Hace casi un mes recibí un correo de Rocío, una amiga colombiana, con los detalles de un viaje por el interior de su país.
El texto, un relato que mandó a todas sus amistades, corresponde al segundo capítulo de ese recorrido por la Colombia menos conocida para mi, atravesándola, viviéndola, disfrutándola. Usa algunos términos lingüísticos que no conozco pero que supongo habituales allí.
Existe un primer capítulo que, desgraciadamente, debí borrar por despiste: una pena.
Quizá algún día vaya por las zonas rurales de Colombia, sé que son hermosas y llenas de vida; mi intención, al menos, es llegar a conocer el Eje Cafetero.
Me gustó mucho leerlo; me divirtió, por eso lo comparto con vosotros.
Alfredo Webmaster
¡Hola a todos! ¿Cómo van? Bien, supongo…
Continuando con mi travesía por los parajes de Colombia, procedo a enviar el segundo informe que se titula: “Valle del Cauca, la tierra del mirá y por si acaso ve, oí y por si acaso, escuchá....”
Pues que les cuento... por acá mucha caña y por tanto aguardientosqui, lo cual es casi obligado por lo menos en fin de semana, por que en la semana mucho de trabajo y poco de placer, trabajo negrero pa hacer honor a nuestros muy oscuros anfitriones.
Mi recorrido ha sido Palmira, Buga, Buenaventura, Roldanillo, Tuluá, Sevilla y Cartago... Ahora me encuentro en el último de estos.
¿Que cómo me ha parecido el valle? Pues bastante particular... Huele a caña, a café, y escucho por donde voy al grupo Niche, con su “Buenaventura es caney”.
En Palmira iglesias, muchas, y pandebono por montones. En Buga, señor de los milagros al desayuno, almuerzo y comida, ahí no beben, excepto vino consagrado, y no comen como es debido, excepto ostias, claro...
Aproveche para ir y pedirle el maridito que tanto me hace falta, a ver si me concede el milagrito, ya que no fue arrocero (tolimense) y al parecer tampoco cañero (que siembra caña de azúcar, no habla mierda) por lo menos que sea un morochito costeño bien ladrón, que me pueda mantener al menos a punto de gafa (vender gafa, no que eche gafa), en mi próximo destino, Bolívar.
Luego de ahí a Buenaventura, que negramenta tan hijueputa, pero son amenos los morochos. Allá que les digo, puro pez, plátano, isla y mar, y en el mar la presencia siempre vigilante de nuestra gloriosa armada naval. También hay unas negras pa morirse, pero de la tristeza, porque con esta panza mira que va dos metros adelante, la cosa lo que da es vergüenza. Lo mas chistoso es que allá si levanté, pero no negro, y bueno tampoco negra; levante si, pero blanca perreirana y obvio lesbiana... que video esa nena, me anduvo asorando el ambiente, ve.
Una vez me deshice de la loca, nos fuimos pa Roldadillo.
¡Qué belleza de lugar! Un pueblito lindo, relindo, lleno de tipas con una mano de piernas... interminables; en mi vida vi piernas tan largas. Roldadillo está lleno de arte, de cafés, de cuenteros. Lo mejor, el maestro Rayo, Omar Rayo, nacido en ese lindo lugar lleno de paz, justo el sitio que se necesita pa ser un genio, sin ínfulas de... claro está. Mi estadía ahí duro poco, solo un día y medio, y tuvimos que ir para Tuluá.
En Tuluá vi gente, harta, mucha, mucho río que pasa por entre medio de la ciudad, gente chévere, amable, que come pan cacho en vez de croissant y se toman una caneca de aguardiente en vez de una botella. Que gente entretenida, se convirtió casi como en mi hogar, estaba muy amañada, pero teníamos que partir para Sevilla, por lo menos una noche, y la verdad que no me arrepiento.
Descubrí muchas cosas; entre esas, que es al municipio le llaman el “balcón del valle”. ¿Saben porqué? Porque esta en la loma, en medio de un valle absurdo y desde ahí se puede ver todos los ríos, lagos, y pequeñas colinas, sembrados de caña que contrastan con matas de plátano y cultivos de café...
También me lleve mi mayor sorpresa. Allí la gente es valluna de corazón y paisa en apariencia; hablan paisa, comen paisa, parecen paisas, toman café, viven de el, pero respiran aire valluno, ven desde lo alto la caña y se alegran de poder mezclar un buen café con el azúcar mas puro... ¡Qué país tan lindo es este!
