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Historia

¿Por qué no nos caen demasiado bien ni los británicos ni los yanquis?

Plano de Cartagena de Indias, del año 1743

 

 La hermosísima Fortaleza de San Felipe de Barajas (de noche, con su iluminación monumental)


 

 Retrato del Almirante Blas de Lezo y Olavarrieta

 

Históricamente, los españoles hemos sentido una especia de urticaria o desazón ante todo “lo” británico (y sus primos hermanos americanos, los yanquis).

Las razones? Muchas y muy variadas, todas entrelazadas entre si por un pasado compartido de conquistas de nuevos mundos, por la paulatina pérdida de nuestros imperios, por las muchas batallas navales y económicas que protagonizamos durante siglos y por la propia idiosincrasia de cada cual: ellos, tan anglosajones en todo, concienzudos, tenaces y profundamente religiosos; nosotros, una mezcla explosiva entre lo latino y lo mediterráneo, con una religiosidad a medio camino entre el todo (aparente) y la nada.

Una de las historias más alucinantes y a la par olvidadas de ese pasado de amores y odios compartidos, es el de la batalla por la conquista de Cartagena de Indias, en 1741: el desembarco anfibio más importante de toda la historia hasta el de Normandia, de 1944.

El 13 de marzo de 1741, la mayor flota naval que conocieron los tiempos trató de conquistar la ciudad española, ahora colombiana, en la que estaba situada la fortaleza más poderosa de toda América, un enclave fundamental para la protección del continente: la fortaleza de San Felipe de Barajas.

Allí, en la defensa de las murallas de esa histórica ciudad al borde del caribe, estaban sólo 3.600 españoles: 1.100 soldados veteranos de las guerras americanas, la mayoría de ellos bastante mayores, 400 reclutas sin ninguna experiencia en combate, 600 milicianos criollos y mulatos y unos 600 indios, negros libres y mestizos. Al frente de los soldados estaba el Almirante Blas de Lezo y Olavarrieta, un bregado militar de dilatadísima experiencia en las “américas” y famoso por su extraordinaria capacidad para la lucha, producto de sus más de 30 batallas ganadas y su delicado estado de salud: le faltaba el ojo, la pierna izquierda y tenía la mano derecha lisiada, además, por culpa de la humedad y el calor caribeño, sufría por una grave alergia en la piel que le causaba tremendos dolores.

Frente a ellos, como contrincantes, 36 navíos de línea –los acorazados de la época-, ocho de ellos de tres puentes (del tamaño del Victory, el famoso buque insignia del almirante Nelson), 28 navíos más de dos puentes, 12 fragatas, 2 bombardas, varios brulotes y 130 buques más que transportaban más de 27.000 soldados y marinos y 2.000 cañones. Era, según el título que le concedieron antes de salir del Reino Unido, la “Invencible Armada”, la flota naval más grande de la historia (hasta 200 años después). Al mando de esta colosal máquina de guerra estaba el Almirante Edward Vermon, al que se unió, ya en tierras americanas, Lawrence Washington, hermano de George Washington (primer presidente de EEUU y el que "puso" la cara en el billete verde), acompañado de sus 4.000 reclutas de Virginia.

Toda esa maquina de guerra, tan poderosa, tan “invencible”, tan apabullante en medios humanos y materiales, sucumbió ante sólo 3.600 españoles y criollos, en la más dolorosa de las derrotas militares que jamás tuvo el Reino Unido.

¿Por qué cito aquí una  batalla de hace más de 200 años? Muy sencillo: por que para los ingleses y los yanquis, para sus historiadores y cronistas, esa batalla no existió. Como la historia la suelen escribir los vencedores, el recuerdo de esa batalla sólo existe en los libros de historia de España y Colombia.

El Almirante Vermon, a las pocas horas de empezar las batallas contra los españoles, en uno de esos arrebatos de soberbia tan típicamente ingleses, se permitió el lujo de enviar correos navales a Londres con la noticia de su victoria sobre las tropas españolas. Tres días después, en plena guerra, para reafirmar esa supuesta victoria, volvió a mandar nuevos correos navales hablando de las hazañas de sus soldados…

Desgraciadamente para él, esas noticias las envió poco tiempo antes de ser humillantemente derrotado durante la noche del 19 al 20 de abril, cuando con bayoneta calada los seiscientos supervivientes españoles y criollos que quedaban defendiendo la fortaleza de San Felipe de Barajas, decidieron cargar “temerariamente” contra los miles de ingleses que aún seguían con vida rodeando el castillo.

Los soldados españoles supervivientes, muchos de ellos malheridos y agotados por los días de batallas incesantes, redoblaron sus ansias de victoria y su afán guerrero al ver que el propio Almirante Blas de Lezo salía a campo abierto a luchar al lado de sus hombres, aún siendo cojo, manco y medio ciego… además de enfermo.

La masacre que los españoles hicieron entre los miles de ingleses que atacaron la ciudad fue de tal magnitud, tan tremenda, que Blas de Lezo se apiadó de ellos y dejó huir a los pocos cientos de ingleses que no murieron.

El 9 de mayo, humillado y rendido, el Almirante Vermon huyó para Jamaica después de mandar una carta al Almirante Blas de Lezo, que decía: “Hemos decidido retirarnos pero para volver pronto a esta plaza, después de reforzarnos en Jamaica”.

El Almirante Blas de Lero, con ironía, le respondió: “Para volver a Cartagena es necesario que el Rey de Inglaterra construya otra escuadra mayor, por que la suya ha quedado para conducir carbón de Irlanda a Londres. Llegaron con la misma arrogancia de siempre y fueron derrotados con los métodos de siempre: nuestro orgullo y amor a la patria”.

Mientras esto sucedía en Cartagena de Indias, en Inglaterra, en cuanto llegó el barco que portaba la noticia de la falsa victoria y en medio del júbilo desbordado entre todos los londinenses, Jorge II, Rey de Inglaterra, ordenó que se acuñaron monedas conmemorativas del fastuoso momento en que las fuerzas británicas habían humillado y arrodillado a Blas de Lezo, monedas que incluían una leyenda que decía: "el orgullo español humillado por Vernon".

Cuando el 9 de mayo se supo la cruda realidad de lo sucedido en Cartagena de Indias y las gravísimas consecuencias que para la flota naval inglesa tuvo la derrota, el mismo Jorge II, Rey de Inglaterra, ordenó borrar de los libros, crónicas y gacetas, toda referencia a la derrota, incluso hablar de ello. En su humillante delirio, prohibió la verdad, como si la verdad se pudiera borrar.

¿Y qué sucedió en EEUU? Derrotado, humillado y destrozado el grueso de los 4.000 reclutas de Virginia de Lawrence Washington (sólo se salvaron 800 reclutas), a su vuelta a yanquilandia se decidió conmemorar la supuesta victoria (en realidad, una terrible derrota), dándole el nombre de Mount Vermon, en honor al marino inglés, a la residencia oficial del primer presidente yanqui, George Washington, hermano del derrotado Lawrence.

Hoy, doscientos sesenta años después, aún sigue latente la inquina entre España y Reino Unido… y sino, ver lo que sucede estos días con el Financial Times y sus agoreros neocons.

