Como siempre, los "valientes" gudaris aparecen con su rostro encapuchado y macabro: una demostración de la anormalidad y la delincuencia asesina en una Europa democrática
Un paso insuficiente, por Ignacio Escolar, 05/09/2010
El grupo terrorista ha enviado un vídeo a la BBC donde anuncia, de aquella manera, un alto el fuego. “ETA hace saber que ya hace algunos meses tomó la decisión de no llevar a cabo acciones armadas ofensivas,” dicen los encapuchados, según la traducción al castellano que ha colgado Gara en su web. Es la única referencia a las armas en un comunicado que conviene leer para ver en qué país imaginario viven los de las pistolas. Es cierto que el anuncio es un paso, y dentro de su locura interna habrá quien lo considere un paso importante. Pero para la mayoría de los ciudadanos es un paso muy pequeño, decepcionante e insuficiente si de verdad ETA pretende “una solución democrática a través del diálogo y la negociación”. ¿Cuál es para ETA la diferencia entre acciones armadas ofensivas y defensivas?
Que el anuncio sea en la BBC no es casual. ETA intenta que el problema vasco se aborde fuera de España e incluso hace un llamamiento “a la comunidad internacional” para que “responda con responsabilidad histórica a la voluntad y compromiso de ETA”, como si en lugar de la última y anacrónica banda terrorista de Europa estuviésemos hablando de palestinos e israelíes.
Hacía tiempo que Batasuna esperaba de ETA un gesto que permitiese a la izquierda abertzale salir de su actual aislamiento; más tarde o más temprano, un anuncio así estaba cantado. Es una consecuencia de la anterior ruptura, del atentado de la T4, donde ETA quedó muy tocada incluso dentro del mundo abertzale como los responsables de que aquella oportunidad no prosperase. El huevo llega al fin, pero no parece lo bastante grande como para permitir al Gobierno dar, a su vez, otro paso hacia la paz: no hay sitio para otra negociación a no ser que ETA se moje un poco más.
A esta hora no hay, de momento, respuesta del Gobierno, pero me extrañaría que fuesen unas declaraciones muy optimistas. Es posible, eso sí, que tras este primer comunicado lleguen otros, y el camino definitivo hacia el fin de ETA empiece aquí; la de hoy, aunque pequeña, es una noticia positiva. Pero después de la T4, después de los pelos en la gatera que se dejó Zapatero por intentarlo, no basta sólo con un gesto así para volver otra vez a las negociaciones de paz. Aunque quisiera, el Gobierno no tiene margen de maniobra para reabrir el proceso de paz sólo con este comunicado.
Si ETA quiere de verdad una solución democrática para el País Vasco, tiene que abandonar de una vez y para siempre lo más antidemocrático que existe: las pistolas.
La vuelta atrás, al recuerdo de un valiente luchador que se fue demasiado pronto desde demasiado lejos, me llevó a escuchar de nuevo su canción más bella, más sentida, más sublime: “Ausencia”.
Imanol, nombre popular con el que se conoce a Imanol Larzabal Goñi, nació en San Sebastián (Guipúzcoa, País Vasco, España) en el año 1947. Después de pasar por ETA, de sufrir varios años de cárcel durante la dictadura de Franco, el exilio durante la dictadura, de haber militado en Unificación Comunista y de rondar el PSOE, en el año 2000 tuvo que huír del País Vasco después de casi cuatro años ininterrumpidos de amenazas, agresiones, atentados a sus propiedades, pintadas con su nombre escrito en dianas de tiro, suspensión arbitraria de conciertos, las cobardías de amigos y allegados que no supieron defenderle ni apoyarle, y el total y absoluto desprecio por parte del PNV y el resto de partidos nacionalistas, a raíz de su participación en el homenaje que se le hizo a Yoyes (Dolores Gonzalez Katarain, exdirigente de la organización terrorista ETA, a la que asesinaros sus propios compañeros por haber abandonado la lucha armada) en el año 1986.
Así era él, un vasco de pura cepa, enorme y campechano, un muchachón que jamás tuvo miedo ni reparo en defender sus ideales, primero contra el dictador Franco y después contra la barbarie de los encapuchados etarras que sólo saben usar el 9 × 19 mm Parabellum.
Pese a que su imagen y su lucha contra ETA y su entorno fue usado por algunos de forma indeseable (el PP y sectores radicales de víctimas del terrorismo) para “arrimarla ascua a su sardina”, a estas alturas de la vida ya sabemos distinguir las voces de los ecos… e Imanol era (es) una voz, quizá la más poderosa y valiente de todas las que salieron exiladas del País Vasco.
El 25 de junio de 2004, mientras preparaba un concierto-homenaje a los republicanos españoles en Orihuela (Alicante, España), homenaje del que tengo el CD y vídeo de las actuaciones (ya faltaba él…), sufrió repentinamente un derrame cerebral, muriendo a los dos días, el 26, lejos de su tierra, exilado dentro de su propia patria, lejos de sus raíces, olvidado por el mismo pueblo al que él tanto defendió.
De los silencios ignominiosos e inmorales de una parte de la sociedad vasca, sirva de ejemplo el texto que sobre este insigne cantautor publica la página web de un organismo público vasco (la Fundación de Eusko Ikaskuntza-Sociedad de Estudios Vascos) financiado con fondos públicos de todos, incluido yo (y tu, que lees este texto). Si lo queréis leer, entrad en la dirección: Euskomedia – Kultura Topagunea. Ahí podréis descubrir como después de hacer un recorrido por su vida resaltando, sobre todo, su actividad más nacionalista, los datos llegan justo hasta el año 1986, fecha en la que Imanol participó en el homenaje a Yoyes, la exterrorista arrepentida… y desde esa fecha hasta su muerte (18 años después), nada. Silencio. Ostracismo. Desprecio. Olvido vergonzoso. Miseria moral.
Obviamente, viendo como se comporta un organismo público vasco pagado con (mis) impuestos, una entidad que debería ser imparcial, neutral y defensora de todos por igual, incluidos los no nacionalistas, entiendo perfectamente que Imanol huyera: vivir así, sin libertad de pensamiento, es imposible vivir.
Su última obra, inacabada, iba a ser un disco de canciones de cuna en diversos idiomas, un reflejo de su cariz más humano y su bonhomía.
El vídeo es un montaje que incluye la hermosísima canción “Ausencia”, escrita a raíz del exilio de Imanol al huír del País Vasco (en el norte de España) a Alicante (en el sur de España), en el que la música va acompañada de las imágenes de uno de los pocos homenajes que le hicieron algunos amigos en San Sebastián (País Vasco, España), en el año 2008, ya muerto.
Siempre quedará en mi recuerdo su vozarrón insustituible e inolvidable.
La cultura, como concepto, es complicada de definir: hay demasiadas cosas a las que llamamos “culturales”, pero la mayoría de ellas no lo son.
Según la RAE, cultura es el “Conjunto de conocimientos que permite a alguien desarrollar su juicio crítico. Conjunto de modos de vida y costumbres, conocimientos y grado de desarrollo artístico, científico, industrial, en una época, grupo social, etc. Conjunto de las manifestaciones en que se expresa la vida tradicional de un pueblo”.
Después de leer la definición oficial de cultura, bastante ajustada a lo que podríamos considerar nosotros como tal, queda claro que algunas actividades, que ciertos ambientes consideran como “culturales”, no lo son. En realidad, esas, llamémosles actividades, son el reflejo de una enfermedad demasiado arraigada en importantes capas de la población de mi país (y de muchísimos otros), enfermedad de efectos degradantes, aberrantes, indecentes e indignos. En resumen: una enfermedad acultural.
Que la Asociación de Mujeres “Virgen de Belén”, de Carrión de los Condes (Palencia, España), considere como “excursión cultural” acudir en masa (se entiende que femenina), con un bocadillo en la mano, a la grabación de un programa de televisión (“Sálvame Diario”), me parece absolutamente descabellado, pero hacerlo, además, a una de las bazofias mas ignominiosas que se pueden visualizar en ese engendro llamado Telecinco, es a todas luces un despropósito de magnitud superlativa.
Que una asociación en la que está englobado ese maremágnun de personas que tienen como único objetivo de vida tener a punto las lentejas, acepte como cultural algo así, además de preocupante para la salud mental de las susodichas, es una terrible noticia para la salud democrática de un país.
Sólo de pensar que el destino de mi país está en el voto que puedan depositar en las urnas las miembras de la Asociación de Mujeres “Virgen de Belén”, me produce escalofríos.
Sólo de pensar que la política económica de mi país la van a regir señores que puedan ser elegidas por personas así, además de escalofríos me produce una profunda pena y desasosiego.
Sólo de pensar que algunas guerras o invasiones las van a decidir personajillos que fueron elegidos por forofas/os de programas como “Sálvame Diario”, seguidoras/es de Belén Esteban o creyentes en esperpentos como la Bruja Lola (o Rouco Varela, que lo mismo da), además de ser una anomalía democrática, es un atentado contra la dignidad humana.
¡En qué manos estamos! ¡Cómo darle una pistola cargada a un niño!
El sonido que brota de una guitarra española es un sonido muy especial, producto, quizá, de la cálida resonancia que emana de su caja o por la riqueza de matices que transmite cuando la guitarra está bien tocada.
Existen muchas obras compuestas para este instrumento, y no todas se reducen al archiconocido Concierto de Aranjuez, de Joaquín Rodrigo.
La Romanza del Concertino para Guitarra y Orquesta de Salvador Bacarisse es una de las melodías más sublimes y bellas jamás compuestas. Cuando la incluí en el blog el 17 de agosto de 2007, al principio de la segunda etapa de esta Web, apenas obtuvo comentarios de los lectores: casi nadie la escuchó en la Gramola.
Hoy vuelvo a ella, a su melancolía y romanticismo, a su profunda e increíble belleza. Hoy la volví a escuchar por enésima vez, y aún así, después oírla tantas y tantas veces, me sigue pareciendo la obra musicales más hermosas que he conocido (y conozco muchas).
Salvador Bacarisse se tuvo que exilar en Francia al finalizar la Guerra Civil española de 1936/1939. Allí, alejado de su amada España, vivió hasta su muerte.
Ahora, en unos momentos en los que estamos tratando de recuperar la Memoria Histórica de las épocas más lúgubres de nuestra nación (1939/1975), no deberíamos olvidar a los luchadores republicanos que tuvieron que huir de su país, de la España dividida en dos por la dictadura. De igual modo que jamás deberíamos olvidar a los que murieron de un tiro en una cuneta o de hambre y represión en las cárceles del franquismo, tampoco deberíamos dejar en el anonimato a los que, desgraciadamente, murieron con la tristeza de sentirse fuera de su patria, lejos de sus familias.
Que Salvador Bacarisse no fue un innovador en la música de su época, es algo conocido; no fue de los compositores que se arriesgaron a hacer algo distinto, algo nuevo en el panorama musical de mediados del siglo XX. Él era otra cosa: era un soñador y un romántico.
Por esas razones, su nombre quedó eclipsado ante el brillo de sus coetáneos Manuel de Falla, Joaquín Rodrigo o Isaac Albéniz.
Como él, con mismo estilo, con la misma visión musical y compartiendo el mismo escaso reconocimiento mundial, también estaban los componentes del Grupo de los Ocho. Casi nadie se acuerda de pianistas de la talla de Alberdi, compositores como Conrado del Campo o Jesús Bal y Gay, Ernesto Halffter y su hermano Rodolfo, Juan José Mantecón, Julián Bautista, Fernando Remacha, Rosa García Ascot y Gustavo Pittaluga.
La música de Salvador Bacarisse está plagada de sonidos basados en pianos, violines y sobre todo la guitarra de seis cuerdas. Sus melodías, sobre todo en esta Romanza, tienen resonancias inmemoriales, sensaciones de un tiempo sin tiempo, de melancolía, de recuerdos de pasados gloriosos, de olor a azahar y a mieles, de la infancia de épocas en las que éramos más felices, de ensoñación, de placidez y felicidad.
Esta Romanza hace que sienta, al menos yo lo siento así, una profunda alegría de espíritu pero también, a la vez, una enorme tristeza por el imparable tic tac, tic tac, tic tac del reloj de la vida.
Los sonidos de esta Romanza se han usado como banda sonora de multitud de programas de televisión y de anuncios publicitarios, entre ellos los de la Expo de Sevilla en 1992, o en la banda sonora de algunas películas como, por ejemplo, “La Celestina” de Gerardo Vera.
Os recomiendo oírla cómodamente sentados (sentadas), con una copa de vino oloroso en la mano (un moscatel) y los ojos cerrados.
Tenéis que estar atentos: cuando llegue el minuto y veinticuatro segundos se produce un subidón que os pondrá los pelos de punta. En ese instante se desencadena un mundo sonoro de tal intensidad, que es, para mí, el momento más sublime de la música de todos los tiempos.
Estáis ante una joya sonora: disfrutadla plenamente mientras contempláis los paisajes de la Alhambra de Granada y los cuadros de Romero de Torres... ambos, Alhambra, Romero de Torres, que se integran maravillosamente con la obra de Bacarisse. Vale la pena.
Alfredo Webmaster
Biografía de Salvador Bacarisse
(Madrid 1898 - París 1963)
En Madrid estudia el bachillerato y la carrera de Filosofía y Letras tocando el violín como afición. Recibe clases de armonía en el conservatorio de Madrid, con el maestro Conrado del Campo juntamente con Bautista y Remacha; los de piano con el maestro Manuel Fernández Alberdi.
En 1921 consigue el Premio Nacional de Música (terminaría consiguiendo el mismo premio tres veces más) con un poema sinfónico titulado La Nave de Ulises.
Decía ser discípulo de Debussy, por quien sintió una admiración sin límites, y pensando precisamente en su música escribió “Los Heraldos”, tres piezas para piano que constituyen su segunda obra. Desde 1925 se encargó de los programas de Unión Radio, para seleccionar la música de la emisora como director artístico.
