
La Torre de Hércules, el faro más antiguo del mundo todavía en funcionamiento, se erige majestuoso y solitario mientras contempla, desde su privilegiado y agreste promontorio, el grandioso mar de los ártabros y el antiguo asentamiento de Brigantium. Sólo el Obelisco Millenium, emblema del siglo XXI, es capaz de desafiar a la histórica torre romana.
Por Belén F. Mouriz
Algo de leyenda
Las ciudades antiguas siempre se han apropiado de legendarios fundadores. En el caso de la ciudad de A Coruña, su origen se sumerge en evocadoras leyendas históricas. Su héroe, por excelencia, ha sido Hércules, uno de los muchos hijos de Zeus.
Según cuenta el relato escrito por Afonso X O Sabio, en su “Estoria de Espanna”, por estas tierras existió un gigante de nombre Gerión que exigía a todos los habitantes la entrega de la mitad de sus posesiones. Agobiados por este injusto sometimiento, solicitaron la ayuda de Hércules que, no sólo venció al gigante en una lucha que duró tres días con sus correspondientes noches, sino que lo mató y enterró su cabeza, construyendo sobre el túmulo una torre sobre la que se instaló un espejo en el que se reflejaban las naves que se acercaban a la costa. Parece que una mujer, llamada Coruña, fue la primera persona en llegar hasta el lugar; y, en su honor, el semidiós quiso atribuirle este nombre a la nueva población que empezaría a nacer. De la presencia de este héroe en la ciudad, nos queda el solemne y eterno vestigio de la torre que lleva su nombre. Además, a raíz de aquel acontecimiento, el escudo de A Coruña incorpora la leyenda de Hércules con la representación del faro junto a la calavera de Gerión y dos huesos a los pies de ella.
Otra narración, de origen celta, atribuye a Breogán, caudillo de los ártabros de la Galicia prerromana, la fundación de Brigantium y la edificación de la torre. Su hijo Ith divisó, desde aquí, las costas de Irlanda, emprendiendo la navegación hacia su conquista, aunque fracasaría en este empeño.
Más allá de la literatura mitológica, la historia nos narra, gracias a una inscripción latina grabada sobre una roca que se conserva al lado del faro, que la orden de construirlo, la dio Trajano, en el siglo II de nuestra era; y que el autor del magnífico proyecto fue el lusitano Cayo Servio Lupo, natural de Aeminio (actual Coimbra), que dedicó su obra al dios Marte.
Algo de historia
Los deseos de conquista de los romanos siempre anhelaron las tierras de los cántabros, astures y galaicos. Hacia este extremo del noroeste peninsular, poblado por tribus castreñas, se orientaron campañas y expediciones de conquista dirigidas por famosos e históricos caudillos romanos en busca del oro y del estaño de este territorio. Como manifestación de la presencia de la civilización y cultura romanas, nos quedan importantes e interesantes ejemplos arquitectónicos de gran espectacularidad por nuestras provincias gallegas. Uno de esos legados es la Torre de Hércules.
Sabemos que en Brigantium (A Coruña), debió de existir un núcleo urbano relevante, que se remonta a la época prerromana, con un importante puerto –el Magnus Portus Artabrorum-, y con una notoria actividad marinera, si tenemos en consideración la presencia de su grandioso faro romano que atestigua este lejano origen. Restos arqueológicos descubiertos han puesto de manifiesto que, quizá, uno o dos siglos antes de construir el monumento romano, existiese en el lugar un puesto de señalización y de vigilancia. Y es que por la situación estratégica que su puerto confería, el asentamiento geográfico emergente se convierte, de esta forma, en un importante centro de rutas comerciales entre el Mediterráneo y las Islas Británicas, como así lo atestiguan los registros cerámicos. Los romanos deciden, por tanto, establecerse en esta ciudad marcadamente atlántica. Posiblemente, la relevancia que debió de alcanzar el puerto de Brigantium favoreció el levantamiento del faro, con el fin de vigilar esta costa y de orientar a las gentes del mar. A pesar de que algún cronista menciona a los colonos fenicios, que llegaban con frecuencia a estas costas, como los artífices iniciales de este colosal proyecto -quizá para atribuirle mayor antigüedad al edificio-, siempre se le ha considerado como una de las obras civiles más singulares y destacadas de la Hispania romana, comparándola con el famoso faro de Alejandría. Aunque los originarios 35 metros de la torre de Brigantium se quedan escasos frente a los 134 metros de la egipcia.