Ahora ando por Cartago, en un centro vacacional que claramente es un lavadero de plata, es relujoso; el hospedaje de la noche, con alimentación completa, sólo cuesta 80 mil pesos, con sauna, jacuzzi, turco, cancha de tenis y demás. Es bueno disfrutar de esto pero no he parado de preguntarme cuánto dinero lleno de muerte, lagrimas y sufrimiento a causa de la droga hay aquí, en cada ladrillo, en cada mueble, desde donde les escribo ahora... En fin
Después de salir de acá, tengo que ir a Pereira, que esta más o menos a 40 minutos, para tomar un avión a Cartagena.
Salgo el miércoles a las 7 de la mañana; allí llegaré a lo que más ilusionada me tiene de este viaje: conocer Mompós. Desde que estaba en la Universidad siempre quise ir y nunca lo había podido hacer por las razones que fueran… pero ese pueblo me llama. Se me ocurre que quizá, de golpe, ahí este mi destino… quién sabe.
Y bueno, ya esta como largo el tema. No les azoro más el ambiente, me voy a la cama a comerme un pan y soñar con que el América de Cali sea otra vez campeón.
Los amo.
Desde lo más inhóspito del Valle del Cauca, entre palmeras y cañadulzales, me despido, ve.
Rocío
PD: hay recuerdos que no voy a borrar, personas que no voy a olvidar y aromas que me quiero llevar.
Os propongo un recorrido por la ciudad de San Juan en compañía de Sonia Sonny, una amiga de Puerto Rico y autora de este texto.
Mapa del Viejo San Juan. Si quieres verlo más ampliado y con detalles (en inglés), entra aquí.
Pensando en aquellos viajeros que gustan de conocer otros lugares del mundo, os hablaré un poco sobre mi país, Puerto Rico, y sobre mi ciudad, San Juan.
Puerto Rico es la más pequeña de las Antillas Mayores, un archipiélago rodeado de un pequeño grupo de cayos e islitas, y entre ellas, Vieques y Culebra, famosas por su lucha para sacar la Marina de Guerra de los Estados Unidos de su territorio.
Puesto Rico es una isla pequeña, de 100 millas de largo x 35 de ancho. Aunque que es pequeña, tiene muchos atractivos; entre ellos, una agradable temperatura promedio anual de 82°F (28°centígrados), además de otros muchos atractivos que iréis descubriendo a través de este escrito.
San Juan, ubicada en la costa noreste, es su capital y cuenta con el principal puerto marítimo de la isla. Limita al sur con Aguas Buenas y Caguas, al oeste por Guaynabo y Bayamón, al este por Carolina y Trujillo Alto y al norte con las azules aguas del Océano Atlántico, que la bañan. Es una ciudad llena de contrastes donde predomina lo antiguo en combinación con lo moderno.
Nuestra cultura se nutre de la unión de tres grupos étnicos y culturales: europeos (mayoritariamente españoles), indígenas (taínos descendientes de los arahuacos provenientes de América del Sur, específicamente de Guyana y Venezuela) y africanos. Y es precisamente en San Juan en donde se fusionaron los tres grupos para ir modelando el carácter criollo abierto, tan simpático, hospitalario y típicamente alegre como es el de los puertorriqueños.
San Juan es el principal centro poblacional de PR y esta dividido en tres sectores diferenciados: el Viejo San Juan, la zona playera y hoteles (Condado, Miramar, Ocean Park, Santurce e Isla Verde) y las comunidades circundantes. Se nombro a la ciudad como San Juan en honor de San Juan Bautista su Santo Patrón, y no en honor de Juan Ponce de León (primer gobernador español de la isla) como muchas personas creen.
En este escrito os aporto algunos datos breves sobre su historia, específicamente del Viejo San Juan (VSJ) o la Ciudad Amurallada, (como también se le conoce) por considerarlo un lugar único y muy especial. El VSJ esta reconocido como una de las ciudades más hermosas del mundo y ningún visitante debería obviar recorrer sus calles y plazas, sin prisas, disfrutando de cada rincón y detalle.
Miles de historias y leyendas se esconden en sus antiguos edificios, sus murallas y fuertes. Algunas se las iré narrando mas adelante y otras quedarán custodiadas por siempre en sus antiguos edificios y murallas.