Estrenó posteriormente, dirigiendo él mismo la Orquesta del Palacio Nacional de la Música, “Tres marchas burlescas” y “La tragedia de doña Ajada”.
En la misma fecha escribe “Corrida de Feria”, ballet a la española a petición de la bailarina Argentina, ballet que se estrenaría en 1938 en el Liceo de Barcelona.
La Junta Nacional de la Música y Teatros Líricos encomienda a todos los interesados en la música, composición, dirección, crítica, tanto jóvenes como consagrados, que se ocupen de su organización, entre ellos estaría como tesorero Bacarisse, siendo el presidente Oscar Esplá y el secretario Adolfo Salazar ilustre crítico de El Sol y otras muchas personalidades. También escribió “Dos Cuartetos de Arco” y una “Sonata”, una opera titulada “Charlot” sobre libreto de Ramón Gómez de la Serna y que nunca se estrenó, así como el primero de sus conciertos para piano.
En 1935 escribe “Las Nanas” sobra poemas de Rafael Alberti, y estrena “Tres Movimientos Concertantes para violín, viola, violonchelo y orquesta”; obra difícil, según algunos críticos, que le acarreó los mejores elogios de la prensa, entre ellos los de R. Halffter. En el mismo año estrena “La Balada Romántica para piano y orquesta”, obra que causa una honda impresión.
Durante la guerra civil su producción musical se resiente. Al final de la guerra se exilia a Paris donde tiene que casi abandonar la música. Poco a poco va rehaciendo su vida y luego comenzará de nuevo a componer. Da la impresión que su música deja de evolucionar y vuelve al neoclasicismo e incluso a un romanticismo ya pasado. Allí conoce a algunos artistas españoles para los que a veces compone, es el caso de Nicanor Zabaleta, Narciso Yepes o Leopoldo Querol. De esta época hay que destacar “Los 24 Preludios”, “Toreros”, “El estudiante de Salamanca” o “Fantasía andaluza”.
Muere en el exilio parisino olvidado y con algunas obras sin poder estrenar. Su música se movió en un eclecticismo general pasando de lo más moderno a lo romántico.
“Por favor, ¿tendría la amabilidad de darme un café?”.
Si alguno de ustedes ha visto alguna vez a un español haciendo eso en el extranjero, por favor, fílmelo con su móvil: es una especie en extinción.
Allá por donde van los españoles hablan en imperativo: “¡Eh, ponme un café!; “Dame un cruasán!”; “¡Sírveme una caña!”; “¡Pásanos unas hamburguesas…!”.
Hablar así en España no es un delito porque es lo normal. Un país que ha perdido todas las normas del protocolo, la cortesía, la educación y la urbanidad, cree que en todo el mundo las reglas son iguales. Pero no: el resto del mundo no es así y por eso se percibe a español como si tuviera los defectos del nuevo conquistador.
Debido a esa forma de expresarse, los empresarios, ejecutivos, turistas y viajantes españoles tienen tanta mala fama en el extranjero. Caen muy mal. Además, parece que siempre “están bravos”.
Hace pocos días, un amigo que es alemán-norteamericano-venezolano y algunas nacionalidades más (en su familia, menos incesto, hubo todo tipo de mezclas), me decía las cosas que le pasaban con su mujer española: trabajaban los dos en EEUU pero los empleados se dirigían a mi amigo y le decían en confianza: “No queremos tratar con tu mujer; sólo contigo. Ella está siempre enfadada y parece de mal humor”.
¿De mal humor? ¡Pero si era una española encantadora! Encantadora en España, claro. Fuera de nuestras fronteras, nuestras chicas pierden su encanto porque no se dan cuenta de la forma que tienen de dirigirse a los demás: siempre dando órdenes; soltando la bronca, nunca piden las cosas por favor, hablan en imperativo; elevan la voz; discuten… ¿Sutileza? Eh, bue… Sinceramente eso no existe en España.
“Pero si no estábamos discutiendo”, dicen los jefes españoles. “Sólo les estaba diciendo a estos bolivianos cómo tenían que hacer las cosas”. Claro, pero si usted no emplea códigos universales como “por favor”, o verbos en condicional como “podría usted”, y una sonrisa de vez en cuando, pensarán que usted es como los cómitres romanos, aquellos tipos que daban latigazos a los galeotes para que remaran más rápido.
Cuando los alemanes vienen a España les pasa lo mismo: “¿Por qué aquí nadie pide las cosas por favor?” me decía un alemán. “En Alemania sería casi un insulto”.
No se da cuenta este alemán de que ha aterrizado en el país que nunca dice “por favor”, un país que considera los tacos como parte del Patrimonio Cultural. No sería extraño que se elevara una propuesta para declarar los tacos y las palabrotas “Patrimonio de la Humanidad”. Los tacos y las imprecaciones en español, los que mejor suenan en el mundo.
Y eso que no quiero entrar en la forma en que los españoles hablan por teléfono: levantan el auricular y cuando se pone alguien al otro lado, gritan: “¿Está Manolo?”. No se les ocurre que uno debe dar los buenos días y presentarse. Nooooo. Aquí el que llama, suelta, “¿Está Manolo?” y el que contesta dice: “¡Joder, aquí no hay ningún Manolo!”. Un país de formas encantadoras.
¿Han visto cómo atienden las chachas sudamericanas? Son más dulces, más amables y más educadas que el ejecutivo del BBVA mejor pagado. Por eso los restaurantes están encantados con sus camareras latinoamericanas, porque son más suaves y más educadas que las españolas.
Las agencias de comunicación como Llorente y Cuenca que tienen delegaciones en el extranjero, se ven obligadas a dar un repaso a los ejecutivos españoles expatriados que aterrizan por primera vez en, digamos, Argentina o Panamá. “Por favor, hable bajito; no olvide decir por favor, sonría”.
Pero aquí, nada de nada.
Los españoles no se dan cuenta de cómo son percibidos. Piensan que cuando viajan al extranjero, el mundo les acoge como las personas más simpáticas del mundo. No es así. Los ejecutivos españoles, las empresarias españolas, los funcionarios de Exteriores españoles, parece que están de mal humor todo el tiempo porque no tienen empatía, su lenguaje es soez (en Iberoamérica soltar un taco en público es de mala educación), su tono es alto y sus maneras son hoscas.
Y eso que no quiero hablar de los españoles en Asia: allí, la sonrisa y la educación son signos de civilización. Justo lo que no tienen los españoles.
Las pruebas de resistencia (stress tests) de la banca europea, esperadas con gran expectación por los inversores y los Gobiernos, han confirmado la percepción general de que las entidades financieras del área euro tienen un grado de solvencia razonable. Solo siete entidades europeas, entre los que se encuentran CajaSur, cuatro grupos de cajas españolas en proceso de fusión, el nacionalizado Hypo Real Estate alemán y el griego Atebank, han suspendido las pruebas, mientras que los españoles Santander y BBVA se sitúan entre los mejores ratios de capital (10% y 9,3%, respectivamente) de la eurozona. El Banco Central Europeo (BCE), los Gobiernos y la Comisión Europea se apuntan un tanto, puesto que han jugado con éxito la carta de la transparencia como el mejor remedio para combatir los rumores poco fundados sobre la debilidad de la banca europea y, al mismo tiempo, se demuestra que los costosos programas de rescate y recapitalización (236.000 millones en toda Europa) han tenido éxito.
El caso de las cajas españolas que no han pasado el examen (el grupo Caixa Catalunya, Caixa Tarragona y Caixa Manresa, el formado por Caja Duero y Caja España, la Banca Cívica, Unimm y CajaSur) tampoco se aparta del guión previsto. Como puede apreciarse, están incursas en procesos de fusión y requerirán en conjunto una recapitalización de poco más de 2.000 millones de euros para cumplir con los requisitos de solvencia en el peor de los escenarios establecidos. En función de los resultados conocidos de los exámenes, está claro que el Fondo de Reestructuración Ordenada Bancaria (FROB), cuya prórroga autorizó ayer Bruselas, está suficientemente dotado para hacer frente a la recapitalización de la banca española. Las pruebas demuestran además la malevolencia de las interpretaciones según las cuales el hecho de que el FROB hubiese aportado apenas 11.000 millones de los 99.000 que entre capital y avales tenía como dotación era prueba inequívoca de que el sistema español requería fortísimas inyecciones de capital que el Gobierno y la propia banca se negaban a reconocer. Pues bien, el Banco de España ha facilitado toda la información necesaria sobre el 95% del sistema financiero español, un esfuerzo de transparencia muy por encima del que han realizado otros países europeos (Francia solo examinó a cuatro bancos). Lo propio ahora es que las entidades suspendidas acuerden con el Banco de España si el nuevo capital que requieren puede ser privado.
En apariencia, con las pruebas de resistencia publicadas ayer los inversores y las entidades financieras tienen la información necesaria como para tomar decisiones razonablemente seguras. Difícilmente tendrán los mercados y los propios bancos por otras vías una información tan detallada y exacta como la que se dio a conocer ayer en Londres. Los controles son más duros que los que se aplicaron a la banca estadounidense hace algo más de un año. Los mercados abiertos recibieron ayer con subidas los resultados de las pruebas. Por tanto, en condiciones normales deberían despejar las dudas sobre la solidez financiera europea (y española), tal como ayer sugirió el gobernador, dar por superada la primera fase de la crisis bancaria e iniciar la segunda, que será la recuperación del crédito y la normalización de los préstamos interbancarios, que se habían secado.
Ahora bien, los mercados pueden empecinarse en mantener la desconfianza con el argumento de que los datos facilitados son falsos, las estadísticas están trucadas o los requerimientos legales de solvencia de un país son demasiado laxos. La banca española sufre de graves problemas de liquidez en el interbancario por la sencilla razón de que en Europa se calcula que su exposición al hundimiento inmobiliario no se refleja en una tasa de morosidad excesivamente baja. Si esa desconfianza se mantiene, estaríamos ante un caso de mala fe.
El PP se maneja bien en la hipocresía. Usa el viejo truco de repetir una mentira hasta que parece verdad. Los suyos suelen creerlo a pies juntillas y, demasiadas veces, logra que los ajenos acepten esas falsedades como hechos indiscutibles. Esta técnica de la repetición ha tenido especial éxito con la nueva legislación sobre la interrupción voluntaria del embarazo.
La primera mentira es que esta norma empeora la legislación anterior desde un punto de vista moral. Dice el PP que atenta contra la vida al permitir las interrupciones hasta la semana 14 de gestación por pura decisión de la mujer. La verdad es que la legislación anterior permitía más abortos que la actual, aunque mantenía la hipocresía de autorizarlos bajo la disculpa de evitar daños psíquicos a la embarazada.
La segunda mentira es que el PP es el partido que defiende la vida y por eso ha recurrido la Ley del Aborto ante el Constitucional. La verdad es que el partido de Rajoy gobernó España durante ocho años en los que no tocó una coma de la legislación sobre aborto, con lo que permitió que se interrumpieran medio millón de embarazados no deseados. La verdad es que cuatro de las seis autonomías donde hoy gobierna el PP están entre las diez primeras en el ránking de número de abortos por cada mil mujeres. Y que es la conservadora y díscola Murcia la que lo encabeza.
La última mentira del PP sostiene que los médicos objetan por doquier y ello impide a las mujeres ejercer su derecho a abortar gratuitamente en la sanidad pública. La verdad es que menos de un 1% de los ginecólogos se niega a realizar estas intervenciones.
Ya es hora de desenmascarar al PP y obligarlo a acatar las leyes vigentes. Las mentiras convencen más cuando quedan impunes.
Próximamente, en las mejores aulas: la doctrina sexual de la Iglesia Católica para niños de 4 a 14 años. La masturbación es “un vicio” o “defecto” que crea “adicción”. La homosexualidad, “una disfunción”. El sexo sólo sirve para tener hijos, y hay que esperar al matrimonio para practicarlo. El celibato es una opción “muy enriquecedora”. Ningún método anticonceptivo previene completamente el embarazo, así que es mejor rechazarlos.
La lección es la de siempre: folla poco, folla mal y siéntete culpable; ten muchos hijos y no te olvides de bautizarlos. La novedad es que el Arzobispado de Valencia ha puesto su oscura teoría sobre blanco en un temario que, a partir de septiembre, llegará a los colegios religiosos valencianos. Como en el resto de España, muchos de estos centros son concertados: pagados con el dinero de todos, también de los que no tachamos la casilla de la Iglesia. En una demostración chanante de lo atrevida que puede llegar a ser la ignorancia, algunas de las lecciones sobre sexo las impartirán sacerdotes; no se sabe si, a cambio, el actor porno Nacho Vidal dará clase de celibato en las iglesias.
Y la Generalitat valenciana ¿qué dice de todo esto? Que “los obispos están haciendo lo que les corresponde”, según respuesta del conseller de Educación, Alejandro Font de Mora, “siempre que ese material sea ofertado libremente a los padres y elegido libremente por ellos”. Según su tesis se puede mentir sobre los métodos anticonceptivos o enseñar homofobia en las aulas, que no pasa nada: “Se debe optar por la mayor pluralidad posible”, afirma el conseller, lo que abre un debate interesante sobre el relativismo moral, que diría Ratzinger.
En un colegio pagado con dinero público, ¿tiene un padre derecho a decidir que su hijo sea educado en el odio, la superstición y la ignorancia?
En una visita por alguno de mis blog preferidos encontré estas fotos: un pavo real con su real cola, y al lado otras fotos, las de un Cardenal con su colita real, en ambos casos de gran vistosidad y apariencia.
Viendo la cola del pavo real y sabiendo cuál es la finalidad de que la tenga así, tan hermosa, tan colorista, tan voluminosa (para enamorar a su hembra en la parada nupcial), me vinieron a la cabeza algunas trascendentales e irrespetuosas preguntas, preguntas que quizá me lleven a cometer pecado mortal.
