El PP se maneja bien en la hipocresía. Usa el viejo truco de repetir una mentira hasta que parece verdad. Los suyos suelen creerlo a pies juntillas y, demasiadas veces, logra que los ajenos acepten esas falsedades como hechos indiscutibles. Esta técnica de la repetición ha tenido especial éxito con la nueva legislación sobre la interrupción voluntaria del embarazo.
La primera mentira es que esta norma empeora la legislación anterior desde un punto de vista moral. Dice el PP que atenta contra la vida al permitir las interrupciones hasta la semana 14 de gestación por pura decisión de la mujer. La verdad es que la legislación anterior permitía más abortos que la actual, aunque mantenía la hipocresía de autorizarlos bajo la disculpa de evitar daños psíquicos a la embarazada.
La segunda mentira es que el PP es el partido que defiende la vida y por eso ha recurrido la Ley del Aborto ante el Constitucional. La verdad es que el partido de Rajoy gobernó España durante ocho años en los que no tocó una coma de la legislación sobre aborto, con lo que permitió que se interrumpieran medio millón de embarazados no deseados. La verdad es que cuatro de las seis autonomías donde hoy gobierna el PP están entre las diez primeras en el ránking de número de abortos por cada mil mujeres. Y que es la conservadora y díscola Murcia la que lo encabeza.
La última mentira del PP sostiene que los médicos objetan por doquier y ello impide a las mujeres ejercer su derecho a abortar gratuitamente en la sanidad pública. La verdad es que menos de un 1% de los ginecólogos se niega a realizar estas intervenciones.
Ya es hora de desenmascarar al PP y obligarlo a acatar las leyes vigentes. Las mentiras convencen más cuando quedan impunes.
Próximamente, en las mejores aulas: la doctrina sexual de la Iglesia Católica para niños de 4 a 14 años. La masturbación es “un vicio” o “defecto” que crea “adicción”. La homosexualidad, “una disfunción”. El sexo sólo sirve para tener hijos, y hay que esperar al matrimonio para practicarlo. El celibato es una opción “muy enriquecedora”. Ningún método anticonceptivo previene completamente el embarazo, así que es mejor rechazarlos.
La lección es la de siempre: folla poco, folla mal y siéntete culpable; ten muchos hijos y no te olvides de bautizarlos. La novedad es que el Arzobispado de Valencia ha puesto su oscura teoría sobre blanco en un temario que, a partir de septiembre, llegará a los colegios religiosos valencianos. Como en el resto de España, muchos de estos centros son concertados: pagados con el dinero de todos, también de los que no tachamos la casilla de la Iglesia. En una demostración chanante de lo atrevida que puede llegar a ser la ignorancia, algunas de las lecciones sobre sexo las impartirán sacerdotes; no se sabe si, a cambio, el actor porno Nacho Vidal dará clase de celibato en las iglesias.
Y la Generalitat valenciana ¿qué dice de todo esto? Que “los obispos están haciendo lo que les corresponde”, según respuesta del conseller de Educación, Alejandro Font de Mora, “siempre que ese material sea ofertado libremente a los padres y elegido libremente por ellos”. Según su tesis se puede mentir sobre los métodos anticonceptivos o enseñar homofobia en las aulas, que no pasa nada: “Se debe optar por la mayor pluralidad posible”, afirma el conseller, lo que abre un debate interesante sobre el relativismo moral, que diría Ratzinger.
En un colegio pagado con dinero público, ¿tiene un padre derecho a decidir que su hijo sea educado en el odio, la superstición y la ignorancia?
Te dijimos por este mismo conducto (el pasado 3 de marzo) que estos socialistas son listos y podrían darnos sorpresas. Mariano, el que se examinaba en el debate del estado de la nación eras tú, y no has aprobado. Haber ganado o perdido por poco, según qué encuesta lo diga, es una derrota en toda regla, porque se esperaba que salieras por la puerta grande como Aznar en 1995, con su "Váyase, señor González". Según los datos, Zapatero fue más comunicativo, más convincente, más líder y más preocupado por el país, aunque resultara menos realista.
No se ve en ti alternativa. Las estrategias están para aplicarse, no para que se sepan, y la nuestra -no meternos en líos y cabalgar sobre la crisis- se ha visto demasiado. Zapatero lo utilizó en el debate y resultó muy eficaz. Más te vale hacerte el enfermo cuando tengas que enfrentarte a él, porque te gana: es habilidoso y te dio donde te duele: que no te importa España sino La Moncloa, y que solo esperas a que caiga él para ponerte tú. Se nos ha visto mucho.
Pero que no cunda el pánico: claro que podemos ganar. Para ello es necesario que tú hagas algunas cosas y que ellos dejen de hacer otras. Necesitas que alguien diga que tú tienes un buen programa económico. Los ciudadanos corrientes no van a estudiar tus propuestas, pero si logras que las validen algunos líderes de opinión prestigiosos, eso puede bastar. Necesitas insistir (sin las ridiculeces de Cospedal y su "partido de los trabajadores") en que el PP se preocupa por los débiles. Tienes que mostrar tu voluntad de ayudar al Gobierno... con hechos. En cosas sustanciales: los presupuestos de 2011, alguna de las reformas económicas relevantes... Tienes que seguir callado en asuntos controvertidos como el aborto (bien por la reciente llamada al orden a las comunidades insumisas sobre la aplicación de la nueva ley), el Estatut (asunto concluido: recoge velas, el daño ya está hecho, que siga Pedro J.), o la futura Ley de Igualdad de Trato o de Libertad Religiosa. No movilices a los progresistas enfadándoles. Recuerda que tu victoria solo depende de que esa gente (un par de millones ahora en el aire) se quede en casa. Si temieran que tú retrocederías en esos asuntos, votarían de nuevo a los socialistas.
No puedes ser tan cenizo. No puedes asentar, con perdón por Arriola y González Pons, toda tu victoria en un simple "Usted es el problema; adelante las elecciones". Tienes que ocupar el puesto del líder fuerte que lucha contra un enemigo, que es la desesperanza. Un papel que Zapatero no está representando como podría. Tu enemigo no debe ser Zapatero, sino la crisis. Necesitas mostrar más carácter. Es imperdonable que te fueras el otro día del hemiciclo. Por Dios, Mariano, tenías que haberte quedado allí todo el tiempo, frente al presidente, en simetría con él, escuchando a todos. Fuma la mitad de puros y muéstrate más trabajador. No es tiempo de vacaciones.
Para que tú ganes, ellos tienen que dejar de hacer varias cosas, y de ahí podrían venir las sorpresas. Zapatero podría aún ocupar ese papel de líder, no solo de hábil parlamentario sino de hombre de Estado que se crece ante la dificultad, la reconoce y la afronta. A lo Roosevelt, y no a lo Hoover como hasta ahora. Que se deja la piel ante ese enemigo simbólico que es la desilusión. Podría ningunearte a ti terminando por asentar que tú no eres más que el negativo de siempre que nunca quiso ayudar. Podría dirigirse a su pueblo en prime time, marcando el rumbo ante la adversidad; con solemnidad, llamando a un optimismo realista, mirando a la cara a la gente, explicando sus decisiones difíciles con un relato más empático y menos burocrático que el de costumbre (en el debate el otro día, en la comunicación de la mañana, parecía más un demógrafo que un líder en tiempo de crisis). Podría reducir el Gobierno, no solo por gasto y estética, sino por eficacia en la coordinación. Podría capitalizar los éxitos del Gobierno en la lucha contra ETA, en la mejora de la seguridad ciudadana, en la lucha contra los accidentes de tráfico, en política exterior y de Defensa (G-20, Cuba, una buena gestión en Afganistán...). Podría mantener su agenda de derechos sociales (libertad religiosa, igualdad y esos otros asuntos que tanto nos excitan). Podría manejar su permanencia o su sucesión con inteligencia, contrastando con el "cuaderno azul" de Aznar. Podría llamar a la movilización contra el "peligro" que nosotros suponemos para la tolerancia y las políticas progresistas del gusto de la mayoría sociológica de España.
¿Puede hacerlo? Lula y Bachelet, dos casos recientes como otros muchos más antiguos, salieron del Gobierno con una altísima valoración después de estar casi tan bajos en confianza como lo está hoy Zapatero. Tiene tiempo. No van a ayudarle las próximas elecciones, pero aún tiene bazas que jugar. El otro día te ganó y podría recomponerse y seguir jugando como un buen estratega y no solo como un buen táctico. Aquí estamos nerviosos solo de pensarlo, porque tú, Mariano, ya no vas a tener más oportunidades.
Están sucediendo cosas increíbles. Felipe González lo ha dejado claro en el centenario del grupo parlamentario socialista, al poner sobre el tapete la esencia de lo que está ocurriendo. Por ejemplo, que la pretendida improvisación del Gobierno Zapatero es menos improvisadora que la de otros muchos países europeos en lo que se refiere a la guerra contra la crisis económica, pero que la propaganda de la derecha y de sus voceros y afines ha sido capaz de volver las verdades del revés. Como ocurre en la política general del país. Es el caso de la campaña contra José Bono urdida por el PP y algunos medios afines, varios de ultraderecha lindando con el fascio, que pretende colocarlo en el infierno, al tiempo que guardan silencio, o protegen arteramente, las tropelías de dirigentes autonómicos peperos, que se permiten el lujo de predicar austeridad teniendo sobre sus cabezas el fardo insoportable de despilfarros horrorosos o incluso de presuntos latrocinios a lo grande. Ya dijo Lenin, si es Lenin quien lo dijo, que una mentira repetida mil veces se convierte en verdad.
Los discursos de Felipe González y de Rodríguez Zapatero en el referido centenario han puesto bien a la vista muchas de las cosas que el PSOE y su Gobierno tenían que haber ido aclarando en los últimos meses, pero que no lo han hecho, sea por desgana, sea por aburrimiento, sea por amedrentamiento ante los brutales zarpazos de una derecha envalentonada por la gravedad de una crisis económica que ellos han hecho todavía más grave con su proceder multiplicador, una crisis provocada por sus correligionarios económicos y financieros y pagada por quienes no tienen ninguna culpa de ella. Muy acertadamente ha dicho Felipe que faltan casi dos años para las elecciones generales y que eso es un tiempo infinito, en el que puede ocurrir todavía cualquier cosa. No es fácil, pero las cosas pueden cambiar de aquí a las elecciones y cargarse el sentido de las actuales encuestas. Y si no es así, que Dios nos pille confesados, como vengo advirtiendo y como González le acaba de decir a Zapatero. Paciencia y barajar.
Somos muchos los que por activa o pasiva hemos tenido que sufrir la represión del franquismo. Algunos (miles y miles) lo hicieron penando en la cárcel sin juicios o con sentenciar arbitrarias, otros (miles y miles) luchando en la posguerra como maquis escondidos en los montes de España, muchos (miles y miles) muriendo en el campo de batalla luchando contra las fuerzas fascistas y facinerosas, a montones (miles y miles: más de 113.000) muriendo asesinados a traición y enterrados en las cunetas de las carreteras de mi país, etc., etc., etc.
Yo, por ser más joven que los que estuvieron en la guerra civil, lo sufrí indirectamente en la piel de mi padre, preso y perseguido durante años por sus creencias, o en el sinvivir de mi madre, insultada y vilipendiada por unos energúmenos ineducados y carentes de cualquier tipo de dignidad humana, mientras eran azuzados contra de ella por los curas y monjas de la España más oscura, abyecta y malvada.
Afortunadamente, lo que no soy es descendiente de alguno de esos 113.000 honrados españoles que tienen a sus familiares enterrados como perros, sin saber el sitio concreto en donde los arrojaron, en donde los escondieron, en donde los humillaron, en donde los asesinaron.
Esas 113.000 familias, después de más de 70 (SETENTA) años, siguen sin tener derecho a buscar y enterrar dignamente a sus bisabuelos, abuelos, padres o, en algunos casos, hermanos.
Esas 113.000 familias son el vivo reflejo de la iniquidad de un sistema judicial que ampara al asesino que asesinó a sus familiares (y protege “el buen nombre” de los descendientes de los asesinos) mientras ataca miserablemente al juez que trataba de ayudarlas.
Esas 113.000 familias sufren cada día viendo como un juez honrado y cabal, Baltasar Garzón, es arrastrado por el fango de las miserias de la justicia española, una justicia que trata de evitar que se haga justicia (valga la redundancia) y que utiliza todas las argucias legales (e ilegales) para tapar el sufrimiento de los 113.000 represaliados a manos del general Franco y sus secuaces.
Para esas familias, en su honor, Azucena Rodriguez grabó el cortometraje que veréis a continuación, un trabajo englobado dentro del proyecto "Cultura contra la impunidad", que pretende denunciar "el abandono político en el que se encuentran las víctimas del franquismo".
Para dar vida a los personajes, Azucena contó con la ayuda desinteresada de 15 grandes personajes de la escena y el arte español, hombres y mujeres comprometidos con la lucha por el recuerdo y la dignidad de las 113.000 personas mancilladas por los fascistas del general Franco y sus secuaces (y descendientes). Los nombres de estos 15 protagonistas, son: Pedro Almodóvar, Maribel Verdú, Hugo Silva, Juan José Millás, Carmen Machi, Juan Diego Botto, José Manuel Seda, María Galiana, Aitana Sánchez-Gijón, Miguel Ríos, Pilar Bardem, Almudena Grandes, Juan Diego, Paco León y Javier Bardem.
Después de cada testimonio, después de cada relato de este vídeo, lo único que oímos es el sonido de la descarga de las balas de un pelotón de fusilamiento, el último ruido que debieron oír todos y cada uno de los 113.000 desaparecidos de mi país.
Pedro Almodóvar interpreta a Virgilio Leret Ruiz, aviador, Jefe de las Fuerzas Aéreas de la Zona Oriental de Marruecos. Fue el primer militar asesinado por sus compañeros sublevados al amanecer del 18 de julio de 1936 en la Base Aérea Militar de Melilla. No tuvo ni abogado, ni juicio, ni sentencia. Sus hijas todavía lo están buscando. El cineasta no ha podido asistir a la presentación del vídeo porque estaba haciendo localizaciones para su próxima película, pero envió una nota en la que se leía: "No es una cuestión política, sino humana. España no debe olvidar la deuda que tiene con estas miles de familias".
Maribel Verdú pone voz a Primitiva Rodríguez, enlace de la guerrilla antifranquista, detenida el 6 de septiembre de 1947. Su sobrino iba con ella y vio cómo dos hombres la violaban detrás de unos arbustos mientras a él lo alejaban del lugar en una camioneta.
Javier Bardem es Francisco Escribano, un cabrero de 18 años al que fusilaron el 1 de julio de 1941 por haber robado "para los del monte" dos sacos de garbanzos, una manta, unas tijeras, seis calcetines, seis pañuelos y diez pesetas. En la misma tapia, y por el mismo delito, murieron su padre, dos de sus tíos y uno de sus primos.
