Música y Vino

Puedo intentar ser sincero pero nunca seré imparcial…
Sábado, a 18 de Febrero de 2012

Hace unos días volví a cenar en el Restaurante La Lluna de Valencia (Heredia, Costa Rica) de mi amigo Vicente Aguilar, un valenciano dicharachero y alegre, ex fraile franciscano casado con una alemana, Kati.

Fui porque ese día Vicente celebraba el 16º aniversario de la inauguración del local, un referente de la gastronomía española en Tiquicia y templo de la paella en esta parte del mundo.

Como siempre que hay actuaciones en directo, aprovechando sus dotes para la improvisación, Vicente nos cantó y disertó sobre montones de cosas, tanto humanas como divinas; tuvo la deferencia de hablar de mí y de que ese día en concreto, con el local abarrotado de comensales, yo era el único español presente (además de él, obviamente).

Fue una cena sumamente agradable y placentera, tanto en lo personal como en lo gastronómico (sumamente ricas las tapas que nos puso). En la celebración no podía faltar su afamada bota Las Tres ZZZ llena de vino de su tierra, que tiramos sobre nuestras bocas (él en su nariz) como auténticos maestros: sin marcharnos ni una gota.

De ese día guardo algunas fotos más que podéis ver entrando en “Quien es Alfredo”.

¡Un abrazo, Vicente!

Alfredo Webmaster

 

Domingo, a 20 de Febrero de 2011


Una chica camina tras el funeral por dos mujeres asesinadas en Ciudad Juárez (México) en octubre de 2010.

Foto de REUTERS

 

Por Soledad Gallego-Díaz (Buenos Aires) para elpais.com, 19/02/2011

"Del dicho al hecho". El lema del informe elaborado en 2009 por la Comisión Económica de Naciones Unidas para América Latina (Cepal) sigue resumiendo muy bien el principal problema con el que se enfrentan, ya bien entrado el siglo XXI, las mujeres de ese continente: en los últimos 10 años se han experimentado avances muy importantes en las legislaciones que reconocen sus derechos y condenan la violencia machista, pero, en la práctica, las autoridades, jueces incluidos, no aplican esas normas con suficiente rigor ni persistencia como para que las cifras explosivas de maltrato, abuso y discriminación hayan experimentado un retroceso aceptable. La impunidad de sus agresores sigue siendo en la mayoría de los países de América del Sur, Centroamérica y Caribe la peor pesadilla de las mujeres.

Esa realidad convive con otra: en América Latina ha habido hasta el momento nueve mujeres que alcanzaron la presidencia de su país, tres de ellas, en Argentina, Brasil y Costa Rica, en ejercicio; la directora de Naciones Unidas para la Igualdad de Género es la expresidenta chilena Michelle Bachelet, y se ha producido un aumento espectacular en el número de parlamentarias. Mejor aún, un 55% de las latinoamericanas de 20 a 24 años ha completado la educación secundaria (mientras que solo lo ha conseguido el 49% de los hombres). Incluso en las zonas rurales, en las que la extensión de la secundaria es mucho menor, el promedio de mujeres de esa edad que ha alcanzado ese grado supera notablemente al de los hombres (31% frente al 26%).

El menor porcentaje de paro y, sobre todo, las transferencias de recursos puestas en marcha por los Gobiernos de varios países, como Venezuela, Brasil, Argentina, Ecuador o Bolivia, que tienen sistemas de ayudas a la familia, han disminuido los índices de pobreza extrema y mejorado las condiciones de salud y educación de la infancia, niñas incluidas.

Sin embargo, esas mejoras no impiden que América Latina siga siendo la región con mayores desigualdades ni que sea una de las zonas más peligrosas del mundo para las mujeres, tanto por el feminicidio y casos graves de maltrato, como por el alto porcentaje de abusos sexuales en el entorno familiar, la mortandad maternal y el gran número de abortos clandestinos a los que obligan las omnipresentes legislaciones contrarias a la interrupción legal del embarazo. Cuatro millones de abortos ilegales y 4.000 muertas al año no consiguen torcer el brazo a las poderosas iglesias católica y evangélica.

Entre el 39% y el 42% de las mujeres peruanas confiesa, por ejemplo, haber sido víctima de violencia física por parte de su pareja o marido, según el Instituto Nacional de Estadística e Informática. "Las agresiones recibidas por las víctimas fueron empujones, golpes, patadas, ataques o amenaza con cuchillo u otra arma, además de ser forzadas a tener relaciones sexuales sin su consentimiento, entre otras formas de violencia física y psicológica", asegura el documento, que analizó una encuesta realizada entre 24.000 mujeres.

"La última vez que Keiko Tamaca, de 14 años, vio a su enamorado, William Chiroque, de 18, fue cuando le apuntaba con una pistola de 9 milímetros, ebrio de celos por haberla visto conversando con otro muchacho", relata un diario local. La adolescente fue una de las dos o tres menores de 18 años que mueren asesinadas cada mes en Perú. "Reproducen patrones de conducta que ven en casa", explicaba en el periódico la psicóloga Tesania Velázquez.

Aunque no hay estadísticas fiables para el conjunto de la región, los datos parciales que van facilitando organismos especializados de los distintos países son escandalosos. El 35% de las mujeres mexicanas sufre violencia física; 39% en Colombia; 31% en Ecuador y hasta un 52% en Bolivia. En Chile, en 2002, se calculaba que solo el 3,8% de los casos denunciados terminaba en condena. En Brasil, señalan algunos estudios, el 10% de las mujeres del área urbana y el 14% de las mujeres del área rural han sufrido violencia sexual. En Centroamérica, dos de cada tres asesinadas son víctimas de un crimen machista, es decir, mueren por ser mujeres.

En el mejor de los casos, asegura la Cepal, en la hipótesis más leve, una de cada diez mujeres de Latinoamérica sufre violencia física, "que se manifiesta desde golpes hasta violencia severa con amenaza de muerte junto con una fuerte violencia psicológica y, muchas veces, con violencia sexual". En solo siete países se han aprobado leyes específicas sobre la violencia contra las mujeres (la Venezuela de Hugo Chávez, entre ellos), siguiendo la estela de la ley llamada María Pehna, aprobada en Brasil en 2006. (María da Pehna es una farmacéutica brasileña cuyo marido intentó asesinarla en dos ocasiones y terminó dejándola parapléjica. 15 años después de aquellos hechos, el agresor seguía en libertad, amparado por jueces que dilataban el proceso. La nueva ley consiguió al fin llevarle a prisión.

Nadie puede negar que en América Latina el acceso de las mujeres a los puestos de toma de decisiones políticas ha crecido de manera muy notable en la última década. Nueve países (entre ellos Bolivia, con el Gobierno de Evo Morales) han aprobado leyes a favor de la igualdad. El promedio regional de mujeres diputadas es del 20,7% (lo que supone oscilar entre el 40% de presencia femenina en el Parlamento argentino, al 9% que existe en Colombia).

El aumento del promedio se debe a que 11 países has aprobado leyes que establecen cuotas en las listas electorales, aunque en solo cuatro casos existe el llamado "sistema cremallera" que impide que las mujeres sean ubicadas al final de la lista. En los casos en los que no existen cuotas, como en las alcaldías, por ejemplo, el desfase sigue siendo muy importante: la presencia femenina no llega al 6,8%, según la Cepal. En el sistema judicial, el avance es desesperantemente lento: solo el 19% de los jueces de los tribunales superiores y cortes supremas son mujeres.

Muchas de las cifras que reflejan la evolución positiva de los derechos de la mujer van acompañadas por otros datos alarmantes. La tasa global de fecundidad bajó de 5,9 hijos en los años cincuenta a 2,4 en el primer lustro del nuevo siglo, pero el embarazo de las adolescentes prácticamente ha duplicado su aporte a la fecundidad total, pasando de un 8,5% en 1950 a un 14,3% en 2005. La mortalidad materna se redujo en un 28% desde 1990, pero aun así demasiadas mujeres siguen muriendo de parto en América Latina: 130 muertes maternas por cada 100.000 nacidos vivos es una cifra que está muy por encima del quinto objetivo del Milenio, pero que no resulta extraña si se constata que el 80% de las mujeres pobres de Bolivia, o de Haití, dan a luz fuera del sistema hospitalario.

El difícil cambio cultural en todo lo relacionado con la situación y los derechos de la mujer en América Latina brilla con todas sus contradicciones en países como Chile, que lleva años en una sólida progresión económica pero que ha sido el último del mundo, en noviembre del 2004, en aprobar una ley que regulara el divorcio. O en Argentina, con la tradición educativa e igualitaria más fuerte de toda la región, presidido en la actualidad por una mujer, pero que no ha logrado despenalizar el aborto voluntario, algo que tampoco pudo hacerse en Uruguay, pese a que desde 2005 gobierna un amplio frente de izquierdas. Ni tan siquiera Dilma Rousseff, heredera de Lula, ha dado señales de ir a presentar una ley en ese sentido, pese a que algunas de las clínicas brasileñas especializadas en abusos sexuales estén denunciando, desde hace años, que casi la mitad de los casos que tratan involucra a niñas menores de 12 años.

 

Viernes, a 22 de Octubre de 2010


El cadáver de un hombre, tras ser asesinado de un tiro en la cabeza en Ciudad Juárez (México).- Miguel Tovar (AP)

 Un pistolero tras una pelea con otra banda criminal en la Comuna 13 de Medellín (Colombia).- Raúl Arboleda (AFP)

Ciudad Juárez (México), Caracas (Venezuela) y Medellín (Colombia) son las metrópolis latinoamericanas que más tristemente comparten el estigma de la violencia. La ciudad colombiana, no obstante, lucha cada mañana por alcanzar la paz con educación y deporte

Por Pablo Ordaz para elpais.com, 17/10/2010

En Ciudad Juárez y en Caracas, para escribir de la vida hay que irse a la puerta de la morgue, muy de mañana, cuando de los barrios sin asfaltar van bajando mujeres jóvenes que ya son abuelas acompañadas de nietos que ya son huérfanos.

-Dígame, señora.

-Vengo a reconocer el cadáver de mi hijo y el de mi hermano. Los mataron anoche. Iban a trabajar al centro de Caracas. Les salieron unos tipos y les dispararon. No sé si con intención de robarles o qué. No sé nada más...

-¿Cómo se llamaban?

-Mi hijo, Noel, y mi hermano, Jorge Luis.

-¿Qué edad tenían?

-Los dos tenían 26 años.

Sin embargo, en Medellín, la tierra de Pablo Escobar y de la Virgen de los Sicarios, ya va siendo posible escribir de la vida en la puerta de un colegio público o junto a una cancha, también pública, de césped artificial. No es menos cierto que todavía en la plaza de Bolívar, la más céntrica de la ciudad colombiana, niñas de 12 años y niños aún más pequeños se desnudan a cambio de unos cuantos pesos o de una lata de pegamento. Tampoco es mentira que cada noche el coronel Lázaro y sus hombres del Grupo de Operaciones Especiales de la Policía Nacional, pertrechados con fusiles Tavor de fabricación israelí, registran las casas colgadas sobre los cerros con la desconfianza de un campesino al que la mala hierba ya le agostó cosechas enteras. Pero también -y esto marca la diferencia con Juárez o con Caracas- es posible encontrar un rastro de esperanza. Darío Obando, trabajador "en lo que salga", está sentado a la puerta de su casa, un torpe apaño de maderas y hojalata en medio de la Comuna 13, todavía uno de los barrios más peligrosos de Medellín.

-¿Qué tal van las cosas?

-No muy bien. La hijueputa violencia que no termina de irse. Todas las noches se oyen disparos y raro es el día que no hay muertitos. Pero al menos tenemos la confianza de que el crío salga adelante. Un día vinieron a buscarlo para que fuera al colegio y ya no ha dejado de ir todas las mañanas. Si no va, a mí me quitan la ayuda. Allí le dan de desayunar y los maestros me han dicho que este pelao es de buena madera. Quizá algún día él...

La diferencia está en el quizá. Un quizá o un tal vez pronunciados con un punto de emoción mientras Darío acaricia la cabeza de su hijo -del pelao, como llaman aquí a los muchachos- y, ya con un café de por medio, cuenta que esta ciudad fue un infierno, "más de 20 muertos al día, ni tiempo había de contarlos". Dice que las autoridades no existían, que tan invisibles eran que los criminales ocuparon su lugar. Que el narcotraficante Pablo Escobar llegó a levantar un barrio al que puso por nombre Medellín sin Tugurios y al que todo el mundo sigue refiriéndose todavía como "el barrio de Pablo Escobar", y eso que el mítico jefe del cartel de Medellín fue abatido a tiros hace ya 17 años. Darío Obando va contando todo sin dejar de acariciar la cabeza de su hijo, como queriéndolo proteger de un pasado que, después de unos años de relativa paz, se ha vuelto a asomar en 2010. De nuevo las balaceras, pandillas contra pandillas, los helicópteros de la policía volando en círculo toda la noche... "Quizá sean los últimos coletazos de la bestia herida". De nuevo el quizá...

Tal vez sea esa concesión a la esperanza lo único que diferencia -aunque no es poco- a Medellín de las otras dos ciudades cuyos nombres son también sinónimo de violencia en América Latina. La mexicana Juárez. La venezolana Caracas. La colombiana Medellín. Tres ciudades marcadas por idéntico estigma. Medellín, junto a Cali, dio cobijo hace dos décadas a uno de los carteles más poderosos de Colombia y ahora lucha por salir adelante mediante una apuesta decidida por la educación y el deporte. Caracas es, en cambio, la violencia porque sí, la violencia más descarnada, muchachos contra muchachos luchando por cuatro calles de miseria. Cadáveres amontonados en la morgue de Bello Monte, ataúdes gratuitos para los pobres, barrios en los que la policía entregó el control a los pandilleros, la revolución de la desesperanza. Ciudad Juárez es todo eso y mucho más. Es un estado de sitio permanente e inútil. Miles de policías y soldados convertidos en sepultureros de lujo. Es el compendio fatal de todas las calamidades que azotan a un país sumido en una lucha de todos contra todos. Los carteles de la droga luchando entre sí, ya no solo por los corredores hacia Estados Unidos, sino por cada esquina, por cada plaza. Y luchando a su vez contra una policía ineficaz -inservible tras décadas de corrupción- y contra un Ejército desbordado. Para terminar de completar el cuadro del desastre, cientos de grupos de delincuentes más o menos organizados se están aprovechando del desbarajuste y de la impunidad más absoluta -el 95% de los delitos que se cometen en México no encuentra castigo- para saquear, cuando no matar, a la población indefensa.

