas armadas”. Por lo visto, no había tal pacto de sangre.

Me arrepiento de algunas cosas, y una de ellas defendida, en su día, en este blog: el apoyo que hice, durante un tiempo, de la figura de Ingrid Betancourt.

Después de escandalizarme por su felona actitud, producto de su desmesurado ego y afán de notoriedad, además de su codicia desmedida, me desdigo de lo escrito en repetidas ocasiones: esta señora, más francesa que colombiana, no merece no ya mi respeto, ni tan siquiera un ligero recuerdo por el tiempo que pasó secuestrada.

Por tanto, desde hoy mismo elimino, en la medida de lo posible, cualquier rastro que tenga de ella en mi memoria. Espero que todos los colombianos hagan lo mismo.

Alfredo Webmaster



Ingrid:

Difícilmente podría encabezar esta carta con un “respetada” o “apreciada”, dado que su condición actual frente a los colombianos no da para tanta diplomacia.

Bien complicado es para una ciudadana normal como yo, digerir sin indigestarse su última gran idea que tiene convulsionada, indignada y asqueada a la opinión pública. Me encantaría realmente poder hablarle de frente y expresarle la profunda antipatía que millones de colombianos estamos sintiendo por usted. Pero gracias a Internet, estoy absolutamente segura de que terminará leyéndome, quizá en la intimidad de su habitación o tal vez frente a sus igualmente desvergonzadas madre y hermana.

Quiero decirle que no solamente estamos viéndola como el icono del cinismo y la desfachatez si no también como la prueba fehaciente de que su oportunismo no tiene límites y de que la vergüenza no es una palabra que usted conozca en ningún idioma. Y, una vez más, como en ese febrero de 2002, usted se equivocó. Si señora, se equivocó de cabo a rabo, porque los colombianos unidos hemos demostrado que no nos arredramos ante ningún tipo de delincuencia. Y usted es una vulgar delincuente oportunista. Más chanchullera terminó siendo que sus captores. Por lo menos con esos terroristas sabemos a qué atenernos, pero no hay nada peor que la condición subterránea de quien aparenta decencia y es solamente un vulgar y desvergonzado ladrón.

Que usted necesite plata es una cosa y otra bien distinta es que quiera arrebatársela al más pendejo. Demandar al Estado colombiano por su secuestro y sus consecuencias es algo que solamente cabe en su cabeza y en la de las dos hienas femeninas que la acolitan. ¿De dónde sacó usted que los impuestos que pagamos los colombianos deben ir a su cuenta bancaria en retribución por su irresponsabilidad y sus ansias de protagonismo? ¿Cómo llegó usted a la conclusión de que la gratitud por un rescate que usted calificó como “perfecto” es traicionando a un país que marchó por usted y lloró de alegría el día en que el Ejército Nacional de Colombia la trajo a la libertad sin haber disparado un solo tiro? Dígale a su mami que es mejor quedar mal que quedar peor y que así quietecitas como estaban en Francia, era mejor. A los colombianos ya se nos estaba olvidando el show de odio y de mentiras que ella montó contra Colombia a causa de su absurda terquedad. También se nos estaba olvidando que fue usted misma quien propició su secuestro, empeñándose en ir a donde las fuerzas de seguridad le advirtieron no ir.

Su afrancesado talante no nos convenció nunca, Ingrid. Usted fue colombiana hasta que le convino y se convirtió en ciudadana francesa para que su familia pudiera denigrar de Colombia y su gobierno hasta el cansancio. No se nos olvida que rajaron de todo el mundo menos de los que la secuestraron. No se nos olvida que agradecieron a Chávez, Correa y Kirchner y lánguidamente a Uribe que fue el promotor de su libertad.

¿Por qué no demanda a su mami por esos genes tan torcidos que le dio? ¿Por qué no demanda a Chávez por no haber intercedido en su favor frente a sus cómplices? ¿Por qué no demanda a Alfonso Cano, Iván Márquez y al Mono Jojoy? ¿Por qué carajo quiere mandarnos la mano al bolsillo de la manera más cínica y grotesca?

El sentimiento general de repudio es tal que en este momento desearíamos que usted jamás hubiera sido rescatada, porque si a alguien corresponde indemnizar por el sufrimiento de muchos es a USTED, descarada desagradecida.

En Francia le comen cuento. Usted se los tramó con “La Rabia en el Corazón”, que es la misma que estamos sintiendo al ver la manera como quiere asaltarnos. Su mamita los convenció de que usted era LA súpercandidata presidencial, cuando en realidad su popularidad aquí valía menos que tres centavos. Su familia popularizó su secuestro en Europa poniendo a la comunidad internacional en contra de Colombia como si el Estado la hubiera raptado y callaron tímidamente la rampante verdad de que las FARC eran quienes se la habían trasteado, poniendo en absoluta responsabilidad del gobierno colombiano su libertad.

Calificativos para gentuza como usted hay muchos Ingrid, pero usted es la perfecta bruja arpía, capaz de pasar por encima de quien sea para lograr lo que quiere. Y lo que quiere es platica, de nuestro trabajo. ¡A ver!

A mi me importa un carajo lo que usted haga en Francia. Si la mantiene Sarkozy, si vende un libro o si se levanta un amante millonario. Poca falta le hace usted a Colombia, pero si se viene lanza en ristre a atracarnos, se estrelló contra el mundo otra vez, porque ese robo no lo vamos a permitir.

Sus pretensiones siempre van más allá de lo que la decencia permite, Ingrid. Qué hipocresía tan teatral la de sus declaraciones en el reciente aniversario de su rescate. Qué caradura. Visto está, lo que se hereda no se hurta, hijas de tigre salen pintadas, la perversión de su mamá elevada a la n potencia en usted. Ladronas desagradecidas.

Lleve la vida que le de la gana en París, pero no con nuestra plata, esquílmesela a otros, levántesela trabajando o como prefiera, pero ese zarpazo que le acaba de mandar a la Nación, no va a prosperar, a menos que la justicia de este país termine por demostrarnos categóricamente que es la más injusta del mundo.

Maritza Castrillón Silva (ciudadana colombiana)

 

Lunes, a 31 de Mayo de 2010

Sé que al no ser colombiano no debería opinar sobre los resultados de las elecciones de ayer (“El pueblo es soberano y sabe bien qué vota”), pero no puedo dejar de sentir como mía la lucha de una parte de ese país por conseguir un gobierno más legalista y honrado, un gobierno del que se puedan sentir orgullosos sus dirigidos y, ¡Por qué no!, también los que queremos a Colombia, aún no siendo colombianos.

De todas formas, vistos los resultados publicados en la prensa escrita e Internet, tengo las esperanzas intactas: sé que ganará Antanas Mockus.

Tengo esperanzas por las diferencias de papeletas escrutadas entre Mockus y Santos, de poco más de 3.600.000 votos: ¡¡eso es menos de la mitad de la población de Bogotá!!

Tengo esperanzas por que entre Vargas Lleras y Gustavo Petro suman más de 2.800.000 votos, votos que se repartirán en la segunda vuelta… y muchos seguidores de Vargas Lleras no votarán a Santos.

Tengo esperanzas en que existan muchas más personas para las que sea más importante no sacrificar los principios éticos ni la legalidad, que preconiza Antanas Mockus, antes que apoyar las políticas del “todo vale”, de Santos.

Y tengo tantas esperanzas por que sé, estoy seguro de ello, que en Colombia tiene que haber mucha gente verde que ayer no fue a votar, pero que irá el día 20 de junio.

Alfredo Webmaster

 

 Y el 20 de junio, ¡¡a votar!!

Juan Manuel Santos           Votos: 6.758.539              46,56%

Antanas Mockus                Votos: 3.120.716              21,49%

Germán Vargas                Votos: 1.471.377              10,13%

Gustavo Petro                 Votos: 1.329.512              9,16%

 

Sábado, a 29 de Mayo de 2010


Las elecciones colombianas del domingo enfrentan al heredero de Uribe, Juan Manuel Santos, con Mockus y Fajardo, dos ciudadanos ejemplares hartos de la corrupción y de la violencia mafiosa, guerrillera o paramilitar.