Ahí van las preguntas: si la cola del pavo real le sirve para embriagar con su belleza a la hembra hasta llevarla al acto sexual, ¿qué finalidad puede tener tan majestuosa cola adosada a la parte trasera de un Cardenal Primado de España? ¿Será la colita que quiere exhibir para atraer a su parada nupcial a un jovenzuelo que hará feliz en su santa compañía? ¿O quizá indicanos que esta es la Iglesia de los pobres? ¿Tal ve lo que busca recordarnos la vida, enseñanzas y palabras del hijo de un pobre carpintero? ¿Sigue siendo tan complicado entrar en el Reino de Dios como lo era en la época de Jesús, cuando él decía que era más fácil meter un camello por el ojo de una aguja que la entrada de un rico en el Reino de los Cielos?
Sé que mis pensamientos son pecados mortales (sic) pero, ¡qué coño!, para algo vale ser ateo y no crer en semejantes patrañas (por ejemplo, el infierno)...
Te dijimos por este mismo conducto (el pasado 3 de marzo) que estos socialistas son listos y podrían darnos sorpresas. Mariano, el que se examinaba en el debate del estado de la nación eras tú, y no has aprobado. Haber ganado o perdido por poco, según qué encuesta lo diga, es una derrota en toda regla, porque se esperaba que salieras por la puerta grande como Aznar en 1995, con su "Váyase, señor González". Según los datos, Zapatero fue más comunicativo, más convincente, más líder y más preocupado por el país, aunque resultara menos realista.
No se ve en ti alternativa. Las estrategias están para aplicarse, no para que se sepan, y la nuestra -no meternos en líos y cabalgar sobre la crisis- se ha visto demasiado. Zapatero lo utilizó en el debate y resultó muy eficaz. Más te vale hacerte el enfermo cuando tengas que enfrentarte a él, porque te gana: es habilidoso y te dio donde te duele: que no te importa España sino La Moncloa, y que solo esperas a que caiga él para ponerte tú. Se nos ha visto mucho.
Pero que no cunda el pánico: claro que podemos ganar. Para ello es necesario que tú hagas algunas cosas y que ellos dejen de hacer otras. Necesitas que alguien diga que tú tienes un buen programa económico. Los ciudadanos corrientes no van a estudiar tus propuestas, pero si logras que las validen algunos líderes de opinión prestigiosos, eso puede bastar. Necesitas insistir (sin las ridiculeces de Cospedal y su "partido de los trabajadores") en que el PP se preocupa por los débiles. Tienes que mostrar tu voluntad de ayudar al Gobierno... con hechos. En cosas sustanciales: los presupuestos de 2011, alguna de las reformas económicas relevantes... Tienes que seguir callado en asuntos controvertidos como el aborto (bien por la reciente llamada al orden a las comunidades insumisas sobre la aplicación de la nueva ley), el Estatut (asunto concluido: recoge velas, el daño ya está hecho, que siga Pedro J.), o la futura Ley de Igualdad de Trato o de Libertad Religiosa. No movilices a los progresistas enfadándoles. Recuerda que tu victoria solo depende de que esa gente (un par de millones ahora en el aire) se quede en casa. Si temieran que tú retrocederías en esos asuntos, votarían de nuevo a los socialistas.
No puedes ser tan cenizo. No puedes asentar, con perdón por Arriola y González Pons, toda tu victoria en un simple "Usted es el problema; adelante las elecciones". Tienes que ocupar el puesto del líder fuerte que lucha contra un enemigo, que es la desesperanza. Un papel que Zapatero no está representando como podría. Tu enemigo no debe ser Zapatero, sino la crisis. Necesitas mostrar más carácter. Es imperdonable que te fueras el otro día del hemiciclo. Por Dios, Mariano, tenías que haberte quedado allí todo el tiempo, frente al presidente, en simetría con él, escuchando a todos. Fuma la mitad de puros y muéstrate más trabajador. No es tiempo de vacaciones.
Para que tú ganes, ellos tienen que dejar de hacer varias cosas, y de ahí podrían venir las sorpresas. Zapatero podría aún ocupar ese papel de líder, no solo de hábil parlamentario sino de hombre de Estado que se crece ante la dificultad, la reconoce y la afronta. A lo Roosevelt, y no a lo Hoover como hasta ahora. Que se deja la piel ante ese enemigo simbólico que es la desilusión. Podría ningunearte a ti terminando por asentar que tú no eres más que el negativo de siempre que nunca quiso ayudar. Podría dirigirse a su pueblo en prime time, marcando el rumbo ante la adversidad; con solemnidad, llamando a un optimismo realista, mirando a la cara a la gente, explicando sus decisiones difíciles con un relato más empático y menos burocrático que el de costumbre (en el debate el otro día, en la comunicación de la mañana, parecía más un demógrafo que un líder en tiempo de crisis). Podría reducir el Gobierno, no solo por gasto y estética, sino por eficacia en la coordinación. Podría capitalizar los éxitos del Gobierno en la lucha contra ETA, en la mejora de la seguridad ciudadana, en la lucha contra los accidentes de tráfico, en política exterior y de Defensa (G-20, Cuba, una buena gestión en Afganistán...). Podría mantener su agenda de derechos sociales (libertad religiosa, igualdad y esos otros asuntos que tanto nos excitan). Podría manejar su permanencia o su sucesión con inteligencia, contrastando con el "cuaderno azul" de Aznar. Podría llamar a la movilización contra el "peligro" que nosotros suponemos para la tolerancia y las políticas progresistas del gusto de la mayoría sociológica de España.
¿Puede hacerlo? Lula y Bachelet, dos casos recientes como otros muchos más antiguos, salieron del Gobierno con una altísima valoración después de estar casi tan bajos en confianza como lo está hoy Zapatero. Tiene tiempo. No van a ayudarle las próximas elecciones, pero aún tiene bazas que jugar. El otro día te ganó y podría recomponerse y seguir jugando como un buen estratega y no solo como un buen táctico. Aquí estamos nerviosos solo de pensarlo, porque tú, Mariano, ya no vas a tener más oportunidades.
¿Y si Paul tiene razón y ganamos la Copa del Mundo de fútbol?
Si fuera así, propongo un ligero cambio en la bandera española, un cambio que refleje la importancia del apoyo incondicional de un cefalópodo (para más recochineo) alemán.
Desde este humilde blog respaldo que si ganamos el Mundial, transformemos nuestra bandera para incluir en ella a nuestro gurú de la suerte: al pulpo Paul.
¡Coronemos la rojigualda con la señera imagen del pulpo adivino!
La bandera es el buen juego, una forma de conciliar a favor de una causa común y sin partidas de nacimiento - Se ha asumido con normalidad que el Barça sea la academia predominante
Hay entrenadores que no necesitan levantar el dedo índice al cielo y dar la vuelta al ruedo tras superar una eliminatoria europea en campo ajeno. Algunos son más mundanos, incluso ante conquistas mayores. Su carisma es otro. No precisan desbravarse, tampoco espejos en los que engominarse. Estos no buscan el plano corto, no anhelan portadas, no restan protagonismo a los verdaderos actores: los futbolistas. Es el caso de Vicente del Bosque, que podría sentirse en la cima del mundo, pero alcanza una final mundialista, se abraza con su fiel Toni Grande y acude en búsqueda de su colega derrotado, Joachim Löw, con el que estrecha la mano de forma afectuosa y educada.
En Del Bosque no hay revanchismo alguno, y motivos encontraría. Por mucho menos se han deslenguado otros. El seleccionador español bien podría revolverse contra quien le desahució de su casa al aducir que era un técnico antediluviano. O contra el veneno de algún comentarista de Al Yazira. En Del Bosque hay otra sensibilidad. Es el día de san Fermín. Así se llamaba su padre, como su hermano también fallecido. Esos recuerdos laten en su interior mientras su equipo se glorifica. No hay mayor síntoma de la naturalidad de esta selección que su entrenador. Hay otras pistas.
Una imagen quedará para las enciclopedias. Una escena que habría pasado inadvertida en muchos países, no en España, hasta esa bendita sencillez que ha calado hasta el tuétano en este grupo. Ya nadie se extraña de que, al término del choque con Alemania, el futuro capitán del Madrid se cuelgue con euforia de la nuez del capitán del Barça. No hay pie para las miradas retorcidas. Quedan algunos focos de resistencia carroñera, pero España, un equipo, sin más, se ha sacudido la caspa. Su bandera es el buen fútbol, un estilo, una forma de conciliar a favor de una causa común, sin partidas de nacimiento por el medio. Vive de espaldas a los torticeros que escrutan a los que pestañean cuando suena el himno, que pasan revista a quienes se doblan las medias un centímetro por encima del rojo o el amarillo. Estos chicos solo quieren ganar un Mundial, por ellos y por la felicidad que despiertan en todos los rincones, sin politiqueos. España no solo ha ganado un equipo delicioso, sino que se ha despojado de tanta casquería. La selección es ahora un ventilador, sin hojarascas en el entorno, sin tanto cainita alrededor.
También se ha asumido con una normalidad -a la vista del pasado, resulta extraordinaria- que el Barça sea el cultivo predominante. Un motivo de orgullo para los azulgrana, que frente a Alemania alinearon a siete futbolistas (Villa incluido), y un filón para España. No hay dobleces: el director técnico de la selección es un madridista hasta los huesos como Fernando Hierro y en el banco gobierna otro merengue de por vida como Del Bosque. La selección es identitaria, aperturista. Ya no es un simple paréntesis entre Liga y Liga.
Hala, Barça; visca el Madrid, podría ser el credo de esta selección en la que no faltan representantes de viveros como el del Athletic, el Atlético, el Sevilla, el Valencia o el Espanyol. Y los que lleguen, porque no hay barreras. Xavi no se encontraría sin Casillas. Casillas no se vería sin Xavi. Ahí está Víctor Valdés, Lucifer decían algunos. Hoy se entrena como un jabato, sin malas caras. Están Reina y Marchena, los grandes agitadores desde el banquillo. Frente a Alemania, como en otras jornadas, apenas se sentaron, siempre dispuestos a dar aliento. Ni un reproche de Cesc, todo un capitán del Arsenal, ni de Silva, que era un fijo, o de Navas y Llorente, revulsivos sin continuidad. Ni de Fernando Torres, icono del equipo. En España no hay galaxias. No hay lugar para los disidentes. La cohabitación, por encima de todo. En las buenas y en las malas. Tan vocacional es el equipo que cuando sufre un tropezón ante Suiza lo metaboliza como parte del juego. Nadie se siente en la diana, no hay truenos. No hay quien conozca mejor el fútbol que quien lo interioriza como lo que es, una catarata de angustias, alegrías, baches y podios. Un juego de todos para todos. Tan natural como esta España Fútbol Club.
Mundial Sudafrica 2010: la Reina Sofía visita el vestuario español
Por César Molina, exdirector de Merril Lynch y de diversos cargos de responsabilidad en la Administración Pública española.
Esta semana ha habido intensos rumores sobre un hipotético rescate de España por parte de la Unión Europea (UE) y del Fondo Monetario Internacional (FMI). Estos rumores tienen su origen en Alemania y han sido insistentemente propagados por el Financial Times y por medios de comunicación germanos. Estos rumores, como veremos, son interesados y buscan apuntalar la frágil solvencia de los bancos alemanes. En este artículo me propongo explicar las circunstancias históricas que han llevado a la situación actual y por qué un rescate de la UE y del FMI, que España no necesita, beneficiaría principalmente a Alemania.
Alemania es un país con exceso de ahorro crónico. Esto quiere decir que los bancos alemanes tienen más depósitos de los que pueden invertir en activos alemanes. Para invertir este exceso de depósitos, los bancos alemanes tienen dos opciones básicas. Una es depositarlos en la facilidad de depósito del Banco Central Europeo. Es la opción más segura, pero da un rendimiento extraordinariamente bajo, un 0,25% en la actualidad. La segunda es invertir el exceso de ahorro en activos financieros generados por países que, como España, tienen déficit de ahorro. No hay más opciones. Históricamente, Alemania ha apostado simultáneamente por las dos vías: grandes depósitos en el BCE y gran posición acreedora respecto a países con déficit de ahorro crónico, tales como los EEUU y España.
Durante la última década el desequilibrio entre los países con exceso y con déficit de ahorro crónicos se ha agudizado hasta extremos que no se habían visto con anterioridad. Esto llevó a los primeros, como diría Ricardo Caballero, a financiar las burbujas inmobiliarias que la propia situación de desequilibrio generó en los segundos. Así, los bancos alemanes y de otros países del norte de Europa, compraron grandes cantidades de activos financieros vinculados a los mercados inmobiliarios de los EEUU, España y otros países. Todos estos activos ofrecían rentabilidades interesantes y tenían la máxima calificación crediticia, por lo que se suponía que debían ser seguros. La ley de hierro de las finanzas –a mayor rentabilidad mayor riesgo- fue ignorada una vez más y esto es algo que nunca se hace impunemente.
Para facilitar la explicación de lo que ocurrió me centraré en los casos de España, como país deficitario en ahorro, y en Alemania, como país con exceso del mismo. Para captar ahorro exterior, los bancos y cajas españoles emitían activos financieros con subyacente inmobiliario (cédulas hipotecarias, principalmente) que vendían a instituciones financieras de países con exceso de depósitos, como Alemania. De este modo, la exposición a un mismo riesgo -el del mercado inmobiliario español- se hacía a través de vehículos distintos en los bancos de uno y otro país. En España la exposición a ese riesgo era directa, se tomaba a partir de hipotecas que estaban en el balance de las instituciones de crédito. En Alemania, la exposición a ese mismo riesgo era indirecta, a través de unos títulos hipotecarios que podían ser vendidos en mercado secundario para obtener liquidez. Esto parecía, hace tan sólo tres años, una gran ventaja.