-Abogado, ¿a cuántos colegas han matado últimamente en el Estado de Chihuahua?

-En los tres últimos años, a 36. Y no se crea que tengo buena memoria, es que han matado a uno al mes.

-Imposible olvidarlo...

-No solo eso. Hay otra cifra que también tengo muy presente.

-Dígame.

-La del número de esos asesinatos que han sido resueltos por las autoridades.

-¿Cuántos?

-Cero.

Ciudad Juárez, y por extensión el Estado de Chihuahua, gozó de gran esplendor durante los últimos 20 años. Las empresas manufactureras, y también los carteles de la droga, supieron aprovechar la estratégica ubicación de la ciudad, justo en el centro de los 3.000 kilómetros de frontera que separan México de Estados Unidos. "Desde aquí", señala José Reyes Ferriz, quien hasta el pasado domingo fue alcalde de Juárez, "se surtía de electrodomésticos a todo Estados Unidos...". Y también de droga. "Las empresas que se instalaron aquí", continúa el ya ex alcalde, "decidieron contratar a mujeres porque consideraron que con sus manos pequeñas serían más eficaces a la hora de ensamblar las piezas". Sería por eso, o tal vez porque les pagaban menos que a los hombres, el caso es que miles de mujeres de todo el país empezaron a llegar a Juárez. Mujeres jóvenes, mujeres sin recursos, mujeres solas. En enero de 1993 empezaron a matarlas. Alma Chavira fue la primera de una larga lista de niñas y de mujeres torturadas, violadas, asesinadas. No hay cifras exactas de la magnitud de la tragedia, pero lo que sí existe es la convicción -avalada por una sentencia reciente de la Corte Interamericana de Derechos Humanos- de que las autoridades de entonces no hicieron lo necesario por investigar aquellos crímenes. Hay una frase que un policía le dijo a Irma Monreal, la madre de una de las desaparecidas, que resume a la perfección la postura oficial: "Aquí solo asesinan a las que son locas, a las que son putas; aquí no asesinan a las niñas buenas...". Es, pasado el tiempo, parecida actitud a la que las autoridades de ahora adoptan ante la matanza brutal y diaria -más de 28.000 muertos desde 2007- que está provocando la guerra contra el narcotráfico: "La mayoría de los que mueren son jóvenes sicarios, vendedores de droga...". De tal forma que cuando alguien es asesinado en México automáticamente se convierte también en sospechoso.

La respuesta oficial no es solo inexacta. Además -o sobre todo- es peligrosa. Es una respuesta que fomenta la impunidad y tal vez la indiferencia social. Hay gobernantes -ahí está el famoso ejemplo de Argentina durante el Mundial de fútbol de 1978- que construyen tapias muy altas para que los visitantes entren y salgan de sus ciudades sin alcanzar a ver la miseria. Es una vieja táctica. Ocultándole la pobreza a los extraños se la ocultan a ellos mismos, y asunto resuelto. Una variante de esa estrategia es el acoso a la prensa para que no informe. Los periodistas de Caracas y de Ciudad Juárez pueden dar doloroso testimonio de cómo las autoridades locales intentan ocultar a la opinión pública lo que no les conviene que se sepa. A pesar del acoso del narcotráfico, cuando se pregunta a los responsables de los periódicos de Ciudad Juárez cuál es el principal impedimento para su trabajo, la respuesta es clara y tajante: "La Policía Federal". La ciudad colombiana de Medellín, sin embargo, ha optado justamente por lo contrario.

Su anterior alcalde, Sergio Fajardo, impulsó la construcción de un moderno teleférico -el Metrocable- que conecta todos los barrios de la ciudad y que se complementa con el metro, del que los habitantes de Medellín se sienten tan orgullosos que jamás arrojan ni un papel ni... una gota de sangre. ¿No es curioso que jamás se haya cometido un asesinato en el metro? Cuando este corresponsal llegó a Medellín preguntando por la situación de la violencia, Jorge Melguizo, uno de los principales colaboradores del actual alcalde, Alonso Salazar, le sorprendió con una propuesta: "Vamos a subirnos en el Metrocable. Desde ahí sobrevolaremos todos los barrios de la ciudad, los buenos, los malos y los muy malos. Verá lo mejor y lo peor de Medellín. Y nos bajaremos donde desee. Y cuando quiera que lo deje solo, solo tiene que decírmelo. Ahora sí, tenga cuidado de por dónde se mete...". No había truco en la propuesta. Efectivamente, no todo lo que se ve desde el Metrocable o se constata bajando en alguna de sus estaciones y paseando por las comunas es muy alentador. Sigue habiendo en Medellín pobreza extrema y, como decía Darío Obando en la puerta de su chabola, han regresado los tiros y las muertes. De hecho, al caer la tarde, el alcalde Salazar se pasea fuertemente escoltado por alguna de las comunas más violentas. Lo más curioso es que el alcalde no va de visita: "No, algunas semanas dejo mi oficina oficial y me vengo a trabajar a las comunas. Instalo el despacho en la comisaría de policía del barrio, pero mi trabajo principal es salir y hablar con la gente, que los vecinos empiecen a confiar en la autoridad más que en los criminales, que vean que nosotros somos más capaces de solucionar sus problemas que cualquier banda, por poderosa que sea". Tímidamente, los vecinos se van acercando. Incluso alguno, de vez en cuando, se atreve a deslizar un papel en la mano de Alonso. Un papel que dice quién, dónde... se vende la droga. Quién, dónde... se extorsiona o secuestra. ¿Y no es peligroso? El alcalde sonríe: "Lo peligroso es dejarle el territorio a los delincuentes. Lo peligroso es que ellos se conviertan en la autoridad...".

Precisamente hace unas semanas, tras el asesinato de un joven fotógrafo del Diario de Juárez, sus compañeros publicaron un editorial e imprimieron unas camisetas negras con una pregunta: "¿A quién pedir justicia?". ¿A quién pedir justicia en Juárez, donde cada tarde los sicarios aprietan el gatillo sabiéndose inmunes a la ley -de 10.000 detenidos, solo 450 terminaron en la cárcel-? ¿A quién pedir justicia en Caracas, una ciudad donde el pasado año murieron 19.000 personas, cuya tasa de homicidios triplica la ya muy alta de Latinoamérica, y donde el presidente Hugo Chávez despojó de competencias al alcalde porque no era de su color político?

No hay medidores de esperanza, pero en Medellín se la encuentra uno por la calle: el hombre en la puerta de su chabola, el muchacho de barrio convertido en mediador social. Claro está que la esperanza no surge de la nada. Los alcaldes Fajardo y Salazar construyeron decenas de colegios, de bibliotecas y de canchas de fútbol. Las dotaron de los mejores equipamientos, las iluminaron durante la noche -la única luz de los barrios oscuros- y contrataron a policías con perros para que las vigilaran. ¿Terminó eso con la violencia? A la vista está que no. Más de 1.400 personas -jóvenes la mayoría- han muerto asesinadas en lo que va de año y las noches vuelven a ser muy duras en las Comunas 1 y 13. Pero, a pesar de todo, las autoridades siguen empeñadas en despejar el futuro. Igual que, hace unos años, multitud de voluntarios salieron a las calles para buscar a los chavales sin escuela y llevarlos a las aulas, prepararles un desayuno y proveerlos de libros e ilusiones, ahora el trabajo es de los militares. Pero no solo entrando a la fuerza con sus fusiles de alto poder y sus miras de visión nocturna en los barrios de espanto, sino también, a la mañana siguiente, formando corredores de seguridad para que los hijos de todos los Daríos Obando de Medellín sigan yendo cada mañana a la escuela. Por calles llenas de barro, junto a paredes agujereadas por los tiros; pero también con un quizá y un tal vez bien, guardados en la mochila.

Hoy por hoy, Juárez, Caracas y Medellín siguen hermanadas por la violencia. Pero la ciudad colombiana lucha cada mañana por convertirse en hija única de la esperanza.

 

Lunes, a 27 de Septiembre de 2010

 

Autobús biblioteca en Puerto Rico

(GETTY IMAGES / TIME & LIFE PICTURE / GORDON PARKS)

Artículo escrito por Mayra Santos-Febres para elpais.com, el 25/09/2010 , enviado por Sonia Sonny desde Puerto Rico

Puerto Rico, país que ha expresado sus continuas reinvenciones a través de la literatura, es el invitado de honor en la feria Liber, que se celebrará la próxima semana en Barcelona, la ciudad que albergó en el siglo XIX el Álbum puertorriqueño.

Cada vez que se oye hablar de Puerto Rico (que son pocas) y que se logra ubicarlo en el mapa, la gente lo imagina como un lugar lleno de playas, ron, música (bien sea de Ricky Martin, Héctor Lavoe, o Calle 13). Pero Puerto Rico es mucho más. De hecho, Puerto Rico es un país bastante complejo. Nuestra historia nos ha obligado a inventarnos múltiples veces. Como todo país, hemos encontrado modos de expresar estas continuas re-invenciones mediante la literatura. Primero fuimos una antigua colonia española traspasada a Estados Unidos en 1898. En el 1952 nos convertimos (eufe/místicamente) en Estado Libre Asociado de Puerto Rico. En 1917 recibimos el derecho a portar la ciudadanía norteamericana, a pelear en la Primera Guerra Mundial. Ese mismo año, se nos quiso imponer el inglés como idioma oficial. No funcionó. En 1992, el pueblo entero de Puerto Rico recibió el Premio Príncipe de Asturias por insistir en vivir y escribir en español. Sin embargo, al presente, cuatro millones de boricuas viven en The Mainland. Estos hijos de la migración escriben, sueñan y viven en un "puertorriqueño" que a veces se expresa en inglés y otras en español. Se llaman a sí mismos "Puerto Ricans", aunque algunos nunca han puesto pie en la isla, ni saben bailar salsa, ni nunca han bebido ron. La mitad de nuestra población vive en inglés. Sin embargo, seguimos formando parte de una comunidad iberoamericana. Nuestra manera de ser actual es como todo en el planeta, múltiple y global.

Este mes de septiembre, Puerto Rico es país de honor en Liber, en Barcelona. Comiquísima la coincidencia de Liber. La literatura puertorriqueña nace precisamente en Barcelona. En 1844 aparece el Álbum puertorriqueño; con edición aumentada en 1846. Todos sus autores eran estudiantes de la isla radicados en dicha cuidad. Los mismos responsables del Álbum puertorriqueño dan a luz en Cancionero de Borinquen en 1846. En 1849 sale El Gíbaro de Manuel A. Alonso. Con estas obras se da por inaugurada la literatura puertorriqueña. Durante ese siglo XIX tuvimos nuestra buena porción de escritoras feministas. Las más destacadas fueron Carmela Eulate Sanjurjo y Luisa Capetillo. La figura de la Capetillo es bastante singular. Anarquista, pionera del feminismo y del sindicalismo, trabajó como lectora en fábricas de tabaco. Viajó por toda la isla organizando sindicatos. Fue partidaria del amor libre, el espiritismo y el vegetarianismo. Fue, además, la primera mujer en usar pantalones en público (1880), razón por la cual estuvo presa en varias ocasiones. En los años treinta a cincuenta, como en el resto de América Latina, la literatura puertorriqueña rebasa fronteras nacionales. El nacionalismo anti-imperialista fue el discurso protagónico de la época. Las obras del dramaturgo y narrador René Marqués, las del novelista Enrique Laguerre y las de los poetas Julia de Burgos Francisco Matos Paoli y Luis Palés Matos así lo atestiguan. Julia de Burgos es nuestra poeta más conocida. Escribió poemas a la altura de los de Gabriela Mistral (Chile, premio Nobel, 1945), y Alfonsina Storni (Argentina). Laguerre y Matos Paoli fueron candidatos al Premio Nobel. Palés fue el inaugurador del Negrismo en la poesía latinoamericana. Su libro Tuntún de pasa y grifería es lectura obligada para todos aquellos que se interesen por esa "otra" literatura transnacional y diaspórica: la literatura negra escrita en español. También en esta época destaca un gran proyecto editorial en Puerto Rico. En 1953, la Editorial de la Universidad publica la primera traducción al español de las obras completas de Edgar Allan Poe. El traductor seleccionado, Julio Cortázar. Décadas más tarde, otros escritores del boom pasarían por las aulas de dicha universidad. Mario Vargas Llosa fue profesor visitante. Lo mismo Bryce Echenique. Borges recibió un doctorado honoris causa. Acaba de recibir otro Carlos Fuentes. Desde los años cincuenta y hasta el presente, la UPR actuó como el órgano internacionalizador más potente de la cultura puertorriqueña. Ahora, dicha institución pasa por una etapa de crisis. Toma el bastón la Universidad del Turabo, que ha logrado montar la delegación boricua que viajará a Liber en Barcelona.