Por Héctor Abad Faciolince, escritor colombiano autor de El olvido que seremos (Seix Barral), para elpais.com, 29/05/2010


Si bien en Colombia no existen los títulos nobiliarios, casi siempre hay algo dinástico en nuestras elecciones presidenciales. En ellas suelen participar -y casi siempre ganan- hijos o nietos de ex presidentes de esta aristocrática república tropical. En las de este domingo participan Germán Vargas Lleras, nieto del ex presidente Carlos Lleras, y Juan Manuel Santos, primo hermano del actual vicepresidente, Francisco Santos, y además sobrino nieto de Eduardo Santos, presidente del año 1938 al 1942. Si en Colombia hubiera nobleza, Juan Manuel Santos sería, no digamos un duque, pero sí un barón o un vizconde, o cuando menos un caballero de la industria, gracias al diario El Tiempo, el periódico con más circulación del país, cuya propiedad ahora comparte la familia Santos con el Grupo Planeta. El Tiempo, sobra decirlo, apoya abiertamente la candidatura de su antiguo dueño, que se precipitó a vender sus acciones hace pocas semanas.

Según las encuestas, Juan Manuel Santos debería ganar la primera vuelta este domingo, por encima de Antanas Mockus, el candidato del Partido Verde. Santos presenta su nombre por el Partido de la U. Esta U, aunque no se lo diga, es solapadamente la U del apellido del presidente Uribe. Casi nadie sabe que su nombre oficial es "Partido de la Unidad Nacional". No, para el común de las gentes la U es la inicial de Uribe. En Colombia, por asuntos de hipocresía electoral, el presidente en ejercicio no puede tomar partido por ningún candidato, pero la ley se incumple haciendo trampa por debajo de la mesa. Santos, para burlar la norma, y asesorado por un consultor venezolano experto en trucos electorales (J. J. Rendón) contrató avisos radiales con un imitador de la voz de Uribe. La voz dice que lo apoya. Cuando se le pregunta si no le parece que esto es un acto deshonesto y una burla a la ley, Santos contesta que es tan solo "una picardía".

En mi país, desde los tiempos coloniales, las burlas a la norma (evadir impuestos, saltarse la fila, presentar como guerrilleros muertos en combate a pequeños delincuentes comunes) se ven como picardías graciosas, propias de pícaros casi literarios en la dura tarea de sobrevivir en un entorno hostil. Es de este tipo de "picardías" (y de otras aun más graves) de las que estamos hartos muchos colombianos. Y a este hartazgo se debe el ascenso prodigioso que han tenido en las últimas semanas un par de candidatos excéntricos. Se trata de dos doctores en matemáticas que resolvieron hacer una alianza electoral cuya bandera es elemental: respeto por las normas, honradez, legalidad.

Algunos les dicen "el binomio de oro"; otros, "la fórmula matemática". Se trata de Antanas Mockus (licenciado en Matemáticas y Filosofía en la Universidad de Dijon y doctor honoris causa de la Universidad de París) y de Sergio Fajardo (Ph.D en Lógica Matemática por la Universidad de Winsconsin). Su diploma político, sin embargo, es más importante: convirtieron a dos de las ciudades más violentas y desprestigiadas de la tierra, Medellín y Bogotá, en dos ciudades que hoy, con todos sus defectos, son un ejemplo para América Latina. Un solo dato: después de Mockus la violencia en la capital de Colombia se redujo en dos tercios. Con Fajardo, Medellín pasó de 6.500 homicidios anuales (una cifra de país en guerra) a 650. No fueron milagros: fueron actos de inteligencia y coraje. Un ejemplo entre muchos: Fajardo dedicó el 40% del presupuesto municipal a la educación de los más pobres. Su consigna: "la vida es sagrada."

La fórmula matemática consiste en que, en caso de ganar, Antanas Mockus sería el presidente y Sergio Fajardo, vicepresidente y ministro de Educación. No son dos profesores despistados sino dos ciudadanos ejemplares que se hastiaron de la política corrupta, de la violencia mafiosa, guerrillera o paramilitar. No son dos soñadores con la cabeza en las nubes sino dos hombres con los pies en la tierra que han demostrado que saben administrar con eficiencia y pulcritud los recursos públicos. Con ellos están otros dos ex alcaldes de Bogotá con mucho prestigio: Enrique Peñalosa y Luis Garzón. De Peñalosa se recuerdan las mega-bibliotecas que construyó en los barrios populares de la ciudad; de Garzón, su exitoso plan de "Bogotá sin hambre", que les dio desayuno a los niños de todos los colegios populares, muchos de los cuales iban a la escuela sin haber probado bocado. A la sombra del Partido Verde estos cuatro ex alcaldes de las dos ciudades más importantes de Colombia han hecho una campaña prodigiosa que nos tiene soñando en un país más amable, menos iracundo.

Cuando sus porcentajes en las encuestas eran bajos (Fajardo el 9%, Mockus el 5%) los demás candidatos (la ex embajadora Noemí Sanín, el liberal Rafael Pardo, el ex guerrillero Petro, candidato de la izquierda) los veían como un fenómeno marginal de opinión, con asiento en las universidades y en la clase intelectual. Pero desde que Fajardo adhirió generosamente a la candidatura de Mockus, con la tesis de que "dos matemáticos no suman, sino que multiplican", las posibilidades del Partido Verde han subido como espuma y hoy están empatados con Santos, el delfín de Uribe. Mockus y Fajardo le han aportado además a la campaña una dosis grande de cordialidad, de ironía y buen humor. No usan los ataques personales, las mentiras, las descalificaciones desdeñosas. Su estilo es amable porque en Colombia muchas veces la violencia física empieza con violencia verbal. Su cordialidad es desarmante.

Santos y Sanín son los candidatos del viejo establecimiento. Nunca han sido elegidos por voto popular, siempre nombrados por los mandatarios de turno. Han trabajado en gobiernos conservadores, liberales, uribistas... Ellos mismos han estado afiliados a distintos partidos o movimientos independientes. Son veletas de la política, capaces de las más grandes volteretas ideológicas con tal de adaptarse al gobernante de turno y conservar su porción de poder. Ambos fueron enemigos de Uribe, pero terminaron trabajando para él. "El que no cambia de opinión cuando cambian las circunstancias es un idiota", declaró Santos, sin parpadear, y sin ver en esto ni la sombra de lo que significa: oportunismo político. Noemí Sanín pasó de denunciar a Uribe como paramilitar, a ser su embajadora en España.

El escenario más probable este domingo es que Santos y Mockus sean primero y segundo, con lo cual pasarán a la segunda vuelta, el 20 de junio. La propaganda negra ya intenta hacer ver a Mockus como alguien cercano a Chávez, simplemente porque no se le enfrenta con la furia verbal de los demás. Pero pocas cosas más distintas, en talante, en ideología y en políticas, que el viejo rector de la Universidad Nacional y el coronel golpista convertido al "socialismo del siglo XXI". Será muy difícil que Mockus gane en una segunda vuelta.

El delfín Santos tiene a Uribe, tiene a los caciques, tiene la maquinaria de su partido. Cuenta incluso con el apoyo oculto de lo peor: los ex paramilitares y mafiosos de la droga, reciclados en impresentables movimientos políticos regionales. Tan impresentables son, que lo apoyan en silencio, sin poderlo decir abiertamente porque serían desautorizados por el candidato. En eso consiste también la picardía: en recibir el apoyo de los más corruptos, pero sin dejarlo saber en público.

A todo esto se oponen Mockus y Fajardo, con la sola arma de la razón y de las razones. No sabemos si será suficiente. La victoria de estos excéntricos sería un salto al vacío, dicen los más cercanos al presidente Uribe. ¿Dos profesores de matemáticas al gobierno de un país tan complejo? ¿Por qué no? Ya demostraron, en dos de las ciudades más complejas del mundo, que el problema de gobernarlas se podía resolver. Sería muy curioso que en Colombia se realizara el sueño de Platón: un filósofo al poder.

 

 

Domingo, a 9 de Mayo de 2010

De un humorista colombiano desconocido para mí, Crisanto Alonso Vargas “Vargasvil, oí este currículum musicado, un canto al trabajo en lo que sea o "pa’lo" que sea… Magnífico.

Alfredo Webmaster


 

Que cosas tan tristes que tiene la vida,

la plata no alcanza ni pa'la comida.

Con la situación que estamos viviendo

ya mas de un fulano se esta enloqueciendo.

 

Me fui de travesti a buscar empleo

y me rechazaron por que soy muy feo.

Ya cumplí tres años buscando trabajo,

me mandan pa'arriba y de arriba pa'bajo.