Cuando estallaron las burbujas inmobiliarias, los mercados secundarios de deuda privada se desplomaron. Y no se han vuelto a recuperar. Se desplomaron los mercados de CDOs con subyacente “subprime” americano, se desplomaron los mercados de cédulas con subyacente de alta calidad, se desplomaron de manera indiscriminada todos los activos referenciados al mercado inmobiliario. Y esto, paradójicamente, afectó mucho más a los bancos alemanes que a los españoles. El por qué de esta asimetría hay que buscarlo en la contabilidad. De acuerdo con la normativa contable internacional, los activos en el balance de un banco se valoran con criterios diferentes dependiendo de si ese activo tiene un precio de mercado o no lo tiene. Simplificando mucho una casuística muy compleja, un activo en balance que tenga precio de mercado debe valorarse a ese precio y, si éste cae por debajo del precio de adquisición, la pérdida potencial debe reconocerse en cuenta de resultados o provisionarse. Si, por el contrario, el activo no tiene precio de mercado y entra en mora o es dudoso, el banco tiene que provisionar conforme a un calendario gradual aprobado por el regulador. La diferencia entre uno y otro supuesto es muy grande porque en el primer caso hay que provisionar cualquier activo cuyo precio de mercado esté por debajo del precio de adquisición, aunque no haya entrado en mora o sea dudoso, mientras que en el segundo sólo hay que hacerlo en aquellos casos en que la calidad del activo se ha deteriorado. Con esta crisis ha quedado de manifiesto que, con estas normas contables, las titulizaciones conllevan un riesgo de mercado secundario muy importante que, en el caso de las españolas, ha sido el que ha afectado al balance de los compradores a pesar de que la calidad crediticia de los títulos no se ha resentido.
Esta situación provocó pérdidas pavorosas en los bancos alemanes y, por extensión, en los de otros países europeos con exceso de ahorro como los Países Bajos o Bélgica, porque tuvieron que provisionar buena parte de su exposición a los mercados inmobiliarios americano, español y otros. En España la situación fue, y es, menos grave porque los activos hipotecarios que están en el balance de bancos y cajas no tienen precio de mercado y, por tanto sólo hay que provisionar los que están en mora y los dudosos y ello conforme a los calendarios establecidos por el Banco de España. Los bancos alemanes, junto con los holandeses y los belgas, hubiesen quebrado en masa si no hubiesen recibido gigantescas ayudas de Estado para mantenerlos a flote. Nada de eso ha ocurrido en España todavía y es de prever que, incluso contando las inyecciones de capital del FROB, las ayudas de Estado necesarias para mantener la solvencia del sistema crediticio serán muy modestas en términos comparativos con otros países del norte de Europa. Ironías de la Historia.
¿A quién interesa, pues, que la UE y el FMI “rescaten” a España? Principalmente a los bancos alemanes porque un rescate supondría una garantía implícita para el riesgo inmobiliario español que acumulan en sus balances. Podrían liberar provisiones y apuntarse beneficios. Alternativamente, en vez de dedicarse difundir rumores y a organizar rescates no solicitados, podrían esforzarse en mejorar su gestión. Desde junio de 2007 el Deutsche Bank ha caído en bolsa un 56% y el Banco de Santander un 30%. ¿Refleja esta diferencia la asimetría de las normas contables o diferencias en la calidad de la gestión en los dos bancos? Que cada cual haga sus conjeturas.
Están sucediendo cosas increíbles. Felipe González lo ha dejado claro en el centenario del grupo parlamentario socialista, al poner sobre el tapete la esencia de lo que está ocurriendo. Por ejemplo, que la pretendida improvisación del Gobierno Zapatero es menos improvisadora que la de otros muchos países europeos en lo que se refiere a la guerra contra la crisis económica, pero que la propaganda de la derecha y de sus voceros y afines ha sido capaz de volver las verdades del revés. Como ocurre en la política general del país. Es el caso de la campaña contra José Bono urdida por el PP y algunos medios afines, varios de ultraderecha lindando con el fascio, que pretende colocarlo en el infierno, al tiempo que guardan silencio, o protegen arteramente, las tropelías de dirigentes autonómicos peperos, que se permiten el lujo de predicar austeridad teniendo sobre sus cabezas el fardo insoportable de despilfarros horrorosos o incluso de presuntos latrocinios a lo grande. Ya dijo Lenin, si es Lenin quien lo dijo, que una mentira repetida mil veces se convierte en verdad.
Los discursos de Felipe González y de Rodríguez Zapatero en el referido centenario han puesto bien a la vista muchas de las cosas que el PSOE y su Gobierno tenían que haber ido aclarando en los últimos meses, pero que no lo han hecho, sea por desgana, sea por aburrimiento, sea por amedrentamiento ante los brutales zarpazos de una derecha envalentonada por la gravedad de una crisis económica que ellos han hecho todavía más grave con su proceder multiplicador, una crisis provocada por sus correligionarios económicos y financieros y pagada por quienes no tienen ninguna culpa de ella. Muy acertadamente ha dicho Felipe que faltan casi dos años para las elecciones generales y que eso es un tiempo infinito, en el que puede ocurrir todavía cualquier cosa. No es fácil, pero las cosas pueden cambiar de aquí a las elecciones y cargarse el sentido de las actuales encuestas. Y si no es así, que Dios nos pille confesados, como vengo advirtiendo y como González le acaba de decir a Zapatero. Paciencia y barajar.
Los mercados -signifique lo que signifique esa abstracción de carácter teológico- han ganado la batalla que hace apenas unos meses fingían haber perdido, cuando el capitalismo -¿recuerdan?-, víctima de sus contradicciones internas, se había ido al carajo para dar paso al socialismo de rostro humano (si quieren más tópicos, dispongo de un saco junto al ordenador). Los mercados tienen hoy comiendo en su mano a todos los Gobiernos de Europa en general y al de España en particular. El Ejército español es el Ejército de los mercados, la Hacienda española es la Hacienda de los mercados, la Cultura española es la Cultura de los mercados, y así de forma sucesiva (Agricultura, Interior, Industria, Igualdad, Fomento...). Ministerio a ministerio, subsecretaría a subsecretaría, toda nuestra organización estatal está a su servicio. Si mañana deciden que hay que suprimir la Biblioteca Nacional, se suprime y punto.
Le gustaría a uno pensar que en el patio de algún instituto, en el campus de alguna universidad, o en el sótano de alguna imprenta, se está organizando el modo de poner en su sitio a los mercados. Pero no será fácil porque sus ayatolás han filtrado hasta el tuétano de los más renuentes la vieja idea de que la alternativa a la injusticia es el caos total. Narcosis absoluta, pues. Hasta el anestesista se ha dormido. Quizá puedan surgir aquí o allá pequeños focos de rebelión, pero o bien estarán financiados por los mercados (para transmitir la idea de que sufren), o bien la Policía, que es ya la policía de los mercados, se encargará de sofocarlos y de llevar a los cabecillas a la Justicia, que es también la justicia de los mercados. Quiere decirse que si desde el punto de vista económico vienen tiempos duros, desde la perspectiva moral, mejor pegarse un tiro (el tiro que no nos atrevemos a pegar a los mercados).
Somos muchos los que por activa o pasiva hemos tenido que sufrir la represión del franquismo. Algunos (miles y miles) lo hicieron penando en la cárcel sin juicios o con sentenciar arbitrarias, otros (miles y miles) luchando en la posguerra como maquis escondidos en los montes de España, muchos (miles y miles) muriendo en el campo de batalla luchando contra las fuerzas fascistas y facinerosas, a montones (miles y miles: más de 113.000) muriendo asesinados a traición y enterrados en las cunetas de las carreteras de mi país, etc., etc., etc.
Yo, por ser más joven que los que estuvieron en la guerra civil, lo sufrí indirectamente en la piel de mi padre, preso y perseguido durante años por sus creencias, o en el sinvivir de mi madre, insultada y vilipendiada por unos energúmenos ineducados y carentes de cualquier tipo de dignidad humana, mientras eran azuzados contra de ella por los curas y monjas de la España más oscura, abyecta y malvada.
Afortunadamente, lo que no soy es descendiente de alguno de esos 113.000 honrados españoles que tienen a sus familiares enterrados como perros, sin saber el sitio concreto en donde los arrojaron, en donde los escondieron, en donde los humillaron, en donde los asesinaron.
Esas 113.000 familias, después de más de 70 (SETENTA) años, siguen sin tener derecho a buscar y enterrar dignamente a sus bisabuelos, abuelos, padres o, en algunos casos, hermanos.
Esas 113.000 familias son el vivo reflejo de la iniquidad de un sistema judicial que ampara al asesino que asesinó a sus familiares (y protege “el buen nombre” de los descendientes de los asesinos) mientras ataca miserablemente al juez que trataba de ayudarlas.
Esas 113.000 familias sufren cada día viendo como un juez honrado y cabal, Baltasar Garzón, es arrastrado por el fango de las miserias de la justicia española, una justicia que trata de evitar que se haga justicia (valga la redundancia) y que utiliza todas las argucias legales (e ilegales) para tapar el sufrimiento de los 113.000 represaliados a manos del general Franco y sus secuaces.
Para esas familias, en su honor, Azucena Rodriguez grabó el cortometraje que veréis a continuación, un trabajo englobado dentro del proyecto "Cultura contra la impunidad", que pretende denunciar "el abandono político en el que se encuentran las víctimas del franquismo".
Para dar vida a los personajes, Azucena contó con la ayuda desinteresada de 15 grandes personajes de la escena y el arte español, hombres y mujeres comprometidos con la lucha por el recuerdo y la dignidad de las 113.000 personas mancilladas por los fascistas del general Franco y sus secuaces (y descendientes). Los nombres de estos 15 protagonistas, son: Pedro Almodóvar, Maribel Verdú, Hugo Silva, Juan José Millás, Carmen Machi, Juan Diego Botto, José Manuel Seda, María Galiana, Aitana Sánchez-Gijón, Miguel Ríos, Pilar Bardem, Almudena Grandes, Juan Diego, Paco León y Javier Bardem.
Después de cada testimonio, después de cada relato de este vídeo, lo único que oímos es el sonido de la descarga de las balas de un pelotón de fusilamiento, el último ruido que debieron oír todos y cada uno de los 113.000 desaparecidos de mi país.
Pedro Almodóvar interpreta a Virgilio Leret Ruiz, aviador, Jefe de las Fuerzas Aéreas de la Zona Oriental de Marruecos. Fue el primer militar asesinado por sus compañeros sublevados al amanecer del 18 de julio de 1936 en la Base Aérea Militar de Melilla. No tuvo ni abogado, ni juicio, ni sentencia. Sus hijas todavía lo están buscando. El cineasta no ha podido asistir a la presentación del vídeo porque estaba haciendo localizaciones para su próxima película, pero envió una nota en la que se leía: "No es una cuestión política, sino humana. España no debe olvidar la deuda que tiene con estas miles de familias".
Maribel Verdú pone voz a Primitiva Rodríguez, enlace de la guerrilla antifranquista, detenida el 6 de septiembre de 1947. Su sobrino iba con ella y vio cómo dos hombres la violaban detrás de unos arbustos mientras a él lo alejaban del lugar en una camioneta.
Javier Bardem es Francisco Escribano, un cabrero de 18 años al que fusilaron el 1 de julio de 1941 por haber robado "para los del monte" dos sacos de garbanzos, una manta, unas tijeras, seis calcetines, seis pañuelos y diez pesetas. En la misma tapia, y por el mismo delito, murieron su padre, dos de sus tíos y uno de sus primos.
Almudena Grandes se mete en la piel de Granada Garzón de la Hera. El cura de su pueblo la denunció por no estar casada por la Iglesia. Primero la excomulgaron, después, la raptaron y le raparon la cabeza. Fue fusilada con otras 16 mujeres. Después de enterrar sus cuerpos en un lugar desconocido, denunciaron a su marido. También fue asesinado, como el mayor de sus siete hijos. "Lo que han visto", ha dicho la escritora tras la presentación del vídeo, "no tiene que ver con el pasado de este país, sino con el presente, y sobre todo con su futuro. La democracia no puede seguir ignorando esta tragedia y caminando sobre el vacío. Esto no es un ejercicio nostálgico, sino una llamada a la reflexión sobre el tipo de país que queremos ser", ha añadido.
María Galiana, que antes de ser actriz fue maestra, recuerda la historia de Balbina Gayo Gutiérrez, maestra republicana, detenida el 9 de septiembre de 1936 y asesinada al día siguiente. A su marido, Ceferino Farfante Rodríguez, también maestro, lo mataron un día después, cuando fue a preguntar por ella. Dejaron tres hijas muy pequeñas que todavía los están buscando. Entre ellas, Hilda Farfante, que ha asistido, muy emocionada, a la presentación del vídeo. "Me ha parecido un grito contra tan largo y vergonzoso silencio. Nadie había hecho nada semejante por nuestros muertos. Gracias en nombre de 113.000 familias", ha dicho.
Juan Diego Botto es Santos Valentín Francisco Díaz, herrador, tesorero del Círculo Obrero. Fue detenido en agosto de 1936 y encerrado en un campo de concentración. En octubre de ese mismo año le fusilaron junto a otras seis personas en Villadangos del Páramo (León). Dejó siete hijos, el mayor de 17 años, el menor de 11 meses. Su cuerpo no ha sido recuperado. Botto ha agradecido esta mañana "el coraje, la generosidad y la inmensa paciencia que los familiares de las víctimas han demostrado todos estos años, desde la Transición", y ha deseado que el país "se ponga a su altura".
Carmen Machi pone voz a Isabel Picorel. El 26 de agosto de 1936 escapó de su casa junto a sus tres hijos, después de que la avisaran de que los falangistas iban a detenerla por sus simpatías republicanas y como castigo a su marido, quien, tras el golpe de Estado del 18 de julio, se había unido a las fuerzas democráticas republicanas de Asturias. Al volver a su casa para recoger algunas pertenencias fue detenida. La asesinaron junto a otros tres hombres en una cuneta en el municipio de Fresnedo.