Las instituciones envejecen. Las definiciones también. Durante los años sesenta y setenta, la identidad nacional combativa nos fue quedando estrecha. Los setenta fueron el imperio literario de las mujeres. Grandes escritoras tales como Ana Lydia Vega, Rosario Ferré, Magali García Ramis lograron las primeras traducciones de literatura puertorriqueña al alemán y al francés. También llegaron los primeros premios literarios importantes. José Luis González ganó el Premio Xavier Villaurrutia (1978) por Balada de otro tiempo. Comienzan a publicar Edgardo Rodríguez Juliá (finalista del Rómulo Gallegos) y el gran Manuel Ramos Otero, autor de Invitación al Polvo, a mi juicio, el mejor poeta contemporáneo en Puerto Rico. Aparece La guaracha del Macho Camacho, obra del más grande de nuestros narradores contemporáneos, Luis Rafael Sánchez. Posteriormente, dicha obra es prologada por Gabriel García Márquez en su edición de Cátedra. Al otro lado del charco -es decir, en Nueva York- la primera generación de inmigrantes boricuas comienza a publicar literatura. Tato Laviera, Petro Pietri, Piri Thomas y Nicholasa Mohr tuvieron que volverle a probar al mundo, esta vez en inglés, que existía un lugar que se llamaba Puerto Rico y que sus habitantes producían literatura. Los últimos treinta años de literatura en Puerto Rico han sido de una efervescencia editorial asombrosa. Nuestra literatura se volvió urbana, bilingüe, migratoria, y transerótica. Se han multiplicado las editoriales independientes. Se publica todo tipo de literatura: fantasía (Pedro Cabiya), realismo sucio (Francisco Font Acevedo, Yolanda Arroyo), poesía intimista (Rafah Acevedo, Janette Becerra, Noel Luna), poesía urbana / spoken word (Willie Perdomo, Mariposa, Yara Liceaga), detectivesca (Wilfredo Mattos Cintrón, finalista del Premio Azorín). Hay puertorriqueños que escriben en inglés pero se criaron en la isla (Javier Ávila), que escriben en español pero viven en Estados Unidos (Lourdes Vázquez); escritores que publican en spanglish (Urayoán Noel, Rebollo-Gil) regardless donde vivan. Son globales y múltiples, como el resto del mundo y ya no interesa probar que existe esa isla rara llamada Puerto Rico, ni que en ella se producen buenos libros y buena literatura. No queremos probarle nada a nadie, pero sí invitar al mundo a leernos y a gozarnos, más allá de las playas, del ron y del reggaeton.

Mayra Santos-Febres (Carolina, Puerto Rico, 1966) fue finalista del Premio Primavera 2006 con la novela Nuestra Señora de la Noche (Espasa) y es también autora de Fe en Disfraz (Alfaguara, Miami, 2009).

La 28ª Feria Internacional del Libro Liber 2010 se celebrará entre los próximos días 29 de septiembre y 1 de octubre en Barcelona. Puerto Rico es el invitado de honor.


Miércoles, a 4 de Agosto de 2010

Por Carlos Salas “zoomboomcrash”, 02-11-2009

Por favor, ¿tendría la amabilidad de darme un café?”.

Si alguno de ustedes ha visto alguna vez a un español haciendo eso en el extranjero, por favor, fílmelo con su móvil: es una especie en extinción.

Allá por donde van los españoles hablan en imperativo: “¡Eh, ponme un café!; “Dame un cruasán!”; “¡Sírveme una caña!”; “¡Pásanos unas hamburguesas…!”.

Hablar así en España no es un delito porque es lo normal. Un país que ha perdido todas las normas del protocolo, la cortesía, la educación y la urbanidad, cree que en todo el mundo las reglas son iguales. Pero no: el resto del mundo no es así y por eso se percibe a español como si tuviera los defectos del nuevo conquistador.

Debido a esa forma de expresarse, los empresarios, ejecutivos, turistas y viajantes españoles tienen tanta mala fama en el extranjero. Caen muy mal. Además, parece que siempre están bravos”.

Hace pocos días, un amigo que es alemán-norteamericano-venezolano y algunas nacionalidades más (en su familia, menos incesto, hubo todo tipo de mezclas), me decía las cosas que le pasaban con su mujer española: trabajaban los dos en EEUU pero los empleados se dirigían a mi amigo y le decían en confianza: No queremos tratar con tu mujer; sólo contigo. Ella está siempre enfadada y parece de mal humor”.

¿De mal humor? ¡Pero si era una española encantadora! Encantadora en España, claro. Fuera de nuestras fronteras, nuestras chicas pierden su encanto porque no se dan cuenta de la forma que tienen de dirigirse a los demás: siempre dando órdenes; soltando la bronca, nunca piden las cosas por favor, hablan en imperativo; elevan la voz; discuten… ¿Sutileza? Eh, bue… Sinceramente eso no existe en España.

Pero si no estábamos discutiendo”, dicen los jefes españoles.Sólo les estaba diciendo a estos bolivianos cómo tenían que hacer las cosas. Claro, pero si usted no emplea códigos universales como “por favor”, o verbos en condicional como “podría usted”, y una sonrisa de vez en cuando, pensarán que usted es como los cómitres romanos, aquellos tipos que daban latigazos a los galeotes para que remaran más rápido.

Cuando los alemanes vienen a España les pasa lo mismo: “¿Por qué aquí nadie pide las cosas por favor?” me decía un alemán. “En Alemania sería casi un insulto”.

No se da cuenta este alemán de que ha aterrizado en el país que nunca dice “por favor”, un país que considera los tacos como parte del Patrimonio Cultural. No sería extraño que se elevara una propuesta para declarar los tacos y las palabrotas “Patrimonio de la Humanidad. Los tacos y las imprecaciones en español, los que mejor suenan en el mundo.

Y eso que no quiero entrar en la forma en que los españoles hablan por teléfono: levantan el auricular y cuando se pone alguien al otro lado, gritan: “¿Está Manolo?”. No se les ocurre que uno debe dar los buenos días y presentarse. Nooooo. Aquí el que llama, suelta, “¿Está Manolo?” y el que contesta dice: “¡Joder, aquí no hay ningún Manolo!”. Un país de formas encantadoras.

¿Han visto cómo atienden las chachas sudamericanas? Son más dulces, más amables y más educadas que el ejecutivo del BBVA mejor pagado. Por eso los restaurantes están encantados con sus camareras latinoamericanas, porque son más suaves y más educadas que las españolas.

Las agencias de comunicación como Llorente y Cuenca que tienen delegaciones en el extranjero, se ven obligadas a dar un repaso a los ejecutivos españoles expatriados que aterrizan por primera vez en, digamos, Argentina o Panamá. Por favor, hable bajito; no olvide decir por favor, sonría”.

Pero aquí, nada de nada.

Los españoles no se dan cuenta de cómo son percibidos. Piensan que cuando viajan al extranjero, el mundo les acoge como las personas más simpáticas del mundo. No es así. Los ejecutivos españoles, las empresarias españolas, los funcionarios de Exteriores españoles, parece que están de mal humor todo el tiempo porque no tienen empatía, su lenguaje es soez (en Iberoamérica soltar un taco en público es de mala educación), su tono es alto y sus maneras son hoscas.

Y eso que no quiero hablar de los españoles en Asia: allí, la sonrisa y la educación son signos de civilización. Justo lo que no tienen los españoles.

De modo que: ¡clases de cortesía para todos!

 

Lunes, a 22 de Febrero de 2010

 

Varios agentes trasladan el cacáver de un menor tiroteado en Caracas

Por Moisés Naím para elpais.com, 21/02/2010

El 16% de la población mundial en edad adulta se quiere ir de su país. Esto quiere decir que 700 millones de personas, más que toda la población del continente americano, dejarían su país para siempre si tuviesen los medios para hacerlo. Estos son los resultados de una encuesta que llevó a cabo la empresa Gallup en 135 países entre 2007 y 2009. Los investigadores de Gallup aclaran que estas respuestas reflejan aspiraciones más que intenciones, y que sólo una fracción de quienes desean emigrar lo hacen. Pero, en todo caso, las fuerzas que empujan a cientos de millones de personas a desear abandonar su tierra son lo suficientemente potentes como para que, en muchos países, el cómo, cuándo y adónde emigrar se haya convertido en un tema recurrente de las conversaciones cotidianas.

Salvo en casos extremos, donde la guerra o la carestía material hacen que marcharse sea la única forma de sobrevivir, la emigración no es para todos. En general, quienes se aventuran a iniciar una nueva vida en otro país son los más jóvenes y educados. Sólo el 10% de quienes sueñan con emigrar tiene más de 35 años, mientras que el 22% tiene entre 15 y 34 años. El 40% tiene educación secundaria o superior y sólo un 11% no terminó la secundaria. Pero el principal factor que define a quienes desearían mudarse a otro país es que tienen familiares y amigos que ya emigraron y con quienes se mantienen en contacto. Gallup encontró que el 59% de quienes respondieron que les gustaría emigrar tienen o han tenido en los últimos cinco años un familiar viviendo en otro país, mientras que sólo el 13% no tiene a nadie en el exterior con quien pueda contar.

La inseguridad se está convirtiendo cada vez más en el detonante para abandonar el país

"¿Cuál es tu Plan B?" es una pregunta que en muchos países se hace con una trágica naturalidad. Todos saben que el Plan B significa irse del país. En Venezuela, Guatemala, Nicaragua o Ecuador, prepararse para la triste pero inevitable contingencia de tener que emigrar cuando la ya precaria situación se haga invivible forma parte de la experiencia de la clase media. Si bien la mala situación económica y la falta de oportunidades son fuertes motivaciones para emigrar, cada vez más la inseguridad personal -los frecuentísimos robos, secuestros y asesinatos- se convierte en el detonante de la decisión de abandonar la patria. "Estoy dispuesto a no tener todo lo que me gustaría tener", me dice Arturo, un joven profesional guatemalteco, "pero no quiero vivir con miedo de salir a la calle. Por eso me fui". Elena, que es venezolana, ingeniera industrial y la primera persona de su familia que obtuvo un título universitario, me cuenta que decidió emigrar después de que la violasen... por segunda vez. "La primera vez fue muy traumática, pero decidí que no les daría el poder de cambiarme la vida. Me mudé de Maracaibo a Caracas. Un año después, saliendo del cine con mi novio, nos hicieron un secuestro express; nos tuvieron en un carro toda la noche obligándonos a sacar dinero de los cajeros automáticos, me violaron varias veces y a mi novio le dieron una terrible paliza. Eran militares. Pocos días después me fui a Miami, donde sigo ilegal, trabajo como camarera y vivo en un cuarto alquilado. No volveré más nunca". Hace pocos días, Javier Aguirre, el entrenador de la selección mexicana de fútbol, anunció en una entrevista que se iría del país porque vivir en México se le hacía intolerable debido a la inseguridad.

Arturo, Elena y Javier Aguirre son el tipo de gente con la cual se construye una sociedad decente y próspera. ¿Decidieron ellos irse o su país los expulsó? No importa. El hecho es que sus respectivos países ya no cuentan con su talento. Y lo que más importa es que millones como ellos están pensado en irse, y que esos sueños de emigración atenúan su compromiso con su nación y acortan su horizonte temporal. Quienes piensan en emigrar no tienen muchas razones para tener proyectos de largo plazo en un lugar que quizás abandonen. Éste es el empobrecedor proceso que transforma a los ciudadanos de un país en meros habitantes de su territorio. Y cuando un país tiene más habitantes que ciudadanos, su futuro no puede ser bueno.

 

Lunes, a 22 de Febrero de 2010

El director técnico mexicano genera polémica al criticar la inseguridad y anunciar que debido a la misma no vivirá en el país

Por Gabriela Warkentin para elpais.com, 18/02/2010

La ecuación es casi predecible: 'personaje público y popular' + 'declaración controvertida' = 'escándalo seguro'. El respetable se alborota, la comentocracia se desborda: las pasiones nunca se hacen esperar.

Revisemos lo sucedido. Javier Aguirre, otra vez entrenador de la selección Mexicana de Fútbol (y en su momento del Osasuna, del Atlético de Madrid, del Pachuca, etcétera), habló, tocó fibras y nos obligó a vernos en diferentes espejos.

En una entrevista, hace unos días, para la Cadena SER, Aguirre comentó la situación de inseguridad que se vive en México; contundente, soltó un repetido "jodido" para calificar lo que aquí se vive (las inundaciones, puntualizó, pero sobre todo la delincuencia y la violencia); matizó al declarar "¡hombre!, no es Haití"; se refirió a la supuesta tranquilidad de hace décadas, cuando los malos se mataban entre ellos, pero dejaban en paz a la sociedad; y sentenció que al terminar el Mundial 2010, regresará a Europa, como sea, porque vivir en México "¡no!". Habló también de la Selección mexicana para ubicarnos en la realidad de sus alcances. Y, bueno, de la radio española a los medios mexicanos: el trecho terminó siendo corto para encender la mecha de las pasiones.

Reacciones ha habido muchas. Entre las airadas están desde quienes mentan la progenitora de Javier Aguirre, le exigen que se largue ya, lo tildan de malinchista (genérico para nombrar al mexicano que ama lo extranjero), le recuerdan que de por sí hace mucho no vive en el país (reside en Miami y parte de su familia en España), le restriegan los millones que recibe, y un montón de linduras más. Entre quienes se dedican al turismo salen reclamos contra Aguirre: "sus palabras no ayudan a reactivar la imagen del país, ¡joder!" (ésta se convierte en la palabra de cambio).

También hay reacciones de apoyo, o que secundan lo dicho: voces que reclaman la hipocresía de quienes se enojan ("¡a poco no todos nos iríamos de México si pudiéramos!"). Un estudiante recuerda una conferencia de hace algunos meses en que un profesor preguntaba quiénes se irían de México si pudieran, y sólo dos personas no levantaron la mano. Algunos reconocen la sinceridad de Javier al expresar lo que tantos sienten. Por ahí otro más sentencia: ¡ya vámonos todos, el último que apague la luz! Y sí, otro montón de linduras más.

Javier Aguirre es un personaje que me cae bien, por sus logros, sin duda, pero sobre todo por su forma de ser: directa, casi bronca. Y sin duda lo que dijo en la entrevista radiofónica refleja no sólo lo que muchísimos mexicanos sienten o piensan, sino también algo de lo que sucede en el país. Yo misma, en éstas y otras páginas, he sido profundamente crítica con el rumbo que está tomando México, con la violencia que se nos contagia a diario. No puedo negar la tragedia de los millones de jóvenes que han visto cancelado ya no su futuro, sino el presente mismo, ante la imposibilidad de trabajar o estudiar. Sigo señalando el peligro que implica la polarización extrema (en temas políticos, sociales, morales) que se atiza a la menor provocación. Recuerdo las tareas pendientes en materia de calidad y cobertura de la educación, de densidad y participación ciudadanas, de democracia comunicativa, de reconocimiento y celebración de las diferencias. Temo la embestida conservadora que se deja sentir cada día más y amenaza con cancelar los avances logrados en reconocimiento de derechos. En fin, yo misma podría decir que mucho de lo que pasa en México ¡está jodido! (para ponerme a tono con la expresión en turno). Pero algún prurito me recuerda que, con todo, Javier Aguirre es Javier Aguirre, entrena a la Selección Mexicana y sus palabras tienen el peso de su innegable proyección simbólica.