Yo estaré dispuesto a cualquier oficio,

cuidando pirañas, lavando edificios.

 

Matando zancudos, persiguiendo ratas

o desactivando minas quiebrapatas.

Yo pego botones y cambio bombillas,

cuido pensionados y hago mascarillas.

 

Le tiro las cartas, le leo el tabaco,

le tiño el cabello, le afeito el sobacooo,

si quiere le sirvo de gato pa'l coche,

sino tiene perro le ladro de noche.

 

Persigo ladrones y cargo ataúdes,

le traigo razones y llevo saludes,

le busco un perdido, le celo a la esposa

y si esta aburrido le consigo moza.

Lavo calzoncillos, aplico inyecciones,

le cuido los niños y pongo condones.

 

Consigo entrevistas, invento disculpas,

yo le hago la fila, le pago la multa,

falsifico firmas, le cambio las huellas

y soy un experto inflando botellas.

Yo hago exorcismo, le espanto al demonio

y le ensaño novias para el matrimonio.

 

Yo le cargo el niño, le arreglo el tetero,

le saco los gases, le limpio el reguero,

le cambio pañales cuando huela a feo,

después de bañarlo yo se lo asoleo.

Cuando este muy triste yo le calmo el llanto

y si usted no puede yo se lo amamanto.

 

Sirvo de testigo en cualquier asunto,

si no tiene pruebas consigo el difunto.

Hago de payaso, de contorsionista,

domador de tigres o malabarista.

Soy todo un experto en asuntos de amor,

sino se le para, yo le hago el favor.

 

Si a usted por desgracia le faltan las manos,

yo podré servirle como fiel hermano.

Cuando necesite hacer uso del baño,

no se preocupe que yo lo acompaño.

Si llegó el momento de hacerlo y no pudo,

pues yo se lo saco y se lo sacudo.

 

Amaestro pulgas, micos y elefantes,

entreno tortugas, preparo purgantes.

Le tengo el remedio para la diarrea,

con tal que me paguen yo hago lo que sea.

Me le tiro a un carro, me le pongo a un tren,

me lanzo empelota del Empire State.

 

Me ofrezco de sapo pa' un experimento,

me encierro en la jaula de un león hambriento.

Me voy pa' Israel como palestino,

por necesidad vendo mi destino.

Y aunque los gringos conmigo se enfaden,

me iría a cuidar a Osama Bin Laden.

 

Me lanzo amarra'o desde un avión,

me agarro a mordiscos con un tiburón.

Por plata he dormido dentro de una cava,

he montado en globo, lo que me faltaba.

Mostrando mi hoja de vida deambulo,

tan solo me falta ponerme a dar cu... Y falta poquito.

 

 

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Domingo, a 2 de Mayo de 2010

Apreciado Alfredo,

Ante los comentarios realizados por el artículo que te envié sobre Mockus, quiero compartir contigo mi respuesta.

Mi nombre es Mauricio Rodriguez... nací en las selvas del Amazonas colombiano hace ya bastante tiempo... estaba en el vientre de mi madre cuando el hombre ya había llegado a la luna y mi madre me parió en medio de velas encendidas en una madrugada de esas que solo se viven en la selva. Vine al mundo no en un hospital sino en una vieja casa de mi pueblo... un pueblo anclado a la orilla del río Amazonas que ya hace mas de 500 años tanta fascinación generaría en los españoles y que aun hoy sigue ejerciendo la misma fuerza de atracción, quizás por el halo de misterio que la cubre aun hoy en plena era del Internet.

Nací entre las luces de unas velas porque era la creencia para disminuir el dolor del parto. Pudo más mi presencia que las creencias, así que el dolor no fue mitigado por ráfagas de tímidos fotones.

Pasaron los años y de forma paralela viví con peruanos, brasileros, catalanes, españoles, algún que otro griego, alguno que otro gringo y algún que otro "negro"... los años pasaron y tuve que decidirme por una carrera: la biología fue la mía.

En ese entonces Antanas Mockus, como rector de la Universidad Nacional de Colombia, había pasado por mi tierra y tuve la oportunidad de verlo y oírlo. Luego lo volvería a ver en una sala de cine arte en el Barrio la Candelaria. Estaba en la siguiente fila a la mìa. Al salir fue un placer saludarlo. Era otro "migrante" más que admiraba.

Por cosas de la vida termine trabajando en África gracias a un contrato que firme con España. Y quiero seguir caminando, y a donde vaya, respetar y valorar lo que encuentre. Sonrío cuando las personas hacen comentarios xenófobos, pues provienen básicamente del miedo y el miedo proviene de la ignorancia y la ignorancia de la incapacidad de salir de si mismos de una cárcel oscura y fría que nos carcome como humanos y no nos permite ver la vida en perspectiva... tan ocupados estamos con nuestras propias miserias que no vemos ni lo que existe a la vuelta de la esquina.

Escribo, siendo honesto, porque todo esto siempre se me cruza en la cabeza cuando leo, escucho o percibo un sentimiento xenófobo o "anti migratorio". Total, que quisiera compartirles un poco las frases que han hecho celebre por estos días a ese "migrante" de origen lituano que hoy es candidato a la presidencia de la Republica de Colombia: Antanas Mockus (quizás algún día venturoso veamos a un ecuatoriano o a un boliviano o a un colombiano postulándose para la presidencia de, ¡Por qué no!, España).

Las frases que leeréis a continuación, son de Antanas Mockus:

 