Gracias a las ilustraciones y trabajos de investigación publicados, que de esta valiosa torre nos han legado varios autores -entre ellos destaco “Investigaciones sobre la fundación y fábrica de la Torre llamada de Hércules, situada a la entrada del puerto de La Coruña”, obra del siglo XVIII, del ilustrado Joseph Cornide, que se arriesgó a estudiar cómo sería la antigua estructura romana-, conocemos que, hoy en día, el faro nos muestra un aspecto diferente al que tenía en el proyecto inicial de Servio Lupo. Así sabemos que la moldura en relieve, que recorre helicoidalmente su fachada, reproduce, de manera ornamental, la antigua rampa que subía por el exterior del edificio y por la que ascendían los carros cargados con la leña para mantener encendida la hoguera (por las excavaciones arqueológicas efectuadas en el año 1992, se sabe que esta rampa estuvo protegida, de los rigores meteorológicos, por un muro perimetral exterior, siendo todos estos elementos destruidos a lo largo de los siglos posteriores); o que el remate de los tres cuerpos de que consta este faro de planta cuadrada, que hoy en día se eleva unos 55 metros sobre el nivel del mar, estaría coronado por una cúpula; o que en su remodelación neoclásica, en el último tercio del siglo XVIII, de la mano del ingeniero Eustaquio Giannini, y ante el deterioro que el edificio sufría, se realizó un recubrimiento de la estructura preexistente, utilizando bloques de granito, dándole, así, su fisonomía actual.
El aspecto exterior de la torre no muestra ninguna huella romana. Para poder disfrutar de la ancestral fábrica, perfectamente conservada, accedo a su interior. En su entrada, me recibe una escultura de Hércules que custodia celosamente las entrañas de la torre. Inmediatamente, ante mí, se extienden los restos de sus cimientos romanos; y aprecio claramente toda la obra antigua no sólo en la organización de su interior alrededor de un eje central cruciforme, que articula las tres plantas en cuatro cámaras iguales con bóveda de cañón, sino también en el roce de cada piedra, mientras voy subiendo sus más de 200 peldaños repartidos en los tres cuerpos y que me conducen al mirador con una grandiosa vista del océano. No es difícil comprobar, tampoco, a lo largo de mi ascensión, que algunos de los vanos de la obra romana se han transformado en las ventanas actuales.
La torre ha sufrido modificaciones a lo largo de la historia. Con el declinar del Imperio Romano, el comercio por mar disminuye, lo que implicaría el abandono del faro y la pérdida de su función, pasando a convertirse en atalaya defensiva. Es posible que, en el medievo, soportase asaltos que provocarían su destrucción y su aspecto ruinoso. Se aprovecharon las piedras que caían de su muro para utilizarlas como sillares en otras construcciones. Parece que parte del castillo de San Antón se edificó con esos aparejos.
El período de abandono y de ruina que supuso la Edad Media para la Torre de Hércules se transforma en un período de renacimiento en la Edad Moderna. La torre, que se conocía por entonces como Castillo Viejo, es reconstruida gracias al Capitán General del Reino de Galicia, duque de Uceda. Asume, entonces, la función de atalaya, con fines defensivos, por su situación privilegiada para detectar posibles ataques por mar de naves francesas; pues, por esas fechas, España estaba en guerra con Francia. Se afianza la torre como símbolo; se realizan trabajos de acondicionamiento y se dictan normas municipales que prohíben la extracción de piedra de la torre para evitar su ruina y olvido; además se taladran las bóvedas que delimitan los pisos de la torre para construir la escalera interior que permitirá subir a la cúspide del faro, trabajos ejecutados por el arquitecto Amaro Antúnez. Cuando finalizaron estas obras, los cónsules de Flandes, Holanda e Inglaterra solicitaron la construcción de dos torrecillas con faroles, con el fin de mantener una luz encendida, todas las noches, durante diez años. A cambio, establecieron un impuesto que deberían pagar todos los navíos que llegasen a cualquier puerto gallego para subvencionar el mantenimiento de los fanales. Parece, por tanto, que a partir del siglo XVI, se inicia, paulatinamente, el principio del resurgir de la torre. Además, los peregrinos procedentes de Flandes e Inglaterra que desembarcaban en la ciudad de A Coruña, es probable que se encargaran de divulgar por Europa la grandiosidad que este faro ofrecía a los ojos de cualquier visitante.
Con el trabajo de Cornide -la mejor aportación que se ha realizado, hasta ahora, sobre la construcción- se inicia una nueva etapa en la historia de la torre basada en datos y normas de carácter científico impuestas por las ideas de la Ilustración. Giannini, aconsejado por Cornide, procederá a su restauración fundamental de estilo neoclásico, evitando que se pierda la estructura romana de la torre, respetando los viejos muros romanos interiores y los antiguos vanos y manteniendo el recuerdo, por medio de una banda diagonal, del recorrido de la desaparecida rampa que llegaba hasta la parte superior del faro, alternada con diez ventanas en cada fachada, unas con vanos abiertos y otras con vanos falsos. Por otro lado, la rehabilitación del faro se aprecia en los dos cuerpos octogonales superpuestos que forman parte del cuerpo superior para albergar la antigua linterna, reemplazada hoy por un sistema óptico de iluminación que, con sus cuatro destellos de luz blanca cada 20 segundos, baña de resplandor las aguas del Atlántico. Pero la intervención de Giannini no se limitó sólo al faro, sino que también abarcó su entorno con la proyección de una plataforma y escalera en la base de la torre y un acceso con la ciudad. Con las obras dirigidas por Giannini, la torre alcanzó su recuperación definitiva. Hay que señalar que el interés del Real Consulado de A Coruña, respaldado por el Ministro de Marina y con la ayuda técnica del Departamento de Ferrol, impulsó muy favorablemente la finalización de los trabajos de mejora y de funcionamiento del faro.