Almudena Grandes se mete en la piel de Granada Garzón de la Hera. El cura de su pueblo la denunció por no estar casada por la Iglesia. Primero la excomulgaron, después, la raptaron y le raparon la cabeza. Fue fusilada con otras 16 mujeres. Después de enterrar sus cuerpos en un lugar desconocido, denunciaron a su marido. También fue asesinado, como el mayor de sus siete hijos. "Lo que han visto", ha dicho la escritora tras la presentación del vídeo, "no tiene que ver con el pasado de este país, sino con el presente, y sobre todo con su futuro. La democracia no puede seguir ignorando esta tragedia y caminando sobre el vacío. Esto no es un ejercicio nostálgico, sino una llamada a la reflexión sobre el tipo de país que queremos ser", ha añadido.
María Galiana, que antes de ser actriz fue maestra, recuerda la historia de Balbina Gayo Gutiérrez, maestra republicana, detenida el 9 de septiembre de 1936 y asesinada al día siguiente. A su marido, Ceferino Farfante Rodríguez, también maestro, lo mataron un día después, cuando fue a preguntar por ella. Dejaron tres hijas muy pequeñas que todavía los están buscando. Entre ellas, Hilda Farfante, que ha asistido, muy emocionada, a la presentación del vídeo. "Me ha parecido un grito contra tan largo y vergonzoso silencio. Nadie había hecho nada semejante por nuestros muertos. Gracias en nombre de 113.000 familias", ha dicho.
Juan Diego Botto es Santos Valentín Francisco Díaz, herrador, tesorero del Círculo Obrero. Fue detenido en agosto de 1936 y encerrado en un campo de concentración. En octubre de ese mismo año le fusilaron junto a otras seis personas en Villadangos del Páramo (León). Dejó siete hijos, el mayor de 17 años, el menor de 11 meses. Su cuerpo no ha sido recuperado. Botto ha agradecido esta mañana "el coraje, la generosidad y la inmensa paciencia que los familiares de las víctimas han demostrado todos estos años, desde la Transición", y ha deseado que el país "se ponga a su altura".
Carmen Machi pone voz a Isabel Picorel. El 26 de agosto de 1936 escapó de su casa junto a sus tres hijos, después de que la avisaran de que los falangistas iban a detenerla por sus simpatías republicanas y como castigo a su marido, quien, tras el golpe de Estado del 18 de julio, se había unido a las fuerzas democráticas republicanas de Asturias. Al volver a su casa para recoger algunas pertenencias fue detenida. La asesinaron junto a otros tres hombres en una cuneta en el municipio de Fresnedo.
Juan José Millás es Antonio Parra Ortega, un jornalero de 34 años, asesinado el 4 de septiembre de 1936. Tenía dos hijos y dos meses después de que lo asesinaran nació su hija Antonia que ha viajado desde Marchena a Madrid para ver el vídeo. "Me ha emocionado mucho conocerla", ha dicho Millás, al que le había impresionado mucho sobre todo, una imagen de la historia de Antonio Parra. "Su mujer enterró los libros que había en casa en el patio porque ella sabía que lo habían matado por leer".
Aitana Sánchez-Gijón recuerda a Julia Conesa, una de las 13 rosas. En mayo de 1939 un conocido de su novio la denunció a la policía. La fusilaron el 5 de agosto. Tenía 19 años. La actriz, muy emocionada, ha reconocido, tras ver el vídeo, que le estaba costando "mantener la compostura". "La democracia no es completa si no hay reparación. Ya basta", ha dicho.
Paco León se pone en la piel de su bisabuelo, Joaquín León Trejo, maestro de escuela en un pueblo de Sevilla. Un alumno le denunció por republicano. Le fusilaron a él y a sus dos hermanos.
Pilar Bardem habla en nombre de María Álvarez, que durante años ayudó a los guerrilleros antifranquistas. Fue asesinada con su hermano Marcelino en julio de 1951.
José Manuel Seda recuerda a Gerardo González Iglesias, jornalero, militante de UGT y padre de cuatro hijos. Al comienzo de la guerra se alistó como miliciano. Fue fusilado el 5 de marzo de 1938. Fue a parar a una fosa común. Sus hermanos Ángel, de 32 años y Ramón, de 26, también fueron asesinados. En la presentación del vídeo ha destacado la valentía de los que, como Gerardo González, habían dado su vida por defender sus convicciones. "Me pregunto si yo sería capaz de tirarme al monte para defender lo que creo".
Hugo Silva es José Villalibre Toral, albañil y labrador. El 22 de agosto de 1936 fueron a buscarlo un grupo de falangistas, que lo asesinaron horas después. Tampoco tuvo ni abogado, ni juicio, ni sentencia.
Miguel Ríos recuerda a Severiano Rivas, alcalde republicano. Fue detenido en 1936 mientras estaba tomando un café. A los dos meses, le pegaron un tiro y abandonaron su cuerpo en los alrededores del cementerio.
Juan Diego es Feliciano Marcos Brasa, de Destriana (León), miembro de las Juventudes Socialistas de su localidad natal e hijo de Higinio Marcos Pérez, presidente de la Sociedad de Trabajadores de la Tierra. A finales de julio de 1936, Feliciano fue secuestrado en su pueblo y torturado, asesinado y enterrado en un paraje alejado varios kilómetros. En octubre de ese mismo año su padre fue también asesinado junto a dos vecinos.
Si después de visionar este admirable recuerdo por los 113.000 inocentes asesinados, si después de verlo no sientes la imperiosa necesidad de ser parte de la lucha por la dignidad de las familiares de los desaparecidos, tiéntate el pecho: posiblemente no tienes corazón (ni dignidad).
No lo puedo evitar: siento una profunda animadversión hacia José María Aznar y todo lo que representa. No sé si es algo visceral (del interior más oscuro de mis vísceras) o, sencillamente, lo que me pasa es que veo cosas en él (quizá su bigote medio nazi, su incapacidad para mover el labio superior, su mirada torva y ladina, su mala hostia de enano come callo o esa suficiencia de nuevo rico hortera) que me produce el mismo desprecio y asco que el que me produciría la carne pútrida a la que acuden las alimañas y los buitres.
Desde el mismo momento en que inicio su carrera política, basándose en una acusación falsa y despreciable contra un buen hombre, Demetrio Madrid, a la sazón presidente de la comunidad autónoma que le robo este despreciables personajillo de poco más de un metro y medio, supe que su vida estaría marcada por un cúmulo de actos de semejante vileza moral.
Los años, que a muchos le sirven para adquirir experiencia y sabiduría, como al diablo (sabio por viejo, no por diablo), en su caso, para lo único que le valieron fue para acumular odios, desprecios, bajezas y rencores que lo carcomen miserablemente.
Ver su actitud de poncio mendicante del emperador yanqui, del más rematadamente tonto de todos los presidentes yanquis de toda la historia (en hijo pequeño de papá Bush, un mozalbete de inteligencia similar a la de una ameba, quizá producto de sus excesos con el alcohol y las hamburguesas), producía un sonrojo y humillación general que aún hoy arrastramos como una pesada losa.
Verle pavonearse ante los Reyes de España, tratándolos con el desprecio que sólo puede salir del corazón de un mal nacido (¡de menuda y traidora familia, de infausta memoria, viene este Arnarl!), a los que somos republicanos y poco dados a la complacencia con el mal menor que es la monarquía española, nos sentimos solidarios con la templanza demostrada por Juan Carlo I o de la Reina Sofía, a todas luces mucho más sensatos, cariñosos y cercanos.
Contemplar su alegría infinita y su chulesca prepotencia por verse admitido en el Trío de las Azores, obviamente, como palanganero, en un acto de violación de las normas y derechos internacionales al declarar la guerra unilateral a un país en contra de los dictados de la ONU, además de ser el más doloroso y brutal ataque al derecho internacional y a la inviolabilidad de las fronteras, fue la constatación de que el fin último de aquella batalla sólo era el expolio y robo de los derechos de explotación del petróleo de un país árabe.
Admirar (je je je) su elegante porte, elevado muchos centímetros del suelo gracias a las alzas que se incluye en el interior de sus zapatos y a la necesaria ayuda de unos taconazos de más tamaño de lo habitual, mientras conducía de su brazo a su hija Ana ante el altar mayor del Monasterio de El Escorial, histórica residencia de la familia real española, para esposarla a un personajillo metido en todo tipo de zarandajas y extraños negocios (¿por qué oscura razón huyo este fulano para Londres justo cuando empezaban a destaparse los escándalos de sus trajimanejes mercantiles?), además de producir sonrojo ante ese feo o cochino intento de asimilar la boda a una boda real, fue la constatación de su escasísima altura moral y su absolutamente despreciable concepto de la decencia.
Descubrir que este fulano, de enano tamaño (moral, y del otro), se pavonea de sus éxitos como dignatario cuando la realidad fue otra: tuvo la suerte coger la presidencia justo cuando se produjo el cambio de ciclo económico a nivel mundial (finales del 1995, principios de 1996), de que vendió todas las joyas del patrimonio del estado (Endesa, Telefónica, Repsol, Red Eléctrica Española, Argentaria, Campsa, Aceralia, Caja Postal, Banco de Crédito Industrial, Banco de Crédito Local, Indra, Tabacalera, Inespal, Artespaña, Enagas, Tisa, Elcano, Hijos de J. Barreras, Icsa, Enatcar, San Bárbara, Babcok Wilcox, Ence, Aerolíneas Argentinas, Musini, Iberia, Gas Natural, Retevisión, Aldeasa, Auxina, etc.), que potenció un sector como el del ladrillo abocado al fracaso y que no fue capaz de transformar la economía española con el cambio de los pilares de desarrollo, pero que ahora se erige en un gurú en economía y predica a diestro y siniestro (lo que mejor se le da, lo siniestro) sobre la maldad de Zapatero… al que sólo le falta acusar de ser el diablo, con rabo y cuernos, y de que se alimenta a base de niños recién nacidos.
Verle perder las elecciones, humillado y machacado por el Partido Socialista Obrero Español, fue muy positivo para descubrir qué había detrás de esa fachada de supuesto hombre de estado: lo que descubrimos fue lo que ahora sufrimos.
Después de seis años de haber dejado la presidencia de su país, pasó a ser el “corre ve y dile” de diversos fondos de inversión extranjero de alto riesgo (esos desalmados que están especulando contra las economías de medio mundo y haciéndose multimillonarios a base de hundir países y monedas), y a pregonar a los cuarto vientos que su país, sin él, es una mierda (casi literal), un lugar al que le falta muy poco para que se abran las entrañas de la tierra y nos trague.
Palabras textuales dichaspor este fulano en el extranjero: "Se puede hablar de lo que se quiera, han terminado con todo y nos han llevado a la crisis más grave de España en los últimos 60 años. Es una responsabilidad a la que les va a ser muy difícil escapar. Si alguien se preguntó ¿Qué es socialismo? Y dijeron, es lo que hacen los socialistas. Pues los socialistas cada vez que tienen oportunidad llenan España de escombros, de parados y de miseria" "El Estado actual no es ni políticamente viable ni financieramente sostenible. Tenemos que ir de un estado residual a un estado capaz y eficaz" "Hay otra división en la euro zona. Es una de las consecuencias de esta situación. Si uno ve los periódicos, o mira la televisión, la Unión Europea explica la decisión que hay que tomar para el Gobierno español o el Gobierno griego. Es una consecuencia política muy dura, y ojalá mi país estuviera en otra situación" "Ahora, la responsabilidad de Alemania y Francia es la de intentar impedir otra crisis en la euro zona. Y la responsabilidad de que la situación que está teniendo lugar en algunos países como Grecia, Portugal e incluso España, no contamine al resto"
El que un expresidente de un país hable así de sus conciudadanoss, sólo puede llevarnos a verlo como lo que es: un miserable que exuda odio, resentimiento, envidia, vileza, maldad, rencor, perversidad, degradación moral.
En pocas palabras: José María Aznar es un traidor, y como tal debemos tratarlo.
Querido Baltasar: Por estas fechas, en tu tierra se canta: "Algo se muere en el alma, cuando un amigo se va". Pues eso, tengo tristeza en el alma por la suerte transitoria que rencores y manos sucias te desean. No te soportan.
Hoy, me han pedido unas letras sobre ti en EL PAÍS. He decidido, más que regalarle al periódico un artículo, recordar en público la historia de nuestra relación personal y mandarte esta carta.
Era el año 1992. Fui, como todas las Navidades, a pasar un día con los guardias civiles que prestaban servicio en Herrera de la Mancha. Allí manifesté que los éxitos de los guardias eran, a veces, vampirizados por los jueces. Te enfadaste. No nos conocíamos. Ventura nos llevó a comer al Asador Donostiarra y allí dijiste algo que no me pasó por alto: "Soy un progresista sin partido... que quiere ayudar a los que más necesitan". Al acabar llamé a Felipe González y le conté la cena. Me impulsó a que te tantease: "¿Vendría a las elecciones con nosotros?" Acabamos en los Quintos de Mora y a los pocos días el Comité Federal del PSOE -por unanimidad, que algunos olvidan- te propusieron como número dos de nuestras candidaturas por Madrid, justo detrás de Felipe. Asumimos que la llegada de un juez prestigioso a nuestras filas obraría el milagro. Así fue. Ganamos las elecciones y algo debiste influir en ello. ¿Recuerdas en Lugo, cuando te quejabas de que los mismos que te vitoreaban anteayer te odiaban hoy por ir con nosotros?
Eres de esas personas que sabe que la esperanza de vida al nacer es suficientemente corta como para entregarse a la rutina, la mediocridad, la inacción o la sopa boba. Nunca soportaste el estruendoso silencio de quienes se encojen de hombros. Es más, en materia de lucha antiterrorista hiciste un favor a España que nunca te pagaremos: por los muchos asesinos que encerraste y porque ayudaste a que los términos indiferencia y complicidad fueran sinónimos.
Luego te incomodaste. Razones tenías, pero la verdad es que eres un poco enfadica. Recuerdo las llamadas a deshora de Felipe: "¡Ve a ver a Garzón!". Ya no había remedio: tu personalidad indómita había chocado con un modo de hacer política muy de Felipe. Nos peleamos bien peleados y, desde luego, yo me quedé con Felipe y con PSOE. Tú te fuiste con un sonoro portazo que hizo felices a bastantes de los que hoy te quieren meter preso. Lo que hiciste con nosotros fue muy duro.
Te fuiste al Juzgado y empezaste a darnos cera. No sé hasta qué punto el cambio de escenario pudo perjudicarte. Tu fugaz paso por la política sin duda te ha marcado. Después vendría el Gal... y el PSOE en la diana.
Casi dejamos de hablarnos. Pero de nuevo una decisión audaz me reconcilió contigo: la causa contra Pinochet. Conectaste con todo el mundo decente y trataste de meter preso a un asesino que además, pudiste demostrar, era un cobarde y un ladrón.
De nuevo la causa de la dignidad en tus manos. Devolviste a muchos chilenos y a millones de ciudadanos sin fronteras la confianza en que hay más Justicia que la divina. Tu actuación avergonzó a todos aquellos que para huir de la justicia terrenal cometen la impostura de poner a Dios como pantalla de sus desmanes. Demostraste que por muchas flores que los liberticidas corten no pueden acabar con la primavera.
Tu espíritu combativo, y ese sentido común de justicia universal que te anima, me hace sentirme muy orgulloso de ti. Dicen que eres vanidoso. ¿Sólo tú? ¿Más que ellos? La verdad es que no eres "divino", pero somos muchos los que te queremos por eso, porque eres humano.