  • Me encantaría que cada mañana, cuando un estudiante se levante para ir a clase, comprendiera que allí, en su colegio o universidad, que cada maestro al dar la clase, o un papá al revisar la tarea por las noches, son los escenarios donde se juega la soberanía del país, la diferencia de poder futuro”.
  • No soy blando, soy un duro limpio”.
  • Lo que construyó el gobierno de Uribe no lo vamos a destruir”.
  • Sobre las FARC:”Un canje ni de fundas. Un canje lo que generaría es el mismo ciclo. Es malcriar. Es enseñar a las FARC que sus métodos son efectivos. Y uno lo primero que tiene que hacer ante fenómenos como el terrorismo es demostrar que la sociedad no cede ante el terrorismo”.
  • Creo ser capaz de poner lo mejor de mí, pero sobretodo de convocar a la gente para que ponga lo mejor de sí”.
  • Con nuestra propuesta de Legalidad Democrática conservaremos los logros que en materia de seguridad se han alcanzado. Pero no bastará con que haya policías y soldados, se necesita justicia y rechazo social”.
  • Construir sobre lo construido. Reconocer lo que está ya bien hecho, y usarlo como cimiento para lo que viene”.
  • Colombianos: conozcámoslos. Abrámonos a la posibilidad de ver cómo es el otro, lo complejo que es, lo bello que es, lo generoso que es. Es ir descubriendo que gran parte de nuestras desconfianzas son injustificadas, e ir descubriendo seres hermosos. Dejar que lo mejor de cada cual aflore. Ayudarnos a que cada cual ponga sobre la mesa, ponga en acción, su mejor lado”.
  • Creo que la gente sabe que usaré la fuerza legítimamente cuando se necesite porque eso hice en Bogotá. Pero ante la gravedad del conflicto, una parte considerable de los colombianos parecen estar dispuestos a tolerar cualquier medio con tal de conseguir tranquilidad. Ante la tragedia de la guerra, piensan que todo vale. Por eso, pueden temer que al darle el poder a alguien como yo, que prefiere sacrificar metas, antes que usar métodos ilegítimos, no seré tan eficaz para obtener resultados. Creo que probamos lo contrario en Bogotá, que con los medios legítimos se pueden obtener resultados más duraderos”.
  • Hay que comprender la ley. En vez de ‘Publíquese y Cúmplase’, las leyes terminarán diciendo ‘Publíquese, Explíquese, Compréndase y Cúmplase’".
  • No me gusta que todo sea negociable, comprable, como si el país se manejara a través de una lógica comercial”.
  • Podemos lanzar el mensaje de que quien se meta a narcotraficante está vendiendo su vida a plazos, como en un club de esos que uno aporta cada mes y un día se gana el carro o la casa; cada día en ese negocio el narco le apuesta a ganarse el balazo. Todos tienen expectativas de vida cortísimas. Podemos además hacer pensar a la sociedad sobre los problemas de la adicción al dinero fácil
  • Quiero que nos curemos de la ilegalidad”.
  • Sobre las nuevas bandas criminales: “Se necesita presión legal, o sea justicia, policía, ejército, pero se necesita también culpa, que es lo más difícil de producir, o sea necesitamos un Dostoievski para que escriba las telenovelas colombianas,... Crimen y Castigo. Se necesita auto-regulación, una auto-reflexión nacional”.
  • Yo creo que la gente entiende un poquito a las malas y un montón a las buenas. Y si no se le da la mano en la comprensión por las malas, la gente se alborota”.
  • La prohibición de trabajo infantil tiene que volverse algo parecido a la prohibición que existe de pegarle a la mamá. Es decir, que haya posibilidad de sanción efectiva pero también que le de una culpa tremenda al que genera la situación”.
  • Yo vivo defendiendo el cumplimiento de normas y cuando me toca ser represivo lo soy sin dudarlo. Pero muchas veces la palabra puede provocar efectos más importantes
  • El proceso electoral gana si en vez de acusaciones subjetivas, emotivas, imprudentes y contrarias a la ley, discutimos con argumentos”.
  • Un país más zanahorio, un país donde no todo vale, un país donde la productividad se eleva mucho y permite realizar los ideales a la Constitución porque la gente no se mata y porque la gente no toma ciertos atajos. Un país donde ley y cultura están más cerca, donde las obligaciones legales son culturalmente respaldadas: pagar impuestos, respetar el ordenamiento territorial, respetar, obviamente, los derechos fundamentales de los demás”.
  • Si nuestra relación con la ley es distante, no saldremos adelante”.
  • Sobre la continuidad de la Seguridad Democrática: “Me preocupa la carencia de confianza de que somos capaces de proseguir una tarea que hemos considerado y reconocido como valiosa. Los batallones de alta montaña que se hicieron en la Calera y en el Sumapaz se hicieron durante mi gestión a partir de los consejos de seguridad y el trabajo que hacíamos con el ejército”.
  • A la gravedad de la frecuencia de comportamientos ilegales se añade la gravedad de la frecuencia con la que ciudadanos no corruptos justifican la corrupción o la consideran normal con frases como ‘que roben, pero que al menos hagan obras’”.
  • Nosotros queremos una política con argumentos, donde la participación sea bien vista, y nuestros íconos no sean el narcotraficante o el ciudadano 'vivo' que se pasa por la faja la legalidad”.
  • El 'todo vale' es la peste de cualquier sociedad”.
  • Voy a consolidar gerencial y pedagógicamente la Seguridad Democrática y a transitar hacia la Legalidad Democrática. El Estado de Derecho se plasma en el respeto a la Policía y a las Fuerzas Armadas; pero también se origina en el respeto al fiscal y al juez. Lo que hizo Uribe frente a las FARC lo voy a hacer con toda ilegalidad violenta (incluidas las FARC).
  • Privilegiar lo bueno que cada cual tiene”.
  • Si usted va a votar por mí, pero no lo está haciendo en conciencia, no es porque usted lo decide… Mejor no vote por mí. Vote por aquel que le diga su conciencia. Aquel o aquella que le diga su conciencia”.
  • Hablar mucho de inseguridad aumenta el miedo, pero hablar de ciudadanía aumenta la responsabilidad. El enfoque cultural ciudadano enfatiza la autorregulación. En cambio, mencionar todo el tiempo el problema de la seguridad infantiliza a la población, porque sólo espera respuestas desde el Estado”.
  • No conozco a nadie que por 20 años de cárcel decida matar a alguien y que deje de hacerlo por 30. El incremento de las penas es para la galería”.
  • No ofrezco un camino de rosas, sino uno de consolidación. Es como si pusieran unos cimientos en piedra y concreto, y ahora tocara construir más o menos en las mismas proporciones con ladrillo y arena. Fortalecer la seguridad con los componentes de justicia y control social, y fortalecer además la educación, por razones de productividad y de competitividad, amerita un esfuerzo económico grande”.
  • Informémonos antes de votar, conozcamos las opciones, leamos el menú antes de ordenar”.
  • En Colombia lo que tenemos que ser es corresponsables. Tenemos que cuidarnos entre todos, regularnos entre todos, para no hacer las cosas chambonamente. Es cultura ciudadana”.
  • El juego limpio tiene un enorme efecto moral sobre el enemigo. Hoy la lucha en Colombia no es entre bandos, sino contra el todo vale, contra justificar violar la ley en aras de conseguir un fin supuestamente superior”.
  • Los recursos públicos son recursos sagrados”.
  • “Si la ley es corrupción, como ocurría en Bogotá, hay que generar el rechazo de la población para que deje de ser bien vista la trampa. De lo contrario es muy difícil, porque si uno ve que los demás son corruptos empieza a ser más laxo consigo mismo”.
  • El narcotraficante es un adicto al dinero fácil”.
  • Entrevistado sobre los logros de sus alcaldías: “Hay una tendencia a depender de líderes individuales. Para mí, es importante desarrollar liderazgo colectivo. No me gusta recibir crédito por todo lo que hemos logrado. Millones de personas contribuyeron a los resultados que alcanzamos. Me gustan las relaciones más igualitarias. Y especialmente me gusta orientar a la gente a aprender”.
  • Es inaceptable históricamente la 'locha' tributaria de los hacendados colombianos”.
  • A mí no me gusta mucho que la democracia dependa mucho de la plata, y yo creo que la gente lo entiende y todos los candidatos deberían hacer esfuerzos no por gastar al máximo sino por gastar mucho menos. Eso haría la democracia más creíble. La democracia es debate y votar después de haber escuchado”.
  • Creo en la democracia deliberativa: argumento va, argumento viene. Los intereses, al volverse públicos, se moderan o se pulen”.
  • Enfáticamente creo que hay que combatir las justificaciones fáciles de la violencia: esa sociología improvisada acerca de que la pobreza sólo engendra violencia. La comisión de delitos es mucho más transversal de lo que se cree”.
  • Soy pedagogo, y la idea de que alguien es irremediable la rechazo”.
  • A mí me parece grave que la sociedad colombiana no tiene la suficiente indignación frente a crímenes de lesa humanidad”.
  • El acto de votar es un acto delicado, y yo veo que la campaña electoral es como un acercamiento mutuo donde la gente se escucha y se olfatea; es una cosa en las dos direcciones. Lo más importante es que la gente debe gozarse su posibilidad de escoger”.
  • Colombia ha sufrido la generalización del discurso amigo-enemigo”.
  • En ciertas regiones de Colombia tiende a haber enclaves de economía ilegal. No es que existan a la sombra, sino al revés: hay regiones y subregiones que viven de lo ilegal. Allí la lucha es más compleja, pero no por ello es imposible. Como país, la derrota de la ilegalidad es un gran beneficio. Para algunos grupos, sería una gran pérdida, sustantiva, brutal. En síntesis, yo diría que el narcotráfico ha puesto gente colombiana a vender sus vidas, y eso es inaceptable e irracional. La vida humana no se vende”.
  • A mí no me da miedo aplicar la autoridad para hacer cumplir la ley. Pero la autoridad hay que aplicarla basada en la pedagogía, más que en la fuerza, porque eso es lo que la hace legítima”.
  • Aunque la mayoría de las personas rechaza las justificaciones para actuar desobedeciendo la ley, poco menos de la mitad justifica la ilegalidad si es por la familia, por hacer justicia o por defender bienes. Hay claros síntomas de aceptación cultural de la ilegalidad”.
  • La gente vive hoy una ilusión de bienestar por esta mezcla de crecimiento económico y reducción de la violencia. Pero detrás hay una ambigüedad terrible de las reglas de juego, lo que hace la seguridad de corto vuelo, y augura más violencia para el futuro. Por eso es necesario cambiar ya de gobierno. Hoy es cuando debemos gritar más duro para no seguir por el camino de justificar cualquier acción para obtener resultados rápidos. Si no lo hacemos, en unos años vamos a lamentarlo”.

 

Si llegaste hasta aqui, fue que te leíste todo esto y por tanto te mereces mi fraternidad.

Alfredo, te mando un abrazo para ti, gracias por leerme y prestar atención,

Mauricio Rodriguez.

 

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Jueves, a 29 de Abril de 2010

Como dije no hace muchos días, “si pudiera, yo también votaría por Mockus...”.

Gracias por las fotos, Dorita.