No hagamos, sin embargo, una tormenta en un vaso con agua. Más allá del tono un poco condescendiente y de cierta arrogancia, con que Aguirre dijo lo que dijo -chocante para nuestra a veces muy delicada sensibilidad nacional-, y sí, sin olvidar que hace menos de un año acompañó al Presidente Calderón en el lanzamiento de la campaña Vive México para reactivar la industria turística mexicana, reconozcamos que en lo dicho se reflejan verdades y percepciones que son las que debemos atender. Nombrar las cosas no implica crearlas, si acaso hacerlas visibles. Y no nombrarlas tampoco implica desaparecerlas, si acaso reprimirlas.

Cuando los famosos hablan, las palabras resuenan. Recordemos el escándalo de hace apenas unos días, al twittear el colombiano Juanes una especie de clave del supuesto Blackberry del venezolano Hugo Chávez (ingeniosamente encriptada como H1J0D3PU7A). La herida fue tal que incluso a los simples mortales que en algún momento re-twitteamos el episodio, nos fue como en feria. Por eso las palabras y el tono de Javier Aguirre importan. Por quien es, por lo que representa y porque lo que vivimos en México no es juego de niños: es una realidad dolorosa y sentida. Aunque si lo expresado ayuda a que se acentúe la conciencia de que somos los mismos mexicanos los que debemos poner manos a la obra y seguir trabajando para que los intríngulis se desanuden y los escenarios se clarifiquen, bienvenido sea.

Lo sé, lo sé... suena ingenuo esto último que escribí, pero, ni modo, soy de las que quieren seguir viviendo en México, con todo y lo que se jodió. Así que, Javier, muy a la mexicana: ¡no nos ayudes compadre! O, bueno, ayúdanos un poco más.

Gabriela Warkentin es Directora del Departamento de Comunicación de la Universidad Iberoamericana, Ciudad de México; Defensora del Televidente de Canal 22; conductora de radio y TV; articulista.

 

Domingo, a 24 de Enero de 2010

Leído en Guerra y Paz

Detrás de cada catástrofe se moviliza toda la solidaridad, comprensible y necesaria. Aviones con ayuda humanitaria, fletados por Gobiernos, cargamentos de medicina, agua potable, llevados hasta la zona devastada por ONG que han recibido dinero de ciudadanos conmocionados por las horrendas imágenes y relatos que les llega desde los medios de comunicación… El mundo se vuelca estos días con Haiti.

Pero dentro de esta catástrofe, como pasó con el Tsunami de 2004, o el huracán Katrina, siempre hay un buen negocio detrás. Como indica Naoimi Klein en “La doctrina del shock” (ver vídeo al final del escrito), la conmoción que genera los desastres naturales o zonas arrasadas por guerras es aprovechada para hacer negocios y/o crear un ambiente propicio para ellos: la sociedad, la opinión pública, está demasiado conmocionada para reaccionar ante una recorte de derechos, ante una invasión por “razones humanitarias” y no protesta al ver cómo sus donativos/impuestos van a manos de contratistas privados que van a trabajar en pro de la reconstrucción.

Jeffrey D. Sachs, director del Instituto de la Tierra en la Universidad de Columbia, estima en un artículo que publica el The Washington Post que Haiti necesitará 14.000 millones de dólares al año para hacer frente a esta catástrofe. Actualmente, Haiti, uno de los países más pobres del planeta, recibe 300 millones de dólares de la comunidad internacional. Da pistas de quien puede acudir a gestionar ese dinero: desde las ONG, pasando por contratistas privados, hasta llegar a empresas chinas (o el mismo Gobierno chino), que se están especializando en construir infraestructuras por los países africanos a un ritmo de vértigo, trayendo hasta los obreros de China. Omite Sachs que esto no lo hacen por amor al arte, sino como tratos comerciales de intercambio de materias primas a cambio de construcción de infraestructuras.

El ambiente es tan propicio para el negocio que existen empresas privadas especializadas en rescates de víctimas en zonas de catástrofe. Así, el equipo va enviado no a rescatar a personas (como los bomberos que envían los estados), sino a rescatar a alguien en concreto. Un ejemplo haitiano: un grupo de estudiantes de la Universidad de Lynn (Florida, EE UU) se encontraban en Haití, participando en un programa de cooperación. Ante la falta de noticias de sus alumnos, el centro educativo ha decidido contratar a una empresa privada (parece ser que Red24, que ya opera en la zona), especializada en rescates.

El negocio en estas situaciones de crisis no es algo casual e improvisado. La International Peace Operations Association (IPOA) engloba a unas 60 compañías privadas especializadas en el negocio de las llamadas operaciones humanitarias. Estas compañías (entre las que llegó a figurar Blackwater) no son ONG sin ánimo de lucro, sino todo lo contrario. La IPOA ofrece en su página web los contactos de las distintas empresas que están listas para actuar en Haiti, desde empresas especializadas en temas de seguridad que venden sus servicios contra los repetidos pillajes (como puede ser Triple Canopy), empresas especializadas en suministros de equipos médicos, o empresas dedicadas a proporcionar transporte aéreo, desde helicópteros a aviones para hacer llegar los suministros. La privatización no solo afecta a las guerras, sino sobre todo a la llamada ayuda humanitaria. La paradoja es que empresas que operan en el sector de la guerra, son las mismas que se ofrecen en el sector de la ayuda.

 

Jueves, a 21 de Enero de 2010

Por Carlos Fuentes para elpais.com, 21/01/2010

Miro una foto de una tristeza, dolor, crueldad y violencia inmensas: un hombre toma del pie el cadáver de un niño y lo arroja al aire. El cuerpo va a dar a la montaña de cadáveres -decenas de millares en una población de 10 millones-. Saldo terrible del terremoto en Haití. Cuesta admitir que una catástrofe más se añada a la suma catastrófica de esta desdichada nación caribeña. El 80% de sus habitantes sobrevive con menos de dos dólares diarios. El país debe importar las cuatro quintas partes de lo que come. La mortalidad infantil es la más alta del continente. El promedio de vida es de 52 años. Más de la mitad de la población tiene menos de 25 años. La tierra ha sido erosionada. Sólo un 1,7% de los bosques sobreviven. Tres cuartas partes de la población carece de agua potable. El desempleo asciende al 70% de la fuerza de trabajo. El 80% de los haitianos vive en la pobreza absoluta.

En este país, si la naturaleza es impía más lo es la política humana

Los huracanes son frecuentes. Pero si la naturaleza es impía, más lo es la política humana. Primer país latinoamericano en obtener la independencia, en 1804, se sucedieron en Haití gobernantes pintorescos que han alimentado el imaginario literario. Toussaint L'Ouverture, fundador de la República, depuesto por una expedición armada de Napoleón I. El emperador Jean-Jacques Dessalines extermina a la población blanca y discrimina a los mulatos, pero es derrotado por éstos. Alexandre-Pétion, junto con el dirigente negro Henry Christophe, convertido en brujo y pájaro por Alejo Carpentier en su gran novela El reino de este mundo, espléndido resumen novelesco del mundo animista de brujos y maldiciones haitianas. Fueron los "jacobinos negros".

El verdadero maleficio de Haití, sin embargo, no está en la imaginación literaria, ni en el folclore, sino en la política. Sólo después de la ocupación norteamericana (1915-1934), Haití ha sufrido una sucesión de presidentes de escasa duración y una manifiesta ausencia de leyes e instituciones, vacío llenado, entre 1957 y 1986, por Papá Doc Duvalier y su hijo Baby Doc, cuyas fortunas personales ascendieron en proporción directa al descenso del ingreso de la población, el desempleo y la pobreza. Patrimonialismo salvaje que intentó corregir, en 1990, el presidente Jean-Baptiste Aristide, exiliado en 1991, de regreso en 1994, y desplazado al cabo por el actual presidente René Préval.

Este carrusel político no da cuenta de las persistentes dificultades provocadas por la guerra de pandillas criminales, herederas de los terribles tonton-macoutes de Duvalier, incontenibles para una policía de apenas 4.000 hombres y avasallada por las realidades de la tortura, la brutalidad, el abuso y la corrupción como normas de la existencia.¿Qué puede hacer la comunidad internacional sin que los préstamos del Banco Mundial o del Banco Interamericano desaparezcan en el vértigo de la corrupción? La presencia de una fuerza multinacional de la ONU, la MINUSTAH o Misión Estabilizadora (con gran presencia brasileña) ha contribuido sin duda a disminuir el pandillismo, los secuestros y la violencia. La inflación disminuyó de 2008 acá de un 40% a un 10% y el PIB aumentó en un 4%. Prueba de que hay soluciones, por parciales que sean, a la problemática señalada. Pero hoy, el terremoto borra lo ganado y abre un nuevo capítulo de retraso, desolación y muerte.

La comunidad internacional está respondiendo, a pesar de que Puerto Príncipe ha perdido su capacidad portuaria, el aeropuerto tiene una sola pista y el hambre, la desesperación y el ánimo de motín aumentan. El presidente Barack Obama ha dispuesto (con una velocidad que contrasta con la desidia de su predecesor en el caso del Katrina en Nueva Orleans) medidas extraordinarias de auxilio.

Obama ha tenido cuidado en que el apoyo norteamericano sea visto como parte de la solidaridad global provocada por la tragedia haitiana, y ha hecho bien. Las intervenciones norteamericanas en Haití están presentes en la memoria. Entre 1915 y 1934, la infantería de marina de Estados Unidos ocupó la isla y sólo la llegada de Franklin Roosevelt a la Casa Blanca le dio fin a la intervención. No hay que ser pro-yanqui para notar que la ocupación trajo orden, el fin de la violencia y un programa de obras públicas, aunque no trajo la libertad, ni acabó con la brutalidad subyacente de la vida haitiana.

La presencia actual de muchas naciones y muchas fuerzas, militares y humanitarias, en suelo haitiano, propone una interrogante. Terminada la crisis, pagado su altísimo costo, ¿regresará Haití a su vida de violencia, corrupción y miseria?

Acaso el momento sea oportuno para que la comunidad internacional se proponga, en serio, pensar en el futuro de Haití y en las medidas que encarrilen al país a un futuro mejor que su terrible pasado. Que dejado a sí mismo, Haití revertirá a la fatalidad que lo ha acompañado siempre, es probable. Que la comunidad internacional debe encontrar manera de asegurar, a un tiempo, que Haití no pierda su integridad pero cuente con apoyo, presencia y garantías internacionales que asistan a la creación de instituciones, al imperio de la ley, a la erradicación de la pobreza, el crimen, la tradición patrimonialista y la tentación autoritaria, es un imperativo de la globalidad.

Ésta, la globalización, encuentra en Haití un desafío que compromete la confianza que el mundo pueda otorgarle a la desconfianza que todavía la acecha. La organización internacional prevé (o puede imaginar) maneras en que Haití y el mundo unan esfuerzos para que la situación revelada y subrayada por el terremoto no se repita.

Haití no debe ser noticia hoy y olvido pasado mañana. Haití no cuenta con un Estado nacional ni un sector público organizados. Los Estados Unidos de América no pueden suplir esas ausencias. La inteligencia de Barack Obama consiste en asociar a Norteamérica con el esfuerzo de muchos otros países. Porque Haití pone a prueba la globalidad devolviéndole el nombre propio: internacionalización, es decir, globalidad con leyes.

P.S. Una manera de entender a Haití más allá de la noticia diaria consiste en leer a algunos autores de un país de cultura rica, economía pobre y política frágil. Me refiero a Los gobernadores del Rocío de Jacques Roumain, un autor que partió de una convicción: el orgullo de los haitianos en su cultura. Tanto en Los gobernadores como en La presa y la sombra y La montaña encantada, Roumain resume en una frase el mal de Haití: "Todo mi cuerpo me duele". Junto con él, los hermanos Pierre Marcelin y Philippe Thoby-Marcelin escribieron la gran novela del Haití del vudú, las peleas de gallos y la superstición, Canapé-Vert, así como El lápiz de Dios y Todos los hombres están locos. Esta última prologada en inglés por Edmund Wilson, quien ve en ella, más allá del drama de Haití, "la perspectiva de las miserias y fracasos de la raza humana, nuestros amargos conflictos ideológicos y nuestras ambiciones aparentemente inútiles".

Carlos Fuentes es escritor mexicano.

 

Martes, a 19 de Enero de 2010

Tirando de hemeroteca recuperé un artículo que leí sobre un libro que hablaba de ciudades “basura” en países extremadamente pobres, entre ellos Haití.

En el texto del artículo, se remarcaba las palabras de una madre haitiana del Cité-Soleil de Puerto Príncipe que decía, copio literalmente, lo siguiente: “Por todas partes hay un agua verdosa y maloliente. Los mosquitos nos devoran. Mi hijo de cuatro años tiene bronquitis, malaria y ahora parece que también tifus. El médico dice que si no lo cuido lo perderé”.

Al leerlo, sentí un profundo escalofrío y pude imaginar, ¡me costó mucho imaginar algo así desde mi cómoda vida europea!, la situación de extrema angustia y dolor en el que se encontraba esa madre con su niño en brazos.

Lo más grave de las palabras de esa madre no está en las propias palabras en sí, ni son producto del dolor por la nueva desgracia que asola la parte occidental de La Española: el terremoto del 12 de enero. No, eso no es lo más grave.

Lo realmente dramático y inconcebible es que las palabras aparezcan en el libro de Mike Davis Planeta de ciudades miseria y que estén escritas hace más de tres años.

¿Qué clase de mundo habitamos si sabiendo como sabemos que pasan esas cosas, no nos revelamos en masa y exigimos una solución global? ¿Cómo es posible que nuestros impuestos, esos que lo mismo valen para construir una autopista que para financiar ilegalmente a unos políticos corruptos, cómo es posible, repito, que nuestros impuestos no sirvan para solucionar los problemas de países, como Haití, que están peor que hace 200 años?