Alfredo Webmaster

 

 

Posdata: existe un excelente y documentadísimo trabajo sobre esta batalla, publicado en la página todoababor.es.

Otra posdata: si os resulta curioso que los ingleses y yanquis oculten/escondan esta tremenda derrota, resultará aún más curioso (y sorprendente) que nosotros hagamos lo mismo no hablando de la victoria... y en una de esas típicas (ilógicasy vergonzantes) quijotadas españolas, en ningún libro de historia de mi país se cita esta batalla, ¡pero sí hablamos de la de Trafalgar!

 

El Bicentenario


En los próximos meses y años, se empezarán a celebrar por toda Latinoamérica el Bicentenario de las independencias de los diversos países que componen el cono sur del continente.

Siendo como son actos de reafirmación de los valores patrios y de exaltación del momento histórico en que se conquistó la independencia de la metrópoli, España, muchos de ellos también serán de recuerdo para las muchas barbaries que cometieron, en la conquista de América, nuestros antepasados.

A estas alturas de la historia, no creo que nadie niegue que los españoles que llegaron a la América en los siglos XV, XVI y XVII, además de ser portadores de algunos valores reseñable de cultura y modernidad, también fuimos la mano ejecutora de actos nada honrosos y de destrucción, ya sea de las culturas precolombinas como de pueblos enteros, que no sobrevivieron al empuje de los conquistadores. Es parte de la historia común que compartimos entre todos. Es historia común; no se puede, no se debe, olvidar. Pasó, y pasó.

Asumiendo la parte de culpa que como país tuvimos en algunos de los desastres, también es de justicia reconocer que después de los 300 años de dominación colonial española, vinieron 200 años de independencia y soberanía local. Esos dos últimos siglos (parte del XIX, XX e inicio del XXI) fueron para la humanidad en su conjunto, los más prodigiosos en avances (industria, cultura, calidad de vida, libertad) y prosperidad. Lo que ese espectacular progreso significo en cada uno de los países americanos, es, en todo caso, responsabilidad de los nuevos gobiernos independientes, para lo bueno y para lo malo.

Igual que ahora, en pleno siglo XXI, los españoles no nos podemos sentir orgullosos de que unos poquísimo miles de nuestros soldados fueran capaces de conquistar un continente completo, a sangre y fuego, ¡cierto!, tampoco tenemos por que sentirnos culpables de algo que ya es parte de la historia. Ni debe haber recuerdos de glorias pasadas ni tampoco reproches por lo que otras gentes hicieron en otro tiempo.

Pasó, y pasó: Latinoamérica y España tiene que aprender a convivir con una historia común, que es muchísima y muy valiosa.

Alfredo Webmaster

 

 


 

La traca del Bicentenario, por Miguel Ángel Bastenier para elpais.com, 13/01/2009

Comienza la gran traca del Bicentenario. Los 200 años de las primeras declaraciones latinoamericanas que hoy se asimilan, redondeando conceptos, a proclamaciones de independencia, estallarán durante 2010, con España como monigote de pim pam pum y huésped de honor en el banquillo de los acusados.

Lo que se declaraba no era la independencia, sino que ante la soberanía cesante de España, sojuzgada por Napoleón, los criollos reivindicaban su autogobierno, aunque únicamente, se entiende, hasta que Fernando VII recobrara su augusto trono. Cabe argumentar que una declaración de ruptura con España no era directamente asumible por aquellas repúblicas de propietarios en un mar de indigentes de otro color, con lo que habría que ver esa rebeldía como táctica que no osaba aún ser estrategia; pero, también, que la fórmula transaccional permitía imaginar otro final contando con que parte del “criollato” —que sí existió— aceptara una soberanía interior sin desvinculación completa de la metrópoli, como ha argumentado el historiador ecuatoriano José Cañizares Esguerra y, sobre todo, con la prudencia de las Cortes de Cádiz —que no existió— para reconocer en pie de igualdad al mundo hispanoamericano. Pero esa solución era demasiado moderna.

Los propósitos que animan a los gobernantes latinoamericanos son tan variados como su procedencia. La Colombia del presidente Uribe, con mucho criollo en el poder, quisiera celebraciones apacibles sin réprobos ni verdugos, pero ya se encargarán algunos fierabrás de la izquierda de hablar de genocidio; y lo mismo cabría decir de México, cuya dirigencia aunque es más hispánica que el sepulcro del Cid, el mestizaje del país y lo a mano que cae recordar a Hernán Cortés crearán tensiones en todo el espectro político. Y Argentina, una presunta Europa en el cono sur, que gobierna una diarquía de apellido Fernández —¿o es Kirchner?— bailará al son que convenga para sobrevivir a una sociedad cada día más díscola en su proliferación de peronismos. Pero el maremoto es, sobre todo, caribe y andino.

El bolivariano Chávez concibe las celebraciones como una recuperación de tono muscular ante unas elecciones legislativas en septiembre, que si hay que creer a las encuestas deberían preocuparle. El presidente Evo Morales, indio aymara, presenta enmienda a la totalidad: “No hubo colonización, sino invasión para robarse nuestros recursos”, ha dicho y, puestos a festejar, considera mucho más reivindicables algunas algaradas indígenas del XVIII, que el torpor con que La Paz enfocó la independencia, más preocupada por librarse de Buenos Aires que de Madrid, razón por la cual no hubo grito de independencia hasta 1825.

¿Qué va a ser de España en ese ‘acompañamiento’ votivo? Celebrar, financiar y no tomar ninguna iniciativa sin consensuarla con México, Colombia, Argentina, Perú y Chile; dialogar con Bolivia y Venezuela, que con Ecuador, bajo Rafael Correa y pese a su bolivarianismo, no hay problema. Y explorar cómo puede España reconocer su responsabilidad, pero sólo conjuntamente con el criollo que fue brazo ejecutor de tanto abuso y crimen contra el indígena y el esclavo durante la colonia y en la independencia, porque los pecados del pasado, como subraya el guatemalteco Severo Martínez Peláez en “La patria del criollo”, no se olvidan; y España necesita hacer borrón y cuenta nueva.

 

 

Movimiento por la Reincorporación de Cuba a España


Como saben los que siguen mi bitácora-blog desde hace tiempo, tuve y tengo una querencia especial por Cuba. La tuve y la mantengo, pese a que los tiempos y las formas, además de las circunstancias, con las que “se vive el país” (de una forma más próxima a la pasión que a la razón), no son las mejores para tener una perspectiva realista e imparcial.

Todos, absolutamente todos, tenemos una opinión sobre los porqués de lo sucedió, sobre lo que está sucediendo y cuáles podrían ser las recetas para que todo aquello cambie, obviamente para mejor.

Sé, como se dice de forma muy gráfica en la isla, que “nada es fácil” y que todo el mundo tiene que “resolver”, pero los plazos se están acabando y las soluciones definitivas y definitorias, no llegan. Los avances sociales ya no son avances, las alternativas energéticas ya no son alternativas y el monopolio estatal cada día tiene mes qué monopolizar.

Por tanto, llegó la hora de que se vayan tomando posiciones y ofreciendo alternativas, quizá descabelladas o fuera de contexto, pero que serían perfectamente asumibles y, sobre todo, harmónicas. Al fin y al cabo, los cubanos y los españoles, además de un largo pasado en común, somos hermanos de sangre, de cultura y de querencias: es muchísimo más lo que nos une que lo que nos separa.