Alfredo musicayvino.com

 

 

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Sábado, a 17 de Abril de 2010

Tengo un amigo colombiano que aún no conozco pero con el que me carteo a menudo: Mauricio Humberto Rodriguez.

De vez en cuando me manda artículos, datos e información de su país. Él sabe que me encanta Colombia, que me encanta Bogotá, que me encanta el Museo del Oro, que me encanta Andrés Carne de Res, que me encanta la Candelaria, que me encanta Monserrate y que me encanta la educación de una nación educada.

También sabe que mi página siempre fue, y será, un escaparate en el que se pueden publicar informaciones positivas que ayuden a comprender y querer a Colombia, un país que heredó de nosotros, los españoles, muchas de las cosas buenas y algunas de las malas.

Es una nación hermana con la que nos unen demasiadas cosas como para olvidar que existen y que necesitan de nuestra comprensión: Colombia es mucho más que narcotráfico y muerte.

Ayer me mandó un artículo escrito por Andrés Felipe Giraldo L. sobre Aurelijus Rutenis Antanas Mockus Šivickas, más conocido por Antanas Mockus.

Antanas fue alcalde de Bogotá entre los años 1995/1998 y 2001/2004. Fue el responsable de la más impresionante transformación de una ciudad que yo he visto en toda mi vida. En esos ocho años tuve la suerte de viajar varias veces a Bogotá y constatar como las cosas mejoraban en cada una de mis visitas.

Fue el “inventor” de cosas tan curiosas, novedosas y plausibles como “La hora zanahoria”, las campañas de ahorro de agua, de financiación (legal) de obras públicas, la supresión del uso de los artefactos pirotécnicos que tantas muertes provocaba o la ampliación y desarrollo del Transmilenio.

Si yo fuera colombiano, también votaría por Mockus para la presidencia...

Alfredo Webmaster

 

 

Por qué votaría por Mockus..., por Andrés Felipe Giraldo L., 12-03-2010

Cuando nací, en julio de 1974, el presidente electo era el liberal Alfonso López Michelsen. Poco supe de él. Sólo que se inventó una ventanilla siniestra para que los narcos lavaran la platica en el Banco de la República y que su primo hermano, Jaime Michelsen Uribe, desfalcó al grupo Grancolombiano en miles de millones de pesos dejando en la calle a muchos ahorradores.

Luego, cuando tuve alguito de uso de razón, en 1978, fue electo el también liberal Julio César Turbay Ayala. De él supe un poco más, pero no más alentador. Tenía una política que se conocía como el Estatuto de Seguridad que en el papel era para preservar la democracia y en la práctica era para matar a comunistas armados y desarmados. Además, el M-19 se le tomó una embajada llena de embajadores y se le fueron para Cuba muertos de la risa. Para la posteridad sólo lo recordaría como la inspiración de los mejores chistes idiotas de idiotas que hubiese podido escuchar. Ahora para contárselos a mi hijo le tengo que hacer una clase de historia de este pintoresco personaje.

Después, en 1982, con algo de criterio infantil, el mejor de todos, vi como un ser salido de la poesía recitaba discursos con un tono que fácilmente curaba el insomnio de cualquier esquizofrénico. Había derrotado a un pelado joven de greñas rebeldes, bigote novelero y carisma arrollador y al cuchito López que era viejito desde que yo era un bebé. Ese joven era Luis Carlos Galán Sarmiento, a quien le debo mi amor por los temas políticos y el odio por la política y su uso nacional, no por su ejemplo, sino porque esa política lo asesinó. A Belisario, con ese tono que le salía con su paquidermismo para actuar, el M–19 también, mandado por Pablo Escobar, se le tomó la Corte Suprema de Justicia y masacró el único poder público respetable en el país. Si de verdad el “M” hubiese querido hacerle un favor al país, se hubieran metido al circo del frente cruzando la Plaza de Bolívar. Con Belisario empezó el narcoterrorismo también. Antes de lo del Palacio, los narcos mataron a su Ministro de Justicia Rodrigo Lara Bonilla y empezó la cacería de jueces, magistrados, periodistas y todo al que se les opusiera. Belisario no era un Presidente, era un poeta jugando a mandar y mandaba con poesía barata y resultados costosos a merced de quien de verdad pudiera mandar.

Un país subyugado al narcotráfico le tocó recibir a Virgilio Barco Vargas en 1986. El tipo no era malo, pero estaba enfermo. Cuando tenía lucidez sabía gobernar, cuando no, su secretario privado negociaba el país con los narcos. Ya no hablaba bien, el altzhaimer lo tenía consumido.

Después Cesar Gaviria, en 1990, asumió la presidencia por casualidad, por error, porque mataron al verdadero Presidente, Luis Carlos Galán Sarmiento. Gaviria no fue un Presidente, fue un negociante. Sabía que debía combatir el narcotráfico pero también que tenía que quedar bien con todo el mundo. Con las encuestas, con los gringos, con el Congreso, con la oposición… vendió el alma a dios y al diablo, jugó en todos los bandos, pasó por encima de la conciencia moral de sus políticas y mandó a Colombia de nuevo a la guerra narcoterrorista por apresar y dejar volar a un megaasesino como Pablo Escobar a quien después tuvo que matar.

Después llegó Samper en 1994. Él quería ser Presidente. No importaba cómo. Y fue presidente apoyado por el narcotráfico. Lo pillaron y no pudo gobernar pero se pudo salvar de la cárcel que merecía porque compró a sus investigadores, corruptos congresistas. Terminó su mandato, pero no gobernó.

En 1998 llegó Pastrana, aún más ingenuo y tonto que Belisario, con la misma “nobleza” bienintencionada que sólo le dio más poder a la guerrilla para que secuestraran al país entero.

En 2002, un hombre de hablar paisa enérgico devolvió la fe al país. Álvaro Uribe Vélez. De carrera política intachable. Desde concejal hasta presidente siempre un ejemplo de “varón”. Iba a acabar con la guerrilla, malditas cucarachas de agua puerca. En 4 años el país estaría depurado de esta lacra que el bobalicón de Pastrana dejó crecer como espuma. 4 años no fueron suficientes y se hizo reelegir en 2006. Volvió a arrasar. 4 añitos más y las cucarachas rogarían piedad ante el Baygón Uribe. Entre tanto, sus amigos los paras se iban a negociar con los Estados Unidos irrisorias penas a cambio de su silencio en Colombia y dejar gobernar al patrón. Los terratenientes legalizaron las tierras que usurparon a los campesinos y les dieron platica del Gobierno para poner a producir tierra abonada con sangre. Los ricos acapararon las riquezas y los pobres engrosaron los cinturones de miseria de las ciudades. Los ricos pudieron llegar más fácil a Anapoima y los pobres llegaron más fácil a ser más pobres. Sin embargo, hubiese ganado otra vez en 2010 para tener 4 años más para matar a esas malditas cucarachas de “la far” si la Corte Constitucional no salva la poquita dignidad nacional.

Ahora unos quieren seguir sus pasos, otros se bajaron de ese bus para coger su propio taxi y otros piensan que las cosas se pueden hacer de una forma distinta. Yo no apoyo lo que hizo Uribe porque acabar con guerrilleros no es acabar con la guerrilla, porque acabar con los pobres no es acabar con la pobreza, porque darle la plata a los ricos no es generar equidad, porque negociar con los paras no es acabar con el paramilitarismo, la terratenencia y el narcotráfico, porque ha mantenido su castillo sobre sólidos cimientos de corrupción, porque tuvo un DAS de bolsillo para hacer torcidos, porque quienes lo apoyan están en su mayoría en la cárcel por hampones, porque es un buen gobernante para los ricos dentro de un esquema rancio y corrupto, en el que las élites se mantienen como opresores de una base ignorante y torpe que se deja dominar. Eso para mí es Uribe y yo no quiero más de eso, porque él representa una cultura mafiosa que se vale de lo que sea para sostener el poder, así el poder socave las bases de una sociedad más justa. Me indigna que sus hijos se hayan enriquecido por las bondades de las influencias mientras no se puede tratar mejor a las víctimas de la violencia porque no hay platica y colapse el sistema de salud con la emergencia social porque no hay platica cuando sus hijos rebosan de rechonchos de lo millonarios que se hicieron en estos 8 años. Para mí este gobierno ha sido un asco y me ratifico, es un asco elitista, plutocrático y corrupto. Además sigue habiendo guerrilla, tanta, que ya son presidentes del país vecino. Entonces, en el fondo, no logró ni siquiera la única tarea que se le había confiado.