¿Cómo es posible que para algún obispo sea más grave la "situación moral" de España –ver información 1, más abajo- que la muerte de más de 60.000 haitianos? ¿Es moralmente aceptable que esos mismos obispos, los que se rasgan las vestiduras ante la ley del aborto o del divorcio express, no hayan dicho ni una palabra sobre la desgracia de Haití? ¿Qué es más importante ante su dios, salvar un óvulo fecundado o proteger la vida de los niños que malvivían en las calles de Cité-Soleil de Puerto Príncipe? ¿Por qué los obispos y curas de mi país convocan tantas manifestaciones en contra del aborto y no han convocado ninguna en contra de las miserias y injusticias del mundo? ¿No es denigrante e inmoral que el Papa Benedicto XVI recibiera en audiencia privada hace pocos meses al actual Presidente de Haití, para darle su bendición, sabiendo como sabe cuál es el extremado grado de corrupción que tiene su gobierno y cuán miserable es la vida de los haitianos? ¿Y qué decir de Juan Pablo II, que apoyó, amparó, jaleó y mantuvo como sacerdote al anterior presidente de Haití, Jean-Bertrand Aristide, responsable de los “chiméres” que mataron a machete, fuego y balas a miles de haitianos?

¿Aún nos sorprende lo que está pasando en Haití? A mi no me sorprende: lo que está pasando es producto de doscientos años de miseria, vilezas y traiciones; es el resultado de doscientos años de expolio y corrupción.

Ahora, con más de 60.000 muertos tirados en las calles o bajo los escombros, todos nos rasgamos las vestiduras y mandamos ayuda para solucionar lo insolucionable. El mal ya estaba hecho antes del terremoto y los muertos no van a revivir con ayuda extemporánea.

Ahora se habla de reconstruir el país, pero... ¿Cómo creéis que van a reconstruir Haití? Si por “reconstruir” entendemos que se vuelvan a levantar las deleznables casuchas de hojalata y maderas, sin servicios sanitarios, o se construyan edificios sin ningún tipo de seguridad sísmica, mejor no hacer nada.

Entonces, ¿Cómo debería ser la reconstrucción de Haití? ¿Empezando desde “0”, levantando un país nuevo y moderno? Esa me parecería la perfecta solución... pero, ¿Quién dirigirá esa reconstrucción? ¿Los mismos gobernantes que han expoliado a su pueblo, los René Préval o los Jean-Bertrand Aristide de turno? ¿O tal vez el Fondo Monetario Internacional y los EEUU, que dirigieron con mano de hierro las políticas económicas de Haití durante los últimos 100 años? ¿O los franceses, con sus políticas de expolio miserable de 200 años de deudas -ver información 2, más abajo-?

Si no se va a tomar en serio la solución de un asunto tan serio, mejor no hacer nada.

Alfredo Webmaster

 

 


 

Nota 1

Lo dicho por el Obispo de San Sebastián, José Ignacio Munilla, son las palabras más miserables y faltas de “caridad cristiana que oí en mi vida: "Lamentamos muchísimo lo de Haití, pero igual deberíamos, además poner toda nuestra solidaridad y recursos económicos con esos pobres, llorar por nosotros y por nuestra pobre situación espiritual. Quizá es un mal más grande el que nosotros estamos padeciendo que el que esos inocentes están sufriendo" y “el mal que sufren esos inocentes no tiene la última palabra, porque Dios les ha prometido la felicidad eterna”.

Para evitar que me tachéis de laicista, ¡Que lo soy!, nada mejor que leer los artículos de opinión que, sobre estas inmorales palabras, escribieron dos teólogos católicos de fama mundial: Juan José Tamayo y Juan Masiá Clavel, en la web Redes Cristianas.

 

Nota 2

Interesantísimo artículo de Rubén Cortés, publicado en México, que nos recuerda la triste historia de un país triste y desamparado, al que una metrópoli, Francia, esquilmó económicamente durante 200 años

Haití, crimen de Francia, por Rubén Cortés para razon.com.mx, 14/01/2009

¿Por qué República Dominicana es el único país latinoamericano cuya economía creció en la actual crisis y, además, controla su inflación, posee una moneda estable, buen ritmo de inversiones extranjeras y una infraestructura que se moderniza?

¿Por qué Haití, tras haber sido en los siglos XVII y XVIII la colonia más rica de América, es el país más atrasado del mundo, atascado de hambre, desempleo, violencia, corrupción, despotismo, caos político, pistolerismo callejero y paralización económica? ¿Por qué estas diferencias si ambos países comparten la isla?

Porque a República Dominicana, por pobre que haya seguido siendo después de su independencia, en 1844, nunca fue abandonada por España, su metrópoli, y, de su mano, tampoco por las vanguardias culturales y económicas provenientes de Europa.

Pero Francia, como metrópoli, sumió a Haití en un desamparo eterno, ciega de rencor por el revés de los remanentes del Ejército napoleónico ante las huestes de Mackandal y Toussaint-Louverture en la revuelta que acabó con la independencia haitiana en 1804.

Desde entonces, los franceses mostraron la más honda indigencia de pensamiento, al ser incapaces de superar el desdoro que supuso que una guerrilla de negros desharrapados les matara 60.000 soldados y dejara mal parado el prestigio de Napoleón.

Así han sido con Haití los franceses, a pesar de que sólo 15 años antes de la revolución haitiana ellos mismos habían hecho otra que significó el triunfo de un pueblo pobre, oprimido y cansado de injusticias sobre los privilegios de la nobleza feudal y del Estado absolutista.

Pero Francia no restableció las relaciones diplomáticas hasta que, en 1825, Haití aceptó pagarle 150.000.000 de francos por la pérdida de sus esclavos: una suma similar al presupuesto anual de Francia de la época y a 10 años de los ingresos de Haití.

Es un hecho que todavía mancha la historia de Francia, pues para pagar la compensación la desde entonces destrozada Haití tuvo que pedir el dinero prestado a… los propios bancos franceses.

Y aunque consumieron por más de un siglo el 80 por ciento de sus recursos, la pobre pero honorable Haití terminó de pagarle aquellos 150.000.000 de francos a la inmensamente rica pero mezquina Francia, en 1947. O sea, hasta el otro día.

Mucha pompa universal de “igualdad, fraternidad y libertad”, pero olvidó Francia que, en el apogeo de la trata negrera del siglo XVIII, Haití le producía mayores ingresos que los que a Inglaterra las 13 colonias que luego serían los Estados Unidos de América.

Sin embargo, se debe de reconocer que al cabo de 200 años, y compungida ante el terremoto de 100.000 muertos registrado antier, Francia ha hecho algo por Haití: no deportará a más haitianos indocumentados… por ahora.

Chapeau.

 

Domingo, a 17 de Enero de 2010

En los próximos meses y años, se empezarán a celebrar por toda Latinoamérica el Bicentenario de las independencias de los diversos países que componen el cono sur del continente.

Siendo como son actos de reafirmación de los valores patrios y de exaltación del momento histórico en que se conquistó la independencia de la metrópoli, España, muchos de ellos también serán de recuerdo para las muchas barbaries que cometieron, en la conquista de América, nuestros antepasados.

A estas alturas de la historia, no creo que nadie niegue que los españoles que llegaron a la América en los siglos XV, XVI y XVII, además de ser portadores de algunos valores reseñable de cultura y modernidad, también fuimos la mano ejecutora de actos nada honrosos y de destrucción, ya sea de las culturas precolombinas como de pueblos enteros, que no sobrevivieron al empuje de los conquistadores. Es parte de la historia común que compartimos entre todos. Es historia común; no se puede, no se debe, olvidar. Pasó, y pasó.

Asumiendo la parte de culpa que como país tuvimos en algunos de los desastres, también es de justicia reconocer que después de los 300 años de dominación colonial española, vinieron 200 años de independencia y soberanía local. Esos dos últimos siglos (parte del XIX, XX e inicio del XXI) fueron para la humanidad en su conjunto, los más prodigiosos en avances (industria, cultura, calidad de vida, libertad) y prosperidad. Lo que ese espectacular progreso significo en cada uno de los países americanos, es, en todo caso, responsabilidad de los nuevos gobiernos independientes, para lo bueno y para lo malo.

Igual que ahora, en pleno siglo XXI, los españoles no nos podemos sentir orgullosos de que unos poquísimo miles de nuestros soldados fueran capaces de conquistar un continente completo, a sangre y fuego, ¡cierto!, tampoco tenemos por que sentirnos culpables de algo que ya es parte de la historia. Ni debe haber recuerdos de glorias pasadas ni tampoco reproches por lo que otras gentes hicieron en otro tiempo.

Pasó, y pasó: Latinoamérica y España tiene que aprender a convivir con una historia común, que es muchísima y muy valiosa.

Alfredo Webmaster

 

 



 

La traca del Bicentenario, por Miguel Ángel Bastenier para elpais.com, 13/01/2009

Comienza la gran traca del Bicentenario. Los 200 años de las primeras declaraciones latinoamericanas que hoy se asimilan, redondeando conceptos, a proclamaciones de independencia, estallarán durante 2010, con España como monigote de pim pam pum y huésped de honor en el banquillo de los acusados.

Lo que se declaraba no era la independencia, sino que ante la soberanía cesante de España, sojuzgada por Napoleón, los criollos reivindicaban su autogobierno, aunque únicamente, se entiende, hasta que Fernando VII recobrara su augusto trono. Cabe argumentar que una declaración de ruptura con España no era directamente asumible por aquellas repúblicas de propietarios en un mar de indigentes de otro color, con lo que habría que ver esa rebeldía como táctica que no osaba aún ser estrategia; pero, también, que la fórmula transaccional permitía imaginar otro final contando con que parte del “criollato” —que sí existió— aceptara una soberanía interior sin desvinculación completa de la metrópoli, como ha argumentado el historiador ecuatoriano José Cañizares Esguerra y, sobre todo, con la prudencia de las Cortes de Cádiz —que no existió— para reconocer en pie de igualdad al mundo hispanoamericano. Pero esa solución era demasiado moderna.

Los propósitos que animan a los gobernantes latinoamericanos son tan variados como su procedencia. La Colombia del presidente Uribe, con mucho criollo en el poder, quisiera celebraciones apacibles sin réprobos ni verdugos, pero ya se encargarán algunos fierabrás de la izquierda de hablar de genocidio; y lo mismo cabría decir de México, cuya dirigencia aunque es más hispánica que el sepulcro del Cid, el mestizaje del país y lo a mano que cae recordar a Hernán Cortés crearán tensiones en todo el espectro político. Y Argentina, una presunta Europa en el cono sur, que gobierna una diarquía de apellido Fernández —¿o es Kirchner?— bailará al son que convenga para sobrevivir a una sociedad cada día más díscola en su proliferación de peronismos. Pero el maremoto es, sobre todo, caribe y andino.

El bolivariano Chávez concibe las celebraciones como una recuperación de tono muscular ante unas elecciones legislativas en septiembre, que si hay que creer a las encuestas deberían preocuparle. El presidente Evo Morales, indio aymara, presenta enmienda a la totalidad: “No hubo colonización, sino invasión para robarse nuestros recursos”, ha dicho y, puestos a festejar, considera mucho más reivindicables algunas algaradas indígenas del XVIII, que el torpor con que La Paz enfocó la independencia, más preocupada por librarse de Buenos Aires que de Madrid, razón por la cual no hubo grito de independencia hasta 1825.

¿Qué va a ser de España en ese ‘acompañamiento’ votivo? Celebrar, financiar y no tomar ninguna iniciativa sin consensuarla con México, Colombia, Argentina, Perú y Chile; dialogar con Bolivia y Venezuela, que con Ecuador, bajo Rafael Correa y pese a su bolivarianismo, no hay problema. Y explorar cómo puede España reconocer su responsabilidad, pero sólo conjuntamente con el criollo que fue brazo ejecutor de tanto abuso y crimen contra el indígena y el esclavo durante la colonia y en la independencia, porque los pecados del pasado, como subraya el guatemalteco Severo Martínez Peláez en “La patria del criollo”, no se olvidan; y España necesita hacer borrón y cuenta nueva.

 

 

Viernes, a 8 de Enero de 2010

Imperdonable: el 4 de octubre murió Mercedes Sosa. Pese a ser una de mis cantautoras preferidas, no tuve para ella el recuerdo que se merecía.

La Negra” Sosa no era una cantante al uso. Ni era rubia ni bailaba, no vestía lindos trajes ni portaba joyas valiosas. Su arte, su calidad, su inmensa humanidad emanaba de forma natural y hacía que cada una de sus palabras sonara importante y trascendental; nada en ella era artificial o banal. Su voz era la voz de la América más racial y sentida: “Todas las voces todas…. siento al caminar toda la piel de América en mi piel” (versos de “Canción con todos”). Mercedes era la voz de unas tierras, de unas razas, de unos olores, de unos sueños… de unos sentimientos.

Oír el “Sólo le pido a Dios” en su voz poderosa y profunda, hace que se te remuevan las entrañas y sientas necesidad de clamar por la justicia social; su “Alfonsina y el mar” saca a flote el lirismo más exacerbado de una canción de muerte; “Volver a los 17 no sonaría igual  si la imaginamos en otra voz que no sea la suya; “Años” sería distinta si el contrapunto no lo pusiera ella. ¿Quién mejor que ella para gritar “Gracias a la vida”, quién mejor que la Negra para decirnos el “… que me ha dado tanto”?

Leí una dedicatoria a Mercedes que quiero que conozcáis; está escrita por los dos componentes de un grupo de música rapera puertorriqueña que no conocía, Calle 13. Ellos, René Pérez, "Residente", y Eduardo Cabra, "Visitante", expresan con emoción lo que sienten por ella, lo que representó en sus vidas, y en las de millones de sudamericanos, en su lucha por la libertad y la democracia:

 

 

Estoy en el medio del océano atlántico. Sentado encima de una hamaca en una islita llamada Ukuptupu. Rodeado por arena, una cerveza, varios insectos, gente bonita durmiendo cerca, una libreta y mi bolígrafo de la suerte.

Mirando ‘pa’ mi lado izquierdo, ‘pa’ donde la neblina tapa el mar y la noche tapa a las nubes comencé a recordar la primera vez que escuché a Mercedes Sosa. Una voz fuerte que recitaba las palabras de León Greco, “Solo le pido a Dios” y que se había metido por las orejas de Pinochet para sembrarle en el tímpano las palabras de Julio Numhauser con “todo cambia”. Esa voz que escuché le da esperanza a los habitantes de una islita que se ahoga en el mar Caribe. Su voz me conectó con todo lo que la escuela no me quiso enseñar. Me reveló todo lo que me trataron de esconder. Le inyectó vitaminas a una colonia deshidratada, a mi isla Puerto Rico, una isla que lucha poco porque sabe poco.