Hace un tiempo supe de la existencia de un grupo que se llama “Movimiento por la Reincorporación de Cuba a España”, corriente de opinión que pensé que sería sólo producto de una pequeña broma en medio del ciberespacio: craso error.

Después de investigar y visitar páginas y páginas webs, de consultar cientos de enlaces y haber iniciado una relación epistolar con José Ramón Morales, santum santorum de Cuba Española, llegué a una conclusión: no es descabellado imaginar una Cuba nación dentro de un estado de naciones como es España.

Por ese motivo abrí un enlace directo a la página del que ahora es mi amigo José Ramón, un espacio lleno de informaciones absolutamente novedosas que nos han estado ocultando durante años y años. Gracias a él, a su trabajo y esfuerzo, supe  más sobre la enorme y nefasta influencia de gentes como William Randolph Hearst, que no sólo mintieron a sus conciudadanos sobre las realidades cubanas, sino que también ayudaron a entablar una guerra ilegal, y desigual, basada en una invención descabellada y ruin, así como de la existencia de los autonomistas cubanos que buscaban, antes de la invasión de la isla por los yanquis en 1898, hacer de Cuba una parte de la España de la época, pero con la independencia y características de lo que ahora es una comunidad autónoma española.

Eso es justo lo que ahora José Ramón reivindica: hacer de su país, de su nación, una autonomía más dentro del estado de naciones que es España.

 

Reflexiones de hoy viernes, por José Ramón Morales

Hoy y una vez más quiero referirme al futuro. A veces perdemos mucho tiempo hablando del pasado. He dicho en otras ocasiones, que en el caso de Cuba hay que hablar de ese ultimo periodo como territorio español, pues los historiadores se encargaron de escribir una historia parcializada y casi no escribieron sobre los autonomistas que tuvieron un gran peso político y fueron los que verdaderamente ganaron la guerra, pues comenzó la Comunidad Autónoma de Cuba. Muchos cubanos no saben eso y por eso yo enfatizo y reivindico a los autonomistas cubanos del Siglo XIX, pero en realidad lo que tenemos es que concentrarnos en el futuro.

La tarea que tenemos por delante no es fácil pero tampoco imposible. No es fácil por la manipulación que hemos tenido los cubanos desde siempre, también por el desconocimiento de muchos españoles que piensan que todos los cubanos fueron cómplices de esa separación, cuando en realidad fue el resultado de una guerra perdida contra EEUU con la cual los cubanos autonomistas no pudieron hacer mas que resignarse e integrarse al nuevo gobierno. Éramos colonia de una potencia y la isla estaba vigilada por sus soldados. No era la bandera cubana la que sustituyo a la española, era la norteamericana. Ni siquiera los mambises participaron en el nuevo ejército cubano, a ellos los jubilaron.

Es hora de hablar del futuro, de cómo serán los pasos que tenemos que dar. Esto es un poco de especulación, pues en realidad nadie sabe como va a ser la transición. Esperamos que una vez desaparecido Fidel físicamente, Raúl no podrá mantener el poder por mucho tiempo. Los que comparten el poder con él son personas muy mayores que tendrán que retirarse debido a la edad. Yo creo que Raúl terminara asilándose en otro país con su familia. Ahí van a entrar en juego los defenestrados como Carlos Lage, Roberto Robaina, etc. pero la disidencia exigirá su lugar y también el exilio. España tendrá que jugar un papel fundamental como mediador. Su Alteza Real, el Príncipe Felipe, debe tomar las riendas y llevar a una mesa de negociaciones. Debe comenzar un gobierno provisional con todas las partes, supervisado por España, las Naciones Unidas, EEUU, la Comunidad Europea. Esto es algo de carácter mundial. Cuba esta involucrada con todos los países del Planeta. Este será el acontecimiento del Siglo XXI. Ahí, desde un comienzo tenemos que crear el Partido Autónomo Cubano, y educar a todos los cubanos y españoles, aunque en realidad la educación empezó ya mediante este Blog de una forma modesta y sencilla y otros como el Blog ABC del Dr. Dilewis Ibarra-Tamayo.

Creo que los medios de comunicación deben estar a la altura e informar bien todas las cosas. Las ventajas para el país con la fusión como antaño. Volver a ser uno y así crecer todos unidos. Ser más poderosos pues seria una parte en Europa y la otra en el Caribe, de cara a Las Américas.

No podemos desanimarnos, hay que seguir caminado unas veces más lentas y otras mas rápido, pero nunca parar. El futuro puede ser maravillo si nos lo proponemos. Los cubanos tienen que entender que es lo mejor para el pueblo y dejar la retórica y el exceso de patriotismo que solo nos ha traído cosas negativas. El bienestar del pueblo y la democracia están por encima de todo y con España podemos tenerla de una forma más rápida y estable. Somos españoles, siempre lo hemos sido y lo seremos, y para honrar la memoria de nuestros antepasados peninsulares, gallegos, canarios, mallorquines, etc., que todos los cubanos llevamos adentro, incluyendo a los mestizos y negros. En todos nosotros corre la sangre española aunque sea en diferentes por cientos. Yo no tengo las respuestas a todas las cosas, todos los días aprendemos algo de nuestros seguidores, somos una gran familia compuesta de españoles y cubanos españoles de todas las tonalidades.

Por el futuro de Cuba, todos por una Cuba Española. ¡Viva España!

 


Me uno a él con la misma fuerza con la que me uniría a cualquier batalla romántica y apasionada en pos de un objetivo hermoso, igual que se unían entre si los aventureros de inhóspitos territorios inexplorados. Sé que algunas de las batallas, como esta, tienen difícil defensa desde una visión nada nacionalista como la mía, pero no puedo dejar de reconocer que es una batalla linda y hermosa, una lucha por la unificación de dos pueblos hermanos que jamás debieron enfrentarse.

Además, al fin y al cabo, a España y Cuba sólo nos separa un insignificante océano y una diferencia de pocas horas: es muchísimo más lo que nos une que lo que nos separa.

Alfredo Webmaster

Posdata: esto que leeréis a continuación es el texto del correo que me mandó José Ramón, un cariñoso abrazo entre gallegos, como se nos conoce a todos los españoles en Cuba.

Hola Alfredo:

Gracias por interesarte en el Movimiento por la Reincorporación de Cuba a España. Te diré que siento un cariño especial y admiración hacia el pueblo gallego, he visto por Internet en programas de Galicia TV como los gallegos han tenido que emigrar y por todo lo que han pasado. Recuerdo a gallegos vecinos míos en Cuba que eran personas buenísimas y muy trabajadoras. Aunque mi sangre es canaria, andaluza y asturiana, en mi familia había un gallego que llego a Cuba analfabeto a trabajar en la finca de su tío e hizo una fortuna. Castro le quito 16 casas, una gasolinera, un aserrio, una bodega (almacén), una loma, un acueducto, una finca, otra casa frente al mar para vacacional, etc. y a su hija que es medico, ya retirada y vieja, no la dejaron salir de Cuba y vive en la pobreza a pesar de tener unos terrenos en Galicia. Ese hombre ayudaba a todo el mundo, era lo más servicial que había y termino dándose un tiro.