Desde chiquita he sentido una atracción muy especial por el VSJ, quizás porque mis padres me llevaban a visitar la ciudad, los museos y los fuertes desde que era muy niña. Para mis hermanos y para mí era una gran aventura. Las inmensas murallas y sus imponentes fuertes nos causaban una gran admiración, pero también nos producían temor debido su gran altura y porque al acercarnos a sus bordes y mirar hacia abajo solo veíamos un gran precipicio. Conforme seguíamos adentrándonos en los fuertes podíamos apreciar profundos fosos, túneles, escaleras, calabozos y los cañones con sus enormes balas a sus pies. Y cómo olvidar la placentera experiencia de volar cometas o chiringas en los terrenos de El Morro. Generaciones de niños puertorriqueños han volado chiringas en sus terrenos y puedo asegurarles que es una experiencia entretenida, divertida e inolvidable, tan agradable como disfrutar de la brisa del mar sentados en las viejas murallas, mirando las aguas tranquilas, disfrutando del olor salado del aire caribeño o admirando los grandes cruceros que entran en la bahía de la ciudad.
Ahhh, también había algo muy especial como era una visita que todos los años se volvía obligatoria en la época navideña y que todos los niños esperábamos con ansias: ir a ver el Belén y los Reyes Magos que el gobierno montaba en La Lomita de los Reyes, (así llamamos los terrenos altos ubicados frente a El Capitolio). Allí no solo disfrutábamos del hermoso belén y los reyes sino que también comíamos golosinas y escuchábamos música. Tiempos inolvidables y especiales porque cuando somos niños tenemos una forma diferente y especial de ver las cosas, de disfrutar las aventuras y travesuras.
Bueno, basta de recuerdos de la infancia y sigamos con el relato.
Fue Juan Ponce de León quien estableció, por ordenes de Fray Nicolás de Ovando, en 1508 un poblado llamado Caparra, pero nunca pudo ver culminada su iniciativa ya que murió asesinado durante una expedición a Florida. Debido a que Caparra estaba en un lugar poco accesible y pantanoso, en 1519 el poblado fue trasladado al lugar que hoy conocemos como el Viejo San Juan. Un tiempo después los conquistadores españoles convirtieron toda la ciudad en una fortaleza con el fin de defender sus posesiones en el Nuevo Mundo y a sus residentes. Para lograrlo, construyeron La Fortaleza o el Palacio de Santa Catalina, cuya primera etapa se terminó en 1540, y dos gigantescos fuertes: San Felipe del Morro y San Cristóbal. Hoy en día, después de 500 años, aún están muy bien conservados, tanto sus imponentes murallas con sus garitas.
Visitar el VSJ, una ciudad con 5 siglos de historia, vibrante y cosmopolita, es una experiencia inolvidable. Es una aventura que te incita a transportarte al pasado… “sus fortalezas, museos, edificios históricos, iglesias y sus calles adoquinadas”, nos brindan un encanto especial, único en todo el caribe isleño. Nos invitan a imaginar como era la vida en una ciudad que era codiciada y atacada por los enemigos de la España de aquella época y por alguno de los piratas más famosos de la historia.
Para aquellos que buscáis otro tipo de aventuras, os diré que no todo es histórico y antiguo ya que el VSJ tiene diversidad de atracciones.
Para el que gusta ir de compras hay comercios por doquier: joyerías, tiendas de regalos, artesanías, galerías de arte, tiendas de ropa, etc. O, si lo prefieres, puedes salir a las afueras de la vieja ciudad donde esta ubicado el centro comercial más grande del Caribe, Plaza Las Américas.
Algunos visitantes, más conservadores, gustarán de sus plazas u optaran por caminar por sus estrechas calles y admirar los edificios, sus balcones que datan del siglo XVI al XVIII pintados en colores brillantes, o simplemente disfrutarán caminando por el área de los muelles turísticos donde podrán admirar los grandes cruceros atracados en el muelle.
Si lo prefieres, te puedes sentar en algún café y disfrutar de ricas golosinas. Si te interesa degustar de un buen plato típico, de cocina internacional o tomar una refrescante bebida, hay una gran diversidad de restaurantes y bares.
Para el que guste de las fiestas y la algarabía (como a nosotros los puertorriqueños), hay variedad de actividades nocturnas: en el VSJ se vive una vida nocturna intensa, especialmente los fines de semana.
El primer martes de cada mes pueden disfrutar de las Noches de Galería, a finales de enero de las Fiestas de la Calle San Sebastián, o del festival anual con música en vivo, de las procesiones religiosas, de comidas típicas en locales típicos, de las artes graficas y las artesanías de mi país.
Para los románticos en pareja, tenéis los Atardeceres Románticos todos los domingos, a las 5:30 pm, en el Paseo de la Princesa; allí, veréis grupos musicales que os deleitarán son sus ritmos más apasionados.