La voz de Mercedes hizo que mi papá lanzara piedras cuando había que lanzarlas. Logró que un pueblo que siempre había sentido miedo sintiera menos miedo. Con su voz la bandera estadounidense se desaparece y mi bandera parece que está sola: ¡Mercedes hace magia!

Con su voz los desaparecidos aparecen y abrazan a sus madres. Logró que el folklore se escuchara más alto que una canción de Madonna.

Le regaló sustancia a los jóvenes. Hoy muere, pero su voz queda como referencia para futuras voces. Mercedes Sosa fue una mujer que se atrevió a hablar como ningún hombre pudo.

Su voz es tan real como las necesidades latinoamericanas.

René Pérez, "Residente", y Eduardo Cabra, "Visitante" – Calle 13

Las letras de sus canciones no son sólo poemas para ser admirados; sus versos son los eslóganes para un pueblo que la amó y la admiró, y que también la lloró.

Pese a que su cuerpo reposa en el Cementerio de la Chacarita al lado de Carlos Gardel, Severino di Giovanni, Miguel de Molina o Waldo de los Ríos, ella revive con nosotros cada vez que cogemos la carátula de un vinilo, sacamos el disco y lo ponemos a girar: “Gracias a la vida, que me ha dado tanto…”.

La extrañaremos, si, mucho, pero ella estará allí siempre, acompañándonos: “Gracias a la vida, que me ha dado tanto…”.

Alfredo Webmaster

 

Mercedes  Sosa – “Canción con todos

 

Mercedes Sosa y León Gieco – “Sólo le pido a Dios

 

Mercedes Sosa – “Alfonsina y el mar

 

Mercedes Sosa y Pablo Milanés – “Años

 

Mercedes Sosa y Milton Nascimento – “Volver a los 17

 

Mercedes Sosa – “Gracias a la vida

  

Lunes, a 31 de Agosto de 2009

La fiscalía procesará a los ciudadanos que se manifiesten contra el Gobierno 

Por Maye Primera para elpais.com, Caracas, 30/08/2009

Protestar en las calles de Venezuela es, a partir de ahora, sinónimo de crimen. La fiscal general venezolana, Luisa Ortega, ha anunciado que abrirá procesos contra todos aquellos ciudadanos que "por cualquier motivo marchan" y que, en su opinión, sólo buscan "desestabilizar al Gobierno constitucionalmente electo". "Yo quisiera que aquellas personas que se alzan en actitud hostil contra el Gobierno legítimamente constituido, sepan cuáles son las consecuencias", dijo Ortega, mientras moderaba su programa de radio En sintonía con el Ministerio Público, que transmite todos los viernes una emisora del Estado. Su opinión es que "(estas) conductas encajan perfectamente en el delito de rebelión civil", que la ley venezolana castiga con penas de 12 a 24 años de cárcel.

El objetivo es tipificar las marchas como rebelión civil

A principios de julio, y también a través de su programa, Luisa Ortega también propuso al Parlamento que aprobara una polémica "ley contra delitos mediáticos" para castigar a los medios de comunicación que difundieran informaciones que "incitaran al odio" o generasen "zozobra" entre la población.

Los primeros "rebeldes", según el criterio de la fiscal, ya están tras las rejas. El prefecto de la ciudad y 11 trabajadores de la Alcaldía Mayor de Caracas -que gobierna el opositor Antonio Ledezma- fueron detenidos este miércoles por participar en la marcha que se realizó el sábado 22 de agosto contra la recién aprobada Ley Orgánica de Educación, que resta autonomía a las universidades y establece un sistema para fundar "la nueva conciencia" socialista en las escuelas. Todos ellos fueron acusados de "obstrucción de la vía pública", "instigación a delinquir" y lesiones contra policías. Según la fiscal, esta protesta, en la que participaron miles de venezolanos, fue convocada por los partidos y organizaciones civiles de oposición para generar "un clima de violencia" y "crear un escenario parecido al del 11 y 12 de abril de 2002, cuando se produjo el golpe de Estado en Venezuela" que sacó a Hugo Chávez del poder durante 48 horas.

La declaración de la fiscal no ha sido sino un signo más en la marcada tendencia del Gobierno de Hugo Chávez a la criminalización de la protesta. Desde 2007, al menos 300 estudiantes han sido detenidos por participar en las manifestaciones contra el cierre del canal privado Radio Caracas Televisión y contra la reforma constitucional propuesta por Chávez para establecer su reelección indefinida; desde entonces, 256 de ellos deben presentarse ante un juez de forma periódica y tienen prohibido salir del país.

Tanto el presidente Chávez como la fiscal Díaz han criticado al gremio de los periodistas, que también está en pie de protesta contra las crecientes amenazas contra la libertad de expresión en Venezuela. Hace dos semanas, 12 reporteros fueron agredidos con palos y piedras por un grupo de chavistas cuando repartían volantes en el centro de Caracas contra uno de los artículos de la nueva Ley de Educación, que establece el cierre inmediato de medios de comunicación que difundan contenidos que generen "terror" en los niños.

Chávez justificó la paliza al decir que esa protesta fue una "provocación" contra el pueblo, mientras la fiscal dijo que los comunicadores que participan en este tipo de actos dejan de ser periodistas y se convierten en políticos. Como responsable por esta agresión, sólo fue detenido un trabajador del canal estatal Ávila TV, liberado una semana más tarde.

 

Martes, a 30 de Junio de 2009

Toda violencia reaccionaria y antidemocrática empieza mal, pero terminan peor. Todos los golpes de estado empiezan mal, pero terminan peor.

El peor enemigo que existe para un golpista es la libertad de prensa.

Por eso, los golpistas y sus secuaces siempre tratan de eliminar lo único que les puede hacer daño: la libertad de prensa.

El vídeo que veréis a continuación, es la constatación de que lo sucedido en Honduras es un golpe de estado. Está grabado hace pocas horas.

Como en todos los regímenes totalitarios (recordad el reciente caso de Irán), los mensajes de libertad y de lucha sólo se puede ver por Internet.

Alfredo Webmaster

 

 

 

Lunes, a 29 de Junio de 2009

El Presidente Manuel Zelaya

Presidente Manuel Zelaya

Álvaro Uribe (Colombia) y Manuel Zelaya saludando a campesinos hondureños

 

Las claves para entender qué pasa en Honduras, por Ignacio Escolar (actualizado, aumentado y corregido el 29 de junio a las 14:56)

1- Lo que había convocado para el domingo, lo que los golpistas han impedido, no era la reelección permanente de Zelaya ni la presidencia vitalicia. Ni siquiera la reforma de la constitución. Lo que se votaba era una consulta no vinculante para preguntar a los hondureños si les gustaría que en las próximas elecciones, en las de noviembre, se votase también la creación de una asamblea constituyente que reformase la carta magna. En resumen: era algo en apariencia tan inofensivo como preguntar si se podía preguntar por reformar la constitución, algo que, por otra parte, la propia constitución hondureña impide.

2- La actual constitución de Honduras establece un mandato único a los presidentes de cuatro años. Zelaya termina el suyo este año y, en cualquier caso, no se podría presentar a la reelección porque para noviembre no estaría aprobada la reforma constitucional que él propone. Como mucho, habría sido posible que en esa fecha se votase la posibilidad de una reforma constitucional. Él mismo ha negado en varias entrevistas que tenga intención de presentarse a la reelección.

3- El parlamento está enfrentado con el presidente entre otras cosas porque Zelaya, un terrateniente acomodado y conservador que concurrió a las urnas por el Partido Liberal, ha hecho después una política de izquierdas y se ha aliado con Hugo Chávez. En Honduras gobiernan desde hace décadas dos partidos, el Liberal -de centro derecha- y el Partido Nacional -de derecha-. Hace unos días, el Congreso aprobó una ley para prohibir que se celebrase cualquier tipo de consulta 180 días antes de unas elecciones. Es una norma ad hoc, hecha para impedir el referéndum de Zelaya.

4- La constitución hondureña se redactó en 1982, bajo la tutela de una dictadura militar que pactó una transición. Es bastante fácil de reformar -basta con una mayoría de dos tercios del Congreso, de hecho el texto constitucional está lleno de correciones- salvo en algunos puntos, que se consideran irreformables, como la unidad de la patria o la no reeleción del presidente (el modelo de presidente no reelegible y no reformable se impuso a principios de siglo tras varias guerras civiles provocadas por ello). De hecho, su artículo 4 califica la “alternabilidad en el ejercicio de la Presidencia de la República” como obligatoria y califica la infracción de esta norma como “delito de traición a la Patria”, algo a lo que se agarran los golpistas argumentando que Zelaya, al plantear una reforma, ya es un traidor. Zelaya argumenta que no es así, ya que él no tiene intención de volver a presentarse, que es lo que le calificaría de traidor. Más claro es el artículo 239: “El ciudadano que haya desempeñado la titularidad del Poder Ejecutivo no podrá ser Presidente o Vicepresidente de la República. El que quebrante esta disposición o proponga su reforma, así como aquellos que lo apoyen directa o indirectamente, cesarán de inmediato en el desempeño de sus respectivos cargos y quedarán inhabilitados por diez (10) años para el ejercicio de toda función pública.”

5- El argumento que utilizó Zelaya para seguir adelante con su consulta, a pesar de las sentencias, la constitución y nuevas leyes en contra, era que no se trataba de un referéndum sino de una encuesta. En Honduras, el voto es obligatorio. No así en la consulta de Zelaya, donde el voto era opcional. Para sortear las sentencias, la “encuesta” iba a ser realizada por el equivalente hondureño al CIS, el Instituto Nacional de Estadísticas. La oposición argumentaba que la consulta estaría manipulada, pues el recuento lo haría un organismo que depende del presidente.

6- El Tribunal Supremo que ha ordenado la expulsión de Zelaya del país (según la surrealista explicación de los golpistas) no es un Tribunal Supremo equiparable a los europeos. Para empezar, porque su nombre completo es Tribunal Supremo Electoral, su composición, como la de la Corte Suprema de Justicia, emana del poder legislativo (es decir, del parlamento, de los partidos que están enfrentados con Zelaya, los golpistas que hoy han dado por bueno el golpe militar) y entre sus poderes está regular las elecciones pero no detener a los presidentes electos. No es la primera jugarreta de esta “institución”. Cuando Zelaya, inesperadamente, ganó las elecciones, el TSE retrasó durante más de un mes su acceso al poder con excusas técnicas.

7- Como jurídicamente no está establecido que el presidente deje de serlo porque el ejército lo detenga en su casa de madrugada para obligarle a abandonar el país, los golpistas han falsificado una carta de renuncia de Zelaya -que su supuesto autor ha negado- firmada hace unos días y donde se asegura que deja al cargo por motivos de salud. El Congreso ha votado hoy su destitución y el nombramiento de un nuevo presidente utilizándola como argumento.

8- La oposición política al presidente hace tiempo que utilizaba al poder judicial para boicotear su gobierno. Entre los casos más surrealistas está el de un plan para reducir el consumo de combustible y la contaminación que se denominó “Hoy no circula”, a imitación de otro similar de México DF, que funciona desde hace años. Zelaya pretendía obligar a todos los coches a que parasen un día a la semana. La Corte Suprema de Justicia lo declaró inconstitucional.

 

Sábado, a 23 de Mayo de 2009

Bicentenarios y autocrítica: España ha de saber reconocer los horrores de la conquista; no el genocidio que trompetea Chávez

Por M. A. Bastenier para elpais.com, 20/05/2009


España es la octava economía del mundo, tras Estados Unidos, Japón, China, Alemania, Reino Unido, Francia e Italia; si atendemos al poder de compra retrocede al 11º lugar, superada por India, Rusia y Brasil; con 24.000 euros, en la renta per cápita desciende al 25º; pero es el sexto inversor mundial, segundo en América Latina; en el índice de calidad de vida (Human Development Index) está el 13 ó 14; y el castellano, con 400 millones de hablantes, sólo cede paso al inglés en el mundo occidental. Pero si eliminamos a Estados como Luxemburgo, Irlanda o Noruega, de escueta demografía, en casi todas las clasificaciones España avanza varios lugares hasta alcanzar un 10º global. Como la define un informe del Real Instituto Elcano, es una potencia media de ámbito regional, pero proyección planetaria.

Desde la víspera de Rocroi en 1643, España no había tenido tanto peso en el mundo, y se impone hoy la imperiosa necesidad de decidir qué quiere ser en el futuro; con lo que tienen mucho que ver los bicentenarios y la evolución psico-política de Latinoamérica.

La semana pasada arrancaron los fastos con los que España conmemorará en 2010-11, junto con América Latina, los 200 años de independencia. Con sabia cautela Miguel Ángel Moratinos subraya que sólo se pretende acompañar a las naciones, hermanas, primas o sobrinas, sin buscar protagonismo alguno. Hay que estar, como dicen de los niños en Inglaterra, para ser vista pero no oída. Hay muchas otras cosas, sin embargo, de las que preocuparse. Y España no está en absoluto preparada para el cambio de paradigma en América Latina, de lo que, paradójicamente, la democracia es algo responsable. Los estudios latinoamericanos, que en el bachillerato de la dictadura eran tan escasos como ignominiosos, con la democracia han dejado de ser ignominiosos, pero sólo porque han desaparecido, en especial en la España periférica, la que no perteneció o no se siente vinculada a la Corona de Castilla. La preparación para los bicentenarios debía comenzar en la primaria.

La España democrática no ha sabido segregar una visión de sí misma distinta de la del nacional-catolicismo, mientras que las nacionalidades no han parado de hacerlo. La historia de España de los textos de bachillerato ha sido expurgada, han desaparecido bastantes cruces evangelizadoras y denuestos contra los herejes, pero en su lugar apenas hay nada: el silencio como mitología. Así, se ha dejado el campo libre, no ya al revisionismo genérico -Henry Kamen- sino a críticas meritorias, pero que merecían un contrapunto como Las venas abiertas de América Latina del uruguayo Eduardo Galeano, hoy libro de cabecera del presidente Chávez, o el mucho más notable -y devastador- La patria del criollo, del guatemalteco, hijo de españoles, Severo Martínez Peláez. La España democrática debería superar lo de "luz de Trento y espada de Roma" del insigne polígrafo santanderino, para darle tegumento intelectual al Estado de las Autonomías.