Si estuviste en el Campamento Internacionalista Julio Antonio Mella, entonces conoces mi pueblo, Caimito, pues ese campamento pertenece a el.

Te diré que es muy duro vivir bajo el régimen de los Castros. Imagínate que no te dejen tener acceso libre a Internet, no puedes viajar al exterior a no ser por un permiso especial. Si vives en otra provincia, no te dejan entrar a La Habana y mucho menos residir allí, aunque el amor de tu vida sea de allí y tengas donde vivir. No puedes entrar en los hoteles ni lugares de turismo área dólar, o alguno de esos cayos privados que son solo para la cúpula del gobierno y turistas extranjeros, y por ahí un millón de cosas. Las izquierdas latinoamericanas van siguiendo el mismo ejemplo y eso no es la solución de nada. Todas las dictaduras son malas, pero las de izquierda acaban con las economías de los países. La cubana era muy prospera bajo la dictadura de Batista (no lo defiendo, jamás), el peso cubano llego a estar por encima del dólar y no había deuda externa. Necesitábamos un cambio pero nació una dictadura que nos ha dividido a todos. Cambio hasta la etnia cubana, ya que la mayoría de cubanos que salieron de Cuba eran blancos pues a los negros le rompían el pasaporte y no los dejaban salir porque les daban mal imagen a la revolución. Tenemos para discutir horas, pero los dos queremos lo mismo, bienestar para el pueblo, desarrollo, democracia y a mi me gustaría volver a unirnos a España, donde nos separaron a la fuerza. En primer lugar porque los cubanos queremos mucho a España y son nuestra sangre y raíces y en segundo porque creo que en la unión esta la fuerza y podemos hacer mucho.

Voy a poner un enlace hacia tu Blog y te autorizo a poner uno hacia Cuba Española.

Un abrazo desde Miami, donde no somos una mafia como ha hecho creer el gobierno de Cuba.

José Ramón Morales

 

 

 

Ágora, de Alejandro Amenábar


 

Título: Ágora

Dirección: Alejandro Amenábar

País: Estados Unidos, España

Año: 2009

Duración: 126 min.

Guión: Alejandro Amenábar, Mateo Gil

Reparto: Rachel Weisz (Hipatia), Max Minghella (Davo), Oscar Isaac (Orestes), Ashraf Barhom (Armonio), Michael Lonsdale (Teón), Rupert Evans (Silesio), Richard Durden (Olimpio), Sami Samir (Cirilo), Manuel Cauchi (Teófilo), Homayoun Ershadi (Aspasio), Oshri Cohen (Medoro), Harry Borg, Charles Thake, Amber Rose Revah, Christopher Dingli, Clint Dyer, Jordan Kiziuk, Alan Paris, Charles Sammut, Andre Agius, Reuben Fenech, Juan Serrano, Wesley Ellul, Angele Galea, Paul Barnes, Samuel Montague, Christopher Raikes

Web: www.agoralapelicula.com

Distribuidora: 20th Century Fox

Presupuesto: 73.000.000,00 $ (50.000.000 €)

Dirección artística: Dominique Arcadio, Frank Walsh, Jason Knox-Johnston, Matthew Gray, Stuart Kearns

Diseño de producción: Guy Dyas

Fotografía: Xavi Jiménez

Música: Alejandro Amenábar y Dario Marianelli

 

Sabía quién era y cómo terminaría su vida, pero hasta que visioné Ágora, la última película de Alejandro Amenábar, no conocía los detalles más importantes de su existencia y el escabroso final de su vida.

Hipatia (Rachel Weisz), la hija de Teón (el gran Michael Lonsdale), el último director de la Biblioteca de Alejandría (siglo IV D.C.), el centro de sabiduría y cultura más importante de toda la historia de la humanidad hasta finales del siglo XIX, era una astrónoma y filósofa neo-platónica atea, que tenía un solo dios en su vida, la ciencia, y una sola fe, la filosofía.

Educada en la inmejorable compañía de los más célebres astrónomos de la época, de los mejores filósofos y bajo el paraguas de la racionalidad pura, Hipatia dudaba de todo lo establecido e irrefutable, renegaba de todos los dogmas y dioses, y era, por ese motivo, el epicentro de los terremotos de los odios de los religiosos y popes monoteístas, ya fueran judíos o cristianos: todos eran (con iguales) iguales y todos henchidos de ansias de poder y dominación.

Su historia, ocultada durante años por los fundamentalistas y detractores del libre pensamiento, fue un ejemplo de hasta que punto puede ser de nefasto y retrógrado dejar que las creencias y la barbarie integrista rijan nuestras vidas o manejen la política de un estado.

La estética y puesta en escena de la película es prodigiosa: la reproducción de la Alejandría del siglo IV es modélica en la réplica de toda una ciudad, de su estilo de vida, de sus costumbres.

Lo que va desgranando las imágenes no deja de ser la crónica de una muerte anunciada, un relato casi documental del final de una época dorada de cultura y librepensamiento: nada ni nadie puede vencer a la barbarie intransigente del que se cree poseedor de la verdad absoluta; nada ni nadie puede luchar contra el que se arroga del derecho a poseer la iluminación divina; nada ni nadie puede evitar fenecer ante el poder del que se nombra a si mismo representante de un dios en la tierra (el dios que sea).

En la lucha en pos de la razón como motor de la vida, ni pudo Hipatia ni seguramente podrá nadie de nosotros: así nos va, sobreviviendo a siglos de luchas y odios religiosos.

Si al salir del cine, mientras pervive en tu retina la brutalidad de las piedras rompiendo el cuerpo de Hipatia, no reniegas de la irracionalidad de creer en lo increíble, significará que no has entendido el mensaje de Ágora: una pena.

Alfredo Webmaster

 

¡No lo creas Cirilo! Viven en mi corazón,

no como los ves, vestidos de formas perecederas;

sujetos hasta en el cielo a las pasiones humanas,

adorados por el vulgo y dignos de desdén,

sino como los han visto espíritus sublimes:

en el espacio estrellado que carece de moradas,

fuerzas del universo, virtudes interiores,

unión armoniosa de la tierra y el cielo

que encanta al pensamiento, el oído y los ojos,

y que ofrece su ideal accesible a los sabios,

y a la belleza del alma esplendor visible.

¡Tales son mis dioses!

 

"Hipatia y Cirilo", de Laconte de Lisle (1857)

 

 

 

 

La Torre de Hércules, catedral de los faros


La Torre de Hércules, el faro más antiguo del mundo todavía en funcionamiento, se erige majestuoso y solitario mientras contempla, desde su privilegiado y agreste promontorio, el grandioso mar de los ártabros y el antiguo asentamiento de Brigantium. Sólo el Obelisco Millenium, emblema del siglo XXI, es capaz de desafiar a la histórica torre romana.

Por Belén F. Mouriz



Algo de leyenda

Las ciudades antiguas siempre se han apropiado de legendarios fundadores. En el caso de la ciudad de A Coruña, su origen se sumerge en evocadoras leyendas históricas. Su héroe, por excelencia, ha sido Hércules, uno de los muchos hijos de Zeus.