Juan José Millás es Antonio Parra Ortega, un jornalero de 34 años, asesinado el 4 de septiembre de 1936. Tenía dos hijos y dos meses después de que lo asesinaran nació su hija Antonia que ha viajado desde Marchena a Madrid para ver el vídeo. "Me ha emocionado mucho conocerla", ha dicho Millás, al que le había impresionado mucho sobre todo, una imagen de la historia de Antonio Parra. "Su mujer enterró los libros que había en casa en el patio porque ella sabía que lo habían matado por leer".
Aitana Sánchez-Gijón recuerda a Julia Conesa, una de las 13 rosas. En mayo de 1939 un conocido de su novio la denunció a la policía. La fusilaron el 5 de agosto. Tenía 19 años. La actriz, muy emocionada, ha reconocido, tras ver el vídeo, que le estaba costando "mantener la compostura". "La democracia no es completa si no hay reparación. Ya basta", ha dicho.
Paco León se pone en la piel de su bisabuelo, Joaquín León Trejo, maestro de escuela en un pueblo de Sevilla. Un alumno le denunció por republicano. Le fusilaron a él y a sus dos hermanos.
Pilar Bardem habla en nombre de María Álvarez, que durante años ayudó a los guerrilleros antifranquistas. Fue asesinada con su hermano Marcelino en julio de 1951.
José Manuel Seda recuerda a Gerardo González Iglesias, jornalero, militante de UGT y padre de cuatro hijos. Al comienzo de la guerra se alistó como miliciano. Fue fusilado el 5 de marzo de 1938. Fue a parar a una fosa común. Sus hermanos Ángel, de 32 años y Ramón, de 26, también fueron asesinados. En la presentación del vídeo ha destacado la valentía de los que, como Gerardo González, habían dado su vida por defender sus convicciones. "Me pregunto si yo sería capaz de tirarme al monte para defender lo que creo".
Hugo Silva es José Villalibre Toral, albañil y labrador. El 22 de agosto de 1936 fueron a buscarlo un grupo de falangistas, que lo asesinaron horas después. Tampoco tuvo ni abogado, ni juicio, ni sentencia.
Miguel Ríos recuerda a Severiano Rivas, alcalde republicano. Fue detenido en 1936 mientras estaba tomando un café. A los dos meses, le pegaron un tiro y abandonaron su cuerpo en los alrededores del cementerio.
Juan Diego es Feliciano Marcos Brasa, de Destriana (León), miembro de las Juventudes Socialistas de su localidad natal e hijo de Higinio Marcos Pérez, presidente de la Sociedad de Trabajadores de la Tierra. A finales de julio de 1936, Feliciano fue secuestrado en su pueblo y torturado, asesinado y enterrado en un paraje alejado varios kilómetros. En octubre de ese mismo año su padre fue también asesinado junto a dos vecinos.
Si después de visionar este admirable recuerdo por los 113.000 inocentes asesinados, si después de verlo no sientes la imperiosa necesidad de ser parte de la lucha por la dignidad de las familiares de los desaparecidos, tiéntate el pecho: posiblemente no tienes corazón (ni dignidad).
En el programa El Intermedio, de la cadena de televisión la Sexta, que dirige magistralmenteEl Gran Wyoming (José Miguel Monzón Navarro) con la colaboración de Beatriz “La China” Montañez, se habló sobre dos de los peores (como personas, como seres humanos) locutores de la radio española, dos personajes famosos por sus soeces (no por sexo, no) y falaces comentarios que propalan a los cuatro vientos. Estoy hablado "del" César Vidal (¡papá, que vergüenza que esté éste fulano donde también estás metido tu!) o del presunto delincuente (por tener varias querellas en marcha o por haber sido condenado por difamación) Federico Jiménez Losantos.
Estos dos fulanos, el Vidal y el Losantos, fueron hasta no hace muchas fechas los presentadores estrellas de la cadena de radio de la Conferencia Episcopal Española. Por sus bocas salieron (más bien vomitaron) tanta y tanta bilis, tanto y tanto desprecio y maledicencia, que hasta los obispos españoles (que no tuvieron reparos en amparar a los militares españoles que mano alzada apoyaron a Hitler), los expulsaron de la cadena previo pago de unas suculentas indemnizaciones.
A raíz de lo sucedido en Gaza hace pocos días, cuando el ejército israelí abordó barcos neutrales en aguas internacionales, acto de piratería totalmente prohibido por el derecho internacional, matando, hiriendo y secuestrando a personas (entre ellas, algún español) que nada tenían que ver con grupos terroristas, los dos fulanos citados antes, los susodichos Vidal y Losantos, se dedicaron a pregonar a los cuatro vientos todo tipo de mentiras y calumnias que se caen por su propio peso, a poco que sepamos de la realidad diaria que se vive en Gaza.
Obviamente, tanto El Gran Wyoming como Beatriz “La China” Montañez no podían dejar de comentar las barbaridades que dijeron esos dos fulanos, y el resultado es este vídeo que está más abajo.
No lo puedo evitar: siento una profunda animadversión hacia José María Aznar y todo lo que representa. No sé si es algo visceral (del interior más oscuro de mis vísceras) o, sencillamente, lo que me pasa es que veo cosas en él (quizá su bigote medio nazi, su incapacidad para mover el labio superior, su mirada torva y ladina, su mala hostia de enano come callo o esa suficiencia de nuevo rico hortera) que me produce el mismo desprecio y asco que el que me produciría la carne pútrida a la que acuden las alimañas y los buitres.
Desde el mismo momento en que inicio su carrera política, basándose en una acusación falsa y despreciable contra un buen hombre, Demetrio Madrid, a la sazón presidente de la comunidad autónoma que le robo este despreciables personajillo de poco más de un metro y medio, supe que su vida estaría marcada por un cúmulo de actos de semejante vileza moral.
Los años, que a muchos le sirven para adquirir experiencia y sabiduría, como al diablo (sabio por viejo, no por diablo), en su caso, para lo único que le valieron fue para acumular odios, desprecios, bajezas y rencores que lo carcomen miserablemente.
Ver su actitud de poncio mendicante del emperador yanqui, del más rematadamente tonto de todos los presidentes yanquis de toda la historia (en hijo pequeño de papá Bush, un mozalbete de inteligencia similar a la de una ameba, quizá producto de sus excesos con el alcohol y las hamburguesas), producía un sonrojo y humillación general que aún hoy arrastramos como una pesada losa.
Verle pavonearse ante los Reyes de España, tratándolos con el desprecio que sólo puede salir del corazón de un mal nacido (¡de menuda y traidora familia, de infausta memoria, viene este Arnarl!), a los que somos republicanos y poco dados a la complacencia con el mal menor que es la monarquía española, nos sentimos solidarios con la templanza demostrada por Juan Carlo I o de la Reina Sofía, a todas luces mucho más sensatos, cariñosos y cercanos.
Contemplar su alegría infinita y su chulesca prepotencia por verse admitido en el Trío de las Azores, obviamente, como palanganero, en un acto de violación de las normas y derechos internacionales al declarar la guerra unilateral a un país en contra de los dictados de la ONU, además de ser el más doloroso y brutal ataque al derecho internacional y a la inviolabilidad de las fronteras, fue la constatación de que el fin último de aquella batalla sólo era el expolio y robo de los derechos de explotación del petróleo de un país árabe.
Admirar (je je je) su elegante porte, elevado muchos centímetros del suelo gracias a las alzas que se incluye en el interior de sus zapatos y a la necesaria ayuda de unos taconazos de más tamaño de lo habitual, mientras conducía de su brazo a su hija Ana ante el altar mayor del Monasterio de El Escorial, histórica residencia de la familia real española, para esposarla a un personajillo metido en todo tipo de zarandajas y extraños negocios (¿por qué oscura razón huyo este fulano para Londres justo cuando empezaban a destaparse los escándalos de sus trajimanejes mercantiles?), además de producir sonrojo ante ese feo o cochino intento de asimilar la boda a una boda real, fue la constatación de su escasísima altura moral y su absolutamente despreciable concepto de la decencia.
Descubrir que este fulano, de enano tamaño (moral, y del otro), se pavonea de sus éxitos como dignatario cuando la realidad fue otra: tuvo la suerte coger la presidencia justo cuando se produjo el cambio de ciclo económico a nivel mundial (finales del 1995, principios de 1996), de que vendió todas las joyas del patrimonio del estado (Endesa, Telefónica, Repsol, Red Eléctrica Española, Argentaria, Campsa, Aceralia, Caja Postal, Banco de Crédito Industrial, Banco de Crédito Local, Indra, Tabacalera, Inespal, Artespaña, Enagas, Tisa, Elcano, Hijos de J. Barreras, Icsa, Enatcar, San Bárbara, Babcok Wilcox, Ence, Aerolíneas Argentinas, Musini, Iberia, Gas Natural, Retevisión, Aldeasa, Auxina, etc.), que potenció un sector como el del ladrillo abocado al fracaso y que no fue capaz de transformar la economía española con el cambio de los pilares de desarrollo, pero que ahora se erige en un gurú en economía y predica a diestro y siniestro (lo que mejor se le da, lo siniestro) sobre la maldad de Zapatero… al que sólo le falta acusar de ser el diablo, con rabo y cuernos, y de que se alimenta a base de niños recién nacidos.
Verle perder las elecciones, humillado y machacado por el Partido Socialista Obrero Español, fue muy positivo para descubrir qué había detrás de esa fachada de supuesto hombre de estado: lo que descubrimos fue lo que ahora sufrimos.
Después de seis años de haber dejado la presidencia de su país, pasó a ser el “corre ve y dile” de diversos fondos de inversión extranjero de alto riesgo (esos desalmados que están especulando contra las economías de medio mundo y haciéndose multimillonarios a base de hundir países y monedas), y a pregonar a los cuarto vientos que su país, sin él, es una mierda (casi literal), un lugar al que le falta muy poco para que se abran las entrañas de la tierra y nos trague.
Palabras textuales dichaspor este fulano en el extranjero: "Se puede hablar de lo que se quiera, han terminado con todo y nos han llevado a la crisis más grave de España en los últimos 60 años. Es una responsabilidad a la que les va a ser muy difícil escapar. Si alguien se preguntó ¿Qué es socialismo? Y dijeron, es lo que hacen los socialistas. Pues los socialistas cada vez que tienen oportunidad llenan España de escombros, de parados y de miseria" "El Estado actual no es ni políticamente viable ni financieramente sostenible. Tenemos que ir de un estado residual a un estado capaz y eficaz" "Hay otra división en la euro zona. Es una de las consecuencias de esta situación. Si uno ve los periódicos, o mira la televisión, la Unión Europea explica la decisión que hay que tomar para el Gobierno español o el Gobierno griego. Es una consecuencia política muy dura, y ojalá mi país estuviera en otra situación" "Ahora, la responsabilidad de Alemania y Francia es la de intentar impedir otra crisis en la euro zona. Y la responsabilidad de que la situación que está teniendo lugar en algunos países como Grecia, Portugal e incluso España, no contamine al resto"
El que un expresidente de un país hable así de sus conciudadanoss, sólo puede llevarnos a verlo como lo que es: un miserable que exuda odio, resentimiento, envidia, vileza, maldad, rencor, perversidad, degradación moral.
En pocas palabras: José María Aznar es un traidor, y como tal debemos tratarlo.
Solo las almas vasallas aplauden los espejismos dominantes. Como ese ácido olor a funeral por la economía española que alimenta al cabalgante aumento del riesgo país. Contra esa miseria habría una vacuna, aunque solo es eficaz si se usa bien, y con arrojo: los números.
Quienes asociaron el mal temple de nuestra economía al de Grecia y otros pigs empezaron criticando el excesivo endeudamiento público. El Gobierno reaccionó tarde, recordando machaconamente que la deuda pública era en 2009 solo el 55,2% del PIB, 20 puntos menos que la de los vecinos europeos.
Entonces, fase dos, se adujo que lo peor no era la deuda, sino la velocidad de su aumento: el déficit. Del 11,2%, justo por debajo de Reino Unido. La réplica fue que pese a todo, no crecería más allá del 75% (el nivel común) en cinco años.
En el tercer acto dieron en descubrir que el flanco débil no era la deuda pública, sino la deuda-país. O sea, la suma del endeudamiento de las administraciones, las familias, las empresas y los bancos.
Ahí mordieron bien. La deuda total casi cuadriplicaba la producción de un año. O sea, ascendía a unos 3,9 billones de euros, en torno a un 390% del PIB, según estimaciones de AFI. Un horror.
Alguien acaba de desagregar de esa cifra las deudas cruzadas entre los distintos sectores. Con datos homogéneos del servicio de estudios que dirige Jordi Gual, el director general de La Caixa, Juan María Nin, dio la campanada en la jornada anual del Círculo de Economía, en Sitges. La deuda-país global española es solo del 289% del PIB (Reino Unido, el 286%; Holanda, el 284%), sostuvo.
Dentro de ella, la privada, del 227% (Reino Unido, 217%; Holanda, 209%). La pública, según Eurostat, del 53,2% en España (Reino Unido, 68,1%; Holanda, 60,9%). La exterior, del 165% (Reino Unido, 405%; Holanda, 170%).
La comparación con ambos países tiene morbo. Reino Unido alumbra los estándares y establece las referencias. Holanda es el copiloto de Alemania en la cruzada por la ortodoxia presupuestaria europea. Pues bien, los datos fríos sitúan a España cómodamente junto a esos dos socios, a quienes nadie pone en la picota.
"¿Qué esconde ese endeudamiento, solo un fondo de comercio discutible o hay detrás inversiones reales?", concluía Nin. "El problema es que no sabemos explicar de forma coherente la economía española", remataba. Falta un relato vigoroso, una espina dorsal explicativa, coincidían todos.