América Latina llega a sus bicentenarios en similar pole position, interrogándose sobre sí misma. El predominio en el imaginario latinoamericano del estereotipo criollo -blanco aunque atezado, edad madura, clase media o medio-alta, bautizado, al menos con el bachillerato, y matrimonio fuera de la negritud o la indianidad- sufre el asalto del estereotipo indígena en Bolivia, y del enigmático "socialismo del siglo XXI" en Venezuela, ambos de vocación proselitista. En unos años es verosímil que el mundo iberoamericano sea irreconocible, y España ha de trabajar para que esa nueva Latinoamérica le quepa en la cabeza.

La palabra clave es autocrítica. España ha de saber reconocer los horrores de la conquista; no el genocidio que trompetea Chávez, porque no hubo plan de exterminio, y el siglo XVI no es el XXI, pero la evangelización y la rapiña de riquezas a sangre y fuego son episodios cuya extrema crueldad no fue fruto del azar. Algún tipo de expiación que no se incline, sin embargo, ante todo lo latinoamericano, puesto que en esa funesta faena participó tanto o más el criollo que el peninsular, sino ante la trata y esclavitud, o ante la negación del indígena en un mundo que ni siquiera tuvo contrarreforma. Hay, sin duda, sólidos argumentos a favor y en contra de humildad tan franciscana, pero desaprovechar la oportunidad de poner a cero el contador con una América Latina en la que los antiguos señores dejen de serlo, sería más que inmoralidad, error. España debe ser solo comparsa en el culto a Bolívar, pero la autocrítica le sentaría bien a la Alianza de Civilizaciones.

 

Domingo, a 17 de Mayo de 2009

Leyendo el discurso de Óscar Arias en la Cumbre de las Américas de Trinidad y Tobago, del pasado 18 de abril, recordé un almuerzo con unos ex socios panameños, entre los que estaba mi amigo Andrés, gallego como yo. Pese a que sus idearios políticos en poco o en nada se parecían a los míos, sentía por él un especial cariño y una profunda admiración como persona; era divertido, simpático, culto, dicharachero, bon vivant. Era el prototipo del hombre hecho a si mismo; seguro y confiado.

El almuerzo, que se celebró en el restaurante Marbella de la Avenida de Balboa, en Panamá, tenía como finalidad captar nuevos socios para la empresa y obtener fondos adicionales que compensaran los retrasos en las obras del proyecto que teníamos en marcha. Los retrasos tenían su justificación en los problemas administrativos y técnicos que provocó un cambio en la legislación del país.

Durante el almuerzo, él llevaba la disertación sobre la bondad de nuestra oferta de colaboración y yo los aspectos más técnicos y financieros. Como teníamos todo muy bien estudiado, no imaginamos que pudieran surgir grandes problemas.

Dos de esos posibles nuevos socios, mexicanos, estuvieron desde el principio del almuerzo faltones, altaneros, chulescos. Uno de sus argumentos para cuestionar lo que les ofrecíamos era la poca fiabilidad de nuestra palabra, por ser Andrés y yo de origen español; además de eso, nos achacaban ser descendientes de los españoles que había participado en el Descubrimiento de América.

Durante bastante tiempo, Andrés, hombre maduro bregado en mil batallas empresariales, mantuvo la educación y cortesía; de vez en cuando me daba un cariñoso rodillazo para que yo hiciera lo mismo; notaba en mis ojos que no estaba dispuesto a aguantar más aquellas insinuaciones y que podría saltar en cualquier momento.

Casi al final de la comida, durante los brindis del postre, uno de esos mexicanos dijo algo excesivamente injusto: nos llamaron a los españoles violadores y asesinos de indias e indios.

En ese momento, se formó la marimorena.

Andrés, que como dije antes era un hombre culto con amplios conocimientos de historia, especialmente en todo lo relacionado de la conquista de América y siglos posteriores, les dijo a los mexicanos más o menos; “¿Y vosotros, de quién sois hijos? ¿Cuáles son vuestros apellidos? ¿Acaso tú” –mirando para uno de ellos- “no te apellidas Ramírez Montoro? Que yo sepa” -dijo Andrés- “tus apellidos son 100 % españoles, y muy españoles. Y tú” –preguntó al otro- “¿No eres nieto e hijo de españoles y no viajas cada poco tiempo a Carballiño (Ourense, España) a ver a tu familia? ¿De qué nos acusáis a Alfredo o a mi,  si, en caso de ser cierto lo que decís, estaréis hablando de vuestros padres y abuelos?”.

Yo apostillé: “Que yo sepa, ningún antepasado mío emigró a América; no me siento responsable de nada de lo sucedido”.

Las preguntas de Andrés son la mejor explicación sobre la mezcla de razas que se produjo en Latinoamérica durante siglos: desde México (y los territorios conquistados por Yanquilandia) hasta la Tierra de Fuego, españoles y españolas se mezclaron durante siglos con nativos y nativas.

Ambas partes, los nativos sudamericanos y los españoles, para lo bueno y lo malo, somos el resultado de esa mezcla de razas. Somos como somos.

Volviendo al principio de mi escrito, buscar a los culpables de lo atrasos, de las injusticias y de la situación de abandono en que se encuentra Latinoamérica, no es tarea fácil; todos somos culpables, pero algunos lo son más que otros…

Leed el discurso de Óscar Arias; vale la pena saber algo más sobre la realidad desde la voz y el texto de un presidente democrático latinoamericano.

Alfredo Webmaster

Nota

Nunca le pude regalar el tan prometido libro sobre la paternidad gallega de Cristobal Colón: Andrés murió unos días antes de un nuevo viaje mío a Panamá.

 



 

Palabras del Presidente de la República de Costa Rica, don Óscar Arias en la Cumbre de las Américas de Trinidad y Tobago, 18 de abril del 2009

Tengo la impresión de que cada vez que los países caribeños y latinoamericanos se reúnen con el presidente de los Estados Unidos de América, es para pedirle cosas o para reclamarle cosas. Casi siempre, es para culpar a Estados Unidos de nuestros males pasados, presentes y futuros. No creo que eso sea del todo justo.

No podemos olvidar que América Latina tuvo universidades antes de que Estados Unidos creara Harvard y William & Mary, que son las primeras universidades de ese país. No podemos olvidar que en este continente, como en el mundo entero, por lo menos hasta 1750 todos los americanos eran más o menos iguales; todos eran pobres.

Cuando aparece la Revolución Industrial en Inglaterra, otros países se montan en ese vagón; Alemania, Francia, Estados Unidos, Canadá, Australia, Nueva Zelanda… y así la Revolución Industrial pasó por América Latina como un cometa, y no nos dimos cuenta. Ciertamente perdimos la oportunidad.

También hay una diferencia muy grande. Leyendo la historia de América Latina, comparada con la historia de Estados Unidos, uno comprende que Latinoamérica no tuvo un John Winthrop español, ni portugués, que viniera con la Biblia en su mano dispuesto a construir “una Ciudad sobre una Colina”, una ciudad que brillara, como fue la pretensión de los peregrinos que llegaron a Estados Unidos.

Hace 50 años, México era más rico que Portugal. En 1950, un país como Brasil tenía un ingreso per cápita más elevado que el de Corea del Sur. Hace 60 años, Honduras tenía más riqueza per cápita que Singapur, y hoy Singapur –en cuestión de 35 ó 40 años– es un país con $ 40.000 de ingreso anual por habitante. Bueno, algo hicimos mal los latinoamericanos.

¿Qué hicimos mal? No puedo enumerar todas las cosas que hemos hecho mal. Para comenzar, tenemos una escolaridad de 7 años. Esa es la escolaridad promedio de América Latina y no es el caso de la mayoría de los países asiáticos. Ciertamente no es el caso de países como Estados Unidos y Canadá, con la mejor educación del mundo, similar a la de los europeos. De cada 10 estudiantes que ingresan a la secundaria en América Latina, en algunos países solo uno termina esa secundaria. Hay países que tienen una mortalidad infantil de 50 niños por cada mil, cuando el promedio en los países asiáticos más avanzados es de 8, 9 ó 10.

Nosotros tenemos países donde la carga tributaria es del 12 % del producto interno bruto, y no es responsabilidad de nadie, excepto la nuestra, que no le cobremos dinero a la gente más rica de nuestros países. Nadie tiene la culpa de eso, excepto nosotros mismos.

En 1950, cada ciudadano norteamericano era cuatro veces más rico que un ciudadano latinoamericano. Hoy en día, un ciudadano norteamericano es 10, 15 ó 20 veces más rico que un latinoamericano. Eso no es culpa de Estados Unidos, es culpa nuestra.

En mi intervención de esta mañana, me referí a un hecho que para mí es grotesco, y que lo único que demuestra es que el sistema de valores del siglo XX, que parece ser el que estamos poniendo en práctica también en el siglo XXI, es un sistema de valores equivocado. Porque no puede ser que el mundo rico dedique 100.000 millones de dólares para aliviar la pobreza del 80 % de la población del mundo –en un planeta que tiene 2.500 millones de seres humanos con un ingreso de $ 2 por día– y que gaste 13 veces más ($1.300.000.000.000) en armas y soldados.

Como lo dije esta mañana, no puede ser que América Latina se gaste $50.000 millones en armas y soldados. Yo me pregunto: ¿Quién es el enemigo nuestro? El enemigo nuestro, presidente Correa, de esa desigualdad que usted apunta con mucha razón, es la falta de educación; es el analfabetismo; es que no gastamos en la salud de nuestro pueblo; que no creamos la infraestructura necesaria, los caminos, las carreteras, los puertos, los aeropuertos; que no estamos dedicando los recursos necesarios para detener la degradación del medio ambiente; es la desigualdad que tenemos, que realmente nos avergüenza; es producto, entre muchas cosas, por supuesto, de que no estamos educando a nuestros hijos y a nuestras hijas.

Uno va a una universidad latinoamericana y todavía parece que estamos en los sesenta, setenta u ochenta. Parece que se nos olvidó que el 9 de noviembre de 1989 pasó algo muy importante, al caer el Muro de Berlín, y que el mundo cambió. Tenemos que aceptar que este es un mundo distinto, y en eso francamente pienso que todos los académicos, que toda la gente de pensamiento, que todos los economistas, que todos los historiadores, casi que coinciden en que el siglo XXI es el siglo de los asiáticos, no de los latinoamericanos. Y yo, lamentablemente, coincido con ellos. Porque mientras nosotros seguimos discutiendo sobre ideologías, seguimos discutiendo sobre todos los “ismos” (¿Cuál es el mejor? capitalismo, socialismo, comunismo, liberalismo, neoliberalismo, socialcristianismo...), los asiáticos encontraron un “ismo” muy realista para el siglo XXI y el final del siglo XX, que es el pragmatismo.

Para solo citar un ejemplo, recordemos que cuando Deng Xiaoping visitó Singapur y Corea del Sur, después de haberse dado cuenta de que sus propios vecinos se estaban enriqueciendo de una manera muy acelerada, regresó a Pekín y dijo a los viejos camaradas maoístas que lo habían acompañado en la Larga Marcha; “Bueno, la verdad, queridos camaradas, es que mí no me importa si el gato es blanco o negro, lo único que me interesa es que cace ratones”. Y si hubiera estado vivo Mao, se hubiera muerto de nuevo cuando dijo que “la verdad es que enriquecerse es glorioso”. Y mientras los chinos hacen esto, y desde el 79 a hoy crecen a un 11 %, 12 % o 13 %, y han sacado a 300 millones de habitantes de la pobreza, nosotros seguimos discutiendo sobre ideologías que tuvimos que haber enterrado hace mucho tiempo atrás.

La buena noticia es que esto lo logró Deng Xioping cuando tenía 74 años. Viendo alrededor, queridos Presidentes, no veo a nadie que esté cerca de los 74 años. Por eso solo les pido que no esperemos a cumplirlos para hacer los cambios que tenemos que hacer.

Muchas gracias.

 

Sábado, a 9 de Mayo de 2009

Por Carlos Fernández Liria, profesor titular de Filosofía en la Universidad Complutense de Madrid, para elpublico.com, 31/07/08

Un poco fuerte lo que está usted diciendo, ¿no?”, me interrumpió la presentadora de la Cadena Ser poco antes de invitarme a terminar de una vez y expulsarme del programa. Al contrario, muchos comentarios de Internet se muestran perplejos ante tan agria reacción, pues lo que se estaba mencionando no era nada del otro mundo: el apoyo de los medios de comunicación venezolanos y españoles al golpe de Estado contra Chávez en abril de 2002.

Se trataba de un debate (25/07/2008) con William Cárdenas, presidente de una organización que quiere llevar a Hugo Chávez ante la Corte Penal Internacional. Es asombroso. La Cadena Ser, en representación al parecer del pueblo venezolano, invita a un señor que, seis años después de los hechos, sigue repitiendo por radio y televisión que Chávez ordenó disparar contra una indefensa manifestación opositora, provocando una matanza, y que eso fue lo que originó su derrocamiento.

Esta fue, en efecto, la noticia que en su momento airearon a los cuatro vientos los periódicos venezolanos y también los españoles, incluido, desde luego, El País. Lo sorprendente es que, seis años después, en la Ser se siga aceptando esa versión sin rechistar, y que, en cambio, se ponga el grito en el cielo al escuchar la cruda realidad: que esa versión de los hechos fue la coartada principal para dar un golpe de Estado contra el Gobierno constitucional de Chávez, y que, desde el principio, se contaba con la colaboración de los medios para propagarla. No hay más que recordar las palabras del vicealmirante golpista Ramírez Pérez, el propio día 11 de abril: “Tuvimos un arma fundamental: los medios de comunicación. ¡Gracias!”.