Según cuenta el relato escrito por Afonso X O Sabio, en su “Estoria de Espanna”, por estas tierras existió un gigante de nombre Gerión que exigía a todos los habitantes la entrega de la mitad de sus posesiones. Agobiados por este injusto sometimiento, solicitaron la ayuda de Hércules que, no sólo venció al gigante en una lucha que duró tres días con sus correspondientes noches, sino que lo mató y enterró su cabeza, construyendo sobre el túmulo una torre sobre la que se instaló un espejo en el que se reflejaban las naves que se acercaban a la costa. Parece que una mujer, llamada Coruña, fue la primera persona en llegar hasta el lugar; y, en su honor, el semidiós quiso atribuirle este nombre a la nueva población que empezaría a nacer. De la presencia de este héroe en la ciudad, nos queda el solemne y eterno vestigio de la torre que lleva su nombre. Además, a raíz de aquel acontecimiento, el escudo de A Coruña incorpora la leyenda de Hércules con la representación del faro junto a la calavera de Gerión y dos huesos a los pies de ella.

Otra narración, de origen celta, atribuye a Breogán, caudillo de los ártabros de la Galicia prerromana, la fundación de Brigantium y la edificación de la torre. Su hijo Ith divisó, desde aquí, las costas de Irlanda, emprendiendo la navegación hacia su conquista, aunque fracasaría en este empeño.

Más allá de la literatura mitológica, la historia nos narra, gracias a una inscripción latina grabada sobre una roca que se conserva al lado del faro, que la orden de construirlo, la dio Trajano, en el siglo II de nuestra era; y que el autor del magnífico proyecto fue el lusitano Cayo Servio Lupo, natural de Aeminio (actual Coimbra), que dedicó su obra al dios Marte.

Algo de historia

Los deseos de conquista de los romanos siempre anhelaron las tierras de los cántabros, astures y galaicos. Hacia este extremo del noroeste peninsular, poblado por tribus castreñas, se orientaron campañas y expediciones de conquista dirigidas por famosos e históricos caudillos romanos en busca del  oro y del estaño de este territorio. Como manifestación de la presencia de la civilización y cultura romanas, nos quedan importantes e interesantes ejemplos arquitectónicos de gran espectacularidad por nuestras provincias gallegas. Uno de esos legados es la Torre de Hércules.

Sabemos que en Brigantium (A Coruña), debió de existir un núcleo urbano relevante, que se remonta a la época prerromana, con un importante puerto –el Magnus Portus Artabrorum-, y con una notoria actividad marinera, si tenemos en consideración la presencia de su grandioso faro romano que atestigua este lejano origen. Restos arqueológicos descubiertos han puesto de manifiesto que, quizá, uno o dos siglos antes de construir el monumento romano, existiese en el lugar un puesto de señalización y de vigilancia. Y es que  por la situación estratégica que su puerto confería, el asentamiento geográfico emergente se convierte, de esta forma, en un importante centro de rutas comerciales entre el Mediterráneo y las Islas Británicas, como así lo atestiguan los registros cerámicos. Los romanos deciden, por tanto, establecerse en esta ciudad marcadamente atlántica. Posiblemente, la relevancia que debió de alcanzar el puerto de Brigantium favoreció el levantamiento del faro, con el fin de vigilar esta costa y de orientar a las gentes del mar. A pesar de que algún cronista menciona a los colonos fenicios, que llegaban con frecuencia a estas costas, como los artífices iniciales de este colosal proyecto -quizá para atribuirle mayor antigüedad al edificio-, siempre se le ha considerado como una de las obras civiles más singulares y destacadas de la Hispania romana, comparándola con el famoso faro de Alejandría. Aunque los originarios 35 metros de la torre de Brigantium se quedan escasos frente a los 134 metros de la egipcia.

Gracias a las ilustraciones y trabajos de investigación publicados, que de esta valiosa torre nos han legado varios autores -entre ellos destaco Investigaciones sobre la fundación y fábrica de la Torre llamada de Hércules, situada a la entrada del puerto de La Coruña”, obra del siglo XVIII, del ilustrado Joseph Cornide, que se arriesgó a estudiar cómo sería la antigua estructura romana-, conocemos que, hoy en día, el faro nos muestra un aspecto diferente al que tenía en el proyecto inicial de Servio Lupo. Así sabemos que la moldura en relieve, que recorre helicoidalmente su fachada, reproduce, de manera ornamental, la antigua rampa que subía por el exterior del edificio y por la que ascendían los carros cargados con la leña para mantener encendida la hoguera (por las excavaciones arqueológicas efectuadas en el año 1992, se sabe que esta rampa estuvo protegida, de los rigores meteorológicos, por un muro perimetral exterior, siendo todos estos elementos destruidos a lo largo de los siglos posteriores); o que el remate de los tres cuerpos de que consta este faro de planta cuadrada, que hoy en día se eleva unos 55 metros sobre el nivel del mar, estaría coronado por una cúpula; o que en su remodelación neoclásica, en el último tercio del siglo XVIII, de la mano del ingeniero Eustaquio Giannini, y ante el deterioro que el edificio sufría, se realizó un recubrimiento de la estructura preexistente, utilizando bloques de granito, dándole, así, su fisonomía actual.

El aspecto exterior de la torre no muestra ninguna huella romana. Para poder disfrutar de la ancestral fábrica, perfectamente conservada, accedo a su interior. En su entrada, me recibe una escultura de Hércules que custodia celosamente las entrañas de la torre.  Inmediatamente, ante mí, se extienden los restos de sus cimientos romanos; y aprecio claramente toda la obra antigua no sólo en la organización de su interior alrededor de un eje central cruciforme, que articula las tres plantas en cuatro cámaras iguales con bóveda de cañón, sino también en el roce de cada piedra, mientras voy subiendo sus más de 200 peldaños repartidos en los tres cuerpos y que me conducen al mirador con una grandiosa vista del océano. No es difícil comprobar, tampoco, a lo largo de mi ascensión, que algunos de los vanos de la obra romana se han transformado en las ventanas actuales.

La torre ha sufrido modificaciones a lo largo de la historia. Con el declinar del Imperio Romano, el comercio por mar disminuye, lo que implicaría el abandono del faro y la pérdida de su función, pasando a convertirse en atalaya defensiva. Es posible que, en el medievo, soportase asaltos que provocarían su destrucción y su aspecto ruinoso. Se aprovecharon las piedras que caían de su muro para utilizarlas como sillares en otras construcciones. Parece que parte del castillo de San Antón se edificó con esos aparejos.

El período de abandono y de ruina que supuso la Edad Media para la Torre de Hércules se transforma en un período de renacimiento  en la Edad Moderna. La torre, que se conocía por entonces como Castillo Viejo, es reconstruida gracias al Capitán General del Reino de Galicia, duque de Uceda. Asume, entonces, la función de atalaya, con fines defensivos, por su situación privilegiada para detectar posibles ataques por mar de naves francesas; pues, por esas fechas, España estaba en guerra con Francia. Se afianza la torre como símbolo; se realizan trabajos de acondicionamiento y se dictan normas municipales que prohíben la extracción de piedra de la torre para evitar su ruina y olvido; además se taladran las bóvedas que delimitan los pisos de la torre para construir la escalera interior que permitirá subir a la cúspide del faro, trabajos ejecutados por el arquitecto Amaro Antúnez. Cuando finalizaron estas obras, los cónsules de Flandes, Holanda e Inglaterra solicitaron la construcción de dos torrecillas con faroles, con el fin de mantener una luz encendida, todas las noches, durante diez años. A cambio, establecieron un impuesto que deberían pagar todos los navíos que llegasen a cualquier puerto gallego para subvencionar el mantenimiento de los fanales. Parece, por tanto, que a partir del siglo XVI, se inicia, paulatinamente, el principio del resurgir de la torre. Además, los peregrinos procedentes de Flandes e Inglaterra que desembarcaban en la ciudad de A Coruña, es probable que se encargaran de divulgar por Europa la grandiosidad que este faro ofrecía a los ojos de cualquier visitante.