Todos los años entre los meses de mayo y junio, se celebra el famosísimo Heineken Jazz Festival, un lugar de encuentro de los más prestigiosos intérpretes de jazz. El primer y último sábado de cada mes, tenemos Arte en la Plaza de Armas, con exhibiciones de lo más granado de la pintura y escultura. Y todos los miércoles, “Una Hora con Casals”, momentos en los que tendréis la oportunidad de disfrutar con los conciertos del Festival Casals en PR, mirando audiovisuales de la colección Casals. Además, contáis con las variadas actividades que se celebran durante todo el año en la Plaza Dársenas.
Y ahora un pequeño recorrido por alguno de los rincones más hermosos de mi VSJ:
Paseo de la Princesa: Este paseo peatonal fue inaugurado en el 1854 para celebrar el cumpleaños de la Princesa de Asturias (España), y a ese hecho debe su nombre. En 1991 fue remodelado y ampliado para que llegara hasta la Puerta de San Juan. Coincidiendo con la celebración del 500 Aniversario del Descubrimiento de América, en 1992, se reinauguró con gran boato.
El paseo se inicia cerca del puerto marítimo y pasa frente a la antigua cárcel de La Princesa (hoy en día sede de la Compañía de Turismo). Un poco más adelante hay una preciosa fuente que continúa, caminando al pie de una de las impresionantes murallas de la ciudad, hasta llegar a la Puerta de San Juan. En la fuente hay una escultura hecha en bronce por el escultor Luís Sanguino, que representa las raíces culturales de nuestra isla y su mezcla entre lo criollo y lo español.
A lo largo de este paseo encontraras pequeñas placitas con esculturas y bancos en madera donde puedes sentarte a admirar el paisaje o simplemente disfrutar la brisa del mar. En 1999 se adicionó otro tramo que bordea las murallas del Castillo San Felipe del Moro.
Es sumamente placentero caminar por el paseo mientras se disfruta de la espectacular vista de la Bahía de San Juan, Isla de Cabras y el Castillo del Morro. Y si se tiene suerte, puedes disfrutar de las variadas celebraciones, ferias de artesanía, bailes, conciertos, bohemias y otras actividades culturales que allí se realizan. Por ejemplo, durante todo el mes de enero los puertorriqueños y turistas que visiten el Paseo de la Princesa podrán disfrutar de la exposición fotográfica “La Tierra Vista desde el Cielo” del fotógrafo ambientalista francés Yann Arthus-Bertrand: las imágenes son espectaculares.
La Puerta de San Juan: Es uno de los lugares mas visitados de la ciudad por su impresionante aspecto y lo bien que se conserva. En el pasado, la ciudad de San Juan estaba completamente amurallada y sólo existía acceso a través de algunas puertas distribuidas a lo largo de sus murallas.
En la Isleta habían cuatro puertas: en el lado norte, la Puerta de San José y Santa Rosa; en el lado sur, la Puerta de San Justo o España y la Antigua Puerta de Santiago, único acceso a la ciudad por tierra, que además conectaba a la misma con el resto de la isla (esta puerta fue destruida por las autoridades españolas en el 1897, junto con parte del fuerte San Cristóbal, para lograr un mejor acceso a la ciudad).
Hoy en día solo se conservan dos puertas, la Puerta de San Juan y la Puerta de San José, que comunica con el antiguo cementerio. La Puerta de San Juan era la más cercana a la Fortaleza por lo que era la entrada principal a la ciudad por el lado de la bahía. En esta puerta se llevaban a cabo las ceremonias de bienvenida a los nuevos gobernadores y obispos que llegaban a la isla. En su frontispicio tiene una inscripción que dice: “Benedictus Qui Venit in Nomine Domini” (Bendito el que viene en nombre del Señor).
Hoy día es una de las atracciones más visitadas y puedes llegar a la misma entrando por el Paseo la Princesa o por la Calle de Las Monjas. Desde esta puerta tendrás una excelente vista de la Bahía de San Juan y de Isla de Cabras al otro lado de la Bahía.
Como veis, el VSJ podrá ser muy antiguo, pero ciertamente esta muy viva y rebosante de energía.
Os digo sinceramente, sin restarle meritos a las demás atracciones y lugares de interés de la isla, que ninguna visita a Puerto Rico puede considerarse completa si no visita el VSJ.
Te invito a visitarla y a que sientas plenamente la hospitalidad y amabilidad de nuestra gente. Te aseguro que siempre disfrutaras de algún acontecimiento especial.
La próxima semana escribiré sobre otros lugares de interés, como restaurantes, locales de ocio, música típica y gastronomía, todo acompañado de algunas “Notas de Interés”, como llamaré de aquí en adelante a las anotaciones adicionales.