Ahora te quieren condenar. Sabes lo mucho que lo siento por ti, por tus hijos, por tu madre, por Torres... y por España. Sí, ya sabes que yo hablo de España con frecuencia y lamento lo que dirán de nosotros por ahí fuera cuando sepan que al juez más eficaz contra ETA y contra los narcotraficantes lo han echado del juzgado. Estoy seguro de que los que te quieren mal tendrán abogados y cómplices para pedir tu condena, pero yo no tengo ninguna razón para callar ni para evitarme una pregunta: ¿Tu suerte hubiera sido la misma si tu empeño hubiera caminado ideológicamente en sentido contrario? ¿Te habrían denunciado si hubieras abierto diligencias contra Azaña, o contra Besteiro?
Quiero y deseo que te salves. Que te crezcas moralmente ante quien te odia. Algunos de tus enemigos disfrutaron de la ausencia de libertad durante décadas y ahora añoran aquel pasado que muchos creímos que pertenecía a la noche de los tiempos. Baltasar ¡ánimo! Porque los españoles prefieren a la gente decente -aunque pueda cometer errores, somos humanos- que a los desalmados que encuentran fórmulas para impostar la decencia de la que carecen.
Me despido con tristeza. Esta semana nos reuniremos algunos abogados defensores en el Tribunal de Orden Público. Alguna vez me puse la toga en el TOP. Iba con rabia, pero no con tristeza. Sabía que pronto llegaría el final. Hoy estoy triste porque han ganado tus denunciantes, los que viven en el odio. En fin, Baltasar... a tus amigos sólo nos han dejado una opción: mostrarte nuestro afecto. Y yo lo hago con gusto y con orgullo. ¡Ah! y que Dios que ayude porque el diablo trabaja duro contra ti.
José Bono es presidente del Congreso de los Diputados de España.
No, ya no puedo ser español por más tiempo. No puedo ser ciudadano de un país así como es el mío ahora, con fulanos (sí, fulanos) rencorosos y ladrones como los que pululan por aquí a diestra (los que más) y sinistra (los menos, ¡pero duele!).
Yo no puedo ser parte de la fauna y flora que inunda los juzgados, la economía y la política de esta superficie de tierra inhóspita (para la vida de Seres Humana –con mayúsculas- honrados y leales), una tierra gafada desde hace siglos por la desgracia de tener que soportar el control despiadado por parte de seres desgraciados, inmorales, traidores y, en muchos casos, asesinos (o herederos de asesinos).
Me niego a reconocerme como parte de los habitantes de un territorio en el que deambulan fulanos (sí, fulanos) como Francisco Camps(“Todo el mundo en España, los 45 millones de españoles, saben que soy honrado, que tengo lo mismo que tenía cuando llegué y nadie en España se puede creer que el presidente de una Comunidad tan importante como la valenciana pueda venderse por tres trajes, es absurdo (…) Lo cree el PP, la Comunidad valenciana entera y todos mis compatriotas, desde Finisterre hasta Cabo de Gata, toda España”), Luciano Varela (el contumaz y miserable perseguidor del juez Baltasar Garzón; para mi desgracia, vecino) o Mariano Rajoy (“Yo voy a apoyar a Camps y va a ser el candidato del PP a las próximas elecciones en Valencia porque comprenderá usted que eso de los tres trajes yo no me lo creo (…) diga la Justicia lo que quiera”).
Ahora, para mayor dolor y escarnio, también me traicionan españoles a los que consideraba como parte de mi bagaje cultural, político y moral: una parte de la llamada izquierda (a la que voté, y voté, y voté años y años), ha promulgado leyes duras sólo con los más débiles: un tijeretazo ultra liberal en lo económico, un tiejerazo despiadado al estado del bienestar, un ataque a la línea de flotación de los ideales de solidaridad y justicia, un tijeretazo que no viene acompañado del más mínimo gesto simbólico de izquierdas.
Nada tengo que ver con ellos. Nada me une a ellos. Nada me iguala a ellos. Nada.
Si estos fulanos y personajes viven en España, si se declaran españoles, si se comportan como españoles y, aún para más INRI, los apoyan muchos españoles (de bien), lo tengo muy claro: ¡Desde hoyme siento menos español!
Muchas veces me pregunté cuáles pueden ser las razones, los porqués de la falta de educación de (muchos, muchísimos) los españoles que pululan por mi país. ¿Por qué somos así? ¿Qué trabajo nos cuesta saludar con un “Buenos días” o despedirnos con un “Adiós”? ¿Por qué cualquier ciudadano latinoamericano es muchísimo más educado que nosotros? ¿A qué se debe que tengamos tan mala fama por nuestra displicencia y dejadez en el trato? Supongo que habrá muchas respuestas para algo así. Yo tengo la mía...
Pienso que nuestros problemas se iniciaron en los años tumultuosos de los estertores de la dictadura de Franco, años de represión política, de falta de libertad de expresión, de religiosidad exacerbada, de desprecio al diferente. Era una España que vivía en blanco y negro. Una España que era como los televisores de la época: vieja, plana, sin brillo.
Con la llegada de la democracia y la libertad de expresión, en el tránsito entre lo grosero de una dictadura y lo civilizado de un estado de derecho, algunos, muchos, confundieron el legítimo privilegio a opinar con el (supuesto) derecho a decir lo que nos diera la gana, sin medir las consecuencias de nuestras palabras. Cualquiera de mis conciudadanos consideró normal tratar a sus convecinos como si todos fuéramos iguales, en plan “coleguilla”; muchos olvidaron que la educación en el trato no está reñida con libertad en el trato. Algunos, demasiados, olvidaron que no todos somos iguales.
Obviamente, cuando digo que no todos somos iguales, no me refiero a que seamos distintos como clase social o por la función que desempeñamos en la sociedad. No, no me refiero a eso. Me refiero a que no somos iguales en cuanto a edades y nuestra situación personal en la sociedad.
No somos iguales cuando un chico de 15 años trata como si fuera otro chiquillo de su misma pandilla (de barrio) a un señor de 75 años; tampoco somos iguales cuando en un vagón de metro sigue sentada una chica de 15 años, mascando chicle, mientras viaja de pie una señora de 75 años o una mujer embarazada; no nos parecemos en nada cuando una persona se dirige a nosotros de “usted” y nosotros respondemos de “tu”; no es sinónimo de libertad entrar en un comercio, no saludar y dirigirse al empleado o empleada en plan imperativo, como si aquello fuera nuestro y la otra persona nuestra esclava.
No, no es lo mismo.
Esa pérdida de valores y de educación es la que nos llevó a lo que ahora somos: un país lleno de gentes abruptas, toscas, groseras, ordinarias, cerriles. Resumiendo: un país sin educación cívica.
Ejemplo claro de que esto es así, de que hemos llegado a la cumbre de lo socialmente reprobable, de que ya nadie se libra del pecado de la ineducación, son los dos ejemplos de los que hablo a continuación.
Por un lado, en la foto, podéis ver a un ex presidente del gobierno de mi país: el insigne y nunca bien ponderado, José María Aznar.
Este personaje de corta talla física (pese a las vergonzosas alzaderas que mete en sus zapatos), que se las da de ultraliberal y neocon, de estar en posesión de la razón absoluta (señalado por el dedo de la infalibilidad), de ser un acérrimo defensor de los sacrosantos valores de la religión católica, es también el mismo fulano que después de impartir (más bien, repartir) una conferencia en Oviedo, y ante las quejas de parte del público por su defensa de la guerra de Irak y otros desmanes similares, no tuvo ningún tipo de reparo en poner duro el dedo corazón de su mano izquierda, haciéndoles, a sus detractores, “una peineta”.
Ver así, en actitud barriobajera y canallesca, a un personaje que alcanzó la más importante de las tareas de gobierno de un país de 45.000.000 de persona, nos permite entender más fácilmente el porqué otro fulano de aquí, de la España de los toros y la pandereta, el llamado John Cobra, no tuvo reparos en comportarse como se comportó.
El ser llamado John Cobra, un ex legionario fascista, tatuado a tutiplé y con varios piercings repartidos por su cuerpo, un fulano que no pasó de educación primaria (pese a que ser gratis el estudio de resto de grados) y que tiene el mismo sentido del ridículo que una lombriz, fue el protagonista de un bochornoso espectáculo que dio en TVE, en la televisión pública española (ver vídeo).
Este mamífero, al que la biología califica como bípedo (¿homo sapiens, tal vez?), se define a si mismo como cantante y showman. Se hace acompañar de una chiquilla de nombre Carol, a la que dice amar y respetar, pero a la le repartió, según denuncias en los juzgados, algunas manadas de hostias (violencia de género).
Este ser (¿humano?) tuvo el atrevimiento de concursar para ser el representante de España en el festival de Eurovisión. Obviamente, su espectáculo fue tan rematadamente malo y soez, que el público le increpó.
¿Cómo reaccionó este insigne catedrático emérito de educación y cultura? Pues más o menos como lo hizo José María Aznar, pero con más proliferación de ordinarieces: tocándose los huevos (con perdón), ofreciendo sus atributos de macho para el uso y disfrute del público masculino (supongo que también femenino) y expeliendo por sus fauces una enorme sarta de sandeces e improperios hacía el público que lo denigró.
¿Son muy distintos el llamado Aznar del llamado Cobra? ¿Acaso, no son similares sus actos y su falta de respeto hacia la gente? ¿Su ineducación viene de su época de estudiantes, quizá del mismo colegio religioso? ¿Fueron compañeros de pupitre o tuvieron al mismo confesor?
Estas y muchas otras preguntas se quedarán sin respuesta, pero la fundamental es otra: ¿Cómo vamos a ser más educados los españoles, si el que fue representante máximo de la dignidad de mi país se comporta como un vulgar pandillero de barrio? ¿Cómo vamos a ser más educados, si el “modelo” a seguir es alguien como José María Aznar? ¿Nos extraña que algunos españoles hagan lo que hacen, si tienen de modelo al maleducado, impresentable y pendejo de Aznar?
Así nos va…
Alfredo Webmaster
El insigne José María Aznar, profesor asociado de la Universidad de Georgetown (¡Manda huevos!, que dijo el miembro del Opus Dei, Federico Trillo), impartiendo clases de educación y civismo.
Obsérvese la cara de regocijo "educacional" del ex presidente del Gobierno de España
El alumno aventajado de José María Aznar, el “ser” llamado John Cobra, dando muestras del aprovechamiento de las enseñanzas impartidas por el profesor asociado de la Universidad de Georgetown
Tú coges a un militante del PP de Valencia y le robas la cartera con el dinero que acaba de sacar del cajero automático, y el tío te persigue hasta que te pilla. Lógico. A la gente no le gusta que le roben.
Lo que me parece raro es lo contrario, que pilles a un caco desvalijándote la casa y que en vez retorcerle el brazo, pienses que hay una conspiración contra el que te está levantando el televisor de plasma, y que el verdadero culpable eres tú.
Eso es más o menos lo que pasa con la corrupción política: nos roban y nos quedamos tan campantes. Nos quedamos tan campantes los que somos normales. Los anormales van un paso más allá y defienden al ladrón de su dinero.
Hay varias teorías para explicar esta reacción tan incomprensible, pero tan extendida en España. Una dice que aquí somos tan sectarios que aceptamos que nos roben si el ladrón es de los nuestros. No me la creo. Otra dice que la sociedad está corrupta y que los electores no penalizamos a los partidos envueltos en escándalos como la Gürtel, porque todos haríamos lo mismo en circunstancias similares. Esta hipótesis me la creo más, pero tampoco me convence.
La indiferencia ciudadana ante el caso Gürtel se debe a nuestro escaso sentido de lo público, a nuestra pésima educación ciudadana. Cuando Bárcenas quintuplica su patrimonio, nadie tiene la sensación de haber sido expoliado, por más que ese dinero provenga directa o indirectamente de las arcas públicas. En cambio, si Bárcenas nos atracara en un callejón oscuro sí montaríamos en cólera, aunque fuéramos del PP. ¿Por qué? Porque una vez que entregamos el dinero a Hacienda dejamos de considerarlo nuestro. Porque creemos tan poco en lo público, que nos damos ya por robados.
El final del juez Baltasar Garzón ya tiene fecha: 22 de abril del 2010. Parece que será ese día cuando el pleno del Consejo General del Poder Judicial vote su suspensión temporal, lo que en la práctica supone su salida de la Audiencia Nacional, probablemente para siempre. Lástima que el CGPJ no se reúna este 14 de abril para así redondear del todo el símbolo. Sería tan simétrico que la Falange pudiese aparcar al único juez que se atrevió a mirar bajo la alfombra del franquismo justo en el aniversario de la II República...
No todos los años se puede ganar la Champions en el estadio de tu histórico rival. Pero aunque los franquistas tengan que esperar otra semana, su victoria seguirá siendo igual de sonada. Una vez más, el fascismo hace de vanguardia de batalla de los intereses de la derecha; son sus mamporreros. Y así la Falange Española de las Jons, un sindicato ultra presidido por el ex número dos de Blas Piñar en Fuerza Nueva y una desconocida asociación xenófoba conseguirán acabar con Garzón en una fiesta para el franquismo donde no sólo brindará la ultraderecha sino también la derecha, el extremo centro, el centro reformista y también parte de la vieja izquierda de los GAL.
Sin embargo, Baltasar Garzón merece ser salvado no sólo por una cuestión estética. Garzón es inocente no sólo porque sus acusadores sean unos ultras. Hay muchos argumentos jurídicos para defenderlo, desde los tratados internacionales sobre crímenes contra la humanidad hasta la propia jurisprudencia del Supremo sobre la acusación popular. Me centraré en la acusación de prevaricación, es decir, de tomar una decisión judicial injusta a sabiendas, en el caso de las fosas del franquismo, que es el caso que le puede costar el puesto y dónde el ponente del Supremo, Luciano Varela, ha ordenado iniciar el juicio oral.
La prevaricación es un delito que sólo pueden cometer los jueces, funcionarios públicos y autoridades administrativas; es un delito muy poco común, porque la mayoría de las ocasiones en las que un juez es acusado de prevaricar, las denuncias son archivadas. Contra Garzón, Manos Limpias ya había presentado otras 18 querellas antes, hasta ahora sin éxito.
La jurisprudencia del Tribunal Supremo establece que la prevaricación sólo se produce cuando existe una actuación "tan patente y manifiesta, que pueda ser apreciada por cualquiera". "Es necesario que la ilegalidad sea tan grosera y evidente que revele por sí la injusticia, el abuso y el plus de antijuricidad", afirma una sentencia del Supremo, del 17 de junio de 1998. "Sólo cabe prevaricación cuando de modo claro y evidente, sin posibilidad de duda al respecto, la resolución de que se trate carece de toda explicación razonable, es decir, es a todas luces contraria a derecho", dice otra sentencia del supremo del 26 de junio de 1996. Y en el caso de Garzón resulta difícil de argumentar esta actuación judicial "grosera y evidente" porque parte de los jueces de la sala de la Audiencia Nacional que en aquel momento estudiaron su competencia compartieron sus tesis. Es decir, que si Garzón prevaricó, también lo hicieron los otros dos magistrados que le apoyaron.