Por supuesto, si el golpe de 2002 hubiera triunfado –provocando un río de sangre que sin duda todavía seguiría corriendo a día de hoy–, los medios habrían podido oficializar esa versión sin problemas. El apoyo de la prensa española al pinochetazo contra Chávez fue bochornoso y también la forma en la que esgrimieron su coartada. El editorial del 13 de abril de 2002 de El País aseguraba que “la gota que había colmado el vaso” fue “la represión protagonizada por la policía y francotiradores adictos a Chávez”. El día 14 se afirmaba que “los tiroteos de grupos chavistas causaron hasta 24 muertos” y se hablaba de “mártires de la democracia muertos a balazos por manifestarse en la calle contra el ex presidente Hugo Chávez”. El día 13, un titular de El País se refería al presidente golpista Pedro Carmona como “El hombre tranquilo” (“Nacido para el diálogo”, lo consideraba El Mundo), y lo erigía (¡en tanto que jefe de la Patronal!) en “representante de casi el 80% de los 10 millones de trabajadores venezolanos”. A los manifestantes que pidieron la restitución del orden constitucional se les denominó “muchedumbre desquiciada”, mientras que a los que asaltaron la embajada de Cuba y agredieron a los diputados se les llamó “resistencia civil”. A los militares que se mantuvieron leales al orden constitucional, El País del día 14 los llamó “focos aislados de insurrección castrense”. El editorial del día 13 instaba a la Unión Europea a contribuir a “un régimen democrático normal y estable en Venezuela” (¡aprovechando el golpe de Estado!), y se pedía que Chávez diera “cuenta de sus desmanes ante los tribunales”.

Como es sabido, centenares de miles de personas que salieron a la calle en defensa de la Constitución, lograron –contra todas las previsiones– abortar el golpe de Estado. Los medios venezolanos siguieron mintiendo y llamando al magnicidio como si tal cosa (en ningún país del mundo ha habido jamás tanta libertad de expresión como en Venezuela); para los medios de comunicación españoles, sin embargo, la situación era muy delicada, pues habían apoyado abiertamente un golpe de Estado y no iba a ser fácil disimularlo.

La decisión fue seguir mintiendo y, a día de hoy, siguen haciéndolo. Ahora bien, sólo un activista como William Cárdenas tiene ya la osadía de seguir con el cuento de la masacre. Eso sí, resulta insólito que la Ser se lo trague como si nada, a estas alturas, al tiempo que se escandaliza porque se cuente lo que ya nadie puede honestamente poner en duda. La mayor parte de los muertos fueron chavistas. Los francotiradores y la policía metropolitana que dispararon contra la población estaban a las órdenes del alcalde Alfredo Peña, el máximo opositor de Chávez en aquel momento. La matanza había sido planeada por los golpistas. Se trataba de utilizar a la población civil para que “pusiera los cadáveres necesarios sobre la mesa”, tal y como decía el telegrama que el embajador español envió al Gobierno de Aznar ese mismo día (y que Moratinos –se recordará– leyó en el Congreso). La prueba fundamental de la matanza, el vídeo que se utilizó para jalear el golpe de Estado, en el que se veía a unos chavistas disparando contra la “manifestación indefensa”, estaba trucado. Así lo reconoció su mismísimo autor, Luís Alfonso Fernández, que, por cierto, había sido ya galardonado con el Premio Periodismo Rey de España. Durante el juicio contra los chavistas (que resultaron absueltos) reconoció que estos jamás dispararon contra ninguna manifestación, sino contra la policía metropolitana que los estaba cosiendo a balazos. Y reconoció que la voz en off que gritaba que estaban disparando contra la manifestación había sido superpuesta en los estudios de Venevisión (el canal del Grupo Cisneros, que mantiene intereses compartidos con Prisa en América Latina).

No habría hecho falta esperar tanto para saber la verdad: pocos días después de los acontecimientos, Le Monde Diplomatique había ya demostrado que todo era una burda patraña. Pero seguir mintiendo seis años después es grotesco. ¡Basta ya!

Lean el Latinobarómetro de 2008. Es la encuesta independiente más prestigiosa sobre temas latinoamericanos. Venezuela saca 22 puntos en grado de confianza en la democracia a la medida de Latinoamérica; 16 puntos en confianza en los partidos políticos; 31 puntos en satisfacción con la situación económica. Que comenten estos datos y dejen de mentir.

Miércoles, a 22 de Abril de 2009

El castrismo es hoy un “spot” de lo que no hay que hacer con un país, pero Chávez está achicando el pluralismo

Por M. A. Bastenier para elpais.com, 22/04/09

En la Cumbre de las Américas celebrada el fin de semana en Puerto España no hubo avances materiales en el esperadísimo encuentro oficial y asambleario entre el presidente estadounidense, Barack Obama, y América Latina; pero sí se sucedieron numerosos momentos simbólicos, de forma que lo que no ocurrió tuvo más trascendencia que las cosas que sí pasaron.

Primero, hubo una puesta de largo de una nueva América Latina, que aunque ya se conocía, sólo podía quedar formalizada ante el líder de todas las Américas, el hombre de Washington, en funciones de maestro de ceremonias. Una América original en todas sus dimensiones antropológicas porque ¿cuándo se habían reunido en la jefatura de otros tantos Estados latinoamericanos un militar golpista, Hugo Chávez en Venezuela; un ex guerrillero, Daniel Ortega en Nicaragua; un periodista portavoz de otra ex guerrilla, Mauricio Funes en El Salvador; un ex obispo, padre de familia al parecer numerosa, Fernando Lugo en Paraguay; un indio que no habla ninguna lengua indígena, Evo Morales en Bolivia; el hijo de un obrero metalúrgico, Luiz Inácio Lula da Silva en Brasil; un ex prófugo, Alan García en Perú; un sacerdote maya, Álvaro Colom en Guatemala; un mulato educado en las mejores universidades norteamericanas, Leonel Fernández en la República Dominicana; y dos mujeres, Cristina Fernández en Argentina y Michelle Bachelet en Chile?; todos ellos recuperables para alguna versión de la izquierda. No en vano la derecha produce ocupaciones más clásicas como finquero para Álvaro Uribe en Colombia, y el tecnócrata, Felipe Calderón en México.

Luego está la destreza política de Obama, puesta de manifiesto por la finura con que desinfló la fanfarria cubana que Chávez tenía preparada para exigir el reingreso de La Habana en la OEA. La mano tendida del presidente, pero pidiéndole a Cuba que ofreciera algo a cambio del levantamiento de algunas restricciones al comercio con la isla, satisfizo a todos los que no quieren más espectáculos bolivarianos de los inevitables.

En tercer lugar, el presidente demócrata le ha rendido un gran servicio de aseo intelectual al continente. Como dijo Marta Lagos, la directora de Latinobarómetro, en la presentación del libro de Javier Noya Imagen de España en América Latina, Obama quiere borrar cuanto antes a Estados Unidos de la lista de culpables de los males que aquejan a esos países. Desde las independencias, el intrincado desorden latinoamericano ha contado con dos grandes chivos expiatorios. Uno cósmico, España, como modernamente codificó un uruguayo sin madre patria, Eduardo Galeano, en Las venas abiertas de América Latina, y otro, más terrenal, inmediato y amenazador, Estados Unidos. Y no es que ambas potencias no tengan su responsabilidad, la primera por la sangre y la segunda por el dólar, en el desastre de siglos XIX y XX que nos contemplan, pero la letanía tantas veces repetida, empezando por la Cuba castrista y su embargo, es sólo una coartada.

Y, por último, nótense las dificultades que Obama le puede estar creando al mayor problema de Washington en la zona, no Cuba, sino Venezuela. La Habana no tiene nada que ofrecer a América Latina, el experimento de justicia social en libertad ha fracasado, y el castrismo es hoy un spot de lo que no hay que hacer con un país. Pero Venezuela es diferente. Chávez está achicando el campo del pluralismo, utilizando una legalidad amaestrada para hipotecar la vida política a sus adversarios, pero cabe que, incluso pese a la caída de los precios del crudo por la crisis, su régimen esté mejor armado que los del capitalismo as usual para proteger a los desfavorecidos. Y Obama estaba mucho más en el papel que le conviene a Chávez marcando más distancias que acercamientos. No es imposible establecer una convivencia civilizada entre Washington y Caracas, pero poco más, porque el chavismo pone en peligro cualquier tentativa de restablecimiento de la hegemonía estadounidense en la zona, aunque sea a guisa de alianza entre iguales. Los límites, en cualquier caso, al radicalismo de Obama están a la vista: aunque condene y prohíba la tortura, los funcionarios de la CIA que la practicaron no pagarán por ello, y Estados Unidos no fue a la conferencia de Ginebra sobre el racismo por el clima anti-israelí. Contra Bush los bolivarianos vivían mejor.

Los arranques para la reconciliación promovidos por el presidente estadounidense no colman, sin embargo, las brechas internas entre dos o aún tres izquierdas y al menos una derecha renovada de estas Américas Latinas. Y Obama no puede ser amigo de todas.

Lunes, a 2 de Marzo de 2009

Hace casi un mes recibí un correo de Rocío, una amiga colombiana, con los detalles de un viaje por el interior de su país.

El texto, un relato que mandó a todas sus amistades, corresponde al segundo capítulo de ese recorrido por la Colombia menos conocida para mi, atravesándola, viviéndola, disfrutándola. Usa algunos términos lingüísticos que no conozco pero que supongo habituales allí.

Existe un primer capítulo que, desgraciadamente, debí borrar por despiste: una pena.

Quizá algún día vaya por las zonas rurales de Colombia, sé que son hermosas y llenas de vida; mi intención, al menos, es llegar a conocer el Eje Cafetero.

Me gustó mucho leerlo; me divirtió, por eso lo comparto con vosotros.

Alfredo Webmaster


¡Hola a todos! ¿Cómo van? Bien, supongo…

Continuando con mi travesía por los parajes de Colombia, procedo a enviar el segundo informe que se titula: “Valle del Cauca, la tierra del mirá y por si acaso ve, oí y por si acaso, escuchá....”

Pues que les cuento... por acá mucha caña y por tanto aguardientosqui, lo cual es casi obligado por lo menos en fin de semana, por que en la semana mucho de trabajo y poco de placer, trabajo negrero pa hacer honor a nuestros muy oscuros anfitriones.

Mi recorrido ha sido Palmira, Buga, Buenaventura, Roldanillo, Tuluá, Sevilla y Cartago... Ahora me encuentro en el último de estos.

¿Que cómo me ha parecido el valle? Pues bastante particular... Huele a caña, a café, y escucho por donde voy al grupo Niche, con su “Buenaventura es caney”.

En Palmira iglesias, muchas, y pandebono por montones. En Buga, señor de los milagros al desayuno, almuerzo y comida, ahí no beben, excepto vino consagrado, y no comen como es debido, excepto ostias, claro...

Aproveche para ir y pedirle el maridito que tanto me hace falta, a ver si me concede el milagrito, ya que no fue arrocero (tolimense) y al parecer tampoco cañero (que siembra caña de azúcar, no habla mierda) por lo menos que sea un morochito costeño bien ladrón, que me pueda mantener al menos a punto de gafa (vender gafa, no que eche gafa), en mi próximo destino, Bolívar.

Luego de ahí a Buenaventura, que negramenta tan hijueputa, pero son amenos los morochos. Allá que les digo, puro pez, plátano, isla y mar, y en el mar la presencia siempre vigilante de nuestra gloriosa armada naval. También hay unas negras pa morirse, pero de la tristeza, porque con esta panza mira que va dos metros adelante, la cosa lo que da es vergüenza. Lo mas chistoso es que allá si levanté, pero no negro, y bueno tampoco negra; levante si, pero blanca perreirana y obvio lesbiana... que video esa nena, me anduvo asorando el ambiente, ve.

Una vez me deshice de la loca, nos fuimos pa Roldadillo.

¡Qué belleza de lugar! Un pueblito lindo, relindo, lleno de tipas con una mano de piernas... interminables; en mi vida vi piernas tan largas. Roldadillo está lleno de arte, de cafés, de cuenteros. Lo mejor, el maestro Rayo, Omar Rayo, nacido en ese lindo lugar lleno de paz, justo el sitio que se necesita pa ser un genio, sin ínfulas de... claro está. Mi estadía ahí duro poco, solo un día y medio, y tuvimos que ir para Tuluá.

En Tuluá vi gente, harta, mucha, mucho río que pasa por entre medio de la ciudad, gente chévere, amable, que come pan cacho en vez de croissant y se toman una caneca de aguardiente en vez de una botella. Que gente entretenida, se convirtió casi como en mi hogar, estaba muy amañada, pero teníamos que partir para Sevilla, por lo menos una noche, y la verdad que no me arrepiento.

Descubrí muchas cosas; entre esas, que es al municipio le llaman el “balcón del valle”. ¿Saben porqué? Porque esta en la loma, en medio de un valle absurdo y desde ahí se puede ver todos los ríos, lagos, y pequeñas colinas, sembrados de caña que contrastan con matas de plátano y cultivos de café...

También me lleve mi mayor sorpresa. Allí la gente es valluna de corazón y paisa en apariencia; hablan paisa, comen paisa, parecen paisas, toman café, viven de el, pero respiran aire valluno, ven desde lo alto la caña y se alegran de poder mezclar un buen café con el azúcar mas puro... ¡Qué país tan lindo es este!

Ahora ando por Cartago, en un centro vacacional que claramente es un lavadero de plata, es relujoso; el hospedaje de la noche, con alimentación completa, sólo cuesta 80 mil pesos, con sauna, jacuzzi, turco, cancha de tenis y demás. Es bueno disfrutar de esto pero no he parado de preguntarme cuánto dinero lleno de muerte, lagrimas y sufrimiento a causa de la droga hay aquí, en cada ladrillo, en cada mueble, desde donde les escribo ahora... En fin

Después de salir de acá, tengo que ir a Pereira, que esta más o menos a 40 minutos, para tomar un avión a Cartagena.

Salgo el miércoles a las 7 de la mañana; allí llegaré a lo que más ilusionada me tiene de este viaje: conocer Mompós. Desde que estaba en la Universidad siempre quise ir y nunca lo había podido hacer por las razones que fueran… pero ese pueblo me llama. Se me ocurre que quizá, de golpe, ahí este mi destino… quién sabe.

Y bueno, ya esta como largo el tema. No les azoro más el ambiente, me voy a la cama a comerme un pan y soñar con que el América de Cali sea otra vez campeón.

Los amo.

Desde lo más inhóspito del Valle del Cauca, entre palmeras y cañadulzales, me despido, ve.

Rocío

PD: hay recuerdos que no voy a borrar, personas que no voy a olvidar y aromas que me quiero llevar.

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