NOTA DE INTERES:El Viejo San Juan fue designado por las Naciones Unidas como Zona Histórica de Clase Mundial debido a que es un verdadero tesoro histórico, un museo viviente: sus fuertes, murallas y calles pavimentadas con adoquines que fueron traídos desde España en barcos usándolos como contrapeso para la navegación (adoquines que hoy en día han adquirido un color azulado debido al tiempo y la humedad), hacen de mi ciudad una de las joyas de la cultura mundial.
Cuando amanece en Vigo, en Cíes hace mucho rato que los pájaros están levantados, cantando, y durante el día, donde vas oyes pájaros. Lo dijo Nuria Prada en el bar del puerto de Vigo, y fue verdad todo el rato, mientras estuvimos allí, guiados por Pepín Fernández, biólogo, coruñés que proviene de Ourense, su padre es de Lugo y su hijo es de Vigo. Un gallego de ojos azules, 43 años. Lleva tres temporadas (es decir, tres veranos, dirigiendo el parque nacional de Cíes, y lo trata como si fuera otro hijo).
Nos encontramos con él y con Nuria Prada (y con la hermana de ésta, Elena) en el bar del puerto, antes de coger la barca que nos iba a llevar a Cíes. Las palomas entraban en la cafetería. Le preguntamos a Nuria, que tiene 26 años y es la que lleva en la administración de Cíes los certificados para que los barcos pasen o atraquen en el parque, qué es lo que más le impresionó de las islas cuando las visitó por primera vez.
Ella estuvo en el parque nacional de Timanfaya, en Lanzarote, y volvió a su tierra; aunque no está en Cíes, sino en la oficina, en Vigo, tiene una imagen nítida de lo que recuerda:
-Lo verás tú: donde quiera que vayas oirás pájaros.
Hace tres años, los pájaros, dice Pepín, estaban atemorizados; Cíes -la grande de las tres: San Martiño, Ons, Cíes, les da nombre a todas- sufrió como ningún otro litoral el embate del petróleo del Prestige, y se convirtió en un escudo para que la contaminación no arruinara la ría de Vigo. Y este enclave bucólico y tranquilo, que a lo largo de su historia milenaria ("las arenas de Cíes tienen diez mil años", dice Pepín) vio decenas y decenas de naufragios y numerosas muertes, se aprestó a vivir su gran tragedia contemporánea. Salió herido, muy malherido, pero viendo hoy lo que vemos ("la mejor playa del mundo", lo ha dicho el Guardian británico), es evidente que Cíes se ha recuperado con una salud formidable.
Todo el mundo quiere venir, a ver esa playa de leyenda, a recrearse con lo que el capitán Nemo de Verne vio en las Cíes; en poco tiempo, las peticiones para atracar o bucear se han multiplicado hasta 3.500 anuales, y aunque ahora en Cíes sólo hay censada una persona (de nombre Francisco Conde), los habitantes esporádicos son reglados pero numerosos; dos mil al día, como máximo, que se juntan en recodos del camino con los guardas y con el personal que vigila que Cíes siga siendo la antesala y la despensa del paraíso terrenal. Aquí pescan navajas, percebes, erizos... Si un día la isla no recibiera barcos ni víveres de ningún sitio, sus habitantes seguirían comiendo como si estuvieran en los mercados de París.
Esos visitantes reglamentados, que llegan en los barcos turísticos, reciben instrucciones muy precisas: han de regresar a Vigo con su basura, deben cuidar los senderos y no han de cruzar sino por donde se dice. Nadie les ha dicho que guarden silencio, pero las islas imponen, y no sólo te dejan escuchar los pájaros, sino que el viento, que tiene también su propia noción de la música, se escucha como si fuera la sintonía de Cíes. Doscientas mil diez personas vinieron a ver el paraíso el año pasado, no les dejan llevarse ni una botella de arena, "y es que si esta arena se va", dice Pepín, "ya no vuelve jamás". La cuidan como el oro y parece vainilla.
Y está muy fría, el agua. Pepín dice que no importa que el agua esté fría, al revés. "El agua fría es muy buena para la fertilidad; baja la temperatura testicular y aumenta la calidad de los espermatozoides". ¿Y cuántos hijos tienes, Pepín? "Uno, o sea, que habrá que bañarse más, ja ja ja".
De lejos ya se sabe que estamos ante un territorio excepcional, de una belleza que habría tumbado (también) a Stendhal. "Qué va, la belleza no cansa. Algunos pueden aburrirse de verla, porque no la llevan por dentro, pero Cíes siempre cambia, es distinta; entras en el paraíso, pero el paraíso tiene muchas habitaciones y muchas ventanas".