Si se logra superar el tercer acto, es decir, relativizar el endeudamiento global, llegará el cuarto. De hecho, ya está ahí. El argumento será que el paro y la débil densidad empresarial española prefiguran una recuperación asténica, insuficiente para afrontar las deudas. Quizá. Remando también contra corriente, Miguel Boyer adujo que las exportaciones reales de bienes y servicios entre 1996 y 2005 crecieron en la campeona Alemania un 7,6% acumulativo; seguida de España (6,7%); Francia, y Reino Unido (5,1%); EE UU (4,1%) e Italia (2,4%). España ganó cuota. Y en 2.010 va recuperando.
Vale, dirá Don Pésimo, pero exporta poco en relación con su PIB. Otro espejismo. Salvo Alemania, en que las exportaciones suponen el 47,2% del PIB (datos del Banco Mundial para 2008), los otros van a la par: Reino Unido, 28,9%; Italia, 28,8%; Francia y España, 26,4%.
De modo que las cifras perfilan una situación menos trágica que la que se empeñan en divulgar los mercados. Otra cosa es que los políticos defiendan bien los números, o que sean creíbles cuando lo intentan. Cuando fallan, los espejismos se convierten en espejo cóncavo.
También con ánimo de molestar, asociemos a estos nombres que ponen el foco en el otro lado de la luna, al presidente de Abertis y del Círculo, Salvador Alemany. Cerró Sitges con un discurso a retener para la reforma fiscal pendiente: "La imposición directa no puede estar tan sesgada en perjuicio de las rentas salariales con relación a otro tipo de rentas, protegidas por la dificultad de su control o el temor a su deslocalización". Porque al cabo, ese sesgo antisalarios "constituye una mayor presión fiscal sobre el tejido productivo". No lo proclama un pelanas, sino un ejecutivo de postín.
Querido Baltasar: Por estas fechas, en tu tierra se canta: "Algo se muere en el alma, cuando un amigo se va". Pues eso, tengo tristeza en el alma por la suerte transitoria que rencores y manos sucias te desean. No te soportan.
Hoy, me han pedido unas letras sobre ti en EL PAÍS. He decidido, más que regalarle al periódico un artículo, recordar en público la historia de nuestra relación personal y mandarte esta carta.
Era el año 1992. Fui, como todas las Navidades, a pasar un día con los guardias civiles que prestaban servicio en Herrera de la Mancha. Allí manifesté que los éxitos de los guardias eran, a veces, vampirizados por los jueces. Te enfadaste. No nos conocíamos. Ventura nos llevó a comer al Asador Donostiarra y allí dijiste algo que no me pasó por alto: "Soy un progresista sin partido... que quiere ayudar a los que más necesitan". Al acabar llamé a Felipe González y le conté la cena. Me impulsó a que te tantease: "¿Vendría a las elecciones con nosotros?" Acabamos en los Quintos de Mora y a los pocos días el Comité Federal del PSOE -por unanimidad, que algunos olvidan- te propusieron como número dos de nuestras candidaturas por Madrid, justo detrás de Felipe. Asumimos que la llegada de un juez prestigioso a nuestras filas obraría el milagro. Así fue. Ganamos las elecciones y algo debiste influir en ello. ¿Recuerdas en Lugo, cuando te quejabas de que los mismos que te vitoreaban anteayer te odiaban hoy por ir con nosotros?
Eres de esas personas que sabe que la esperanza de vida al nacer es suficientemente corta como para entregarse a la rutina, la mediocridad, la inacción o la sopa boba. Nunca soportaste el estruendoso silencio de quienes se encojen de hombros. Es más, en materia de lucha antiterrorista hiciste un favor a España que nunca te pagaremos: por los muchos asesinos que encerraste y porque ayudaste a que los términos indiferencia y complicidad fueran sinónimos.
Luego te incomodaste. Razones tenías, pero la verdad es que eres un poco enfadica. Recuerdo las llamadas a deshora de Felipe: "¡Ve a ver a Garzón!". Ya no había remedio: tu personalidad indómita había chocado con un modo de hacer política muy de Felipe. Nos peleamos bien peleados y, desde luego, yo me quedé con Felipe y con PSOE. Tú te fuiste con un sonoro portazo que hizo felices a bastantes de los que hoy te quieren meter preso. Lo que hiciste con nosotros fue muy duro.
Te fuiste al Juzgado y empezaste a darnos cera. No sé hasta qué punto el cambio de escenario pudo perjudicarte. Tu fugaz paso por la política sin duda te ha marcado. Después vendría el Gal... y el PSOE en la diana.
Casi dejamos de hablarnos. Pero de nuevo una decisión audaz me reconcilió contigo: la causa contra Pinochet. Conectaste con todo el mundo decente y trataste de meter preso a un asesino que además, pudiste demostrar, era un cobarde y un ladrón.
De nuevo la causa de la dignidad en tus manos. Devolviste a muchos chilenos y a millones de ciudadanos sin fronteras la confianza en que hay más Justicia que la divina. Tu actuación avergonzó a todos aquellos que para huir de la justicia terrenal cometen la impostura de poner a Dios como pantalla de sus desmanes. Demostraste que por muchas flores que los liberticidas corten no pueden acabar con la primavera.
Tu espíritu combativo, y ese sentido común de justicia universal que te anima, me hace sentirme muy orgulloso de ti. Dicen que eres vanidoso. ¿Sólo tú? ¿Más que ellos? La verdad es que no eres "divino", pero somos muchos los que te queremos por eso, porque eres humano.
Ahora te quieren condenar. Sabes lo mucho que lo siento por ti, por tus hijos, por tu madre, por Torres... y por España. Sí, ya sabes que yo hablo de España con frecuencia y lamento lo que dirán de nosotros por ahí fuera cuando sepan que al juez más eficaz contra ETA y contra los narcotraficantes lo han echado del juzgado. Estoy seguro de que los que te quieren mal tendrán abogados y cómplices para pedir tu condena, pero yo no tengo ninguna razón para callar ni para evitarme una pregunta: ¿Tu suerte hubiera sido la misma si tu empeño hubiera caminado ideológicamente en sentido contrario? ¿Te habrían denunciado si hubieras abierto diligencias contra Azaña, o contra Besteiro?
Quiero y deseo que te salves. Que te crezcas moralmente ante quien te odia. Algunos de tus enemigos disfrutaron de la ausencia de libertad durante décadas y ahora añoran aquel pasado que muchos creímos que pertenecía a la noche de los tiempos. Baltasar ¡ánimo! Porque los españoles prefieren a la gente decente -aunque pueda cometer errores, somos humanos- que a los desalmados que encuentran fórmulas para impostar la decencia de la que carecen.
Me despido con tristeza. Esta semana nos reuniremos algunos abogados defensores en el Tribunal de Orden Público. Alguna vez me puse la toga en el TOP. Iba con rabia, pero no con tristeza. Sabía que pronto llegaría el final. Hoy estoy triste porque han ganado tus denunciantes, los que viven en el odio. En fin, Baltasar... a tus amigos sólo nos han dejado una opción: mostrarte nuestro afecto. Y yo lo hago con gusto y con orgullo. ¡Ah! y que Dios que ayude porque el diablo trabaja duro contra ti.
José Bono es presidente del Congreso de los Diputados de España.
Tarde o temprano habrá un impuesto a las rentas de “los más ricos”. El problema está en determinar quiénes son los ricos. Causa hilaridad suponer que sean los que ganan en torno a 60.000 euros al año. Esos son, precisamente, parte de la clase media española. Los ricos serían, según algunos economistas consultados, aquellos que ingresan más de 200.000 euros/año y, además, declaran así a Hacienda. O sea, ricos transparentes. Admitamos que esta es una cantidad suficiente para considerarlos afortunados.
Luego están los ricos tramposos, que son aquellos que se refugian en el fraude y que el Gobierno no puede renunciar a sacarles de sus engaños y simulaciones haciendo que emerjan sus ingresos y patrimonios. Y, por fin, están los ricos miserables, que son riquísimos pero que parecen pobres: no tienen residencia porque está a nombre de una sociedad; tampoco vehículos porque tienen su propiedad atribuida a una Compañía; disponen de inversiones y depósitos fuera de España, en lugares desde donde se suministran el dinero para sus vacaciones, amarran la propiedad de sus yates, los gastos y dispendios que se procuran en el extranjero… y el sin fin de comodidades con las que viven y se mueven. Son esos que según la prensa del corazón comienzan a “descansar” a finales de mayo y no terminan de hacerlo hasta finales de septiembre.
Son miserables -aunque ricos- por su insolidaridad, ahora en la crisis, como antes en la bonanza. Porque es miserable eludir el concurso a la economía nacional, o cobrar un sueldo moderado y completarlo con sobresueldos mediante asesoramientos de sociedades interpuestas o recurriendo a las mil y una formas que la ingeniería jurídico-fiscal permite cogitar para beneficio de este enorme grupo de aprovechados.
Operación de destape
Cualquier Gobierno -de derechas o de izquierda, tanto da- debe asumir la progresividad fiscal. Pero ésta sólo es convincente cuando se han agarrado con determinación los tentáculos del fraude, cuando de verdad los ricos miserables han sido desembozados, cuando los tramposos paguen el IVA de las obras que hacen en sus residencias, cuando se garantice que se abona la Seguridad Social de los empleados domésticos, cuando se velen por los derechos de los trabajadores temporales, cuando se meta mano a la economía sumergida, cuando el Estado no se lance sólo, ni principalmente, a la nómina de los que ganan bien o regular y abandone la lucha permanente contra la trampa y la elusión.
Si quieren que nos creamos que se van a gravar a los ricos en esta crisis, que haga el Gobierno una operación de destape como Dios manda. Yendo a quien de verdad tiene, disfruta y se burla de las apreturas del país. Atrapando a los tramposos y a los miserables, y no sólo los nominalmente ricos de 60.000 euros/año, se llegaría a un cierto grado de consenso en el justo reparto de los sacrificios que comportan la recesión. Este sí que es un objetivo nacional, transversal. Porque lo impone la decencia.
Por su trascendencia, claridad e inapelable demostración de la iniquidad e injusticia que se está cometiendo con el juez Baltasar Garzón, nada mejor que leer este artículo escrito por el ex Jefe de la Fiscalía Especial Anticorrupción de España, don Carlos Jiménez Villarejo.
El señor Jimenez desarrolló una excepcional labor de lucha contra todo tipo de corrupciones y delincuencias económicas; fue el látigo que persiguió y castigo a multitud de políticos inmorales, a los que llevo ante los tribunales, consiguiendo algunas sentencia ejemplares.
Por esa encomiable labor, el gobierno del Partido Popular “PP”, la (extrema) derecha de España, le “premió” con el cese en el puesto y su jubilación anticipada, e incluyendo en el “premio” la eliminación de la Fiscalía Especial Anticorrupción: justo pago por la defensa de la justicia pública.
Por tanto, desde su experiencia profesional y conocimientos jurídicos, el escrito del señor Jiménez Villarejo es un testimonio de importantísimo valor probatorio.
Manuel Marchena, magistrado del Tribunal Supremo (TS), es el instructor de la causa penal contra el juez Baltasar Garzón por el patrocinio del Banco Santander a unos cursos que dicho juez moderó en la Universidad de Nueva York y en los que no hubo anomalía penal alguna. En diciembre de 2007, el magistrado Marchena, con motivo de la resolución de un recurso de casación, tuvo ocasión de conocer los siguientes hechos: entre 1987 y 1989, el Banco Santander comercializó, junto con sus filiales Banca Jover, Banco Comercial Español, Banco Zaragozano y Banco de Murcia, un producto conocido como cesiones de créditos, dirigido a captar recursos financieros. Uno de los principales reclamos del producto era su opacidad fiscal, que se concretaba en la inexistencia de obligación de practicar retenciones e ingresos a cuenta sobre sus rendimientos y, por ello, en la falta de obligación de comunicar de forma periódica y generalizada los datos de sus titulares e importes de la inversión a la Hacienda Pública. A ello se añadía una buena rentabilidad. Por sus características, este producto se convirtió en un instrumento ideal para la inversión de capitales del llamado dinero negro y llegó a captar más de 410.000 millones de pesetas.
Los acusados –el presidente de la entidad y varios altos directivos– participaron al más alto nivel en el diseño de la estrategia y la operativa para la comercialización de dichos productos.
Posteriormente, prepararon las directrices de actuación para responder a los requerimientos de información de la Agencia Tributaria a fin de obstaculizar su tarea y facilitarle datos erróneos, incompletos o falsos.
La magnitud del movimiento de capitales que supusieron las cesiones de créditos, y su evidente éxito entre determinados sectores con alto poder adquisitivo, no pasaron desapercibidos para la Agencia Tributaria, que inició una serie de actuaciones frente a diversas entidades financieras para conocer y corroborar el origen de los fondos. Singularmente, el Santander y sus filiales optaron por una actitud de resistencia frente a los intentos de la Agencia Tributaria por esclarecer las titularidades y regularizar las situaciones tributarias de los implicados, lo que se explicaba por el gran volumen de activos captado por el grupo bancario y las especiales garantías dadas a los clientes de su plena opacidad fiscal y la ausencia de riesgo fiscal en la contratación del producto.
Todo ello se concretó, en un primer momento, en la negativa a facilitar a la Agencia Tributaria la identidad de los inversores alegando la inexistencia de una obligación legal de hacerlo.
Posteriormente facilitaron los datos, de forma tardía, parcial, incompleta o errónea, llegando finalmente, en determinados supuestos, a proporcionar datos falsos de personas que no se correspondían con la titularidad real de la inversión.
La actitud de obstrucción ante las actuaciones de la Agencia Tributaria fue in crescendo. Cuando esta inició la recopilación de información por el procedimiento de ejecución forzosa, los responsables del grupo bancario llegaron a la convicción de que la entrega o descubrimiento de los datos que se habían querido ocultar era inevitable y se puso en marcha la última fase de su estrategia obstructora. Consistió en el cambio de titularidades y la elaboración de documentación inexacta que avalara dichas titularidades falsas.
