Música y Vino

Puedo intentar ser sincero pero nunca seré imparcial…

Caperucita y el lobo machista

Sábado, a 29 de Mayo de 2010 -- Alfredo -Webmaster-

Por Arturo Pérez-Reverte para xlsemanal.com

Hoy me he levantado con talante. Como después de haber publicado 'El pequeño hoplita' –un cuento sobre un niño en las Termópilas, que tanto debe a su magnífico ilustrador, Fernando Vicente– le tomé el gusto a la narrativa infantil, he decidido echar un cable. Ayudar a que nuestra ministra de Igualdad y Paridad, Bibiana Aído, rubia joya de la corona, haga realidad su bonito proyecto de conseguir que los cuentos tradicionales para pequeños cabroncetes sean desterrados de escuelas y hogares, y dejen de ser un reducto machista, sexista y antifeminista. O que, expurgados y reconvertidos a lo social y políticamente correcto, contribuyan, ellos también, a la formación de futuras generaciones de ciudadanos y ciudadanas ejemplares y ejemplaras. Como está mandado.

Al principio pensaba hacerlo con el cuento de 'Blancanieves y las siete personas de crecimiento inadecuado'; que, como sostiene Bibiana, requiere, título aparte, una remodelación general urgente. Pero ciertos indicios de intolerable violencia machista en la casita del bosque, como que sea una mujer quien cargue con todas las labores del hogar, o que no haya paridad de sexos en el número de individuos que trabajan en la mina –su número impar complica además el asunto–, me decidieron a dejarlo para más adelante. Lo intenté luego con 'La soldadita de plomo y ploma'; y no es por echarme flores, pero lo tenía casi resuelto. Una soldadita de plomo de la ULFF –Unidad Legionaria Femenina Feroz–, terror de los talibanes afganos y de los piratas del Índico, impedida en su extremidad locomotriz por haber caído poco metal en el molde cuando la fundían. O sea, incompleta física de una pierna, para entendernos. O no. Lo que antes se decía, en jerga fascista, coja. Y que, desde su repisa en el cuarto de juegos de una niña, se enamora de un bailarín de ballet de papel maché que está enfrente, puesto tal que así, de puntillas, y que tiene una bonita lentejuela de plata en el prepucio. Se lo leí a mi hija por teléfono, a ver qué tal iba la cosa; pero al llegar a lo de la lentejuela me aconsejó dejarlo. Te van a malinterpretar, dijo. Así que al final me decidí por un clásico inobjetable: 'Caperucita Roja'. Y está feo que lo diga, pero la verdad es que lo he bordado. Creo.

Caperucita Roja camina por el bosque, como suele. Va muy contenta, dando saltitos con su cesta al brazo, porque, gracias a que está en paro y es mujer, emigrante rumana sin papeles, magrebí pero tirando a afroamericana de color, musulmana con hiyab, lesbiana y madre soltera, acaban de concederle plaza en un colegio a su hijo. Va a casa de su abuelita, que vive sola desde que su marido, el abuelito, le dio una colleja a Caperucita porque no se bebía el colacao, ésta lo denunció por maltrato infantil, y la Guardia Civil se llevó al viejo al penal de El Puerto de Santa María, donde en espera de juicio paga su culpa sodomizado en las duchas, un día sí y otro no, por robustos albanokosovares. Que también tienen sus necesidades y sus derechos, córcholis. El caso es que Caperucita va por el bosque, como digo, y en éstas aparece el lobo: hirsuto, sobrado, chulo, con una sonrisa machista que le descubre los colmillos superiores. Facha que te rilas: peinado hacia atrás con fijador reluciente y una pegatina de la bandera franquista, la de la gallina, en la correa del reloj. Y le pregunta: «¿Dónde vas, Caperucita?». A lo que ella responde, muy desenvuelta: «Donde me sale del mapa del clítoris», y sigue su camino, impasible. «Vaya corte», comenta el lobo, boquiabierto. Luego decide vengarse y corre a la casa de la abuelita, donde ejerce sobre la anciana una intolerable violencia doméstica de género y génera. O sea, que se la zampa, o deglute. Y encima se fuma un pitillo. El fascista. Cuando llega Caperucita se lo encuentra metido en la cama, con la cofia puesta. «Que sistema dental tan desproporcionado tienes, yaya», le dice. «Qué apéndice nasal tan fuera de lo común.» Etcétera. Entonces el lobo le da las suyas y las de un bombero: la deglute también, y se echa a dormir la siesta. Llegan en ésas un cazador y una cazadora, y cuando el cazador va a pegarle al lobo un plomazo de postas del doce, la cazadora contiene a su compañero. «No irás a ejercer la violencia –dice– contra un animal de la biosfera azul. Y además, con plomo contaminante y antiecológico. Es mejor afearle su conducta.» Se la afean, incluido lo de fumar. Malandrín, etcétera. Entonces el lobo, conmovido, ve la luz, se abre la cremallera que, como es sabido, todos los lobos llevan en la tripa, y libera a Caperucita y a su provecta. Todos ríen y se abrazan, felices. Incluido el lobo, que deja el tabaco, se hace antitaurino y funda la oenegé Lobos y Lobas sin Fronteras, subvencionada por el Instituto de la Mujer. Fin.

 

Comentarios

Enviado por Invitado/invitada (no verificado) en

¡Que bueno! No sé a los demás que les parecerá pero yo me he partido de risa con esta entrada. Miembros y miembras participantes del blog de Alfredo os deseo ¡muy buenos dias!. (Que conste que defiendo la libertad y la igualdad de las mujeres a brazo partido si es necesario, pero algunas cosas me parecen francamente ridiculas, a mi no me importa que me llamen "MIEMBRO PARTICIPANTE" igual será porque soy en el fondo algo conservadora)

Saludos
Carmen

Enviado por Georgina en

Pocas cosas me molestan tanto como el cambio que viene sufriendo el lenguaje por culpa de este feminismo ridículo.
Cuando se habla de los derechos del "hombre", a ninguna persona "normal" y que esté hablando con seriedad, se le podría ocurrir que la mujer no está incluída.
Tanto escuchar "hombres y mujeres", "niños y niñas", "amigos y amigas", ¿no se cansan? ¿no se fastidian?
Yo sé que soy "de fastidio fácil", pero es que realmente es muy molesto.
Creo que cuando a la palabra masculina se le agrega la palabra en femenino, para no dejar afuera a las mujeres, lejos de incluírlas, se las está discriminando más, porque se da a entender que el simple hecho de no nombrarlas podría hacer que mucha gente supusiera que no están incluídas y el sólo pensar que es razonable que mucha gente pueda pesar algo así, no es más que naturalizar ese pensamiento no integrador.

Georgina :)

Enviado por Invitado/invitada (no verificado) en

Georgina pues imaginate tú como suena eso de miembros y miembras. Si, la verdad es que o nos pasamos o no llegamos.
Pero el cuento de Reverte esta fenomenal. A este hombre dá gusto leerle.

Elisa

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