La ventana está abierta, y el barco allá nos lleva. Al mando, Fernando Carrera; a su lado, Francisco López. Los dos han sido marineros de altura, han estado en Malvinas, en Gran Sol... Este trayecto, de Vigo al parque, es para ellos pan comido, lo hacen con la otra mano, mirando a los lados, como si lo hicieran de memoria... "Pero no te creas; a veces el mar cambia, y se vuelve muy bruto, y hay que dominarlo; ahora estamos en buen tiempo, pero cuando se revira es como si estuvieras en un temporal en medio del océano".
Cuando uno sabe que está llegando a Cíes, veinte minutos después de haber dejado el puerto de Vigo, es porque se ve un monolito, el que el pueblo vigués (¿fue el pueblo vigués?) le erigió al dictador Francisco Franco. Ya no tiene el Víctor, alguien se lo arrancó, pero seguirá ahí, dice Pepín, hasta que se apruebe la Ley de la Memoria Histórica... Se iba a volar el 24 de octubre último, pero una mano detuvo la piqueta.
La gente marisca utilizando el pulmón; sacan navajas a puñados, limpias ya de la arena; cientos de gaviotas perezosas y cantarinas están tomando el sol, y ante la contemplación de la belleza serena que Cíes despide, Elena dice lo que diría ya muchas veces más: "Esto es una pasada". Alguien cuenta de los navajeros: "Sacan mucha pasta, pero es un trabajo que produce mucho desgaste; la presión en los oídos es tremenda, tienen que soplar y salir, ¡uf!".
Cuando uno va a una isla es como si regresara al pasado; aquí, en Cíes, llegas a la prehistoria; está como debió estar, en muchos sitios, hace diez mil años, la edad de la arena; la clave de su conservación, dicen, es que es pública, y que la Administración (en este caso, la del Estado) la conserva sin otra interferencia privada; el Estado se ha propuesto ir comprando todo lo que alguna vez fue de particulares, y al final Cíes será patrimonio total de todos.
La conservación a ultranza ha permitido que los posaderos de cormoranes sean los que siempre hubo, que los percebes sigan siendo el alimento más feo y más sabroso de los dioses... La leyenda y la realidad van pespunteando tanta belleza con algunas noticias del infierno; por aquí, nos señalan en el barco, se hundió en 1955 el Ave del Mar, y murieron 52 personas; allá arriba, un cruceiro conmemora el desastre... Hubo un cementerio (lo señalaría luego Serafín, que nació en Cíes hace cerca de 80 años), pero ahora la gente prefiere que sus muertos se entierren en tierra firme... como si Cíes fuera del aire.
En Cíes llueve la mitad que en Vigo. Eso obliga a una vigilancia especial de los montes. ¿Obsesiva la vigilancia en Cíes? "No", dice Pepín, "aquí lo que hacemos es aplicar el SC, el sentido común". Se aplica también el SC para llevar a la gente a contribuir a la limpieza de Cíes; nos muestran el fondo marino: "Así tendría que estar toda la ría". Verde intenso, una combinación de verde, azul y vainilla que da de sí el espectáculo de la playa de Rodas, "la mejor del mundo", según la leyenda que ahora se acaba de consolidar.
¿Y cómo se ha conseguido que esa playa aparezca como una patena? "Porque la gente ya es consciente de que no viene a una playa, sino a un ecosistema". Nos llevamos un susto, porque junto al infausto monolito vemos una superficie intensamente negra, y creímos que eran restos del antiguo chapapote con el que el Prestige firmó durante un tiempo esta obra de arte. No, no es chapapote; son líquenes negros, mejillones; las aguas y los peces y las rocas y la arena están ahí como si no se hubieran tocado antes. Quien toca Cíes toca la antigüedad por vez primera.
Hay gente que va guiando a los visitantes para que no dejen en la isla otra firma que la de sus ojos. Beatriz Gamallo, de 35 años, es guía desde 2003. No sólo guía en Cíes, sino que también imparte Educación Ambiental en colegios... ¿Y eso se enseña? "La gente no sabe visitar los parques; hay que enseñarles que son suyos, pero no para cualquier cosa; para que sean públicos, tienen que estar cuidados. La toma de conciencia no es automática, y a aplicarla me dedico".