Con el trabajo de Cornide -la mejor aportación que se ha realizado, hasta ahora, sobre la construcción- se inicia una nueva etapa en la historia de la torre basada en datos y normas de carácter científico impuestas por las ideas de la Ilustración. Giannini, aconsejado por Cornide, procederá a su restauración fundamental de estilo neoclásico, evitando que se pierda la estructura romana de la torre, respetando los viejos muros romanos interiores y los antiguos vanos y manteniendo el recuerdo, por medio de una banda diagonal, del recorrido de la desaparecida rampa que llegaba hasta la parte superior del faro, alternada con diez ventanas en cada fachada, unas con vanos abiertos y otras con vanos falsos. Por otro lado, la rehabilitación del faro se aprecia en los dos cuerpos octogonales superpuestos que forman parte del cuerpo superior para albergar la antigua linterna, reemplazada hoy por un sistema óptico de iluminación que, con sus cuatro destellos de luz blanca cada 20 segundos, baña de resplandor las aguas del Atlántico. Pero la intervención de Giannini no se limitó sólo al faro, sino que también abarcó su entorno con la proyección de una plataforma y escalera en la base de la torre y un acceso  con la ciudad. Con las obras dirigidas por Giannini, la torre alcanzó su recuperación definitiva. Hay que señalar que el interés del Real Consulado de A Coruña, respaldado por el Ministro de Marina y con la ayuda técnica del Departamento de Ferrol, impulsó muy favorablemente la finalización de los trabajos de mejora y de funcionamiento del faro.

Ya a finales del siglo XX, lo más relevante han sido las excavaciones arqueológicas al pie de la torre, que sacaron a la luz los restos del muro exterior romano, y la regeneración del espacio que rodea el faro. Recorro este entorno, convertido en un conjunto especialmente armónico, con la creación del denominado “Jardín de Hércules” y sus figuras escultóricas que aluden a la leyenda de la torre y al origen de la ciudad, empleando nombres tan evocadores como “Ártabros”, “Breogán”, “Guardianes”, “Rosa de los vientos”,”Caracola”, Hércules y Gerión”, entre otros; sin olvidar los relieves de bronce de las puertas de la edificación que narran la leyenda del monumento. Trabajos con un significado fuertemente simbólico y mítico, realizados, todos ellos, por diversos artistas contemporáneos y que han ayudado a la transformación de este ámbito en un interesante enclave histórico, cultural y natural.

Desde este privilegiado emplazamiento, batido por los vientos, es de obligado cumplimiento la contemplación del magnífico paisaje urbano y del agreste mar, de espuma blanca y plateada, que rodea a una ciudad íntimamente vinculada al Atlántico, en donde los tonos verdes, azules y grises se combinan armoniosamente hasta el horizonte.

El Obelisco Millenium, con sus 50 toneladas de cristales de roca y acero y con las representaciones de diversos episodios de la historia de esta legendaria ciudad grabados en sus vidrios, se erige, desde un estanque que simula el mar, como el símbolo de la ciudad para el nuevo milenio, al mismo tiempo que, con sus 50 metros de altura, le hace un guiño a su vecina Torre de Hércules.

Camino hacia la UNESCO

Esta solemne construcción arqueológica, inspiración de pintores como Lugrís y Seoane, inmortalizada por Picasso, evocada en la literatura por Curros Enríquez, Ramón Cabanillas o Francisco Añón, ha sido propuesta a la UNESCO como candidata española para convertirse en Patrimonio de la Humanidad, argumentando el gran valor que le confiere el ser el faro romano más antiguo del mundo en activo. Junto a las cualidades de singularidad, autenticidad y universalidad -adquiridas en su largo devenir de más de dos mil años de historia- su situación estratégica en la ruta marítima entre el Mediterráneo y el Atlántico norte la convierten en un importante vestigio de la tecnología marítima y de la navegación a gran escala durante el Imperio Romano. Conserva, también, algo muy importante: el atractivo ancestral de una cultura y de un tiempo histórico, mágico y legendario; sin olvidar el destacado valor inmaterial que le otorga su vinculación con la leyenda de Hércules, el magnífico entorno paisajístico que parece abrazarla, o el haber sido testigo mudo de destacados acontecimientos en la historia de la ciudad, de intercambios culturales y comerciales y de importantes naufragios marítimos que sucedieron, en sus inmediaciones, en los últimos años.

En Galicia, el Casco Histórico de Santiago y su catedral, el Camino de Santiago y la Muralla Romana de Lugo son, por ahora, los bienes que tienen la distinción de ser Patrimonio de la Humanidad. Hay que esperar a junio del 2009 para conocer la decisión que tomará la UNESCO relativa a esta nueva candidatura. El 1 de febrero de este año, 104 faros de toda España se encendieron, al mediodía, e hicieron sonar sus sirenas para apoyar la candidatura de la vetusta torre gallega en su singladura hacia la declaración de Patrimonio de la Humanidad. Una avería de la señal acústica en el mismo faro de Hércules impidió que, ese día, funcionase correctamente. Sólo cabe esperar que ese pequeño fallo mecánico en su normal ejecución no sea la  advertencia de un mal presagio.

La Torre, uno de los faros más emblemáticos de España, es una presencia simbólica, una fuente que rebosa de personajes mitológicos, de relatos legendarios. Es la clara manifestación de una convivencia armónica entre el arte romano de su interior y el neoclásico de su exterior que la convierten en un  valioso patrimonio cultural y artístico que seguirá despertando emociones y sensaciones mientras guía al visitante por el descubrimiento de su pasado.

“…este faro, además de ser beneficioso para los navíos que frecuentan este puerto y recorren su costa, será siempre, y sobre todo, la Torre de Hércules(Eustaquio Giannini)

 

 
Interior de la Torre de Hércules (cimientos)

 

 

Vista de A Coruña desde la Torre de Hércules

 

 
Vista al mar desde la Torre de Hércules

 

 


 

Una historia que parece un cuento

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Por Mila, de Perú.

Esta es la historia de la historia de Machu Picchu y su legado histórico, patrimonio cultural peruano y de la humanidad desde julio de 2007.

En 1911, oficialmente, fue descubierta la ciudadela de Machu Picchu por Hiram Bingham, un explorarador estadounidense. Digo oficialmente porque la gente de los poblados aledaños a la ciudadela ya la conocía y ahora hay información registrada que fue descubierta en 1902 por un peruano (Agustín Lizárraga) y, por lo que se sabe, Hiram Bingham aprovechó que el descubrimiento no había sido registrado para llegar hasta la mencionada ciudadela por la información de los lugareños y anunciar su “descubrimiento”.