Aún en el caso de que un juez llegue a ser condenado por prevaricación, la doctrina del Tribunal Supremo suele ser bastante laxa. En 1986 absolvió al juez Jaime Rodríguez Hermida, que había convencido a otro compañero de la Audiencia Nacional de dejar en libertad al jefe de la Camorra Antonio Bardellina. Y más recientemente, el Supremo también ha dado un trato amable al juez de Marbella Francisco Javier de Urquía, que fue condenado por el Tribunal Superior de Justicia de Andalucía por cohecho y prevaricación a dos años de cárcel y 17 de inhabilitación como juez. Su delito lo merecía: había cobrado 73.800 euros de Juan Antonio Roca -el cabecilla de la trama corrupta marbellí destapada por la 'operación Malaya'- a cambio de varias sentencias favorables.
El juez Urquía recurrió y le fue bien. El Tribunal Supremo rebajó la condena de cohecho a 21 meses de suspensión de empleo y eliminó la prevaricación. Según esa sentencia, para que el delito de prevaricación se produzca, el juez tiene que actuar con conciencia e intención deliberada de faltar a la justicia, algo que, en opinión del Supremo, no sucedió en este caso.
Para más ironía, de lo más grosera y evidente, entre los firmantes de aquella sentencia que absolvió a Urquía de prevaricar está el propio Luciano Varela, el mismo que ahora ha ordenado que Garzón se siente en el banquillo por prevaricar.
Por mucho que el juez del Tribunal Supremo Luciano Varela (vecino -¡amigo no!- mío: desgraciadamente, tengo que pasar todos los días por delante de su casa, a escasos metros de la mía) se arrogue para si mismo, y sus compañeros de cacería fascista, el derecho para perseguir al magistrado de la Audiencia Nacional don Baltasar Garzón por un delito de prevaricación, eso no significa que tenga razón para hacerlo.
El origen de esta trifulca legal viene del supuesta delito de prevaricación del magistrado don Baltasar Garzón, por tratar de juzgar los delitos cometidos durante la dictadura del general Franco y la desaparición, eliminación y entierro en fosas comunes, de más de 105.000 personas durante los años de represión fascista, sin contar los otros varios cientos de miles de personas más que tuvieron que pasar años y años en las cárceles o sufrir una desalmada persecución ideológico/religiosa, como mi padre.
Por tanto, la investigación de don Baltasar Garzón ni fue injusta a ojos de la razón ni disparatada a los del Derecho (con mayúsculas).
La historia mundial recordará al general Franco como un dictador contumaz, un asesino inmisericorde y un tirano que estaba dispuesto a matar a media España para enaltecer a la otra media (la más perversa, la más traidora, la más fascista)
La historia mundial recordará su dictadura como aquella que decía, según un bando de la junta militar que presidía ese fulano de nombre Francisco Franco, que estaba permitido “ciertos tumultos a cargo de civiles armados (falangistas, requetés y otros fascistas) para que se eliminen determinadas personalidades (los republicanos, los que gobernaban el país democráticamente), se destruyan centros y organismos (sic) revolucionarios”. Obviamente, esos “tumultos” consistían en el asesinato impune, traidor e inhumano de niños, ancianos, mujeres… y de todos aquellos que se opusiera a la tiranía.
La historia mundial recordará la dictadura del enano y aflautado generar Franco (un mequetrefe de baja estatura –física y moral- y voz de agilipollado), como aquella época de salvaje barbarie en la que, desde las emisoras de radio, sobre todo Radio Sevilla, se pedía a los seguidores del dictador que salieran a la calle a darle tiros de gracia a cada republicano que pillaran, pero que dejaran vivas a sus mujeres para que pudieran ser violadas por los “valientes legionarios” del dictador. Esas viles palabras, pronunciadas en los micrófonos de Radio Sevilla delante del obispo de Sevilla, que miraba complacido y feliz al lugarteniente de Franco, aún ahora, años después de la barbarie, siguen produciendo escalofríos: "Vayan las mujeres de los rojos preparando sus mantones de luto. Estamos decididos a aplicar la ley con firmeza inexorable: ¡Morón, Utrera, Puente Genil, Castro del Río, id preparando sepulturas! Yo os autorizo a matar como un perro a cualquiera que se atreva a ejercer coacción contra vosotros. ¿Qué haré? Pues imponer un durísimo castigo para callar a esos idiotas congéneres de Azaña. Por ello faculto a todos los ciudadanos a que, cuando se tropiecen a uno de esos sujetos, lo callen de un tiro. O me lo traigan a mí, que yo se lo pegaré. Nuestros valientes legionarios y regulares han enseñado a los cobardes lo que significa ser hombre. Y de paso, también a las mujeres. Después de todo esto, estos comunistas y anarquistas se lo merecen, ¿no han estado jugando al amor libre? Ahora por lo menos sabrán lo que son hombres de verdad y no milicianos maricas. No se van a librar por mucho que forcejeen y pataleen”.
Esa etapa española negra, sucia, sórdida, traidora y asesina, fue la que el magistrado don Baltasar Garzón quiso investigar… pero algunos jueces españoles, entre ellos ese taimado “progresista” de nombre Luciano Varela, no le dejaron.
Lo que está pasando en mi país con este asunto es de tal gravedad y tan ofensivo conta la defensa de los valores de la dignidad humana, que hasta en los más importantes periódicos del mundo se están haciendo eco de lo que sucede.
Por ejemplo, en el The New York Times del pasado 8 de abril se censura, con extrema dureza, el enjuiciamiento del magistrado Baltasar Garzón; la crítica incluye el editorial de ese día, que podéis leer en inglés entrando en este enlace o en español, que transcribo a continuación.
“El magistrado instructor más conocido de España, Baltasar Garzón, va a ser ahora procesado en un caso impulsado políticamente que debería haber sido desestimado.
Al juez Garzón le imputan que hizo caso omiso de una ley de amnistía de 1977 cuando decidió investigar la desaparición de más de 100.000 personas durante la Guerra Civil de los años 30 y durante el decenio de represión franquista que siguió a la misma. Las acusaciones las presentaron dos grupos de extrema derecha que temen una investigación abierta de la trayectoria de la era de Franco. Desgraciadamente, uno de los magistrados colegas del señor Garzón admitió la querella y presentó la imputación formal esta semana.
Como resultado de ello, ahora será suspendido de sus funciones hasta que se celebre el juicio. Si es condenado, podría ser inhabilitado hasta 20 años, lo que de hecho acabaría con una carrera dedicada a hacer que terroristas y dictadores rindan cuentas de sus delitos. Eso agradaría a sus enemigos políticos, pero sería una caricatura de justicia.
Los auténticos delitos en este caso son las desapariciones, no la investigación del señor Garzón. Si fueron crímenes contra la humanidad de acuerdo con el derecho internacional, como parece, la ley de amnistía de 1977 no podría exculparlos. Los presuntos autores están todos muertos, y el señor Garzón hace ya mucho tiempo que paró su investigación, que pasó a la jurisdicción de juzgados locales en las zonas donde las víctimas fueron exhumadas.
El señor Garzón es un intrépido y polémico juez que se ha granjeado muchos enemigos a lo largo de los años. Ha incoado casos contra terroristas vascos y de Al Qaeda, contra poderosos políticos españoles, contra dictadores latinoamericanos y contra matones de la mafia rusa.
Le atraen los casos destacados, como su intento de procesar al ex dictador chileno Augusto Pinochet, y a veces se pasa. Pero su objetivo constante ha sido impedir la impunidad de los poderosos y ampliar el ámbito de las leyes internacionales sobre derechos humanos.
El señor Garzón debería poder reanudar esa tarea lo más pronto posible. España necesita conciliar honrada y sinceramente consigo misma su conflictivo pasado, en lugar de procesar a quienes tienen el valor de exigir esa reconciliación”.
Lo que dice el editorial de The New York Times es inapelable: los crímenes contra la humanidad, los correspondientes a la etapa del dictador Franco, no pueden ser amnistiados ni exculpados, por que están sujetos a los acuerdos de derecho internacional. Punto.
En base este precepto de derecho internacional, los grupos y asociaciones que pretenden recuperar la memoria histórica para saber qué les pasó a sus familiares desaparecidos en la dictadura de Franco, están moviéndose para que este caso de injusticia absoluta, inquina personal y persecución mafiosa por parte de la ultraderecha española (y algunos jueces de su misma calaña moral) contra un magistrado honrado como don Baltasar Garzón, ya empezaron a realizar campañas de movilización ciudadana y manifestaciones públicas.
Además, basándose en que el “genocidio y los “crímenes de lesa humanidad” cometidos por el general Franco en España son delitos que “no prescriben”, que según la “jurisdicción internacional” existen pruebas suficientes de que en mi país se actuó de forma inmoral e inhumana, y ante la evidencia de que en España pretender saber la verdad, como hizo Baltasar Garzón, es motivo para que una parte de la justicia te persiga con saña nazi, el abogado Carlos Slepoy presentará demanda internacional la semana próxima en los tribunales de Buenos Aires. ¡Por fin!
A esa campaña me uno y en esa campaña colaboraré con lo que puedo: poniendo mi página a disposición de los lectores que deseen saber cómo va el proceso y colaborando económicamente con los gastos de los juicios.
En cuanto sepa el número de cuenta de colaboración os lo diré: todos tenemos que ayudar a que la justicia prevalezca sobre la injusticia, a que los honrados venzan a los deshonrados, y, sobre todo, a que los seguidores fascistas del general Franco (sus secuaces y sus tontos útiles) no vuelvan a humillar a los españoles honrados, que somos el resto.
Las mentiras no suelen vivir hasta hacerse viejas, o eso mantenía Sófocles, pero las del 11-M siguen cumpliendo años con buena salud. Esta semana se ha conmemorado el sexto aniversario de la matanza y nuestros embusteros de cabecera, a los que la difusión de conspiraciones y patrañas sobre los atentados les ha reportado pingües beneficios, continúan en la brecha y amenazan con eternizarse en esa “búsqueda de la verdad” tan lucrativa. Y como su pudor tiende a cero ya ni siquiera dudan en descalificar a las víctimas más conscientes de sus enredos, como hacía el agujerólogoPedro J. Ramírez con Pilar Manjón, de quien decía en su filípico videoblog de El Mundo que era “capaz de aprovechar la pérdida de un ser querido como altavoz de su enfermizo sectarismo”. Quien esto afirma, un sujeto amoral (ver nota) y sin escrúpulos que debería ser objeto de estudio de alguna rama de la psicología, lleva años aprovechando la pérdida de 192 vidas para vender más periódicos. Verdaderamente, no ofende quien quiere.
La estrategia es muy conocida. El periódico del amoral anuncia un gran descubrimiento que va “a poner en cuestión la propia sentencia”, como insistía días atrás el viceramírez del diario, Casimiro García Abadillo, a quien, por cierto, la venta de libros sobre este asunto le ha ido de vicio. Se trata en esta ocasión de la difusión de las grabaciones realizadas en el laboratorio de la Policía Científica donde se llevó a cabo la prueba pericial ordenada por el tribunal que juzgó el caso. La atención se centra en el descubrimiento de dinitrotolueno (DNT) y en la aparente sorpresa del director de la pericia, Alfonso Vega, porque se trataría de un componente ausente de la Goma 2 Eco. ¿Novedad? Ninguna, porque este hecho ya se puso de manifiesto en el juicio y quedó debidamente aclarado, pero sirve de nuevo para sugerir que lo que explotó en los trenes no era la dinamita de Mina Conchita sino otra cosa, con lo que la autoría está en cuestión. De ahí a pedir la puesta en libertad de los condenados por falta de pruebas sólo hay un paso.
La explicación que se dio entonces era algo más que razonable. Además de analizar las muestras de explosivos recogidas de los trenes, de la mochila desactivada, del piso de Leganés y los restos hallados en sus coches, los especialistas diseccionaron los restos de un cartucho de dinamita Goma 2 Eco de mina Conchita que fue enviado como patrón de referencia. ¿Y qué fue hallado en este cartucho? Dinitrotolueno. ¿Por qué se hallaba en el cartucho esta sustancia? Posiblemente, por dos razones: porque la Unión Española de Explosivos, que era el fabricante de la Goma 2 EC y Goma 2 Eco, no había limpiado sus tanques antes de producir esta segunda dinamita; o porque, como se acreditó en un vídeo expuesto en la vista, en Mina Conchita había dinamita de ambos tipos, que pudo ser robada y amasada junta cuando los terroristas fabricaron sus mochilas-bomba.
Pero vayamos también al hallazgo de nitroglicerina, que es otro de los “agujeros negros” detectados por Ramírez y su mariachi, a raíz de la declaración del comisario Sánchez Manzano, al que ahora tratan de empurar. ¿Cómo era posible la presencia de nitroglicerina en uno de los focos de la explosión si ésta tampoco se encuentra en la Goma 2 Eco sino en el Titadyne? Veamos.
En su trabajo, los ocho peritos analizaron un total de 88 muestras, de las que 23 pertenecían a focos de la explosión. En 22 de ellas aparecieron ftalatos, que son componentes exclusivos de la Goma 2 Eco, y en una, nitroglicerina, que es un componente del Titadyne que no está presente en la Goma 2. Esta última muestra, del foco 3 de la estación de El Pozo, era polvo de extintor, enormemente absorbente, lo que, según algunos peritos de la acusación, permitió conservar los componentes del explosivo. La idea que prevaleció fue que la muestra se había contaminado con el paso del tiempo.
Las evidencias de que esto último era lo que ha ocurrido fueron apabullantes. Tres razones sostenían la tesis de la contaminación: la primera es que este polvo fue sometido a una técnica idéntica, llamada HPLC, en 2004 y en la prueba pericial con resultados distintos: es decir, en 2004 no se detectó nitroglicerina y posteriormente sí; la segunda es que en otra muestra de El Pozo, un tejido del mismo foco que la anterior y que tampoco fue lavado con agua y acetona, es decir, que se encontraba intacto, no había ni rastro de nitroglicerina; y la tercera es que la nitroglicerina apareció también en tres muestras recogidas en Leganés, donde lo que se encontró fueron restos de 17,4 kilos de Goma 2 Eco y 594 fajas de cartuchos de esta misma dinamita, que, como se ha explicado, no contiene esta sustancia.
Muestras contaminadas
¿Que por qué se habían contaminado las muestras? Uno de los peritos policiales lo explicó claramente en el juicio. Según dijo, el embalaje de las muestras no había sido correcto, ya que en vez de frascos de cristal se habían usado bolsas de plástico, que no son herméticas en períodos prolongados. Sus palabras quedaron avaladas por lo ocurrido con la Goma 2 Eco encontrada en las vías del AVE en Mocejón, donde los terroristas planearon otro atentado. De dicha dinamita se tomaron tres muestras: una quedó en manos de la Policía, que la almacenó en una bolsa de plástico, y dos en poder de la Guardia Civil, que la guardó en tubos falcon, una especie de tupper cilíndricos y con tapa de rosca. En origen, el explosivo no podía contener ni nitroglicerina ni dinitrotolueno, pero, ¡oh sorpresa!, ambos componentes aparecieron en el análisis de la muestra custodiada por la Policía. ¿Conclusión? Pues que estaba contaminada.