El viaje se acompaña del olor a pino y a eucalipto, y éste es un regalo malhadado que le hizo Franco a Cíes; no es de aquí, se irá retirando... Bajo el olor del eucalipto hablamos con Ramón Nogueira, guarda mayor de Cíes. Lleva aquí más de veinte años y muestra con orgullo los perfiles, las rocas de cada una de las islas, "tan juntas y tan distintas". Y se siente "responsable de mantener la belleza". De todo lo que ha visto, lo inolvidable y terrible "fue la lucha contra el chapapote". Pero en esa lucha también aprendió que trabaja en un cuerpo solidario, "el de Parques Nacionales".
La herida del chapapote queda, aunque no haya ya ni un hilillo. Pero eso a un gallego nadie se lo saca de la cabeza.
Un olor penetrante a agua de sal advierte que ese resquemor es sólo de la memoria; alrededor, la estadística habla de una naturaleza intacta que, como decía Nuria Prada, canta constantemente. Conviven en Cíes 30.000 parejas de gaviotas, 2.000 parejas de cormoranes... ¿Y no hay ninguno impar? "No, no; todos son parejas, como la Guardia Civil, ja ja ja".
Emilio Fernández Monzonís vino aquí hace muchos años con su padre, desde Vigo; éste compró una casucha, y ahora, al lado de esa casucha primitiva, Emilio tiene un restaurante y un cámping con 800 plazas, que se abrió en 1970. Emilio se siente un privilegiado, "sirviendo comidas en el paraíso". Cerca del restaurante de Emilio, una casa isleña, una ventana, una puerta; la habita un ciego. Un ciego en Cíes. En la cocina del personal que cuida las islas, Santiago, el cocinero, prepara lentejas. ¿Con este calor? Da fuerzas para seguir, la gente necesita hierro. Pero los visitantes no van a comer allí, sino en la casa de Serafín Sotelo Hervello; nació aquí, como sus nueve hermanos, el 26 de septiembre de 1929; Aprendió las primeras letras con el primer torrero que tuvo la isla, don Ceferino, un asturiano... "El mar siempre ayudó; lo único que el mar no da es pan. Ni pan ni vino". Estuvo cuatro días sin dormir, cuando el chapapote, y lloró "por dentro"; pero Cíes resistió heroicamente, "y como si se produjera un milagro, la playa de Rodas quedó intacta".
Estamos como en un barco, dice Serafín, "pero no se mueve". Cuando lo dejamos, las veredas nos dejan los paisajes de arándanos, las aguas cristalinas de la playa de Nuestra Señora, el convento del siglo XI, las inscripciones de los peregrinos ("Esto es un milagro, a pesar de ser humano", "Dios vino al mundo y descansó aquí")... Al irnos, me trajo a la memoria, a la vez, a Rosalía de Castro, a Carlos Núñez y a Luz Casal cantando Negra sombra también en los paisajes felices.
Llamé a Luz Casal para decírselo, y ella dijo:
-Disfrútalo, ése es el paraíso también cuando te vas.
Pero en el mar, camino de Vigo, ya no se oyen los pájaros.
Islas Cíes - Paraiso natural
Luz Casal - Negra sombra
Cando penso que te fuches / Cuando pienso que te fuiste negra sombra que me asombras / negra sombra que me asombras, ó pé dos meus cabezales / a los pies de mis cabezales tornas facéndome mofa / tornas haciéndome mofa
Cando maxino que es ida / Cuando imagino que te has ido no mesmo sol te me amostras / en el mismo sol te me muestras i eres a estrela que brila / y eres la estrella que brilla i eres o vento que zoa / y eres el viento que zumba
Si cantan, es ti que cantas / Si cantan, eres tú que cantas si choran, es ti que choras / si lloran, eres tú que lloras i es o marmurio do río / y eres el murmullo del río i es a noite i es a aurora / y eres la noche y eres la aurora
En todo estás e ti es todo / En todo estás y tú eres todo pra min i en min mesma moras / para mí y en mí misma moras nin me abandonarás nunca / ni me abandonarás nunca sombra que sempre me asombras / sombra que siempre me asombras.
Como estamos a punto de recibir el verano y de que se inicie el período más habitual para viajar, se me ocurre hacer unas pequeñas reflexiones sobre las enormes diferencias que existen entre un turista y un viajero.
Un turista es esa “cosa” que actúa como una horda desaforada buscando ofertas (una superoferta, que es más chachi) en las agencias de viaje. Su búsqueda se circunscribe a encontrar rincón paradisíaco en destinos exóticos, que tengan una playa de arenas blancas, aguas cristalinas, palmeras al borde del mar, tumbonas para tostarse como una gamba… y mientras todo eso sucede, se hinchan a brebajes y combinados de extraño sabor y nula calidad, comen como ceporretes en el buffet del “resort todo incluido” de una cadena hotelera multinacional, bailan en la discoteca del mismo complejo rodeado de más y más turistas que, al día siguiente, volverán a hacer lo mis que hicieron el día anterior. Y así hasta el final de las vacaciones.