Cuando Bingham comenzó las exploraciones, entre 1912 y 1915, excavó tesoros de Machu Picchu (vasijas de cerámica, piedras, maderas, estatuas de oro y de plata, joyas y huesos humanos) y decidió sacar TODAS las piezas extraídas de la ciudadela inca y luego del Perú, lo hizo “en calidad de préstamo” para su estudio en la Universidad de Yale por un período de 18 meses (un años y medio), que luego fue extendido por seis meses más. Al no recibir de regreso las piezas sacadas del Perú, el gobierno comenzó a realizar las gestiones para la devolución de éstas en 1920. La National Geographic Society, que co-auspició a Hiram Bigham en sus exploraciones, ha reconocido que las piezas arqueológicas fueron tomadas en calidad de préstamo y está comprometida en velar por su retorno al Perú, pero gran cosa no hace.

Al año siguiente de su llegada a Machu Picchu, Hiram Bingham sacó las piezas arqueológicas encontradas en el lugar; aunque no se sabía a ciencia cierta la cantidad de piezas incaicas que Bingham sacó de Machu Picchu desde su descubrimiento, se dio a conocer por el año 2002 en la web del Museo Peabody que se habían catalogado 4.092 piezas en la denominada Colección Machu Picchu, información que fue retirada a los pocos días de su publicación y luego la Universidad de Yale consideró que apenas 384 piezas debían ser repatriadas al Perú y en un lapso de 2 años; no crean que me equivoqué en la cifra, es correcta: ni 10 % del total se consideró para su devolución, por ser considerada, por los responsables de Yale, la única parte de “piezas museables” (aquellas que pueden ser expuestas), lo cual es obviamente muy subjetivo, porque nadie puede determinar lo que otro desea mostrar en una exposición.

Esta información era válida hasta hace no más de unos meses atrás, cuando finalmente la Universidad de Yale decide aceptar que el gobierno peruano envie una misión de especialistas del INC (Instituto Nacional de Cultura) para que haga el conteo y la catalogación respectiva de las piezas retenidas por este centro de estudios.

Cuál no será ahora la sorpresa del gobierno peruano al encontrarse con que esta catalogación ha alcanzado a aumentar en 10 veces el número de piezas retiradas por Bingham entre 1912 y 1915; pues sí, son 40 mil las piezas que están en poder de la Universidad de Yale, que insiste en negarse a devolverlas, manteniendo que sólo devolverá 384 piezas y en un lapso de 2 años, no inmediatamente, porque para su devolución además está poniendo como condición el cumplimiento de una serie de requisitos que sabe, por la incapacidad de gestión del INC (en el que siempre hay ingerencia política) y por la falta de recursos económicos (los cuales son limitados), que no serán cumplidos en el plazo estipulado, por lo tanto continuará con las 384 reliquias en su poder, como decimos aquí hasta el día de san blando (que no se sabe cuando), además de las otras más de 39 mil.

En el Perú hay un lugar que cumple los requisitos para mantener piezas arqueológicas, es el Museo de la Nación; sin embargo, este centro está en la ciudad de Lima y Yale exige que el museo esté en la ciudad del Cuzco (muy cerca de donde está ubicada la ciudadela de Machu Picchu).

Lo que me revuelve las entrañas por este abuso sin nombre y sinsentido es que quienes están en falta (Yale, como institución) continúan, desde 1920, negándole al Perú el derecho de tener su patrimonio cultural.

Entre 2001 y 2006 hubieron negociaciones entre el gobierno peruano y la Universidad de Yale, representada por su presidente, Richard C. Levin, sin embargo éstas no prosperaron por la negativa de Levin de permitir que especialistas peruanos fueran para hacer un inventario de todas las piezas en posesión de Yale, así como tampoco aceptaron reconocer que el Perú es el PROPIETRIO ÚNICO de esas piezas arqueológicas, bajo el argumento que los arqueólogos seleccionados por el gobierno peruano no estaban capacitados para realizar el trabajo, vaya pretención de Levis, calificar, o más bien descalificar, el trabajo de personas reconocidas en Perú por su trayectoria y trabajos.

Finalmente Yale concedió al Perú el derecho de catalogar las piezas en manos de este centro de estudios; con el trabajo realizado y siendo público el número real de piezas arqueológicas (conocidas en Yale como la colección Machu Picchu), que llegan a las 40 mil, como ya mencioné antes, ahora en el museo que se deberá construir en la ciudad del Cuzco, bajo especificaciones que determine Yale, que también será la “supervisora” de este museo, y además tendrá el derecho (ganado por prepotencia y por su poder) de escoger cuáles serán las 384 piezas a ser repatriadas al Perú, piezas arqueológicas peruanas que ninguno de nosotros peruanos hemos tenido la suerte de ver; las restantes 39.616 piezas se quedarán por 99 años más en manos de Yale para ¡¡¡“investigaciones adicionales”!!!, no entiendo qué incapacidad tan grande tienen los investigadores de Yale, que teniendo las piezas desde 1912 (durante 96 años) aún quieren casi un siglo adicional. Creo que este es un hecho que debería estar en los registros de ripley, casi 200 años para estudiar los mismos objetos arqueológicos y fuera de su centro de origen.

Mi pregunta final es si realmente Yale, una institución que se muestra moderna al mundo, está dispuesta a devolver el legado histórtico de nuestros antepasados para que todos los peruanos y los que nos visitan tengamos el derecho de ver, de conocer. Esas piezas que retiraron de Machu Picchu y que luego las llevaron a Estados Unidos y de las que ilegalmente Yale pretende apropiarse por usucapión (o prescripción adquisitiva). Supongo que es una respuesta que, aunque me adelanto en darla, sólo el tiempo la definirá.

Para quien desee hacer un paseo virtual por este patrimonio de la humanidad, la maravillosa ciudadela inca de Machu Picchu, le recomiendo entrar al enlace pulsando aquí. En una próxima oportunidad les hablaré de Machu Picchu, así como del camino inca, un recorrido impactante que requieren esfuerzo medio pero de mucha resistencia, aunque el panorama y el recorrido de por sí alientan a continuar hasta el final.

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Las tradicionales posadas mexicanas

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Escrito por Verónica, desde México.

En ocasión de que justamente en estas fechas dan inicio en México las tradicionales posadas que son fiestas populares que se celebran durante los nueve días antes de Navidad, o sea del 16 al 24 de Diciembre, comparto con ustedes parte de esta tradición en México y de su significado religioso, casi olvidado en estos días, estas fiestas recuerdan el peregrinaje de María y José desde su salida de Nazareth hasta Belén donde buscan un lugar donde alojarse para esperar el nacimiento del niño Jesús, en realidad el origen de esta tradición es netamente religioso. Aunque cabe mencionar que como católica no practicante no deja de emocionarme el recordar que de niña disfruté de cada posada que se realizaba en el barrio donde yo vivía y en donde a todo pulmón entoné los villancicos caminando con una velita encendida en mi mano formada en una fila de niños que recorríamos algunas calles, siempre con el interés principal de recibir “el bolo” al final del recorrido, durante el cual se iba rezando el rosario; sin embargo, esta tradición se ha ido deformando y perdiendo al paso de los años, incluso en México la mayoría de la gente que celebra ahora “las posadas” ignora el significado y origen de esta tradición llamando “posada” a cualquier fiesta que se celebra durante el mes de diciembre para festejar la proximidad de la navidad.