Pero es que ni siquiera la presencia de otra dinamita distinta a la Goma 2 Eco pondría en cuestión la sentencia de Gómez Bermúdez, que dice así textualmente: “El Tribunal, tras apreciar en su conjunto todas las pruebas periciales practicadas sobre la materia a partir del 27 de mayo da por probado que en todos los casos aparecen componentes de la Goma 2 Eco, lo que indica que esta dinamita estuvo presente en todos los focos de los trenes, sin bien no puede descartarse la presencia de otra u otras marcas de dinamita. Sin embargo, este dato, en relación con las declaraciones de los procesados y testigos que acreditan la existencia de tráfico y transporte de explosivo desde Mina Conchita y las periciales sobre los restos hallados en el vehículo Volkswagen Golf 0500 CHB, detonadores y restos de explosivo de la Renault Kangoo 0576 BRX y sobre el que componía el artilugio desactivado en Vallecas, lleva al Tribunal a afirmar, más allá de toda duda razonable, que la procedencia de todo o gran parte del explosivo utilizado proviene de la explotación minera conocida como mina Conchita”.
Por supuesto, nada de lo anterior se incluye en las supuestas informaciones de Ramírez, posiblemente porque el pobre debió distraerse buscando la verdad por sus intrincados vericuetos. El 11-M le sigue resultado muy rentable a él y a Jiménez Losantos, su altavoz bajito. El resto de la orquesta es tan insignificante que no merece la pena mención alguna. Sin duda, la investigación de los atentados, espléndida por otra parte, ha dejado flecos sin aclarar y las víctimas y la sociedad en su conjunto tiene todo el derecho a que se esclarezca hasta el último detalle. Lo que harta es tanta mentira disfrazada de periodismo
Notas:
Aún recuerdo, con insana alegría, el vídeo que le grabaron a Pedro J. Ramírez en una cama, vestido de ramera con un corsé rojo bien ceñido a su cuerpo, unas veces a cuatro patas recibiendo en su an(o)tomía un enorme consolador, de esos que hacen época, y en otras ocasiones boca arriba, humillado y suplicante, con voz meliflua, baboseante, mientras le pedía a una prostituta de nombre Exuperancia Rapú Muebake, que le arrojara en su boca aguas menores... mientras, su santa esposa reposaba en vuestra casa esperándo el retorno al hogar del padre de familia y, seguramente, con el rosario entre sus dedos orando por la salvación eterna de tu (im) pura alma.
También recuerdo a ese mismo Pedro J. Ramírez, en esta ocasión tan pulcro como siempre, tan bien vestido por Ágata Ruiz de la Prada (su santa esposa), persiguiendo con insana e inmoral saña a Exuperancia, hasta meterla en prisión (con la inestimable ayuda de su cuadrilla de abogados, jueces y fiscales, atemorizados por su verbo fácil y su pluma indecorosa).
Y mientras todo esto sucedía, pasó algo que no quiero olvidar jamás. Un día, ese mismoPedro J., el granadalid de la libertad y de la decencia, de la moral y las buenas costumbres católicas, usando las páginas sicarias de su periódico, maquinó la más retorcida, maquiavélica, desalmada y contumaz de las humillaciones al senador Carlos Piquer, al que arrastraste por el fango de su periódico, hasta conseguir que se suicidara. ¿Cuál fue la "culpa" que llevo a Carlos Piquer hasta el suicidio?: un errorcillo que cometió en una noche de copas y juerga.
Por tu pasado, por tu historia, por tus actos caballerosos, por tu ejemplar vida de buen padre, fiel esposo y cristiano devoto, ¡Oh, Pedro J., gran magnate de la prensa y de la decencia!, te declaro mi (des) amoreterno.
Alfredo Webmaster
Posdata: visitando la página web de don Enrique Meneses, como hago casi todos los días, te das cuenta fácilmente dónde está la dignidad y la humanidad, donde la ética y la estética de una profesión tan mancillada por las manazas y las letras de auténticos sicarios. Don Enrique, el maestro, sigue siendo el faro de la profesión. ¡Qué pena que esté tan mayor!
Siento vergüenza, dolor y pena (y miedo) por ser español y tener como protectora de mis derechos a la justicia que tenemos; al menos, a algunos de los jueces que tenemos.
Siento nauseas, desasosiego y temor ante jueces como Luciano Varela, Manuel Marchena, Juan Saavedra, Adolfo Prego, Joaquín Jiménez, Francisco Monterde, José Ramón Verdugo, Margarita Robles, Fernando de la Rosa, Gema Gallego, Carlos Dívar, Eloy Velasco, Antonio García Martínez y muchos otros formados en las aulas de las facultades de derecho del franquismo, jueces que juraron (y nunca renegaron) sus cargos y comprometieron su honor ante Francisco Franco Bahamonde, ante la Ley de Principios Fundamentales del Movimiento(ideales: “Patria, familiay religión”) y ante el Dios del fascismo más corrupto y asqueroso, el Dios de los facinerosos que amparaba el robo, tortura y asesinato de los que no creían en él (en el Dios de la iglesia católica, apostólica y romana española de los años negros de la Guerra Civil y posteriores).
Siento pavor ante una justicia calamitosa, parcial, malintencionada y soez, que es capaz de juzgar a un juez (Baltasar Garzón) por querer desenmascarar las miserias morales de una época de mi país en la que se mató a miles y miles de personas impunemente, a los que se les enterró en fosas comunes y a los que aún hoy se les trata de ocultar a sus familiares.
Siento asco, vergüenza e infinita pena ante la miserable realidad de mi país, ante la deleznable imagen que da ver a presuntos (es un decir) delincuentes, presuntos (es un decir) ladrones y presuntos (es un decir) miserables fulanos de la política española, irigiéndose en acusadores de un juez (Baltasar Garzón) que les inculpó de actos de lesa humanidad, de robos y corrupciones.
Algo tengo que hacer ante tantas desgracias, miserias y necedades: creo que voy a presentar mi dimisión irrevocable, inaplazable e inmediata como ciudadano español; no me siento seguro, tranquilo y confiado ante la (in) justicia que puedan impartir muchísimos de los jueces de mi país.
Baltasar Garzón acusa al Partido Popular, a la Sala de lo Penal del Tribunal Supremo y a un sector de los medios de comunicación de querer apartarle de la Audiencia Nacional. En su escrito de alegaciones señala que todas las actuaciones disciplinarias y penales que hay en su contra las llevan a cabo "una serie de personas interrelacionadas entre sí y siempre con el respaldo de los mismos soportes mediáticos que han adelantado actuaciones, determinado estrategias y desarrollado campañas de denigración contra mi persona". No hace falta, añade, "convocar a la imaginación ni dejarse llevar por teorías conspirativas tan del gusto de otros para apreciar que esas iniciativas quieren que sea suspendido de funciones".
El Juez sostiene que la intención del PP es depurarle y terminar con su carrera y prestigio profesional a través de una cruel campaña de desprestigio y acoso sin precedentes en la historia judicial española. Y eso por haber investigado el Caso Gürtel, la trama de corrupción vinculada a los populares.
Sobre la Sala de lo Penal del Tribunal Supremo, en el documento se pone de manifiesto que cuando admitió a trámite la primera querella contra Garzón, la que presentó el grupo ultraderechista Manos Limpias, fue como "si se hubiera abierto una puerta para todo el que quisiera entrar y mientras no se cierre esa puerta es de temer que seguirán llegando querellantes de fortuna" Además, advierte de que se ha iniciado una nueva vía para la admisión a trámite de querellas, según la cual, "basta con que describa un hecho no absurdo" aunque añade que "habrá que ver si este criterio tiene continuidad más allá de mi persona".
En cuanto a los soportes mediáticos que, según Garzón, espolean esta campaña, su escrito de alegaciones se refiere al diario El Mundo. Dice el Juez que "por el hecho de haber cuestionado un informe pericial que sugería vinculaciones alucinadas de ETA con el 11M fui objeto de una persecución mediática sin precedentes" Este episodio terminó con una condena al director de ese periódico por vulnerar el derecho al honor de Garzón. Desde entonces, continúa el documento, Pedro J Ramírez "no deja pasar ninguna oportunidad para buscar mi denigración desde el resentimiento sin respetar ni la verdad ni la realidad de los hechos".
El Magistrado de la Audiencia Nacional concluye afirmando que "los que ahora me tachan de partidista se deshacían en elogios hacia mí en el pasado; al parecer, entonces como ahora, sólo buscaban su ventaja política y es esa ventaja política la que empuja a algunos a denigrar a quien no entre en sus intereses particulares".
Recusación de tres vocales
El Juez de la Audiencia Nacional aprovecha sus alegaciones para recusar a 3 vocales del Poder Judicial y evitar así que intervengan en un eventual proceso de suspensión contra él. Les acusa de "enemistad manifiesta". El primero de ellos, el vicepresidente Fernando de Rosa, que fue Conseller de la Generalitat Valenciana con Francisco Camps. Garzón recuerda que en una entrevista en la televisión pública valenciana, De Rosa dijo que en la investigación del caso Gürtel podría cruzar la línea roja de la prevaricación.
La segunda recusada es la vocal conservadora Gema Gallego. El escrito sostiene que, Gallego, en su investigación del llamado caso del ácido bórico, revirtió la situación para vincular los atentados del 11 M con ETA, imputando a altos cargos policiales. Siguió justo la línea contraria que siguió Garzón previamente cuando el caso estaba en la Audiencia Nacional. Además, desde su puesto en la Comisión Disciplinaria, una vez nombrada vocal a propuesta del PP, ha pedido en alguna ocasión que se investigaran actuaciones de Baltasar Garzón.
La tercera es la vocal progresista Margarita Robles. La enemistad, según Garzón, nació en su etapa de Secretaria de Estado de Interior con Felipe González. Desde ese cargo mantuvo posturas encontradas con el Juez que investigaba entonces el Caso Roldán o los GAL.
Argumentos de Garzón
Garzón esgrime tres motivos para que el Poder Judicial no le suspenda cautelarmente de funciones:
1) No existe riesgo para la Administración de Justicia en el caso de que se acuerde su continuidad. No hay riesgo porque el juzgado de Garzón no tramita ya ninguno de los asuntos que han sido objeto de querella contra él. Sin embargo, sí que pone el acento en los problemas que podrían derivarse de su suspensión. Dice que perturbaría "de forma extremadamente grave" a los jueces que ahora están tramitando esas causas porque entenderían que es "una señal respecto de lo que hacer y de lo que no hacer en su labor jurisdiccional".
2) La postura del Ministerio Fiscal. Todas las querellas admitidas contra Garzón no cuentan con el apoyo de la Fiscalía que no aprecia indicios de delito. Además, el Ministerio Público se ha opuesto a que el Consejo del Poder Judicial acuerde la suspensión cautelar.
3) El CGPJ no ha apreciado irregularidades. Todas las causas que tiene abiertas el Magistrado en el Tribunal Supremo se refieren a hechos sobre los que ya ha conocido, por vía de inspección, el Órgano de Gobierno de los Jueces. En ninguna ocasión ha observado la más leve irregularidad disciplinaria.
Acusados que se vuelven acusadores de la noche a la mañana. Todos contra Garzón. Primero fue el neofranquismo tuneado con distintos ropajes (Manos Limpias, Falange Española), nada partidario de investigar los crímenes del Franquismo. Lógico. Y ahora el cerebro de la trama Gürtel, Francisco Correa, admitido como acusación particular en una de las causas abiertas en el Tribunal Supremo contra el juez de la Audiencia Nacional por presuntas conductas prevaricadoras.
En este caso, escuchas telefónicas presuntamente ilegales dictadas por Garzón y autorizadas por el juez Antonio Pedreira, instructor del caso Gürtel en el TSJM (Tribunal Superior de Justicia de Madrid), aunque las acusaciones sólo afectan al primero, no sabemos bien por qué. Tampoco se entiende por qué se admite una querella cuando la Fiscalía, que es la institución pública encargada de promover la acción de la justicia y ejercer la defensa de la legalidad, no formula ninguna acusación. O se entiende demasiado bien pero cuesta aceptarlo.
No sabemos muy bien por qué solo Baltasar Garzón es sospechoso de haber prevaricado, antes de inhibirse en la investigación de crímenes del Franquismo y no lo son otros jueces alineados en sus mismas tesis sobre delitos imprescriptibles y jurisdicción universal, como se vio en las votaciones efectuadas antes de llevar el asunto a los juzgados territoriales. O lo sabemos demasiado bien pero cuesta aceptarlo.
La tercera de las causas abiertas contra el famoso juez no es por prevaricación sino por cohecho. Nada menos. Está relacionada con la financiación de unos cursos en Nueva York por cuenta del Banco de Santander, organizados por el Centro Rey Juan Carlos y en los que participó Baltasar Garzón como moderador de una serie de coloquios. La querella fue inicialmente archivada pero ha sido reabierta por el juez Luciano Varela –en realidad es una nueva querella por la misma causa-, ante la supuesta novedad de que Garzón había intervenido personalmente ante el presidente del banco, Emilio Botín, para lograr la financiación de los cursos. No se entiende que el instructor desprecie las explicaciones de todas las partes afectadas. O se entiende demasiado bien pero cuesta aceptarlo.
¿Fin de trayecto?
Nadie es inocente en esta historia y hasta las piedras saben que a Garzón le tienen ganas. Entre quienes pueden decidir el futuro profesional del más mediático de nuestros jueces, tanto en el plano jurisdiccional (Sala de lo Penal del Tribunal Supremo) como en el disciplinario (Consejo General del Poder Judicial), se aprecian mayorías que le son desfavorables.
A la espera de que se agote la prórroga que acaba de otorgarle el CGPJ para escuchar sus alegaciones, parece difícil que Garzón se libre de la suspensión de funciones. Si bien el fiscal no apoya la medida, tres querellas son demasiadas. Se lo han puesto fácil a quienes quieran apreciar graves daños en la imagen de la Justicia, incluso sin procesamiento. Aunque luego hubiera carpetazo, esa suspensión de funciones sería un final de trayecto en la carrera de Garzón. Para la historia quedaría el desalentador recuerdo de un Tribunal Supremo más comprensivo con la corrupción política y los crímenes franquistas que con el juez que quiso depurarlos. No se entendería. O se entendería demasiado bien pero cuesta aceptarlo.
Un grupo de ciudadanos, preocupados por el significado del proceso abierto contra el Juez Baltasar Garzón y por sus consecuencias en la salud democrática de la Justicia española, hemos elaborado este manifiesto para quelos ciudadanos y organizaciones sociales puedan ejercer su derecho a la libertad de expresión y a la defensa de la Justicia en la que creemos.
Cuánto más lo difundamos más influencia tendrá. Tu blog, tú facebook, tú twitter, tú mail son las mejores formas de difusión.
¡Pásalo!
Texto del “Manifiesto por la Justicia de Baltasar Garzón”
El juez Baltasar Garzón ha ejercido una justicia continuada y valiente durante veinte años en la Audiencia Nacional, comprometida con la defensa de los derechos humanos en España y en el mundo contra dictadores, terroristas, corruptos y enemigos de la democracia.
El juez Baltasar Garzón ha sido uno de losprincipales promotores del desarrollo en España del principio de Justicia Universal.
El juez Baltasar Garzón es víctima de una campaña promovida por sectores de extrema derecha, Falange Española y el sindicado fascista Manos Limpias, con una sorprendente connivencia de algunos sectores progresistas.