Ahora, yo si quiero algo distinto. Algo que rompa culturalmente con este ciclo de politiqueros que nos han venido gobernando. Turbay fue enterrado con los máximos honores. López fue enterrado con los máximos honores. En mi concepto, merecen escupitajos sobre sus tumbas, una bandera rota y tirarlos como injustamente lo hicieron con los falsos positivos, por ahí en cualquier potrero. Seré duro y no me importa porque no tengo el poder para que le importe a alguien, pero estas ratas lo único que hicieron fue arraigar una cultura mafiosa que hoy hace más valioso a un sicario rico que a un campesino pobre. Belisario y Pastrana fueron la pequeña patria boba en dos cuotas diferidas a 16 años que le permitieron a la guerrilla fortalecerse como los hampones que son. Samper es el ícono vivo del cinismo politiquero. Consultor de las causas morales cuando gobernó con total inmoralidad. Le haría un funeral con honores, si fuese necesario, si cumpliera la condición para ser beneficiario de un funeral.

Yo quiero algo distinto. Cuando en 1993 un tipo desconocido con nombre raro, rector de la Nacional, se bajó los pantalones para mostrarle el culo a unos estudiantes saboteadores pensé dos cosas: una, si fuera marica este man no me gustaría… que culo tan desagradable, y dos, este tipo es un berraco, se bajó los pantalones frente a unos manes que le pudieron haber insertado una bomba molotov por el recto. Creo que este tipo es valiente. En ese año era un adolescente de pensamientos básicos y vulgares que conservo hasta hoy un poco más retóricos. Pero si me quedó la sensación de que ese tipo iba a hacer algo importante. No creí que fuera a ser político porque el tipo no le cae bien a nadie. Habla aburridor, mueve las manos como si las palabras se le fueran a caer y es más enredado que un bulto de anzuelos. Además se peina como un meme y no tiene nada de carisma. A mi me cae bien porque creo que soy solidario con quienes solemos caer mal. Pensé que por ser inteligente la política no le iba a gustar. Pero no. Se lanzó a la alcaldía de Bogotá y por primera vez en la capital arrasó el voto de opinión. Puso mimos y gente disfrazada para que se respetara la cebra. A mi me caló porque hasta ese momento, pensé que la cebra sólo servía para que se notara mejor la sangre de los peatones atropellados. Habló de “cultura ciudadana” algo inhóspito para muchos y para muchos sólo logró que los carros no pisaran la bendita cebra.

El tipo siguió por ahí dando lora y volvió sin atenuantes a la alcaldía a seguir haciendo lo suyo. Sólo que ahora tenía puentes para mostrar, Transmilenio para moverse y muchas cositas más que dejó Peñaloza, un buen ejecutivo. Si por mí fuera, hubiese querido que Peñaloza y Mockus se hubieran sucedido en la alcaldía de Bogotá hasta que los dos se murieran. Bogotá progresó siglos que el Polo está logrando hacernos reversar de nuevo. Uno haciendo cosas y el otro enseñándolas a usar. Una chimba la verdad.

Mockus es un tipo honesto. Manejando ese monstruo de ciudad jamás se le hizo un escándalo de corrupción a él. Quizás a sus subalternos, porque es un tipo que confía aún en la gente. Grave error. Jamás actuó mal deliberadamente. Dejó tirada la alcaldía para ser presidente. Grave error. Tenía que terminar la tarea bien hecha y no lo hizo. Pero ya pidió perdón, y yo, ya lo perdoné.

El tipo sabe de cultura, habla de cultura, infunde cultura, pulula cultura y no en el sentido erudito y odioso del profesor Bustillo, la cultura de verdad, la que forma ciudadanos y ciudadanía, la que permite convivir en paz y no con las “Convivir”. Yo creo en eso y a eso le apuesto. Siempre dejamos esa tarea para mañana porque primero hay que acabar con los “narcoterroristas de la far” mientras los narcoterroristas de la far toman ron con Chávez pensando cómo es que van a invadir a este pueblo lleno de ignorantes porque la revolución bolivariana lo va a amoldar todo con su reencarnación venezolana de Bolívar. Yo quiero ciudadanos que sepan en su intelecto por qué Chávez está loco y no ciudadanos que lo reten a pelear para que “sea varón”. Varones por montones en los cementerios es lo que hay en este país. Yo quiero ciudadanos para que sean los ciudadanos concientes los que repudien a las Farc, y no un cúmulo de militares adoctrinados para dar positivos así sean falsos. Yo quiero ciudadanos para construir identidad nacional no por la carnita y los huesitos sino por el cuaderno y el esfero. Yo quiero ciudadanos que sean capaces de aborrecer la corrupción y tumbar a un presidente corrupto como Samper y no unos humildes lacayos de salario mínimo que por no perder su puestico respalden al que sea por un tamal y una cerveza.

Quiero ciudadanos y los quiero ahora, no mañana, no en cuatro u ocho años. Los quiero ya. Mockus encarna eso y a eso le apuesto. Un tipo que habla enredado pero entiende fácil que es la cultura la que hay que cambiar. La cultura del vivo, la cultura del mafioso, la cultura del corrupto… esa cultura hay que cambiarla. La guerrilla hay que desestimularla con ciudadanía y conciencia, no con plomocracia, para que se extingan sus causas históricas. Porque la revolución está en las mentes, no en los fusiles. Porque así matemos a todos los guerrilleros siempre habrá un terrorista que haga daño amparado en las injusticias del sistema y la opresión y dominación de una élite recalcitrante así ese terrorista sea un simple hampón. La seguridad democrática es inocua si no hay autoridad moral de quien la ejerce. Y Mockus algo si tiene. Autoridad moral, honestidad y unas ganas inmensas de cambiar una cultura que clama a gritos ser cambiada. No mañana, no en cuatro años, no en ocho años cuando acabemos con “la far”. Lo necesitamos YA, a partir de este instante para tener un punto de inicio e inflexión, para cambiar de raíz y no de hojas. Porque las hojas se van en otoño y vuelven en primavera pero el árbol torcido, torcido se queda. Es hora de cambiar la cultura y la oferta está hecha. Se llama Antanas Mockus Sivickas. Desde que mataron a Galán me prometí no apoyar a nadie. Con él mataron mis ganas de participar con ahínco en estas lides. Pero Mockus es un buen tipo, como lo era Galán. Galán era buen político. Mockus no, es malo, muy mal político, no sabe de eso, gracias a Dios. Porque como buenos políticos murieron Turbay, López, Barco y quizás lo hagan Belisario y Pastrana. Samper que se muera como quiera. Pero que nos haga el favor un día de estos. Buenos políticos pero pésimos ciudadanos. Yo prefiero a este ciudadano mal político.

Y digo que “votaría” por él porque no puedo votar. Estoy en Buenos Aires y mi cédula no está inscrita acá. Pero si logro convencer a uno, a sólo un lector o lectora para que vote por él, estaré tranquilo con mi conciencia electoral y volveré a mi Colombia tratando de ver nuevos ciudadanos, esos que respetan la cebra sin preguntar por qué hacerlo y que no se robarían el erario porque saben que esa platica es de todos.

Sí, votaría por Antanas Mockus para iniciar desde el gobierno el cambio cultural que nos permita entender que un campesino merece más atención que un mafioso y que esto quede escrito en un cuaderno y con un esfero para que no se nos olvide como sociedad. Por eso votaría por Mockus.

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Lunes, a 5 de Abril de 2010

Por Carlos Castillo Cardona para eltiempo.com

Me desperté y me sentí feliz. Los habitantes de este país somos de los más felices del mundo. ¿Cómo no serlo? Hay cobertura universal de salud. La educación está totalmente pagada por el Estado, excepto la universidad en la que el estudiante tiene que costearse los libros. El índice de criminalidad llega a niveles bajísimos. Niños y ancianos están protegidos de todo. Hay igualdad de género. No existen peleas entre las ramas del poder público. Los miembros del Ejecutivo, el Legislativo y el Judicial comparten el mismo edificio. No hay amenazas ni gritos y no existen trapisondas para reformar la política o la justicia con el fin de beneficiar a amigos delincuentes. No hay políticos sub iúdice por apoyarse en grupos armados o narcotraficantes. Esta semana no ha habido muertes violentas.