Estos eran los términos de las acusaciones formuladas por las acciones populares –ante la falta de acusación del fiscal– en la Audiencia Nacional en el curso de 2006. Acciones representadas por la Asociación para la Defensa de Inversores y Clientes e Iniciativa per Catalunya Verds. Dicho tribunal decidió, mediante la creación de la llamada doctrina Botín, no enjuiciar a los acusados ante la irrelevancia de los acusadores –pese a que uno de ellos era un partido político con representación parlamentaria– y la ausencia del fiscal. Qué diferencias con el proceso contra el juez Garzón, a quien el juez Varela se niega a aplicar dicha doctrina. Para que luego vengan a hablarnos de la igualdad ante la ley.
Cuando el Tribunal Supremo conoció del recurso de la acusación y confirmó por mayoría la sentencia anterior de la Audiencia Nacional, el magistrado Marchena se sumó a la posición mayoritaria en claro y directo beneficio de los acusados. Por cierto, unos meses después, el señor Marchena participaba en unas jornadas sobre la prueba en el proceso penal en Canarias bajo el patrocinio de una única entidad bancaria, el Banco Santander. ¿Podría saberse cuál fue el alcance de aquella subvención? La gravedad de los hechos y la oposición del TS a que los acusados fueran juzgados –con “artimañas de leguleyo”, según el escritor José Mª Izquierdo– es una prueba de los condicionamientos del poder económico sobre el poder judicial y el ministerio fiscal ante un desafío que duró los 14 años de proceso.
Sin duda, la personalidad de los acusados generó, según el magistrado Jorge Barreiro –ahora instructor de la causa penal contra el juez Garzón por las escuchas del caso Gürtel–, una coyuntura procesal singular en la que “el abogado del Estado ha conseguido rizar el rizo del travestismo jurídico, pasando de parte acusadora que defiende los intereses del Estado contra un fraude fiscal que rebasa los 80 millones de euros, a convertirse en abogado defensor de quienes (…) resultan imputados como autores del presunto fraude”.
Realmente, el magistrado Marchena debería tener presente, entre otros, estos antecedentes para proceder ya al archivo del proceso.
Muchas veces me pregunté cuáles pueden ser las razones, los porqués de la falta de educación de (muchos, muchísimos) los españoles que pululan por mi país. ¿Por qué somos así? ¿Qué trabajo nos cuesta saludar con un “Buenos días” o despedirnos con un “Adiós”? ¿Por qué cualquier ciudadano latinoamericano es muchísimo más educado que nosotros? ¿A qué se debe que tengamos tan mala fama por nuestra displicencia y dejadez en el trato? Supongo que habrá muchas respuestas para algo así. Yo tengo la mía...
Pienso que nuestros problemas se iniciaron en los años tumultuosos de los estertores de la dictadura de Franco, años de represión política, de falta de libertad de expresión, de religiosidad exacerbada, de desprecio al diferente. Era una España que vivía en blanco y negro. Una España que era como los televisores de la época: vieja, plana, sin brillo.
Con la llegada de la democracia y la libertad de expresión, en el tránsito entre lo grosero de una dictadura y lo civilizado de un estado de derecho, algunos, muchos, confundieron el legítimo privilegio a opinar con el (supuesto) derecho a decir lo que nos diera la gana, sin medir las consecuencias de nuestras palabras. Cualquiera de mis conciudadanos consideró normal tratar a sus convecinos como si todos fuéramos iguales, en plan “coleguilla”; muchos olvidaron que la educación en el trato no está reñida con libertad en el trato. Algunos, demasiados, olvidaron que no todos somos iguales.
Obviamente, cuando digo que no todos somos iguales, no me refiero a que seamos distintos como clase social o por la función que desempeñamos en la sociedad. No, no me refiero a eso. Me refiero a que no somos iguales en cuanto a edades y nuestra situación personal en la sociedad.
No somos iguales cuando un chico de 15 años trata como si fuera otro chiquillo de su misma pandilla (de barrio) a un señor de 75 años; tampoco somos iguales cuando en un vagón de metro sigue sentada una chica de 15 años, mascando chicle, mientras viaja de pie una señora de 75 años o una mujer embarazada; no nos parecemos en nada cuando una persona se dirige a nosotros de “usted” y nosotros respondemos de “tu”; no es sinónimo de libertad entrar en un comercio, no saludar y dirigirse al empleado o empleada en plan imperativo, como si aquello fuera nuestro y la otra persona nuestra esclava.
No, no es lo mismo.
Esa pérdida de valores y de educación es la que nos llevó a lo que ahora somos: un país lleno de gentes abruptas, toscas, groseras, ordinarias, cerriles. Resumiendo: un país sin educación cívica.
Ejemplo claro de que esto es así, de que hemos llegado a la cumbre de lo socialmente reprobable, de que ya nadie se libra del pecado de la ineducación, son los dos ejemplos de los que hablo a continuación.
Por un lado, en la foto, podéis ver a un ex presidente del gobierno de mi país: el insigne y nunca bien ponderado, José María Aznar.
Este personaje de corta talla física (pese a las vergonzosas alzaderas que mete en sus zapatos), que se las da de ultraliberal y neocon, de estar en posesión de la razón absoluta (señalado por el dedo de la infalibilidad), de ser un acérrimo defensor de los sacrosantos valores de la religión católica, es también el mismo fulano que después de impartir (más bien, repartir) una conferencia en Oviedo, y ante las quejas de parte del público por su defensa de la guerra de Irak y otros desmanes similares, no tuvo ningún tipo de reparo en poner duro el dedo corazón de su mano izquierda, haciéndoles, a sus detractores, “una peineta”.
Ver así, en actitud barriobajera y canallesca, a un personaje que alcanzó la más importante de las tareas de gobierno de un país de 45.000.000 de persona, nos permite entender más fácilmente el porqué otro fulano de aquí, de la España de los toros y la pandereta, el llamado John Cobra, no tuvo reparos en comportarse como se comportó.
El ser llamado John Cobra, un ex legionario fascista, tatuado a tutiplé y con varios piercings repartidos por su cuerpo, un fulano que no pasó de educación primaria (pese a que ser gratis el estudio de resto de grados) y que tiene el mismo sentido del ridículo que una lombriz, fue el protagonista de un bochornoso espectáculo que dio en TVE, en la televisión pública española (ver vídeo).
Este mamífero, al que la biología califica como bípedo (¿homo sapiens, tal vez?), se define a si mismo como cantante y showman. Se hace acompañar de una chiquilla de nombre Carol, a la que dice amar y respetar, pero a la le repartió, según denuncias en los juzgados, algunas manadas de hostias (violencia de género).
Este ser (¿humano?) tuvo el atrevimiento de concursar para ser el representante de España en el festival de Eurovisión. Obviamente, su espectáculo fue tan rematadamente malo y soez, que el público le increpó.
¿Cómo reaccionó este insigne catedrático emérito de educación y cultura? Pues más o menos como lo hizo José María Aznar, pero con más proliferación de ordinarieces: tocándose los huevos (con perdón), ofreciendo sus atributos de macho para el uso y disfrute del público masculino (supongo que también femenino) y expeliendo por sus fauces una enorme sarta de sandeces e improperios hacía el público que lo denigró.
¿Son muy distintos el llamado Aznar del llamado Cobra? ¿Acaso, no son similares sus actos y su falta de respeto hacia la gente? ¿Su ineducación viene de su época de estudiantes, quizá del mismo colegio religioso? ¿Fueron compañeros de pupitre o tuvieron al mismo confesor?
Estas y muchas otras preguntas se quedarán sin respuesta, pero la fundamental es otra: ¿Cómo vamos a ser más educados los españoles, si el que fue representante máximo de la dignidad de mi país se comporta como un vulgar pandillero de barrio? ¿Cómo vamos a ser más educados, si el “modelo” a seguir es alguien como José María Aznar? ¿Nos extraña que algunos españoles hagan lo que hacen, si tienen de modelo al maleducado, impresentable y pendejo de Aznar?
Así nos va…
Alfredo Webmaster
El insigne José María Aznar, profesor asociado de la Universidad de Georgetown (¡Manda huevos!, que dijo el miembro del Opus Dei, Federico Trillo), impartiendo clases de educación y civismo.
Obsérvese la cara de regocijo "educacional" del ex presidente del Gobierno de España
El alumno aventajado de José María Aznar, el “ser” llamado John Cobra, dando muestras del aprovechamiento de las enseñanzas impartidas por el profesor asociado de la Universidad de Georgetown
Tú coges a un militante del PP de Valencia y le robas la cartera con el dinero que acaba de sacar del cajero automático, y el tío te persigue hasta que te pilla. Lógico. A la gente no le gusta que le roben.
Lo que me parece raro es lo contrario, que pilles a un caco desvalijándote la casa y que en vez retorcerle el brazo, pienses que hay una conspiración contra el que te está levantando el televisor de plasma, y que el verdadero culpable eres tú.
Eso es más o menos lo que pasa con la corrupción política: nos roban y nos quedamos tan campantes. Nos quedamos tan campantes los que somos normales. Los anormales van un paso más allá y defienden al ladrón de su dinero.
Hay varias teorías para explicar esta reacción tan incomprensible, pero tan extendida en España. Una dice que aquí somos tan sectarios que aceptamos que nos roben si el ladrón es de los nuestros. No me la creo. Otra dice que la sociedad está corrupta y que los electores no penalizamos a los partidos envueltos en escándalos como la Gürtel, porque todos haríamos lo mismo en circunstancias similares. Esta hipótesis me la creo más, pero tampoco me convence.
La indiferencia ciudadana ante el caso Gürtel se debe a nuestro escaso sentido de lo público, a nuestra pésima educación ciudadana. Cuando Bárcenas quintuplica su patrimonio, nadie tiene la sensación de haber sido expoliado, por más que ese dinero provenga directa o indirectamente de las arcas públicas. En cambio, si Bárcenas nos atracara en un callejón oscuro sí montaríamos en cólera, aunque fuéramos del PP. ¿Por qué? Porque una vez que entregamos el dinero a Hacienda dejamos de considerarlo nuestro. Porque creemos tan poco en lo público, que nos damos ya por robados.
El final del juez Baltasar Garzón ya tiene fecha: 22 de abril del 2010. Parece que será ese día cuando el pleno del Consejo General del Poder Judicial vote su suspensión temporal, lo que en la práctica supone su salida de la Audiencia Nacional, probablemente para siempre. Lástima que el CGPJ no se reúna este 14 de abril para así redondear del todo el símbolo. Sería tan simétrico que la Falange pudiese aparcar al único juez que se atrevió a mirar bajo la alfombra del franquismo justo en el aniversario de la II República...
No todos los años se puede ganar la Champions en el estadio de tu histórico rival. Pero aunque los franquistas tengan que esperar otra semana, su victoria seguirá siendo igual de sonada. Una vez más, el fascismo hace de vanguardia de batalla de los intereses de la derecha; son sus mamporreros. Y así la Falange Española de las Jons, un sindicato ultra presidido por el ex número dos de Blas Piñar en Fuerza Nueva y una desconocida asociación xenófoba conseguirán acabar con Garzón en una fiesta para el franquismo donde no sólo brindará la ultraderecha sino también la derecha, el extremo centro, el centro reformista y también parte de la vieja izquierda de los GAL.
Sin embargo, Baltasar Garzón merece ser salvado no sólo por una cuestión estética. Garzón es inocente no sólo porque sus acusadores sean unos ultras. Hay muchos argumentos jurídicos para defenderlo, desde los tratados internacionales sobre crímenes contra la humanidad hasta la propia jurisprudencia del Supremo sobre la acusación popular. Me centraré en la acusación de prevaricación, es decir, de tomar una decisión judicial injusta a sabiendas, en el caso de las fosas del franquismo, que es el caso que le puede costar el puesto y dónde el ponente del Supremo, Luciano Varela, ha ordenado iniciar el juicio oral.
La prevaricación es un delito que sólo pueden cometer los jueces, funcionarios públicos y autoridades administrativas; es un delito muy poco común, porque la mayoría de las ocasiones en las que un juez es acusado de prevaricar, las denuncias son archivadas. Contra Garzón, Manos Limpias ya había presentado otras 18 querellas antes, hasta ahora sin éxito.
La jurisprudencia del Tribunal Supremo establece que la prevaricación sólo se produce cuando existe una actuación "tan patente y manifiesta, que pueda ser apreciada por cualquiera". "Es necesario que la ilegalidad sea tan grosera y evidente que revele por sí la injusticia, el abuso y el plus de antijuricidad", afirma una sentencia del Supremo, del 17 de junio de 1998. "Sólo cabe prevaricación cuando de modo claro y evidente, sin posibilidad de duda al respecto, la resolución de que se trate carece de toda explicación razonable, es decir, es a todas luces contraria a derecho", dice otra sentencia del supremo del 26 de junio de 1996. Y en el caso de Garzón resulta difícil de argumentar esta actuación judicial "grosera y evidente" porque parte de los jueces de la sala de la Audiencia Nacional que en aquel momento estudiaron su competencia compartieron sus tesis. Es decir, que si Garzón prevaricó, también lo hicieron los otros dos magistrados que le apoyaron.
Aún en el caso de que un juez llegue a ser condenado por prevaricación, la doctrina del Tribunal Supremo suele ser bastante laxa. En 1986 absolvió al juez Jaime Rodríguez Hermida, que había convencido a otro compañero de la Audiencia Nacional de dejar en libertad al jefe de la Camorra Antonio Bardellina. Y más recientemente, el Supremo también ha dado un trato amable al juez de Marbella Francisco Javier de Urquía, que fue condenado por el Tribunal Superior de Justicia de Andalucía por cohecho y prevaricación a dos años de cárcel y 17 de inhabilitación como juez. Su delito lo merecía: había cobrado 73.800 euros de Juan Antonio Roca -el cabecilla de la trama corrupta marbellí destapada por la 'operación Malaya'- a cambio de varias sentencias favorables.