El proceso contra el juez Baltasar Garzón es en realidad un juicio sumario contra los defensores de la Democracia, la Justicia y los Derechos Humanos y a favor de la impunidad de crímenes muy graves de carácter internacional.
El juez Baltasar Garzón está siendo juzgado por una sala del Tribunal Supremo en la que la mayoría de sus miembros juraron lealtad al Movimiento Nacional del franquismo.
Una sentencia adversa al juez Baltasar Garzón, tras agotar las instancias judiciales españolas, acabaría probablemente con una superior sentencia condenatoria del Tribunal Europeo de Derechos Humanos contra el Estado español.
El juez Baltasar Garzón representa el modelo de justicia basado en la defensa de los Derechos Humanos conforme con su Derecho Internacional que millones de ciudadanos y víctimas reclaman en todo el mundo.
Ya en 2008 el Comité de Derechos Humanos de las Naciones Unidas recomendó al Estado español la derogación de la preconstitucional Ley de Amnistía de 1977.
Este caso vuelve a demostrar la necesidad de la Justicia Internacional. Incluso España, el país que intentó procesar al dictador Pinochet, es incapaz de juzgar su propia dictadura. Yquien lo intenta, es juzgado por ello.
Foto del magistrado del Tribunal Supremo Luciano Varela, supuestamente un juez progresista. Este es el juez instructor de la causa contra Baltasar Garzón, juez de la Audiencia Nacional ¿De dónde le viene el resentimiento que siente contra Garzón, al que acusa usando su tono habitual, entre faltón y engolado (El País, dixit)?
Curiosamente, este señor, que juró por Dios los Principios Fundamentales del Movimiento y su lealtad y sumisión al dictador Francisco Franco, escasi casi convecino mío: todos los días tengo que pasar por delante de su chalet... Y muchas veces sorteando su vehículo, que suele dejar mal aparcado en plena curva: ¡¡Eso no se hace, señor juez... ¿No sabe que eso es motivo de sanción y que su falta de civismo y educación ciudadana puede provocar un grave accidente, incluso mortal?!!
Mientras todos miramos al pajarito de los mercados financieros, los pájaros de la judicatura han aprovechado el humo para darle la puntilla a Baltasar Garzón, que va a morir como César en Roma, víctima de una conspiración transversal donde muchos empuñan el puñal pero ninguno quiere pasar a la historia como el hombre que acabó con la carrera del juez sin miedo.
La semana pasada, el progresista Luciano Varela, el instructor del Supremo en la causa general contra Garzón, ponía al fin su huevo. Su auto de 54 folios sonaba a sentencia condenatoria, pero Varela no terminaba de rematar, no transformaba el procedimiento en abreviado ni abría el juicio oral, con lo que devolvía el estoque al Supremo para que el resto de la sala compartiese la medalla. Nadie quiere para él solo ese honor internacional: permitir que los ultras de Manos Limpias y la Falange Española de las JONS sienten en el banquillo de los acusados al hombre que intentó juzgar los crímenes del franquismo. Pero los cálculos oblicuos de Varela y el resto de los muchachos de la judicatura, que pasan ahora una larga lista de facturas pendientes, no salvarán a Garzón. El CGPJ arrancó ayer la maquinaria para sacarle de la Audiencia Nacional de forma “temporal”; una condena que será definitiva.
En cuestión de dos semanas, es casi inevitable que el Poder Judicial aparte a Garzón de su juzgado, cercene su carrera y deje a España ante su espejo. Un Tribunal Supremo donde la amplia mayoría de los magistrados juró lealtad a los principios fundamentales del régimen cumplirá con su palabra: el franquismo no se toca. Garzón cometió un error, una imprudencia. Como juez, debería haber sabido que en Españalas leyes más duras son las que no están escritas.
En una extraña maniobra procesal, el juez Luciano Varela realiza un prolijo, no por ello acertado, análisis de los antecedentes que le llevan a acordar que no corresponde el sobreseimiento de la causa y que queda en manos de la Sala Segunda del Tribunal Supremo la suerte del juez Baltasar Garzón; la resolución de Varela no hará historia por su solidez jurídica ni por su respeto a los tratados internacionales que forman parte de nuestro ordenamiento, pero sí marcará un antes y un después en cuanto a lo que se puede imputar o no a un magistrado: si no fuese porque estamos ante una persecución intuitu personae (en atención a la persona), podríamos entender que se ha abierto la veda y que cualquier juez puede verse mañana en el banquillo porque sus resoluciones molesten a algunos.
Pocas veces un juez renuncia a su independencia como lo hace Varela, quien, una y otra vez, atribuye a la Sala Segunda la responsabilidad sobre la situación procesal de Garzón; no se cansa de razonar que él viene vinculado en su resolución por aquel auto en el cual se admitió a trámite la querella; es decir, que no es él quien decide, sino que la decisión ya estaba tomada. Evidentemente, ante tal planteamiento, lo primero que se socava es el principio de independencia de los jueces y, lo segundo, el principio de imparcialidad, porque si su resolución está vinculada al auto de admisión, entonces cabe preguntarse: ¿qué se puede esperar de una sentencia que dictarán los mismos que admitieron a trámite la querella?
Las decisiones de Garzón, como las de cualquier juez, pueden gustarnos más, menos o nada, pero las adoptadas en el caso de la memoria histórica jamás pueden ser prevaricadoras, porque entonces en España casi no quedarían jueces por imputar, al no ser pocas las ocasiones en que un juez instruye una causa para luego inhibirse por entender que excede su ámbito competencial. Y eso mismo es lo que hizo Garzón.
Parece inadmisible el análisis jurídico que hace todo un magistrado del Tribunal Supremo, quien, con ignorancia u omisión de las normas de aplicación, no sólo imputa la conducta prevaricadora al inhibido, sino que, además, lo hace sustentándose en leyes que no son de aplicación, como bien determinó Garzón; la Ley de Amnistía es contraria a los tratados internacionales suscritos por España (que forman parte de nuestro ordenamiento) y, además, la misma tenía como finalidad los delitos políticos. Para conocer su alcance basta con leer los artículos 1 y 2 de la misma, así como su exposición de motivos; es decir, no se requiere una gran capacidad jurídica para comprenderla, mucho menos para saber cuándo no es de aplicación y, por tanto, el no haberla invocado no es prevaricación sino conocimiento del ordenamiento, justo lo contrario de lo entendido por el juez Varela.
El debate sobre las actuaciones de Garzón no es nuevo, pero lo que sorprende es la alianza, contra natura… o no, que ha permitido avanzar en el linchamiento judicial de su persona contra la cual cabe, en estos momentos, la admisión de cualquier querella, aun cuando estoy convencido de que la única que va a prosperar será la actual por los crímenes del franquismo. Digo esto porque aquella en que se le imputa un delito de cohecho y otro de prevaricación, también llamado cobros del Santander, no pasará de un susto cuyos antecedentes se están utilizando para enlodar la imagen del juez y perfilarlo negativamente ante la opinión pública.
Para imputar la conducta activa del cohecho a Garzón (artículo 419) también habría que haber imputado la pasiva al propio Botín (artículo 423.2), cosa que no se ha hecho y, de prosperar la imputación en contra del juez, tendría que compartir banquillo con el banquero, lo que parece excedería de la voluntad e ímpetu de los magistrados del Supremo. Además, un proceso de estas características –por aplicación de lo previsto en los artículos 31 y 129 del Código Penal– podría incluso conllevar la suspensión o disolución de la empresa, Banco Santander. Pero nada de esto va a suceder, por lo que es previsible que, una vez conseguido el objetivo real –apartar a Garzón de la judicatura–, esta querella será archivada y, si no, tiempo al tiempo.
Lo que se plantea es que en estos momentos se esgrimen múltiples acusaciones para generar el clima necesario para asumir, social y políticamente, que lo más sano es el enjuiciamiento de Garzón y su expulsión de la carrera judicial, pero no que realmente existan elementos para llevar a fin todos los procedimientos que actualmente existen en su contra. Un buen ejemplo es la explicación del tema de los “cobros del Santander”, porque resulta inimaginable que quienes están realizando una persecución personal estén dispuestos a cargarse al mayor banco de España.
La causa general contra Garzón deteriorará, más si cabe, la cuestionada imagen de la judicatura española, que no anda nada bien valorada por Europa, y a la que tanto le cuesta transitar hacia una auténtica cultura democrática, como las de los países de nuestro entorno. Allí no existió problema alguno a la hora de enjuiciar su historia reciente y jamás se persiguió a un juez por investigar los crímenes del nazismo, del fascismo o del comunismo. Por el contrario, cuando aquí se lincha a uno por intentar, sin conseguirlo, investigar los crímenes del franquismo y, ahora, la pelota pasa al tejado del Consejo General del Poder Judicial, que tendrá que pronunciarse sobre si le suspende o no, previo informe del Fiscal, que no es vinculante pero que no diferirá de los muchos que ya ha emitido oponiéndose a su linchamiento.
Antes roja que de Gallardón, se congratula Esperanza Aguirre en esa charla que difundió hace unos días la SER sobre la guerra de Caja Madrid. A pesar del llamativo insulto, de ese rotundo hijoputa, lo mejor de la conversación entre la presidenta de Madrid y su número dos, Ignacio González, está en otros pasajes. Aquí va un análisis de texto para leer entre líneas este interesante diálogo, una obra cumbre de ese liberalismo bien entendido, que empieza por uno mismo.
Esperanza Aguirre: "Yo creo que serán indubitativos porque no hemos nombrado más que a Carmen [se ríe], Javier López Madrid, Arturo y Mercedes".
No me extraña que se ría. La Carmen de la que habla Esperanza Aguirre es Carmen Cafranga Cavestany. Es la socia de la mujer de Ignacio González, Lourdes Cavero, en la empresa Subastas Segre. Cafranga es amiga íntima de Ana Botella. En esta sociedad, que gestionan directamente Cavero y Cafranga, puso dinero otra amiga de Botella: Concha Tallada, la ex mujer del ex presidente de Telefónica, Juan Villalonga. Las hermanas de Lourdes Cavero, cuñadas de Ignacio González, también invirtieron en una segunda ronda de accionistas de la sociedad.
Según publicó la Cadena SER hace un año, el Gobierno de Aguirre ha adjudicado más de dos millones de euros en contratos y subvenciones a diversas empresas de Carmen Cafranga y a una fundación que preside. Más allá de estas sociedades y de sus excelentes relaciones personales, a Carmen no se le conoce otra formación financiera, excepto que fue jugadora profesional de bridge. Para ese mismo puesto en el consejo de Caja Madrid, Rato había propuesto al ex consejero delegado de Banesto, Federico Outon. Pero Aguirre ganó la batalla por la profesionalización de la caja y Carmen (risas) se quedó con el sillón.
Esperanza Aguirre: "Hemos tenido la suerte de poderle dar un puesto a Izquierda Unida quitándoselo al hijoputa, ¿eh?"
Tras conocerse la grabación, Esperanza Aguirre aseguró que el hijoputa no era Gallardón, sino uno de sus hombres en la caja "cuya madre es una santa": Fernando Serrano. En Génova pocos se lo creen, a pesar de que Rajoy ha pedido a todo el mundo -incluso al alcalde, con el que ha hablado directamente- que no entre al trapo.
El puesto de IU es el de Rubén Cruz, que ya estaba en la comisión de control de la caja. A mediados de diciembre, Rodrigo Rato alcanzó un pacto con el PSOE y con el PP para renovar este órgano de la caja con Fernando Serrano en uno de los puestos (y con Rubén Cruz fuera). Sin embargo, pocos días después, el pasado 18 de diciembre, Esperanza Aguirre reventó ese acuerdo, a pesar de que beneficiaba al PP, para forzar la salida de Serrano y que ganase IU. El alcalde de Madrid, Alberto Ruiz-Gallardón, aceptó el órdago sin rechistar, después de que Rajoy le pidiese paz.
Serrano estaba en la lista negra de la lideresa porque había bloqueado varios intentos de los aguirristas para tumbar al anterior presidente de la caja, Miguel Blesa. Rubén Cruz, por el contrario, fue de uno de los leales a Blesa que se cambiaron al otro bando a mitad de la batalla. "Cruz conocía muchas de nuestras estrategias de defensa jurídica y se las pasó a la Comunidad", cuenta ahora uno de los consejeros de la caja. Su cambio de chaqueta, al final, ha tenido recompensa.
Esperanza Aguirre: "Este pollo que me han puesto en la comisión de control, éste, que no me acuerdo cómo se llama. Este que me han puesto en la comisión de control en vez de Pedro Antonio. Éste... Corsini. Como si no fuera conmigo, vamos".
El pollo en cuestión es Miguel Corsini, ex presidente de Renfe, y que se define "liberal", como Aguirre. La lideresa se quejaba a González de que Corsini estaba entre los que no habían llamado para agradecer el nombramiento, algo que sí habían hecho esa misma mañana otros de los consejeros señalados por su divino dedo, como Carmen Cafranga (risas).
Ignacio González: "Yo creo que Arturo quiere ser presidente de la Cámara y darle la gestión a Corsini".
Esperanza Aguirre: "Y eso ¿qué tal nos parece?"
Ignacio González: "Hay una persona a la que tienes que conocer y te encantará”.
Esperanza Aguirre: "Por mí, encantada. ¿De dónde sale éste?”
Ignacio González: "Fue presidente de los jóvenes empresarios".
La pregunta es otra. Y eso ¿qué más da lo que le parezca a la liberal presidenta de la Comunidad de Madrid? ¿Afecta a la competencia del 'pollo' Corsini para gestionar la Cámara que no hubiese tenido el gesto vasallo de agradecer su sillón en la caja? En teoría, la Cámara de Comercio es un órgano ajeno al control político, que nombran los propios empresarios, no Aguirre.
El Arturo que quiere ser presidente de la Cámara es Arturo Fernández, presidente de los empresarios madrileños y cuñado del presidente de la patronal, Gerardo Díaz Ferrán. La carrera de Arturo y la de Gerardo en las cámaras y patronales ha sido casi simétrica, siempre a la sombra de la "cojonuda" Esperanza Aguirre. Antes de presidir la CEOE, Gerardo Díaz Ferrán fue presidente de la patronal madrileña, donde le sustituyó Arturo Fernández, y también presidente de la Cámara de Comercio de Madrid, un puesto que ahora Arturo quiere ocupar. Como presidente de la patronal madrileña, Arturo Fernández se sentará en el consejo de Caja Madrid, en el mismo sillón que ocupaba hasta hace unos días Díaz Ferrán.
El presidente de la CEOE era, al mismo tiempo, consejero y moroso de Caja Madrid. Ahora ya no es consejero, pero sigue siendo moroso. Díaz Ferrán no ha pagado los 26,5 millones de euros que debe a la caja, pero sí pagó, en su día, un generoso donativo a Fundescam, una fundación del PP de Madrid que facturó gran parte de los gastos de las campañas electorales de Esperanza Aguirre durante el año 2003, el año del tamayazo. Arturo Fernández también estuvo entre aquellos generosos donantes, que después de su filántropo gesto consiguieron más de 300 millones de euros en adjudicaciones de la Comunidad de Madrid.