A veces, en un alarde de brillantez, se apunta a alguna de las excursiones guiadas, de cinco horas, en las que consiguen conocer “todo” un país o una región, a golpe de visitas programadas que incluyen espectáculos folclóricos de dudosa procedencia.
Cuanto menos instructivo y cuanto menos se mezclen con los aborígenes, mejor que mejor, sobre todo si se trata de países subdesarrollados.
¡Ah, me olvidaba! Todo turista debe ir provisto de la correspondiente cámara de fotos (digital, que es más chachi) y de vídeo. Y como mínimo, no debería volver a su casa con menos de 500 fotos de todo tipo y condición, y más ahora que son digitales y se pueden borrar y ocupan poco espacio, apenas unos megabites en la computadora.
Si los turistas son felices así que lo sigan siendo, no seré yo el que le prohíba divertirse de esa manera: cada cual hace de su capa un sayo y no todos disfrutamos de las mismas cosas en los mismos sitios.
Un turista debería ser consciente de que cuando llegó a su destino de vacaciones después de recorrer miles de kilómetros, lo que hizo fue desplazar su cuerpo hasta allí, pero él nunca estuvo allí…
Llegados a este punto, debería decir cuál es mi punto de vista sobre qué es viajar y que beneficios se obtiene cuando eres un viajero pero… pero no lo haré, dejaré el tema abierto por que tengo una propuesta de viaje muy tentadora, un viaje en el que desplazaré mi cuerpo hasta allí pero del que volveré con una parte muy importante de ese destino muy dentro de mi, imbuido de la cultura, del paisaje y del paisanaje de un sitio maravilloso que conozco poco… serán gentes, naturalezas, experiencias.
Visitando ayer páginas Web, blogs y foros en lo que entro habitualmente, llegué hasta una en la que aparecían varias fotos de una playa en Corea de Sur y la enorme saturación de visitantes que tenía que soportar cada fin de semana: horrible, espantoso, patético, deprimente.
Viendo eso, asustándome con eso, recordé mi playa… y recordé la otra playa a la que acudo todos los veranos: “mí” segunda playa, mi otra solitaria playa, mi pequeño trozo de arena y mar, mi pequeño espacio de algas, piedras y salitre… todo eso para mi solo, sólo para mi. La otra playa, la de Pontevedra, la comparto con...
Ved las fotos.
Mi playa, mi segunda solitaria playa...
Otra forma de enternder la playa... ¡que no es la mía!
Ya casi terminó el lunes, primer día de una nueva semana y primer día de la primavera; acabo un día al que en Portugal llaman "segunda feira”.
Llegué a Porto (Portugal) a eso de las 10:00 de la mañana (09:00 hora en Portugal, por la diferencia horaria) para reunirme con unos empresarios españoles con negocios allí y ver opciones de colaboración financiera. La reunión resultó muy cómoda, sin grandes problemas ni dificultades salvo al final de la entrevista, cuando tuvimos que decidir quién pagaba la cuenta de la comida: por unanimidad, decidieron que la invitación corría por cuenta de ellos.
A las 13:30 nos dirigimos a un magnifico restaurante de la ciudad elegiro por ellos: Portucale, en la Rua da Alegría, 598 de Porto (+351-225.370.717, rest.portucale@netc.pt).
El menú seleccionado fue, como primer plato, un excepcional y sabroso bacalhau à marinheiro, con las blancas lamas de pescado en perfecta sazón y un buen hermanamiento entre la salsa y el bacalhau; como segundo plato tomamos un magnífico bife à Portucale. De postre, doces de ovos conventuais.
Para los vinos mis anfitriones tuvieron el acierto de elegir un Quinta Seara d’Ordens 1999DOC Douro, de uva touriga nacional y tinta roriz, vino que acompaño los platos fuertes de la comida y, para los postres, un excepcionalPorto Càlem Vintage Port 1983: ¡¡y todo esto lo pagaron ellos... jejejeje!!.
La sobremesa fue larga, agradable, relajada y sobre todo muy especial: actuó para nosotros Arturo Pais, con una selección de fados muy medidos y a la vez sentidos.
Volví para España a las 20:00 de la tarde, cansado pero feliz: ¡estoy en casitaaaa!
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