Su forma y origen:

En el México prehispánico celebraban el advenimiento de Huitzilopochtli (Dios de la Guerra) durante la época invernal o Panquetzaliztli y que iba del 17 al 26 de diciembre, coincidiendo con la época donde los europeos celebraban la Navidad. Estas celebraciones fueron cambiando una vez que el pueblo fue evangelizado por los españoles y la imagen de Huitzilopochtli fue sustituida por la de José y María.

Amenizadas con cánticos o villancicos, las posadas reaniman el espíritu religioso de los participantes, están llenas de emoción, alegría y amistad que siempre se respira durante este tiempo. Los aspectos comunes más importantes son el pedir posada con los cánticos tradicionales, rezar el rosario, recibir el “bolo” (una pequeña bolsita llena de dulces, cacahuates y frutas, que se reparten a los asistentes, principalmente a los niños) la tradicional bebida llamada “ponche” que es como un té de frutas y que si se desea puede agregarse el “piquete” como decimos los mexicanos y que no es otra cosa que agregar tequila al jarrito de barro que contiene el ponche.

Los niños van cantando por las calles algunos villancicos mientras sostienen una vela encendida en su mano (cómo olvidar que yo quemaba el cabello de los niños que me antecedían en la fila mientras rezaba el rosario y cantaba villancicos) y los que encabezan la procesión llevan una charola con una representación de los peregrinos (figuras de barro de Jesús, María y José, principales actores del “nacimiento” tradicional que se coloca aún en algunas casas y se elabora en Tonalá ó Tlaquepaque, en Jalisco, estado donde yo vivo).

En el punto clave de la celebración de la posada una parte de los asistentes entra a la casa del anfitrión en turno encargado de organizar la posada y obsequiar los “bolos” y otra parte permanece en el exterior de la casa para pedir posada con los siguientes versos que se cantan representando lo que la tradición nos dice acerca de que José y María tuvieron que ir de puerta en puerta pidiendo posada, este hecho podría no ser muy relevante ya que es muy probable que no hayan sido los únicos peregrinos que no encontraban lugar para pasar la noche, pero el caso de José y María es muy especial ya que María se encontraba embarazada y a punto de dar a luz.

Este es el cántico que se entona para “pedir posada” en casa del anfitrión:

Afuera: En el nombre del cielo os pido posada pues no puede andar mi esposa amada.

Adentro: Aquí no es mesón sigan adelante yo no debo abrir no sea algún tunante.

Afuera: No seas inhumano tennos caridad que el Dios de los cielos te lo premiará.

Adentro: Ya se pueden ir y no molestar porque si me enfado os voy a apalear.

Afuera: Venimos rendidos desde Nazareth, yo soy carpintero de nombre José.

Adentro: No me importa el nombre déjenme dormir pues que ya les digo que no hemos de abrir.

Afuera: Posada te pido amado casero por sólo una noche la Reina del Cielo.

Adentro: Pues si es una reina quien lo solicita ¿Cómo es que de noche anda tan solita?

Afuera: Mi esposa es María, es Reina del Cielo, y madre va ha ser del Divino Verbo.

Adentro: ¿Eres tu José? ¿Tu esposa es María? Entren peregrinos no los conocía.

Afuera: Dios pague, señores vuestra caridad y os colme el Cielo de Felicidad.

Adentro: Dichosa la casa que alberga este día a la Virgen Pura, la hermosa María.

TODOS:

Entren santos peregrinos, peregrinos,

Reciban este rincón,

Que aunque es pobre la morada, la morada,

Os la doy de corazón.

Cantemos con alegría, alegría,

Todos al considerar,

Que Jesús, José y María y María

Nos vinieron hoy a honrar.

Luego toca el turno a romper la piñata, que es quizá la parte más divertida de la posada; sobre todo cuando eres niño. En el origen de esta costumbre, los misioneros españoles forraban una olla con papeles de colores y le ponían 7 picos que representaban los 7 pecados capitales, al romper con un palo esta representación caían encima de ellos dulces y regalos como recompensa del cielo por haber roto con los pecados. A las personas que no pueden acercarse a recoger dulces se les reparten "bolos ó aguinaldos", que son bolsitas con dulces, galletas y fruta para que nadie se quede sin los beneficios de la piñata.

Los 9 días tradicionales de las posadas se hacen en honor a los 9 meses de embarazo que vivió María. Y así las fiestas continúan de casa en casa, hasta el día de Navidad.

Rotura de la piñata

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Cristóbal Colón, un gallego universal

Mientras que ayer se celebraba el 500 Aniversario del fallecimiento del Almirante Cristóbal Colón, los forenses e historiadores aún siguen investigando si sus restos son los que están enterrados en Sevilla (España) o en Santo Domingo (República Dominicana).

Para saberlo, varios científicos están contrastando el ADN de unos pocos huesos encontrados en ambas ciudades con los de don Cristóbal Colón de Carvajal y Maroto (Almirante de la Armada, XVII Duque de Veragua y de La Vega, Almirante de la Mar Océana, Adelantado Mayor de las Indias, Marqués de Águilafuente y Grande de España) su descendiente más actual.

Si aún persiste el misterio sobre dónde está enterrado el Descubridor de América, el de su nacimiento podría haberse desvelado en un trabajo que condensa medio siglo de investigaciones sobre el origen del Descubridor.

Nombre para recordar: Alfonso Philippot, historiador y capitán de la Marina Mercante.

Alfonso es el autor del libro canónico “La identidad de Cristóbal Colón”, prologado, precisamente, por el actual Cristóbal Colón cuyo ADN dirá dónde reposa su antepasado.

El Duque de Veragua dice que Philippot "es acreedor del más profundo respeto de todos cuantos, como él, hemos dedicado muchas horas de paciente lectura a un personaje histórico tan apasionante”.

Y el propio prologuista explica que el marino-historiador expone la sorprendente y creíble tesis de que Colón era en realidad el gallego don Pedro Madruga de Soutomaior, Señor de Soutomaior (Pontevedra – Galicia), noble que fue perdonado por los Reyes Católicos y no ejecutado por sus revueltas palaciegas, que navegó con el apellido Colón, el de uno de sus antepasados genoveses, un marino establecido en Pontevedra.

La tesis se desarrolla en 745 páginas, 200 fotografías y documentos, casi todos inéditos, planos geográficos y 110 árboles genealógicos.

Según esta teoría tan bien estructurada y analizada, Cristóbal Colón sería pontevedrés de Poio y toda su vida, costumbres, lengua, firmas y heráldica estarían explicadas por su pertenencia a la Casa de los Soutomaior. La investigación de Philippot es fascinante.

Como dice el actual Duque de Veragua, descendiente directo de Cristóbal Colón, la teoría Philippot es la más creíble, redonda y elegante que hay sobre su origen y nacimiento. El resto de las teorías que circulan, la genovesa o la catalana, presentan huecos y lagunas irrecuperables y fallos insalvables.

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