Esperanza Aguirre: "Nosotros, ¿qué arma tenemos contra él?"
Ignacio González: "¿En la caja?".
Esperanza Aguirre: "Contra él".
Aguirre y González hablan de Rodrigo Rato, el nuevo presidente de Caja Madrid. La frase resulta especialmente inquietante en boca de la presidenta de un Gobierno que tiene imputados, acusados de espionaje político, al ex director general de Seguridad de la Comunidad, Sergio Gamón, y a tres de sus asesores.
Precisamente este martes está prevista la declaración en el juzgado que lleva el caso de uno de los espiados: el vicealcalde de Madrid, Manuel Cobo. El número dos del presunto 'hijoputa', que ha sido expulsado por un año del PP por decir que las maniobras de los hombres de Aguirre en Caja Madrid contra Rato le parecían "de vómito". Vista esta conversación, Cobo se quedó corto.
Aquel palacio tenía que ser para él. Algo más de 1.000 metros cuadrados distribuidos en tres plantas al pie de la bahía de Palma, justo donde el Mediterráneo se viste de azul turquesa. ¿Reformas? Las que hicieran falta, que para eso a Gerardo Díaz Ferrán le había castigado Dios con dinero. ¿Que se nos va el presupuesto a los cuatro millones de euros? Ningún problema, que ya se sabe que el mármol es para toda la vida. ¿Que qué pasa con este pagaré que me han devuelto, Gerardo? Nada, Joan, esta tarde lo arrreglo y te mando 30.000 euros para que pagues los andamios. ¿Que te debo ya medio millón de euros y que me llevas a los tribunales? No te preocupes, que estoy pendiente de que me paguen tres ayuntamientos y de vender tres cosas y me pongo con lo tuyo. ¿Que tienes que suspender pagos por mi culpa? Pues lo siento, chico, porque esta semana ando fatal de calderilla. Recién salida del concurso de acreedores, Jojaina, la constructora de Joan Rigo, presentó en los tribunales una demanda para obligar a Díaz Ferrán y a tres de sus empresas a suspender pagos por una deuda de 750.000 euros. Un par de meses antes había recibido el último SMS del presidente de la CEOE: “Esto es un desastre; no sabes lo preocupado que estoy...”.
Gerardo Díaz Ferrán ha seguido preocupado. “Llega un momento en el que no puedes hacer más”, ha dicho para justificar que el cierre esta semana de Air Comet haya dejado a miles de pasajeros en tierra y a 600 empleados en la calle. Y no es que no sienta los perjuicios causados a sus clientes, aunque esto les haya pasado por ilusos, porque ante el panorama de huelgas que se vivía en la compañía ni él mismo la hubiera elegido para volar a ningún sitio. Pese a que el escándalo ha sido mayúsculo, los trabajadores pueden estar tranquilos. “No sé si podremos inyectar algún recurso más a la compañía para poder pagar (las nóminas), pero los 20 días (del ERE al que obliga la ley) los cobran seguro”. Tienen la palabra de Gerardo. ¿No les basta?
A estas alturas es difícil sorprenderse por algo, aunque hay que reconocer que no es habitual que el estandarte de la patronal arrostre con orgullo la condición de moroso, que exhiba sin pudor sus deudas con Hacienda o con la Seguridad Social, que asuma con naturalidad una investigación judicial por el presunto desvío de ayudas públicas, y que, como contrapartida, reciba el apoyo unánime de su organización, que ya se sabe que van a por ti, Gerardo, querido. Es legítimo que la CEOE exija una rebaja de las cotizaciones sociales y el abaratamiento del despido, o que denuncie que la banca tiene cerrado el grifo del crédito. Pero lo sería aún más si el hombre que pone voz a esas demandas no debiera hasta de callarse, abonase religiosamente la nómina de sus trabajadores y no fuera, en su condición de consejero de Caja Madrid, el principal beneficiario de unos ventajosos préstamos que tampoco paga.
En realidad, no es Díaz Ferrán el que ha entrado en quiebra sino toda una clase empresarial que ha medrado con las concesiones públicas, que se ha enriquecido gracias al amiguismo y a la connivencia con el poder político y que, lejos de aprovechar una coyuntura favorable de década y media para fortalecer sus empresas se ha limitado a levantar castillos de naipes que se han ido al suelo con la primera brisa. Aquí ha habido pocos empresarios y muchos especuladores, cuyos conglomerados sólo han servido para dar apariencia de legalidad a sus operaciones financieras. ¿Es normal que un mayorista turístico como Marsans haya actuado como broker hasta acumular una cartera de acciones de casi 90 millones de euros? ¿Era razonable que el presidente de la CEOE y su eterno socio Gonzalo Pascual destinaran casi 100 millones de euros de sus empresas a hacerse con el 5% de un grupo de alimentación como SOS para dar un pelotazo finalmente malogrado? ¿O que se lamentaran de que Fernando Martín sólo les permitiera entrar con 25 millones en Martinsa? Visto así no es tan descabellado que Díaz Ferrán represente a la clase empresarial de este país, porque no deja de ser uno de sus retratos más fieles.
Eso es, al menos, lo que dice su propia trayectoria. Emparentado su socio con la familia de Arias Navarro, a la pareja no le fue difícil conseguir las primeras adjudicaciones de las líneas de transporte que ya entonces empezaban a privatizarse en Madrid. Del sector público también les llegó Marsans y Aerolíneas Argentinas. Con esos antecedentes no es extraño que la obsesión de Díaz Ferrán haya sido conseguir la privatización de la EMT, con la que “podrían dedicarse miles de millones de pesetas a otros bienes sociales”. Así es este endeudado millonario que cuando pintaba en oros sostenía que la mejor empresa pública era la que no existía –es decir, la que se le adjudicaba al ser privatizada- y que cuando el palo cambió a bastos pidió hacer un kit-kat en el capitalismo para que el Estado corriera a socorrerle.
Con lo público el patrón en jefe ha vivido como un marajá, sobre todo desde que se convirtió en el ojo derecho de Esperanza Aguirre, “que es cojonuda” y con razón. Viajes de mayores, subvenciones para vehículos, contratos de gestión de centros culturales, lo que hiciera falta para alguien generoso con las finanzas del partido, a quien no le dolían prendas en entregar unos decenas de miles de euros para ayudar en las campañas. Había dinero hasta para contribuir al gotelé de Barceló en su cúpula ginebrina. El secreto era estar a bien con todos y estrechar la mano o besar en la mejilla de todos y cada uno de los miembros de la nueva Ejecutiva del PSOE en su último Congreso, no fuera a ser que el Gobierno se olvidara de que los Kirchner le deben una pasta con Aerolíneas y le dejara de su mano.
Díaz Ferrán es el símbolo del fin de una época, en la que como él mismo ha reconocido en El Mundo llegabas a los bancos “les pedías que te financiaran un 70% y te decían que no, que el 100%, faltaba más”, sobre todo si eras consejero, había que comprar casa a los niños y bastaba con pedírselo a Blesa, que no se entiende lo que le ha pasado ahora a este hombre con lo comprensivo que fue siempre. ¿Acaso va a quebrar la caja por 32 millones de euros más o menos?
Es evidente que permanecer al frente de la CEOE no es un lastre para este moroso compulsivo, aunque es razonable pensar que sí representa un carga para la patronal mantener a Díaz Ferrán en la presidencia, justo cuando se inicia una nueva ronda del diálogo social. ¿Para qué querrá Gerardo que se recorten las cuotas a la Seguridad Social si él no las paga? Pues eso.
Ayer me enteré de la sentencia que el Magistrado-juez Ricardo Rodríguez Fernández, titular del Juzgado de lo Penal nº 16 de Madrid, ha dictado en contra de vosotros: Daniel Anido y Rodolfo Irago. Obviamente, aluciné…
Al margen de que yo sea un oyente fiel y de años (desde bien pequeño) de la Cadena Ser y que vuestra emisora sea mi compañera de muchos de los momentos más importantes de mi vida, no significa que sea parcial en mi opinión: el auto de la sentencia en la que se os condena a un año y nueve meses de prisióncomo autores de un delito de "revelación de secretos", y a las penas accesorias de "inhabilitación especial para la dirección de medios de comunicación y el ejercicio de la actividad de periodistas" y a "inhabilitación especial para el derecho de sufragio pasivo" durante el tiempo que dure la pena privativa de libertad impuesta, además de ser una aberración jurídica, es un atentado a la libertad de expresión que todos los ciudadanos tenemos en la Constitución Española que, como bien dice en su Artículo 20:
Se reconocen y protegen los derechos:
A expresar y difundir libremente los pensamientos, ideas y opiniones mediante la palabra, el escrito o cualquier otro medio de reproducción.
A la producción y creación literaria, artística, científica y técnica.
A la libertad de cátedra.
A comunicar o recibir libremente información veraz por cualquier medio de difusión. La Ley regulará el derecho a la cláusula de conciencia y al secreto profesional en el ejercicio de estas libertades.
El ejercicio de estos derechos no puede restringirse mediante ningún tipo de censura previa.
La Ley regulará la organización y el control parlamentario de los medios de comunicación social dependientes del Estado o de cualquier ente público y garantizará el acceso a dichos medios de los grupos sociales y políticos significativos, respetando el pluralismo de la sociedad y de las diversas lenguas de España.
Estas libertades tienen su límite en el respeto a los derechos reconocidos en este Título, en los preceptos de las Leyes que lo desarrollan y, especialmente, en el derecho al honor, a la intimidad, a la propia imagen y a la protección de la juventud y de la infancia.
Solo podrá acordarse el secuestro de publicaciones, grabaciones y otros medios de información en virtud de resolución judicial.
Por todo ello, desde mi página me solidarizo con vosotros e incluyo aquí mi protesta más firme antes este atropello legal de un derecho constitucional.
Espero, por el bien de todos, que el tribunal superior al que recurriréis la sentencia, arbitre justicia justa y os ampare ante tamaño atentado.
El presidente del Congreso de los Diputados, José Bono, ha pedido este sábado a la Conferencia Episcopal Española que no le condene "por ser socialista", ya que no es un asesino y tiene "la conciencia tranquila", al tiempo que constató que "Pinochet era un asesino desalmado al que se le dio la comunión de manera vergonzosa".
Obtenido de cadenaser.com, 28/11/09
Bono se pronunció así al ser preguntado por las declaraciones del secretario general de la Conferencia Episcopal Española y obispo auxiliar de Madrid, monseñor Juan Antonio Martínez Camino, que aseguró que el político católico que vote a favor de la Ley de Salud Sexual y Reproductiva e Interrupción Voluntaria del Embarazo tendrá que confesarse y rectificar públicamente si quiere volver a comulgar.
"Llevo 40 años afiliado al PSOE y no he ocultado que soy cristiano, que quiero acomodar mi vida al Evangelio de Jesús, y lógicamente me duele la declaración que ha hecho la Conferencia Episcopal Española", dijo Bono, quien aseveró que esta situación le "entristece", aunque tenga la conciencia tranquila.
"Me agradaría que reflexionaran y que no me condenaran por ser socialista, no vaya a ser que si yo no fuera socialista aunque hubiera actuado del mismo modo no me hubieran condenado, como ocurrió durante los ocho años que gobernó el PP", señaló Bono, quien recordó que, en ese periodo, se "aplicó la ley del aborto, que es mucho peor que la que ahora puede aprobarse", puesto que "que ha consentido más de 115.000 abortos cada año, que hasta el Consejo de Estado ha hablado de paraíso del aborto libre".
Tras clausurar el X Congreso de Escuelas Católicas que se celebró en Toledo, José Bono explicó que él ha votado "lo que creo que es mejor para reducir el número de abortos, he recibido por otra parte la solidaridad de muchos religiosos, de muchas otras personas de iglesia, en la que quiero seguir estando y por tanto no voy a buscar el conflicto ni el escándalo".
Ayer fue día de celebración por la liberación del los marineros secuestrados en el Alakrana. Un día raro, además, porque todo político de la oposición que salía en antena brindaba por el éxito de la liberación pero anunciaba, acto seguido, que a partir de hoy el gobierno se iba a enterar. CiU, PNV, IU y sobre todo, PP, con Mariano Rajoy a la cabeza, el experto en solucionar problemas de barcos en alta mar, como bien sabéis.
Gaspar Llamazares ha sido el más sensato. Además de solicitar que el gobierno ofrezca cumplidas explicaciones lo más pronto posible, se hacía las siguientes cábalas: el gobierno ha hecho su trabajo (mejor o peor); las familias con su presión, el suyo; la prensa, el que tiene asignado; la Marina, los jueces, la diplomacia… todos dedicaron cientos de horas para solucionar la crisis. ¿Y los armadores? ¿Es que nadie va a pedir cuentas a los armadores, esos que “tienen que perseguir a los atunes allí donde se encuentren”, aunque estén fuera de la zona de seguridad marcada por la Operación Atalanta?
El grueso de la crítica de los últimos días a cómo se han llevado las gestiones ha sido la conveniencia o no de detener y traer a España a los dos piratas que trataban de huir y que, al parecer, según los indicios que tiene en sus manos el juez, no eran más que una especie de “veedores”, los encargados de marcar las presas y de anotar sus características, pero que no formaban parte del grupo de asalto. Es decir, unos subcontratados.
Era un conflicto político y legal, donde se ponía en juego el Estado de Derecho. Pero ahora se va aclarando el asunto. Los secuestradores comprueban que los dos compañeros “secuestrados” por la Audiencia Nacional son una moneda de cambio espléndida. Hay que explotar la vena solidaria de esa gente pija del primer mundo. Sólo hay que apretar un poco las tuercas para que la oposición y, sobre todo, los familiares crean que la liberación de los compañeros somalíes es una condición sine qua non para liberar a nuestros compatriotas, sabiendo, como sabían, que un país como el nuestro no podía plegarse a sus exigencias. De lo contrario, con ese precedente, desde ETA a cualquier asaltante armado en una entidad bancaria, puede exigir pistola en mano que le vacíen inmediatamente el penal del Dueso, por poner un ejemplo, a cambio de no ir matando uno a uno a sus rehenes.
Entre todos hicimos un estupendo trabajo al clan de Somalia y a sus abogados londinenses: el precio del rescate subió como la espuma. ¿Y, al final, cual era la importancia de los dos piratas somalíes apresados en España, de cuya liberación dependía la vida de nuestros marineros? Pues una mierda. Exactamente una mierda. Son tan sólo un par de “mataos”, de los miles que se enrolan en sus filas por un salario de miseria, y que se pueden sacrificar sin que la empresa de secuestros sufra la menor merma de personal. Como ellos hay miles en las playas somalíes mendigando un contrato parecido.
Tanto fue el ruido mediático y la presión de las familias y de la oposición, que el gobierno no tuvo más remedio que reunirse con ellos y poner las cartas boca arriba: este es el juego, no existe ninguna compasión por sus compañeros, es un negocio puro y duro, más bien duro. Cuanto más comprueben el efecto benéfico de sus amenazas, más caro nos sale a todos nosotros el rescate.
Fue como un bálsamo. Una reacción extraña, por lo repentina, después de tantos días de reproches. Todos, de pronto, callaron como si se les hubiese aparecido la Virgen, o como si Zapatero se hubiese descolgado con unas dotes de persuasión hasta ahora desconocidas. Y en menos de una semana de silencio por nuestra parte, negociadores y secuestradores alcanzaban el precio justo, como en un mercado persa. Ya nos podíamos quedar con esos pobres imbéciles que habíamos apresado en su huída del barco.