Ya a finales del siglo XX, lo más relevante han sido las excavaciones arqueológicas al pie de la torre, que sacaron a la luz los restos del muro exterior romano, y la regeneración del espacio que rodea el faro. Recorro este entorno, convertido en un conjunto especialmente armónico, con la creación del denominado “Jardín de Hércules” y sus figuras escultóricas que aluden a la leyenda de la torre y al origen de la ciudad, empleando nombres tan evocadores como “Ártabros”, “Breogán”, “Guardianes”, “Rosa de los vientos”,”Caracola”, “Hércules y Gerión”, entre otros; sin olvidar los relieves de bronce de las puertas de la edificación que narran la leyenda del monumento. Trabajos con un significado fuertemente simbólico y mítico, realizados, todos ellos, por diversos artistas contemporáneos y que han ayudado a la transformación de este ámbito en un interesante enclave histórico, cultural y natural.
Desde este privilegiado emplazamiento, batido por los vientos, es de obligado cumplimiento la contemplación del magnífico paisaje urbano y del agreste mar, de espuma blanca y plateada, que rodea a una ciudad íntimamente vinculada al Atlántico, en donde los tonos verdes, azules y grises se combinan armoniosamente hasta el horizonte.
El Obelisco Millenium, con sus 50 toneladas de cristales de roca y acero y con las representaciones de diversos episodios de la historia de esta legendaria ciudad grabados en sus vidrios, se erige, desde un estanque que simula el mar, como el símbolo de la ciudad para el nuevo milenio, al mismo tiempo que, con sus 50 metros de altura, le hace un guiño a su vecina Torre de Hércules.
Camino hacia la UNESCO
Esta solemne construcción arqueológica, inspiración de pintores como Lugrís y Seoane, inmortalizada por Picasso, evocada en la literatura por Curros Enríquez, Ramón Cabanillas o Francisco Añón, ha sido propuesta a la UNESCO como candidata española para convertirse en Patrimonio de la Humanidad, argumentando el gran valor que le confiere el ser el faro romano más antiguo del mundo en activo. Junto a las cualidades de singularidad, autenticidad y universalidad -adquiridas en su largo devenir de más de dos mil años de historia- su situación estratégica en la ruta marítima entre el Mediterráneo y el Atlántico norte la convierten en un importante vestigio de la tecnología marítima y de la navegación a gran escala durante el Imperio Romano. Conserva, también, algo muy importante: el atractivo ancestral de una cultura y de un tiempo histórico, mágico y legendario; sin olvidar el destacado valor inmaterial que le otorga su vinculación con la leyenda de Hércules, el magnífico entorno paisajístico que parece abrazarla, o el haber sido testigo mudo de destacados acontecimientos en la historia de la ciudad, de intercambios culturales y comerciales y de importantes naufragios marítimos que sucedieron, en sus inmediaciones, en los últimos años.
En Galicia, el Casco Histórico de Santiago y su catedral, el Camino de Santiago y la Muralla Romana de Lugo son, por ahora, los bienes que tienen la distinción de ser Patrimonio de la Humanidad. Hay que esperar a junio del 2009 para conocer la decisión que tomará la UNESCO relativa a esta nueva candidatura. El 1 de febrero de este año, 104 faros de toda España se encendieron, al mediodía, e hicieron sonar sus sirenas para apoyar la candidatura de la vetusta torre gallega en su singladura hacia la declaración de Patrimonio de la Humanidad. Una avería de la señal acústica en el mismo faro de Hércules impidió que, ese día, funcionase correctamente. Sólo cabe esperar que ese pequeño fallo mecánico en su normal ejecución no sea la advertencia de un mal presagio.
La Torre, uno de los faros más emblemáticos de España, es una presencia simbólica, una fuente que rebosa de personajes mitológicos, de relatos legendarios. Es la clara manifestación de una convivencia armónica entre el arte romano de su interior y el neoclásico de su exterior que la convierten en un valioso patrimonio cultural y artístico que seguirá despertando emociones y sensaciones mientras guía al visitante por el descubrimiento de su pasado.
“…este faro, además de ser beneficioso para los navíos que frecuentan este puerto y recorren su costa, será siempre, y sobre todo, la Torre de Hércules” (Eustaquio Giannini)
Interior de la Torre de Hércules (cimientos)
Vista de A Coruña desde la Torre de Hércules
Vista al mar desde la Torre de Hércules
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