La ciudad capital no puede verse más esplendorosa. Las calles limpias. No hay motos. Una sola empresa de buses regula rutas, paraderos, horarios y vías. Hay metro. También muchas bicicletas. Todos gozan del bello diseño de edificios, muebles, lámparas y todo tipo de objetos. Los espacios públicos son para todos, no el resultado de la lucha agresiva entre los que todo lo tienen y los que no poseen nada. Sí, los impuestos son del 50 por ciento sobre el ingreso y el IVA llega al 25 por ciento, pero, en compensación, la tasa de corrupción es de las más bajas del mundo. Claro que hay ciertos lunares. Por ejemplo, es incomprensible que todavía haya uno que otro despistado que venda camisetas para ayudar a las FARC.

Esta última frase me delata. No tengo que aclararlo mucho: no estoy en Bogotá, estoy en Copenhague. Por las noticias, he sabido de nuestros desastres: los ataques guerrilleros, los truquitos de las reformas y el premio nacional de cultura para caballos. Y, España, confundida, le da el Príncipe de Asturias a Íngrid en vez de dárselo a los casi 2.500 que siguen padeciendo el secuestro. Como si fuera poco, nos han derrotado en fútbol después de habernos inflado el ego deportivo. Mientras tanto, Dinamarca le ganó a Portugal.

Aunque objetivamente no hay nada más distante que Dinamarca y Colombia, nosotros también gozamos de esa extraña sensación de felicidad. ¿Cómo es posible que dos países, con condiciones tan distintas, puedan ser similarmente felices? Obviamente, las razones de felicidad e infelicidad deben de ser distintas para los que viven en uno u otro país. Dinamarca no sólo es conocida por su libertad, independencia y respeto a los derechos humanos, también lo es por sus altas tasas de suicidio. Como tiene pocas horas de sol, allí se han inventado una lamparita para manejar la depresión, que engaña a los daneses como si fueran gallinas obligadas a poner más huevos. Hay que exponerse a la luz de la lámpara diez minutos por la mañana y otro tanto por la tarde. No se debe pasar del tiempo, pues produciría insomnio. Con ello bajan los suicidios. ¿No habrá un paisa que exporte enlatada la luz de nuestro sol? ¡Vaya aporte para la humanidad entristecida!

Claro que a los pocos días de estar afuera, me pasa lo que a todo colombiano en el exterior. No veo la hora de volver. Colombia tiene múltiples ventajas. La primera es que, como tenemos muchas cosas para criticar (y lo hacemos), pensamos que podemos contribuir a hacer del nuestro un gran país. Confiamos ciegamente en la capacidad de la gente para salir adelante y encontrar los medios para eliminar los obstáculos que impiden el desarrollo y la equidad social. Si Dinamarca es realización, Colombia es esperanza. En el extranjero uno siente la tranquilidad, pero se aburre. En Colombia, por el contrario, uno no tiene tiempo de aburrirse con tanta zozobra e inquietud.

Sí. Ahora entiendo ese tonto estereotipo de que no estamos en Dinamarca, sino en Cundi..., pues, aunque el país nórdico es maravilloso, lo de uno es lo de uno, aunque haya que mejorarlo.

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Lunes, a 22 de Febrero de 2010

El director técnico mexicano genera polémica al criticar la inseguridad y anunciar que debido a la misma no vivirá en el país

Por Gabriela Warkentin para elpais.com, 18/02/2010

La ecuación es casi predecible: 'personaje público y popular' + 'declaración controvertida' = 'escándalo seguro'. El respetable se alborota, la comentocracia se desborda: las pasiones nunca se hacen esperar.

Revisemos lo sucedido. Javier Aguirre, otra vez entrenador de la selección Mexicana de Fútbol (y en su momento del Osasuna, del Atlético de Madrid, del Pachuca, etcétera), habló, tocó fibras y nos obligó a vernos en diferentes espejos.

En una entrevista, hace unos días, para la Cadena SER, Aguirre comentó la situación de inseguridad que se vive en México; contundente, soltó un repetido "jodido" para calificar lo que aquí se vive (las inundaciones, puntualizó, pero sobre todo la delincuencia y la violencia); matizó al declarar "¡hombre!, no es Haití"; se refirió a la supuesta tranquilidad de hace décadas, cuando los malos se mataban entre ellos, pero dejaban en paz a la sociedad; y sentenció que al terminar el Mundial 2010, regresará a Europa, como sea, porque vivir en México "¡no!". Habló también de la Selección mexicana para ubicarnos en la realidad de sus alcances. Y, bueno, de la radio española a los medios mexicanos: el trecho terminó siendo corto para encender la mecha de las pasiones.

Reacciones ha habido muchas. Entre las airadas están desde quienes mentan la progenitora de Javier Aguirre, le exigen que se largue ya, lo tildan de malinchista (genérico para nombrar al mexicano que ama lo extranjero), le recuerdan que de por sí hace mucho no vive en el país (reside en Miami y parte de su familia en España), le restriegan los millones que recibe, y un montón de linduras más. Entre quienes se dedican al turismo salen reclamos contra Aguirre: "sus palabras no ayudan a reactivar la imagen del país, ¡joder!" (ésta se convierte en la palabra de cambio).

También hay reacciones de apoyo, o que secundan lo dicho: voces que reclaman la hipocresía de quienes se enojan ("¡a poco no todos nos iríamos de México si pudiéramos!"). Un estudiante recuerda una conferencia de hace algunos meses en que un profesor preguntaba quiénes se irían de México si pudieran, y sólo dos personas no levantaron la mano. Algunos reconocen la sinceridad de Javier al expresar lo que tantos sienten. Por ahí otro más sentencia: ¡ya vámonos todos, el último que apague la luz! Y sí, otro montón de linduras más.

Javier Aguirre es un personaje que me cae bien, por sus logros, sin duda, pero sobre todo por su forma de ser: directa, casi bronca. Y sin duda lo que dijo en la entrevista radiofónica refleja no sólo lo que muchísimos mexicanos sienten o piensan, sino también algo de lo que sucede en el país. Yo misma, en éstas y otras páginas, he sido profundamente crítica con el rumbo que está tomando México, con la violencia que se nos contagia a diario. No puedo negar la tragedia de los millones de jóvenes que han visto cancelado ya no su futuro, sino el presente mismo, ante la imposibilidad de trabajar o estudiar. Sigo señalando el peligro que implica la polarización extrema (en temas políticos, sociales, morales) que se atiza a la menor provocación. Recuerdo las tareas pendientes en materia de calidad y cobertura de la educación, de densidad y participación ciudadanas, de democracia comunicativa, de reconocimiento y celebración de las diferencias. Temo la embestida conservadora que se deja sentir cada día más y amenaza con cancelar los avances logrados en reconocimiento de derechos. En fin, yo misma podría decir que mucho de lo que pasa en México ¡está jodido! (para ponerme a tono con la expresión en turno). Pero algún prurito me recuerda que, con todo, Javier Aguirre es Javier Aguirre, entrena a la Selección Mexicana y sus palabras tienen el peso de su innegable proyección simbólica.

No hagamos, sin embargo, una tormenta en un vaso con agua. Más allá del tono un poco condescendiente y de cierta arrogancia, con que Aguirre dijo lo que dijo -chocante para nuestra a veces muy delicada sensibilidad nacional-, y sí, sin olvidar que hace menos de un año acompañó al Presidente Calderón en el lanzamiento de la campaña Vive México para reactivar la industria turística mexicana, reconozcamos que en lo dicho se reflejan verdades y percepciones que son las que debemos atender. Nombrar las cosas no implica crearlas, si acaso hacerlas visibles. Y no nombrarlas tampoco implica desaparecerlas, si acaso reprimirlas.

Cuando los famosos hablan, las palabras resuenan. Recordemos el escándalo de hace apenas unos días, al twittear el colombiano Juanes una especie de clave del supuesto Blackberry del venezolano Hugo Chávez (ingeniosamente encriptada como H1J0D3PU7A). La herida fue tal que incluso a los simples mortales que en algún momento re-twitteamos el episodio, nos fue como en feria. Por eso las palabras y el tono de Javier Aguirre importan. Por quien es, por lo que representa y porque lo que vivimos en México no es juego de niños: es una realidad dolorosa y sentida. Aunque si lo expresado ayuda a que se acentúe la conciencia de que somos los mismos mexicanos los que debemos poner manos a la obra y seguir trabajando para que los intríngulis se desanuden y los escenarios se clarifiquen, bienvenido sea.