El juez Urquía recurrió y le fue bien. El Tribunal Supremo rebajó la condena de cohecho a 21 meses de suspensión de empleo y eliminó la prevaricación. Según esa sentencia, para que el delito de prevaricación se produzca, el juez tiene que actuar con conciencia e intención deliberada de faltar a la justicia, algo que, en opinión del Supremo, no sucedió en este caso.
Para más ironía, de lo más grosera y evidente, entre los firmantes de aquella sentencia que absolvió a Urquía de prevaricar está el propio Luciano Varela, el mismo que ahora ha ordenado que Garzón se siente en el banquillo por prevaricar.
Me tomo la libertad de hablar de los jueces del Tribunal Supremo, sin anteponer a sus nombres los rimbombantes tratamientos al casposo uso. Lo de Excmo. Sr. D. que al parecer le corresponde al señor Luciano Varela, me produce urticaria democrática.
Por cierto, dicen quienes le conocen que siempre sintió celos de Baltasar Garzón. Un juez nacido en 1948, no podía consentir que otro, 7 años más joven, brillase con luz propia en el firmamento de la judicatura. Por ello, buscó la amistad con el entonces ministro Belloch para ascender, apoyado en la bochornosa politización de la judicatura. Como juez conservador no lo conseguiría; pero sí podría lograrlo como juez progresista y a ello se dedicó.
Me decía hace un par de años un amigo mío magistrado en Madrid que Varela era un profesional con méritos suficientes para alcanzar el Tribunal Supremo. A su favor tenía el hecho de pertenecer a Jueces para la Democracia y contar con el apoyo de los gobiernos socialistas. En su contra, su afán de protagonismo y falta de lucidez personal. O sea, que le faltaba brillo para ser estrella.
Sin embargo, recuerdo gratamente la entrevista que le realizaron en El Correo Gallego en octubre de 2007, en la que dejó dos frases para enmarcar. En defensa de la utilización del idioma gallego en la justicia, sentenció: “Es un peligro que alguien que dice que el idioma gallego en la justicia es un peligro, siga ahí.” Y hablando de la Ley del Jurado, dijo: “El jurado es como meter camiones de sentido común en la justicia”. Por frases así, se le puede valorar positivamente. Si el pueblo habla gallego, los interrogatorios y las sentencias deben ser en la lengua habitual. En todo caso, deberían ser los jueces, como minoría social, quienes la aprendan y la utilicen. ¿Y qué decir del aire fresco que significa la incorporación del jurado popular en los juicios? Pues chapeau.
Lo malo de las personas que buscan lucimiento personal, pero a las que les falta la valentía de Garzón, tal que Luciano Varela, es que en el ánimo de destacar y convertirse en estrellas, dictan sentencias tales como aquella de hace dos años, en la que el progresista Varela redujo en cinco la condena del bárbaro que, delante de sus hijos menores, le había pegado a su esposa hasta dejarla tetrapléjica. Su razonamiento, que jamás sería aceptado por un jurado popular, vino a decir algo así como que “no se puede culpar al maltratador de la tetraplejia de su esposa, porque esta es el resultado de la paliza” (¿?).
Así es como se las gasta un mal pretendiente a juez estrella. Y así, con estas y otras cosas, es como nos sentimos quienes formamos parte de millones de españoles demócratas deseosos de constituirse en juzgado popular, para decirle a Varela que, como pena, tan solo recomendase a Garzón que no actuase en el filo de la navaja. Porque aquí en España, gracias a la politización de la justicia y a marginales grupos añoradores del Caudillo, no está bien contravenir lo aprobado en la Ley Española de Amnistía, aunque esta esté en contradicción con los crímenes de lesa humanidad contemplados en la Corte Penal Internacional. Una recomendación de este tenor, digo yo, podría salvar la cara del tribunal. Pero de ahí a acusarle de prevaricador y echarlo de la judicatura entre doce y veinte años...Vamos ¡Qué no!
Un jurado popular como el que tan ardientemente defiende el progresista juez Varela, en el que estuviésemos representados una inmensa mayoría de demócratas, no aprobaría una deliberación contra don Baltasar, por haber cometido una indisciplina en la fase de instrucción, con el único fin de facilitar la recuperación de los restos de los asesinados por los crímenes del franquismo. El jurado, libre de ataduras políticas, revanchistas y de celos, no querría que se le acusase de prevaricación, por quienes representan un pasado que no puede salvar ley de amnistía alguna.
Un juez como don Baltasar Garzón, que gracias a su valentía de moverse en el peligroso y criticado filo de la navaja, fue quien de encerrar a Pinochet, desmantelar el aparato político y económico de la organización terrorista ETA, fajarse con los capos de la droga de las mafias rusa e italiana, investigar los abusos cometidos en la cárcel de Guantánamo y dictar orden de detención contra Bin Laden, ¿merece un trato tan infame y humillante? No, no se trata de pagar favores a la democracia, ni que las actuaciones dejen de juzgarse por autos separados. Hablamos de lo que a nivel de calle creemos injusto y revanchista. Somos muchos, muchísimos, yo diría que mayoría, quienes nos preguntamos: ¿está actuando bien la justicia? ¿con méritos así, pretende alcanzar el estrellato el progresista juez Varela?
¡Ah! Ya olvidaba decir que también se le debe al juez Garzón la lucha contra la trama Gürtel de los Correa, Bárcenas, Crespo, Bigotes, etc. Estoy seguro que los magistrados del Tribunal Supremo ya lo habrán tenido en cuenta.
También dice mi amigo el magistrado que el instructor de la causa, el gallego don Luciano Varela, quien pasa por ser progresista, nunca logrará convertirse en juez estrella, en el mejor sentido de la palabra. A su juicio, le falta valentía para tener la luz propia del juez Garzón.
Por mucho que el juez del Tribunal Supremo Luciano Varela (vecino -¡amigo no!- mío: desgraciadamente, tengo que pasar todos los días por delante de su casa, a escasos metros de la mía) se arrogue para si mismo, y sus compañeros de cacería fascista, el derecho para perseguir al magistrado de la Audiencia Nacional don Baltasar Garzón por un delito de prevaricación, eso no significa que tenga razón para hacerlo.
El origen de esta trifulca legal viene del supuesta delito de prevaricación del magistrado don Baltasar Garzón, por tratar de juzgar los delitos cometidos durante la dictadura del general Franco y la desaparición, eliminación y entierro en fosas comunes, de más de 105.000 personas durante los años de represión fascista, sin contar los otros varios cientos de miles de personas más que tuvieron que pasar años y años en las cárceles o sufrir una desalmada persecución ideológico/religiosa, como mi padre.
Por tanto, la investigación de don Baltasar Garzón ni fue injusta a ojos de la razón ni disparatada a los del Derecho (con mayúsculas).
La historia mundial recordará al general Franco como un dictador contumaz, un asesino inmisericorde y un tirano que estaba dispuesto a matar a media España para enaltecer a la otra media (la más perversa, la más traidora, la más fascista)
La historia mundial recordará su dictadura como aquella que decía, según un bando de la junta militar que presidía ese fulano de nombre Francisco Franco, que estaba permitido “ciertos tumultos a cargo de civiles armados (falangistas, requetés y otros fascistas) para que se eliminen determinadas personalidades (los republicanos, los que gobernaban el país democráticamente), se destruyan centros y organismos (sic) revolucionarios”. Obviamente, esos “tumultos” consistían en el asesinato impune, traidor e inhumano de niños, ancianos, mujeres… y de todos aquellos que se opusiera a la tiranía.
La historia mundial recordará la dictadura del enano y aflautado generar Franco (un mequetrefe de baja estatura –física y moral- y voz de agilipollado), como aquella época de salvaje barbarie en la que, desde las emisoras de radio, sobre todo Radio Sevilla, se pedía a los seguidores del dictador que salieran a la calle a darle tiros de gracia a cada republicano que pillaran, pero que dejaran vivas a sus mujeres para que pudieran ser violadas por los “valientes legionarios” del dictador. Esas viles palabras, pronunciadas en los micrófonos de Radio Sevilla delante del obispo de Sevilla, que miraba complacido y feliz al lugarteniente de Franco, aún ahora, años después de la barbarie, siguen produciendo escalofríos: "Vayan las mujeres de los rojos preparando sus mantones de luto. Estamos decididos a aplicar la ley con firmeza inexorable: ¡Morón, Utrera, Puente Genil, Castro del Río, id preparando sepulturas! Yo os autorizo a matar como un perro a cualquiera que se atreva a ejercer coacción contra vosotros. ¿Qué haré? Pues imponer un durísimo castigo para callar a esos idiotas congéneres de Azaña. Por ello faculto a todos los ciudadanos a que, cuando se tropiecen a uno de esos sujetos, lo callen de un tiro. O me lo traigan a mí, que yo se lo pegaré. Nuestros valientes legionarios y regulares han enseñado a los cobardes lo que significa ser hombre. Y de paso, también a las mujeres. Después de todo esto, estos comunistas y anarquistas se lo merecen, ¿no han estado jugando al amor libre? Ahora por lo menos sabrán lo que son hombres de verdad y no milicianos maricas. No se van a librar por mucho que forcejeen y pataleen”.
Esa etapa española negra, sucia, sórdida, traidora y asesina, fue la que el magistrado don Baltasar Garzón quiso investigar… pero algunos jueces españoles, entre ellos ese taimado “progresista” de nombre Luciano Varela, no le dejaron.
Lo que está pasando en mi país con este asunto es de tal gravedad y tan ofensivo conta la defensa de los valores de la dignidad humana, que hasta en los más importantes periódicos del mundo se están haciendo eco de lo que sucede.
Por ejemplo, en el The New York Times del pasado 8 de abril se censura, con extrema dureza, el enjuiciamiento del magistrado Baltasar Garzón; la crítica incluye el editorial de ese día, que podéis leer en inglés entrando en este enlace o en español, que transcribo a continuación.
“El magistrado instructor más conocido de España, Baltasar Garzón, va a ser ahora procesado en un caso impulsado políticamente que debería haber sido desestimado.
Al juez Garzón le imputan que hizo caso omiso de una ley de amnistía de 1977 cuando decidió investigar la desaparición de más de 100.000 personas durante la Guerra Civil de los años 30 y durante el decenio de represión franquista que siguió a la misma. Las acusaciones las presentaron dos grupos de extrema derecha que temen una investigación abierta de la trayectoria de la era de Franco. Desgraciadamente, uno de los magistrados colegas del señor Garzón admitió la querella y presentó la imputación formal esta semana.
Como resultado de ello, ahora será suspendido de sus funciones hasta que se celebre el juicio. Si es condenado, podría ser inhabilitado hasta 20 años, lo que de hecho acabaría con una carrera dedicada a hacer que terroristas y dictadores rindan cuentas de sus delitos. Eso agradaría a sus enemigos políticos, pero sería una caricatura de justicia.
Los auténticos delitos en este caso son las desapariciones, no la investigación del señor Garzón. Si fueron crímenes contra la humanidad de acuerdo con el derecho internacional, como parece, la ley de amnistía de 1977 no podría exculparlos. Los presuntos autores están todos muertos, y el señor Garzón hace ya mucho tiempo que paró su investigación, que pasó a la jurisdicción de juzgados locales en las zonas donde las víctimas fueron exhumadas.
El señor Garzón es un intrépido y polémico juez que se ha granjeado muchos enemigos a lo largo de los años. Ha incoado casos contra terroristas vascos y de Al Qaeda, contra poderosos políticos españoles, contra dictadores latinoamericanos y contra matones de la mafia rusa.
Le atraen los casos destacados, como su intento de procesar al ex dictador chileno Augusto Pinochet, y a veces se pasa. Pero su objetivo constante ha sido impedir la impunidad de los poderosos y ampliar el ámbito de las leyes internacionales sobre derechos humanos.
El señor Garzón debería poder reanudar esa tarea lo más pronto posible. España necesita conciliar honrada y sinceramente consigo misma su conflictivo pasado, en lugar de procesar a quienes tienen el valor de exigir esa reconciliación”.
Lo que dice el editorial de The New York Times es inapelable: los crímenes contra la humanidad, los correspondientes a la etapa del dictador Franco, no pueden ser amnistiados ni exculpados, por que están sujetos a los acuerdos de derecho internacional. Punto.
En base este precepto de derecho internacional, los grupos y asociaciones que pretenden recuperar la memoria histórica para saber qué les pasó a sus familiares desaparecidos en la dictadura de Franco, están moviéndose para que este caso de injusticia absoluta, inquina personal y persecución mafiosa por parte de la ultraderecha española (y algunos jueces de su misma calaña moral) contra un magistrado honrado como don Baltasar Garzón, ya empezaron a realizar campañas de movilización ciudadana y manifestaciones públicas.
Además, basándose en que el “genocidio y los “crímenes de lesa humanidad” cometidos por el general Franco en España son delitos que “no prescriben”, que según la “jurisdicción internacional” existen pruebas suficientes de que en mi país se actuó de forma inmoral e inhumana, y ante la evidencia de que en España pretender saber la verdad, como hizo Baltasar Garzón, es motivo para que una parte de la justicia te persiga con saña nazi, el abogado Carlos Slepoy presentará demanda internacional la semana próxima en los tribunales de Buenos Aires. ¡Por fin!
A esa campaña me uno y en esa campaña colaboraré con lo que puedo: poniendo mi página a disposición de los lectores que deseen saber cómo va el proceso y colaborando económicamente con los gastos de los juicios.
En cuanto sepa el número de cuenta de colaboración os lo diré: todos tenemos que ayudar a que la justicia prevalezca sobre la injusticia, a que los honrados venzan a los deshonrados, y, sobre todo, a que los seguidores fascistas del general Franco (sus secuaces y sus tontos útiles) no vuelvan a humillar a los españoles honrados, que somos el resto.
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