Al gobierno tendremos que pedirle muchas explicaciones. Pero la prueba de que entre todos hemos hecho el primo la tiene el juez Pedraz, guardada en dos celdas de la cárcel.
José María Aznar, la tercera pata de aquel monstruo siniestro, asesino y mentiroso que se llamó “El trío de las Azores”, fue nombrado catedrático de Ética Política por la Universidad Católica de Murcia.
En su discurso de aceptación del puesto dijo algo que, viniendo de él, no me debería de sorprender: "Se debe exigir que quienes ocupan cargos de responsabilidad acrediten algo más que su presunción de inocencia".
Dicho así como lo dijo, a pelo, sin anestesia, podría parecer la típica boutade de un tipejo que se creyó un gran estadista de fama mundial, capaz de ser a la vez el interlocutor del peor presidente de EEUU, que propietario de las recetas mágicas neocon que podrían salva (económicamente) al mundo.
La realidad es otra: durante su mandato, bajo su manto protector de capo de estilo berlusconiano, convivieron con él los Francisco Camps, los Luis Bárcenas, los Jesús Merino, los Jaume Matas, los Francisco Correa, los Pablo Crespo, los Alejandro Agag, los Enrique Porto, los Antonio Peña, los Francisco Hernando, los López Viejo, los Blanco Balín, los Carlos Fabra…
¿A quién estaba aleccionando, con sus palabras, este pequeñín “estadista” de fama mundial? ¿A los actuales gobernantes de mi país o, tal vez, se estaba riñendo a si mismo por haber sido el jefe de una pandilla de ladrones y facinerosos, incluyendo en el lote a su yerno, el “amadísimo” Alejandro Agag?
Algunos personajillos estarían mucho mejor callados, disfrutando del gimnasio o de sus escapadas a París, en vez de decir lo que dijo: una frase más parecida a las que diría un pertinaz consumidor de vinos de la Ribera del Duero, que las dictadas por un catedrático de ética.
Las promotoras inmobiliarias están gravemente afectadas por la crisis por los excesos cometidos especulando suelo urbanizable (y no urbanizable), por la excesiva, desproporcionada y anacrónica construcción de cientos de miles de viviendas, por los inmorales incremento del valor final de las casas, por la falta de visión de futuro y por haberse olvidado de la más importante ley del mercado: todo lo que sube mucho y de forma rápida, al final tiende a bajar mucho y de forma rápida.
Los bancos y cajas de ahorro por haber abierto el gripo del crédito sin mesura, por haber inventado productos financieros de complicadísimo desarrollo e incierto final, por la falta de visión de futuro y por haberse olvidado de la más importante ley del mercado: todo lo que sube mucho y de forma rápida, al final tiende a bajar mucho y de forma rápida.
Los comercios por no haber sido prudentes en sus expansiones, por no haber calculado bien los costes fijos y variables, por no haber entendido las lecciones de anteriores crisis, por vender con márgenes desproporcionados, por la falta de visión de futuro y por haberse olvidado de la más importante ley del mercado: todo lo que sube mucho y de forma rápida, al final tiende a bajar mucho y de forma rápida.
Las empresas por no haber planificado su negocio a largo plazo, a base de crear provisiones y controles sobre costes, por haber considerado que cada euro que ganaban era un euro que podían gastar alegremente sin pensar en mejorar sus fondos propios y disminuir sus cargas financieras, por la falta de visión de futuro y por haberse olvidado de la más importante ley del mercado: todo lo que sube mucho y de forma rápida, al final tiende a bajar mucho y de forma rápida.
Los particulares por pensar que podíamos vivir eternamente en esta especie de tiovivo de consumo sin fin, de alegrías y gastos, gastos que financiábamos a base de un endeudamiento que cada vez era más caro, por la falta de visión de futuro y por haberse olvidado de la más importante ley del mercado: todo lo que sube mucho y de forma rápida, al final tiende a bajar mucho y de forma rápida.
¿Y el gobierno actual? Pues también tiene su parte de culpa en este desaguisado en el que estamos inmersos; pero, bajo mi modesto punto de vista, tienen muchas menos culpas de las que se le podrían achacar: los errores en el modelo económico de desarrollo, las dinámicas de gastos de las administraciones públicas, además del desaforado afán de usura de los empresarios y el gran capital, son las consecuencias de las nefastas políticas que se viene padeciendo en mi país desde hace más de 12 años.
Concebida por el dibujanteIbáñez, la tira cómica 13 Rúe del Percebe nació en 1961, en la revista Tío Vivo (¿lo de tío vivo sería una premonición?), mucho antes de que Fraga Iribarne soñase siquiera con poner en pie aquella Alianza Popular que, con los años y refundaciones, acabaría conformando esta otra tira cómica que hoy conocemos como Génova, 13-Rúe del Percebe.
La original era una casa sin fachada, no porque en aquellos tiempos fuese imposible encontrar fachas, de los que andábamos sobrados, sino para que todos pudiésemos husmear en la vida de tan curiosos inquilinos y reírnos con sus ocurrencias. La de Génova, 13, en cambio, tiene mucha fachada, militantes y simpatizantes que a veces se desbordan por los aledaños, ocupan la calzada y las aceras, y utilizan el mismo fervor -eso que no falte- para llamar asesino a Zapatero o enano a Jordi Pujol que para insultar a Rajoy y a Ruiz Gallardón, que lo mismo nombran su führer a Esperanza Aguirre que confunden a María San Gil con la Virgen María.
Pero hacen tanto ruido sus inquilinos y los acreedores que acampan en sus cercanías, tanta bronca meten por escaleras, terrazas y ascensores, que nada impide, ni su sólida fachada, que todos acabemos enterándonos de los líos de familia.
El moroso
En el ático, vive el moroso, en realidad, el casero, un tipo acosado por sus acreedores, a los que un día pidió el voto, pero que no quiere hacer frente a su deuda. Pidió prestados votos a tanta gente y tan dispar que no sabe cómo hacer frente a las deudas porque todos quieren cobrar al mismo tiempo con idéntico interés. Centristas, liberales de los de antes, liberales de los de ahora, conservadores de toda la vida, integrantes de sectas de misa diaria, alcaldes chorizos, presidentes de diputaciones imputados y fachas de estricto pedigrí, todos quieren cobrar los intereses devengados por ese capital que financió la construcción del inmueble de Génova, 13-Rúe del Percebe.
El ladrón
Un piso más abajo, vive el ladrón, un pobre diablo que malvive con el producto de sus robos. En la vieja rúe sin fachada, el caco se traía a casa los objetos más peregrinos e inútiles que encontrar se pueda, para desesperación de su esposa. En esta otra, de sólida y opaca fachada, se deciden las comisiones que los alcaldes y concejales se van a levantar por unas oportuna recalificaciones de terrenos. "En vez de los 600 millones, que nos dé 400 en billetes y nos los bajamos en una bolsa a Murcia", se oye decir a uno de sus personajes, un alcalde de Totana (Murcia), en una de las viñetas más graciosas.
Los gemelos
En ese mismo piso, pero en la puerta de la derecha (¡cómo no!), viven los gemelos, paradigma de los niños hiperactivos, revoltosos e indisciplinados. Se llaman Esperancita y Abertito, y tienen en constante sobresalto a sus padres. Lo que a uno se le antoja lo quiere el otro. De sus numerosas aventuras, destaca aquella en que ambos quisieron ir en las listas de Mariano Rajoy al Congreso en las pasadas elecciones, para asegurarse la pole position en la carrera por sustituir al dueño de la casa. No les importaba el desatender sus deberes para con sus votantes, quienes previamente les habían elegido como presidenta de la Comunidad y alcalde de Madrid, respectivamente.
La defensora de los animales
Un piso más abajo, vive María San Gil, la defensora de los animales. Se lleva a casa a todo tipo de bichos, aunque prefiere los más fieros y peligrosos para la democracia porque tiene un corazón tan grande que no le cabe en el pecho y, a veces, ni en la habitación. Esta manía suya le ha provocado un conflicto insuperable con el casero, al que le gustan más las personas corrientes que los animales, las personas normales y sensatas, esas buenas personas que suelen acompañarle a las manifestaciones contra el Gobierno de Zapatero. La defensora de los animales tiene predilección especial por los cachorros de facha.
El sastre
A su lado, vive el sastre. Un hombrecillo insufrible, de bigote tipo cortina, encargado de hacer trajes a medida. Se le tiene por el confeccionador del último traje de la derecha, una mezcla extraña de estilos, combinación imposible de moda de los años cuarenta con toques de abrigo loden, sombrero tirolés, pantalón pitillo marcando paquete nacional, rosario de Lourdes y bufanda, incluso en verano, estilo que atesora la rara habilidad de no sentarle bien a ninguno de sus clientes. Tiene una curiosa tendencia a mimetizarse, como los camaleones. En el mitin en que Mariano Rajoy presentó a su famosa niña, la niña de Rajoy, el sastre llevaba puesto un Lacoste rosa monísimo que le enmarcaba muy bien la melenita, de esos jerseys que ya no se llevan ni en el mango de los paraguas.
El veterinario
Más abajo, habita el veterinario Acebes, quien ejerce a su vez de secretario general de la comunidad de vecinos. Su manera de actuar hace pensar que jamás pisó una facultad de veterinaria. Es de una torpeza terrible cuando ausculta a su fauna de pacientes, confundiendo siempre los tratamientos, intentando engañar al dueño del animal, para tapar su incompetencia, con medicamentos erróneos y falsos diagnósticos. Es uno de los personajes más graciosos. Su tira cómica estelar fue el invento de la teoría conspiranoica del 11-M, en la que intentaba dar el cambiazo a un cliente para que se llevase un animal islamista disfrazado de animal etarra. O al revés, que ya no me acuerdo. Pero seguro que era un animal.
Los realquilados
Una habitación muy movida ésta de los realquilados. Gente de paso, que busca una habitación donde cobijarse temporalmente a un precio razonable. El más famoso de los personajes realquilados es Manuel Pizarro, ex presidente de Endesa, al que el casero le alquiló este cuchitril con la promesa de que era una suite nupcial. Una de las mejores viñetas es aquella en la que todos los habitantes de la Rúe del Percebe reciben entusiasmados al que creían el mirlo blanco de la próxima legislatura, en su viaje desde una poltrona del consejo de administración de Telefónica a la meca del cómic. En la últimas entregas, duerme mal porque se siente engañado.
El tendero
Uno de los personajes mas pícaros de la historieta. Se llama Eduardo Zaplana, y recuerda al bruto de Manolito, el de Mafalda, un vendedor sin escrúpulos, chulesco, con tal ausencia de complejos que no le importa reconocer ante los clientes que acuden a comprar a su establecimiento que él ha puesto una tienda de ultramarinos para forrarse y no como un servicio a los habitantes de la Rúe del Percebe. Su momento estelar es aquel en que se larga de la casa con un contrato millonario en euros a una multinacional privatizada por el sastrecillo valiente de dos pisos más arriba. La tienda se le quedaba pequeña.
La portera
Parece un personaje de Almodóvar. Tiene un pie en la casa y otro, en la calle. Últimamente, vive más en la calle porque la gente está follonera y le trae noticias frescas del imperio. En la tira cómica de hace un par de días, por ejemplo, vio cómo se le venían encima cientos de damnificados del casero, con pancartas y megáfonos, llamándole traidor y reclamando su dimisión. Gente toda ella de edad avanzada, loewemente ataviada, chanelmente perfumada, suárezmente enjoyada, religiosamente excitada por la Cope y sus púlpitos de odio, como cruzados de la causa dispuestos a tomar la Jerusalén Rue del Percebe gobernada por un sarraceno que rindió la plaza a los nacionalistas periféricos.
El ascensor
En esta Génova, 13-Rúe del Percebe, nadie se atreve a usar el ascensor, anticuado y de frágil aspecto, como medida de prevención. Por la casa, circula la leyenda de que en él habita un animal político, que emite unos extraños gruñidos en gallego y cuya edad se desconoce a ciencia cierta. Generalmente, hay un gran cartel sobre la puerta enrejada que dice: "No funciona".
Y nadie sabe si se refiere a la casa en general, al ascensor o al homo antecesor que lo habita y que se niega a desalojar.
En el palacio de Jaume Matas cada escobilla del retrete cuesta 375 euros, y hay cuatro baños. No es la única obscenidad escatológica de una mansión de 657 metros cuadrados donde todo lo que reluce está lleno de mierda. En esa casa deshabitada hay 8 televisores Bang & Olufsen y sólo el del salón cuesta 12.000 euros. Hay una bodega con 500 botellas de vino, 50 Vega Sicilia. Hay un enorme ropero con 40 bolsos de marcas de lujo, a 1.500 euros de media cada uno. Hay 38.000 euros gastados en cortinas, casi dos años de sueldo de un Guardia Civil como los que registraron el palacete hace unos días. Hay madera de roble y mármol: una reforma que, según el arquitecto municipal, costó dos millones de euros. Hay 40 felpudos a 800 euros cada uno. Hay 30 obras de arte de gran valor, aún por calcular. Hay un joyero casi vacío, porque lo más valioso se lo llevaron a Nueva York: un reloj Cartier de 12.894 euros, un anillo de oro de 5.000, un Rolex de 23.000… Hay una tasación de la Agencia Tributaria que dice que el palacete –sólo el edificio, sin la reforma ni la decoración– vale 2,47 millones de euros, a pesar de que Matas dice que pagó por él 980.000 euros en el año 2006, en plena burbuja.
Hay una explicación imposible sobre cómo lo pudo comprar, siquiera a ese precio: su sueldo era de 84.000 euros al año y, cuando llegó al gobierno balear, en 2003, todo el patrimonio familiar sumaba 152.805 euros. Hay también otra casa en la playa y un piso de lujo en Madrid. Hay un Partido que se llama Popular y permanece en silencio –al menos ya no lo defiende–.
Y hay un temor en Génova 13: que el ex ministro Matas no vuelva a España a declarar. Que se fugue, como Luís Roldán.
Viendo esta foto, testimonio gráfico de un momento de la historia que a muchos de mís conciudadanos le gustaría ocultar (o esconder, como si no hubiera sucedido nunca), me pregunto: ¿Cómo es posible que existan seres humanos que le niegan, a otros seres humanos, el derecho a buscar a sus antepasados asesinados y enterrados en fosas comunes o en los bordes de las carreteras? ¿Cómo es posible que nos olvidemos de los republicanos que murieron luchando contra la dictadura y el horror provocado por los dos degenerados asesinos de esta foto, que se chocan las manos y se sonríen como dos beatos sin mácula?
No sé cuál puede ser la respuesta… pero la intuyo: algunos, jamás olvidan las primeras leches que mamaron.
Mientras estas cosas suceden, un juez, Baltasar Garzón, está siendo investigado por el Tribunal Supremo de mi país, por tratar de dar entierro definitivo a los muertos que escondió vergonzosamente ese personajillo enano, de voz aflautada e inmoralidad palmaria que frota sus minúsculas manos con las manos manchadas de sangre de Hitler.
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