Lo sé, lo sé... suena ingenuo esto último que escribí, pero, ni modo, soy de las que quieren seguir viviendo en México, con todo y lo que se jodió. Así que, Javier, muy a la mexicana: ¡no nos ayudes compadre! O, bueno, ayúdanos un poco más.

Gabriela Warkentin es Directora del Departamento de Comunicación de la Universidad Iberoamericana, Ciudad de México; Defensora del Televidente de Canal 22; conductora de radio y TV; articulista.

 

Sábado, a 13 de Febrero de 2010

Plano de Cartagena de Indias, del año 1743

 

 La hermosísima Fortaleza de San Felipe de Barajas (de noche, con su iluminación monumental)


 

 Retrato del

Almirante Blas de Lezo y Olavarrieta

 

Históricamente, los españoles hemos sentido una especia de urticaria o desazón ante todo “lo” británico (y sus primos hermanos americanos, los yanquis).

Las razones? Muchas y muy variadas, todas entrelazadas entre si por un pasado compartido de conquistas de nuevos mundos, por la paulatina pérdida de nuestros imperios, por las muchas batallas navales y económicas que protagonizamos durante siglos y por la propia idiosincrasia de cada cual: ellos, tan anglosajones en todo, concienzudos, tenaces y profundamente religiosos; nosotros, una mezcla explosiva entre lo latino y lo mediterráneo, con una religiosidad a medio camino entre el todo (aparente) y la nada.

Una de las historias más alucinantes y a la par olvidadas de ese pasado de amores y odios compartidos, es el de la batalla por la conquista de Cartagena de Indias, en 1741: el desembarco anfibio más importante de toda la historia hasta el de Normandia, de 1944.

El 13 de marzo de 1741, la mayor flota naval que conocieron los tiempos trató de conquistar la ciudad española, ahora colombiana, en la que estaba situada la fortaleza más poderosa de toda América, un enclave fundamental para la protección del continente: la fortaleza de San Felipe de Barajas.

Allí, en la defensa de las murallas de esa histórica ciudad al borde del caribe, estaban sólo 3.600 españoles: 1.100 soldados veteranos de las guerras americanas, la mayoría de ellos bastante mayores, 400 reclutas sin ninguna experiencia en combate, 600 milicianos criollos y mulatos y unos 600 indios, negros libres y mestizos. Al frente de los soldados estaba el Almirante Blas de Lezo y Olavarrieta, un bregado militar de dilatadísima experiencia en las “américas” y famoso por su extraordinaria capacidad para la lucha, producto de sus más de 30 batallas ganadas y su delicado estado de salud: le faltaba el ojo, la pierna izquierda y tenía la mano derecha lisiada, además, por culpa de la humedad y el calor caribeño, sufría por una grave alergia en la piel que le causaba tremendos dolores.

Frente a ellos, como contrincantes, 36 navíos de línea –los acorazados de la época-, ocho de ellos de tres puentes (del tamaño del Victory, el famoso buque insignia del almirante Nelson), 28 navíos más de dos puentes, 12 fragatas, 2 bombardas, varios brulotes y 130 buques más que transportaban más de 27.000 soldados y marinos y 2.000 cañones. Era, según el título que le concedieron antes de salir del Reino Unido, la “Invencible Armada”, la flota naval más grande de la historia (hasta 200 años después). Al mando de esta colosal máquina de guerra estaba el Almirante Edward Vermon, al que se unió, ya en tierras americanas, Lawrence Washington, hermano de George Washington (primer presidente de EEUU y el que "puso" la cara en el billete verde), acompañado de sus 4.000 reclutas de Virginia.

Toda esa maquina de guerra, tan poderosa, tan “invencible”, tan apabullante en medios humanos y materiales, sucumbió ante sólo 3.600 españoles y criollos, en la más dolorosa de las derrotas militares que jamás tuvo el Reino Unido.

¿Por qué cito aquí una  batalla de hace más de 200 años? Muy sencillo: por que para los ingleses y los yanquis, para sus historiadores y cronistas, esa batalla no existió. Como la historia la suelen escribir los vencedores, el recuerdo de esa batalla sólo existe en los libros de historia de España y Colombia.

El Almirante Vermon, a las pocas horas de empezar las batallas contra los españoles, en uno de esos arrebatos de soberbia tan típicamente ingleses, se permitió el lujo de enviar correos navales a Londres con la noticia de su victoria sobre las tropas españolas. Tres días después, en plena guerra, para reafirmar esa supuesta victoria, volvió a mandar nuevos correos navales hablando de las hazañas de sus soldados…

Desgraciadamente para él, esas noticias las envió poco tiempo antes de ser humillantemente derrotado durante la noche del 19 al 20 de abril, cuando con bayoneta calada los seiscientos supervivientes españoles y criollos que quedaban defendiendo la fortaleza de San Felipe de Barajas, decidieron cargar “temerariamente” contra los miles de ingleses que aún seguían con vida rodeando el castillo.

Los soldados españoles supervivientes, muchos de ellos malheridos y agotados por los días de batallas incesantes, redoblaron sus ansias de victoria y su afán guerrero al ver que el propio Almirante Blas de Lezo salía a campo abierto a luchar al lado de sus hombres, aún siendo cojo, manco y medio ciego… además de enfermo.

La masacre que los españoles hicieron entre los miles de ingleses que atacaron la ciudad fue de tal magnitud, tan tremenda, que Blas de Lezo se apiadó de ellos y dejó huir a los pocos cientos de ingleses que no murieron.

El 9 de mayo, humillado y rendido, el Almirante Vermon huyó para Jamaica después de mandar una carta al Almirante Blas de Lezo, que decía: “Hemos decidido retirarnos pero para volver pronto a esta plaza, después de reforzarnos en Jamaica”.

El Almirante Blas de Lero, con ironía, le respondió: “Para volver a Cartagena es necesario que el Rey de Inglaterra construya otra escuadra mayor, por que la suya ha quedado para conducir carbón de Irlanda a Londres. Llegaron con la misma arrogancia de siempre y fueron derrotados con los métodos de siempre: nuestro orgullo y amor a la patria”.

Mientras esto sucedía en Cartagena de Indias, en Inglaterra, en cuanto llegó el barco que portaba la noticia de la falsa victoria y en medio del júbilo desbordado entre todos los londinenses, Jorge II, Rey de Inglaterra, ordenó que se acuñaron monedas conmemorativas del fastuoso momento en que las fuerzas británicas habían humillado y arrodillado a Blas de Lezo, monedas que incluían una leyenda que decía: "el orgullo español humillado por Vernon".

Cuando el 9 de mayo se supo la cruda realidad de lo sucedido en Cartagena de Indias y las gravísimas consecuencias que para la flota naval inglesa tuvo la derrota, el mismo Jorge II, Rey de Inglaterra, ordenó borrar de los libros, crónicas y gacetas, toda referencia a la derrota, incluso hablar de ello. En su humillante delirio, prohibió la verdad, como si la verdad se pudiera borrar.

¿Y qué sucedió en EEUU? Derrotado, humillado y destrozado el grueso de los 4.000 reclutas de Virginia de Lawrence Washington (sólo se salvaron 800 reclutas), a su vuelta a yanquilandia se decidió conmemorar la supuesta victoria (en realidad, una terrible derrota), dándole el nombre de Mount Vermon, en honor al marino inglés, a la residencia oficial del primer presidente yanqui, George Washington, hermano del derrotado Lawrence.

Hoy, doscientos sesenta años después, aún sigue latente la inquina entre España y Reino Unido… y sino, ver lo que sucede estos días con el Financial Times y sus agoreros neocons.

Alfredo Webmaster

 

 

Posdata: existe un excelente y documentadísimo trabajo sobre esta batalla, publicado en la página todoababor.es.

Otra posdata: si os resulta curioso que los ingleses y yanquis oculten/escondan esta tremenda derrota, resultará aún más curioso (y sorprendente) que nosotros hagamos lo mismo no hablando de la victoria... y en una de esas típicas (ilógicasy vergonzantes) quijotadas españolas, en ningún libro de historia de mi país se cita esta batalla, ¡pero sí hablamos de la de Trafalgar!

 

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